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Tus envases vacíos no son residuos

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

tus envases vacíos no son residuos

Podemos abordar el debate sobre el modelo de recogida y gestión de residuos desde muchos puntos de vista. Pero a la hora de analizar soluciones concretas y decidir si implantamos unas u otras es necesario analizar el asunto con un poco de rigor ¿Sabías que los envases vacíos que tienes en tu casa no son residuos? Si me acompañas por los siguientes párrafos te explico qué es un residuo, la importancia y el impacto de las definiciones para entender las polémicas sobre el rigor con el que se trata en los medios de comunicación las cuestiones sobre recogida de residuos.

De modo intuitivo hemos asimilado que un residuo es todo aquello que ya no nos sirve. A efectos prácticos utilizamos basura y residuos como términos sinónimos e intercambiables. Pero existen una serie de consideraciones legales y técnicas sobre qué se entiende por residuo y cómo gestionarlo. Y sí, a ti esas lastas y esos plásticos que han quedado en tu cocina después de preparar la cena te parecen inservibles, los vas a tirar a tu cubo de basura, pero todavía no son residuos. Son envases vacíos.

¿Cuándo adquieren condición de residuos los materiales de desechados en el ámbito doméstico? Cuando los entregamos, cumpliendo lo que establezca en sus ordenanzas locales, al sistema de recogida municipal. Tus envases vacíos son residuos a partir del momento en el que los sueltas en los correspondientes contenedores de colores. Y que no me entere yo de que los tiras en cualquier parte o de que no los separas adecuadamente.

Y a mí eso… ¿Cómo me afecta? Pues de modo general, no es una cosa que deba preocuparte mucho. A efectos legales es importante porque si no fuese por ese detalle tendrías que cumplir con una serie de requisitos de almacenamiento, elaboración de informes anuales y otras cuestiones que, sin ser más complejas que la declaración de la RENTA, requieren tiempo y conocimientos especializados. Afortunadamente, para el caso de los envases domésticos, todas las obligaciones pasan de los que ponen en el mercado los productos envasados a quienes los recogen. A ti sólo te queda participar en el sistema de recogida que pongan a tu disposición unos y otros.

Pero… ¿Qué importancia tiene este matiz legal en la gestión de residuos? Pues resulta clave para evaluar los costes e impactos, por ejemplo, de incorporar Sistemas de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR). En la comparación del modelo de recogida basado en el contenedor amarillo con la opción de devolver los envases a los establecimientos donde compramos productos envasados una de las cuestiones clave es el transporte. ¿Cómo llegan los productos al comercio? ¿Quién se lleva los residuos?

En el modelo del contenedor amarillo no hay muchas posibilidades de error: un camión de reparto deja el producto en el establecimiento, tú lo llevas a tu casa, vacías los envases, los bajas al contenedor y un camión especial, preparado para descargar el contenedor amarillo, se lleva los residuos.

¿Qué pasa en el caso de la devolución de los envases al comercio? El principio es igual: un camión de reparto deja el producto, te lo llevas a casa, consumes lo que te interesa y los envases que ya no quieres los devuelves a la tienda. ¿Quién se lleva esos envases vacíos? Pues ya no hace falta un camión compactador de carga lateral o trasera. Ahora se los podría llevar… el mismo camión de reparto. Se llama logística inversa: aprovechamos el espacio que va quedando en el vehículo a medida que descarga los productos nuevos para ocuparlo con los envases vacíos. Con esta solución (que no es especialmente sencilla, a pesar de que así contado lo pueda parecer) ahorramos una importante cantidad de camiones de basura circulando por las calles (y parte del espacio que ocupan los contenedores amarillos, entre otras cosas).

Pero, alguien argumentará, eso no es posible. ¿Podemos mezclar en el mismo camión residuos y alimentos? La respuesta es que no lo hacemos. Tus envases, esos que no mezclas con el resto de la basura, no son residuos, son envases vacíos. ¿Cuándo queremos que se conviertan en residuos? Cuando lleguen a una planta de gestión donde se les dé un tratamiento adecuado: si los higienizamos para rellenarlos y reutilizarlos seguirán siendo envases. Si los aplastamos y trituramos entonces sí que pasarán a ser un residuo que habrá que valorizar, bien convirtiéndolos en nuevas materias primas (¡reciclaje!), bien incinerando con recuperación de energía (valorización energética).

