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¿Podemos evitar los incendios en instalaciones de gestión de residuos?

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

incendio residuos

Desde que la combustión de los neumáticos acumulados en Seseña diese la señal de alarma, los incendios en instalaciones de gestión de residuos han pasado a la primera plana de la actualidad. Eso sí, algunos puestos por detrás de la devastadora realidad de los incendios forestales donde, desgraciadamente, seguimos perdiendo mucho cada año.

Este verano negro para el sector han ardido unas cuantas plantas de reciclaje de residuos. Pero lo cierto es que antes del interés mediático sobre los incendios en la industria de la recuperación de residuos estos desastres también ocurrían. Si tirásemos de la hemeroteca de sucesos comprobaríamos que todos los años alguna instalación de gestión de residuos se prende fuego.

En toda España son muchas las plantas que se dedican a la recogida, almacenamiento y tratamiento de residuos. Varios miles de ellas dedicadas sólo a materiales no peligrosos. Se trata de una actividad imprescindible para conseguir que aquellas cosas de las que nos desprendemos puedan llegar a convertirse en materias primas. Una parte clave de la manida economía circular. La menos elegante, pero la más necesaria en nuestro modelo de consumo de usar y tirar.

Las causas de estos desafortunados acontecimientos son muy diversas y complejas de estudiar. En parte condicionadas por un modelo de negocio especulativo en el que, para bien o para mal, el beneficio de las empresas que se dedican a la gestión de residuos depende de las fluctuaciones del precio de mercado de las materias que recuperan. El resultado es que el negocio se basa, al menos en parte, en la capacidad de almacenar grandes cantidades de una cierta variedad de materiales a la espera de que se paguen unos céntimos más por cada kilo que se venda. La diferencia en 10 toneladas puede ser importante. Pero el riesgo de juntar toneladas del plástico, papel, cartón, en montañas separadas por tipos de plástico o calidades de papel -en ocasiones cerca de materiales inflamables y comburentes- está presente: grandes cantidades de material combustible que cuando empieza a arder tarda días en ser apagado.

incendio chatarra

También influye la escasa percepción del riesgo: ni los trabajadores ni los responsables suelen tener una adecuada conciencia del peligro de incendio en sus instalaciones. La experiencia del día a día, en la que nunca pasa nada, nos mantiene abstraídos de la realidad, hasta que pasa. Incluso, cuando ocurrió algo relativamente grave, circunstancialmente se pudo solventar de una manera más o menos afortunada: que si una pila de residuos de un material ignífugo que impidió que un conato de incendio pasase a mayores, que si el desprendimiento de chatarra que apagó una paca de papel ardiendo… Pero, si analizásemos los sucesos podríamos comprobar que, en ocasiones, todas las circunstancias soplan a favor de las llamas: incendios que se inician de madrugada cuando no hay nadie para detectarlos a tiempo, que ocurren cuando falla el sistema de extinción de incendios, que si el aljibe del polígono está sin agua en el peor momento…

La sombra de la intencionalidad planea también sobre estos incendios. Así pues, cuando queda la duda de que el incendio es provocado la lista de sospechosos es interminable: la feroz competencia, clientes insatisfechos, empleados quemados, antiguos trabajadores, despidos más o menos recientes, vecinos insomnes…

Se trata de un negocio con muchos incentivos perversos. De vez en cuando alguien mete mano en los residuos para sacarse un sobre sueldo y acaba quedándose sin la nómina con la que pagaba las facturas. Sisar preservativos destinados a destrucción para ponerlos ilegalmente en el mercado es suficientemente grave como para que intervenga la Policía Nacional, pero la tentación de desviar al mercadillo todo tipo de productos descartados en procesos de fabricación o vender de segunda mano los equipos enviados a destruir por la empresa que confía en la que los recoge, está a la orden del día. ¿Cómo influye en el predio del mercado del reciclaje la desaparición de una buena pila de neumáticos?

Neumaticos de Seseña ardiendo

El caso es que es difícil combatir los incentivos perversos y, sobre todo, los incendios provocados, pero sí se pueden dar soluciones para mejorar la prevención y gestión de riesgos en plantas de reciclaje:

