Archivo de la categoría: Gestión de Residuos

10 mentiras sobre sistemas de depósito, devolución y retorno

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Con los nuevos objetivos de reciclaje aprobados por la Unión Europea vuelve a estar encima de la mesa el debate sobre el modelo de gestión de residuos. La campaña de desinformación y noticias falsas al respecto recrudece a medida que los planes de gestión de residuos de las distintas comunidades autónomas entran en fase de revisión y se plantea la necesidad de adaptar la legislación estatal a las nuevas reglas europeas.

Antes de seguir, quizá convendría recordar que un sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR) es una obligación prevista en la Ley 11/1997, de 24 de abril, de Envases y Residuos de Envases, según la cual “Los envasadores y los comerciantes de productos envasados o, cuando no sea posible identificar a los anteriores, los responsables de la primera puesta en el mercado de los productos envasados, estarán obligados a:

  • Cobrar a sus clientes, hasta el consumidor final y en concepto de depósito, una cantidad individualizada por cada envase que sea objeto de transacción.
  • Aceptar la devolución o retorno de los residuos de envases y envases usados cuyo tipo, formato o marca comercialicen, devolviendo la misma cantidad que haya correspondido cobrar de acuerdo con lo establecido en el apartado anterior.

Este sistema se incluye entre las recomendaciones de la Unión Europea a España para mejorar la gestión de sus residuos y como uno de los instrumentos económicos y medidas para incentivar la aplicación de la jerarquía de residuos previstos en la Directiva (UE) 2018/851 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 30 de mayo de 2018, por la que se modifica la Directiva 2008/98/CE sobre los residuos.

Contra este sistema, cuya implantación en España (en contra de lo estipulado en las directivas y recomendaciones europeas) lleva más de 20 años de retraso, se está divulgado un decálogo de mentiras que pasamos a analizar.

  • El SDDR rompe la máxima “Reciclar es un deber”.

¿Reciclar es un deber? La normativa establece una jerarquía de residuos que como orden de prioridades en la legislación y la política sobre la prevención y la gestión de los residuos:

  1. prevención;
  2. preparación para la reutilización;
  3. reciclado;
  4. otro tipo de valorización, por ejemplo, la valorización energética; y
  5. eliminación.

Igualmente se establece que quienes ponen en el mercado productos que con su uso se convierten en residuos tienen que asumir la gestión de esos residuos. El fabricante de un producto, en la fase de diseño, es el que decide los materiales, durabilidad, posibilidades de arreglo, reutilización o reciclado de ese material.

Por cierto, el deber de las personas que generamos residuos en el ámbito doméstico es entregar esos residuos a los sistemas de recogida. Reciclar no es tirar cosas a contenedores de colores, eso viene después y es deber de otros agentes

Así pues, el SDDR no rompe la máxima de “Reciclar es un deber” lo que hace es evitar que la responsabilidad de la gestión de residuos se traslade al consumidor. Porque efectivamente, una vez que no se ha prevenido el residuo y no se ha podido reutilizar, el último usuario de un producto debe entregarlo para su gestión como residuo.

La diferencia es si ese residuo va de vuelta a quien lo puso en el mercado vía SDDR o no. Es decir, si quien hace negocio con ese producto que se convierte en residuo se encarga de su reciclaje o si traslada esa responsabilidad -y los costes- a otros.

  • El SDDR incrementa el precio de la cesta de la compra.

La propia normativa establece que quien cobra el depósito debe devolver esa misma cantidad a quienes retornan los residuos dentro del SDDR. Luego es un sistema que, por ley, no puede encarecer la cesta de la compra.

Es decir, si me cobran 10 céntimos por cada envase sujeto a SDDR, cuando vuelvo al establecimiento con esos envases vacíos recupero mis 10 céntimos. El sistema consigue que los residuos se depositen adecuadamente con un incentivo económico: si a mi no me importan los 10 céntimos y abandono el envase pude que otra persona decida recogerlo para recuperar esos 10 céntimos.

  • El SDDR ataca directamente al pequeño comercio.

De todas las mentiras del decálogo esta es la más increíble. Resulta que el pequeño comercio ha funcionado históricamente a granel y con envases reutilizables. Quizá la memoria colectiva lo ha perdido, pero cuando los envases eran de vidrio reutilizable no había grandes superficies para consumidores domésticos, la compra se hacía en pequeños comercios de proximidad. El casco retornable se llevaba a la bodega de la esquina, no se cogía el coche para ir a un centro comercial.

Las grandes superficies y las corporaciones multinacionales de distribución de productos envasados son las que acabaron con el modelo del envase reutilizable e instauraron el de usar y tirar. ¿Para qué? Para cerrar el pequeño comercio local y de proximidad, concentrando a miles de consumidores en centros comerciales a los que podían acudir a comprar compulsivamente, sin preocuparse de los envases y de las necesidades reales de su día a día.

El SDDR perjudica a esas grandes superficies, planteadas en un sistema de producción y consumo lineal, en las que no cabe la posibilidad de aceptar de vuelta millones de unidades de envases vacíos. Para eso inventaron el contenedor amarillo y por eso atacan el SDDR.

  • El SDDR perjudica el medio ambiente.

Resulta que un sistema de depósito, devolución y retorno permite recuperar los envases uno a uno y prepararlos para su reutilización. ¿Cuál es la alternativa al SDDR? Los contenedores de colores ¿Cómo recuperas un envase del contenedor amarillo para su reutilización? ¿La recogida en el contenedor verde permite la reutilización del vidrio?