Esto ya funcionaba en algunos casos: ¿Has visto al camión que reparte bebidas en el bar de la esquina? Deja una caja llena de botellas con bebida y se lleva una caja llena con botellas vacías. En un solo viaje deja el producto listo para el consumo y se lleva los envases que hay que gestionar. ¿Cómo es posible si no se pueden transportar en el mismo vehículo alimentos y residuos? Porque los envases vacíos no son residuos… todavía.

Y ¿por qué nos cuentas todo esto Alberto? Pues porque si habéis leído alguno de los estudios que atacan el SDDR o que intentan poner el acento en su supuesto impacto ambiental, veréis que asumen sistemas de recogida que no contemplan (o si lo hacen de una forma muy limitada) una de las potenciales ventajas de los sistemas de depósito, devolución y retorno: la reducción del número de camiones circulando por las ciudades, con la consecuente disminución de emisiones de efecto invernadero y contaminantes atmosféricos.

Así, cuando el bautizado como “Proyecto Ariadna”, se utiliza para decir que la implantación de un SDDR es cara y muy contaminante o perjudicial para el medio ambiente, conviene repasar las premisas que utiliza como base para su hipótesis de partida. Una parte importante de ese coste y de la contaminación viene, precisamente, de que no se evalúa el verdadero potencial de logística inversa que tienen los sistemas basados en devolver los envases a los establecimientos donde compramos productos envasados.

Este estudio se ha utilizado para generar y difundir la idea de que un sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR) sería más caro y más perjudicial para el medio ambiente que el modelo basado en los contenedores amarillos. ¿Cómo llega a esa conclusión? El estudio, patrocinado por la industria del envase de usar y tirar, no contempla la posibilidad de reducción del número de vehículos y viajes que supondría la logística inversa. Justifica un aumento de emisiones contaminantes y un incremento de costes que se basan en un diseño interesado del SDDR, enfocada, precisamente a obtener resultados y conclusiones contrarios a esta opción.

Este es sólo uno de los muchos errores que se pueden encontrar en ese Proyecto Ariadna, especialmente complejo y difícil de interpretar, pero repleto de perversiones que evidencian el interés en obtener unas conclusiones dirigidas por los patrocinadores. En contra de los beneficios del SDDR.

¿Es más caro y contaminante el SDDR? Depende de las condiciones que plantees a la hora de estudiar el modelo y compararlo con el modelo basado en el contenedor amarillo. Quizá si los patrocinadores te pagan por que saques como resultado que tiene un coste desorbitado y un fuerte impacto ambiental, consigas retorcer los datos y los argumentos para llegar a esas conclusiones. Es tan burdo y fácil de desmontar que en futuras entregas seguiremos analizando esta cuestión.

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El problema real de las toallitas húmedas

Publicado en: Comunidad ISM » Blogs por MariaAR. Texto original

En los últimos años son muchas las noticias que nos llegan de los graves problemas que ocasionan las toallitas húmedas ya que por su estructura pueden llegar a producir atascos en las tuberías interiores de las viviendas o grandes tapones en el sistema de alcantarillado y en la propia estación depuradora de aguas residuales.

Es cierto que las toallitas húmedas son útiles para multitud de cosas y, dejando de lado el debate de si son imprescindibles, pues hemos vivido sin ellas muchos años ya que su función estaba cubierta por otras opciones (agua y jabón principalmente), la comodidad de su uso ha hecho que  año tras año sean cada vez más utilizadas por más personas y en cada vez más situaciones diferentes.

Como sucede en otras ocasiones y ámbitos de la vida, a veces aun previendo el éxito que puede tener una idea, iniciativa o proyecto, en pocas ocasiones se plantean las consecuencias que esto puede tener para intentar de evitar el problema por adelantado. Y es posible que en este caso, la industria encargada de la fabricación y distribución de este producto no analizase la posibilidad de que las toallitas húmedas fueran a suponer un nuevo problema en el ámbito de la gestión del agua y los residuos. Sin embargo, y aunque a día de hoy sí son responsables y deberían pensar en posibles mejoras en el producto y en cumplir con los estándares de calidad que les obliguen a emplear tejidos que sean biodegradables y que evitasen el conflicto o al menos no lo incrementasen, no creo que la problemática sea únicamente de la toallita en sí.

