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300 millones de años separan el papel y el plástico.

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

El plástico mata

Me llaman mucho la atención los análisis que dicen que el papel es menos ecológico que el plástico. Lo siento, no puedo con ellos. Son estudios parciales e intencionadamente sesgados que olvidan algunos pequeños detalles.

El primero que la materia prima de la que obtenemos la mayor parte del plástico es un recurso fósil que se generó hace unos 300 millones de años en un momento de la historia geológica de nuestro planeta que poco o nada tiene que ver con el actual. A los defensores del plástico se les llena la boca hablando de economía circular, pero si dependemos de un viaje de 300 millones de años… mal vamos.

Tampoco podemos obviar el destino de la mayoría de los plásticos que alguna vez ha fabricado o utilizado la humanidad. ¿Reutilización? ¿Reciclaje? No: microplásticos que contaminan la cadena alimentaria. Están en las heces de todos nosotros y liberan sustancias plastificantes que, igualmente, se pueden encontrar en la sangre y la orina de los seres humanos que actualmente habitan el planeta. Algunas de esas sustancias, por cierto, tienen efectos hormonales sobre nuestro organismo cuyo impacto iremos viendo durante los próximos años.

Frente a ese origen y ese impacto tenemos el papel: fibras de origen vegetal con un ciclo que ocurre en una escala temporal humana. Sí la industria papelera genera muchos impactos, estamos de acuerdo ¿los comparamos con los de la petroquímica?

Tampoco estaría mal sería comparar los impactos de la gestión forestal y los de la industria de extracción del petróleo. La localización y distribución global de los recursos y la posibilidad de contribuir a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la explotación ordenada de ambas fuentes de recursos.

Mientras el mundo rural languidece y los recursos forestales se convierten en combustible para desastres ecológicos en distintas partes del planeta hay quien todavía prefiere seguir lavando la imagen de un material, que siendo maravilloso e insustituible en algunas aplicaciones, deberíamos sustituir en la mayor parte de los usos que nos sea posible.

La próxima vez que lean comparaciones entre estos dos materiales miren hasta dónde llega el análisis. Si se reflexiona sobre que el plástico es una correa de transmisión que extrae a la superficie y deja listo para su liberación el carbono que había estado retenido en la corteza terrestre durante los últimos 300 millones de años.

O si se aportan datos sobre cómo la gestión sostenible de los bosques contribuye a retener carbono de la atmósfera en forma de madera y materia orgánica que acumulada en suelos forestales.

Frente a la extracción concentrada y centralizada de petróleo tenemos la posibilidad de una producción distribuida de fibras vegetales. Ante un residuo que la naturaleza no es capaz de reintegrar, que desborda sistemas de recogida, sobrepasa nuestra capacidad de tratamiento y abarrota vertederos, tenemos unas fibras vegetales fáciles de recuperar o, en su caso, descomponer por procesos naturales.

Dejando de lado la pasión y volviendo al rigor profesional, antes de afirmar que «las bolsas de papel no son más ecológicas que las de plástico» convendría recordar que sí existe un sello de certificación dentro del esquema legal de etiquetado ecológico europeo para productos de papel ecológico pero lo no hay para productos de plástico.

No podemos perder de vista que el enemigo común es el producto de usar y tirar. Los envases cómplices de cadenas lineales de producción y consumo que causan destrucción a lo largo y ancho de nuestro planeta.

Pero mientras el plástico es una bomba de relojería que amenaza tu salud, el cartón son unos gramos de carbono que, temporalmente, están retenidos de la atmósfera que compartirnos.

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El reciclaje no es economía circular.

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Cadena rota por el eslabón más débil.

Vivimos un modelo de producción y consumo basado en fabricar, comprar, usar y tirar. Un modelo lineal que lleva al agotamiento de los recursos naturales y a un fuerte impacto por la cantidad de residuos que generamos. El reciclaje se nos ha presentado como una receta mágica, la panacea, que resuelve todos los problemas. Pero no es así.

Una vez convertidos en basura, los productos que tiramos requieren de procesos de recuperación y costosos tratamientos que permitan, parcialmente, recuperar algunos materiales y convertirlos nuevamente en materias primas. Es más, esas materias primas procedentes de nuestros residuos compiten con las extraídas directamente de la naturaleza, que suelen venir de fuentes más baratas en términos monetarios.

Ahora es el Foro Económico Mundial quien nos alerta de que para construir una economía circular debemos descartar el reciclaje. El reciclaje tiene sentido en una economía lineal de usar y tirar, donde los fabricantes se desentienden de las externalidades de los productos que ponen en el mercado.

