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¿Cuántos envases se reciclan en Castilla y León?

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

¿Cuántos envases se reciclan en Castilla y León?

Con la excusa de preparar mi participación en el foro “Municipios frente al cambio climático. Una visión desde la gestión sostenible” celebrado en Ciudad Rodrigo, me reservé un rato para analizar los datos y las estadísticas de reciclaje en Castilla y León. Quizá podía haber bajado a una escala más local, pero quería utilizar información pública y publicada. El resultado, unos datos que paso a analizar y unas conclusiones que espero podamos comentar cuando termines de leer esta entrada.

Para hacer cuentas utilicé los datos de recogida y reciclaje de residuos de 2015, que son los últimos disponibles en la web de medio ambiente de la Junta de Castilla y León y aparecen publicados en el Anuario Estadístico de Castilla y León 2017. También eché mano del Plan Integral de Residuos de Castilla y León para poder hacer algunas estimaciones.

¿Qué datos encontramos en estas estadísticas oficiales relativas a la gestión de residuos en Castilla y León? Pues los que encontráis en las tablas imágenes que acompañan estas palabras.

Resumiendo mucho, Castilla y León, en 2015 recogió un total de 993.867 toneladas de residuos domésticos y comerciales, de ellas:

  • Se recogieron 856.061 toneladas en la modalidad “todo uno” o resto (lo que se recoge mezclado sin separar en ese contenedor que no es amarillo, verde, azul o marrón exclusivo para materia orgánica).
  • Se obtuvieron 137.806 toneladas de la recogida selectiva (de los contenedores de colores para envases, vidrio, papel y cartón o materia orgánica).

En esa recogida selectiva encontramos:

  • Fracción orgánica: 31.877 t.
  • Envases ligeros: 21.661 t.
  • Papel-cartón: 43.442 t.
  • Vidrio: 40.826 t.

¿Qué es lo que llama la atención? Pues que de la caracterización de los residuos de Castilla y León en el contenedor “todo uno” se estarían tirando:

  • Un 7,47% de envases de vidrio.
  • Un 9,18% de envases de papel y cartón.
  • Un 15,36% de envases propios del contenedor amarillo.

Si multiplicamos conseguimos un resultado similar al que hemos encontrado analizando los datos de Asturias o Madrid. En este caso resulta que el contenedor de restos habría recogido:

  • Unas 68.362,51 toneladas de vidrio.
  • Unas 84.011,75 toneladas de papel y cartón.
  • Unas 140.568,69 t envases propios del contenedor amarillo.

Así pues, si comparamos los datos de la recogida selectiva con los del contenedor de restos, tenemos que para el vidrio o el papel y cartón se recoge una parte importante (casi dos tercios) en este contenedor. Pero para el caso de los envases del contenedor amarillo el resultado es alarmante: el 86 % de los residuos de envases ligeros recogidos en Castilla y León provienen del contenedor de restos.

Afortunadamente, en contra de lo que ocurría con los residuos asturianos, en Castilla y León se procesa el contenedor de restos y se recuperan algunos materiales. Así, a pesar de que el 74,58 % de esta fracción se destina a eliminación, se consiguen rescatar (sin entrar en el tratamiento de la materia orgánica):

  • 978 toneladas de metales.
  • 385 toneladas de plásticos.
  • 424 toneladas de vidrio.
  • 698 toneladas de papel y cartón.
  • 514 toneladas de “compuestos”.
  • 796,19 toneladas de “otros metales”.

¿Para qué sirven estos datos? Para analizar los resultados del modelo de recogida selectiva basada en contenedores de colores: los dedicados a residuos de un tipo concreto de material (vidrio y papel/cartón) están recogiendo un porcentaje aceptable de los residuos a los que van destinados sus respectivos colores (verde y azul). Pero el contenedor amarillo no da muy buenos resultados a la hora de recoger “envases ligeros”.

¿Analizamos los datos?

El primero ya lo teníamos, es una estimación a partir de la caracterización de residuos. Nos habla de que un 86% de los envases ligeros se recogen en el contenedor de restos. Podemos echar la culpa al eslabón más débil de la cadena: el usuario del sistema de recogida. Pero vamos a rascar algún dato más antes de sacar conclusiones.

¿Cuántos envases ligeros se recuperaron en cada contenedor?

  • De las 21.661 toneladas de la recogida selectiva se rescataron 14.188,75 toneladas de materiales reciclables.
  • De las 140.568,69 t envases propios del contenedor amarillo recogidos en el contenedor “resto”, se recuperaron para reciclaje 19.877 toneladas de materiales asimilables a envases ligeros (excluyendo la partida “otros metales”).
  • Del total de los recogidos, apenas un 21 % de los envases ligeros se recuperan para reciclaje. El 12,25% viene del contenedor de resto frente al 8,75% procedente del contenedor amarillo.

Si vamos al total de materiales recuperados para reciclaje (excluyendo papel y vidrio recogidos selectivamente y los resultados del tratamiento de la materia orgánica) tenemos que el contenedor amarillo permitió rescatar 14.206 toneladas de materiales, frente a las 33.370 toneladas reciclables que se extrajeron del contenedor resto.

contenedor amarillo con la pintada eche aquí a su político

¿Qué conclusiones podemos obtener del análisis de datos?