Se habla mucho de economía circular. Pues la forma de recoger envases para su reutilización es, precisamente, mediante sistemas de depósito, devolución y retorno. Si los distribuidores no aceptan de vuelta los envases vacíos están fomentando una economía lineal que apunta a un vertedero o a una incineradora como destino para los residuos de envases.

Por otro lado hay que analizar los modelos de producción y consumo de los envases retornables frente a los que promueve el envase de usar y tirar. Con envases de usar y tirar nos vamos a cadenas lineales de producción y consumo, donde se concentra la producción y se alarga la distancia recorrida por los productos envasados. Donde se destruyen puestos de trabajo y se cierran pequeños establecimientos de proximidad.

¿Lo comparamos con un sistema en el que los envases vacíos vuelven al distribuidor en un esquema de logística inversa que utiliza los mismos camiones en los que se hace el reparto? ¿Quién gasta más combustible? ¿Quién tiene más emisiones? ¿Un modelo de usar y tirar con camiones de reparto que vuelven vacíos y camiones de basura que también inician y finalizan su ruta sin carga o una logística inversa basada en SDDR?

  • El SDDR aumenta la suciedad en las calles.

En el SDDR todos los envases adheridos tienen un valor, por lo que existe un incentivo para su recogida. Mira las calles y dime que suciedad ves. Vale, olvida los excrementos caninos y las hojas secas. Botellas, latas, envases de plástico… si se comercializasen sujetos a SDDR no estarían ensuciando las calles:

  • Primero porque la mayoría de los consumidores tendrían un incentivo para devolver el envase al establecimiento donde compraron el producto envasado.
  • Segundo porque quien encontrase esos envases abandonados tendría un incentivo para llevarlo a un punto de recogida donde recuperar el depósito.

Se argumenta que la rebusca de envases por personas indigentes podría causar más suciedad en las calles. La cuestión es ¿qué se rebusca actualmente en los contenedores? Residuos con algún valor.

Los envases ligeros no valen nada para esos rebuscadores que, básicamente, tratan de encontrar objetos de metal con peso suficiente para conseguir unos pocos euros en alguna chatarrería cercana. Su actividad ensucia las calles de envases que no tienen valor porque nadie se los compra. Si consiguiesen más dinero recogiendo los envases abandonados que metiéndose en los contenedores de basura a buscar restos metálicos, tendrían un incentivo para dejar de hacerlo.

  • El SDDR tiene un coste desorbitado.

Es curioso que esta mentira se basa solo en el coste de implantar el SDDR, no considera los costes del sistema actual de contenedores de colores. Es como si los camiones y los cubos de basura fuesen gratis. Pero tampoco entra en la cuestión clave ¿Quién asume los costes de la gestión de residuos? La legislación establece que deben ser asumidos por quien pone en el mercado los productos que con su uso se convierten en residuos.

Con un SDDR todo el coste de la gestión de residuos queda en las empresas que venden productos sujetos a SDDR, mientras que con un sistema de contenedores de colores el coste se traslada a los municipios que recogen sus residuos con estos contenedores y los ciudadanos que pagan impuestos y tasas para que el sistema funcione.

¿Cuánto te cuesta aparcar el coche en la calle? ¿Cuánto ubicar un contenedor de obra delante de tu portal para recoger los escombros de una reforma en tu piso? La recogida selectiva no paga por el espacio que ocupa en las calles de las ciudades.

El coste del SDDR no es desorbitado, es justo. Exactamente lo que tienen que pagar quienes ponen en el mercado productos que con su uso se convierten en residuos. Por el contrario, los contenedores de colores trasladan costes al conjunto de la sociedad. Mucho más barato para las multinacionales de la distribución, pero no para los ciudadanos ni para los ayuntamientos.

La ventaja del SDDR es que el agente con capacidad de decidir sobre el envase percibe el coste y puede tomar medidas adecuadas y pertinentes para aplicar la jerarquía de residuos en su modelo de negocio.

  • El SDDR dificulta el reciclaje.

El principal problema de la recogida de residuos con contenedores es la mezcla de distintos tipos de residuos y materiales que luego hay que tratar en plantas de clasificación de residuos para volver a separarlos y conseguir materiales homogéneos que puedan utilizarse como materias primas. ¿Cómo dificulta esto la recogida separada de envases uno a uno? De ninguna manera. Recuerda que estamos desmontando un decálogo de mentiras y algunas, como esta, caen por su propio peso. Los sistemas de depósito, devolución y retorno consiguen materiales más atractivos para las empresas que se dedican al reciclaje.

Los envases que no son reciclables no pasan a serlo porque estén fuera o dentro de un SDDR. El contenedor amarillo da cabida a toneladas de envases que no se pueden recuperar ni reciclar, pero se venden dentro del mismo sistema de que otros que sí lo son. Así se camufla impacto ambiental de los envases que no se recuperan, pero con la contrapartida de que se encarece la clasificación de residuos y muchos de los que se recuperarían en un SDDR se pierden mezclados con los que no se pueden reciclar.

Nuevamente un SDDR podría mejorar el reciclaje enviando una señal a los distribuidores: si vuestros vacíos envases tienen un valor en el mercado de las materias primas el SDDR tiene un coste menor que si, por el contrario, nadie quiere el material que se obtiene de vuestros envases residuales. Con el sistema del contenedor amarillo los residuos de envases que no se recuperan van a incineradoras y vertederos al mismo coste, para el distribuidor de producto envasado, que los que sí reciclan.

envases de plástico recuperados y listos para el reciclaje

  • El SDDR ha sido rechazado por los países que lo han estudiado.

