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Usar y tirar, plástico y campaña electoral

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Estamos en plena campaña electoral y el plástico no se ha quedado fuera. Podemos hacer muchos chistes sobre el envío de propaganda electoral que demuestra la coherencia en la preocupación ambiental que muestra algún partido, pero hay mucho más en juego.

La creciente presencia de residuos de plástico en todos los ecosistemas del planeta y la evidencia de que los fragmentos microplásticos que ingerimos en nuestros alimentos, son capaces de dejar rastro en heces, orina y sangre son de una urgencia que no admite bromas.

Estamos en plena campaña electoral y una de las cosas que se decide es, precisamente, si vamos a seguir con un modelo insostenible de utilización de plásticos de usar y tirar o si vamos a poner límites a la locura de plastificar cebollas. En esta entrada dejo una reflexión y algunas evidencias de por dónde van los tiros.

Recuerdo haber escuchado a José Manuel Núñez-Lagos, en un encuentro Vidrios y Barras, pedir que no se politizase el debate sobre gestión de residuos. Lo hacía ante un nutrido grupo de profesionales del sector ambiental en el que había desde consultores a periodistas, todos ellos relacionados de alguna manera con los residuos y todos con algún blog, cuenta de twitter o similar en activo.

Poco después el que me trasladaba su inquietud sobre la politización del discurso en materia de gestión de residuos era el, por entonces, Director de Comunicación Corporativa y Marketing de Ecoembes. Lo hacía en un ambiente más selecto, en una invitación que, directamente, tenía que ver con algo que yo había publicado en mi blog.

En ambos casos la petición me pareció muy razonable. ¿Para qué politizar un debate que es fundamentalmente técnico, que cuenta con un marco legal bastante claro y, en el mejor de los casos, está condicionado por criterios económicos?

Lo que no entendía, en aquella época, es por qué se me hablaba de política cuando preguntaba por datos de gestión de residuos. La respuesta, que ha ido llegando después, es que entonces ya había una estrategia política y que me tenían (muy erróneamente, por otra parte) filiado dentro de su marco de afinidades políticas.

Desde entonces lo que ha ocurrido ha sido, precisamente, una politización del debate sobre gestión de residuos. De cara a las elecciones de 2019 los que viven de lavar la imagen del envase de usar y tirar han politizado un debate que debería estar zanjado con la legislación que lleva vigente desde finales de la década de 1990.

Les ha resultado muy fácil: las comunidades autónomas que han estudiado medianamente la opción de introducir sistemas de depósito, devolución y retorno (SDDR) de envases para mejorar la gestión de sus residuos son los territorios periféricos: Cataluña, Valencia, Islas Baleares, Navarra… díscolos radicales independentistas todos.

En un primer momento Ecoembes respondió a esos intentos de mejorar el sistema de recogida de residuos de envases con más dinero: 17 millones de euros adicionales a los municipios de la Comunitat Valenciana. Una propuesta que extrapolada al resto del territorio nacional podría mejorar significativamente los cuestionados datos de gestión de residuos de envases, pero encarecería ignificativamente la cuota de las empresas adheridas al sistema del contenedor amarillo.

Sale mucho más barato asimilar los envases retornables a la izquierda separatista. Y más rentable, permite politizar el debate a escala nacional, autonómica y local ¿quién, desde un punto de vista moderado, va a incorporar a su discurso algo que es de rojos radicales? ¿la derecha conservadora? ¿la izquierda moderada? Por supuesto los grandes empresarios de la distribución, adheridos al sistema de Ecoembes, prefieren no mezclarse con los radicales.

Así, si un partido saca en campaña las deficiencias de la gestión actual de residuos con datos e imágenes sobre el impacto de los envases de usar y tirar, Ecoembes responde ocultando el problema y, por tanto, las soluciones que plantea ese partido. Si las personas demandamos que los partidos nos cuentes sus propuestas sobre medio ambiente, cambio climático, residuos o plásticos de usar y tirar, las cadenas patrocinadas por Ecoembes evitan esas preguntas en los debates electorales.

