Archivo de la categoría: reciclaje

Tetrabrik capa a capa

Publicado en: Ecopixeladas por Javier de los Reyes. Texto original

Analizamos en menos de un minuto los componentes de un tetrabrik y nos planteamos un par de cuestiones al respecto… como mínimo al contenedor amarillo eso está claro.   Por Javier de los Reyes @jareyme Vídeos Contaminación e impactos Galería Contaminación, … Seguir leyendo

Puedes leer y comentar el artículo completo en Ecopixeladas

China ya no quiere tu basura ¿qué hacemos con ella ahora?

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

China bloquea la importación de residuos

Hay un hito en la gestión de residuos que quizá te ha pasado desapercibido, pero ha creado un gran revuelo en el sector: China ya no quiere más basura del exterior. No, no ha cerrado la frontera al turismo occidental, se ha puesto seria contra la entrada de residuos en su territorio. Y eso es un problema para el reciclaje y la economía circular tal y como los conocíamos. ¿Qué podemos hacer ahora?

Quizá nunca te has preguntado qué pasa con tus residuos una vez que los dejas en los contenedores de colores. Da igual, te lo cuento de todos modos: el reciclaje no ocurre en el contenedor amarillo. Alguien tiene que recoger los residuos, llevarlos a una planta de clasificación y separarlos por tipos de materiales.

Para algunos contenedores, como el azul o el verde, es un proceso fácil: en el contenedor de vidrio la mayoría de lo que entra es vidrio, se lleva a una instalación donde lo procesan para retirar lo demás y queda una materia prima lista para fabricar nuevos envases de vidrio. ¿Me explico? ¿no? Pues echa un vistazo a este vídeo sobre cómo funciona una planta de clasificación de vidrio.

El jaleo viene con el contenedor amarillo. ¿Qué tiramos en el contenedor amarillo? Básicamente residuos de envases: una mezcla de plásticos de distintos tipos, metales, cartones plastificados (seguramente deberían ir al azul, pero…), metales plastificados, envases complejos como el brick (que capa tras capa tienen metal, plásticos varios y cartón)… Una mezcla que no se puede llevar a reciclar tal y como se recoge.

los residuos no se reciclan en el contenedor amarillo

Entonces, ¿Dónde van los residuos del contenedor amarillo? Pues a China.

¿Así? ¿¡Directamente a China!? No, claro que no. Directamente a China no. Nadie en su sano juicio querría lo que sale del contenedor amarillo. Primero pasa por unas plantas de clasificación en las que se trata de separar la basura por tipos de materiales: metales por un lado, plásticos por otro… Pero el proceso tiene sus limitaciones. Como ya hemos razonado en otras ocasiones en este blog de lo que entra en una planta de clasificación de residuos de envases apenas se recupera, en el mejor de los casos, un 60%.

Ese 60% de materiales recuperados siguen teniendo unas calidades más o menos apetecibles para el mercado. Si tu industria utiliza como materia prima polietileno te gusta utilizar un polietileno de calidad que sea, a ser posible, 100% polietileno.

Pero si el resultado de la clasificación es una masa que contiene un 80% de envases mezclados (incluyendo tapones y etiquetas) de todo tipo de plásticos (polietileno, PVC, polipropileno, poliestireno…) y un 20% de impropios (incluyendo un 4% de materiales variados que no son plásticos)… el encaje de eso como materia prima para la industria es difícil. ¿Qué hacemos con ello? ¡Llevarlo a China! No, todavía no.

plásticos, metales, materia orgánica, papel y cartón, recuperados en una planta de clasificación de residuos

En España tenemos un tejido amplio de “recicladores”. Cientos de empresas que recogen residuos y los preparan para otras etapas del proceso de gestión. El reciclaje propiamente dicho (pasar un residuo a materia prima) no ocurre en ninguna de esas plantas, pero las conocemos (por simplificar) como plantas de reciclaje de residuos. En estas sí se admite todo tipo de mezclas de residuos. Su trabajo principal es separarlos y organizarlos para que sean más atractivos al siguiente paso en el mercado.

Son las típicas chatarrerías de toda la vida. Si se te rompe el tendedero poco puedes hacer con él, pero si alguien lo junta con el marco de una ventana, las patas de una cama, la carcasa de un ordenador… va juntando una cantidad de material que acaba teniendo un precio en el mercado. Si en al almacén de hierros oxidados le sumamos una flota (que no tiene que ser propia) de contenedores y camiones con los que retirar residuos a fábricas de muebles, centros comerciales, recintos feriales… puntos limpios y plantas de clasificación de residuos tenemos el modelo de negocio de la inmensa mayoría de los “recicladores” en España.

