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Aquí no se recicla

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

El otro día, de camino al punto limpio, pasé por delante de una parada de autobús que lucía un cartel como el de la imagen que ilustra e inspira esta entrada. A distancia se puede leer “aquí se recicla”, junto con imágenes de tubos fluorescentes y distintos tipos de bombillas. En mi ingenuidad sentí una gran alegría. Pensé que Ambilamp había encontrado la forma de convertir las marquesinas de las paradas de autobús en puntos de recogida de bombillas, de modo similar al sistema que lleva años recogiendo las pilas en estos y otros elementos del mobiliario urbano. Pero no.

A pesar de la invitación “reciclemos también las bombillas” y el mensaje “recicla tus bombillas aquí”, no era más que un anuncio. No había ningún hueco donde dejar las bombillas o los fluorescentes. ¡Qué desilusión!

En España tenemos un problema con la manera en la que afrontamos los problemas ambientales. En particular con los residuos y su gestión. El país con más infracciones ambientales abiertas por la Unión Europea, también es uno de los rezagados en la materia. A pesar de los constantes avisos y recomendaciones para mejorar la gestión de residuos estamos en riesgo de incumplir los objetivos europeos de reciclaje. Y así lo cree el propio sector.

Ocultar el problema no ayuda a solucionarlo. Distintos estudios independientes ponen de manifiesto las carencias y cuestionan las estadísticas sobre residuos. Hasta el punto de, analizando los datos publicados por distintas administraciones competentes en gestión de residuos, concluir que sólo el 25,4% de los envases plásticos se recuperaron en España en 2016. 20 años después de su entrada en funcionamiento el sistema del contenedor amarillo apenas llega a recuperar poco más de la cuarta parte de los residuos para los que se puso en marcha.

¿Qué tienen que ver las bombillas y los envases de plástico? Pues poco o muy poco. Son flujos de residuos independientes, regulados por normativa diferente, con distintos objetivos… pero los sistemas de gestión de sus residuos comparten una misma estrategia corporativa. Y ese es otro de los errores en la gestión de residuos en España. Nos preguntamos por qué fracasan las campañas de comunicación y la respuesta está en la parada de autobús con la que empezaba esta entrada.

En gestión de residuos juega un papel clave la responsabilidad ampliada del productor, un principio plasmado en requisitos legales para que quienes pone en el mercado productos que con su uso se convierten en residuos asuman los costes de la correcta gestión de esos residuos.

Los agentes responsables de la fabricación, distribución y puesta en el mercado de esos productos se organizan en Sistemas Colectivos de Responsabilidad Ampliada del Productor (SCRAP), cuya finalidad es dar cumplimiento a esos requisitos legales, entre otras cuestiones, organizando la recogida de los residuos de las empresas adheridas al sistema.

En la mayoría de los casos, como es el de los Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE) con los que trabaja Ambilamp, la normativa sobre responsabilidad ampliada del productor establece que los residuos deben recogerse en el establecimiento que vende los productos que generan esos residuos.

Requisitos para la recogida de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos domésticos.

A pesar de que esta obligación tiene más de una década de antigüedad, son muchos los establecimientos que siguen sin darse por enterados y muchos más los consumidores que la desconocen: para la inmensa mayoría de los flujos de residuos regulados por la legislación existe la obligación de recogerlos en los mismos lugares donde se ponen en el mercado.

Esta idea no le gusta mucho al hermano mayor de todos los SCRAP, el primero en organizarse en España, el de los residuos de envases ligeros: Ecoembalajes España, S.A. (Ecoembes). Es más, inventó un sistema de contenedores de colores para que los residuos de envases no volviesen a los establecimientos. Y, por si fuera poco, lucha con todas sus fuerzas por intentar convencernos de que la devolución y el retorno nos perjudican a todos.

Ecoembes también es el SCRAP que dispone de una mayor cantidad de recursos: 500 millones de euros al año que liquida puntualmente en varias partidas, incluida una importante destinada a comunicación y mercadotecnia. No sabemos la magnitud, pero es suficiente para comprar el discurso de varios divulgadores y medios de comunicación.

Es una estrategia suicida de desinformación ambiental, fake news y greenwashing. Frente a un desafío urgente, la comunicación se centra en ocultar el problema, mantener un modelo de negocio insostenible y silenciar las evidencias de que necesitamos mejorar la recogida y gestión de residuos.