Gran parte del problema somos nosotros que parece que no queremos darnos cuenta de que el váter no es un cubo de basura y no todo se puede tirar al inodoro. Esto es algo que yo siempre he tenido claro, pero no parece que todo el mundo lo sepa, pues durante mis años de estudiante estuve de prácticas en estaciones depuradoras de aguas residuales y lo comprobé personalmente.

Desde mi punto de vista la solución a este problema debe ser compartida. En los propios envases y publicidad de las toallitas se debe incidir y dejar claro que no se deben tirar por el WC, pero la mayor parte del esfuerzo debe recaer en el ciudadano. Debe saber y tener claro cómo debe deshacerse de sus residuos y esto se consigue educando y concienciando. Las toallitas húmedas son sólo uno de los residuos que NO hay que desechar por el inodoro, pero tampoco debemos tirar los bastoncillos, las compresas y tampones, los preservativos… tantos y tantos residuos que deben ser depositados en la basura de casa y que aparecen siempre en las EDAR. La base de una sociedad respetuosa con el medio ambiente parte del saber y, a partir de ahí, actuar en consecuencia.

María Álvarez es docente de los cursos Especialista en Gestión de Residuos y  Gestión de Residuos Urbanos que imparte el Instituto Superior del Medio Ambiente.

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¿Por qué no podemos nacionalizar Ecoembes?

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

no podemos nacionalizar ecoembes

A la luz del problema que se viene encima para el sector del reciclaje con el anuncio de la prohibición de China a la importación de basura, en los próximos días se harán populares una ristra de propuestas de lo más variopinto. Algunas llevan varios meses circulando con poco éxito, esperando a que llegase su momento. Y como cada vez se repite más, hoy vengo aquí a desmontar una de ellas: no podemos nacionalizar la gestión del reciclaje de residuos de envases.

Si China no admite más nuestra basura y una parte importante de los residuos que generamos en casa son envases desechables … habrá que hacer algo por salvar al sector. A alguien se le podría ocurrir la brillante idea de nacionalizar la gestión del contenedor amarillo para evitar el drama que supone que los chinos dejen de llevarse nuestra basura. Pero el problema está en que el contenedor amarillo lo maneja Ecoembes, Ecoembalajes España S.A.: el sistema integrado de gestión de residuos de envases con el que la industria del envase de usar y tirar (fabricantes, envasadores y distribuidores) responde a su obligación legal de asumir lo que se conoce como responsabilidad ampliada del productor.

Y Ecoembes no presta un servicio de interés general. Ecoembes es una empresa privada que responde a un interés particular: dar salida a los residuos que se generan por la actividad económica de determinados agentes. Las latas de refrescos, las botellas de agua, el plástico que envuelve los embutidos, las latas de atún, los paquetes de tabaco no son de todos. Son de quienes los ponen en el mercado.

Porque quien pone en el mercado un producto que con su uso se convierte en un residuo tiene la obligación de aceptar de vuelta ese residuo o costear la gestión de ese residuo. Y si los envasadores y distribuidores no quieren que les lleves a sus establecimientos los residuos de envases tienen que pagar el coste de la recogida y tratamiento. Actualmente hacen algo parecido a través del punto verde que se encuentra en los envases y muestra la adhesión a Ecoembes. La empresa que ellos mismos crearon.

Símbolo del punto verde con el que los envasadores muestran que están adheridos a ecoembes

¿Tenemos un problema por exceso de envases de usar y tirar? Sí, lo tenemos, pero tienen que resolverlo quienes lo generan: las empresas que no dan alternativas a los consumidores. Para hacer llegar galletas a tu casa podrían utilizar muchas opciones. Incluyendo envases reutilizables. Pero prefieren sobrecitos monodosis de un solo uso, agrupados en paquetes con sobreembalajes de colores llamativos… que no hay forma de reciclar.

¿Quién ha decidido esa forma de envasar? Creo que tú, amigo consumidor, no ¿Tenemos que socializar el coste de este lucrativo modelo de negocio? Eso estamos haciendo hasta ahora con el gran porcentaje de residuos de envases que acaban abandonados por las calles, los parques, en el campo, las playas y los océanos. Pagas una cantidad por su reciclaje cuando los compras pero nadie se ocupa de ellos y, como no llegan a las plantas de gestión de residuos, alguien se queda con la tasa sin necesidad de repercutirla al sistema.