Estas empresas cada día descargan toneladas de residuos en una solera de hormigón. Un ejército de operarios (más o menos mal pagados) los separan a mano: la madera aquí, los metales allí, los plásticos más allá… Y los van cargando a tolvas que alimentan cintas transportadoras, que a su vez van a equipos mecánicos de separación especializados por tipos de materiales.

Ahora sí. Tenemos toneladas de hierro, aluminio o acero listas para llevar a fundir. Madera en forma de astillas, serrín o pellet para alimentar calderas. Y plásticos. Muchos tipos de plástico que podemos vender al mejor postor. ¿Quién compra mis plásticos? China. A falta de una industria nacional del plástico que asuma los residuos de para fabricar nuevos productos, la mayor parte de los residuos recuperados en estas instalaciones de tratamiento se van (siempre que pasen el visto bueno del un inspector chino) de vuelta al país que más plástico fabrica. Y la logística inversa los volverá a traer en forma de barreños, juguetes, fibra para ropa de moda…

El problema es que China ya no quiere más residuos. La cosa nace en la propia legislación europea. Para aclarar qué es un residuo y qué es una materia prima, definió los criterios que determinan el final de la condición de residuo. Es una cuestión estadística y de seguridad para la industria. Siempre que China no decida ponerse igual de restrictiva y cerrar el grifo a toda esa mezcla de materiales que no pueden ser considerados materia prima y siguen siendo basura. ¿Qué vamos a hacer con ellos si no valen para reciclar, no podemos enterrarlos en vertederos, no podemos incinerarlos en condiciones de seguridad y China ya no los quiere?

La situación es acuciante. En Reino Unido están de basura hasta las orejas. En España estamos algo mejor porque ignoramos la normativa europea y, últimamente, los “fortuitos” incendios en instalaciones de gestión de residuos están reduciendo (con un alto coste económico, social y ambiental) la necesidad de buscar salidas formales a la ingente producción de residuos generados por nuestro modelo de consumo de usar y tirar.

¿Qué podemos hacer? Se me ocurren muchas cosas, pero lo más importante es que cada cual sea consecuente con su margen de actuación y ámbito de responsabilidad.

  • Como consumidores tenemos que buscar la forma de reducir el consumo de productos que se convierten en residuos. El ejemplo claro está en los envases de usar y tirar. Son una de las partidas más importantes en nuestro cubo de la basura y pueden reemplazarse comprando a granel o en pequeños comercios donde la venta al peso disminuye el exceso de embalado. Pero también podemos comprar productos duraderos. ¿Qué tal retomar la ferretería? Quizá si apostásemos más por productos locales fabricados con materiales resistentes enviaríamos un mensaje claro al mercado. Sí, en los chinos está más barato, pero ese chisme de plástico va a durar dos días y se va a convertir en un residuo que en su país de origen ya no quieren de vuelta. ¿De verdad no puedes resolver, al menos en parte, tus compras en comercios de proximidad en el barrio? ¿Te sale rentable arrancar el coche y desplazarte hasta un centro comercial para buscar un paquete de pilas, un destornillador o un par de zapatillas para estar por casa?
  • Como profesionales no podemos mirar para otra parte. Si nos prestamos al juego de las campañas de manipulación de la opinión pública no vamos a conseguir avances para resolver el problema. Ocultarlo con mensajes buenistas no va a reducir la generación de residuos. Podemos torturar los datos como mejor convenga a nuestros clientes, pero la realidad no cambia.
  • Como políticos… bueno… cuando delegamos el poder de tomar decisiones deberíamos asegurarnos que lo hacemos en quienes son capaces de velar por el interés general y no en los que están en política para asegurarse una puerta giratoria.
  • Como gestores de residuos: mejorar los procesos de recuperación. Nadie quiere basura, pero quizá si nos ponemos las pilas y conseguimos que lo que procesamos acabe reuniendo las condiciones para considerarse materia prima sí encuentra un mercado y una demanda que permita mantener la actividad y hacer negocio.

Pero, sobre todo, es el momento de revisar el modelo de recogida de residuos. El que lleva operativo los últimos 20 años, basado en un contenedor amarillo que impide la reutilización de envases e hipoteca las opciones de reciclaje de muchos de ellos, no funciona, es caro y resulta poco ecológico.

Quizá con un modelo que nos permitiese devolver los envases al establecimiento del que salen toda la cadena de valor, desde el distribuidor al fabricante, sería más consciente del problema de los residuos de envases. Recogiendo los envases que realmente se pueden reciclar de forma separada, sin mezclarlos con otras cosas que no interesan al mercado de las materias primas recuperadas, podríamos generar una industria del reciclaje que no se dedicase a almacenar material con la esperanza de que un chino decida algún día montarlo en un contenedor de vuelta al país asiático.

envases de plástico recuperados y listos para el reciclaje

¿China ya no quiere tu basura? La mejor manera de evitar que se convierta en un problema es generar la menor cantidad de residuos que sea posible, empezando por sustituir los envases de usar y tirar, siguiendo por alargar la vida útil de las cosas que ya tenemos y terminando por incluir la durabilidad en nuestros criterios de compra. Sin olvidar la reparación y el mercado de segunda mano como alternativas al cubo de la basura. ¿Qué vas a hacer tú?