Son tantas las agencias de comunicación y los periodistas afectados por la influencia del hermano mayor de los SCRAP que toda la comunicación del sector está contagiada por esa estrategia. Si se queman cuatro instalaciones de gestión de residuos al mes en España, la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje (FER) se cierra en banda y niega la mayor. Ante el clamor de los consumidores que demandan fruta sin plástico, la industria del plástico echa balones fuera. Todos en la misma línea de victimizarse y acusar a otros de intentar confundir que utiliza Ecoembes contra quienes contrastan sus datos.

En vez de avanzar en la gestión de residuos de envases e invertir en más capacidad de recogida y mejor tratamiento, se gasta el dinero de la responsabilidad ampliada del productor –el que todos los consumidores de productos envasados aportamos al sistema en cada compra- en crear imagen de marca y condicionar el discurso ambiental. Hasta el extremo de entrar en las universidades y en los colegios. Ecoembes nos miente para mantener un sistema de recogida de envases que está hipotecando el futuro.

Y sí, nos queda claro que Ecoembes no quiere que se hable de sistemas de depósito, devolución y retorno, que para eso puso en marcha el contenedor amarillo. Tan claro como que ese hermano mayor se ha encargado de difuminar su responsabilidad y señalar los neumáticos, neveras y lavadoras que acaban como basuraleza, desviando la atención sobre los envases de usar y tirar que reinan entre la basura que se abandona en el medio natural.

El mensaje “aquí se recicla” colgado en la parada del autobús responde más a la estrategia de ocultar los tristes datos de reciclaje que a una realidad sobre la gestión de nuestros residuos. Nadie cuestiona que en España se esté reciclando. Ni la labor de los SCRAP. Claro que se recicla y es necesario contar con entidades que organicen la gestión de residuos. Pero queda mucho por hacer y hay que centrar los esfuerzos.

No haría falta gastar el dinero de todos los consumidores en publicidad si nos asegurásemos de que los establecimientos donde se comercializan los productos están en situación de recogerlos cuando se convierten en residuos e informar a los consumidores sobre derechos y obligaciones. Harían falta menos anuncios en marquesinas de autobús si nos asegurásemos de garantizar que las grandes superficies cuentan con espacios adecuados para que los consumidores depositen allí los productos adheridos a SCRAP cuando dejan de ser útiles.

Están muy bien los anuncios sensibleros, pero hace años que el reto no está en concienciar a la gente sobre reciclaje. Menos todavía cuando hay obligaciones legales que cumplir. El reto está en alinear las formas de recogida con los tratamientos que contribuyen al reciclaje de residuos, poner fácil la entrega de esos materiales que la economía circular podría convertir en nuevas materias primas.

Quizá sea cómodo identificarse con un bando y sentarse cómodamente con los que se quieren identificar como nuestros iguales a preparar el ataque al enemigo. Pero estamos todos en el mismo barco. No hay enemigos más allá de los que fabrica la estrategia de comunicación de Ecoembes para seguir dilapidando sin control los recursos de todos que deberían estar destinados a recoger mejor los residuos de envases.

No podemos seguir el ejemplo de un contenedor amarillo que apenas tiene capacidad para el 30% de los residuos que debería recoger y dice estar reciclando más del 70%. No es creíble y no ayuda a mejorar la situación. ¿Qué sentido tiene plantear campañas que responden a los intereses estratégicos del hermano mayor y su modelo de negocio? Estamos ante una urgencia que no admite excusas o lavados de imagen y que no puede esperar.

A pesar de todo, no puedo cerrar esta entrada sin reconocer que el vídeo de Ambilamp que he visto (en “exclusiva”) mientras documentaba esta entrada me parece un rayo de esperanza. Pierde la oportunidad de aclarar que la opción de devolver las bombillas al sitio donde las compramos no es una molestia ni un favor, si no la obligación aparejada a venderlas, financiada por todos los consumidores con la compra de bombillas nuevas pero, por lo menos, invita a llevar las bombillas a los establecimientos donde se comercializan. Un anuncio que se pierde en el buenismo pero, por lo menos, es un paso para sacar la palabra reciclaje de los contenedores de colores. De todos modos no creo que compense el nivel de frustración de quien se acerque a una marquesina del anuncio con el que abría esta entrada con un fluorescente en la mano.

Seamos claros: en la parada de autobús no se reciclan los fluorescentes

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Aplastar las latas es más sostenible

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Aplasta las latas antes de tirarlas a la basura, es más sostenible y reduce los costes del reciclaje.

