Archivo de la categoría: Gestión de Residuos

Ideas para mejorar el Anteproyecto de Ley de Residuos y Suelos Contaminados

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Buenas noticias: tenemos sobre la mesa un Anteproyecto de Ley de Residuos y Suelos Contaminados, que viene incorporar al marco jurídico nacional la Directiva (UE) 2018/851, de 30 de mayo de 2018, por la que se modifica la Directiva 2008/98/CE sobre los residuos y la Directiva (UE) 2019/904, de 5 de junio de 2019, relativa a la reducción del impacto de determinados productos de plástico en el medio...

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De paraísos de biodiversidad marina a vertederos de plástico

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Un estudio científico pone en evidencia que los residuos que flotan en la superficie del océano o se acumulan en las playas no son más que una pequeña parte de un problema mucho más complejo. Las corrientes termohalinas podrían estar controlando la distribución de microplásticos y creando puntos calientes de acumulación. Las mismas corrientes que alimentan los puntos críticos de biodiversidad.

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Arde otro recuperador homologado de Ecoembes.

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Las llamas en la nave de recuperación de residuos de Sarrià de Ter son un drama que se repite con mucha frecuencia en los últimos años. El sector está saliendo a una instalación siniestrada a la semana. Empresarios que ven su esfuerzo convertirse en cenizas, familias que ven desaparecer su fuente de ingresos. Y el sueño de la economía circular convertida en su peor pesadilla. Los plásticos...

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El negocio de confundir recogida y reciclaje.

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El nivel de desinformación y falsas noticias al que estamos llegando a cuenta de la pandemia que nos ha tocado vivir este 2020 roza lo insoportable. Y el medio ambiente no es un sector ajeno a esa tendencia. En pleno debate sobre cómo se debe comunicar la relación entre el impacto del COVID-19 y reducciones en la contaminación atmosférica o la presencia de determinados animales en las ciudades, el reciclaje se apunta a la cita.

El titular, que no deja de ser un contenido patrocinado, dice “El reciclaje de envases aumenta un 15% desde el inicio del estado de alarma por el coronavirus”. El contenido habla de que “los ciudadanos españoles han incrementado en un 15% el uso del contenedor amarillo para reciclar sus envases”. Es decir, en España estamos depositando un 15% más de envases en el contenedor amarillo por culpa de la pandemia. Pero el reciclaje no ocurre en el contenedor amarillo.

Lo que se nos quiere presentar como un éxito ambiental no es más que otra alarma sobre el fracaso de nuestro modelo de producción y consumo: cada vez generamos más envases de usar y tirar. A pesar del absurdo y el riesgo que implica llevar a casa envases que han estado expuestos en los lineales de grandes superficies.

Y de la manipulación a las que nos someten los agentes económicos que se lucran con esos envases de usar y tirar. Nos venden como reciclaje lo que es mera recogida.

¿Qué cantidad de lo que se recoge en el contenedor amarillo se acaba recuperando para reciclaje? ¿Cuánto acaba finalmente convertido en materias primas y objetos nuevos? Si quisiéramos saberlo tendríamos que ir instalación por instalación cruzando entradas y salidas. Y la realidad es tozuda. De todo lo que depositamos en el contenedor amarillo apenas un 40% se recupera para el reciclaje.

Sí la cuenta es fácil. Si depositamos un 15% más de residuos de envases en el contenedor amarillo también podríamos llegar a reciclar un 15% más. Aun cuando del 100% sólo lleguemos a reciclar un 40%. O menos. En el caso de los envases de plástico parece que apenas llegamos al 25%.

Y sí. A pesar de ser crítico estoy convencido de que estos días se recuperan más residuos de envases.

Hay varios factores que influirán en los resultados del reciclaje durante el confinamiento. El primero y más importante la frecuencia de recogida. Al menos por lo que intuye por la ventana. Estos días no se ven contenedores llenos hasta rebosar. Los que se han estado recogiendo 3 o 4 días por semana se recogen a diario. Simplemente esto, por probabilidad, hace que cualquier persona tenga más opciones de depositar su basura en el contenedor adecuado para su posterior tratamiento.

También se reducen los envases abandonados por la calle y en las papeleras: no hay gente consumiendo productos envasados en espacios públicos. Así que una importante cantidad de materiales que antes se destinaban a eliminación ahora están pasando por plantas de clasificación donde tienen una opción de ser recuperados.

Espero que tengamos esto en cuenta en el futuro: más frecuencia de recogida permite un mejor reciclaje. Evitar los residuos abandonados mejora el reciclaje. Conseguir que los envases no entren en flujos destinados a eliminación mejora el reciclaje. Y cuanta más basura (esté bien separada o no) se trate en las instalaciones de clasificación de envases más posibilidades hay de que los envases se reciclen.

