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¿Moda sostenible? Ropa retornable.

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Tenemos un problema con nuestras prendas de vestir. La ropa que utilizamos está llenando los mares de microplásticos. En cada lavado se desprenden fibras de tamaño microscópico, tan pequeñas que no pueden ser retenidas en las depuradoras de aguas residuales, que pasan a la dieta de los animales acuáticos. Y acaban en nuestra mesa en forma de marisco, pescado… Con todo, y a pesar de que hay indicios de que todas las personas defecamos plástico, no es lo peor, ni lo único que se puede decir al respecto.

Cada año, más de 900.000 toneladas de residuos textiles acaban en los vertederos en España. El dato, comparado con los 22 millones de toneladas de residuos que generan los hogares españoles, es anecdótico. Pero si nos paramos a pensar en la huella ecológica que tiene transportar la ropa desde los países donde se fabrica o la ingente cantidad de agua que se necesita para hacer unos pantalones vaqueros, desde el cultivo del algodón hasta el tintado de las telas… la cosa cambia.

Gran parte del problema reside en que vivimos en un modelo de producción y consumo basado en productos de usar y tirar. Y la ropa no es ajena. Lo que no consigue la obsolescencia percibida (funciona muy bien con las víctimas de la moda, pero no tanto con quienes vivimos poco atentos a las tendencias, sin preocuparnos de si este año tocan líneas verticales, cuadros, o el estampado de turno), se arregla con obsolescencia programada: fibras y tejidos que se deshacen en cuatro lavados o se deforman irremediablemente después de unas semanas de uso.

Es el modelo de negocio: comprar, usar, tirar. Cuanto antes llegues al final antes vuelves a la casilla de salida. A pasar por caja. Para agilizar el proceso se van cambiando las materias primas. De la lana pasamos a las fibras sintéticas. De los telares a las fábricas chinas, de allí a la mano de obra todavía más barata de Bangladesh… una escalada de violencia infinita que se lleva por delante al medio rural, a los usos tradicionales del territorio, los derechos humanos, los peces del mar, nuestra salud… y el espacio disponible para acumular miles de toneladas de residuos que dejamos en herencia a las generaciones futuras.

Lo bueno es que todo esto tiene solución. Y es fácil. Basta con aplicar adecuadamente el principio de responsabilidad ampliada del productor: ¿pones en el mercado productos que con su uso se convierten en residuos? Incorpora en tu modelo de negocio los costes ambientales, económicos y sociales que generan esos residuos. El cómo es lo que podemos discutir. ¿Más contenedores de colores? Quizá hay otro camino. Y está explorado.

La ventaja del textil, frente a otros flujos de residuos, es que estamos ante materiales muy, pero que muy, agradecidos. Muchos de los residuos textiles se pueden reutilizar, y la inmensa mayoría se puede reciclar. Es relativamente sencillo coger una prenda de ropa y recuperar las fibras que componen sus tejidos. Podemos utilizar el resultado del deshilachado para un sinfín de aplicaciones donde, directamente, no es necesario volver a tejer. Pero también podemos procesar las fibras y obtener hilos con los que hacer nuevos tejidos.

Pero voy más allá. Si realmente la industria asumiese el coste de recoger, procesar, gestionar y reciclar los residuos textiles quizá tendría incentivos para mejorar la durabilidad de la ropa que nos vende. No podemos olvidar que la ropa (y cualquier producto) es barata porque esconde costes en otras partes. Sí, las fibras de plástico son más baratas que la lana: porque nos ahorramos el sueldo de los esquiladores a costa de gastar petróleo en hacer hilos y en transportarlos (varias veces) de una punta a otra del planeta. Sí, tenemos camisetas baratas, que lo son porque salen de fábricas donde el trabajo es esclavo y se hace en unas condiciones de precariedad inhumana… ¿seguimos?

Por otro lado, insisto en la idea de que vivo ajeno a las modas que vienen y van (no sé si me gusta cómo suena en la voz de Loquillo), está la opción de pensar en la moda como servicio. Yo no tengo ninguna necesidad de poseer ropa: necesito ir vestido. Acudo a una tienda a comprar unos vaqueros porque los míos tienen un agujero en la entrepierna. Pero el resto del pantalón sigue siendo funcional. ¿Por qué tengo que pagar uno entero si, salvo el desgaste en las zonas de roce y las fibras que han escapado por del desagüe de la lavadora, el pantalón es plenamente funcional?

El concepto no es nuevo. En el ámbito de la energía se aplica a la oferta de confort térmico: en vez de comprar una caldera en propiedad y pagar el combustible que gasta, una empresa de servicios energéticos puede proveer una temperatura adecuada durante todo el año. Así, el negocio pasa de vender calderas a asegurarse de que estas tienen la mayor vida útil y el menor mantenimiento posible.

Algo similar ocurre con las flotas de automóviles compartidos: si el mantenimiento corre a cuenta de la empresa que presta el servicio, tendrá incentivos para hacerse con vehículos duraderos y que hagan un uso eficiente de la energía. Cambia el concepto del coche en propiedad como medio para satisfacen la necesidad de desplazamiento, al menos en la ciudad, gracias a la disponibilidad de vehículos eléctricos que tienen menos averías mecánicas.