Estos días se está compartiendo en redes un contenido que sugiere que deberíamos dejar de chafar las latas si queremos que se reciclen. ¿Qué hay de cierto en esto? ¿No deberías aplastar las latas antes de tirarlas a la basura? ¿Se pueden reciclar las latas aplastadas? Te lo cuento en los siguientes párrafos.

Las latas de bebidas son uno de los envases que más se han popularizado para refrescos y cervezas. Son uno de esos envases de usar y tirar que todos deberíamos evitar, pero que se han impuesto hasta condicionar un modelo de consumo insostenible. A favor tienen que son fáciles de recuperar y reciclar, siendo uno de los tipos de envase, después del vidrio, que más se recicla en la actualidad. Pero, ¿se pueden reciclar las latas si las aplastas antes de tirarlas a la basura? Para responder apropiadamente a eso hay que analizar varias cuestiones:

¿Se pueden separar latas aplastadas del resto de los residuos?

Sí. Las latas se recuperan en procesos que dependen, fundamentalmente, de las propiedades del material, no de su forma. En las plantas de clasificación de residuos de envases existen dos procesos básicos para separar metales:

  • Imanes: atraen los metales férricos, retirando las latas de este material.
  • Corrientes de Foucault: hacen que el aluminio salte de la cinta transportadora.

Estas dos técnicas permiten una buena separación mecánica de los materiales metálicos que se recogen en los cubos de basura.

Las latas de bebidas, las que se aplastan fácilmente después de consumir su contenido, son (en la inmensa mayoría de los casos) de aluminio, que “salta” del flujo de residuos cuando se expone a una corriente de Foucault. Como una imagen vale más que mil palabras, te dejo este vídeo para que veas como funciona:

¿Si no las aplasto en casa mejora el reciclaje de las latas?

Las aplastes o no, de tu cubo de basura irán al contenedor y de allí (la mayoría de las veces) a un camión compactador que aplastará toda la basura. En otros casos la compactación ocurre más adelante, en centros de transferencia de residuos.

Finalmente la basura llega a una planta de clasificación, donde se vuelca en una fosa desde la que unas pinzas metálicas la cogen para depositarla en tolvas que alimentan cintas transportadoras desde las que se realizan los procesos de clasificación. Las probabilidades de que una lata llegue hasta aquí sin aplastar son ínfimas, con independencia de si la aplastaste tú en casa, la compactó el camión de recogida o se espachurró en algún otro momento del transporte.

Lo importante es que de la cinta transportadora se separan del resto de la basura con una corriente de Foucault: un sistema que hace saltar a los residuos de aluminio. Dado que esta es la técnica más eficaz para recuperar aluminio, las plantas de clasificación y tratamiento de residuos se diseñan pensando en mecanismos que faciliten ese “salto” de las latas de aluminio y su posterior recogida.

En este otro vídeo tienes un ejemplo de instalación destinada a la recuperación de distintos tipos de metales que va separando en diferentes flujos. Al final de la línea el aluminio “salta” para ser recuperado, mientras que lo que no es aluminio cae a un contenedor diferente:

Pero… ¿no son expertos los que dicen que no hay que aplastarlas?

El titular es contundente “¿Aplastas las latas antes de tirarlas? Pues si quieres que se reciclen debes dejar de hacerlo” responde a una técnica que se conoce como “clickbait”, que consiste en publicar contenidos con titulares sensacionalistas pero con información de dudosa calidad o exactitud, cuyo objetivo es conseguir enlaces y fomentar el envío de dichos contenidos a través de las redes sociales.

Si profundizas en la “noticia”, y las fuentes de información que se utilizan para argumentar el titular, llegarás a declaraciones en las que se deja claro aplastar las latas sólo dificulta su recuperación en algunos procesos concretos de recuperación y tratamiento de los residuos.

Es más, en alguna parte se reconoce que en lugares con sistemas de tratamiento separado “Puedes reciclar tus latas como quieras, no tendrás problema”. En España, especialmente si vives en una ciudad con contenedores amarillos, estas en este supuesto: puedes tirar las latas como quieras que, mientras las deposites en el contenedor amarillo, recibirán un tratamiento adecuado en el que podrán ser recuperadas para reciclaje.

Tampoco pierdas de vista que el argumento en contra de chafar las latas viene de la asociación del aluminio de los iuesei, ese mercado donde si te cortas o te pillas un dedo aplastando la lata puedes demandar al fabricante y pedirle una indemnización. Pero no vamos a ponernos conspiranoicos, que no hace falta.

Entonces ¿aplastamos las latas antes de tirarlas?