Vistas las orejas al lobo, si viviésemos en un país civilizado, la opción ideal sería prohibir determinados productos de usar y tirar que son fácilmente reemplazables con productos reutilizables. Incluyendo algunos tipos de envases. ¿Se acuerdan de las polémicas con las bolsas de plástico y de las noticias en países de nuestro entorno relativas a vasos de plástico?

O, dado que parte del problema es económico, cargar a cada envase el coste real de recogida y gestión. Es decir: si resulta sencillo recoger latas y separarlas con un imán en una planta de clasificación, si conseguimos venderlas a una fundición que las emplea como materia prima… lo suyo es que paguen menos que un envoltorio de un chicle, que tiene una compleja mezcla de metales, plásticos y pinturas con difícil salida en el mercado de materias primas (en el hipotético caso de que algún sistema de clasificación de residuos de envases fuese capaz de rescatarlo de la masa mezcla de cosas que se recogen en el contenedor amarillo).

Pero, con razón, el accionista de Ecoembes dirá que no quiere cargar al paquete de chicles el coste real de evitar que el envoltorio acabe, en el mejor de los casos, depositado en un vertedero. ¡Nadie compraría chicles! Y es que de eso va la película. Desde que (en los años noventa del siglo pasado) la Unión Europea fuese consciente del creciente problema de los residuos de envases de usar y tirar ha estado legislando para que los consumidores tuviesen una señal en el precio de lo que consumen: cuanto más impacto y coste genere la gestión de sus residuos más caro debería ser un producto. Si queremos poner en el mercado chicles baratos que sea en envases de bajo impacto ambiental, no cobrándonos por un proceso de reciclaje que no está ocurriendo ni hay previsión de que ocurra.

Pero en España somos así de listos y lo hacemos al revés: sale más barato ir en coche a comprar embutido envuelto en capas y capas de plástico en un centro comercial, que acercarse andando a una charcutería de barrio a comprar el mismo embutido al corte. ¿Por qué? Porque son los propios envasadores y centros comerciales los que deciden, en la junta de accionistas de Ecoembes, cuánto pagan por esos envases, independientemente del coste real de gestionar los residuos que generan. Destrozan el medio ambiente y cierran el pequeño comercio, todo a la vez. Negocio redondo. Y ahora nos proponen que nacionalicemos sus miserias.

Entonces ¿cómo solucionamos el problema? Es fácil:

  • Mejorar los sistemas de recogida, a ser posible aplicando la Directiva europea de 2008 que España incumple en gran parte de su territorio desde 2015. Recogiendo los residuos mejor conseguiríamos rescatar el valor que contienen y convertirlos en materias primas atractivas para los mercados, incluyendo el chino. Porque recuerden que el principal productor de plástico ha vetado la entrada de basura en su territorio, pero para seguir enviando barreños y tarteras baratas a Europa necesita materias primas.
  • Dejando de reciclar y bebiendo agua de grifo. Quiero decir… reduciendo la cantidad de productos envasados que consumismos en nuestro día a día. Si optamos por las opciones de consumo sin envases de usar y tirar (granel, envases reutilizables…) generamos menos residuos dejamos de contribuir al problema ¿Remplazamos las bolsas de plástico?
  • Tener cuidado con los contenidos que viralizamos, los mensajes que enlazamos, las imágenes que compartimos… Estamos en el activismo gaseosa y quienes tienen grandes presupuestos para propaganda lo saben bien. Un mensaje buenista puede despistar la atención del verdadero problema y sus soluciones reales. Y si está bien enfocado hacernos que cada vez compremos más productos en envases de usar y tirar. ¿Qué problema queríamos arreglar?

La duda que me queda es si la idea de nacionalizar Ecoembes es un globo sonda lanzado por la propia empresa. Todos sabemos que sus resultados son más que cuestionables y que gran parte del problema viene de que permite adherirse a su sistema a cualquiera, incluso si utiliza envases que no pueden recogerse ni reciclarse en los procesos actuales de gestión de residuos. Ante el bloqueo chino al material de baja calidad que se recupera en el contenedor amarillo… ¿la salida que queda a la empresa y sus accionistas es cargar a la Administración con los envases que no hay manera de recoger ni reciclar? ¿Quiere Ecoembes trasladar a las maltrechas arcas públicas la gestión de esos envases que actualmente no se reciclan para quedarse sólo con las latas de bebidas y las botellas de plástico? Se admiten apuestas.