Personalmente, si un establecimiento de proveyese de pantalones vaqueros, camisas azules y jerséis de lana grises, retornables me ahorraría muchos disgustos. El primero el de perder el tiempo probando modelos y marcas que se siguen empeñando que el número que indica la talla signifique cosas distintas simplemente cambiando de estantería dentro de una misma tienda. Si entre compra y compra pasan un par de años y no repites establecimiento… encontrar pantalones con los que te sientas cómodo se complica. Pagaría una tarifa plana, como hago con el teléfono, internet…

Dentro del incipiente movimiento por la moda sostenible son varias las corporaciones que han probado formas de fidelizar clientes concienciados con la sostenibilidad. Desde fabricar con criterios ambientales y sociales para poner en el mercado ropa acogida a etiquetado ecológico, hasta remunerar de manera simbólica a quienes devuelven ropa usada a los establecimientos.

Llegados aquí quizá merece la pena citar algunos ejemplos de lo que podría hacerse. La marca de calzado Dr. Marten mantuvo durante algún tiempo una línea con garantía “de por vida”. Recientemente (precisamente ahora que ando buscando unas botas) ha abandonado esta estrategia, justificando en que la sustituye por una línea similar.

También captó mi interés la iniciativa de El Corte Inglés con los vaqueros usados. A pesar de ser una experiencia puntual y limitada en el tiempo, ilustra muy bien el camino que podrían seguir las empresas textiles responsables y comprometidas con la sostenibilidad: vincularse a una empresa local (como Hiladuras Ferre en este caso) que recuperase las fibras para hacer prendas nuevas. El objetivo debería ser cerrar un modelo circular, de ciclo corto, cercano, sin largas cadenas de transporte de residuos y materias primas emitiendo gases de efecto invernadero y generando miseria por todo el planeta.

Dura más en el tiempo y parece que va dando frutos en la buena dirección la campaña de H&M. Sí, es solo una pequeña parte de un gran modelo de negocio donde hay una buena parte de usar y tirar. Pero también hay un poco de ecológico y algo de ropa retornable: una línea de prendas creadas a partir de tejidos usados. Una apuesta por algo que va teniendo forma circular: vender productos creados con los residuos de tus productos anteriores. Y que sirven para lo mismo para lo que servían la primera vez que los vendiste.

Los vaqueros, tejanos… dan mucho juego, tanto a las grandes corporaciones como a iniciativas más pequeñas y cercanas como esta que nos traía Yve. Es cuestión de buscar, pero ya hay mucha gente trabajando en recuperar la ropa que ya no quieres para hacer ropa nueva. O calzado.

Quizá también habría una oportunidad para la lana. Una fibra natural cada día más olvidada, con consecuencias que van más allá de la contaminación por microplásticos que causa la alternativa barata. Pero de eso ya hablamos otro día. Hoy me bastaba con ponerte otro ejemplo de que los sistemas de depósito, devolución y retorno no se agotan en los envases: pueden aplicar a cualquier cosa de usar y tirar. Incluida la ropa.

La recogida de ropa usada en los establecimientos que venden ropa nueva no supondrá el fin de las fibras en el fondo del mar, ni acabará con la extracción de materias primas. No será el paso definitivo para la moda sostenible. Pero, si otros agentes que viven de poner en el mercado productos que con su uso se convierte en residuos tomasen nota de los ejemplos de estos pioneros, reduciríamos significativamente el espacio que ocupamos en los vertederos con ropa de usar y tirar. Se mejoraría condiciones de trabajo en toda la cadena de valor. Se reducirían las emisiones de efecto invernadero…

¿Qué te parece la idea de ropa reutilizable? ¿Pagarías una cuota fija por el servicio de ir vestido en vez de por poseer la ropa que gastas en el día a día? ¿Qué prenda de tu armario o zapatero te gustaría haber comprado con garantía “para toda la vida”?

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TOMRA ya vive de tus residuos

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

plásticos, metales, materia orgánica, papel y cartón, recuperados en una planta de clasificación de residuos

Resulta curioso leer en prensa generalista artículos en los que se ataca los sistemas de depósito, devolución y retorno (SDDR) de envases con el argumento de que es un negocio orquestado por la empresa TOMRA para hacer caja en España.

A pesar de mi interés en la gestión de residuos, he de reconocer que yo tampoco había prestado atención a esta empresa y no era consciente de su existencia hasta que, hace unos años, un periodista me acusó de ser un troll a sueldo de TOMRA. Investigando encontré que se trata de una corporación con varias divisiones, algunas dedicadas a la recogida y clasificación de residuos. Y sí, entre los papelotes que acumulo con cada visita a TECMA había alguna que otra referencia a sus tecnologías.

Siguiendo la prensa especializada podemos comprobar que TOMRA no necesita del SDDR para implantarse en España. Sus maquinitas de reciclaje ya están funcionando en nuestro país al servicio de la clasificación de residuos. A modo de ejemplo, podemos encontrar equipos de esta empresa instalados en el Centro de tratamiento de Residuos Sólidos Urbanos (RSU) de Alcázar de San Juan (Ciudad Real) en el Parque de Tecnologías Ambientales de Mallorca TIRME o en las líneas de tratamiento del centro de gestión de residuos de Las Dehesas en Valdemingomez (Madrid).

Estos equipos son más costosos que la máquina que hemos visto en el vídeo publicado por Crónica Global en la prueba piloto del SDDR en San Fermines o de cuyo precio nos previene El Plural. Este último medio nos informa de que Retorna recibió en 2016 pagos, provenientes de TOMRA, por valor de 196.000 euros y por valor de 148.000 en  2017.

¿Y si Retorna fuese Athena?