Sí. Tires las latas donde las tires es preferible aplastarlas:

  • Si eres un incívico que las abandonas en el medio natural, aplastándolas conseguirás reducir su capacidad para rodar y acabar en cualquier lugar. Esto facilitará la recogida, en caso de que venga alguien detrás de ti a buscar tu basuraleza. A esto hay que añadir que en una lata aplastada es más difícil que entre y se quede atrapado algún animalejo en busca de cobijo, o de las últimas gotas de tu refresco.
  • Si depositas la lata en el sistema municipal de recogida de residuos, aplastándola consigues varios beneficios. El más evidente es la reducción del volumen, con lo que llenarás menos el contenedor, reducirás el espacio que ocupa en el transporte… Pero también reducirás la probabilidad de que entren otros residuos en la lata. Y eso sí es importante para mejorar el reciclaje: si durante el transporte la lata se llena de cosas que no son aluminio causará problemas en todas las etapas posteriores de tratamiento, clasificación y reciclaje.

Así pues, para ir cerrando: por favor, aplasta las latas. Si reduces el volumen que ocupan disminuyes las emisiones de efecto invernadero que se emiten en su transporte en las distintas fases de gestión del residuo. Pero también contribuyes a que el material final sea más atractivo para el reciclaje, ya que una lata aplastada, normalmente, será aluminio sin “impurezas” en su interior.

Y no olvides que la forma más sostenible de gestionar tus residuos es evitar que se produzcan. En la medida de lo posible evita envases de usar y tirar, como las latas de bebidas que no pueden reutilizarse de ninguna manera y cuyo diseño está pensado para un solo uso.

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¿Cómo van la recogida y el reciclaje de envases en Castilla-La Mancha?

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

En el recorrido por las estadísticas de reciclaje hoy paramos en Castilla-La Mancha. Es lo menos que se puede hacer antes de ir a hablar sobre “Aciertos y errores del reciclaje”: echar un vistazo a los datos de recogida y gestión de residuos. En particular, para los residuos de envases, en el portal autonómico podemos encontrar dos fuentes de información. Una nota basada en la información aportada por los sistemas de responsabilidad ampliada del productor y los datos de recogida y tratamiento residuos en el portal de transparencia.

Si nos quedamos con la información que se extrae del primer documento no queda otra que felicitarse: qué bien lo estamos haciendo. Llaman la atención algunos detalles, como que en el mercado castellano manchego se comercialicen 2.508 toneladas de envases metálicos, se recuperen 12.945 toneladas y se contabilice como reciclado un 89,60%.

Llama la atención, sobre todo, si se compara con los datos de plástico, donde se declara un 75.51% de envases domésticos reciclados con 29.209 toneladas de envases de este material puestas en el mercado y 24.178,21 recuperadas. A falta de unas definiciones detalladas y unas explicaciones sobre la metodología para llegar a esos indicadores, toca ponerlos en cuarentena. Porque ya sabemos que los datos de reciclaje de envases hay que cogerlos con pinzas.

Igualmente, para reforzar la importancia de la recogida selectiva, en el documento elaborado con la información de los sistemas de responsabilidad ampliada del productor afirma que “los materiales recuperados en planta han experimentado un ligero incremento, aunque se reduce su peso relativo en relación con los recuperados mediante recogida selectiva, de forma que en 2017 algo más del 70% de los materiales recuperados de residuos de envases proceden de recogida selectiva y apenas el 30% proceden de la fracción resto procesada en las plantas de tratamiento”.

Si acudimos a los datos oficiales podemos comprobar que el resultado del tratamiento de los residuos recogidos de manera selectiva es de 14.402,25 toneladas de material recuperado frente a las 39.527,23 toneladas de material recuperado del triaje del resto de los residuos, dando lugar al porcentaje inverso: 27% de materiales recuperados procedentes de la recogida selectiva frete a un 73% de los materiales recuperados del tratamiento de la basura mezclada.

Sí, faltaría añadir 30.996 toneladas de papel y cartón y 21.371 toneladas de vidrio procedentes de sus respectivos contenedores. Pero en este caso ya no estamos ante un 70% / 30%, pasamos a un 63% / 37%. Así, si nos quedamos sólo con estos flujos, los que cuentan con su propio contenedor por tipo de material podemos ver que cerca del 100% del vidrio y casi el 99% del papel y cartón recuperados para reciclaje provienen del respectivo contenedor monomaterial.