Esta es una verdad a medias, que casi puede ser peor que una mentira. El SDDR funciona en muchos países y regiones del mundo. Algunos lo estudian y lo incorporan a sus modelos de gestión de residuos. En otros van las corporaciones multinacionales de distribución de productos envasados y crean grupos de presión para que la opinión pública rechace el SDDR.

Si te interesa el tema, en este enlace tienes una entrevista sobre cómo se obstaculiza el avance de los SDDR y el ejemplo de la Comunidad Valenciana, pionera en estudiar el modelo.

  • El SDDR no está implantado en Bélgica, que es el ejemplo a seguir.

Está implantado en otros países que también son ejemplo a seguir. ¿Por qué elige Bélgica el autor del decálogo de mentiras? ¿Qué pasa en Bélgica que no pasa en España? Analizar el caso belga y compararlo con el español o con otros países con SDDR excede el objetivo de este artículo. Sí cabría destacar que, de modo general, los países con SDDR gestionan mejor sus residuos que aquellos que no lo tienen. Realizar esa comparativa a escala global también excede el objetivo de este artículo.

En cualquier caso, es pertinente a recordar que la Unión Europea propone a España considerar la implementación de sistemas de depósito y devolución para mejorar la gestión de sus residuos y avanzar en materia de reciclaje. Puedes leer al respecto en este enlace.

  • El SDDR, por tanto, solo tiene un beneficiado.

Efectivamente, el SDDR solo tiene un beneficiario: el conjunto de la sociedad. No perdamos de vista que SDDR no es una propuesta concreta de una empresa determinada, es un instrumento económico que se puede implantar de muchas formas y con muchos matices.

Quienes atacan el SDDR se centran en una forma de entenderlo que les permite hacer análisis a la medida de sus intereses particulares. Pero los sistemas de depósito, devolución y retorno admiten varias opciones que redundan en un menor impacto ambiental, económico y social en la gestión de envases, empezando por la aplicación de la jerarquía de residuos.

Frente al contenedor amarillo, que destina los residuos -en el mejor de los casos- a un reciclaje de baja calidad, tenemos la posibilidad de implantar sistemas de depósito, devolución y retorno basados en envases reutilizables.

Seguro que podemos encontrar más argumentos en favor y en contra de los sistemas de depósito, devolución y retorno, pero no hace falta mentir para imponer un modelo de recogida de gestión sobre otros posibles.

Puedes leer y comentar el artículo completo en productor de sostenibilidad

¿Reciclas en vacaciones?

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

De un tiempo a esta parte va calando el mensaje sobre el impacto de los residuos de usar y tirar. Los medios de comunicación han dedicado bastante atención a este problema en los últimos tiempos y parece que cada vez más gente tiene clara la importancia de participar en los sistemas de recogida selectiva de residuos.

En nuestros hogares vamos incorporando hábitos para separar correctamente nuestras basuras y depositarlas en los contenedores adecuados para que reciban el mejor tratamiento posible. Pero… ¿Qué ocurre cuando llegan las vacaciones? ¿Nos relajamos y dejamos de participar en el sistema de recogida selectiva?

Las campañas de comunicación de las empresas responsables de los sistemas de recogida selectiva, con Ecoembes a la cabeza, nos intentan concienciar de la importancia de separar adecuadamente los residuos, también en verano. ¿Qué pasa cuando vamos a entregar nuestros residuos al contenedor?

  • Que no hay contenedores de recogida selectiva: muy frecuente en municipios que, por el tamaño de su población, no tienen obligación de implantar sistemas de recogida selectiva de residuos domésticos. No tiene mayor importancia, si presentas la basura seleccionada facilitarás su tratamiento posterior, en caso de que exista tal cosa. Puede incluso que estés en un pueblo tan pequeño que no tenga supermercados y hagas la compra a granel, en las tiendas del pueblo o a vendedores ambulantes, con lo que generarás menos envases de usar y tirar que de costumbre.
  • Que el contenedor amarillo está lleno, rebosando y los residuos se acumulan por todas partes: Es un fallo de planificación. Estás en un municipio que en periodos vacacionales multiplica su población y el sistema de recogida selectiva no es capaz de asimilar la inmensa cantidad de basura que se genera en estas fechas. Y lleva 20 años sin solucionar el problema.

En el segundo caso quizá te sientas desmotivado y decidas que no merece la pena el esfuerzo. Le pasa a mucha gente, más si ve que todos los envases que han quedado fuera del contenedor amarillo van, con el resto de basura recogida por los servicios de limpieza, a vertedero. Otras veces son arrastrados por el viento al alcantarillado o directamente al campo o al mar. ¿Hay solución para esta escena que se repite año tras año?

Sí, claro que la hay. Una bien sencilla: implicar a quienes ponen en el mercado esos envases de usar y tirar. El modelo del contenedor amarillo hipoteca las opciones de atender la fluctuación estacional en la generación de residuos. Básicamente porque la infraestructura de recogida depende de ayuntamientos que no tienen flexibilidad para ampliar plantillas de trabajadores, flotas de vehículos de recogida, dotaciones de contenedores… La buena noticia es que sí hay un agente que tiene esa flexibilidad. Y no solo eso, coincide con el agente que se beneficia de esa fluctuación estacional en el consumo de producto envasado: las cadenas de supermercados.