A la vista de los datos y las informaciones que se publican al respecto me surge la duda. Sí, es un planteamiento meramente especulativo y conspiranoico. Ustedes me disculpen, intentaré que no se vuelva a repetir.

Por cierto, si no has visto la película “Tierra Prometida (sí, Promised Land, con Matt Damon)” corre al videoclub, ya leerás después el resto de este artículo. Sí, incluye información relevante sobre el argumento del film. Y no me gustaría destriparte la peli.

En Tierra Prometida el pobre Matt Damon tiene la misión de convencer a todo un pueblo sobre las bondades de ceder sus tierras para ser explotadas por una compañía que se dedica a la extracción de gas de esquisto… vamos, que se dedica a cambiar vacas por fracking. Hasta que se encuentra con la oposición de un viejo profesor de ciencias que empieza a poner en cuestión las bondades de la técnica y a ilustrar a sus vecinos sobre los impactos que tendría su aplicación en el pueblo.

Para rematar la jugada (¡atención spoiler!) aparece por allí un ecologista, representante de una asociación de afectados: Athena. Lleno de argumentos, anécdotas, imágenes de la desolación de fracking en otros lugares… va seduciendo a los habitantes del pueblo (incluida la maestra que estaba empezando a descubrir los encantos de Matt). Hasta que… ¡el bueno de Matt descubre que las pruebas que presenta el ecologista están manipuladas! Esto le da el argumento definitivo para imponer los intereses y el negocio de su empresa sobre los paisajes y los prados del pueblo.

Pero claro… en realidad Athena no es una asociación ecologista. Es un brazo de la empresa de extracción de gas que llega para ayudar a Matt a hacer su trabajo: desmontar los argumentos en contra del fracking. Al final… ¿de verdad no has visto Tierra Prometida?

Volviendo a las “informaciones” de Crónica Global y El Plural se despierta mi lado conspiratorio ¿Y si Retorna fuese Athena? Desde hace tiempo muchos medios de comunicación vinculan el SDDR a Retorna: si se encuentran flecos sueltos en Retorna (como la supuesta manipulación de las pruebas piloto o la supuesta financiación por parte de TOMRA), se cuestiona el SDDR.

Supongo que todo esto se aclarará algún día. Quizá algún periodista encuentre la respuesta en lo que hay de común en los currículos de Miquel Roset, Antonio Barrón, José Manuel Núñez-Lagos y otras personas con responsabilidad en las organizaciones que nos hablan sobre residuos. Lo mismo solo estamos ante un montón de ruido mediático que no pasa de remover miserias en un circo orquestado para que todo siga igual. O tal vez nada es lo que pudiera parecer.

El caso es que, abandonando el ejercicio de especulación conspiranoica, si bien hay que reconocerle el mérito de haber puesto el debate sobre la mesa, SDDR y Retorna no son la misma cosa. El SDDR no es “la recogida ecologista de envases” y el problema de la gestión de residuos no es una cuestión ideológica.

Estamos ante un problema que requiere soluciones técnicas orientadas por medidas legales: no podemos perder de vista que los sistemas de depósito, devolución y retorno son una herramienta que la Unión Europea lleva tiempo sugiriendo a España para mejorar sus tasas de recogida, reciclaje y reutilización de residuos. Los sistemas de depósito, devolución y retorno ni son exclusivos ni se agotan en los envases.

TOMRA… es como los abogados del chiste que, ganase el juicio quien lo ganase, se quedaban con la vaca. Mientras algunos medios nos entretienen con vídeos de difícil explicación, datos sobre el patrimonio de quienes abren debates o dudas sobre el ecologismo, TOMRA vende soluciones para la gestión de residuos. Los recojamos con sus máquinas para la devolución de envases o con contenedores que luego se procesan en sus equipos industriales.

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SDDR para colillas de cigarros

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

En el apasionante debate sobre el modelo de gestión de residuos se habla de los sistemas de depósito, devolución y retorno (SDDR) como una estrategia de recogida que podría mejorar las cifras de reciclaje de envases. Este mecanismo no es exclusivo de este ámbito y podría aplicarse a otros residuos. En concreto a cualquier producto que con su uso genere residuos. En los siguientes párrafos trato de explicar cómo un SDDR podría contribuir a reducir el abandono de colillas de cigarros.

Uno de los residuos más numerosos son esos filtros que los fabricantes de cigarrillos ponen en un extremo para retener las partículas que genera la combustión del tabaco. Sin esas colillas el tabaquismo sería un vicio mucho más perjudicial para los fumadores. El problema es que, consumido el cigarro, la colilla no sirve para nada, no tiene ningún valor y es, claramente, un residuo.

En muchas ocasiones las colillas acaban abandonadas a su suerte. En el mejor de los casos en un cenicero que alguien vaciará a un cubo de basura. Otras enterradas en un montoncito de arena en la playa. Muchas más pisadas sobre la acera de la calle, esperando que el viento o el agua de lluvia las arrastren al alcantarillado. Incluso serán arrojadas, todavía incandescentes, desde la ventanilla de un automóvil. En este caso y con un poco de mala suerte sumaremos a la lista de delitos ambientales el incendio forestal.

En cualquier caso esas colillas generan un problema, como mínimo de suciedad, y una serie de costes que se asumen entre todos. ¿Es justo cargar con la recogida y tratamiento de esas colillas a todas las personas que han decidido no fumar? ¿Deben los ayuntamientos asumir el coste de un residuo que genera la actividad económica de la industria del tabaco?