El éxito del reciclaje disminuye dramáticamente cuando hablamos de envases ligeros de plástico y metal, los que se recogen mezclados en el contenedor amarillo. Con los datos disponibles para Castilla-La Mancha es difícil saber cuántos se recogen, así que me quedo con tres de las partidas disponibles en la estadística oficial de su portal de transparencia: plástico, metal, compuestos.

Sumando los envases metálicos, de plástico y compuestos se recuperaron para reciclaje un total de 37.716,21 toneladas de materiales. De estas el 37% provenía del contenedor amarillo y el restante 63% de otras formas de recogida. Cabría analizar si el triste resultado del contenedor amarillo se debe a una falta de interés o más bien a una deficiente dotación de este tipo de contenedores. Puestos a plantear alternativas los datos hablan: la recogida separada por tipos de materiales consigue mejores resultados.

En cualquier caso, no podemos perder de vista que el reciclaje es la tercera y menos deseable de las tres erres. Si realmente queremos disminuir el impacto ambiental de nuestros envases deberíamos superar el modelo de usar y tirar, fomentando la prevención de residuos y, cuando no sea posible, la reutilización de envases. Los contenedores de colores que utilizamos actualmente, los mires por donde los mires, sólo sirven para reciclar o eliminar residuos: no fomentan su prevención ni permiten su reutilización.

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Planeta intoxicado: Aciertos y errores del reciclaje

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

El 23 de febrero participo como ponente en el XI Seminario de Medios de Comunicación y Cooperación Internacional en Cuenca, organizado por la Asociación de la Prensa de Cuenca y Cáritas Diocesana de Cuenca. El objetivo del seminario es profundizar en los graves problemas y retos de este siglo, pero también en las soluciones que los Objetivos de Desarrollo Sostenible e invitaciones como “piensa global, actúa local” ayudan a encontrar para mejorar la vida de las personas y la protección del planeta.

En esta línea, mi intervención será una invitación a la reflexión sobre cómo el modelo de producción y consumo está comprometiendo la capacidad gran parte de la población con la que actualmente compartimos el planeta y de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades.

Sí, hablaremos de microplásticos, como una de las formas de contaminación fruto de nuestro empeño por comprar envases de usar y tirar. Pero también haremos un hueco a las macrogranjas, su capacidad de intoxicar nuestros pueblos y la relación que tienen con esos plásticos de un sólo uso. Pueblos víctimas de un modo de vida insostenible que les arrebata el capital humano a cambio de residuos radiactivos.

El reciclaje, tal y como lo practicamos hoy en día, no es la solución para los desafíos del desarrollo sostenible, un modelo que implica considerar a todas las personas que viven en nuestro mismo planeta y a todas aquellas que vendrán en el futuro.

Las respuestas pasan por integrar los distintos Objetivos de Desarrollo Sostenible y utilizarlos como base para construir un modelo capaz de garantizar una mínima calidad de vida para el conjunto de los habitantes del planeta.

Si te interesa aquí te dejo el programa, en el que tienes más información y las instrucciones para inscribirte.

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¿Qué puedo hacer con mi ropa usada?

Publicado en: Comunidad ISM » Blogs por MariaAR. Texto original

Durante mis años de carrera me harté de escuchar que el medio ambiente era una realidad holística, que el medio ambiente era todo y todo estaba relacionado. Y efectivamente así es. Si tenemos en cuenta que nuestras acciones y costumbres afectan directa e indirectamente a nuestro entorno y al medio ambiente, cómo no iba a hacerlo también la industria textil y los hábitos de consumo que la sociedad está adquiriendo en relación al sector de la moda y los residuos textiles que generamos.

La industria textil se ha convertido en una de las más contaminantes del planeta, tanto por las emisiones de gases de efecto invernadero, como por la contaminación por vertidos y microplásticos. Pero es que además, la moda rápida o fast fashion ha hecho que infrautilicemos la ropa que nos compramos y  que la generación de residuos textiles se multiplique de manera más que destacable en los últimos años.

Según el estudio, A new textiles economy: redesigning fashion’s future de la Fundación Ellen McArthur, se estima que en los últimos quince años el tiempo de uso que le damos a las prendas antes de tirarlas ha disminuido un 36%. En España, la Asociación Ibérica de Reciclaje Textil (Asirtex), en su informe La ropa usada. Tendencias de un mercado emergente. El residuo olvidado en el siglo XXI, indica que cada español consume una media de 34 prendas al año y desecha entre 10 y 14Kg de ropa, depositando en contenedores de ropa tan solo 1,5-2,5Kg.

¿Qué puedo hacer con mi ropa usada?