Pero si queremos reducir los impactos económicos, ambientales y sociales de ese modelo y pasar a una economía circular, debemos superar esta solución de final de tubería que sólo afecta a las basuras una vez generadas.

Uno de los principales retos de la economía circular es conseguir gestionar los recursos limitados de nuestro planeta para evitar el colapso al que nos lleva el despilfarro en el que se sustenta el modelo de usar y tirar. Las prioridades deberían pasar, precisamente, por la prevención. El coste (social, económico y ambiental) de recuperar un producto y repararlo es mucho menor que el de fabricarlo nuevo desde sus residuos. En caso de que esto fuese posible: el reciclaje no siempre es económica o energéticamente viable.

El reciclaje es necesario para reducir el impacto de los residuos, pero no mantiene ni aumenta el valor de los productos fabricados y, para la buena parte de los materiales residuales, no consigue cerrar el ciclo. Necesitamos reciclar más y mejor, pero sólo como una etapa de transición a una verdadera economía circular, basada en la prevención y en la reutilización.

La economía circular no se basa en el reciclaje porque su producción se diseña para que los productos puedan reutilizarse varias veces, no para que se conviertan en residuos. La esperanza de vida de los productos se alarga con mantenimiento, reparación, redistribución, reacondicionamiento o ciclos de remanufactura, evitando su entrada en el ciclo de reducción de valor y alto consumo de energía que supone el reciclaje.

Reparar aparatos electrónicos es una forma de evitar que se conviertan en residuos.

Igualmente, el reciclaje ocurre con grandes desplazamientos de materiales a lo largo de todo el planeta que podrían prevenirse cerrando los ciclos de producción y consumo cerca de los usuarios de los productos.

Por otro lado, las políticas de producto basadas en estrategias de reutilización, redistribución o remanufactura implican incluir una variable clave en la reducción del impacto del modelo de producción: la durabilidad, reduciendo los costes y los riesgos de producir para usar y tirar frente a planificar productos duraderos, donde el valor se consigue en su mantenimiento a largo plazo.

La economía circular, mediante el análisis de las cadenas de suministro- se debería apartar de las actividades que devalúan los productos y los materiales, como el reciclaje, y enfocarse a la reutilización y la remanufactura que ayudan a mantener o incrementan su valor. Este enfoque aporta al mercado de trabajo empleos más sostenibles, para cuya creación no se requiere un mayor consumo de recursos, en tanto que se basan en el mantenimiento -dentro de la economía circular- de los productos que ya se han fabricado.

Así pues, cuando pensamos en economía circular debemos evitar relacionarla con el reciclaje y buscar modelos que permitan aumentar el ciclo de vida de los productos, evitando que se conviertan en residuos mediante un diseño enfocado a extraer valor alargando su vida útil. Esto permitiría reducir el consumo de recursos y energía necesario para fabricar productos nuevos, desplazando mano de obra desde la extracción y el reciclaje a la reutilización y el mantenimiento de productos, en una economía circular bien entendida con oportunidades para todos.

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¿Quién y cómo se encarga de retirar los contenedores de colores de mi centro de trabajo?

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Últimamente proliferan las papeleras de colores por todas partes. La conciencia ambiental crece y empezamos a tomarnos en serio la recogida selectiva de residuos. Y de vez en cuando surgen dudas ¿Quién es el responsable de esos contenedores de plástico de la oficina? ¿Qué hace con ellos? ¿Es Ecoembes? ¿Hay que pagar para que los retiren? ¿Son los Ayuntamientos de cada lugar?

Papeleras de reciclaje azul y amarilla de ecoembes

Estas preguntas no admiten una respuesta rápida y sencilla, pero voy a intentarlo. Si hay residuos especiales o peligrosos la cosa se puede complicar, pero lo normal es resolverla directamente con un gestor especializado en este tipo de materiales. Nos quedamos con el caso de residuos no peligrosos.

Todo lo que tiene que ver con residuos está legislado desde finales de los años noventa. La normativa vigente establece, muy básicamente, que las actividades que generan residuos tienen que asumir su gestión. Luego, la respuesta a quién se encarga de las papeleras sería que la propia empresa que genera los residuos, es su obligación legal.

Lo deseable sería contar con especialistas que conociesen esta legislación y optimizasen los procesos de la empresa para dar cumplimiento a los requisitos que establece, pero, como en muchas cuestiones ambientales, parece que la gestión de residuos es una cosa opcional que se deja en manos de gente con buena voluntad. Eso es importante pero insuficiente, sobre todo si el compromiso con la sostenibilidad es real y se pretenden hacer acciones de responsabilidad corporativa que, como mínimo, deberían ser conformes a la legislación ambiental vigente.