Igual que hacen el agosto vendiendo a la población multiplicada por efecto del turismo, tienen en su mano la solución al problema de la creciente generación de residuos de envases: bastaría con que admitiesen en sus establecimientos la devolución de los envases vacíos. De esta forma se evitaría saturar los contenedores, los residuos no quedarían abandonados por las calles y se reduciría la carga adicional a las arcas públicas del modelo de distribución y comercio con envases de usar y tirar.

¿Reciclas en vacaciones? No. Igual que el resto del añ,o participas en un sistema de recogida que debería tener como finalidad la valorización y el reciclaje de tus residuos. Para que realmente los envases de plástico puedan ser reciclados y no sigan llenando vertederos e incineradoras necesitamos mejorar el sistema de recogida. Y una buena estrategia sería cambiar el modelo por uno que premiase a quien devuelve los envases usados al comercio en vez de fomentar el abandono de la basura alrededor de los contenedores de recogida selectiva.

Puedes leer y comentar el artículo completo en productor de sostenibilidad

Residuos de envases: ya pagamos por generación.

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Las novedades europeas en materia de gestión de residuos incluyen propuestas para mejorar la gestión de cara a avanzar en la consecución de objetivos cada vez más ambiciosos. El desafío es un una magnitud que exige medidas a la altura del impacto que estamos causando. Una de ellas es el pago por generación, un instrumento sobre el que llevamos algo más de un año escuchando bastante información. En España ya funciona un sistema de pago por generación de residuos de envases ¿lo repasamos?

Un sistema de pago por generación de residuos implica que cuantos más residuos tiras más pagas. Así lo recoge la Directiva (UE) 2018/851 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 30 de mayo de 2018, por la que se modifica la Directiva 2008/98/CE sobre los residuos:

Sistemas de pago por generación de residuos (pay-as-you-throw) que impongan tasas a los productores de residuos según la cantidad real de residuos generados y proporcionen incentivos para la separación en origen de los residuos reciclables y para la reducción de los residuos mezclados.

En España este mecanismo podemos encontrarlo en varios ámbitos, pero en el caso doméstico está implantado en los envases y residuos de envases. La modalidad no es “paga por lo que tiras” si no “paga por lo que compras que luego vas a tirar”. Cada consumidor, cuando compra un producto envasado está contribuyendo al tratamiento y reciclaje del residuo que generará ese envase. Es el punto verde, un mecanismo financiero con el que las corporaciones del producto envasado cumplen sus obligaciones legales.

En la práctica cuantos más productos envasados consumas más pagas. Si utilizas muchos envases de usar y tirar pagas más que otras personas que tengan en cuenta este criterio a la hora de hacer la compra. Sí, el argumento de si tiras algo lo pagas es un buen titular para un contenido patrocinado. Pero cuando lo que tiro es un envase… ya pagué por su gestión como residuo cuando lo compre ¿tengo que volver a pagar cuando lo tiro?

Este sistema de pago por generación lo gestionan organizaciones privadas cuyos socios son corporaciones del producto envasado y a las que se adhieren las empresas que utilizan envases de usar y tirar en su modelo de negocio y, por tanto, tienen que cubrir el coste de la gestión de los residuos que se generan con esos envases.

Últimamente estamos escuchando en los medios a los gestores de este sistema hablar muy bien de nuevos modelos de pago por generación. En su discurso prometen nuevos ingresos y fuentes de financiación para las administraciones competentes en la gestión de residuos. Y a los responsables municipales parece gustarles la idea.

El problema es ¿Quién y cómo consigue incluir nuevos modelos de pago por generación? ¿Van a resolver el problema de la recogida de los residuos urbanos? ¿Reducirán las basuras de origen doméstico? El problema es que incluir sistemas “pay-as-you-throw” implica dotar a las ciudades de una capacidad tecnológica y unos mecanismo de vigilancia que actualmente no existen. Y cuyo coste hay que pagar.

Para poder penalizar a las personas que tiran más basura, o a aquellos individuos que no participan correctamente en los sistemas de recogida selectiva, lo primero que tendría que ocurrir es que dejásemos de tirar nuestra basura de forma anónima. ¿Va a ir el basurero llamando a cada puerta y mirando que hay en cada bolsa que tiramos? ¿Vamos a instalar un sistema de identificación personal en los contenedores para identificar quien los utiliza en cada momento? ¿Cómo se comprueba que lo que dice que tira es lo que realmente está tirando?

No, ninguna de las preguntas supone un reto irresoluble. Todas las cuestiones se solucionan con mano de obra y tecnología. Mucha mano de obra y tecnología muy cara. ¿Pueden permitirse eso los ayuntamientos españoles? Sí. A cargo de los impuestos y las tasas que se cobran a los ciudadanos particulares. ¿Estamos dispuestos a pagar ese coste? ¿Va a solucionar el problema de limpieza de nuestras calles y nuestros parques? ¿Va a terminar con los residuos abandonados?

La cuestión es que podemos seguir encareciendo el sistema de recogida de basura con la excusa de mejorar el reciclaje o podemos optimizar el que ya tenemos. Si los ayuntamientos no tienen suficientes recursos económicos para recoger los envases que quedan abandonados por las calles, plazas y jardines ¿no sería bueno que se los pidiesen al actual sistema integrado de gestión? Si las comunidades autónomas no tienen dinero para mejorar la capacidad de tratamiento de los residuos que se recogen ¿quizá es que los responsables de la puesta en el mercado de los envases de usar y tirar no están contribuyendo suficientemente a su correcto tratamiento?