Fuente: María Álvarez

Así, los residuos textiles a día de hoy son una realidad y debemos aprender a gestionarlos adecuadamente, y para ello, como residuos que son debemos pensar en la jerarquía de residuos. Si además tenemos en cuenta que la aprobación en mayo de 2018 de la Directiva 2018/851, que incluye disposiciones relativas a la obligatoriedad de la recogida separada de los residuos textiles y al fomento de la reutilización  de textiles, es más que probable que la Ley de Residuos se vea modificada en un plazo de tiempo corto para tener en cuenta ésta y otras de las exigencias marcadas por Europa en materia de gestión de residuos.

Dentro de lo que nosotros, como ciudadanos particulares comprometidos con el cuidado del medio ambiente, podemos hacer en el ámbito de los residuos textiles se incluyen una serie de prácticas sencillas que nos hagan darnos cuenta de que depositar a ropa usada que ya no queremos en bolsas de basura en el contenedor de resto es la peor de las soluciones que podemos dar.

Así, lo primero que nos deberíamos plantear es si es necesario llenar nuestros armarios de vestidos, pantalones o camisetas que nos vamos a poner en contadas ocasiones y que se van a convertir en un residuo antes que tarde. Es decir, debemos revertir el hábito de consumo innecesario de moda barata y así incidir en la prevención. Además de intentar apostar por marcas de moda sostenible.

En la línea de los siguientes escalones de la jerarquía de residuos, debemos pensar que la ropa que nosotros ya no queremos puede tener utilidad para otros. A día de hoy tenemos distintas opciones para que esas prendas usadas se reutilicen y se reciclen antes de ser desechadas definitivamente en una incineradora o un vertedero. Así que, ¿qué puedo hacer con mi ropa usada?

Algunas de las opciones son:

  • Reciclar tu ropa usada. Puedes dar una segunda vida a esas prendas que ya no usas, convirtiéndolas en nuevas prendas o accesorios.
  • Depositarla en un contenedor de ropa usada. Aquí tenemos distintas opciones dependiendo de dónde residamos. Por citar algunos ejemplos, nos encontramos con los contenedores de Humana, los de Cáritas, los de Roba Amiga, los que ubican distintas administraciones públicas como el Ayuntamiento de Madrid, etc.
  • Depositarla en los contenedores de recogida que grandes marcas de moda ubican en sus tiendas como parte de sus políticas de RSE. Entre ellas encontramos a H&M, Zara o Intimissimi
  • Sacar rentabilidad a las prendas que ya no usas. Cada vez hay más empresas que se dedican a la compra/venta de ropa usada. Algunas de ellas son: Percentil que compra prendas de niños/as, hombre y mujer siempre que estén en perfecto estado y de marcas reconocidas o Milmodelitos, plataforma de compra/venta especializada en ropa y complementos de marca, que además colabora con las ONG Cáritas y Remar.

Estos son solo algunos ejemplos, pues estoy segura de que conocéis más ONG, iniciativas, etc. que se esfuerzan por que los residuos textiles no se conviertan en un problema mucho mayor del que ya son. Así que, os invito a que si queréis dar a conocer o compartir alguna de las que no he mencionado os animéis a hacerlo en los comentarios del post.

María Álvarez es docente de los cursos Especialista en Gestión de Residuos y  Gestión de Residuos Urbanos que imparte el Instituto Superior del Medio Ambiente.

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Contenedores amarillos y reciclaje de envases en Madrid

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Contenedor amarillo para residuos de envases en MadridSegún los datos de la Estrategia de Prevención y Gestión de Residuos del Ayuntamiento de Madrid, en 2016 se recogieron en la ciudad 1.284.259 toneladas de residuos de las que se estima que 435.877 toneladas eran envases. ¿Qué tal funciona el reciclaje de residuos en Madrid?

Hablar de reciclaje es hablar de todo el proceso que ocurre desde que generamos un residuo hasta que este se convierte en materia prima. El primer paso, muy importante, es la pre-recogida de esos residuos. En Madrid, hasta fechas muy recientes, se hacía básicamente con un sistema de cuatro contenedores:

  • Azul: para papel y cartón.
  • Verde: para vidrio.
  • Amarillo: para envases ligeros.
  • Gris de tapa naranja: para restos.

Las personas que vivimos en Madrid tenemos que depositar nuestros residuos en esos contenedores o, en el caso de residuos especiales recurrir a los puntos limpios, donde un usuario doméstico pude llevar electrodomésticos, escombros, productos de limpieza, aceites y otros residuos voluminosos o peligrosos generados en el hogar.