Ecoembes está en campaña. Intentando influir en el proceso electoral para mantener su modelo de negocio después de las citas de abril y mayo. Una Sociedad Anónima sin ánimo de lucro que maneja más de 500 millones de euros. Un presupuesto capaz de crear muchas puertas giratorias. ¿Cuántos cargos políticos tienen su futuro apostado a los residuos de usar y tirar?

Basta ver planes los planes regionales hechos a la imagen y semejanza de los intereses de Ecoembes. En los que se descartan las opciones que abren la puerta a la reducción o la reutilización de envases sin estudios ni argumentos técnicos. Instrumentos de planificación autonómica que se utilizan para colar nuevos chiringuitos con más puertas giratorias en manos de personas del partido.

Es curioso que unos acusan a otros de financiarse con el dinero de una empresa acusada por monopolio mientras utilizan el dinero de todos y el apoyo de otra empresa con prácticas monopolísticas para colocar a los amigos o prepararse una salida cuando se acaben sus días en política.

Sí el debate sobre residuos está politizado. Son muchos millones de euros en infraestructuras, contratas de gestión, tratamiento y sistemas de gestión sin ánimo de lucro que disponen de un capital para defender los intereses del envase de usar y tirar, también en campaña electoral.

Por eso me vas a permitir que te recuerde que los sistemas de depósito, devolución y retorno son un mecanismo previsto en las directivas europeas que España tiene que cumplir como estado miembro. Que la Unión Europea lleva años recomendando a nuestro país que aplique estos sistemas de responsabilidad ampliada del productor para mejorar la recogida, gestión y reciclaje de residuos. O que, frente al contenedor amarillo que inevitablemente destina los envases a reciclaje o eliminación, se podrían implantar sistemas de depósito, devolución y retorno basados en envases reutilizables.

Nadie te puede decir a quién tienes que votar. Y menos yo que decido mi voto en promesas electorales como la retirada del servicio militar obligatorio. No sé a quién votaré dentro de cuatro años. Pero sí me gustaría que para 2023 hubiésemos avanzado algo en la guerra contra los impactos ambientales, económicos y sociales de los plásticos de usar y tirar. No creo que la promesa de un futuro que viene envuelto en plástico, pero tampoco de quienes utilizan los envases de usar y tirar para agradecer favores hechos con un dinero de todos que, en teoría, debería ir a mejorar una gestión de residuos por la que nos están llamando la atención desde Europa. Unos pocos se forran y consiguen poder mientras otros pagamos las multas por lo mal que gestionan nuestros residuos.

La devolución y retorno de envases no es una propuesta de radicales independentistas, es una solución técnica y jurídica para reducir la cantidad de sustancias tóxicas que llegan a tu organismo a través de las cosas que comes. El retorno de envases es una de las recomendaciones que hace la Unión Europea a España para disminuir la contaminación por plásticos de usar y tirar que amenazan los ecosistemas de los que dependen la biodiversidad, nuetra salud y nuestra alimentación.

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Aquí no se recicla

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

El otro día, de camino al punto limpio, pasé por delante de una parada de autobús que lucía un cartel como el de la imagen que ilustra e inspira esta entrada. A distancia se puede leer “aquí se recicla”, junto con imágenes de tubos fluorescentes y distintos tipos de bombillas. En mi ingenuidad sentí una gran alegría. Pensé que Ambilamp había encontrado la forma de convertir las marquesinas de las paradas de autobús en puntos de recogida de bombillas, de modo similar al sistema que lleva años recogiendo las pilas en estos y otros elementos del mobiliario urbano. Pero no.

A pesar de la invitación “reciclemos también las bombillas” y el mensaje “recicla tus bombillas aquí”, no era más que un anuncio. No había ningún hueco donde dejar las bombillas o los fluorescentes. ¡Qué desilusión!

En España tenemos un problema con la manera en la que afrontamos los problemas ambientales. En particular con los residuos y su gestión. El país con más infracciones ambientales abiertas por la Unión Europea, también es uno de los rezagados en la materia. A pesar de los constantes avisos y recomendaciones para mejorar la gestión de residuos estamos en riesgo de incumplir los objetivos europeos de reciclaje. Y así lo cree el propio sector.