  • El contenedor amarillo no es un buen sistema para la recogida de residuos. El resultado comparado con otras fracciones recogidas selectivamente en contenedores “monomateriales” es lamentable (37,5% en el caso del vidrio o 34 % para papel y cartón, frente a 14 % de éxito en el caso de envases del contenedor amarillo).
  • Se recuperan más envases ligeros del contenedor de restos que del contenedor amarillo (12,25% frente al 8,75%)
  • El tratamiento de los residuos recogidos incide más en la recuperación de materiales que el sistema de recogida (la recogida todo uno permite rescatar 33.370 toneladas de materiales reciclables, a pesar de tener que descartar cerca del 75% del material recuperado, frente a las 14.188,75 toneladas recuperadas de un contenedor amarillo en el que el 65,58% del material de entrada es recuperable).

Y ahora ¿qué hacemos?

  • Como ciudadanos no nos queda otra que seguir participando en la recogida selectiva.
  • Mejorar los sistemas de recogida selectiva: no nos están permitiendo separar nuestra basura de manera que se puedan alcanzar los objetivos europeos de reciclaje.
  • Dejen de mentir a la opinión pública: basta de decir que el contenedor amarillo funciona bien o que en residuos de envases está todo hecho. Actualmente no somos capaces de dar respuesta a un 30% de los residuos de envases que se recogen. Y no sabemos qué porcentaje del total de los puestos en el mercado son porque no hay datos públicos ni publicados al respecto.
  • Valorar nuevas formas de recoger los residuos de envases: si el contenedor amarillo no da respuesta al 86% de los residuos que se recogen… ¿Por qué no probar sistemas de devolución de envases que sí llegan a la mayoría de los envases adheridos? Rechazar las alternativas o sistemas complementarios al contenedor amarillo sin estudiar su impacto es tomar decisiones injustas a sabiendas de que lo son.
  • Revisar la estructura de costes de los sistemas de gestión. Queridas alcaldesas y alcaldes: si vuestros convenios (los de las mancomunidades en las que estáis integrados, los que os facilitan las provincias o comunidades autónomas de las que formáis parte), con los sistemas integrados de gestión (SIG) de residuos incluyen cláusulas por las que el SIG solo se hace cargo de los envases recogidos selectivamente, estáis trasladando el coste de la recogida y el tratamiento a vuestros ciudadanos. En el caso analizado, el 86 % de los envases ligeros (y porcentajes importantes en los casos de vidrio y papel/cartón) se estarían gestionando a cuenta del presupuesto municipal. ¿Por qué si el consumidor paga por el 100% de los envases que compra se le cobran impuestos para tratar el 86%? ¿Revisamos esos convenios y exigimos que se cumpla la responsabilidad ampliada del productor para el 100% de los residuos de envases?
  • Aplazar ideas peregrinas. ¿Pago por generación? Suena muy bien, pero tenemos problemas más graves que resolver ¿Destinar presupuesto municipal a contenedores inteligentes? ¿Ponerle un chip al contenedor amarillo y complicarle la vida a quienes están separando bien actualmente va a resolver el problema? La cuestión de los ingresos está en que los sistemas integrados cubran el 100% de los costes que generan a los ayuntamientos y sus vecinos (perdón, que me repito, pero no puedo evitar la tentación de recordar el caso valenciano).
  • Una propuesta: recojamos la materia orgánica separada de todo lo demás, mantengamos el contenedor verde y azul como están, hagamos que los envases ligeros se devuelvan a los comercios (a ser posible en esquemas que incluyan la reutilización) y dediquemos el contenedor amarillo a todo lo demás.

Lo dicho. Hay mucho debate sobre el modelo de gestión de residuos. Pero necesitamos información veraz que nos permitan ver el problema más allá de las campañas de propaganda de la industria del envase de usar y tirar. Quizá podamos cambiar algo reclamando a nuestros representantes y responsables políticos que dejen de favorecer un modelo insostenible. Tal vez podamos plantarnos ante quienes nos imponen modelos de consumo insostenible. Pero no podemos seguir haciéndole el juego a un sistema que está acabando con nuestra salud para mantener su modelo de negocio.

Gracias por leer estas reflexiones. También me interesa saber qué opinas tú, ¿qué propones? No dudes en dejar tu comentario para enriquecer la conversación y aportar ideas. Seguro que esto tiene arreglo.

Puedes leer y comentar el artículo completo en productor de sostenibilidad

La Comunidad de Madrid necesita recoger mejor sus residuos

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

La Comunidad de Madrid necesita recoger mejor sus residuos

Estos días están en fase de información pública el Estudio Ambiental Estratégico y la versión inicial de la Estrategia de Gestión Sostenible de los Residuos de la Comunidad de Madrid. Esto significa que cualquier persona puede consultar dichos documentos y hacer los comentarios que estime pertinentes. Es un ejercicio más que recomendable para entender la situación actual de la gestión de residuos en este territorio y de la necesidad de replantearse el futuro.

En particular en esta entrada me centro en el análisis del documento relativo al Plan de Gestión de Residuos Domésticos y Comerciales, que, como su nombre indica, incluye:

  • Residuos domésticos: residuos generados en los hogares como consecuencia de las actividades domésticas. Se consideran también residuos domésticos los similares a los anteriores generados en servicios e industrias. Se incluyen generados en los hogares de aparatos eléctricos y electrónicos, ropa, pilas, acumuladores, muebles y enseres así como los residuos procedentes de obras menores de construcción y reparación domiciliaria. También tienen consideración de residuos domésticos los residuos procedentes de limpieza de vías públicas, zonas verdes, áreas recreativas y playas, los animales domésticos muertos y los vehículos abandonados.
  • Residuos comerciales: residuos generados por la actividad propia del comercio, al por mayor y al por menor, de los servicios de restauración y bares, de las oficinas y de los mercados, así como del resto del sector servicios.