  • Gestionar los riesgos: me consta que varias de las empresas de reciclaje que han ardido este verano contaban con sistemas certificados, al menos, en los modelos ISO 14.001 e ISO 9.001. ¿Es suficiente? Contar con sistemas de gestión normalizados no parece garantía para evitar que una fábrica salga ardiendo. Son una buena herramienta para identificar, evaluar y gestionar los riesgos, siendo esa la función que deben cumplir, en tanto que un incendio en la instalación tira por tierra en unas pocas horas la labor de prevención de contaminación llevada a cabo en el día a día durante décadas. Nos corresponde a todos los implicados, consultores, auditores y responsables de sistemas de gestión hacer un mayor esfuerzo para que el certificado realmente aporte valor a las empresas, a ser posible previniendo accidentes como los incendios.
  • Mirar al futuro: muchas de las empresas de gestión de residuos en España son empresas familiares con una interesante historia de superación y emprendimiento. Un abuelo con una carreta tirada por mulas que llevaba cosas de un lado para otro, un hijo que empezó a tratar con empresas y un nieto exitoso que cada año incorpora más camiones a una flota que no para de crecer. Todos ellos luchando contra requisitos legales que no terminan de asimilar. Que ponen en riesgo la continuidad de su negocio concentrando un alto porcentaje de su actividad en un único y caprichoso cliente. O respondiendo a propuestas de consultoría con un “eso siempre lo hemos hecho así”. Evidentemente, nadie conoce mejor su empresa que quien la funda y mantiene, pero hay que estar atento a muchas señales: evitar el pan para hoy y hambre para mañana es el reto de un sector que amortiza a largo plazo las decisiones tomadas para aprovechar oportunidades fugaces en una realidad que cambia muy deprisa.
  • Cubrir las instalaciones: tratar los residuos es una actividad sucia y ruidosa. Nadie la quiere cerca de su casa, tanto es así que está plagada de ejemplos del llamado efecto “NIMBY”. Tradicionalmente se ha ejercido lejos de los núcleos urbanos y a cielo descubierto, en tanto que el escaso margen de beneficio sólo permite hacer la actividad en suelo barato y con la mínima inversión. Pero la especulación y la falta de una planificación urbanística adecuada complicaron las cosas: nuevos desarrollos urbanísticos con preciosos ventanales asomando a los ruidos, olores y partículas de la vieja chatarrería -que se ha convertido en un centro de clasificación de residuos trabajando a pleno rendimiento-. Pero claro, el político que no fue capaz de organizar el crecimiento de la ciudad tampoco está legitimado para pedir al gestor de residuos que haga sus actividades en naves cerradas. Y el conflicto está servido. Quizá hubiese sido más difícil incendiar el montón de cartón si hubiese estado cerrado bajo techo, pero la experiencia demuestra que las llamas saltan muros.planta tratamiento de residuos incendiada
  • Aumentar las inspecciones: las empresas de gestión de residuos están sometidas a legislación ambiental, de seguridad industrial, laboral… una cantidad importante de requisitos que no haría falta seguir ampliando o complicando si tuviésemos una inspección eficaz que obligase a todos los operadores a realizar sus actividades conforme a las mismas reglas. El cumplimiento de la normativa tampoco es suficiente para evitar los incendios en instalaciones industriales, pero un aparato de inspección y -sobre todo-sanción adecuado ayudaría a incorporar en el día a día unos requisitos legales que, supuestamente, se han establecido para reducir el riesgo de causar daños al entorno y a la salud de las personas. Y para sacar del tablero a esa competencia desleal que daña al sector operando sin respetar las reglas del juego.
  • Responsabilizar a toda la cadena de valor del residuo: desde los productores de residuos que no quieren asumir el coste ambiental y social de la ineficiencia de sus procesos a sanciones para los auditores que aceptan información contable inexacta y no contrastada. La generación de residuos es el resultado de toda la cadena de valor del proceso productivo y no basta con repercutir sus costes al precio final del producto o buscar la forma más barata, por irresponsable que sea, de desprenderse de los residuos. Colaborar con los que retiran, clasifican y preparan la basura para que pueda ser utilizada como materia prima debería ser una prioridad en cualquier actividad económica.
  • Mejorar la trazabilidad de los datos: por más que se repita en grupos de trabajo y llenemos las memorias de sostenibilidad de la palabra trazabilidad, la información en materia de residuos brilla por su opacidad. Hasta el extremo de que, en ocasiones, los titulares de las plantas no saben qué tienen almacenado en ellas con un grado de precisión adecuado para el eficaz desarrollo de las labores de extinción de incendios. Los incentivos perversos en este ámbito son muy variados, desde cuestionar las estadísticas oficiales con intereses particulares a escamotear al fisco. La Unión Europea acaba de dar un toque al respecto a cuenta de la correcta identificación de los residuos en la documentación de traslados. Pero por muy ilícito que sea, ¿por qué asignar un código que corresponde a mi residuo si luego en destino no me lo aceptarán? Mejor que lo coja el siguiente de la cadena como buenamente pueda y… bueno ya veremos qué pasa.
  • Reconocer el lucro: como cualquier otra actividad económica, la gestión de residuos se realiza con ánimo de lucro: invertir en instalaciones y maquinaria, pagar nóminas, seguros sociales e impuestos… La gestión de residuos es un negocio y sólo debería ser sucio por la materia prima con la que trabaja. Deberíamos estar orgullosos de esta actividad y reconocer que, para que sean posibles nuestro modelo de consumo y la –tan deseada- economía circular, necesitamos gente a la que le salga rentable realizar las tareas que implica recuperar materiales para su reciclaje. Dignificar un negocio que nos libra de estar cubiertos de mierda hasta el cuello.

extinción incendio residuos

El incendio, a parte de la desafortunada pérdida para el empresario y sus trabajadores, tiene consecuencias que afectan al conjunto de la sociedad y la actividad económica: contaminación (con emisión de sustancias peligrosas que pueden afectar a la salud desde la atmósfera, el agua o el suelo), pérdida de materiales (que ya habían sido recuperados del flujo de residuos) y recursos (todo el esfuerzo invertido en recuperar esos materiales).

Corresponde a los empresarios del sector tomar las decisiones adecuadas para una correcta gestión basada en la prevención de riesgos para su modelo de negocio, sus empleados y el entorno en el que operan. Pero todos y cada uno de nosotros –profesionales y particulares- podemos aportar para que la actividad de gestión de residuos sea un negocio digno y del que nos acordemos también cuando funciona con normalidad, sin levantar inmensas columnas de humo visibles a kilómetros de distancia.

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Acabo de leer Stop Basura

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stop_basura

Acabo de terminar de leer “Stop Basura” el libro de Alex Pascual. Quizá el nombre te suene del blog del mismo nombre o de su cuenta de twitter. Alex es uno de los profesionales del sector de la gestión de residuos con actividad en redes sociales. En esta publicación recopila información relevante sobre la situación actual de la gestión de residuos, su impacto y los beneficios del reciclaje, entendido en sentido amplio. En resumen, nos cuenta “La verdad sobre reciclar”.