Puedes leer y comentar el artículo completo en productor de sostenibilidad

El littering no debería existir

Publicado en: La Hipótesis Gaia por isa. Texto original

Littering: una palabra nueva que añadir a nuestro vocabulario. Es un concepto antiguo, pero para que parezca más moderno, pues lo ponemos en inglés y listo. Pero si lo que te interesa es la definición, te diré que es muy sencilla:

Littering es abandonar la basura y los residuos. Lo que viene siendo ser una persona maleducada y vaga, vamos.

Littering: abandono de residuos en cualquier lugar

Hay muchos ejemplos, en la calle seguro que ves un montón de latas y botellas tiradas. En ese caso, los servicios de limpieza se encargarán de recogerlas y espero que de depositarlas en su contenedor correspondiente.

También en la carretera se pueden ver en las cunetas, si hacemos una salida al campo se pueden encontrar sin problemas. En este último caso, duele y enfada un poco más. Y te dan ganas de preguntar a la persona que ha decido dejar allí los restos de su día campestre:

– ¿De verdad te costaba tanto volver a llevarte la basura contigo? 

En zonas de costa también es habitual ver esas botellas de plástico o latas surcar o esperar en la arena hasta que el mar se las lleva. Cada vez que veas estas estampas ya puedes usar esta palabra tan chula que has aprendido: littering.

Distintas formas de ver los residuos

Y es mejor que te acostumbres a usarla, porque con el actual sistema de gestión de residuos no creo  que deje de producirse. Cuando veo residuos en los lugares más extraños me pregunto si estarían allí si tuviesen algún valor para la persona que los ha dejado abandonados.

Con el sistema SDDR (Sistema de Depósito, Devolución y Retorno) como complemento al sistema actual, sería difícil entender el abandono de residuos. En la página web de Retorna puedes encontrar qué significa este sistema:

El Sistema de Retorno es un sistema de gestión de residuos, de envases en este caso, que asocia un valor a cada envase para que éste sea devuelto por el consumidor para su reciclaje. Es un sistema paralelo a los SIG y sólo destinado a los envases de bebidas. Los SIG que funcionan actualmente deberán seguir existiendo para envases que no están incluidos en el SDDR.

Un amigo me contaba que cuando estaba el Alemania e iba al supermercado llevaba sus envases (devolución) y le devolvían parte del dinero que había pagado (depósito). También contaba que, si de camino a la tienda se encontraba un envase, lo recogía para conseguir ese dinero extra. ¿Quién no se agacharía a recoger 20 céntimos si los ve tirados en la calle?

Liberar un metro cuadrado no es la solución

Ecoembes suele hacer campañas como Libera un metro cuadrado, en el que, con ayuda de voluntarios, intenta luchar contra el littering a través del proyecto Libera.

LIBERA organiza una gran recogida colaborativa nacional anual para librar a la naturaleza de la basura que otros tiraron y no retiraron.

A mí, particularmente, me gusta esta acción, me parece que puede servir para concienciar del grave problema, pero desde luego no creo que sirva para solucionarlo en absoluto.

Liberar un metro cuadrado de basura es como poner una tirita en una herida de balazo. No impedirá que se siga produciendo y no soluciona el problema ni siquiera a corto plazo.

Solo un verdadero cambio en el sistema actual puede hacer que no sean necesarias palabras que parezcan modernas para actos tan simples y feos como el abandono de residuos.

Foto portada: Gary Chan

La entrada El littering no debería existir aparece primero en La Hipótesis Gaia.

Puedes leer y comentar el artículo completo en La Hipótesis Gaia

El reciclaje no sirve para contrarrestar las emisiones de los tubos de escape

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Quizá has visto una campaña publicitaria que dice que “por cada 6 latas o botellas de plástico que reciclas contrarrestas 10 minutos de un tubo de escape”. Es sencillamente mentira: un mensaje erróneo dirigido a confundir a la población y utilizar tu conciencia ambiental en favor de un modelo de negocio insostenible. En los siguientes párrafos te explico por qué.

En primer lugar destacar que las emisiones de los tubos de escape son un flujo contaminante diferente de los envases de usar y tirar. No podemos compensar los efectos de un flujo con el otro. Es como si tienes tos y te rascas un pie. Qué duda cabe que rascarse el pie reporta cierta satisfacción, pero no viene a solucionar el problema de la tos. Vamos por partes.