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China ya no quiere tu basura ¿qué hacemos con ella ahora?

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

China bloquea la importación de residuos

Hay un hito en la gestión de residuos que quizá te ha pasado desapercibido, pero ha creado un gran revuelo en el sector: China ya no quiere más basura del exterior. No, no ha cerrado la frontera al turismo occidental, se ha puesto seria contra la entrada de residuos en su territorio. Y eso es un problema para el reciclaje y la economía circular tal y como los conocíamos. ¿Qué podemos hacer ahora?

Quizá nunca te has preguntado qué pasa con tus residuos una vez que los dejas en los contenedores de colores. Da igual, te lo cuento de todos modos: el reciclaje no ocurre en el contenedor amarillo. Alguien tiene que recoger los residuos, llevarlos a una planta de clasificación y separarlos por tipos de materiales.

Para algunos contenedores, como el azul o el verde, es un proceso fácil: en el contenedor de vidrio la mayoría de lo que entra es vidrio, se lleva a una instalación donde lo procesan para retirar lo demás y queda una materia prima lista para fabricar nuevos envases de vidrio. ¿Me explico? ¿no? Pues echa un vistazo a este vídeo sobre cómo funciona una planta de clasificación de vidrio.

El jaleo viene con el contenedor amarillo. ¿Qué tiramos en el contenedor amarillo? Básicamente residuos de envases: una mezcla de plásticos de distintos tipos, metales, cartones plastificados (seguramente deberían ir al azul, pero…), metales plastificados, envases complejos como el brick (que capa tras capa tienen metal, plásticos varios y cartón)… Una mezcla que no se puede llevar a reciclar tal y como se recoge.

los residuos no se reciclan en el contenedor amarillo

Entonces, ¿Dónde van los residuos del contenedor amarillo? Pues a China.

¿Así? ¿¡Directamente a China!? No, claro que no. Directamente a China no. Nadie en su sano juicio querría lo que sale del contenedor amarillo. Primero pasa por unas plantas de clasificación en las que se trata de separar la basura por tipos de materiales: metales por un lado, plásticos por otro… Pero el proceso tiene sus limitaciones. Como ya hemos razonado en otras ocasiones en este blog de lo que entra en una planta de clasificación de residuos de envases apenas se recupera, en el mejor de los casos, un 60%.

Ese 60% de materiales recuperados siguen teniendo unas calidades más o menos apetecibles para el mercado. Si tu industria utiliza como materia prima polietileno te gusta utilizar un polietileno de calidad que sea, a ser posible, 100% polietileno.

Pero si el resultado de la clasificación es una masa que contiene un 80% de envases mezclados (incluyendo tapones y etiquetas) de todo tipo de plásticos (polietileno, PVC, polipropileno, poliestireno…) y un 20% de impropios (incluyendo un 4% de materiales variados que no son plásticos)… el encaje de eso como materia prima para la industria es difícil. ¿Qué hacemos con ello? ¡Llevarlo a China! No, todavía no.

plásticos, metales, materia orgánica, papel y cartón, recuperados en una planta de clasificación de residuos

En España tenemos un tejido amplio de “recicladores”. Cientos de empresas que recogen residuos y los preparan para otras etapas del proceso de gestión. El reciclaje propiamente dicho (pasar un residuo a materia prima) no ocurre en ninguna de esas plantas, pero las conocemos (por simplificar) como plantas de reciclaje de residuos. En estas sí se admite todo tipo de mezclas de residuos. Su trabajo principal es separarlos y organizarlos para que sean más atractivos al siguiente paso en el mercado.

Son las típicas chatarrerías de toda la vida. Si se te rompe el tendedero poco puedes hacer con él, pero si alguien lo junta con el marco de una ventana, las patas de una cama, la carcasa de un ordenador… va juntando una cantidad de material que acaba teniendo un precio en el mercado. Si en al almacén de hierros oxidados le sumamos una flota (que no tiene que ser propia) de contenedores y camiones con los que retirar residuos a fábricas de muebles, centros comerciales, recintos feriales… puntos limpios y plantas de clasificación de residuos tenemos el modelo de negocio de la inmensa mayoría de los “recicladores” en España.