Es un trabajo interesante, tanto como primera aproximación al apasionante mundo de la gestión de residuos, como repaso del estado del arte y tendencias para cualquiera con inquietudes en este ámbito. Cuenta con datos y referencias actuales y una buena colección de enlaces a materiales donde seguir ampliando contenidos, tanto a medida que se avanza en la lectura del libro como para momentos posteriores. No sólo reproduce estadísticas si no que elabora información relevante que no siempre encontramos en los datos oficiales. En la exposición también se ilustra el problema de la disponibilidad de datos para los mismos parámetros en distintas escalas y ámbitos territoriales.

Estas características lo convierten en una buena herramienta para quienes estén buscando un libro de referencia para impartir cursos de residuos en el ámbito de la formación para el empleo y otras acciones subvencionadas, de las que que no suelen contar con presupuesto para la elaboración de un material a medida pero en las que sí se necesita material en soporte papel para que los alumnos sigan el curso.

En el lado negativo no puedo dejar de mencionar que hay alguna que otra errata que llamará la atención del lector más exigente, pero nada que impida la lectura o que no se pueda corregir en futuras ediciones revisadas y ampliadas que seguramente veremos.

La parte que más me ha gustado, como no podía ser de otra manera, es el capítulo dedicado al secuestro del contenedor amarillo: un concepto interesante sobre el que creo que deberíamos profundizar en el debate sobre la gestión de residuos de envases y domiciliarios. Y no sólo por la referencia que se hace a algún artículo de este blog, también porque muestra la diversidad de fuentes utilizadas para contrastar la argumentación recogida en el libro.

Stop Basura nos invita a reflexionar sobre la importancia de reducir la generación de residuos dede todos los ámbitos de la sostenibilidad: ambiental, económico y social. Así, presenta los impactos sobre el entorno de los distintos tipos de residuos, los ahorros económicos  y energéticos que supone su reciclaje y la prevención de su generación, así como la generación de empleo que implica una correcta gestión de residuos.

Datos, datos y datos para que podamos comparar las distintas alternativas de tratamiento y gestión de residuos, ilustrando claramente que el vertedero no es la solución, que la incineración es muy ineficiente y que, a falta de una economía circular eficaz que reduzca dramáticamente la generación de residuos, tenemos que reciclar para recuperar los materiales, la energía y el esfuerzo colectivo que ponemos en nuestros residuos.

Así pues, no me queda más que felicitar a Alex por su trabajo y recomendar la lectura de su libro.

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¿En qué gastó ecoembes 472 millones de euros en 2015?

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presupuesto_ecoembesUna de las palabras repetidas constantemente en el Informe Anual Integrado 2015 de Ecoembes es “transparencia”, hasta unas unas veinte veces en ciento y alguna páginas. A pesar de ello no encuentro respuesta a algunas preguntas. Una de ellas, sobre la que ya reflexionamos aquí, es qué suma Ecoembes para concluir que recicla un 74,8 %. La siguiente tiene que ver con los datos económicos. ¿Puede ese Informe Anual Integrado de una organización que se dice preocupada por la ciudadanía responder a la pregunta “En qué gastó Ecoembes 472 millones de euros en 2015”?

La pregunta es importante por muchos motivos, me quedo con estos dos:

  • Es el dinero de los consumidores: mi dinero, tu dinero y el de cualquiera que comprase un producto envasado. Me parece lógico preguntarme en qué se gasta mi dinero, tanto si son mis impuestos, como si es la cantidad que se me cobra para hacer posible el reciclaje de los residuos de los productos que compro.
  • Los costes de gestionar residuos de envases que no cubra Ecoembes los tiene que cubrir la Administración con dinero de mis impuestos: cuanto más y mejor gaste Ecoembes en recoger y tratar los residuos de envases que se generan en mi ciudad menos tendrán que gastar ayuntamientos, comunidades autónomas y el Estado en esta partida. Si el gasto de Ecoembes no es adecuado hipoteca todo el sistema de recogida y gestión de residuos.

Ahora vamos al dato:

472 millones de euros ecoembesEcoembes gastó 472 millones de euros en 2015. Como lector curioso la siguiente pregunta que me hago es ¿en qué? ¿dónde fueron a parar los 472 millones de euros que, los consumidores que compramos productos envasados, confiamos a Ecoembes en 2015? Y la respuesta es… no lo sé. No lo puedo saber después de leer su informe anual 2015. Todo muy transparente, pero cuando se trata de encontrar información… una caja negra de grandes cifras.

En cuanto a los gastos del SIG, la financiación de la recogida selectiva de envases domésticos y campañas de comunicación para la sensibilización ciudadana supone el 95,3% del gasto. Mientras que el 4,7% de gasto restante se destina a sufragar los costes de gestionar el SIG por Ecoembes, que corresponden fundamentalmente a servicios contratados a proveedores y estudios.

Así pues tenemos un 4,7% -22 millones de euros- del que una parte va a cubrir los costes del propio SIG y otra, no sabemos cuanto, que se va en estudios interesados que contribuyen poco o muy poco a mejorar los resultados en el reciclaje de envase. Eso sí, permiten titulares favorables al modelo de negocio de Ecoembes y promueven un modelo insostenible de consumo.

Estas grandes cifras mezclan cosas tan dispares como recogida selectiva y campañas de comunicación para la sensibilización. Todo en un 95,3% del gasto, siendo lo primero la obligación legal que justifica la existencia de Ecoembes y lo segundo la estrategia comercial que nos hace desconfiar de que esté haciendo bien lo primero.