El cómo depende de muchos factores. No es lo mismo que los residuos se generen en un despacho de un edificio de oficinas, en una nave de un polígono industrial o en un taller a pié de calle. Tampoco es lo mismo estar en una gran ciudad que en un pequeño núcleo rural. Habría que ir municipio por municipio a ver qué dicen las ordenanzas locales y qué tipo de acuerdos hay entre las empresas y el Ayuntamiento en relación a la gestión de residuos. En cualquier caso, desde el punto de vista legal, el encargado de vaciar los contenedores de los diferentes puntos de trabajo es la empresa a la que están vinculados esos puestos de trabajo en los que se generan los residuos. Vista la teoría… ¿qué pasa en la práctica con esos contenedores?

Quizá un servicio o contrata de limpieza retira esos contenedores. En función del contrato entre la empresa que genera residuos y el servicio de limpieza el destino de los residuos será uno u otro. Lo importante es identificar el flujo para entender a dónde van a parar. Si estamos en un entorno urbano, puede ocurrir que el Ayuntamiento acepte (quizá por un módico precio o previa autorización) en la recogida municipal una parte de los residuos de la empresa. En este caso hay que asegurar que el camino de las papeleras a los vehículos municipales de recogida permita mantener esos residuos separados ¿Cuenta la contrata de limpieza de oficinas con recursos (humanos, económicos y materiales) para hacer esto posible?

Desgraciadamente es relativamente común que todas las papeleras de una oficina, tengan el color que tengan, acaben juntas en una bolsa grande de basura de un único carro de limpieza. Sí, hemos concienciado a los trabajadores y les hemos puesto papeleras compartimentadas para separar la basura que generan en el puesto de trabajo. Pero si lo que se paga a la contrata de limpieza sólo da para un sueldo precario por horas, quizá la persona que vacía esas papeleras no tendrá la oportunidad de seguir manteniendo los residuos separados.

O tal vez sea una cuestión estructural. Si bien puede ser un requisito legal establecido en la normativa municipal, muchos edificios de oficinas no tienen contenedores separados para depositar esos residuos. Las personas encargadas de la limpieza llegan con distintos carros a un cuarto de basuras en el que sólo hay un contenedor común para todos los residuos ¿qué hacen entonces?

Cuando el Ayuntamiento no presta el servicio de recogida, la empresa, o la propiedad del edificio, contratan directamente la retirada con un gestor de residuos, normalmente un transportista que lleva la basura a alguna planta autorizada. En estos casos (centros comerciales, polígonos industriales, grandes eficicios de alquiler) es frecuente disponer de un contenedor compactador en el que se mezclan todos los residuos. Después se someten a un tratamiento, más o menos automatizado, para separar distintos tipos de materiales: preparar para reciclaje lo que se pueda recuperar o destinar a eliminación aquello que no tenga valor de mercado.

Ecoembes es el sistema integrado de gestión de envases ligeros. Es un mecanismo mediante el cual las empresas que ponen en el mercado envases de usar y tirar asumen su responsabilidad sobre los residuos que generan esos envases. Simplificando mucho, la legislación define una responsabilidad ampliada del productor que obliga a quien pone en el mercado productos que con su uso se convierten en residuos a asumir los costes de la retirada y tratamiento de esos residuos.

En la práctica el sistema deja mucho que desear y lleva unos años cuestionado, siendo la respuesta de Ecoembes realizar cada vez más acciones de publicidad. Una de ellas consiste en inundar los lugares de trabajo, organismos púbicos, centros de enseñanza y lugares de ocio de papeleras de colores con su logotipo.

La papelera amarilla de la oficina llena de cualquier cosa.

Una acción de imagen de marca y emplazamiento de producto, pero poco eficaz en la gestión de residuos y contraproducente en lo que se refiere a concienciación ambiental. Que yo sepa, Ecoembes regala las papeleras, pero no las recoge. Ni dota a los usuarios de recursos para garantizar que el contenido de esas papeleras acabe en un contenedor de recogida selectiva o en una planta de tratamiento de envases.

Para lo que están sirviendo esas papeleras en lugares donde no hay recursos para un servicio de limpieza eficaz o donde la basura se retira toda junta en un mismo contenedor compactador es para ilustrar la excusa “para qué separar si luego lo mezclan todo”. Aquí tiramos las cosas en las papeleras de colores pero los de la limpieza lo juntan todo.