Pero, no nos despistemos, la pregunta sigue siendo otra ¿Cuántos envases de usar y tirar se convierten en nuevos envases gracias al contenedor amarillo? Y la respuesta que nos ofrecen es que hemos depositado un 15% más de residuos. Insisto ¿Cuántos se recuperan? ¿Cuántos vuelven a ser nuevos envases?

Las respuestas vienen de la mano de Ecoembes, Ecoembalajes España, S.A. Al pie de la falsa noticia que da lugar al titular engañoso encontramos el origen “Serie de Economía circular realizada en colaboración con la organización Ecoembes”. Quizá la palabra publirreportaje o contenido patrocinado encajarían donde pone “colaboración”. La transparencia sigue siendo una asignatura pendiente en los medios de comunicación y para corporaciones que se dicen socialmente responsables.

Lo que sí podemos saber es que no sólo los medios de comunicación que difunden las notas de prensa de Ecoembes ganan dinero de confundir reciclaje y recogida. En la nota aparece otro agente necesario. Otro párrafo interesante para entender a qué estamos jugando es este:

“un incremento de aproximadamente un 15% en las toneladas de entrada de residuos», explica Albert Mateu, director general de Griñó Ecològic, un grupo que trabaja con Ecoembes en el tratamiento de los residuos que se depositan en el contenedor amarillo”

La noticia se entiende mejor si buscamos Griñó Ecològic en la hemeroteca. Para no aburrir con los detalles os dejo un titular de agosto de 2007 y otro de agosto de 2019. La empresa, proveedor homologado de reciclaje para Ecoembes, ilustra que no todo lo que se recoge en el contenedor amarillo y se destina a reciclaje acaba convertido en materias primas. No es un caso aislado. Los recicladores homologados por el sistema integrado de gestión de residuos de envases ligeros acumulan decenas de incendios en sus instalaciones durante los últimos años.

Es un tema del que se habla poco, entiendo que no hay muchos patrocinadores para este tipo de información, pero cualquier periodista que investigase un poco, cualquier medio con ganas de contrastar la desinformación en el sector, llegaría fácilmente a unos datos que deberían hacernos reflexionar a todos sobre el modelo de producción y consumo que estamos viviendo.

Y no, no culpo a los gestores de residuos. Son empresas que sufren los incendios. Con todas las consecuencias que implican. Lo que pido es que nos dejemos de confundir recogida y reciclaje y empecemos a pensar formas mejores de recoger los residuos. Sistemas para costear el esfuerzo de procesar los residuos. Una fiscalidad que penalice los envases de usar y tirar. Sistemas de responsabilidad ampliada del productor que contemplen la cadena de valor de los materiales y eviten la pérdida de recursos, invirtiendo y tomando medidas para que podamos evitar los incendios en las instalaciones de gestión de residuos.

Confundiendo sobre reciclaje y recogida no solucionamos ningún problema. Ni el impacto creciente que suponen para nuestra salud y la de los ecosistemas los plásticos de usar y tirar, ni los incendios en instalaciones de gestión de residuos, ni el reto de alcanzar los objetivos de reutilización y reciclaje que nos exigen desde Europa.

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Despolimerizando PET para reciclar botellas.

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Una de las claves para la reducción del impacto de los plásticos en los ecosistemas y la salud humanas es conseguir sistemas de recuperación y reciclaje que consigan convertir los residuos en nuevas materias primas.

En algunos flujos de materiales, como los metales –como el aluminio o el acero- y el vidrio, es relativamente sencillo recoger los residuos y fundirlos para convertirlos en productos nuevos. Los mismos envases de vidrio pueden recuperarse en nuevos envases de vidrio, reduciendo la cantidad de materias primas y la energía que hace falta para cerrar un ciclo en la economía circular. El metal, dice la industria, se podría reciclar indefinidamente.

Más complejo es el caso de los plásticos. Los procesos convencionales de recuperación de polímeros resultan en una importante pérdida de calidad de los materiales y de sus propiedades mecánicas. Afortunadamente la investigación avanza en este campo y busca formas de recuperación, como el reciclaje químico, que permitan cerrar el círculo de estos materiales tan presentes en nuestra vida cotidiana. La estrategia es liberar las unidades (monómeros) que forman el plástico (polímero) para poder utilizarlas en la fabricación de nuevos plásticos.

Preforma para la fabricación de botellas de plástico PET

Nature publica An engineered PET depolymerase to break down and recycle plastic bottles, otro paso en esa línea que puede ayudar a la industria del plástico a reducir su impacto y evolucionar desde un modelo de producción y consumo fundamentalmente lineal hacia un enfoque de economía circular.