Después tenemos las cuentas de perdidas y ganancias, con datos curiosos del funcionamiento de la organización, pero el informe anual de Ecoembes no despeja la duda sobre qué fin tienen los 472 millones de euros ¿cuantos se destinan efectivamente a la recogida selectiva? ¿cuanto recibe cada ayuntamiento por sus residuos? ¿qué parte va a plantas de clasificación de residuos de envases? ¿ a cuales y por qué?

Esa es la información que quiere conocer la mayoría de las partes interesadas, la que es material y relevante sobre la actividad de Ecoembes. Pero no aparece en su informe, según la organización conforme a los criterios de elaboración de memorias de sostenibilidad de GRI. Para hacérselo mirar, pero eso lo vemos en otra entrada.

No sabemos, no lo publica en ninguno de sus estudios o recomendaciones sobre cómo mejorar la información en materia de residuos, qué cantidad de dinero dedica Ecoembes a la recogida selectiva en cada territorio en el que opera.

Sí hemos escuchado información parcial, como la que da el Secretario Autonómico de Medio Ambiente y Cambio Climático de la Comunitat Valenciana, Julià Álvaro, en sus intervenciones públicas. Por ejemplo en esta entrada de su blog en la que nos dice que Ecoembes dedica 4 millones de euros a la recogida selectiva en ese territorio -pero que la entidad estaría dispuesta a dedicar 17 millones de euros anuales-.

También sabemos, por la estadística municipal, que el Ayuntamiento de Madrid ingresó en concepto de “Convenio ECOEMBES” más de 25 millones de euros en 2013 y 21.838.203 euros en 2014. La ciudad tenía, respectivamente 3.215.633 y 3.166.130 habitantes.

Según la organización, en total hay firmados 104 convenios entre Ecoembes y diferentes Administraciones Públicas a fecha de 31 de diciembre de 2015. Pero en 18 años de funcionamiento no hemos conocido juntos esos convenios: los consumidores, los alcaldes, los responsables autonómicos de residuos, los periodistas especializados, el público en general, no hemos tenido nunca en la mano todos los convenios a la vez. ¿Podemos comparar qué gasta Ecoembes en la gestión de residuos en cada territorio con el que tiene suscrito un convenio? Así rápida y fácilmente no. Luego están los propios convenios, complejos como la realidad a la que responden.

Simplificando mucho las cosas y asumiendo que el coste de recogida de residuos fuese proporcional a la población -que es la que genera los residuos a gestionar-  tenemos, aplicando los datos valencianos: 4 millones de euros / 5 millones de habitantes = 0,8 euros/habitante. Si lo volvemos a multiplicar por los 47 millones de habitantes de España salen 37.600.000 euros al año dedicados por Ecoembes a la recogida selectiva.

Si cogemos los datos de la ciudad de Madrid para 2014 nos salen 21.838.203 euros / 3.166.130 habitantes = 6,9 euros / habitante, por los 46.512.199 de personas que había en España salen 320.815.267,8 euros.

Parece que el modelo de Ecoembes no cuesta igual en todas partes. Ni deja el mismo margen de maniobra. Efectivamente, no todos los costes del sistema son igual en cualquier lugar: transporte, instalaciones, mano de obra pueden ser partidas muy diferentes en una ciudad como Madrid o un territorio como la Comunidad Valenciana, igual que lo son las pautas de consumo de la población y otros factores que intervienen en el cálculo. En cualquier caso, hasta los 400 y muchos millones de euros todavía sigue quedando recorrido.

caja_registradora

¿En qué gasta Ecoembes ese dinero? No es una pregunta gratuita y está sin resolver. ¿Qué parte del presupuesto de Ecoembes se va en mantener su propio modelo de negocio y cómo?

Con 21 millones de euros de Ecoembes, un ayuntamiento como el de Madrid puede hacer muchas cosas. Pero no dan para todo lo relacionado con la gestión de residuos de envases, actividad a la que también se destina dinero público recaudado de los contribuyentes. ¿Qué parte de lo que tiene que hacer Ecoembes no se hace y me toca pagarla a mí en vez de ser un ingreso y rebajarme los impuestos?

Igualmente, la promesa de pasar de 4 a 17 millones de euros puede condicionar significativamente las decisiones que se tomen en un territorio concreto en relación a la gestión de residuos. Pero ¿Qué hace que Ecoembes decida multiplicar repentinamente la cantidad de dinero que destina al reciclaje en un territorio? ¿No sé supone que la cifra estaba sabiamente optimizada en base a sesudas fórmulas y ajustados cálculos?

¿Qué información sobre los 472 millones de euros que gastó en 2015 le podríamos pedir a un Ecoembes transparente?

  • La facturación por cada uno de los convenios firmados con las Administraciones Públicas.
  • Acceso fácil y rápido al detalle de todos y cada uno de esos convenios en un mismo sitio.
  • El desglose claro del destino del dinero dedicado a cada uno de los convenios.
  • El detalle de los distintos costes relacionados con la operación y mantenimiento del sistema integrado de gestión ¿qué parte va a instalaciones, contenedores, personal, publicidad, gastos de difícil justificación?

El mundo de los residuos es suficientemente complejo como para que quien se quiera declarar comprometido y transparente no ande jugando a cifras gordas que ocultan un gran agujero negro. Mojarse con la transparencia en materia de residuos en España sería demostrar activamente que cada euro que se gasta va a parar a lo que tiene que ir a parar. De momento seguimos viendo muchas latas en los parques, las cunetas, las playas… y la recogida de esos envase ni la hace ni la paga, salvo excepciones puntuales, Ecoembes.