Ocultar el problema no ayuda a solucionarlo. Distintos estudios independientes ponen de manifiesto las carencias y cuestionan las estadísticas sobre residuos. Hasta el punto de, analizando los datos publicados por distintas administraciones competentes en gestión de residuos, concluir que sólo el 25,4% de los envases plásticos se recuperaron en España en 2016. 20 años después de su entrada en funcionamiento el sistema del contenedor amarillo apenas llega a recuperar poco más de la cuarta parte de los residuos para los que se puso en marcha.

¿Qué tienen que ver las bombillas y los envases de plástico? Pues poco o muy poco. Son flujos de residuos independientes, regulados por normativa diferente, con distintos objetivos… pero los sistemas de gestión de sus residuos comparten una misma estrategia corporativa. Y ese es otro de los errores en la gestión de residuos en España. Nos preguntamos por qué fracasan las campañas de comunicación y la respuesta está en la parada de autobús con la que empezaba esta entrada.

En gestión de residuos juega un papel clave la responsabilidad ampliada del productor, un principio plasmado en requisitos legales para que quienes pone en el mercado productos que con su uso se convierten en residuos asuman los costes de la correcta gestión de esos residuos.

Los agentes responsables de la fabricación, distribución y puesta en el mercado de esos productos se organizan en Sistemas Colectivos de Responsabilidad Ampliada del Productor (SCRAP), cuya finalidad es dar cumplimiento a esos requisitos legales, entre otras cuestiones, organizando la recogida de los residuos de las empresas adheridas al sistema.

En la mayoría de los casos, como es el de los Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE) con los que trabaja Ambilamp, la normativa sobre responsabilidad ampliada del productor establece que los residuos deben recogerse en el establecimiento que vende los productos que generan esos residuos.

Requisitos para la recogida de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos domésticos.

A pesar de que esta obligación tiene más de una década de antigüedad, son muchos los establecimientos que siguen sin darse por enterados y muchos más los consumidores que la desconocen: para la inmensa mayoría de los flujos de residuos regulados por la legislación existe la obligación de recogerlos en los mismos lugares donde se ponen en el mercado.

Esta idea no le gusta mucho al hermano mayor de todos los SCRAP, el primero en organizarse en España, el de los residuos de envases ligeros: Ecoembalajes España, S.A. (Ecoembes). Es más, inventó un sistema de contenedores de colores para que los residuos de envases no volviesen a los establecimientos. Y, por si fuera poco, lucha con todas sus fuerzas por intentar convencernos de que la devolución y el retorno nos perjudican a todos.

Ecoembes también es el SCRAP que dispone de una mayor cantidad de recursos: 500 millones de euros al año que liquida puntualmente en varias partidas, incluida una importante destinada a comunicación y mercadotecnia. No sabemos la magnitud, pero es suficiente para comprar el discurso de varios divulgadores y medios de comunicación.

Es una estrategia suicida de desinformación ambiental, fake news y greenwashing. Frente a un desafío urgente, la comunicación se centra en ocultar el problema, mantener un modelo de negocio insostenible y silenciar las evidencias de que necesitamos mejorar la recogida y gestión de residuos.

Son tantas las agencias de comunicación y los periodistas afectados por la influencia del hermano mayor de los SCRAP que toda la comunicación del sector está contagiada por esa estrategia. Si se queman cuatro instalaciones de gestión de residuos al mes en España, la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje (FER) se cierra en banda y niega la mayor. Ante el clamor de los consumidores que demandan fruta sin plástico, la industria del plástico echa balones fuera. Todos en la misma línea de victimizarse y acusar a otros de intentar confundir que utiliza Ecoembes contra quienes contrastan sus datos.

En vez de avanzar en la gestión de residuos de envases e invertir en más capacidad de recogida y mejor tratamiento, se gasta el dinero de la responsabilidad ampliada del productor –el que todos los consumidores de productos envasados aportamos al sistema en cada compra- en crear imagen de marca y condicionar el discurso ambiental. Hasta el extremo de entrar en las universidades y en los colegios. Ecoembes nos miente para mantener un sistema de recogida de envases que está hipotecando el futuro.