Las emisiones de los tubos de escape provienen, fundamentalmente, de la combustión de combustibles fósiles en el motor de los vehículos. El gesto de conducir un coche diésel o gasolina tiene una serie de impactos sobre el medio ambiente que simplificamos en:

  • Consumo de recursos fósiles: para poder repostar combustible hemos tenido que extraer petróleo de un yacimiento lejano, transportarlo, refinarlo, extraer la fracción que acabará en el surtidor de la gasolinera, llevarla hasta allí…
  • Emisión de contaminantes atmosféricos: el motor del choche quema el combustible en un proceso rápido que emite a la atmósfera los gases y partículas en los que se han convertido el gasóleo o la gasolina (entre otras cosas): dióxido de carbono (CO2), óxidos de nitrógeno, compuestos volátiles y partículas.

Contrarrestar quiere decir paliar o neutralizar el efecto de algo. Y aquí viene el problema. ¿Cómo contrarrestamos los impactos causados por las emisiones de los tubos de escape? Por no complicar mucho las cosas:

  • Devolviendo petróleo a los yacimientos de los que lo extrajimos.
  • Retirando los contaminantes de la atmósfera.

Pasemos a estudiar cómo el reciclaje de los envases adheridos a la empresa que realiza la campaña publicitaria consigue devolver petróleo o retirar contaminantes de la atmósfera. Para ello hay que empezar por entender que los envases generan sus propios impactos:

  • Consumo de materias primas: en algunos casos (como los plásticos) el mismo recurso fósil (petróleo) que los combustibles de los coches. Para los envases metálicos necesitamos recurrir también a materias primas no renovables que, igualmente, hay que extraer en minas, procesar, llevar a centros de producción y, allí, fabricar los envases.
  • Generación de residuos: los envases cumplen su función y se convierten en residuos. El problema es que para poder preservar el producto están fabricados de materiales que no pueden ser descompuestos por los seres vivos y o bien se degradan muy lentamente o bien permanecen en los ecosistemas para siempre rompiéndose en partes cada vez más pequeñas. Esto genera problemas como los microplásticos.
  • Emisión de contaminantes atmosféricos: quizá es obvio, pero tanto la fabricación de envases como su distribución y la gestión de sus residuos implican emisiones a la atmósfera, tanto en las chimeneas de las fábricas que procesan las materias primas como en los vehículos que transportan los envases, productos envasados y residuos de un lado para otro.

¿Conseguimos devolver las materias primas a su origen y retirar contaminantes de la atmósfera depositando envases usados al contenedor amarillo?

La respuesta rápida es no. La larga nos habla de que después de que nosotros tiremos nuestros residuos tiene que venir un camión a por el contenido de ese contenedor, llevarlo a una planta de clasificación, de allí transportarlo a otra de recuperación, y (si ninguna de las dos sale ardiendo), una parte de lo que depositamos en el contenedor amarillo acabará siendo nuevamente materia prima. Para todo ello hace falta transporte y procesos industriales. Con sus correspondientes impactos y emisiones contaminantes.

Dejar las latas vacías en el contenedor amarillo no elimina gases o partículas contaminantes de la atmósfera. Llevarlas en un camión a una planta de clasificación (mezcladas con otras cosas recogidas en el contenedor amarillo) tampoco reduce el CO2 o los óxidos de nitrógeno. Procesar todos esos residuos en procesos industriales no disminuye la contaminación y volver a transportarlos a alguna parte donde, finalmente, puedan ser utilizados como materia prima tampoco.

En el mejor de los casos, como resultado del proceso podemos conseguir que parte de los materiales recogidos selectivamente y reciclados vuelvan a ser materias primas que podemos utilizar para fabricar nuevos productos. Pero esto no compensa el agujero que hicimos para sacarlas originalmente. Sí puede reducir la necesidad de extraer materiales de nuevo. Pero, desgraciadamente, no es un ciclo perfecto. Sólo una parte del residuo volverá a ser materia prima. Si conseguimos evitar que un recurso no renovable acabe en el vertedero el esfuerzo merece la pena. Pero no contrarresta las emisiones de los tubos de escape.

El reciclaje puede reducir la necesidad de materias primas, combustibles y dar salida a los residuos. Pero no compensa los impactos de producir los envases. Comparativamente sí genera menos impacto a la atmósfera fabricar nuevos envases a partir de envases reciclados que desde materias primas extraídas del medio natural. Pero esta reducción de la contaminación no contrarresta totalmente el impacto de los envases de un solo uso, ni tampoco las emisiones de los vehículos con motor de combustión.

Es más como sólo el 2% de los residuos de envases de plástico vuelven a ser envases de plástico, cada vez que compras algo que va envasado en este material sigues forzando la extracción de petróleo para fabricar el 98% de los envases que provienen de materia prima “nueva”.

economía circular de los envases de plástico

El mensaje subliminal

La campaña no sólo miente y confunde, también trata de instalar en el imaginario colectivo algunas ideas clave que favorecen el modelo de negocio de usar y tirar.