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¿Por qué los datos de reciclaje de ecoembes no coinciden con los oficiales?

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datos reciclaje ecoembes

En el apasionante debate sobre la gestión de residuos existen varios frentes abiertos. Uno especialmente interesante es el relacionado con las estadísticas. Supongo que para alguien que se acerca por primera vez a la cuestión del reciclaje la comparación de los datos debe ser bastante llamativa ¿Cuánto reciclamos en España? Hemos visto titulares de todos los gustos y colores: que si cerca del 80%, que si un escaso 17%, que estamos en un triste 30%… Por supuesto cada quién da un dato referido a una realidad diferente y no se pueden comparar.

Así, la información de las administraciones competentes en materia de gestión de residuos de envases refleja tasas de reciclaje bastante bajas, en concreto podríamos citar los valores de la Oficina de Estadítica de la Unión Europea, Eurostat, que fueron cuestionados por Ecoembes. Esta organización, en su informe anual integrado 2015 (pdf), afirma que el 74,8% de los envases domésticos se reciclaron ese año.

74,8 por ciento de envases reciclados

Hasta la fecha sólo podíamos intuir cómo Ecoembes llegaba a un dato de reciclaje tan interesante a la par que alejado de las estadísticas de la Unión Europea, las distintas administraciones con competencias en materia de gestión de residuos y los grupos ecologistas. Pero este 2016 pasará a la historia como el año que, a cuenta de sus resultados de 2015, Ecoembes nos reveló, en una presentación corporativa, la fórmula –tan celosamente guardada como la de la Coca Cola- con la que obtiene su resultado. Y pudimos entender por qué sus datos se alejan de los oficiales.

El resumen, por si no te quieres entretener leyendo toda una larga y apasionante entrada sobre datos de reciclaje de envases, es que, a pesar de alegar ser muy transparente, Ecoembes da cifras en números muy grandes, explicando poco, mal y con letra muy pequeña lo que quieren decir los datos que publica.

Esto es lo que dice Ecoembes que incluye en sus cálculos:

tasa_reciclaje_ecoembes

Una división con numerador y denominador. Hasta aquí todo correcto. Si quiero calcular una tasa de reciclaje tengo que comparar las que entran con las que salen.

Vamos a la parte fácil, el denominador. Ecoembes incluye en esta parte de su fórmula las “toneladas de envases domésticos adheridas a Ecoembes”. Todo correcto. Por si acaso, se nos aclara que este dato procede de la declaración sobre los envases que las empresas adheridas a Ecoembes declaran poner en el mercado. Esto es importante tenerlo claro porque Ecoembes, principalmente, es una sociedad creada por las empresas adheridas a Ecoembes.

Es decir, no hay forma de contrastar este dato, aportado por los clientes de Ecoembes, auditado por clientes de Ecoembes y gestionado por los socios y clientes de Ecoembes.

No sé por qué invertimos tanto en inspectores de hacienda para controlar los impuestos que pagan estas organizaciones que son capaces de hacer las cosas tan bien cuando se las deja hacer declaraciones que nadie inspecciona, pero bueno. No nos metemos con el denominador, nos lo creemos y punto: 1.737.442 toneladas.

denominador_ecoembes

Vamos con el numerador. Aquí se nos dice que se trata de envases domésticos reciclados por el sistema que coordina Ecoembes. Pero en cuanto entramos en el detalle empiezan las dudas. Esas toneladas de envases se separan, para empezar, en dos bloques: 86% recogidas municipales y 14% en el ámbito privado.

numerador_ecoembes

¿Qué es para Ecoembes el ámbito privado? Profundizando en el informe anual encontramos algunos ejemplos “tales como recogidas en centros penitenciarios, aeropuertos, universidades, eventos deportivos o musicales”.

¿Qué importancia tiene esto? Que en el denominador únicamente se habían incluido envases domésticos y… bueno, quizá los centros penitenciarios, aeropuertos, universidades, eventos… compren sus refrescos en el supermercado de la esquina, pero lo más normal es que tengan acuerdos especiales con las distribuidoras de esos productos. Algo así como los envases comerciales que Ecoembes excluye directamente de su ámbito de actividad, al menos para la definición de su denominador. En cualquier caso habrá quien se sienta como en casa en estos lugares.

recogidas_ecoembes

A pesar de esta exclusión en la definición del denominador, cuando nos dibujan las vías de recogida del sistema que coordina Ecoembes sí se nos incluyen el papel y cartón comercial y el canal horeca (hostelería, restauración y catering) -donde es frecuente encontrarse envases que no están adheridos a Ecoembes (no tienen el punto verde) o que vienen de cualquier lugar del mundo-.

latas de bebidas refrescos de cola

Las cosas, sin salir del informe anual de Ecoembes, se ponen complicadas. Parece que estamos mezclando cosas que no deberíamos sumar juntas. Pero todavía hay más.

Si observamos el siguiente gráfico de barras y miramos las columnas comprobaremos que se nos muestra un 8% de envases domésticos, un 19% de envases comerciales, un 4% de celulosas, un 13% de otros plásticos y metales no envases… Estadísticamente Ecoembes excluye todo esto de su denominador porque puede: el 8% es lo que declararon las empresas adheridas, el resto son otras cosas.

envases domésticos 8 por ciento

Pero se me antoja que el papel y cartón incluido en el 8% no es muy distinto del que pueda haber en el 19% de los envases comerciales o en el 4% de celulosas. ¿Qué diferencia el plástico (por ejemplo polietileno) de un juguete del de un envase? ¿el metal de una lata de bebida del de una varilla rota de un paraguas? Son los mismos materiales.