Y sí, nos queda claro que Ecoembes no quiere que se hable de sistemas de depósito, devolución y retorno, que para eso puso en marcha el contenedor amarillo. Tan claro como que ese hermano mayor se ha encargado de difuminar su responsabilidad y señalar los neumáticos, neveras y lavadoras que acaban como basuraleza, desviando la atención sobre los envases de usar y tirar que reinan entre la basura que se abandona en el medio natural.

El mensaje “aquí se recicla” colgado en la parada del autobús responde más a la estrategia de ocultar los tristes datos de reciclaje que a una realidad sobre la gestión de nuestros residuos. Nadie cuestiona que en España se esté reciclando. Ni la labor de los SCRAP. Claro que se recicla y es necesario contar con entidades que organicen la gestión de residuos. Pero queda mucho por hacer y hay que centrar los esfuerzos.

No haría falta gastar el dinero de todos los consumidores en publicidad si nos asegurásemos de que los establecimientos donde se comercializan los productos están en situación de recogerlos cuando se convierten en residuos e informar a los consumidores sobre derechos y obligaciones. Harían falta menos anuncios en marquesinas de autobús si nos asegurásemos de garantizar que las grandes superficies cuentan con espacios adecuados para que los consumidores depositen allí los productos adheridos a SCRAP cuando dejan de ser útiles.

Están muy bien los anuncios sensibleros, pero hace años que el reto no está en concienciar a la gente sobre reciclaje. Menos todavía cuando hay obligaciones legales que cumplir. El reto está en alinear las formas de recogida con los tratamientos que contribuyen al reciclaje de residuos, poner fácil la entrega de esos materiales que la economía circular podría convertir en nuevas materias primas.

Quizá sea cómodo identificarse con un bando y sentarse cómodamente con los que se quieren identificar como nuestros iguales a preparar el ataque al enemigo. Pero estamos todos en el mismo barco. No hay enemigos más allá de los que fabrica la estrategia de comunicación de Ecoembes para seguir dilapidando sin control los recursos de todos que deberían estar destinados a recoger mejor los residuos de envases.

No podemos seguir el ejemplo de un contenedor amarillo que apenas tiene capacidad para el 30% de los residuos que debería recoger y dice estar reciclando más del 70%. No es creíble y no ayuda a mejorar la situación. ¿Qué sentido tiene plantear campañas que responden a los intereses estratégicos del hermano mayor y su modelo de negocio? Estamos ante una urgencia que no admite excusas o lavados de imagen y que no puede esperar.

A pesar de todo, no puedo cerrar esta entrada sin reconocer que el vídeo de Ambilamp que he visto (en “exclusiva”) mientras documentaba esta entrada me parece un rayo de esperanza. Pierde la oportunidad de aclarar que la opción de devolver las bombillas al sitio donde las compramos no es una molestia ni un favor, si no la obligación aparejada a venderlas, financiada por todos los consumidores con la compra de bombillas nuevas pero, por lo menos, invita a llevar las bombillas a los establecimientos donde se comercializan. Un anuncio que se pierde en el buenismo pero, por lo menos, es un paso para sacar la palabra reciclaje de los contenedores de colores. De todos modos no creo que compense el nivel de frustración de quien se acerque a una marquesina del anuncio con el que abría esta entrada con un fluorescente en la mano.

Seamos claros: en la parada de autobús no se reciclan los fluorescentes

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Aplastar las latas es más sostenible

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Aplasta las latas antes de tirarlas a la basura, es más sostenible y reduce los costes del reciclaje.

Estos días se está compartiendo en redes un contenido que sugiere que deberíamos dejar de chafar las latas si queremos que se reciclen. ¿Qué hay de cierto en esto? ¿No deberías aplastar las latas antes de tirarlas a la basura? ¿Se pueden reciclar las latas aplastadas? Te lo cuento en los siguientes párrafos.

Las latas de bebidas son uno de los envases que más se han popularizado para refrescos y cervezas. Son uno de esos envases de usar y tirar que todos deberíamos evitar, pero que se han impuesto hasta condicionar un modelo de consumo insostenible. A favor tienen que son fáciles de recuperar y reciclar, siendo uno de los tipos de envase, después del vidrio, que más se recicla en la actualidad. Pero, ¿se pueden reciclar las latas si las aplastas antes de tirarlas a la basura? Para responder apropiadamente a eso hay que analizar varias cuestiones:

¿Se pueden separar latas aplastadas del resto de los residuos?