Quizá con un poco de concienciación y educación ambiental conseguiríamos avances al respecto, pero… ¿Cómo conseguimos que una persona que desprecia su propia vida lo suficiente como para fumar se preocupe de recoger sus colillas y entregarlas para que sean gestionadas de la manera que menos afecte a la salud del planeta?

Es difícil, pero quizá una buena estrategia sería aplicar un sistema de depósito, devolución y retorno. Cobrar con cada cigarro una cantidad de dinero que sería reembolsada a quienes entregasen de vuelta las colillas. Si el precio del tabaco está a 40 céntimos cigarro subirlo a 45. Con cada paquete de 20 cigarrillos se pagaría un euro extra que gestionaría el SDDR. Si alguien vuelve al estanco con 20 colillas recibiría un euro. Podría ser el fumador que ha ido guardando los filtros usados de sus propios cigarros o podría ser alguien que voluntariosamente se ha dedicado a recolectar colillas abandonadas en calles, parques, jardines, playas…

Quizá el aumento inicial en el precio del tabaco persuadiría a algunos de fumar, con lo que reduciríamos costes al sistema sanitario y mejoraríamos su calidad de vida. Seguramente  las empresas tabaqueras se quejarían. Las multinacionales verían un problema y un coste superfluo en la implantación del SDDR. Protestarían porque no podrían vender cigarrillos en una máquina expendedora sin tener a una persona atendiendo a quienes viniesen a devolver las colillas. Pero el resultado sería que cada vez habría menos colillas abandonadas, menos contaminación por filtros degradándose en el medio natural y una disminución de los costes de limpieza municipal.

Tal vez habría algunos fumadores que seguirían enterrando las colillas en la arena de la playa, pero quienes se las encontrasen tendrían un incentivo para acumularlas y llevarlas al estanco a recuperar el depósito, en vez de estar apartándolas una y otra vez.

Quizá, al juntar miles de toneladas de colillas devueltas a la industria se le ocurriese una forma más eficiente de filtrar los malos humos del tabaco. Incluso podría generar una actividad para procesar esas toneladas de filtros agotados y valorizarlas en nuevos materiales reciclados.

La buena noticia es que la legislación ambiental que regula la producción y gestión de residuos es favorable a este tipo de soluciones, solo hace falta voluntad política para desarrollarla y conseguir que todos los productos que con su uso generan residuos se conviertan en residuos se vendan sujetos a esquemas de depósito, devolución y retorno.

Lo malo es que las corporaciones multinacionales que venden productos de usar y tirar controlan los medios de comunicación y evitan que opiniones independientes como esta aparezcan publicadas o lleguen al público general.

En cualquier caso espero la reflexión te parezca interesante y te ayude a entender el potencial de un sistema de depósito, devolución y retorno para reducir el problema de los residuos abandonados, su capacidad para mejorar la recogida separada de materiales y las opciones de valorización y reciclaje de los residuos.

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10 mentiras sobre sistemas de depósito, devolución y retorno

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Con los nuevos objetivos de reciclaje aprobados por la Unión Europea vuelve a estar encima de la mesa el debate sobre el modelo de gestión de residuos. La campaña de desinformación y noticias falsas al respecto recrudece a medida que los planes de gestión de residuos de las distintas comunidades autónomas entran en fase de revisión y se plantea la necesidad de adaptar la legislación estatal a las nuevas reglas europeas.

Antes de seguir, quizá convendría recordar que un sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR) es una obligación prevista en la Ley 11/1997, de 24 de abril, de Envases y Residuos de Envases, según la cual “Los envasadores y los comerciantes de productos envasados o, cuando no sea posible identificar a los anteriores, los responsables de la primera puesta en el mercado de los productos envasados, estarán obligados a:

  • Cobrar a sus clientes, hasta el consumidor final y en concepto de depósito, una cantidad individualizada por cada envase que sea objeto de transacción.
  • Aceptar la devolución o retorno de los residuos de envases y envases usados cuyo tipo, formato o marca comercialicen, devolviendo la misma cantidad que haya correspondido cobrar de acuerdo con lo establecido en el apartado anterior.

Este sistema se incluye entre las recomendaciones de la Unión Europea a España para mejorar la gestión de sus residuos y como uno de los instrumentos económicos y medidas para incentivar la aplicación de la jerarquía de residuos previstos en la Directiva (UE) 2018/851 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 30 de mayo de 2018, por la que se modifica la Directiva 2008/98/CE sobre los residuos.

Contra este sistema, cuya implantación en España (en contra de lo estipulado en las directivas y recomendaciones europeas) lleva más de 20 años de retraso, se está divulgado un decálogo de mentiras que pasamos a analizar.

  • El SDDR rompe la máxima “Reciclar es un deber”.

¿Reciclar es un deber? La normativa establece una jerarquía de residuos que como orden de prioridades en la legislación y la política sobre la prevención y la gestión de los residuos:

  1. prevención;
  2. preparación para la reutilización;
  3. reciclado;
  4. otro tipo de valorización, por ejemplo, la valorización energética; y
  5. eliminación.

Igualmente se establece que quienes ponen en el mercado productos que con su uso se convierten en residuos tienen que asumir la gestión de esos residuos. El fabricante de un producto, en la fase de diseño, es el que decide los materiales, durabilidad, posibilidades de arreglo, reutilización o reciclado de ese material.