Y esto de los materiales es importante. Porque los contenedores de recogida selectiva recopilan muchas cosas que no son envases adheridos a Ecoembes. Incluso cosas, que siendo de materiales reciclables, no son envases ligeros. Y los contenedores, dentro de las recogidas municipales del sistema que coordina Ecoembes, van a plantas de clasificación donde se seleccionan materiales. Sí, los residuos se procesan de acuerdo con sus propiedades físicas: en las instalaciones de tratamiento se separan de la basura tipos de plásticos y metales, pero las máquinas no le preguntan a cada residuo que recuperan si está o no acogido a Ecoembes.

Luego en el 86% del numerador relativo a recogidas municipales sigue habiendo muchas cosas que no son toneladas de envases domésticos: los plásticos y cartones de envases comerciales que el supermercado y la tienda de la esquina tiran en el contenedor amarillo y azul, el triciclo y el cubo que destrozaron los niños del parque de tanto utilizarlo, unas varillas del paraguas que todavía sigo llevando en el maletero para un chaparrón imprevisto… Esas latas de refresco y botellas de agua que se ponen en el mercado de forma fraudulenta sin estar adheridas a Ecoembes.

No tenemos datos, pero a poco que una pequeña parte de esas celulosas se recupere a través del contenedor azul, que una parte de los envases comerciales (si es la mitad ya superaría el 8% de envases domésticos), algunos de los metales y plásticos del 13% se reciclen vía contenedor amarillo… se nos falsean los datos de reciclaje de envases domésticos. Esas 1.300.339 de toneladas de “envases recuperadas” podrían incluir, perfectamente 500 de sartenes, paraguas triciclos, 2.000 de juguetes y cepillos de dientes, 600.000 de cajas de cartón de comercios… lo cierto es que ni lo sabemos ni nadie lo está controlando, pero están en la fórmula de cálculo de Ecoembes.

Turno de los datos oficiales. Si cogemos los datos de residuos de una ciudad como Madrid tenemos que –con las últimas estadísticas publicadas– en 2014, de 1.219.623 toneladas de residuos urbanos se recuperaron 147.800 toneladas. Un triste 12%, efectivamente, del total de los residuos, no de los envases domésticos, que no se desglosan por ninguna parte de la estadística oficial, centrada en informar sobre materiales -que es lo que interesa al reciclaje, al planeta y a cualquiera que esté en mejorar el comportamiento ambiental de la sociedad-.

La única forma de acercarnos a los datos de Ecoembes es comparar las 64.316 toneladas recogidas en el contenedor amarillo (algo menos del 5,3 % de lo recogido) contra las 45.823 toneladas de materiales plásticos y metálicos (incluyendo 4.525 toneladas de escorias férricas de incineradora) recuperados en planta. Esto, volviendo a mezclar churras con merinas, sí nos da algo como un setenta y pico por ciento de materiales, sean o no envases domésticos recogidos en el contenedor amarillo.

Lo miremos como lo miremos, resulta difícil de creer que se esté reciclando un 74,8% de los envases domésticos que se ponen en el mercado cuando el sistema de recogida no llega a todos ellos y las plantas de clasificación de envases están recuperando materiales con una eficacia que, en el mejor de los casos, ronda el 70%, siendo normales cifras alrededor del 40% según las memorias publicadas por diferentes administraciones.

¿Qué datos necesitaría Ecoembes para que su cifra fuese creíble? Dada la naturaleza de la organización y la forma en la que genera sus ingresos, Ecoembes debería contar individualmente los envases se ponen en el mercado y los envases se recuperan. Esto quizá sea técnicamente inviable, ya que sólo tiene estimaciones de lo que se pone en el mercado –a partir de las declaraciones de las empresas adheridas- y que no hay forma humana de distinguir en una pila de material recuperado qué son envases y qué es otra cosa.

materiales recuperados

Quizá tenemos suerte y de la cifra global de materiales recuperados una parte importante son envases. El reto está en calcular esa cantidad, que seguramente mejora año a año, pero está bastante lejos (podríamos especular cuánto pero, por no alargarme, lo dejo para otra entrada en este blog) del 74,8% que se nos quiere vender con costosas campañas de publicidad que, de puro increíble nos hacen pensar que el problema de los residuos de envases no es el reciclaje.

Así pues, quizá Ecoembes se debería asesorar y corregir su fórmula, haciendo que numerador y denominador fuesen la misma cosa: si damos una tasa de envases domésticos tanto numerador como denominador tienen que ser envases domésticos, sin recogidas privadas, corrigiendo el fraude estimado, quitando un porcentaje de envase comercial que se recoge en los contenedores amarillo y azul, estimando la cantidad de material recuperado que no son envases…

Lo dicho, no soy el primero que cuestiona los datos publicados por Ecoembes ¿seré el último?

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Madrid: ciudad escombrera.

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scos_escombros

Quizá si hace mucho que no paseas por la ciudad o acabas de llegar de fuera te puede dar la sensación de que Madrid está saliendo rápidamente de la crisis. O que estamos en plena época de reformas. Es prácticamente imposible andar 500 metros en la capital de España sin encontrarse unos cuantos sacos de escombro. Principalmente, por supuesto, si camina por un barrio exterior a la M-30.