Estas empresas cada día descargan toneladas de residuos en una solera de hormigón. Un ejército de operarios (más o menos mal pagados) los separan a mano: la madera aquí, los metales allí, los plásticos más allá… Y los van cargando a tolvas que alimentan cintas transportadoras, que a su vez van a equipos mecánicos de separación especializados por tipos de materiales.

Ahora sí. Tenemos toneladas de hierro, aluminio o acero listas para llevar a fundir. Madera en forma de astillas, serrín o pellet para alimentar calderas. Y plásticos. Muchos tipos de plástico que podemos vender al mejor postor. ¿Quién compra mis plásticos? China. A falta de una industria nacional del plástico que asuma los residuos de para fabricar nuevos productos, la mayor parte de los residuos recuperados en estas instalaciones de tratamiento se van (siempre que pasen el visto bueno del un inspector chino) de vuelta al país que más plástico fabrica. Y la logística inversa los volverá a traer en forma de barreños, juguetes, fibra para ropa de moda…

El problema es que China ya no quiere más residuos. La cosa nace en la propia legislación europea. Para aclarar qué es un residuo y qué es una materia prima, definió los criterios que determinan el final de la condición de residuo. Es una cuestión estadística y de seguridad para la industria. Siempre que China no decida ponerse igual de restrictiva y cerrar el grifo a toda esa mezcla de materiales que no pueden ser considerados materia prima y siguen siendo basura. ¿Qué vamos a hacer con ellos si no valen para reciclar, no podemos enterrarlos en vertederos, no podemos incinerarlos en condiciones de seguridad y China ya no los quiere?

La situación es acuciante. En Reino Unido están de basura hasta las orejas. En España estamos algo mejor porque ignoramos la normativa europea y, últimamente, los “fortuitos” incendios en instalaciones de gestión de residuos están reduciendo (con un alto coste económico, social y ambiental) la necesidad de buscar salidas formales a la ingente producción de residuos generados por nuestro modelo de consumo de usar y tirar.

¿Qué podemos hacer? Se me ocurren muchas cosas, pero lo más importante es que cada cual sea consecuente con su margen de actuación y ámbito de responsabilidad.

  • Como consumidores tenemos que buscar la forma de reducir el consumo de productos que se convierten en residuos. El ejemplo claro está en los envases de usar y tirar. Son una de las partidas más importantes en nuestro cubo de la basura y pueden reemplazarse comprando a granel o en pequeños comercios donde la venta al peso disminuye el exceso de embalado. Pero también podemos comprar productos duraderos. ¿Qué tal retomar la ferretería? Quizá si apostásemos más por productos locales fabricados con materiales resistentes enviaríamos un mensaje claro al mercado. Sí, en los chinos está más barato, pero ese chisme de plástico va a durar dos días y se va a convertir en un residuo que en su país de origen ya no quieren de vuelta. ¿De verdad no puedes resolver, al menos en parte, tus compras en comercios de proximidad en el barrio? ¿Te sale rentable arrancar el coche y desplazarte hasta un centro comercial para buscar un paquete de pilas, un destornillador o un par de zapatillas para estar por casa?
  • Como profesionales no podemos mirar para otra parte. Si nos prestamos al juego de las campañas de manipulación de la opinión pública no vamos a conseguir avances para resolver el problema. Ocultarlo con mensajes buenistas no va a reducir la generación de residuos. Podemos torturar los datos como mejor convenga a nuestros clientes, pero la realidad no cambia.
  • Como políticos… bueno… cuando delegamos el poder de tomar decisiones deberíamos asegurarnos que lo hacemos en quienes son capaces de velar por el interés general y no en los que están en política para asegurarse una puerta giratoria.
  • Como gestores de residuos: mejorar los procesos de recuperación. Nadie quiere basura, pero quizá si nos ponemos las pilas y conseguimos que lo que procesamos acabe reuniendo las condiciones para considerarse materia prima sí encuentra un mercado y una demanda que permita mantener la actividad y hacer negocio.

Pero, sobre todo, es el momento de revisar el modelo de recogida de residuos. El que lleva operativo los últimos 20 años, basado en un contenedor amarillo que impide la reutilización de envases e hipoteca las opciones de reciclaje de muchos de ellos, no funciona, es caro y resulta poco ecológico.