Sí. Las latas se recuperan en procesos que dependen, fundamentalmente, de las propiedades del material, no de su forma. En las plantas de clasificación de residuos de envases existen dos procesos básicos para separar metales:

  • Imanes: atraen los metales férricos, retirando las latas de este material.
  • Corrientes de Foucault: hacen que el aluminio salte de la cinta transportadora.

Estas dos técnicas permiten una buena separación mecánica de los materiales metálicos que se recogen en los cubos de basura.

Las latas de bebidas, las que se aplastan fácilmente después de consumir su contenido, son (en la inmensa mayoría de los casos) de aluminio, que “salta” del flujo de residuos cuando se expone a una corriente de Foucault. Como una imagen vale más que mil palabras, te dejo este vídeo para que veas como funciona:

¿Si no las aplasto en casa mejora el reciclaje de las latas?

Las aplastes o no, de tu cubo de basura irán al contenedor y de allí (la mayoría de las veces) a un camión compactador que aplastará toda la basura. En otros casos la compactación ocurre más adelante, en centros de transferencia de residuos.

Finalmente la basura llega a una planta de clasificación, donde se vuelca en una fosa desde la que unas pinzas metálicas la cogen para depositarla en tolvas que alimentan cintas transportadoras desde las que se realizan los procesos de clasificación. Las probabilidades de que una lata llegue hasta aquí sin aplastar son ínfimas, con independencia de si la aplastaste tú en casa, la compactó el camión de recogida o se espachurró en algún otro momento del transporte.

Lo importante es que de la cinta transportadora se separan del resto de la basura con una corriente de Foucault: un sistema que hace saltar a los residuos de aluminio. Dado que esta es la técnica más eficaz para recuperar aluminio, las plantas de clasificación y tratamiento de residuos se diseñan pensando en mecanismos que faciliten ese “salto” de las latas de aluminio y su posterior recogida.

En este otro vídeo tienes un ejemplo de instalación destinada a la recuperación de distintos tipos de metales que va separando en diferentes flujos. Al final de la línea el aluminio “salta” para ser recuperado, mientras que lo que no es aluminio cae a un contenedor diferente:

Pero… ¿no son expertos los que dicen que no hay que aplastarlas?

El titular es contundente “¿Aplastas las latas antes de tirarlas? Pues si quieres que se reciclen debes dejar de hacerlo” responde a una técnica que se conoce como “clickbait”, que consiste en publicar contenidos con titulares sensacionalistas pero con información de dudosa calidad o exactitud, cuyo objetivo es conseguir enlaces y fomentar el envío de dichos contenidos a través de las redes sociales.

Si profundizas en la “noticia”, y las fuentes de información que se utilizan para argumentar el titular, llegarás a declaraciones en las que se deja claro aplastar las latas sólo dificulta su recuperación en algunos procesos concretos de recuperación y tratamiento de los residuos.

Es más, en alguna parte se reconoce que en lugares con sistemas de tratamiento separado “Puedes reciclar tus latas como quieras, no tendrás problema”. En España, especialmente si vives en una ciudad con contenedores amarillos, estas en este supuesto: puedes tirar las latas como quieras que, mientras las deposites en el contenedor amarillo, recibirán un tratamiento adecuado en el que podrán ser recuperadas para reciclaje.

Tampoco pierdas de vista que el argumento en contra de chafar las latas viene de la asociación del aluminio de los iuesei, ese mercado donde si te cortas o te pillas un dedo aplastando la lata puedes demandar al fabricante y pedirle una indemnización. Pero no vamos a ponernos conspiranoicos, que no hace falta.

Entonces ¿aplastamos las latas antes de tirarlas?