Así se afirma “el aire es de todos, la contaminación también”: efectivamente todos los habitantes de la atmósfera respiramos aire en una misma atmósfera compartida. Luego el aire “es” de todos y la contaminación de esa atmósfera también “es” de todos.

Compartimos un bien común y sufrimos los impactos a la atmósfera. Pero la contaminación sí es de alguien. Los gases que salen por un tubo de escape pertenecen a quien está quemando combustibles para desplazarse en ese vehículo. Igualmente, los envases de usar y tirar que llegan a tu casa son de la empresa que comercializa el producto que has comprado dentro de ese envase.

Dicha empresa podría haber elegido formas más sostenibles para vender lo que tú querías comprar. Pero ha optado por envases de usar y tirar que necesitas para llevar la comida o las bebidas hasta el lugar donde las vas a consumir. ¿Cuántas toneladas de envases y emisiones a la atmósfera se evitarían si la Coca Cola se vendiese en polvo para mezclar con el agua que tienes en el grifo de tu casa? ¿Cuánto te ahorrarías como consumidor si pagases el agua del refresco a precio de agua de grifo en vez de a precio de Coca Cola?

Mientras Ecoembes te engaña con la posibilidad de compensar las emisiones del tubo de escape, Coca Cola sigue aumentando a buen ritmo la venta de botellas de plástico de un solo uso de las que menos de la mitad se recuperan y, de esa mitad, apenas un 7% se reciclan en nuevas botellas. La misma empresa podría vender su producto a granel, en botellas de vidrio, en otros envases retornables o en latas y botellas de plástico de un solo uso. ¿Quién tiene que asumir y compensar el coste de la gestión de los residuos?

Burda manipulación

A todo lo anterior podemos sumar la escena final del anuncio. ¿Dónde está rodada esa imagen de ciudad gris y atmósfera irrespirable? En China. Sí. No, por mucho que en el cartel de la calle puedan leer “vía de servicio”, la estampa no es de Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, Zaragoza… es, fíjense en la arquitectura, de una gran ciudad de China cuya población que duplica la de la suma de todas las anteriores. ¿Pekín?

Tanto si has circulado por ella sufriendo sus atascos, como si la has visto en las noticias sobre contaminación, la estampa de Jianguo Road no se olvida fácilmente. Pero con 600 euros cualquiera compra un vídeo en getty, lo retoca un poco y lo lanza para atacar con su propaganda el cerebro a los indefensos niños que esperan en la sala del cine a que empiece la película.

Si las campañas de publicidad de Ecoembes manipulan así en lo evidente, en lo que salta la vista y se puede contrastar tan fácilmente… ¿qué no hacen cuando nos citan estudios que hay que buscar, leer, entender y comparar con los datos oficiales de reciclaje para darse cuenta de que presentan datos falseados, cálculos erróneos o conclusiones que no se deducen del análisis realizado?

Se nos miente sistemáticamente sobre las bondades de una forma de gestionar los residuos que está obsoleta para hipotecar nuestras posibilidades de mejorar la recogida de las basuras, su tratamiento y, sobre todo, la prevención como herramienta para evitar daños al medio ambiente y la salud de las personas. Todo para favorecer el consumo de envases de usar y tirar, manteniendo el beneficio de las corporaciones de distribución a cambio de un fuerte impacto sobre el planeta y la salud de las personas.

Todo esto sería muy gracioso si no fuese porque la contaminación de los tubos de escape es una importante causa de muertes prematuras. O porque seguimos demasiado lejos de conseguir un nivel seguro de emisiones de efecto invernadero.

Objetivo: desviar la atención

Entonces, si no podemos compensar las emisiones de los tubos de escape reciclando latas ¿por qué una empresa privada cuya actividad tiene que ver con la gestión de residuos de envases utiliza una imagen manipulada de la contaminación atmosférica? ¿Qué tienen que ver los tubos de escape con las latas de bebidas?

Nada. No tienen que ver nada. Pero en la desesperada estrategia de desviar la atención sobre el los tristes datos del reciclaje en España, Ecoembes se va quedando sin recursos. Intentó hacer greenwashing con los plásticos “pescados” en el mar, pero resulta que buena parte de esos plásticos son de empresas adheridas a su sistema de gestión de residuos basado en el contenedor amarillo. ¿Se imaginan que nos damos cuenta de que esos plásticos acaban en el mar porque Ecoembes no hace bien su trabajo y le exigimos a la empresa que los saque de allí?