Actualmente contamos con distintos mecanismos de pago por generación de residuos de envases. Pero no funcionan. A penas son capaces de recoger un tercio de los envases que deberían estar procesando y reciclando. ¿Quizá es que no son capaces de trasladar el coste real del problema a quienes tienen que tomar decisiones? Si, como consumidor, percibiese una señal en el precio del producto envasado que me permitiese tomar decisiones en relación a su impacto real podría decidir más racionalmente cómo hago la compra.

Nuestro punto verde no está trasladando al precio del producto envasado en plásticos de usar y tirar el coste de la gestión y tratamiento del plástico. Y el sistema integrado de gestión no está asumiendo el 100% de los costes que genera a los ayuntamientos en la recogida y tratamiento de los envases que está poniendo en el mercado.

Eso sí, los responsables de los sistema integrados de gestión de envases de usar y tirar están susurrando a los responsables públicos cantos de sirena para que miren hacia otro lado. Prometen nuevos ingresos que requieren fuertes inversiones. Decisiones que hipotecan las opciones de implantar otros modelos de gestión. ¡Qué sorpresa! Las grandes corporaciones piden trasladar el coste del impacto de sus actividades al bolsillo de los ciudadanos particulares. ¿Los que ya estamos pagando tres veces por nuestros residuos tenemos que pagar una más?

contenedor amarillo con la pintada eche aquí a su político

Quizá, aplicando el principio de responsabilidad ampliada del productor, deberíamos conseguir es que sean esas corporaciones del producto envasado las que perciban el coste ambiental de su modelo de negocio. Que decidan dejar de poner en el mercado envases de usar y tirar. Favorecer un comercio local y de proximidad, con menor impacto social, ambiental y económico. Pero solo quizá. Es más cómodo trabajar 12 horas al día para poder acudir una vez al mes a llenar el maletero en un gran centro comercial y pagar por una infraestructura de gestión de residuos que permite evadirse de sus responsabilidades a quienes se lucran con ese modelo de consumo.

Puedes leer y comentar el artículo completo en productor de sostenibilidad

Documental: La huella del plástico

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

‘La huella del plástico’ es un documental radiofónico y transmedia que analiza el tema del plástico, la situación del su reciclaje en España, el impacto que tiene sobre el medio ambiente y nuestro modo de vida, así como las posibles alternativas para remediarlo. Una joya de la divulgación ambiental en relación al problema de los plásticos de usar y tirar.

Es un trabajo bastante equilibrado, en el que participan todos los agentes implicados, desde la industria del plástico (con PlasticsEurope), o las corporaciones de la distribución de producto envasado (representadas en ecoembes), a las asociaciones ecologistas en la voz de Julio Barea, responsable de campaña de Greenpeace. También se puede escuchar, en la parte más divulgativa, la experiencia de consumidores concienciados, como son Patricia y Fernando (que pasaron por este blog hace algún tiempo). No faltan argumentos científicos: Salud Deudero del Centro Oceanográfico de las Baleares, Pilar Marín de Oceana, Juan Conesa por la Universidad de Alicante, o Julio San Román del CSIC. Ni organizaciones o empresas relacionadas con la gestión de residuos como Retorna. Y expertos en embalajes en la voz de Philippe Fèvre, Oriol Segarra o Carlos Mateos.

En el capítulo de expertos aporté mi granito de arena. Queda (como vengo haciendo en el blog) en aportar información contrastada frente a la propaganda de la industria del envase de usar y tirar. Ponerle voz a lo que otros no quieren o no pueden permitirse el lujo de decir. Aquí una muestra de lo que encontraréis en el audio completo.

Por mi parte creo que no queda más que felicitar a Marina Cestau, Julio Leyte,  Álex Merayo, Laura Odene y Álvaro Estévez por un trabajo brillante y valiente. Espero que sea uno de los muchos pasos que se necesitan para mejorar la transparencia en materia de gestión de residuos y avanzar hacia un modelo de producción y consumo más sostenible. Gracias.

Puedes leer y comentar el artículo completo en productor de sostenibilidad

Más reciclaje no resuelve la contaminación por plásticos

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Matt Wilkins publica una interesante columna en Scientific American en la que afirma que “es mentira que los consumidores derrochadores causen el problema y que cambiar nuestros hábitos individuales pueda solucionarlo”. Un interesante repaso al problema del plástico de usar y tirar que me permito resumir, comentar y adaptar libremente en esta entrada, pero que te recomiendo leer su fuente original, siguiendo el enlace que inicia este párrafo.

Sí, todos podemos hacer algo para mejorar nuestro impacto, en particular el que causamos con el plástico que consumimos. A pesar de las críticas al modelo de recogida, es imprescindible participar en él para conseguir que funcione el reciclaje. Pero para solucionar el problema hay que empezar por reconocer la magnitud del mismo y la responsabilidad de los distintos agentes que intervienen.

Ante un problema enorme, de dimensiones planetarias, no podemos actuar mintiendo. Matt Wilkins dice algo así como que:

Reciclar plástico es a salvar la Tierra como clavar un clavo es a detener el derrumbe de un rascacielos. Te esfuerzas por encontrar un lugar para hacerlo y te sientes satisfecho cuando lo logras. Pero su esfuerzo es totalmente inadecuado y distrae del verdadero problema de por qué el edificio se está cayendo realmente.