Sí. Tires las latas donde las tires es preferible aplastarlas:

  • Si eres un incívico que las abandonas en el medio natural, aplastándolas conseguirás reducir su capacidad para rodar y acabar en cualquier lugar. Esto facilitará la recogida, en caso de que venga alguien detrás de ti a buscar tu basuraleza. A esto hay que añadir que en una lata aplastada es más difícil que entre y se quede atrapado algún animalejo en busca de cobijo, o de las últimas gotas de tu refresco.
  • Si depositas la lata en el sistema municipal de recogida de residuos, aplastándola consigues varios beneficios. El más evidente es la reducción del volumen, con lo que llenarás menos el contenedor, reducirás el espacio que ocupa en el transporte… Pero también reducirás la probabilidad de que entren otros residuos en la lata. Y eso sí es importante para mejorar el reciclaje: si durante el transporte la lata se llena de cosas que no son aluminio causará problemas en todas las etapas posteriores de tratamiento, clasificación y reciclaje.

Así pues, para ir cerrando: por favor, aplasta las latas. Si reduces el volumen que ocupan disminuyes las emisiones de efecto invernadero que se emiten en su transporte en las distintas fases de gestión del residuo. Pero también contribuyes a que el material final sea más atractivo para el reciclaje, ya que una lata aplastada, normalmente, será aluminio sin “impurezas” en su interior.

Y no olvides que la forma más sostenible de gestionar tus residuos es evitar que se produzcan. En la medida de lo posible evita envases de usar y tirar, como las latas de bebidas que no pueden reutilizarse de ninguna manera y cuyo diseño está pensado para un solo uso.

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La gran problemática de los vertederos de RCD ilegales

Publicado en: Comunidad ISM » Blogs por analaforga. Texto original

A día de hoy,  todavía existen muchos ayuntamientos carecen de ordenanza municipal de residuos de construcción y demolición (RCD) e incumplen de forma sistemática la normativa que les obliga a dotarse de esa herramienta. Se han convertido así en “cooperantes necesarios para la comisión de delitos ambientales por parte de empresas y gestores ilegales de residuos de construcción”.

El incumplimiento generalizado de la Ley, especialmente del RD 105/2008, y la falta de ordenanzas municipales, o la no inclusión de los escombros no domiciliarios en estas, son la base del problema y el origen de buena parte de estos vertederos incontrolados.

Fuente: http://cartagenasisepuede.info/

Estos grandes vertederos ilegales, utilizados por empresas de todo tipo para enterrar lo que la ley determina que debe ser entregado a un gestor autorizado. También en este caso los ayuntamientos se sitúan en el origen del problema. La no solicitud de fianza al promotor–poseedor del residuo, hace que muchos gestores irresponsables entreguen los escombros a un gestor ilegal, ante la no obligación de presentar los correspondientes albaranes de entrega del residuo a una planta autorizada de gestión de RCD.

Desgraciadamente se trata de un hecho demasiado generalizado en todo el territorio nacional, que se cuentan por centenares los vertederos que practican una gestión irregular de residuos, básicamente consistente en recepcionar residuos de construcción y demolición que son directamente enterrados o abandonados, percibiendo dinero y por tanto ejerciendo una competencia desleal por dicha gestión, todo ello además sin las autorizaciones pertinentes para llevar a cabo ese tipo de actividad.

La gestión correcta de los “escombros” o residuos de construcción y demolición (RCD) es una de las principales asignaturas pendientes para la mayoría de los municipios españoles. Un aspecto importante es el volumen de este material; la construcción es el sector que más residuos genera, tras los urbanos, siendo responsable de la producción de más de 1 tonelada por habitante y año.

Con el objeto de evitar estas prácticas, los productores de RCD están obligados a incluir en los proyectos básicos y de ejecución un plan de gestión de residuos (PGR) en el que se acredite la correcta trazabilidad y gestión de los RCD generados, y su destino a valorización.

Si quieres saber más sobre los residuos de construcción y demolición, no te pierdas el curso “Gestión de Residuos de Construcción y Demolición y Elaboración de Plan de Gestión que impartimos desde el Instituto Superior del Medio Ambiente en colaboración con Ana Laforga.

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LOS 7 ELEMENTOS CLAVE PARA QUE LA RECOGIDA SELECTIVA DE TU EMPRESA FUNCIONE

Publicado en: Trabajar en Gestión Ambiental por Verónica García Correa. Texto original

Sea cual sea el proceso que desarrolle tu empresa, fabriques lo que fabriques y tenga el tamaño que tenga, un aspecto que seguro se va a generar en ella y que vas a tener que gestionar, van a ser los Residuos. Puede ser en mayor o menor cantidad, puede que sean peligrosos o no peligrosos, […]

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¿Cómo van la recogida y el reciclaje de envases en Castilla-La Mancha?