Como Síntesis de la situación actual, el documento recoge datos muy interesantes, indicando que:

  • En el caso de envases ligeros se recogen en la bolsa resto 25,97 kg/hab.año y en los contenedores de recogida específica de bolsa amarilla 11,20 kg/hab.año (65,81% en la bolsa resto y 28,39% en bolsa amarilla).
  • Para envases de vidrio tenemos que se recogen en la bolsa resto 8,90 kg/hab.año y en el contenedor de vidrio 12,35 kg/hab.año (39,33% en bolsa resto y 54,61% en contenedor de vidrio).
  • En el caso de papel y cartón e recogen en la bolsa resto 33,99 kg/hab.año y en el contenedor de calle de papel y cartón 12,28 kg/hab.año (descontada la retirada informal de material de este contenedor).
  • De materia orgánica se recogen, en la bolsa resto, 67,87 kg/hab año, lo que representa el 92,12% de la materia orgánica y 32,37 kg/hab.año de residuos de jardín y podas que representan el 60,14% de los restos de jardín y podas.
  • En la bolsa resto se recogen 25,48 kg/hab.año de residuos textiles, es decir el 83,29% de los residuos textiles.

A la vista de estos datos “se concluye que en la Comunidad de Madrid se debe abordar un ambicioso plan de construcción de nuevas instalaciones de tratamiento y de modernización y adecuación de las existentes”.

Quizá sea cierto, tal vez necesitamos más y mejores infraestructuras para mejorar los resultados del tratamiento de los residuos. Pero lo que sí que está claro es que el sistema de contenedores de colores no da buenos resultados: la mayoría de los residuos no acaban en un lugar adecuado para su tratamiento y gestión.

plásticos, metales, materia orgánica, papel y cartón, recuperados en una planta de clasificación de residuos

Para que funcionen bien las instalaciones de gestión y tratamiento los residuos deben llegar separados de forma que puedan ser procesados en dichas instalaciones. Es decir, si construyo una planta de clasificación de envases ligeros para recuperar materiales reciclables, necesito que allí me lleguen los envases ligeros. Si el 65,81% de los envases ligeros no van a mi planta de clasificación… no los puedo recuperar para el reciclaje.

¿Cuál es el objetivo? Es una buena pregunta para un Plan de Gestión ¿Qué objetivos y metas quiere conseguir la Comunidad de Madrid con su Estrategia de Gestión Sostenible de los Residuos? Vamos a suponer que lo que se plantea es “incrementar la recogida separada de residuos de envases domésticos de forma que en 2020 como mínimo el 70% del reciclado proceda de residuos de envases recogidos separadamente”, alcanzando para 2020 los siguientes objetivos de reciclado aplicables a envases por tipo de material:

  • Papel: 85% de reciclado
  • Vidrio: 75% de reciclado
  • Metales: 70:70 (Aluminio: Acero)
  • Plástico: 40% de reciclado
  • Madera: 60% de reciclado

¿Puedo reciclar el 75% del vidrio si cerca del 40% se recoge en un contenedor que va a parar a una planta de tratamiento que no está preparada para recuperarlo?

Sí, una asignatura pendiente es mejorar las instalaciones de tratamiento para que puedan procesar la basura tal y como la presentamos las personas que llenamos los contenedores de residuos. Pero si después de 20 años funcionando el sistema se ha estancado y no es capaz de mejorar los resultados… toca hacer cambios. ¿Qué podemos hacer para mejorar la cifra de recogida que nos dice que más del 65% de los residuos de envases de los madrileños no van al contenedor amarillo?

Quizá una opción sea cambiar la forma en la que se recogen los residuos. De una parte está claro que sabemos tirar la materia orgánica al contenedor de restos, pues consagremos ese contenedor a la materia orgánica y llevemos todo lo demás a otra parte. ¿Dónde? Pues hay cosas que por su gran tamaño o peligrosidad habrá que llevar a lugares específicos, como los puntos limpios. Pero quizá sea hora de asumir que es fácil entender que podríamos utilizar el contenedor amarillo como contenedor de “plásticos y metales”. Y establecer que se procese su contenido para recuperar plásticos y metales. Una recogida separada como manda la Unión Europea.

Y no podemos perder de vista que con los contenedores de colores estamos trasladando responsabilidades. Si quienes ponen en el mercado productos envasados aceptasen los envases vacíos de vuelta en sus establecimientos reduciríamos significativamente muchos de los problemas y costes del modelo actual de gestión. Todo lo que entregásemos de vuelta a los centros comerciales no estaría abandonado en el campo, no tendría que ser barrido de las calles y no viajaría en los camiones de la recogida municipal. ¿Por qué no aprovechamos la nueva estrategia de residuos para implicar directamente a quienes tienen un modelo de negocio que implica la generación de residuos?

envases de plástico recuperados y listos para el reciclaje

Por otro lado parece que las campañas de concienciación, en las que descansa la esperanza de que los residuos acaben correctamente depositados en los contenedores de colores, no están bien enfocadas: cada vez consumimos más envases de usar y tirar, lo que implica que generamos más residuos y más costes ambientales y económicos. Tampoco parecen adecuadas para mejorar los resultados de participación en el modelo actual de recogida de residuos: 20 años después seguimos tirando más de la mitad de los residuos donde no corresponde. Quizá es que quienes diseñan esas campañas tienen otros intereses y lo que hacen es perpetuar modelos insostenibles de consumo con la excusa de la concienciación ambiental.

Tampoco estaría de más implantar medidas que incentiven la participación, favoreciendo una recogida que optimice el reciclaje o permita la reutilización. Porque no podemos perder de vista que el modelo de basado en contenedores perpetúa los envases de usar y tirar y obstaculiza la implantación de sistemas basados en envases reutilizables. Parece que estamos más dispuestos a hacer las cosas bien si tenemos una respuesta positiva que si se nos castiga ¿por qué no probar si mejora la recogida con sistemas de depósito, devolución y retorno?