Por cierto, el deber de las personas que generamos residuos en el ámbito doméstico es entregar esos residuos a los sistemas de recogida. Reciclar no es tirar cosas a contenedores de colores, eso viene después y es deber de otros agentes

Así pues, el SDDR no rompe la máxima de “Reciclar es un deber” lo que hace es evitar que la responsabilidad de la gestión de residuos se traslade al consumidor. Porque efectivamente, una vez que no se ha prevenido el residuo y no se ha podido reutilizar, el último usuario de un producto debe entregarlo para su gestión como residuo.

La diferencia es si ese residuo va de vuelta a quien lo puso en el mercado vía SDDR o no. Es decir, si quien hace negocio con ese producto que se convierte en residuo se encarga de su reciclaje o si traslada esa responsabilidad -y los costes- a otros.

  • El SDDR incrementa el precio de la cesta de la compra.

La propia normativa establece que quien cobra el depósito debe devolver esa misma cantidad a quienes retornan los residuos dentro del SDDR. Luego es un sistema que, por ley, no puede encarecer la cesta de la compra.

Es decir, si me cobran 10 céntimos por cada envase sujeto a SDDR, cuando vuelvo al establecimiento con esos envases vacíos recupero mis 10 céntimos. El sistema consigue que los residuos se depositen adecuadamente con un incentivo económico: si a mi no me importan los 10 céntimos y abandono el envase pude que otra persona decida recogerlo para recuperar esos 10 céntimos.

  • El SDDR ataca directamente al pequeño comercio.

De todas las mentiras del decálogo esta es la más increíble. Resulta que el pequeño comercio ha funcionado históricamente a granel y con envases reutilizables. Quizá la memoria colectiva lo ha perdido, pero cuando los envases eran de vidrio reutilizable no había grandes superficies para consumidores domésticos, la compra se hacía en pequeños comercios de proximidad. El casco retornable se llevaba a la bodega de la esquina, no se cogía el coche para ir a un centro comercial.

Las grandes superficies y las corporaciones multinacionales de distribución de productos envasados son las que acabaron con el modelo del envase reutilizable e instauraron el de usar y tirar. ¿Para qué? Para cerrar el pequeño comercio local y de proximidad, concentrando a miles de consumidores en centros comerciales a los que podían acudir a comprar compulsivamente, sin preocuparse de los envases y de las necesidades reales de su día a día.

El SDDR perjudica a esas grandes superficies, planteadas en un sistema de producción y consumo lineal, en las que no cabe la posibilidad de aceptar de vuelta millones de unidades de envases vacíos. Para eso inventaron el contenedor amarillo y por eso atacan el SDDR.

  • El SDDR perjudica el medio ambiente.

Resulta que un sistema de depósito, devolución y retorno permite recuperar los envases uno a uno y prepararlos para su reutilización. ¿Cuál es la alternativa al SDDR? Los contenedores de colores ¿Cómo recuperas un envase del contenedor amarillo para su reutilización? ¿La recogida en el contenedor verde permite la reutilización del vidrio?

Se habla mucho de economía circular. Pues la forma de recoger envases para su reutilización es, precisamente, mediante sistemas de depósito, devolución y retorno. Si los distribuidores no aceptan de vuelta los envases vacíos están fomentando una economía lineal que apunta a un vertedero o a una incineradora como destino para los residuos de envases.

Por otro lado hay que analizar los modelos de producción y consumo de los envases retornables frente a los que promueve el envase de usar y tirar. Con envases de usar y tirar nos vamos a cadenas lineales de producción y consumo, donde se concentra la producción y se alarga la distancia recorrida por los productos envasados. Donde se destruyen puestos de trabajo y se cierran pequeños establecimientos de proximidad.

¿Lo comparamos con un sistema en el que los envases vacíos vuelven al distribuidor en un esquema de logística inversa que utiliza los mismos camiones en los que se hace el reparto? ¿Quién gasta más combustible? ¿Quién tiene más emisiones? ¿Un modelo de usar y tirar con camiones de reparto que vuelven vacíos y camiones de basura que también inician y finalizan su ruta sin carga o una logística inversa basada en SDDR?

  • El SDDR aumenta la suciedad en las calles.

En el SDDR todos los envases adheridos tienen un valor, por lo que existe un incentivo para su recogida. Mira las calles y dime que suciedad ves. Vale, olvida los excrementos caninos y las hojas secas. Botellas, latas, envases de plástico… si se comercializasen sujetos a SDDR no estarían ensuciando las calles:

  • Primero porque la mayoría de los consumidores tendrían un incentivo para devolver el envase al establecimiento donde compraron el producto envasado.
  • Segundo porque quien encontrase esos envases abandonados tendría un incentivo para llevarlo a un punto de recogida donde recuperar el depósito.

Se argumenta que la rebusca de envases por personas indigentes podría causar más suciedad en las calles. La cuestión es ¿qué se rebusca actualmente en los contenedores? Residuos con algún valor.

Los envases ligeros no valen nada para esos rebuscadores que, básicamente, tratan de encontrar objetos de metal con peso suficiente para conseguir unos pocos euros en alguna chatarrería cercana. Su actividad ensucia las calles de envases que no tienen valor porque nadie se los compra. Si consiguiesen más dinero recogiendo los envases abandonados que metiéndose en los contenedores de basura a buscar restos metálicos, tendrían un incentivo para dejar de hacerlo.

  • El SDDR tiene un coste desorbitado.