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

En el recorrido por las estadísticas de reciclaje hoy paramos en Castilla-La Mancha. Es lo menos que se puede hacer antes de ir a hablar sobre “Aciertos y errores del reciclaje”: echar un vistazo a los datos de recogida y gestión de residuos. En particular, para los residuos de envases, en el portal autonómico podemos encontrar dos fuentes de información. Una nota basada en la información aportada por los sistemas de responsabilidad ampliada del productor y los datos de recogida y tratamiento residuos en el portal de transparencia.

Si nos quedamos con la información que se extrae del primer documento no queda otra que felicitarse: qué bien lo estamos haciendo. Llaman la atención algunos detalles, como que en el mercado castellano manchego se comercialicen 2.508 toneladas de envases metálicos, se recuperen 12.945 toneladas y se contabilice como reciclado un 89,60%.

Llama la atención, sobre todo, si se compara con los datos de plástico, donde se declara un 75.51% de envases domésticos reciclados con 29.209 toneladas de envases de este material puestas en el mercado y 24.178,21 recuperadas. A falta de unas definiciones detalladas y unas explicaciones sobre la metodología para llegar a esos indicadores, toca ponerlos en cuarentena. Porque ya sabemos que los datos de reciclaje de envases hay que cogerlos con pinzas.

Igualmente, para reforzar la importancia de la recogida selectiva, en el documento elaborado con la información de los sistemas de responsabilidad ampliada del productor afirma que “los materiales recuperados en planta han experimentado un ligero incremento, aunque se reduce su peso relativo en relación con los recuperados mediante recogida selectiva, de forma que en 2017 algo más del 70% de los materiales recuperados de residuos de envases proceden de recogida selectiva y apenas el 30% proceden de la fracción resto procesada en las plantas de tratamiento”.

Si acudimos a los datos oficiales podemos comprobar que el resultado del tratamiento de los residuos recogidos de manera selectiva es de 14.402,25 toneladas de material recuperado frente a las 39.527,23 toneladas de material recuperado del triaje del resto de los residuos, dando lugar al porcentaje inverso: 27% de materiales recuperados procedentes de la recogida selectiva frete a un 73% de los materiales recuperados del tratamiento de la basura mezclada.

Sí, faltaría añadir 30.996 toneladas de papel y cartón y 21.371 toneladas de vidrio procedentes de sus respectivos contenedores. Pero en este caso ya no estamos ante un 70% / 30%, pasamos a un 63% / 37%. Así, si nos quedamos sólo con estos flujos, los que cuentan con su propio contenedor por tipo de material podemos ver que cerca del 100% del vidrio y casi el 99% del papel y cartón recuperados para reciclaje provienen del respectivo contenedor monomaterial.

El éxito del reciclaje disminuye dramáticamente cuando hablamos de envases ligeros de plástico y metal, los que se recogen mezclados en el contenedor amarillo. Con los datos disponibles para Castilla-La Mancha es difícil saber cuántos se recogen, así que me quedo con tres de las partidas disponibles en la estadística oficial de su portal de transparencia: plástico, metal, compuestos.

Sumando los envases metálicos, de plástico y compuestos se recuperaron para reciclaje un total de 37.716,21 toneladas de materiales. De estas el 37% provenía del contenedor amarillo y el restante 63% de otras formas de recogida. Cabría analizar si el triste resultado del contenedor amarillo se debe a una falta de interés o más bien a una deficiente dotación de este tipo de contenedores. Puestos a plantear alternativas los datos hablan: la recogida separada por tipos de materiales consigue mejores resultados.

En cualquier caso, no podemos perder de vista que el reciclaje es la tercera y menos deseable de las tres erres. Si realmente queremos disminuir el impacto ambiental de nuestros envases deberíamos superar el modelo de usar y tirar, fomentando la prevención de residuos y, cuando no sea posible, la reutilización de envases. Los contenedores de colores que utilizamos actualmente, los mires por donde los mires, sólo sirven para reciclar o eliminar residuos: no fomentan su prevención ni permiten su reutilización.

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