El verdadero problema es que el plástico de un solo uso es un abuso increíblemente imprudente de tecnología. Alentar a las personas a reciclar más nunca resolverá el problema de una producción masiva de plástico de un solo uso que debería haberse evitado.

Y plantea el ejemplo de las bolsas de plástico del supermercado: se utilizan, de media, durante 12 minutos pero persisten en el medio ambiente durante quinientos años. Cita las evidencias científicas que vamos acumulando sobre los riesgos relacionados con los plásticos de usar y tirar. La lenta degradación de los plásticos en la naturaleza, las amenazas a la vida silvestre, que es un vector de toxicidad, que algunas especies confunden el plástico con su alimento, que se acumula en la cadena alimentaria, que llega a nuestra dieta en el pescado

Si los consumidores tenemos la culpa, ¿cómo es posible que no reaccionemos cuando un estudio informa que habrá más plástico que peces en los océanos para 2050? Yo diría que la respuesta simple es que es difícil. Y la razón por la cual es difícil tiene una historia interesante.

A continuación Matt Wilkins explica cómo en la década de 1950, las grandes multinacionales de bebidas como Coca-Cola y Anheuser-Busch, con otras corporaciones como Phillip Morris crearon la organización de concienciación ambiental, sin ánimo de lucro: Keep America Beautiful. Uno de sus primeros y más duraderos impactos fue llevar “litterbug” al léxico estadounidense a través de sus campañas de publicidad contra individuos no concienciados. El artículo analiza las campañas publicitarias de esta organización, que llevan a los consumidores a imaginar la reencarnación de botellas y cajas de champú.

El problema de estas campañas es que desvían la atención sobre el papel que juegan las corporaciones en el problema del plástico. Mientras hacen publicidad de buen rollo, contribuyen dirigir el foco hacia el comportamiento del consumidor y frustran activamente la legislación que aumentaría la responsabilidad ampliada del productor, cuyo modelo de negocio se beneficia de los envases de usar y tirar y la creciente generación de residuos. El autor ejemplifica en su columna varios casos en los que se intentó reducir la producción de residuos, pero la presión de las corporaciones a través de campañas de lavado de imagen frenó esas iniciativas.

De hecho, el mayor éxito de Keep America Beautiful ha sido trasladar la carga de la responsabilidad ambiental al público y al mismo tiempo convertirse en un nombre de confianza en el movimiento ecologista. Este error psicológico ha creado el apoyo público para un marco legal que castiga a los individuos con fuertes multas o cárcel, mientras que casi no impone responsabilidad a los fabricantes de plástico por los numerosos riesgos ambientales, económicos y de salud generados por sus productos.

En este punto tengo que salir del artículo, basado en lo ocurrido en los Estados Unidos de Norteamérica, y marcar el paralelismo con lo que está pasando en España, con 60 años de diferencia. Podemos cambiar “litterbug” por “basuraleza” y tenemos la misma estrategia: incluir una palabra en el vocabulario de la ciudadanía para despistar la atención sobre el problema de los envases de usar y tirar.

En EEUU lo hicieron en la década de 1950 y, con la experiencia acumulada, lo trasladan a la España de los 2010. En vez de hablar de Keep America Beautiful hablamos del proyecto libera y tenemos la misma campaña de los grandes responsables de los productos de usar y tirar apropiándose del discurso ecologista. Es más, por el módico precio de 5.000 euros donados a una ONG, una corporación multinacional de productos envasados (Procter & Gamble) y una empresa que los distribuye (Carrefour) nos hacen soñar con la reencarnación de sus residuos en nuevos productos.

Nada de esto llamaría la atención si hubiésemos estado pendiente del curriculum de las personas que se dedican a la comunicación en materia de residuos. Un número sospechosamente alto viene de la industria del tabaco, una de las implicadas en la puesta en marcha de Keep America Beautiful. Reproducir el experimento en nuestro país era un juego de niños. ¿Quién se iba a negar a pasar de vender cigarrillos a la puerta de los colegios a inculcar a los niños el uso de botellas de usar y tirar?

Volviendo al artículo que inspira esta entrada, el autor continúa comentando algunas de las modestas iniciativas que, gracias a quienes luchan contra la corriente de plásticos de usar y tirar aceptados como parte de un modelo de consumo moderno, han ido calando en distintos lugares. Y finalmente se nos proponen tres líneas de trabajo. Entonces, ¿qué podemos hacer para que el uso responsable del plástico sea una realidad?  Las resumo en:

  • Primero: rechazar la mentira. Los individuos operamos dentro de unas limitaciones de tiempo, ancho de banda mental y restricciones sistémicas. Nuestro gran problema con el plástico es el resultado de un marco legal permisivo que ha permitido el aumento descontrolado de la contaminación por plástico, a pesar de la clara evidencia del daño que causa a las comunidades locales y los océanos del mundo.
  • Segundo: habla sobre nuestro problema plástico en voz alta y con frecuencia: comenzando conversaciones sobre el tema con la familia y los amigos. Pide a los representantes públicos una mayor responsabilidad del productor y sistemas para la reutilización y el reciclaje. Hay indicios de que algunas empresas también escuchan las opiniones de los consumidores.
  • Tercero: piensa en grande. Ahora se habla mucho de residuo cero. En lugar de tratar de reducir el desperdicio en una pequeña fracción, algunos individuos y comunidades están cambiando su estilo de vida para asegurarse de que casi todo se reutilice, recicle o composte. Las pajitas no reciclables y las tapas para tazas para llevar no caben en este sistema. Aunque inspirador, un estilo de vida de desperdicio nulo será poco práctico o imposible para la mayoría de nosotros dentro de los sistemas económicos actuales. Una alternativa es el modelo de economía circular, donde los desechos se minimizan al planificar de antemano cómo los materiales pueden reutilizarse y reciclarse al final de la vida de un producto en lugar de tratar de resolverlo después.