Pero la realidad es un poco más triste: los madrileños sufrimos la guerra abierta entre las empresas contratistas de la basura en Madrid. Todo empezó con una baja temeraria en los presupuestos para la limpieza en 2013 y no tiene pinta de arreglarse en breve. La maraña de contratos, licitaciones y adjudicaciones es bastante compleja, lo suficiente para encontrar lazos con distintas tramas de corrupción. Y para hacer bueno el refrán que dice algo así como “los unos por los otros, la casa sin barrer“. Pero la basura en una ciudad como Madrid no es sólo cuestión de barrer. Tenemos dos bloques principales de contratos:

  • Los del servicio público para la contenerización, recogida y transporte de residuos.
  • Los del servicio público de limpieza y conservación de los espacios públicos y zonas verdes.

Aquí siguen los problemas. Simplificando mucho, los dineros destinados a contenedores para residuos y su recogida son distintos de los destinados a limpiar la basura que, por lo que sea, está fuera de esos contenedores. Por cierto, las papeleras se incluirían en el servicio de limpieza.

escombro1El siguiente paso es que la ciudad está dividida en distintos lotes, por aquello de la economía del libre mercado y tal. La adjudicación de la limpieza en Madrid quedó de 2013 a 2021 como sigue:

  • A Cespa, Compañía Española de Servicios Públicos Auxiliares, S.A., le tocó el ámbito territorial de los Distritos de Centro, Chamberí, Tetuán y el Barrio de Argüelles, así como parte del bulevar de la Castellana.
  • A Valoriza Servicios Medioambientales, S.A. el resto del bulevar de la Castellana, los Distritos Arganzuela, Retiro, Salamanca, Chamartín, Fuencarral – El Pardo, Moncloa – Aravaca (excepto el Barrio de Argüelles), y Latina.
  • Para la unión temporal de empresas (UTE) entre OHL Obrascon Huarte Laín, S.A. y Ascan, Empresa Constructora y de Gestión, S.A., “Ute Servicios Madrid 4”, quedaron los Distritos de Hortaleza, Barajas, Ciudad Lineal y San Blas – Canillejas.
  • Por último, la UTE Alfonso Benítez, S.A. y Fcc Medio Ambiente, S.A., “Ute Madrid Zona 6”, tiene asignados los Distritos de Puente de Vallecas, Moratalaz, Villa de Vallecas, Vicálvaro, Usera, Villaverde, y Carabanchel.

Resulta curioso que estas áreas se solapen con las asignadas para otros servicios relacionados, por ejemplo la Gestión del servicio público de contenerización para la recogida selectiva de residuos en la zona periférica de la ciudad de Madrid corre a cargo de una UTE de empresas compuesta por Alfonso Benítez, S.A.; Urbaser, S.A. y Plastic Omnium, S.A. o la Gestión del servicio público de recogida y transporte de residuos en la zona periférica de la ciudad de Madrid se adjudica a la Unión Temporal de Empresas formada por Urbaser, S.A.y Cespa, S.A. (“UTE Recogida Periferia Madrid”).

escombros_muchos

Todo esto por intentar recudir al máximo los costes, a pesar de que la experiencia demuestra un comportamiento mafioso de las empresas del sector, que se reparten amistosamente el mercado, según evidenció la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia. Pero claro, los beneficios consisten en reducir la plantilla de personal, las recogidas… ¿Esto es mío o de la otra contrata? De momento no lo toco, no sea que mi jefe me eche la bronca cuando llegue a la base.

Estas contratas de limpieza tenían establecidos una serie de indicadores sobre la prestación del servicio, en base a los cuales el Ayuntamiento de Madrid podría ajustar las cantidades efectivamente abonadas en los distintos periodos de duración de los contratos. Entre otras muchas variables, las quejas recibidas por parte de los ciudadanos cuentan en esos indicadores.

escombros_leroy_merlin_bricomart

El caso es que, con este escenario son muchos los lugares de Madrid donde se acumulan sacos de escombros. No hablamos de las sacas conocidas como “Big Bag” que, supuestamente están allí ubicadas en base al pago de una tasa por ocupación del espacio público -y esperando a ser retiradas por la empresa contratada a tal efecto por el titular de una obra que no requería de un contenedor completo-. Hablamos de sacos abandonados en alcorques, junto a los contenedores de recogida selectiva, en mitad de la acera o en cualquier parte. Los sacos con los que los albañiles bajan el escombro del piso que están reformando. Unos sacos que deberían vaciarse en un contenedor y llevarse a una planta de tratamiento de residuos de construcción y demolición (RCD). O, si la cantidad lo permite, depositarse en un punto limpio.

Pero los madrileños somos así de cutres: en vez de llevar nuestros escombros al punto limpio los dejamos en la acera. O racaneamos tanto a los albañiles que, mal pagada la mano de obra y escatimado todo lo posible en materiales, no les queda para pagar las tasas de depósito de los RCD en una instalación donde les den un tratamiento adecuado. Y aquí viene el problema, con el maletero cargado después de la jornada, van haciendo paradas para distribuir la carga por donde sea que se pueda ir dejando.

escombro_vado

Entonces… el problema es que los madrileños somos muy cerdos y muy rácanos ¿por qué metes todo ese rollo de las contratas de limpieza? Pues porque a pesar de que, evidentemente, el culpable de que mi acera esté llena de escombros es el que los deja allí, parte de la solución pasaría por una buena coordinación de los servicios municipales, tanto los de recogida de residuos y limpieza como otros. Porque la policía municipal tiene mucho que decir aquí. Pero parece que no se sanciona. Y las montañas de escombro se acumulan por las esquinas (en las cunetas de las carreteras de la periferia mejor ni mirar).