Y el ejemplo se ha visto en la oficina, en el centro comercial, en el colegio de los niños y en la Consejería de Medio Ambiente. “Mira, mira, el de la limpieza echa al mismo carro todas las papeleras”. Cosa normal y comprensible si a esa persona la pagan por pasar una vez al día por cada sitio y sólo tiene un carro. O si al final del recorrido espera un único contenedor donde se comprime todo para ocupar lo menos posible y ahorrar viajes de camión a la instalación de gestión de residuos.

Al final, si queremos promover acciones para fomentar la responsabilidad individual en gestión de residuos el camino pasa por la prevención: dotar al personal con una taza y una cantimplora, para que reduzcan la cantidad de vasos de plástico que salen de la máquina de café y poner a todos a beber agua de grifo para que dejen de comprar botellas de plástico.

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El Escarabajo Verde: Amarillo 2

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Sistema de clasificación de residuos de envases de la empresa TOMRA instalado en la planta de tratamiento del contenedor amarillo en Valdemingomez.

Traigo al blog el segundo de los reportajes que El Escarabajo Verde ha dedicado al contenedor amarillo. En el primero se hablaba sobre el funcionamiento del contenedor amarillo y los resultados que consigue esta forma de recoger residuos. En esta ocasión se abordan las alternativas pue pueden mejorar las tasas de recuperación y reciclaje de los residuos de envases.

Aparecen varias propuestas, desde la recuperación incentivada, en la que se premia a quienes depositan envases usados en una máquina de recogida; los sistemas de depósito, devolución y retorno, en los que se entrega una cantidad a cuenta que se recupera cuando el envase vuelve al lugar de venta; o la recogida domiciliaria puerta a puerta, que permite identificar (y en su caso sancionar) comportamientos en la entrega de basuras contrarios a las ordenanzas municipales.

En poco más de 20 minutos se exponen estas distintas formas de recoger los residuos y se ilustra cómo cada uno de ellos contribuye a la mejora de la recuperación y el reciclaje de los residuos que generamos en nuestros hogares.

El equipo ha visitado instalaciones que reciben materiales procedentes de cada una de estos sistemas de recogida, evidenciando que una mejor recogida incide en un menor coste de tratamiento y en unas mayores posibilidades de convertir la basura en materias primas.

Un reportaje imprescindible para comprender la necesidad de seguir evolucionando en el modelo de gestión de envases, que ilustra lo que pasa con lo que dejamos en el contenedor amarillo y lo que podría pasar si avanzásemos en los sistemas de recogida. No te lo pierdas.

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Valorización material del residuo textil

Publicado en: Comunidad ISM » Blogs por David Canales. Texto original

De un tiempo a esta parte estamos muy centrados en la problemática de los plásticos en nuestro planeta y su difícil gestión, pero también es difícil imaginar un mundo sin textiles y sin ropa, así como los residuos generados. La industria textil también es un sector importante de la economía, proporcionando empleo a cientos de millones en todo el mundo. El sistema textil opera de forma casi completamente lineal; grandes cantidades de productos no renovables se extraen para producir elementos que a menudo se usan por poco tiempo, terminado estos residuos textiles principalmente en los vertederos o incinerados. Además en cuando se lavan, algunas prendas liberan microfibras de plástico, de las cuales alrededor medio millón de toneladas cada año contribuyen a la contaminación del océano, 16 veces más que microperlas de plástico de cosméticos.

Valorización material del residuo textil

Fuente: Pixabay

El residuo textil está compuesto por;

  • La ropa de vestir es la principal fracción presente en la composición del residuo textil, y por eso es donde están centrados todos los datos y sistemas de recogida selectiva en la actualidad.
  • Ropa de casa (cortinas, mantas, sábanas…).
  • Calzado.
  • Complementos.
  • Tapicerías.
  • Deshechos de la propia industria textil.
  • Bayetas, mochos de fregona…
  • Y un largo etc.

En los últimos años, la generación de residuos textiles se ha multiplicado por 2, debido a diversos factores:

  • En la década de los 80 la ropa usada se cedía a familiares o personas próximas.
  • En la década de los  90 se empleaban canales de solidaridad comunitaria.
  • El fast fashion se ha multiplicado por dos en este siglo, pero sin solución a sus residuos.