Así pues, el objetivo es cambiar el foco de atención como sea. Por supuesto que las emisiones de los tubos de escape son un problema. Un problema que tiene relativamente poco que ver con los residuos de envases. Lo importante en esta campaña es que los envases no acaban en la atmósfera, por lo que conseguimos que la conciencia ambiental de los ciudadanos bombardeados con publicidad deje de fijarse en las calles, parques, jardines, espacios naturales, playas… llenos de envases de usar y tirar y… que miren hacia el cielo, donde no suele haber latas ni botellas abandonadas.

6 latas

¿Por qué utiliza el anuncio de Ecoembes la unidad de 6 latas como medida de compensación de las emisiones de los tubos de escape? Podía haber utilizado una lata o 10 latas. Pero seis es el tamaño del paquete estándar de latas sujetas por anillas de plástico. El que aparece en esta imagen de la tortuga Peanut con la que una generación entera se ha concienciado sobre el daño de los envases de usar y tirar:

Ecoembes, empresa privada al servicio de la industria del envase de usar y tirar, busca cambiar el rechazo que te causan esas anillas de plástico. Con esta campaña busca que cuando estés en el lineal del hipermercado no veas que 6 latas es un incordio que no te cabe en la nevera, si no el número perfecto para dejar tranquila tu conciencia ambiental.

¿Por qué voy a separar una, dos o tres latas (si es lo que necesito) cuando llevándome 6 latas juntas estoy compensando la contaminación? Error… comprando bebidas en latas estás llevando a tu casa envases de usar y tirar que requieren materias primas, cuyo transporte emite contaminación a la atmósfera, que alguien tendrá que reciclar para reducir el impacto de esos productos de un solo uso en el planeta…

Seis latas son… 2 litros. Si el objetivo es concienciarnos y ayudarnos a reducir el daño que causamos a nuestro entorno ¿por qué no promocionan las botellas reutilizables de 2 litros?

Entonces, ¿qué puedo hacer para compensar mis impactos?

Por tu parte puedes evitar el consumo de envases de usar y tirar. Con gestos sencillos como dejar de comprar botellas de plástico y beber agua de grifo. O, con un poco más de compromiso, evitando los plásticos de usar y tirar en tu día a día. Y, siempre que tengas elección, parar a pensar qué envase es más fácil de reciclar.

¿Quieres contrarrestar las emisiones de tu tubo de escape?

Esto es más difícil. No puedes devolver petróleo a los yacimientos, pero sí buscar formas alternativas de desplazarte o generar energía para evitar ese consumo de recursos fósiles.

Si no te queda más remedio que utilizar un vehículo con motor de combustión procura conducir de forma eficiente. Comparte el espacio que queda libre en tu coche cuando te sea posible. También es importante repostar en las horas del día con menor temperatura: primera hora de la mañana. No sólo por el pequeño ahorro que supone el aumento de densidad del combustible, también porque con menos calor hay menos vapores escapando a la atmósfera desde la boca de la manguera y el depósito de tu coche.

Retirar los gases de efecto invernadero y las partículas resulta complicado, pero ayuda mucho la vegetación: las plantas retiran CO2 de la atmósfera para crecer. Siempre que tengas ocasión planta: en tu terraza, en un huerto, en un descampado, en los bordes de los caminos… si son semillas autóctonas mejor que mejor. Deberíamos pensar en los árboles como infraestructuras de salud pública.

Da igual si las macetas se te secan en vacaciones. Lo importante es mantener todo el tiempo que te sea posible plantas verdes. Cada día retiran una (muy) pequeña cantidad de CO2 de la atmósfera. Ese CO2 podemos retenerlo en el suelo. Idealmente, compostando las plantas muertas con otros restos vegetales y aportando el resultado como enmienda orgánica. Pero también puedes conseguirlo enterrando los tallos secos en las jardineras antes de plantar semillas nuevas o tirando las plantas que se te olvidó regar al contenedor marrón (o al de restos, si no hay contenedor de materia orgánica en tu barrio o ciudad).

¿Cómo podría Ecoembes compensar el impacto de su actividad?

Siguiendo con las propuestas, cabe recordar que Ecoembes es el sistema integrado de gestión de residuos de envases ligeros. Su responsabilidad es recuperar los envases puestos en el mercado por las empresas adheridas a su modelo de gestión de residuos de envases. Así pues, en vez de confundirnos con la utilidad del reciclaje debería invertir los recursos que obtiene de todos los consumidores en:

  • Ir a rescatar todos esos envases que “se pierden”. No hacer greenwashing para urbanitas, si no dedicando la partida presupuestaria a un trabajo que actualmente está sin hacer.
  • Solucionar el problema creciente de las instalaciones de reciclaje que salen ardiendo cada año en España.
  • Dejar de obstaculizar la aplicación de la normativa europea que España tiene que cumplir para alcanzar sus compromisos en materia de residuos.
  • Impedir que se pongan en el mercado (adheridos a su sistema) envases que no se pueden recuperar o reciclar en los procesos convencionales de gestión de residuos.
  • Mejorar la dotación de recursos para mejorarla recogida separada por tipos de material.
  • Retirar este despropósito de campaña publicitaria y pedir disculpas por un nuevo insulto a la inteligencia colectiva.