Después de entregar nuestra basura en los distintos contenedores viene la recogida: el camión correspondiente acude a por los residuos, los carga y los lleva a plantas de clasificación. En el caso de la ciudad de Madrid contamos con el llamado Parque Tecnológico de Valdemingómez: un conjunto de instalaciones donde se procesa la basura de los madrileños para rescatar los distintos materiales que se pueden reciclar y valorizar o, a falta de estas soluciones, se vierte a vertedero.

Atendiendo a la “Memoria de actividades de la Dirección General del Parque Tecnológico de Valdemingómez”, “El total de materiales reciclables recuperados de los residuos domésticos de la ciudad de Madrid en 2016 ascendió a 145.816 t. El 54,04% de esta cantidad correspondió materiales depositados en los contenedores de aportación situados en la vía pública, mientras que el 45,99% restante lo integraron los materiales seleccionados y clasificados en las instalaciones de tratamiento del Parque Tecnológico”.

Podemos matizar los datos y tratar de afinar, pero en una primera aproximación tenemos que de 435.877 toneladas de envases recogidos en la ciudad de Madrid solo se recuperan para reciclaje 145.816 toneladas. Es decir, en el mejor de los casos, la capital de España estaría reciclando un 34% de los residuos de envases que recoge (más de la mitad son envases de vidrio y papel/cartón que proceden de su propia recogida selectiva: no llegan en el contenedor amarillo). Hablamos de una ciudad que es la capital del país, que cuenta con una importante inversión e infraestructura de gestión de residuos y, sobre todo, en la que toda la basura recogida en contenedores se procesa antes de ir a eliminación ¿Cómo es posible que Madrid apenas recicle un tercio de los residuos de envases que recoge?

Quizá la culpa sea de los propios madrileños. La estrategia de residuos plantea que “En general parece existir un desajuste entre lo que piensa la ciudadanía que hace y lo que realmente hace”“se recogen de manera separada apenas 68.000 toneladas (67.876 en 2016) que además contienen solo un 51,11% de materiales que debían haberse depositado en el contenedor amarillo”.

De esa materia prima, los residuos recogidos en el contenedor amarillo, las plantas de clasificación del Parque Tecnológico de Valdemingomez son capaces de rescatar un 35% del material para reciclaje. En particular, en la planta La Paloma se llega a rescatar hasta un 41% de lo que entra, una cantidad nada despreciable si tenemos en cuenta que la mitad de lo que llega se supone que son cosas que no debían estar allí.

Si seguimos analizando datos encontramos algo que llama la atención ¿cómo llegan los residuos a las plantas de clasificación? El 85% de los envases recogidos en la ciudad de Madrid llegan a Valdemingómez en el contenedor gris, mientras que sólo el 15% llega en el contenedor amarillo. ¿Es un problema de poco civismo? ¿Puede resolver esto la concienciación ambiental?

Suelo decir que el reciclaje no ocurre en el contenedor amarillo. Hemos visto que hay un problema de residuos que no deberían depositarse en este contenedor, que la capacidad de tratamiento es limitada… pero ¿alguien se ha parado a pensar si hay otros factores que influyan en la distribución del porcentaje de recogida?

Que el contenedor amarillo en una ciudad como Madrid recoja el 15% de los residuos de envases es preocupante. Más cuando la proporción de impropios en el contenedor amarillo es de un 50%. Esto debería hacernos saltar las alarmas ¿Qué es lo que no funciona en Madrid? ¿Las instalaciones de tratamiento de basura? ¿La concienciación ciudadana? ¿La dotación de medios para la recogida de envases?

Si seguimos investigando en la memoria de la estrategia municipal de residuos encontramos otro dato que debería llamarnos la atención. Al menos a mí me llama poderosamente la atención. Se trata de la capacidad de los contenedores para la recogida de residuos:

  • Dotación media de contenedores fracción resto: 23,75 litros/habitante
  • Dotación media de contenedores amarillos: 9,59 litros/habitante.

¿Cómo? ¿El 70% del volumen de recogida está dedicado a la fracción resto y solo el 30% a los envases ligeros? ¿Cómo puede ser esto? No sé cómo será en el resto de las casas, pero en la mía el cubo de la basura está divido justamente al revés: un tercio es para restos y dos tercios son para envases.