Por último destacar la conclusión de Matt Wilkins: Este podría ser nuestro futuro: un futuro de ciudades, ríos y playas limpios, pero también elecciones más simples y más responsables para los consumidores. Ahora hay demasiados humanos y demasiado plástico en este punto azul pálido para continuar planificando nuestras expansiones industriales trimestralmente. Es hora de dejar de culpar a los consumidores por nuestra crisis de plástico y exigir un sistema mejor.

Puedes leer y comentar el artículo completo en productor de sostenibilidad

¿Cuántos envases se reciclan en Castilla y León?

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

¿Cuántos envases se reciclan en Castilla y León?

Con la excusa de preparar mi participación en el foro “Municipios frente al cambio climático. Una visión desde la gestión sostenible” celebrado en Ciudad Rodrigo, me reservé un rato para analizar los datos y las estadísticas de reciclaje en Castilla y León. Quizá podía haber bajado a una escala más local, pero quería utilizar información pública y publicada. El resultado, unos datos que paso a analizar y unas conclusiones que espero podamos comentar cuando termines de leer esta entrada.

Para hacer cuentas utilicé los datos de recogida y reciclaje de residuos de 2015, que son los últimos disponibles en la web de medio ambiente de la Junta de Castilla y León y aparecen publicados en el Anuario Estadístico de Castilla y León 2017. También eché mano del Plan Integral de Residuos de Castilla y León para poder hacer algunas estimaciones.

¿Qué datos encontramos en estas estadísticas oficiales relativas a la gestión de residuos en Castilla y León? Pues los que encontráis en las tablas imágenes que acompañan estas palabras.

Resumiendo mucho, Castilla y León, en 2015 recogió un total de 993.867 toneladas de residuos domésticos y comerciales, de ellas:

  • Se recogieron 856.061 toneladas en la modalidad “todo uno” o resto (lo que se recoge mezclado sin separar en ese contenedor que no es amarillo, verde, azul o marrón exclusivo para materia orgánica).
  • Se obtuvieron 137.806 toneladas de la recogida selectiva (de los contenedores de colores para envases, vidrio, papel y cartón o materia orgánica).

En esa recogida selectiva encontramos:

  • Fracción orgánica: 31.877 t.
  • Envases ligeros: 21.661 t.
  • Papel-cartón: 43.442 t.
  • Vidrio: 40.826 t.

¿Qué es lo que llama la atención? Pues que de la caracterización de los residuos de Castilla y León en el contenedor “todo uno” se estarían tirando:

  • Un 7,47% de envases de vidrio.
  • Un 9,18% de envases de papel y cartón.
  • Un 15,36% de envases propios del contenedor amarillo.

Si multiplicamos conseguimos un resultado similar al que hemos encontrado analizando los datos de Asturias o Madrid. En este caso resulta que el contenedor de restos habría recogido:

  • Unas 68.362,51 toneladas de vidrio.
  • Unas 84.011,75 toneladas de papel y cartón.
  • Unas 140.568,69 t envases propios del contenedor amarillo.

Así pues, si comparamos los datos de la recogida selectiva con los del contenedor de restos, tenemos que para el vidrio o el papel y cartón se recoge una parte importante (casi dos tercios) en este contenedor. Pero para el caso de los envases del contenedor amarillo el resultado es alarmante: el 86 % de los residuos de envases ligeros recogidos en Castilla y León provienen del contenedor de restos.

Afortunadamente, en contra de lo que ocurría con los residuos asturianos, en Castilla y León se procesa el contenedor de restos y se recuperan algunos materiales. Así, a pesar de que el 74,58 % de esta fracción se destina a eliminación, se consiguen rescatar (sin entrar en el tratamiento de la materia orgánica):

  • 978 toneladas de metales.
  • 385 toneladas de plásticos.
  • 424 toneladas de vidrio.
  • 698 toneladas de papel y cartón.
  • 514 toneladas de “compuestos”.
  • 796,19 toneladas de “otros metales”.

¿Para qué sirven estos datos? Para analizar los resultados del modelo de recogida selectiva basada en contenedores de colores: los dedicados a residuos de un tipo concreto de material (vidrio y papel/cartón) están recogiendo un porcentaje aceptable de los residuos a los que van destinados sus respectivos colores (verde y azul). Pero el contenedor amarillo no da muy buenos resultados a la hora de recoger “envases ligeros”.

¿Analizamos los datos?

El primero ya lo teníamos, es una estimación a partir de la caracterización de residuos. Nos habla de que un 86% de los envases ligeros se recogen en el contenedor de restos. Podemos echar la culpa al eslabón más débil de la cadena: el usuario del sistema de recogida. Pero vamos a rascar algún dato más antes de sacar conclusiones.

¿Cuántos envases ligeros se recuperaron en cada contenedor?