No es la primera vez que se anuncia una enzima que permite convertir a una bacteria en un ser vivo capaz de “comerse” el plástico. Hasta ahora los experimentos que se habían presentado tenían una productividad muy limitada, tardando días en descomponer un pequeño porcentaje de la muestra de material tratado experimentalmente.

En esta ocasión estamos ante un sistema que permite descomponer los polímeros de PET a una velocidad mayor, consiguiendo procesar el 90% de la muestra en 10 horas, consiguiendo liberar los monómeros a un ritmo de 16.7 gramos de tereftalato por litro y hora.

Adicionalmente, los investigadores han conseguido un PET reciclado biológicamente con las mismas propiedades que el PET proveniente de la industria petroquímica. El PET recuperado de esta forma puede utilizarse para fabricar nuevos envases y llevar el material al concepto de la economía circular.

Son muchos los retos que tiene por delante esta forma de reciclaje. Desde mantener los microorganismos mejorados en el laboratorio seguros para evitar los estragos que causarían si se liberasen al medio, hasta conseguir que estos experimentos se realicen a escala industrial ¿Están dispuestos la industria del PET, los envasadores y la cadena de valor del envase a asumir el coste de este sistema de recuperación? Si se traslada al producto envasado ¿seguirá siendo atractivo el PET como alternativa a otros materiales más fáciles de recuperar y más reciclables? ¿El coste del proceso para reciclar PET compensa el ahorro que supondría reutilizar botellas de vidrio? El problema principal sigue siendo la ingente cantidad de envases de usar y tirar que cada día se ponen en el mercado. Sin rechazar los avances que pueda traer la investigación y el desarrollo tecnológico, reducir su producción y consumo, sustituyéndolos por envases reutilizables cuando sea posible, son pasos más rápidos y sencillos que esperar a un milagro que solucione el problema de la contaminación por plástico.

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Gestión de residuos en tiempos de pandemia.

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La pandemia por Covid-19 nos está dejando lecciones en muchos aspectos. Pone en evidencia lo mejor y lo peor de cada ámbito de gestión, desde las carencias en materia de salud pública a las brechas digitales. Esas que separan, cada vez más, a quienes pueden acceder al teletrabajo o a la formación a distancia de aquellos que no pueden permitirse algo, que se nos antojaba tan básico, como un ordenador en casa y una conexión decente a Internet.

La gestión de residuos no se queda atrás. La situación de precariedad laboral del personal al servicio de las contratas de recogida y limpieza urbana contrasta con la necesidad de seguir manteniendo un servicio imprescindible para garantizar la salubridad de nuestros pueblos y ciudades.

Para ayudar a conciliar la urgencia de dar salida a nuestra basura con la protección de los trabajadores que hacen posible la magia del reciclaje se ha publicado la Orden SND/271/2020, de 19 de marzo, por la que se establecen instrucciones sobre gestión de residuos en la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19. Sin lugar a dudas un instrumento legal necesario en la situación que estamos viviendo. Pero que nos habla de lo mucho que se pueden mejorar la recogida y el tratamiento de residuos en condiciones normales.

Básicamente esta orden nos indica la obligación de seguir depositando los residuos de manera separada, tal y como lo veníamos haciendo, salvo que en casa tengamos alguna persona positivo o en cuarentena por COVID-19. En este caso se nos pide que manejemos sus residuos con precaución, de manera separada y los entreguemos en el contenedor de restos.

A partir de aquí se establece una serie de requisitos para garantizar la salud de las personas que trabajan en la recogida y tratamiento de residuos, separando los flujos que provienen de instalaciones donde se trata a enfermos por coronavirus, así como con indicaciones específicas para la gestión de la fracción resto en la que estamos obligados a depositar los residuos de personas contagiadas o en cuarentena.

Cada instalación para el tratamiento de residuos es un mundo, pero la manipulación manual de los residuos es una práctica común y necesaria en gran parte de los centros donde se gestionan residuos. Ante la amenaza del coronavirus nos preocupa la salud de los trabajadores de las plantas de clasificación y dictamos una orden según la cual «no se procederá en ningún caso a la apertura manual de las bolsas de fracción resto en instalaciones de recogida ni de tratamiento«.

La seguridad de estas personas exige destinar a incineración, preferiblemente, o a vertedero la fracción de basura que conocemos como «resto», a la que se nos indica que debemos destinar cualquier material en contacto con pacientes contagiados o personas en cuarentena.

La eliminación es, sin lugar a dudas, la opción más segura cuando un residuo puede ser vector de transmisión de un virus. Y mejor incinerar que enterrar. El problema, como siempre, es la infraestructura y la forma en la que hacemos esa eliminación. Y es algo que tendremos que seguir revisando de vuelta a la normalidad.