Es curioso que esta mentira se basa solo en el coste de implantar el SDDR, no considera los costes del sistema actual de contenedores de colores. Es como si los camiones y los cubos de basura fuesen gratis. Pero tampoco entra en la cuestión clave ¿Quién asume los costes de la gestión de residuos? La legislación establece que deben ser asumidos por quien pone en el mercado los productos que con su uso se convierten en residuos.

Con un SDDR todo el coste de la gestión de residuos queda en las empresas que venden productos sujetos a SDDR, mientras que con un sistema de contenedores de colores el coste se traslada a los municipios que recogen sus residuos con estos contenedores y los ciudadanos que pagan impuestos y tasas para que el sistema funcione.

¿Cuánto te cuesta aparcar el coche en la calle? ¿Cuánto ubicar un contenedor de obra delante de tu portal para recoger los escombros de una reforma en tu piso? La recogida selectiva no paga por el espacio que ocupa en las calles de las ciudades.

El coste del SDDR no es desorbitado, es justo. Exactamente lo que tienen que pagar quienes ponen en el mercado productos que con su uso se convierten en residuos. Por el contrario, los contenedores de colores trasladan costes al conjunto de la sociedad. Mucho más barato para las multinacionales de la distribución, pero no para los ciudadanos ni para los ayuntamientos.

La ventaja del SDDR es que el agente con capacidad de decidir sobre el envase percibe el coste y puede tomar medidas adecuadas y pertinentes para aplicar la jerarquía de residuos en su modelo de negocio.

  • El SDDR dificulta el reciclaje.

El principal problema de la recogida de residuos con contenedores es la mezcla de distintos tipos de residuos y materiales que luego hay que tratar en plantas de clasificación de residuos para volver a separarlos y conseguir materiales homogéneos que puedan utilizarse como materias primas. ¿Cómo dificulta esto la recogida separada de envases uno a uno? De ninguna manera. Recuerda que estamos desmontando un decálogo de mentiras y algunas, como esta, caen por su propio peso. Los sistemas de depósito, devolución y retorno consiguen materiales más atractivos para las empresas que se dedican al reciclaje.

Los envases que no son reciclables no pasan a serlo porque estén fuera o dentro de un SDDR. El contenedor amarillo da cabida a toneladas de envases que no se pueden recuperar ni reciclar, pero se venden dentro del mismo sistema de que otros que sí lo son. Así se camufla impacto ambiental de los envases que no se recuperan, pero con la contrapartida de que se encarece la clasificación de residuos y muchos de los que se recuperarían en un SDDR se pierden mezclados con los que no se pueden reciclar.

Nuevamente un SDDR podría mejorar el reciclaje enviando una señal a los distribuidores: si vuestros vacíos envases tienen un valor en el mercado de las materias primas el SDDR tiene un coste menor que si, por el contrario, nadie quiere el material que se obtiene de vuestros envases residuales. Con el sistema del contenedor amarillo los residuos de envases que no se recuperan van a incineradoras y vertederos al mismo coste, para el distribuidor de producto envasado, que los que sí reciclan.

envases de plástico recuperados y listos para el reciclaje

  • El SDDR ha sido rechazado por los países que lo han estudiado.

Esta es una verdad a medias, que casi puede ser peor que una mentira. El SDDR funciona en muchos países y regiones del mundo. Algunos lo estudian y lo incorporan a sus modelos de gestión de residuos. En otros van las corporaciones multinacionales de distribución de productos envasados y crean grupos de presión para que la opinión pública rechace el SDDR.

Si te interesa el tema, en este enlace tienes una entrevista sobre cómo se obstaculiza el avance de los SDDR y el ejemplo de la Comunidad Valenciana, pionera en estudiar el modelo.

  • El SDDR no está implantado en Bélgica, que es el ejemplo a seguir.

Está implantado en otros países que también son ejemplo a seguir. ¿Por qué elige Bélgica el autor del decálogo de mentiras? ¿Qué pasa en Bélgica que no pasa en España? Analizar el caso belga y compararlo con el español o con otros países con SDDR excede el objetivo de este artículo. Sí cabría destacar que, de modo general, los países con SDDR gestionan mejor sus residuos que aquellos que no lo tienen. Realizar esa comparativa a escala global también excede el objetivo de este artículo.

En cualquier caso, es pertinente a recordar que la Unión Europea propone a España considerar la implementación de sistemas de depósito y devolución para mejorar la gestión de sus residuos y avanzar en materia de reciclaje. Puedes leer al respecto en este enlace.

  • El SDDR, por tanto, solo tiene un beneficiado.

Efectivamente, el SDDR solo tiene un beneficiario: el conjunto de la sociedad. No perdamos de vista que SDDR no es una propuesta concreta de una empresa determinada, es un instrumento económico que se puede implantar de muchas formas y con muchos matices.

Quienes atacan el SDDR se centran en una forma de entenderlo que les permite hacer análisis a la medida de sus intereses particulares. Pero los sistemas de depósito, devolución y retorno admiten varias opciones que redundan en un menor impacto ambiental, económico y social en la gestión de envases, empezando por la aplicación de la jerarquía de residuos.

Frente al contenedor amarillo, que destina los residuos -en el mejor de los casos- a un reciclaje de baja calidad, tenemos la posibilidad de implantar sistemas de depósito, devolución y retorno basados en envases reutilizables.

Seguro que podemos encontrar más argumentos en favor y en contra de los sistemas de depósito, devolución y retorno, pero no hace falta mentir para imponer un modelo de recogida de gestión sobre otros posibles.