Por algún extraño motivo la Comunidad de Madrid rechaza en la versión inicial de su Estrategia de Gestión Sostenible de los Residuos los sistemas de depósito, devolución y retorno. No presenta conclusiones de investigaciones sobre la viabilidad o los posibles resultados que podría generar en la región esta forma de recoger los residuos. Por el contrario reproduce argumentos que hemos leído en estudios chapuceros y argumentaciones sesgadas por instituciones y personas a sueldo de la industria del envase de usar y tirar.

Quizá no estaría de más que el Plan de Gestión de Residuos Domésticos y Comerciales de la Comunidad de Madrid dedicase unas líneas al modelo de recogida de residuos y propusiese medidas encaminadas a cambiar algo en una forma de retirar la basura de nuestros municipios que no nos lleva a alcanzar los objetivos europeos de reciclaje. Y que, por supuesto, no nos acerca a la economía circular, ni mucho menos a la sostenibilidad en la gestión de residuos.

Lo bueno es que estamos en pleno proceso de información pública, durante el cual todas y cada una de las personas que queramos tomarnos la molestia de hacerlo podemos presentar alegaciones y propuestas siguiendo las indicaciones del enlace. Yo estoy preparando las mías, no esperes más y presenta las tuyas, seguro que tienes algo interesante que aportar.

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Tus envases vacíos no son residuos

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

tus envases vacíos no son residuos

Podemos abordar el debate sobre el modelo de recogida y gestión de residuos desde muchos puntos de vista. Pero a la hora de analizar soluciones concretas y decidir si implantamos unas u otras es necesario analizar el asunto con un poco de rigor ¿Sabías que los envases vacíos que tienes en tu casa no son residuos? Si me acompañas por los siguientes párrafos te explico qué es un residuo, la importancia y el impacto de las definiciones para entender las polémicas sobre el rigor con el que se trata en los medios de comunicación las cuestiones sobre recogida de residuos.

De modo intuitivo hemos asimilado que un residuo es todo aquello que ya no nos sirve. A efectos prácticos utilizamos basura y residuos como términos sinónimos e intercambiables. Pero existen una serie de consideraciones legales y técnicas sobre qué se entiende por residuo y cómo gestionarlo. Y sí, a ti esas lastas y esos plásticos que han quedado en tu cocina después de preparar la cena te parecen inservibles, los vas a tirar a tu cubo de basura, pero todavía no son residuos. Son envases vacíos.

¿Cuándo adquieren condición de residuos los materiales de desechados en el ámbito doméstico? Cuando los entregamos, cumpliendo lo que establezca en sus ordenanzas locales, al sistema de recogida municipal. Tus envases vacíos son residuos a partir del momento en el que los sueltas en los correspondientes contenedores de colores. Y que no me entere yo de que los tiras en cualquier parte o de que no los separas adecuadamente.

Y a mí eso… ¿Cómo me afecta? Pues de modo general, no es una cosa que deba preocuparte mucho. A efectos legales es importante porque si no fuese por ese detalle tendrías que cumplir con una serie de requisitos de almacenamiento, elaboración de informes anuales y otras cuestiones que, sin ser más complejas que la declaración de la RENTA, requieren tiempo y conocimientos especializados. Afortunadamente, para el caso de los envases domésticos, todas las obligaciones pasan de los que ponen en el mercado los productos envasados a quienes los recogen. A ti sólo te queda participar en el sistema de recogida que pongan a tu disposición unos y otros.

Pero… ¿Qué importancia tiene este matiz legal en la gestión de residuos? Pues resulta clave para evaluar los costes e impactos, por ejemplo, de incorporar Sistemas de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR). En la comparación del modelo de recogida basado en el contenedor amarillo con la opción de devolver los envases a los establecimientos donde compramos productos envasados una de las cuestiones clave es el transporte. ¿Cómo llegan los productos al comercio? ¿Quién se lleva los residuos?

En el modelo del contenedor amarillo no hay muchas posibilidades de error: un camión de reparto deja el producto en el establecimiento, tú lo llevas a tu casa, vacías los envases, los bajas al contenedor y un camión especial, preparado para descargar el contenedor amarillo, se lleva los residuos.

¿Qué pasa en el caso de la devolución de los envases al comercio? El principio es igual: un camión de reparto deja el producto, te lo llevas a casa, consumes lo que te interesa y los envases que ya no quieres los devuelves a la tienda. ¿Quién se lleva esos envases vacíos? Pues ya no hace falta un camión compactador de carga lateral o trasera. Ahora se los podría llevar… el mismo camión de reparto. Se llama logística inversa: aprovechamos el espacio que va quedando en el vehículo a medida que descarga los productos nuevos para ocuparlo con los envases vacíos. Con esta solución (que no es especialmente sencilla, a pesar de que así contado lo pueda parecer) ahorramos una importante cantidad de camiones de basura circulando por las calles (y parte del espacio que ocupan los contenedores amarillos, entre otras cosas).

Pero, alguien argumentará, eso no es posible. ¿Podemos mezclar en el mismo camión residuos y alimentos? La respuesta es que no lo hacemos. Tus envases, esos que no mezclas con el resto de la basura, no son residuos, son envases vacíos. ¿Cuándo queremos que se conviertan en residuos? Cuando lleguen a una planta de gestión donde se les dé un tratamiento adecuado: si los higienizamos para rellenarlos y reutilizarlos seguirán siendo envases. Si los aplastamos y trituramos entonces sí que pasarán a ser un residuo que habrá que valorizar, bien convirtiéndolos en nuevas materias primas (¡reciclaje!), bien incinerando con recuperación de energía (valorización energética).