Porque después de superar esta necesaria etapa de confinamiento, cuando consigamos superar el excepcional estado de alarma que nos toca vivir, tendremos que iniciar una reconstrucción justa y sostenible. Deberemos trasladar las lecciones aprendidas a una nueva normalidad que no podrá ser exactamente igual a la que nos trajo a esta crisis. Tampoco en el modelo de recogida y tratamiento de residuos.

Una de las primeras cuestiones a revisar debería ser la relación laboral del personal que trabaja en gestión de residuos con quienes demandan sus servicios. Un servicio -la recogida y gestión de residuos de competencia municipal y los procedentes de hospitales, ambulancias, centros de salud, laboratorios, o de establecimientos similares, así como de aquellos derivados de la desinfección de instalaciones- que en tiempos de pandemia se considera servicio esencial.

Una función tan importante que no podemos prescindir de ella no puede estar relegada al capricho del mercado. El salario de los barrenderos, de los conductores de recogida, de los servicios de repaso… de todo el personal que trabaja con nuestra basura sale del presupuesto público ¿necesitamos intermediarios para pagar esas nóminas? Quizá no sean necesarios cuando a la hora de la verdad el suministro de equipos de protección individual (EPIs), según la orden dictada para responder a la crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19, se asume por parte de las autoridades competentes. Pero sí necesitamos personal que en condiciones normales o excepcionales salga todos los días a evitar que la basura se acumule en calles, parques y jardines.

Otro tanto pasa con el personal que trabaja en las plantas de tratamiento y clasificación de residuos. Su función no es una cuestión temporal o provisional. Y se hace más necesaria que nunca en situaciones de crisis. Las plantillas tienen que estar bien dimensionadas, no según el margen de beneficio de una empresa privada, para responder al interés general de dar un tratamiento adecuado y recuperar de la mejor manera posible los residuos.

No podemos perder de vista que en algo más de dos décadas nuestro actual sistema de recogida selectiva de envases no ha conseguido una dotación de contenedores suficiente para cubrir todos los materiales que se ponen en el mercado adheridos al sistema que debería asumir los costes de su gestión.

Y cualquier medida que se tome en el futuro, empezando por la legislación estatal en tramitación, debe empezar por ese punto: dimensionar adecuadamente la recogida. Con el interés general puesto por delante de los intereses de envasadores, grandes empresas de servicios o políticos amigos de las comisiones del cemento.

Igualmente habrá que hablar de trazabilidad. La orden elimina temporalmente uno de los requisitos documentales imprescindibles para tener una mínima garantía sobre el destino de los residuos: la notificación previa de traslado. Este requisito no ha sido impedimento para quienes siguen, a día de hoy, desviando los residuos de su cauce normal y depositándolos o quemándolos de manera incontrolada en cualquier parte. Pero no favorece que se corrija esta situación.

Tendremos que volver a revisar la función de los plásticos de usar y tirar. Esos cuyo consumo aumenta en tiempo de pandemia por una falsa sensación de seguridad al consumidor. Un consumidor que hemos dejado en manos de la propaganda y no es capaz de comprender que la superficie del envase de plástico puede llevarle a casa un virus que no entrará por el grifo.

Un plástico que favorece a las grandes superficies comerciales frente a un pequeño comercio que, de haber apostado por él, estaría siendo una red capilar de distribución de alimentos que evitaría las colas y las concentraciones de personas que se ven en los grandes supermercados.

La pandemia está siendo un desafío que conviene analizar con prudencia. Pero también es la oportunidad de revisar un modelo de producción y consumo del que los residuos no son más que un indicador.

Nuestro modelo actual de gestión de residuos enviará muchos materiales recuperables a vertedero. Vertederos que en muchos casos están bajo la lupa de la Unión Europea y que recientemente han demostrado que dudas son más que razonables. La falta de una infraestructura adecuada de valorización energética convertirá en emisiones atmosféricas una fracción resto por la que perderemos materiales valiosos, muchos con un poder calorífico que se aprovechará adecuadamente.

Tenemos que devover todo el sistema de gestión de residuos, incluyendo sus trabajadores y su infraestructura, al interés general. Sacarlo de un modelo que busca un lucro reduciendo nóminas, precarizando vidas y gastando sin sentido, para conseguir que la responsabilidad ampliada del productor sea la correa de transmisión que permita puestos de trabajo adecuados al reto de la economía circular.

Necesitamos construir un modelo donde todos y cada uno de los agentes reman a favor de esa jerarquía que nos habla de reducir la cantidad de residuos, favorecer la reutilización, recurrir al reciclaje o la valorización cuando no quede otra opción. Y utilizar la eliminación como algo excepcional, cuando tenemos que deshacernos de residuos presumiblemente contaminados por el virus de una pandemia de la que tenemos que salir reforzados en los principios de la sostenibilidad.

Todas las imágenes de esta entrada son de CGT RSU Madrid en twitter.



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