escombro_esquinas

Y después de quejarme ¿hay solución? pues sencilla no, pero quizá podemos aplicarnos algunas de estas:

  • Los madrileños deberíamos tomar conciencia del problema y asegurarnos de que nuestros escombros acaban donde deben, si procede pidiendo un compromiso por escrito con las personas que nos hacen las reformas -no me llames iluso, porque tenga una ilusión-.
  • La policía municipal: hay sitios donde sistemáticamente aparecen sacos de escombro. Una vuelta por allí y una sanción proporcionada a quien deje sus sacos por allí, o deposite escombro donde no debería, no vendría mal.
  • Los sacos vienen de reformas. Muchas veces cercanas. Quizá un poquito de inspección levantaría otras infracciones propias de la actividad. No sólo en el ámbito ambiental.
  • Las empresas de materiales y sacos podrían ponerse las pilas. La plataforma de la construcción, leroy merlin, bricomart y otras muchas están dejando su imagen de marca por los suelos. Si tuviese capacidad sancionadora les haría responsables de los escombros abandonados hasta que apareciese la persona que los abandonó. No sería muy difícil aplicando la legislación vigente: son empresas que ponen en el mercado productos que acaban convirtiéndose en residuos. Si no son capaces de explicárselo a sus clientes, que suman en su modelo de negocio el coste que su actividad económica nos genera a todos los contribuyentes.
  • Quejarnos mucho: últimamente parece que la ciudad de Madrid sólo se limpia a petición. O tienes una cuenta en twitter con la que notificar a @lineamadrid que tu calle está hecha un asco o no hay forma de que nadie pase a vaciar las papeleras, recoger contenedores desbordados… hay que dejar constancia de que las adjudicatarias de la recogida de residuos y limpieza no están haciendo las cosas todo lo bien que podrían.
  • Remunicipalizar los servicios: hemos visto que no es una cuestión fácil, pero no tiene sentido que los trabajadores que deberían hacer su labor en función del interés general estén a expensas del capricho de mandos intermedios de empresas que juegan a mantenerse en los contratos a expensas de echar mierda, literalmente, a otras.

escombro_alcorque

Y en tu barrio ¿se abandonan muchos escombros? ¿son de las reformas de tus propios vecinos o de furgonetas que los van dejando por allí?

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El SDDR consigue resultados antes de implantarse.

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

recogida envases retornables

El debate sobre el modelo de gestión de residuos cada vez está más interesante. Sin haber cerrado la crisis de los chapuceros estudios sobre el coste del sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR), ahora pasamos a los logros que este modelo consigue sólo con ser mencionado: una mejora significativa del presupuesto destinado a la gestión de residuos de envases.

Nada más y nada menos que 17 millones de euros adicionales a los municipios de la Comunitat Valenciana según podemos leer en la prensa:

17_millones_envases

Así las cosas -y sin detenerme a comentar los datos de residuos y reciclaje presentados en la noticia- parece que el SDDR ha triunfado antes de empezar:

  • Consigue que se reconozca que el modelo actual de gestión de residuos de envases deja que desear. O por ponerlo en positivo, que tiene muchas oportunidades de mejora.
  • Hace que ecoembes reconozca que se puede gastar 17 millones de euros más al año en esta comunidad autónoma, o que no está haciendo las cosas todo lo bien que debería.

No sé cual es el criterio para esta oferta interesante, pero con 17 millones de euros adicionales, sólo para que no implanten el SDDR, me sale que ecoembes está dispuesta a pagar unos 3,5 euros por habitante al año. Quizá sea una tentación para cualquier responsable regional con competencia en materia de residuos.

Si todas las comunidades autónomas siguen el camino de la valenciana, ¿ecoembes va a soltar cerca de 140 millones de euros al año más para mejorar la recogida selectiva de residuos de envases? Señores y señoras políticos ¿a qué están esperando? Agárrenlos para lo que necesiten: plantas de clasificación mejor dimensionadas, procesos de tratamiento más modernos, más contenedores en las calles, más personal o mejor cualificado… Quizá podríamos hacer una reflexión sobre cómo o de dónde saldría ese 30% adicional de presupuesto con el que ecoembes parece estar dispuesto a frenar la implantación del SDDR.

Pero lo más interesante es que, en esta batalla, se empieza a dibujar un futuro de convivencia. Y eso es lo que realmente hace falta para mejorar el sistema de gestión de residuos en nuestras ciudades: un contenedor amarillo y un sistema SDDR funcionando juntos:

  • Tenemos residuos que encajan muy bien en el sistema de depósito, devolución y retorno ¿por qué no recogerlos de esta manera si maximiza el beneficio ambiental, económico y social?
  • Hay muchos residuos de envases que no se pueden recuperar ni reciclar en el modelo actual ¿por qué tenemos que seguir mezclándolos con los que sí se pueden tratar fácilmente?
  • Necesitamos, urgentemente, desincentivar la fabricación y venta de envases que dificultan los procesos de la economía circular ¿por qué camuflarlos entre los residuos valorizables?
  • La necesaria transición hacia el envase reutilizable pasa por contar con las infraestructuras logísticas que podría poner en marcha el SDDR.

Lo dicho, hay que seguir avanzando. Nos guste o no, el contenedor amarillo se quedó pequeño hace tiempo y toca explorar modelos. No sé si la solución es el quinto contenedor o si me inclinaría más por un sistema húmedo / seco apoyado en SDDR. Pero hay que hacer algo para reducir la cantidad de envases que acaba en vertedero.

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