Esto ya funcionaba en algunos casos: ¿Has visto al camión que reparte bebidas en el bar de la esquina? Deja una caja llena de botellas con bebida y se lleva una caja llena con botellas vacías. En un solo viaje deja el producto listo para el consumo y se lleva los envases que hay que gestionar. ¿Cómo es posible si no se pueden transportar en el mismo vehículo alimentos y residuos? Porque los envases vacíos no son residuos… todavía.

Y ¿por qué nos cuentas todo esto Alberto? Pues porque si habéis leído alguno de los estudios que atacan el SDDR o que intentan poner el acento en su supuesto impacto ambiental, veréis que asumen sistemas de recogida que no contemplan (o si lo hacen de una forma muy limitada) una de las potenciales ventajas de los sistemas de depósito, devolución y retorno: la reducción del número de camiones circulando por las ciudades, con la consecuente disminución de emisiones de efecto invernadero y contaminantes atmosféricos.

Así, cuando el bautizado como “Proyecto Ariadna”, se utiliza para decir que la implantación de un SDDR es cara y muy contaminante o perjudicial para el medio ambiente, conviene repasar las premisas que utiliza como base para su hipótesis de partida. Una parte importante de ese coste y de la contaminación viene, precisamente, de que no se evalúa el verdadero potencial de logística inversa que tienen los sistemas basados en devolver los envases a los establecimientos donde compramos productos envasados.

Este estudio se ha utilizado para generar y difundir la idea de que un sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR) sería más caro y más perjudicial para el medio ambiente que el modelo basado en los contenedores amarillos. ¿Cómo llega a esa conclusión? El estudio, patrocinado por la industria del envase de usar y tirar, no contempla la posibilidad de reducción del número de vehículos y viajes que supondría la logística inversa. Justifica un aumento de emisiones contaminantes y un incremento de costes que se basan en un diseño interesado del SDDR, enfocada, precisamente a obtener resultados y conclusiones contrarios a esta opción.

Este es sólo uno de los muchos errores que se pueden encontrar en ese Proyecto Ariadna, especialmente complejo y difícil de interpretar, pero repleto de perversiones que evidencian el interés en obtener unas conclusiones dirigidas por los patrocinadores. En contra de los beneficios del SDDR.

¿Es más caro y contaminante el SDDR? Depende de las condiciones que plantees a la hora de estudiar el modelo y compararlo con el modelo basado en el contenedor amarillo. Quizá si los patrocinadores te pagan por que saques como resultado que tiene un coste desorbitado y un fuerte impacto ambiental, consigas retorcer los datos y los argumentos para llegar a esas conclusiones. Es tan burdo y fácil de desmontar que en futuras entregas seguiremos analizando esta cuestión.

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El problema real de las toallitas húmedas

Publicado en: Comunidad ISM » Blogs por MariaAR. Texto original

En los últimos años son muchas las noticias que nos llegan de los graves problemas que ocasionan las toallitas húmedas ya que por su estructura pueden llegar a producir atascos en las tuberías interiores de las viviendas o grandes tapones en el sistema de alcantarillado y en la propia estación depuradora de aguas residuales.

Es cierto que las toallitas húmedas son útiles para multitud de cosas y, dejando de lado el debate de si son imprescindibles, pues hemos vivido sin ellas muchos años ya que su función estaba cubierta por otras opciones (agua y jabón principalmente), la comodidad de su uso ha hecho que  año tras año sean cada vez más utilizadas por más personas y en cada vez más situaciones diferentes.

Como sucede en otras ocasiones y ámbitos de la vida, a veces aun previendo el éxito que puede tener una idea, iniciativa o proyecto, en pocas ocasiones se plantean las consecuencias que esto puede tener para intentar de evitar el problema por adelantado. Y es posible que en este caso, la industria encargada de la fabricación y distribución de este producto no analizase la posibilidad de que las toallitas húmedas fueran a suponer un nuevo problema en el ámbito de la gestión del agua y los residuos. Sin embargo, y aunque a día de hoy sí son responsables y deberían pensar en posibles mejoras en el producto y en cumplir con los estándares de calidad que les obliguen a emplear tejidos que sean biodegradables y que evitasen el conflicto o al menos no lo incrementasen, no creo que la problemática sea únicamente de la toallita en sí.

Gran parte del problema somos nosotros que parece que no queremos darnos cuenta de que el váter no es un cubo de basura y no todo se puede tirar al inodoro. Esto es algo que yo siempre he tenido claro, pero no parece que todo el mundo lo sepa, pues durante mis años de estudiante estuve de prácticas en estaciones depuradoras de aguas residuales y lo comprobé personalmente.

Desde mi punto de vista la solución a este problema debe ser compartida. En los propios envases y publicidad de las toallitas se debe incidir y dejar claro que no se deben tirar por el WC, pero la mayor parte del esfuerzo debe recaer en el ciudadano. Debe saber y tener claro cómo debe deshacerse de sus residuos y esto se consigue educando y concienciando. Las toallitas húmedas son sólo uno de los residuos que NO hay que desechar por el inodoro, pero tampoco debemos tirar los bastoncillos, las compresas y tampones, los preservativos… tantos y tantos residuos que deben ser depositados en la basura de casa y que aparecen siempre en las EDAR. La base de una sociedad respetuosa con el medio ambiente parte del saber y, a partir de ahí, actuar en consecuencia.

María Álvarez es docente de los cursos Especialista en Gestión de Residuos y  Gestión de Residuos Urbanos que imparte el Instituto Superior del Medio Ambiente.