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¿Reciclas en vacaciones?

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

De un tiempo a esta parte va calando el mensaje sobre el impacto de los residuos de usar y tirar. Los medios de comunicación han dedicado bastante atención a este problema en los últimos tiempos y parece que cada vez más gente tiene clara la importancia de participar en los sistemas de recogida selectiva de residuos.

En nuestros hogares vamos incorporando hábitos para separar correctamente nuestras basuras y depositarlas en los contenedores adecuados para que reciban el mejor tratamiento posible. Pero… ¿Qué ocurre cuando llegan las vacaciones? ¿Nos relajamos y dejamos de participar en el sistema de recogida selectiva?

Las campañas de comunicación de las empresas responsables de los sistemas de recogida selectiva, con Ecoembes a la cabeza, nos intentan concienciar de la importancia de separar adecuadamente los residuos, también en verano. ¿Qué pasa cuando vamos a entregar nuestros residuos al contenedor?

  • Que no hay contenedores de recogida selectiva: muy frecuente en municipios que, por el tamaño de su población, no tienen obligación de implantar sistemas de recogida selectiva de residuos domésticos. No tiene mayor importancia, si presentas la basura seleccionada facilitarás su tratamiento posterior, en caso de que exista tal cosa. Puede incluso que estés en un pueblo tan pequeño que no tenga supermercados y hagas la compra a granel, en las tiendas del pueblo o a vendedores ambulantes, con lo que generarás menos envases de usar y tirar que de costumbre.
  • Que el contenedor amarillo está lleno, rebosando y los residuos se acumulan por todas partes: Es un fallo de planificación. Estás en un municipio que en periodos vacacionales multiplica su población y el sistema de recogida selectiva no es capaz de asimilar la inmensa cantidad de basura que se genera en estas fechas. Y lleva 20 años sin solucionar el problema.

En el segundo caso quizá te sientas desmotivado y decidas que no merece la pena el esfuerzo. Le pasa a mucha gente, más si ve que todos los envases que han quedado fuera del contenedor amarillo van, con el resto de basura recogida por los servicios de limpieza, a vertedero. Otras veces son arrastrados por el viento al alcantarillado o directamente al campo o al mar. ¿Hay solución para esta escena que se repite año tras año?

Sí, claro que la hay. Una bien sencilla: implicar a quienes ponen en el mercado esos envases de usar y tirar. El modelo del contenedor amarillo hipoteca las opciones de atender la fluctuación estacional en la generación de residuos. Básicamente porque la infraestructura de recogida depende de ayuntamientos que no tienen flexibilidad para ampliar plantillas de trabajadores, flotas de vehículos de recogida, dotaciones de contenedores… La buena noticia es que sí hay un agente que tiene esa flexibilidad. Y no solo eso, coincide con el agente que se beneficia de esa fluctuación estacional en el consumo de producto envasado: las cadenas de supermercados.

Igual que hacen el agosto vendiendo a la población multiplicada por efecto del turismo, tienen en su mano la solución al problema de la creciente generación de residuos de envases: bastaría con que admitiesen en sus establecimientos la devolución de los envases vacíos. De esta forma se evitaría saturar los contenedores, los residuos no quedarían abandonados por las calles y se reduciría la carga adicional a las arcas públicas del modelo de distribución y comercio con envases de usar y tirar.

¿Reciclas en vacaciones? No. Igual que el resto del añ,o participas en un sistema de recogida que debería tener como finalidad la valorización y el reciclaje de tus residuos. Para que realmente los envases de plástico puedan ser reciclados y no sigan llenando vertederos e incineradoras necesitamos mejorar el sistema de recogida. Y una buena estrategia sería cambiar el modelo por uno que premiase a quien devuelve los envases usados al comercio en vez de fomentar el abandono de la basura alrededor de los contenedores de recogida selectiva.

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Tus envases vacíos no son residuos

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

tus envases vacíos no son residuos

Podemos abordar el debate sobre el modelo de recogida y gestión de residuos desde muchos puntos de vista. Pero a la hora de analizar soluciones concretas y decidir si implantamos unas u otras es necesario analizar el asunto con un poco de rigor ¿Sabías que los envases vacíos que tienes en tu casa no son residuos? Si me acompañas por los siguientes párrafos te explico qué es un residuo, la importancia y el impacto de las definiciones para entender las polémicas sobre el rigor con el que se trata en los medios de comunicación las cuestiones sobre recogida de residuos.

De modo intuitivo hemos asimilado que un residuo es todo aquello que ya no nos sirve. A efectos prácticos utilizamos basura y residuos como términos sinónimos e intercambiables. Pero existen una serie de consideraciones legales y técnicas sobre qué se entiende por residuo y cómo gestionarlo. Y sí, a ti esas lastas y esos plásticos que han quedado en tu cocina después de preparar la cena te parecen inservibles, los vas a tirar a tu cubo de basura, pero todavía no son residuos. Son envases vacíos.

¿Cuándo adquieren condición de residuos los materiales de desechados en el ámbito doméstico? Cuando los entregamos, cumpliendo lo que establezca en sus ordenanzas locales, al sistema de recogida municipal. Tus envases vacíos son residuos a partir del momento en el que los sueltas en los correspondientes contenedores de colores. Y que no me entere yo de que los tiras en cualquier parte o de que no los separas adecuadamente.