La concienciación ambiental por sí misma no va a resolver el problema. El sistema de recogida de residuos que describe la estrategia de Madrid sólo pude recoger en el contenedor amarillo un pequeño porcentaje de todos los residuos de envases que se generan en la capital de España. Así, si queremos mejorar la gestión y reciclaje de residuos necesitamos invertir en una recogida mejor: dotar a la ciudad de mecanismos para llevar a un tratamiento adecuado las 435.877 toneladas de residuos que las personas que habitan Madrid entregan en los contenedores.

Así las cosas… ¿Pueden la educación y la concienciación ambiental mejorar el reciclaje en Madrid? Posiblemente sí. Quizá llegando a una situación ideal conseguiríamos que el 100% de lo que se recogiese en los contenedores amarillos fuesen envases. Pero… los contenedores amarillos de la ciudad de Madrid recogieron 67.876 toneladas de residuos en 2016 ¿Cuánto supone esto frente a las 435.877 toneladas de envases recogidas? No llega al 16%.

Sí, la instalación de un quinto contenedor para materia orgánica puede ser un paso importante para mejorar la gestión de este tipo de residuos, pero… seguiremos teniendo una dotación insuficiente de contenedores destinados a envases.

El quinto contenedor no resuelve la escasa dotación para recogida de envases. Cerca del 80% de los envases se seguirán recogiendo como impropios, ahora repartidos entre el contenedor gris y el marrón.

¿Qué tal si aumentamos el volumen de contenedores amarillos? ¿Por qué no hacerlo? En la estrategia se recoge que la actual “ratio es superior al valor establecido por Ecoembes de 7,69 litros/habitante para municipios urbanos”. Un dato curioso: Ecoembes (Ecoembalajes España, S.A.) recomienda al Ayuntamiento una ratio de contenedores para residuos de envases manifiestamente insuficiente ¿Por qué?

Si volvemos a la memoria del Parque Tecnológico de Valdemingómez vemos que entre los ingresos del tratamiento de los residuos urbanos de la ciudad de Madrid destaca una partida de 24.445.166 euros en concepto de “Convenio ECOEMBES” No puedo dejar de preguntarme ¿qué pasaría, si en vez de aplicar la ratio recomendada por Ecoembes, el Ayuntamiento de Madrid duplicase o triplicase el volumen de recogida de envases? ¿Qué pasaría si la capacidad para recogida selectiva subiese del 16% al 50%, al 70% o al 100% de los residuos que deberían ir a parar al contenedor amarillo?

En ese caso los ciudadanos podrían hacer lo que se espera de ellos: echar los envases al contenedor amarillo. Y la ciudad lo que los ciudadanos esperan de ella: recuperar para reciclaje los residuos separados en contenedores de colores.

Pero… ¿realmente se espera que los ciudadanos separen correctamente sus residuos o eso es lo que se dice que se espera de ellos? Para que se pudiesen entregar correctamente separados los residuos de envases ligeros harían falta muchos más contenedores amarillos de los que actualmente hay en la ciudad de Madrid.

Contenedores de recogida selectiva en Madrid

¿Qué pasaría si el Ayuntamiento de Madrid decidiese mejorar el sistema de recogida de envases ligeros y estableciese mecanismos por los que una parte importante no se mezclase con otros residuos y fuese directamente a recuperación? ¿Qué cantidad ingresaría el Ayuntamiento con un sistema de recogida que en vez de tener un 50% de impropios tuviese un 10% o menos?

Actualmente, después de más de 20 años funcionando y haciendo campañas de concienciación, el sistema de recogida de envases basado en el contenedor amarillo solo llega al 16% de los envases que se recogen en Madrid. No porque los ciudadanos no participen. Fundamentalmente es un problema de recogida: no hay capacidad suficiente para la cantidad de residuos de envases que debería atender el sistema.

No podemos perder de vista que el contenedor amarillo y Ecoembes responden al principio de responsabilidad ampliada del productor: si el 100% de los envases recogidos por el Ayuntamiento de Madrid están adheridos a Ecoembes y se procesan en el Parque Tecnológico de Valdemingómez ¿Por qué el Ayuntamiento de Madrid solo ingresa por la parte que recupera del contenedor amarillo? ¿Qué parte de la responsabilidad de ese escaso porcentaje de recuperación es debido a una recogida deficiente? ¿Dónde va a parar el dinero restante? ¿Dónde ha ido a parar en los últimos 20 años?

Formas de mejorarlo hay muchas, pero con los datos del propio Ayuntamiento de Madrid en la mano, mantener la dotación de contenedores amarillos y no plantear alternativas a la recogida de residuos de envases ligeros es una decisión injusta tomada a sabiendas de que lo es. Y las personas que habitamos Madrid no nos merecemos eso.

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