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¿Por qué no podemos nacionalizar Ecoembes?

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

no podemos nacionalizar ecoembes

A la luz del problema que se viene encima para el sector del reciclaje con el anuncio de la prohibición de China a la importación de basura, en los próximos días se harán populares una ristra de propuestas de lo más variopinto. Algunas llevan varios meses circulando con poco éxito, esperando a que llegase su momento. Y como cada vez se repite más, hoy vengo aquí a desmontar una de ellas: no podemos nacionalizar la gestión del reciclaje de residuos de envases.

Si China no admite más nuestra basura y una parte importante de los residuos que generamos en casa son envases desechables … habrá que hacer algo por salvar al sector. A alguien se le podría ocurrir la brillante idea de nacionalizar la gestión del contenedor amarillo para evitar el drama que supone que los chinos dejen de llevarse nuestra basura. Pero el problema está en que el contenedor amarillo lo maneja Ecoembes, Ecoembalajes España S.A.: el sistema integrado de gestión de residuos de envases con el que la industria del envase de usar y tirar (fabricantes, envasadores y distribuidores) responde a su obligación legal de asumir lo que se conoce como responsabilidad ampliada del productor.

Y Ecoembes no presta un servicio de interés general. Ecoembes es una empresa privada que responde a un interés particular: dar salida a los residuos que se generan por la actividad económica de determinados agentes. Las latas de refrescos, las botellas de agua, el plástico que envuelve los embutidos, las latas de atún, los paquetes de tabaco no son de todos. Son de quienes los ponen en el mercado.

Porque quien pone en el mercado un producto que con su uso se convierte en un residuo tiene la obligación de aceptar de vuelta ese residuo o costear la gestión de ese residuo. Y si los envasadores y distribuidores no quieren que les lleves a sus establecimientos los residuos de envases tienen que pagar el coste de la recogida y tratamiento. Actualmente hacen algo parecido a través del punto verde que se encuentra en los envases y muestra la adhesión a Ecoembes. La empresa que ellos mismos crearon.

Símbolo del punto verde con el que los envasadores muestran que están adheridos a ecoembes

¿Tenemos un problema por exceso de envases de usar y tirar? Sí, lo tenemos, pero tienen que resolverlo quienes lo generan: las empresas que no dan alternativas a los consumidores. Para hacer llegar galletas a tu casa podrían utilizar muchas opciones. Incluyendo envases reutilizables. Pero prefieren sobrecitos monodosis de un solo uso, agrupados en paquetes con sobreembalajes de colores llamativos… que no hay forma de reciclar.

¿Quién ha decidido esa forma de envasar? Creo que tú, amigo consumidor, no ¿Tenemos que socializar el coste de este lucrativo modelo de negocio? Eso estamos haciendo hasta ahora con el gran porcentaje de residuos de envases que acaban abandonados por las calles, los parques, en el campo, las playas y los océanos. Pagas una cantidad por su reciclaje cuando los compras pero nadie se ocupa de ellos y, como no llegan a las plantas de gestión de residuos, alguien se queda con la tasa sin necesidad de repercutirla al sistema.

Vistas las orejas al lobo, si viviésemos en un país civilizado, la opción ideal sería prohibir determinados productos de usar y tirar que son fácilmente reemplazables con productos reutilizables. Incluyendo algunos tipos de envases. ¿Se acuerdan de las polémicas con las bolsas de plástico y de las noticias en países de nuestro entorno relativas a vasos de plástico?

O, dado que parte del problema es económico, cargar a cada envase el coste real de recogida y gestión. Es decir: si resulta sencillo recoger latas y separarlas con un imán en una planta de clasificación, si conseguimos venderlas a una fundición que las emplea como materia prima… lo suyo es que paguen menos que un envoltorio de un chicle, que tiene una compleja mezcla de metales, plásticos y pinturas con difícil salida en el mercado de materias primas (en el hipotético caso de que algún sistema de clasificación de residuos de envases fuese capaz de rescatarlo de la masa mezcla de cosas que se recogen en el contenedor amarillo).

Pero, con razón, el accionista de Ecoembes dirá que no quiere cargar al paquete de chicles el coste real de evitar que el envoltorio acabe, en el mejor de los casos, depositado en un vertedero. ¡Nadie compraría chicles! Y es que de eso va la película. Desde que (en los años noventa del siglo pasado) la Unión Europea fuese consciente del creciente problema de los residuos de envases de usar y tirar ha estado legislando para que los consumidores tuviesen una señal en el precio de lo que consumen: cuanto más impacto y coste genere la gestión de sus residuos más caro debería ser un producto. Si queremos poner en el mercado chicles baratos que sea en envases de bajo impacto ambiental, no cobrándonos por un proceso de reciclaje que no está ocurriendo ni hay previsión de que ocurra.

Pero en España somos así de listos y lo hacemos al revés: sale más barato ir en coche a comprar embutido envuelto en capas y capas de plástico en un centro comercial, que acercarse andando a una charcutería de barrio a comprar el mismo embutido al corte. ¿Por qué? Porque son los propios envasadores y centros comerciales los que deciden, en la junta de accionistas de Ecoembes, cuánto pagan por esos envases, independientemente del coste real de gestionar los residuos que generan. Destrozan el medio ambiente y cierran el pequeño comercio, todo a la vez. Negocio redondo. Y ahora nos proponen que nacionalicemos sus miserias.