Y a mí eso… ¿Cómo me afecta? Pues de modo general, no es una cosa que deba preocuparte mucho. A efectos legales es importante porque si no fuese por ese detalle tendrías que cumplir con una serie de requisitos de almacenamiento, elaboración de informes anuales y otras cuestiones que, sin ser más complejas que la declaración de la RENTA, requieren tiempo y conocimientos especializados. Afortunadamente, para el caso de los envases domésticos, todas las obligaciones pasan de los que ponen en el mercado los productos envasados a quienes los recogen. A ti sólo te queda participar en el sistema de recogida que pongan a tu disposición unos y otros.

Pero… ¿Qué importancia tiene este matiz legal en la gestión de residuos? Pues resulta clave para evaluar los costes e impactos, por ejemplo, de incorporar Sistemas de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR). En la comparación del modelo de recogida basado en el contenedor amarillo con la opción de devolver los envases a los establecimientos donde compramos productos envasados una de las cuestiones clave es el transporte. ¿Cómo llegan los productos al comercio? ¿Quién se lleva los residuos?

En el modelo del contenedor amarillo no hay muchas posibilidades de error: un camión de reparto deja el producto en el establecimiento, tú lo llevas a tu casa, vacías los envases, los bajas al contenedor y un camión especial, preparado para descargar el contenedor amarillo, se lleva los residuos.

¿Qué pasa en el caso de la devolución de los envases al comercio? El principio es igual: un camión de reparto deja el producto, te lo llevas a casa, consumes lo que te interesa y los envases que ya no quieres los devuelves a la tienda. ¿Quién se lleva esos envases vacíos? Pues ya no hace falta un camión compactador de carga lateral o trasera. Ahora se los podría llevar… el mismo camión de reparto. Se llama logística inversa: aprovechamos el espacio que va quedando en el vehículo a medida que descarga los productos nuevos para ocuparlo con los envases vacíos. Con esta solución (que no es especialmente sencilla, a pesar de que así contado lo pueda parecer) ahorramos una importante cantidad de camiones de basura circulando por las calles (y parte del espacio que ocupan los contenedores amarillos, entre otras cosas).

Pero, alguien argumentará, eso no es posible. ¿Podemos mezclar en el mismo camión residuos y alimentos? La respuesta es que no lo hacemos. Tus envases, esos que no mezclas con el resto de la basura, no son residuos, son envases vacíos. ¿Cuándo queremos que se conviertan en residuos? Cuando lleguen a una planta de gestión donde se les dé un tratamiento adecuado: si los higienizamos para rellenarlos y reutilizarlos seguirán siendo envases. Si los aplastamos y trituramos entonces sí que pasarán a ser un residuo que habrá que valorizar, bien convirtiéndolos en nuevas materias primas (¡reciclaje!), bien incinerando con recuperación de energía (valorización energética).

Esto ya funcionaba en algunos casos: ¿Has visto al camión que reparte bebidas en el bar de la esquina? Deja una caja llena de botellas con bebida y se lleva una caja llena con botellas vacías. En un solo viaje deja el producto listo para el consumo y se lleva los envases que hay que gestionar. ¿Cómo es posible si no se pueden transportar en el mismo vehículo alimentos y residuos? Porque los envases vacíos no son residuos… todavía.

Y ¿por qué nos cuentas todo esto Alberto? Pues porque si habéis leído alguno de los estudios que atacan el SDDR o que intentan poner el acento en su supuesto impacto ambiental, veréis que asumen sistemas de recogida que no contemplan (o si lo hacen de una forma muy limitada) una de las potenciales ventajas de los sistemas de depósito, devolución y retorno: la reducción del número de camiones circulando por las ciudades, con la consecuente disminución de emisiones de efecto invernadero y contaminantes atmosféricos.

Así, cuando el bautizado como “Proyecto Ariadna”, se utiliza para decir que la implantación de un SDDR es cara y muy contaminante o perjudicial para el medio ambiente, conviene repasar las premisas que utiliza como base para su hipótesis de partida. Una parte importante de ese coste y de la contaminación viene, precisamente, de que no se evalúa el verdadero potencial de logística inversa que tienen los sistemas basados en devolver los envases a los establecimientos donde compramos productos envasados.

Este estudio se ha utilizado para generar y difundir la idea de que un sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR) sería más caro y más perjudicial para el medio ambiente que el modelo basado en los contenedores amarillos. ¿Cómo llega a esa conclusión? El estudio, patrocinado por la industria del envase de usar y tirar, no contempla la posibilidad de reducción del número de vehículos y viajes que supondría la logística inversa. Justifica un aumento de emisiones contaminantes y un incremento de costes que se basan en un diseño interesado del SDDR, enfocada, precisamente a obtener resultados y conclusiones contrarios a esta opción.

Este es sólo uno de los muchos errores que se pueden encontrar en ese Proyecto Ariadna, especialmente complejo y difícil de interpretar, pero repleto de perversiones que evidencian el interés en obtener unas conclusiones dirigidas por los patrocinadores. En contra de los beneficios del SDDR.

¿Es más caro y contaminante el SDDR? Depende de las condiciones que plantees a la hora de estudiar el modelo y compararlo con el modelo basado en el contenedor amarillo. Quizá si los patrocinadores te pagan por que saques como resultado que tiene un coste desorbitado y un fuerte impacto ambiental, consigas retorcer los datos y los argumentos para llegar a esas conclusiones. Es tan burdo y fácil de desmontar que en futuras entregas seguiremos analizando esta cuestión.

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