En resumen, menos propaganda y más contenedores amarillos.

Puedes leer y comentar el artículo completo en productor de sostenibilidad

Responsabilidad ampliada del productor, eso… ¿qué es?

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Alguna vez te has preguntado ¿por qué ponen tantos envases y embalajes en los productos que compras? Llegas a casa después de hacer la compra en el supermercado, te pones a colocarla en tus armarios y te juntas con un montón de precintos, cajas… todo un surtido de materiales, fundamentalmente plásticos de colores, que ya no sirven para nada y que tienes que tirar. Y eso que todavía no has empezado a gastar la pasta de dientes, no has sacado el atún de sus latas, ni te has bebido los refrescos que has puesto en la nevera.

Los envases cumplen dos funciones:

  • proteger y facilitar el traslado de lo que va dentro.
  • llamar tu atención para que tu dinero circule a la cuenta de resultados de una empresa.

Normalmente, como consumidor no tienes capacidad para decidir cómo van envasados los productos hasta la estantería del supermercado. En determinadas circunstancias puedes optar por formas de consumo libres de envases, como acudir tiendas que venden productos a granel, practicar un consumo de proximidad, más local y sostenible… Pero cuando la agenda no lo permite, no queda otra que ir a lo fácil y rápido: cargar el maletero con lo que sea que encuentres en las estanterías de un centro comercial.

En este escenario de consumo… ¿Quién es el responsable del impacto de los residuos? ¿El consumidor que no tiene alternativas reales para evitar los envases de usar y tirar? ¿el ciudadano que sufre un modelo de gestión de residuos basado en el contenedor amarillo? ¿la Administración que tiene que recoger la basura (depositada cívicamente en lugares adecuados o desparramada por parques, jardines, cunetas, playas…)? ¿El establecimiento que nos ofrece los productos envasados en cantidades, materiales y colores a gusto del fabricante? ¿Quizá el propio fabricante que decide cómo envasa los productos que pone en el mercado?

La responsabilidad ampliada del productor (o responsabilidad extendida del productor) es una propuesta interesante para reducir la contaminación y la generación de residuos. Busca trasladar a los fabricantes la responsabilidad sobre los productos que ponen en el mercado. Para ello propone que tengan que asumir la gestión de los residuos que generan. Muy básicamente, es una forma de implicar a la cadena productiva en los impactos que causan los productos que salen de las fábricas.

Es decir, si el fabricante decide poner sus productos en coloridos envases de plástico debe asumir el coste de recoger esos envases y darles un tratamiento adecuado para que no sean las administraciones, los ciudadanos que no consumen ese producto, ni el medio natural quienes sufran las consecuencias negativas de la decisión comercial.

También se aplica en otros ámbitos en la misma línea: si se ponen en el mercado productos poco duraderos o difíciles de recuperar para su valorización ¿no es justo que el fabricante asuma el impacto que genera en el planeta? ¿Qué pasa si no investiga el uso de sustancias menos tóxicas para la fabricación de los productos que pone en el mercado?

En España esta responsabilidad ampliada del productor se establece en la legislación sobre residuos. En concreto en el Título cuarto "Responsabilidad ampliada del productor del producto", de la Ley 22/2011, de 28 de julio, de residuos y suelos contaminados.

En esta norma se concreta que productor del producto es la persona física o jurídica, que de forma profesional desarrolle, fabrique, procese, trate, venda o importe productos.  Y que en aplicación de la responsabilidad ampliada y con la finalidad de promover la prevención y de mejorar la reutilización, el reciclado y la valorización de residuos, los productores de productos que con el uso se convierten en residuos podrán ser obligados a:

  • Diseñar productos de manera que a lo largo de todo su ciclo de vida se reduzca su impacto ambiental y la generación de residuos, tanto en su fabricación como en su uso posterior, y de manera que se asegure que la valorización y eliminación de los productos que se han convertido en residuos se desarrolle de conformidad con lo establecido en la legislación.
  • Desarrollar, producir, etiquetar y comercializar productos aptos para usos múltiples, duraderos técnicamente y que, tras haberse convertido en residuos, sea fácil y clara su separación y puedan ser preparados para su reutilización o reciclado de una forma adecuada y sin riesgos y a una valorización y eliminación compatible con el medio ambiente.
  • Aceptar la devolución de productos reutilizables, la entrega de los residuos generados tras el uso del producto; a asumir la subsiguiente gestión de los residuos y la responsabilidad financiera de estas actividades, ofrecer información a las instalaciones de preparación para la reutilización sobre reparación y desguace, así como información accesible al público sobre en qué medida el producto es reutilizable y reciclable.
  • Establecer sistemas de depósito que garanticen la devolución de las cantidades depositadas y el retorno del producto para su reutilización o del residuo para su tratamiento en los casos de residuos de difícil valorización o eliminación, de residuos cuyas características de peligrosidad determinen la necesidad del establecimiento de este sistema para garantizar su correcta gestión, o cuando no se cumplan los objetivos de gestión fijados en la normativa vigente.
  • Responsabilizarse total o parcialmente de la organización de la gestión de los residuos, pudiendo establecerse que los distribuidores de dicho producto compartan esta responsabilidad.
  • Utilizar materiales procedentes de residuos en la fabricación de productos.
  • Proporcionar información sobre la puesta en el mercado de productos que con el uso se convierten en residuos y sobre la gestión de estos, así como realizar análisis económicos o auditorías.
  • Informar sobre la repercusión económica en el producto del cumplimiento de las obligaciones derivadas de la responsabilidad ampliada.

El problema, como ocurre con una parte importante de la normativa ambiental es que, según como interpretemos la ley, estas obligaciones quedan supeditadas a desarrollo normativo. Así la propia Ley de residuos dice que El establecimiento de estas medidas se llevará a cabo mediante real decreto aprobado por el Consejo de Ministros, teniendo en cuenta su viabilidad técnica y económica, el conjunto de impactos ambientales y sobre la salud humana, y respetando la necesidad de garantizar el correcto funcionamiento del mercado interior.

Este principio de responsabilidad ampliada del productor sí se ha desarrollado para distintos tipos y flujos de residuos. En concreto:

Están en discusión la generalización de los sistemas de responsabilidad ampliada del productor, en particular en flujos de residuos tales como los residuos procedentes de los productos de la industria textil y los restos de alimentos. En este último caso tanto para reducir el desperdicio alimentario, como por su importancia en el total de los residuos urbanos, ya que suponen alrededor del 40% en peso de nuestra basura doméstica.

La importancia de este principio de responsabilidad ampliada del productor y las normas que lo regulan es que determinan las obligaciones de todas las partes implicadas en la gestión de residuos y la distribución de los costes de esa gestión. Así, llevan el "quien contamina paga" hasta el origen, buscando internalizar los costes del impacto de los productos desechables, de escasa durabilidad o con residuos de difícil tratamiento en quienes tienen capacidad para prevenirlos: los fabricantes.

Conocer estas normas, su desarrollo y grado de aplicación es clave para que los ciudadanos responsables y comprometidos con el medio ambiente participemos correctamente en la prevención, valorización, reutilización y reciclaje de nuestros residuos.

Puedes leer y comentar el artículo completo en productor de sostenibilidad

Bebe agua de grifo #IgniteMAD4

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Hace unas semanas tuve la oportunidad subirme al escenario de Ignite Madrid #4 para compartir, como no podía ser de otra manera, unas ideas sobre el impacto de los residuos y nuestro modelo de consumo. Una experiencia que os cuento en esta entrada y que quedó documentada en este vídeo:

 




 

Conocí Ignite gracias a Txema, que ha participado en la edición valenciana del evento. Y gracias a él me enteré de que se buscaban oradores para la cuarta edición de Ignite en Madrid, así que me propuse para hablar sobre la economía circular de los envases de plástico.

Y lo primero que tengo que a gradecer a la organización y el resto de ponentes de Ignite Madrid #4 es un baño de realidad: todo muy bonito pero… ¿qué es eso de la economía circular? Tuve que simplificar mi planteamiento inicial para adaptarlo al formato: 5 minutos y 20 transparencias que pasan automáticamente cada 15 segundos. Creo que no fui plenamente consciente de lo que significa esto hasta que no subí al escenario y me dí cuenta de que no es lo mismo que dar una ponencia con el mando de la presentación en la mano y una cierta flexibilidad en el tiempo.

Y eso que Nacho Arenas nos había avisado previamente de lo complejo de es concretar y transmitir una idea en 5 minutos. Con su ayuda y la de el resto de ponentes conseguí sintetizar el mensaje: una llamada de atención sobre la importancia de evitar la generación de residuos para reducir nuestro impacto en el planeta y nuestra propia salud. Los privilegiados que disfrutamos de agua de calidad y barata tenemos la responsabilidad de dejar de comprar botellas de plástico y beber agua del grifo.

Otras de las interesantes charlas que se pudieron escuchar en Ignite Madrid 4 fueron:

Pues eso, si te lo perdiste en directo aquí tienes la lista completa de Ignite Madrid 4.

Que lo disfrutes.

Puedes leer y comentar el artículo completo en productor de sostenibilidad