Entonces ¿cómo solucionamos el problema? Es fácil:

  • Mejorar los sistemas de recogida, a ser posible aplicando la Directiva europea de 2008 que España incumple en gran parte de su territorio desde 2015. Recogiendo los residuos mejor conseguiríamos rescatar el valor que contienen y convertirlos en materias primas atractivas para los mercados, incluyendo el chino. Porque recuerden que el principal productor de plástico ha vetado la entrada de basura en su territorio, pero para seguir enviando barreños y tarteras baratas a Europa necesita materias primas.
  • Dejando de reciclar y bebiendo agua de grifo. Quiero decir… reduciendo la cantidad de productos envasados que consumismos en nuestro día a día. Si optamos por las opciones de consumo sin envases de usar y tirar (granel, envases reutilizables…) generamos menos residuos dejamos de contribuir al problema ¿Remplazamos las bolsas de plástico?
  • Tener cuidado con los contenidos que viralizamos, los mensajes que enlazamos, las imágenes que compartimos… Estamos en el activismo gaseosa y quienes tienen grandes presupuestos para propaganda lo saben bien. Un mensaje buenista puede despistar la atención del verdadero problema y sus soluciones reales. Y si está bien enfocado hacernos que cada vez compremos más productos en envases de usar y tirar. ¿Qué problema queríamos arreglar?

La duda que me queda es si la idea de nacionalizar Ecoembes es un globo sonda lanzado por la propia empresa. Todos sabemos que sus resultados son más que cuestionables y que gran parte del problema viene de que permite adherirse a su sistema a cualquiera, incluso si utiliza envases que no pueden recogerse ni reciclarse en los procesos actuales de gestión de residuos. Ante el bloqueo chino al material de baja calidad que se recupera en el contenedor amarillo… ¿la salida que queda a la empresa y sus accionistas es cargar a la Administración con los envases que no hay manera de recoger ni reciclar? ¿Quiere Ecoembes trasladar a las maltrechas arcas públicas la gestión de esos envases que actualmente no se reciclan para quedarse sólo con las latas de bebidas y las botellas de plástico? Se admiten apuestas.

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China ya no quiere tu basura ¿qué hacemos con ella ahora?

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

China bloquea la importación de residuos

Hay un hito en la gestión de residuos que quizá te ha pasado desapercibido, pero ha creado un gran revuelo en el sector: China ya no quiere más basura del exterior. No, no ha cerrado la frontera al turismo occidental, se ha puesto seria contra la entrada de residuos en su territorio. Y eso es un problema para el reciclaje y la economía circular tal y como los conocíamos. ¿Qué podemos hacer ahora?

Quizá nunca te has preguntado qué pasa con tus residuos una vez que los dejas en los contenedores de colores. Da igual, te lo cuento de todos modos: el reciclaje no ocurre en el contenedor amarillo. Alguien tiene que recoger los residuos, llevarlos a una planta de clasificación y separarlos por tipos de materiales.

Para algunos contenedores, como el azul o el verde, es un proceso fácil: en el contenedor de vidrio la mayoría de lo que entra es vidrio, se lleva a una instalación donde lo procesan para retirar lo demás y queda una materia prima lista para fabricar nuevos envases de vidrio. ¿Me explico? ¿no? Pues echa un vistazo a este vídeo sobre cómo funciona una planta de clasificación de vidrio.

El jaleo viene con el contenedor amarillo. ¿Qué tiramos en el contenedor amarillo? Básicamente residuos de envases: una mezcla de plásticos de distintos tipos, metales, cartones plastificados (seguramente deberían ir al azul, pero…), metales plastificados, envases complejos como el brick (que capa tras capa tienen metal, plásticos varios y cartón)… Una mezcla que no se puede llevar a reciclar tal y como se recoge.

los residuos no se reciclan en el contenedor amarillo

Entonces, ¿Dónde van los residuos del contenedor amarillo? Pues a China.

¿Así? ¿¡Directamente a China!? No, claro que no. Directamente a China no. Nadie en su sano juicio querría lo que sale del contenedor amarillo. Primero pasa por unas plantas de clasificación en las que se trata de separar la basura por tipos de materiales: metales por un lado, plásticos por otro… Pero el proceso tiene sus limitaciones. Como ya hemos razonado en otras ocasiones en este blog de lo que entra en una planta de clasificación de residuos de envases apenas se recupera, en el mejor de los casos, un 60%.

Ese 60% de materiales recuperados siguen teniendo unas calidades más o menos apetecibles para el mercado. Si tu industria utiliza como materia prima polietileno te gusta utilizar un polietileno de calidad que sea, a ser posible, 100% polietileno.

Pero si el resultado de la clasificación es una masa que contiene un 80% de envases mezclados (incluyendo tapones y etiquetas) de todo tipo de plásticos (polietileno, PVC, polipropileno, poliestireno…) y un 20% de impropios (incluyendo un 4% de materiales variados que no son plásticos)… el encaje de eso como materia prima para la industria es difícil. ¿Qué hacemos con ello? ¡Llevarlo a China! No, todavía no.

plásticos, metales, materia orgánica, papel y cartón, recuperados en una planta de clasificación de residuos

En España tenemos un tejido amplio de “recicladores”. Cientos de empresas que recogen residuos y los preparan para otras etapas del proceso de gestión. El reciclaje propiamente dicho (pasar un residuo a materia prima) no ocurre en ninguna de esas plantas, pero las conocemos (por simplificar) como plantas de reciclaje de residuos. En estas sí se admite todo tipo de mezclas de residuos. Su trabajo principal es separarlos y organizarlos para que sean más atractivos al siguiente paso en el mercado.