  • De las 21.661 toneladas de la recogida selectiva se rescataron 14.188,75 toneladas de materiales reciclables.
  • De las 140.568,69 t envases propios del contenedor amarillo recogidos en el contenedor “resto”, se recuperaron para reciclaje 19.877 toneladas de materiales asimilables a envases ligeros (excluyendo la partida “otros metales”).
  • Del total de los recogidos, apenas un 21 % de los envases ligeros se recuperan para reciclaje. El 12,25% viene del contenedor de resto frente al 8,75% procedente del contenedor amarillo.

Si vamos al total de materiales recuperados para reciclaje (excluyendo papel y vidrio recogidos selectivamente y los resultados del tratamiento de la materia orgánica) tenemos que el contenedor amarillo permitió rescatar 14.206 toneladas de materiales, frente a las 33.370 toneladas reciclables que se extrajeron del contenedor resto.

contenedor amarillo con la pintada eche aquí a su político

¿Qué conclusiones podemos obtener del análisis de datos?

  • El contenedor amarillo no es un buen sistema para la recogida de residuos. El resultado comparado con otras fracciones recogidas selectivamente en contenedores “monomateriales” es lamentable (37,5% en el caso del vidrio o 34 % para papel y cartón, frente a 14 % de éxito en el caso de envases del contenedor amarillo).
  • Se recuperan más envases ligeros del contenedor de restos que del contenedor amarillo (12,25% frente al 8,75%)
  • El tratamiento de los residuos recogidos incide más en la recuperación de materiales que el sistema de recogida (la recogida todo uno permite rescatar 33.370 toneladas de materiales reciclables, a pesar de tener que descartar cerca del 75% del material recuperado, frente a las 14.188,75 toneladas recuperadas de un contenedor amarillo en el que el 65,58% del material de entrada es recuperable).

Y ahora ¿qué hacemos?

  • Como ciudadanos no nos queda otra que seguir participando en la recogida selectiva.
  • Mejorar los sistemas de recogida selectiva: no nos están permitiendo separar nuestra basura de manera que se puedan alcanzar los objetivos europeos de reciclaje.
  • Dejen de mentir a la opinión pública: basta de decir que el contenedor amarillo funciona bien o que en residuos de envases está todo hecho. Actualmente no somos capaces de dar respuesta a un 30% de los residuos de envases que se recogen. Y no sabemos qué porcentaje del total de los puestos en el mercado son porque no hay datos públicos ni publicados al respecto.
  • Valorar nuevas formas de recoger los residuos de envases: si el contenedor amarillo no da respuesta al 86% de los residuos que se recogen… ¿Por qué no probar sistemas de devolución de envases que sí llegan a la mayoría de los envases adheridos? Rechazar las alternativas o sistemas complementarios al contenedor amarillo sin estudiar su impacto es tomar decisiones injustas a sabiendas de que lo son.
  • Revisar la estructura de costes de los sistemas de gestión. Queridas alcaldesas y alcaldes: si vuestros convenios (los de las mancomunidades en las que estáis integrados, los que os facilitan las provincias o comunidades autónomas de las que formáis parte), con los sistemas integrados de gestión (SIG) de residuos incluyen cláusulas por las que el SIG solo se hace cargo de los envases recogidos selectivamente, estáis trasladando el coste de la recogida y el tratamiento a vuestros ciudadanos. En el caso analizado, el 86 % de los envases ligeros (y porcentajes importantes en los casos de vidrio y papel/cartón) se estarían gestionando a cuenta del presupuesto municipal. ¿Por qué si el consumidor paga por el 100% de los envases que compra se le cobran impuestos para tratar el 86%? ¿Revisamos esos convenios y exigimos que se cumpla la responsabilidad ampliada del productor para el 100% de los residuos de envases?
  • Aplazar ideas peregrinas. ¿Pago por generación? Suena muy bien, pero tenemos problemas más graves que resolver ¿Destinar presupuesto municipal a contenedores inteligentes? ¿Ponerle un chip al contenedor amarillo y complicarle la vida a quienes están separando bien actualmente va a resolver el problema? La cuestión de los ingresos está en que los sistemas integrados cubran el 100% de los costes que generan a los ayuntamientos y sus vecinos (perdón, que me repito, pero no puedo evitar la tentación de recordar el caso valenciano).
  • Una propuesta: recojamos la materia orgánica separada de todo lo demás, mantengamos el contenedor verde y azul como están, hagamos que los envases ligeros se devuelvan a los comercios (a ser posible en esquemas que incluyan la reutilización) y dediquemos el contenedor amarillo a todo lo demás.

Lo dicho. Hay mucho debate sobre el modelo de gestión de residuos. Pero necesitamos información veraz que nos permitan ver el problema más allá de las campañas de propaganda de la industria del envase de usar y tirar. Quizá podamos cambiar algo reclamando a nuestros representantes y responsables políticos que dejen de favorecer un modelo insostenible. Tal vez podamos plantarnos ante quienes nos imponen modelos de consumo insostenible. Pero no podemos seguir haciéndole el juego a un sistema que está acabando con nuestra salud para mantener su modelo de negocio.

Gracias por leer estas reflexiones. También me interesa saber qué opinas tú, ¿qué propones? No dudes en dejar tu comentario para enriquecer la conversación y aportar ideas. Seguro que esto tiene arreglo.

Puedes leer y comentar el artículo completo en productor de sostenibilidad