El residuo textil es el segundo más contaminante del mundo y supone ya “un grave problema” en todos los vertederos de España y del resto de Europa. En España se generan 1.000.000 toneladas anuales de residuo textil, lo que supone que es un 10% – 14% de la composición de la basura doméstica. Lo que equivale a 8 barcos mercantes con toda la Soja comercializada por EEUU en un año. En cuanto a la producción, las emisiones totales de gases de efecto invernadero de la producción textil se cifra en 1.200 millones de toneladas anuales, son más que las de todos los vuelos internacionales y envíos marítimos combinados.

Con la implantación de la recogida selectiva de materia orgánica en todos los municipios españoles, obligatoria a partir de 2020, provocará que el RESIDUO TEXTIL será el principal residuo en la composición de nuestra basura. Actualmente, en España, sólo se recoge separadamente el 10% del residuo textil mediante los circuitos de recogida selectiva (retales de fabricación, recuperación por grandes distribuidores comerciales, circuitos de recogida de ropa fuera de uso ropa de vestir y calzado) como fracciones prácticamente exclusivas debido tanto a su interés humanitario como comercial, donde el 70% de la ropa reutilizable se exporta a países como Kenia, Uganda, Tanzania o Ruanda, pero empiezan a poner restricciones.

Con el objetivo de extenderse en la cadena de valor de los residuos y siguiendo los principios de un modelo de gestión basado en la Economía Circular, donde empresas privadas y la propia administración pública están inmersos en el desarrollo de proyectos cuyo objetivo es la valorización material del residuo textil presente en el RSU, su recuperación y valorización, evitando que termine en vertedero, tratarla y llevar a cabo un Upcycling.

Los proyectos, como los que se ven durante el curso de Valorización de residuos,  contemplan diferentes fases de estudio y desarrollo que abarcan desde la selección del material en la línea de triaje y el estudio de los potenciales sectores de demanda, hasta la puesta en marcha de un proceso de recuperación y reciclaje del textil recuperado;

a)       Cuantificación y determinación de la composición del residuo textil en un flujo de RSU.

b)      Mediante un estudio del estado del arte y posteriormente mediante la realización de ensayos, se diseña y valida un proceso mecánico para la optimización del volumen de textil recuperado del RSU.

c)       Una vez conocida la cantidad y composición de textil recuperado se identifican los potenciales sectores de demanda del textil recuperado o de productos fabricados a partir de dicho textil. Éstos se abordan tanto desde la perspectiva del upcycling como del downcycling. En el primer caso, se busca la reintroducción en el ciclo productivo de fibras o hilos recuperados de alta calidad (algodón, nylon, lana…) para su uso en la fabricación de nuevos tejidos en sustitución de fibras vírgenes. En contraste, el downcycling busca la fabricación de nuevos productos a partir del residuo textil recuperado (materiales no tejidos, fibras, fieltros, etc.).

d)      Del contacto con los consumidores finales, se determinan los requerimientos técnicos del textil asociados a cada una de las aplicaciones de mercado (características organolépticas, nivel de aislamiento, reacción al fuego,…). A partir de aquí, se definen las tecnologías y procesos de higienización necesarios para alcanzar dichas especificaciones, teniendo en cuenta, sobre todo, el origen residual del material.

e)      Por último, y como paso previo al diseño final de la línea de tratamiento y reciclaje, se deben llevar a cabo diversas pruebas de higienización y procesamiento del material en las que se han obtenido diversos demostradores.

A modo de conclusión final podemos identificar los siguientes puntos:

  1. El residuo textil va a ser la fracción principal de la composición de la basura doméstica.
  2. Recogida selectiva de residuo textil obligatoria a partir de 2025.
  3. Previsión más pesimista; en 2025 se tendrán que tratar al menos 500.000 t/a en plantas específicas para residuo textil en España.
  4. El potencial económico es superior a los 35 M€ anuales.
  5. Potencial negocio, el primero en desarrollar una tecnología propia será el ganador.
  6. Aumento de la imagen social y medioambiental corporativa.
  7. Reintroducción en la economía circular de nuevos productos, con valor añadido.
  8. Casi 400 ktCO2eq evitadas a la atmósfera anualmente.

David Canales es docente del curso Valorización de Residuos que imparte el Instituto Superior del Medio Ambiente.

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EL FUEGO VALYRIO DEL RESIDUO – Parte II

Publicado en: La Calidad Ambiental por Fernando Follos Pliego. Texto original

Hace un tiempo que cuatro locos como yo estamos haciendo seguimiento de los incendios ocasionados en las plantas de residuos, denunciándolo a través de las redes. Un problema cada vez más grave, del que además existe un oscurantismo y un silencio a todos los niveles que es más que preocupante. [1.] [2.] [3.] Estudiar estos casos es encontrarte con una absoluta falta de respuesta,

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