Son las típicas chatarrerías de toda la vida. Si se te rompe el tendedero poco puedes hacer con él, pero si alguien lo junta con el marco de una ventana, las patas de una cama, la carcasa de un ordenador… va juntando una cantidad de material que acaba teniendo un precio en el mercado. Si en al almacén de hierros oxidados le sumamos una flota (que no tiene que ser propia) de contenedores y camiones con los que retirar residuos a fábricas de muebles, centros comerciales, recintos feriales… puntos limpios y plantas de clasificación de residuos tenemos el modelo de negocio de la inmensa mayoría de los “recicladores” en España.

Estas empresas cada día descargan toneladas de residuos en una solera de hormigón. Un ejército de operarios (más o menos mal pagados) los separan a mano: la madera aquí, los metales allí, los plásticos más allá… Y los van cargando a tolvas que alimentan cintas transportadoras, que a su vez van a equipos mecánicos de separación especializados por tipos de materiales.

Ahora sí. Tenemos toneladas de hierro, aluminio o acero listas para llevar a fundir. Madera en forma de astillas, serrín o pellet para alimentar calderas. Y plásticos. Muchos tipos de plástico que podemos vender al mejor postor. ¿Quién compra mis plásticos? China. A falta de una industria nacional del plástico que asuma los residuos de para fabricar nuevos productos, la mayor parte de los residuos recuperados en estas instalaciones de tratamiento se van (siempre que pasen el visto bueno del un inspector chino) de vuelta al país que más plástico fabrica. Y la logística inversa los volverá a traer en forma de barreños, juguetes, fibra para ropa de moda…

El problema es que China ya no quiere más residuos. La cosa nace en la propia legislación europea. Para aclarar qué es un residuo y qué es una materia prima, definió los criterios que determinan el final de la condición de residuo. Es una cuestión estadística y de seguridad para la industria. Siempre que China no decida ponerse igual de restrictiva y cerrar el grifo a toda esa mezcla de materiales que no pueden ser considerados materia prima y siguen siendo basura. ¿Qué vamos a hacer con ellos si no valen para reciclar, no podemos enterrarlos en vertederos, no podemos incinerarlos en condiciones de seguridad y China ya no los quiere?

La situación es acuciante. En Reino Unido están de basura hasta las orejas. En España estamos algo mejor porque ignoramos la normativa europea y, últimamente, los “fortuitos” incendios en instalaciones de gestión de residuos están reduciendo (con un alto coste económico, social y ambiental) la necesidad de buscar salidas formales a la ingente producción de residuos generados por nuestro modelo de consumo de usar y tirar.

¿Qué podemos hacer? Se me ocurren muchas cosas, pero lo más importante es que cada cual sea consecuente con su margen de actuación y ámbito de responsabilidad.

  • Como consumidores tenemos que buscar la forma de reducir el consumo de productos que se convierten en residuos. El ejemplo claro está en los envases de usar y tirar. Son una de las partidas más importantes en nuestro cubo de la basura y pueden reemplazarse comprando a granel o en pequeños comercios donde la venta al peso disminuye el exceso de embalado. Pero también podemos comprar productos duraderos. ¿Qué tal retomar la ferretería? Quizá si apostásemos más por productos locales fabricados con materiales resistentes enviaríamos un mensaje claro al mercado. Sí, en los chinos está más barato, pero ese chisme de plástico va a durar dos días y se va a convertir en un residuo que en su país de origen ya no quieren de vuelta. ¿De verdad no puedes resolver, al menos en parte, tus compras en comercios de proximidad en el barrio? ¿Te sale rentable arrancar el coche y desplazarte hasta un centro comercial para buscar un paquete de pilas, un destornillador o un par de zapatillas para estar por casa?
  • Como profesionales no podemos mirar para otra parte. Si nos prestamos al juego de las campañas de manipulación de la opinión pública no vamos a conseguir avances para resolver el problema. Ocultarlo con mensajes buenistas no va a reducir la generación de residuos. Podemos torturar los datos como mejor convenga a nuestros clientes, pero la realidad no cambia.
  • Como políticos… bueno… cuando delegamos el poder de tomar decisiones deberíamos asegurarnos que lo hacemos en quienes son capaces de velar por el interés general y no en los que están en política para asegurarse una puerta giratoria.
  • Como gestores de residuos: mejorar los procesos de recuperación. Nadie quiere basura, pero quizá si nos ponemos las pilas y conseguimos que lo que procesamos acabe reuniendo las condiciones para considerarse materia prima sí encuentra un mercado y una demanda que permita mantener la actividad y hacer negocio.

Pero, sobre todo, es el momento de revisar el modelo de recogida de residuos. El que lleva operativo los últimos 20 años, basado en un contenedor amarillo que impide la reutilización de envases e hipoteca las opciones de reciclaje de muchos de ellos, no funciona, es caro y resulta poco ecológico.

Quizá con un modelo que nos permitiese devolver los envases al establecimiento del que salen toda la cadena de valor, desde el distribuidor al fabricante, sería más consciente del problema de los residuos de envases. Recogiendo los envases que realmente se pueden reciclar de forma separada, sin mezclarlos con otras cosas que no interesan al mercado de las materias primas recuperadas, podríamos generar una industria del reciclaje que no se dedicase a almacenar material con la esperanza de que un chino decida algún día montarlo en un contenedor de vuelta al país asiático.

envases de plástico recuperados y listos para el reciclaje

¿China ya no quiere tu basura? La mejor manera de evitar que se convierta en un problema es generar la menor cantidad de residuos que sea posible, empezando por sustituir los envases de usar y tirar, siguiendo por alargar la vida útil de las cosas que ya tenemos y terminando por incluir la durabilidad en nuestros criterios de compra. Sin olvidar la reparación y el mercado de segunda mano como alternativas al cubo de la basura. ¿Qué vas a hacer tú?

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