Quizá con un modelo que nos permitiese devolver los envases al establecimiento del que salen toda la cadena de valor, desde el distribuidor al fabricante, sería más consciente del problema de los residuos de envases. Recogiendo los envases que realmente se pueden reciclar de forma separada, sin mezclarlos con otras cosas que no interesan al mercado de las materias primas recuperadas, podríamos generar una industria del reciclaje que no se dedicase a almacenar material con la esperanza de que un chino decida algún día montarlo en un contenedor de vuelta al país asiático.

envases de plástico recuperados y listos para el reciclaje

¿China ya no quiere tu basura? La mejor manera de evitar que se convierta en un problema es generar la menor cantidad de residuos que sea posible, empezando por sustituir los envases de usar y tirar, siguiendo por alargar la vida útil de las cosas que ya tenemos y terminando por incluir la durabilidad en nuestros criterios de compra. Sin olvidar la reparación y el mercado de segunda mano como alternativas al cubo de la basura. ¿Qué vas a hacer tú?

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Ecoembes es una empresa privada

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Has visto su logotipo en los contenedores amarillos de recogida selectiva de envases, pero no es una contrata municipal de recogida de basuras ni una unidad de la administración ambiental. Has visto su marca en campañas que hablan de compensar la contaminación y proteger el medio ambiente, pero no es una ONG naturalista ni una asociación ecologista. También has visto su marca en estudios sobre reciclaje de residuos pero no es una institución científica. Entonces… ¿Qué es Ecoembes?

Ecoembes, Ecoembalajes España S.A., es una empresa privada con forma de sociedad anónima creada por corporaciones, grupos y asociaciones de empresas relacionadas con los envases de usar y tirar (tales como fabricantes de envases, envasadores, distribuidores de productos envasados y comercios) para gestionar el dinero que obligatoriamente deben destinar a la gestión de los residuos de los envases que ponen en circulación.

Si te animas a leer un poco, a lo largo de esta entrada te cuento un poco más sobre el origen de esta empresa y su modelo de negocio.

¿Por qué crean una sociedad como Ecoembes las empresas del envase de usar y tirar?

Es una de las dos opciones que les deja la legislación ambiental para cumplir con una de las obligaciones más importantes para la prevención de residuos de envases. La Unión Europea ha establecido el llamado principio de responsabilidad ampliada del productor, que supone la obligación a los fabricantes de aceptar y eliminar los productos devueltos tras haber sido utilizados. Esto implica que cuando alguien pone en el mercado productos que con su uso se convierten en residuos debe cubrir los costes de la gestión de esos residuos.

El objetivo de este principio de la normativa europea sobre gestión de residuos es conseguir que los propios fabricantes, y toda la cadena de distribución de productos, se impliquen para reducir la generación y, sobre todo, prevenir el abandono de residuos: si a los fabricantes de envases les exigimos que se hagan cargo de la gestión de los residuos de envases podemos conseguir que se impliquen en estrategias que reduzcan el impacto ambiental: ecodiseño, economía circular, concienciación, prevención, recogida selectiva…

La legislación propone cobrar una cantidad en la venta de productos envasados que puede ser recuperada por quienes entreguen de vuelta los envases que dejan de cumplir su función y se convierten en residuos. Para los responsables de envases que no quieran acogerse a este mecanismo existe la opción del sistema integrado de gestión.

Y Ecoembes es el único sistema integrado de gestión de residuos de envases domésticos que funciona actualmente en España. Se complementa con Ecovidrio, que se encarga de envases de vidrio, así como con Sigre, creado por el sector farmacéutico, o Sigfito, que se dedica a los envases agrarios.

Muy básicamente, es un sistema financiero en el que las distintas empresas adheridas al sistema integrado de gestión de residuos de envases Ecoembes delegan una cantidad de dinero que, a lo largo del año, la empresa Ecoembalajes España, S.A. utiliza para gestionar el sistema de recogida selectiva de envases domésticos de plástico y papel o cartón a través del contenedor amarillo y el contenedor azul.

Ese dinero se reparte en varias partidas que van desde pagar los contenedores de recogida selectiva o comprar los materiales que recuperan los ayuntamientos a través de estos contenedores, a realizar todo tipo de campañas de imagen corporativa, o estudios en los que se valore positivamente el modelo de gestión de residuos de envases de Ecoembes.

Todo estaría bien si los residuos de envases se recogiesen y se reciclasen, pero apenas somos capaces de reciclar un 2% de los envases de plástico en nuevos envases de plástico. La solución pasa por dejar de comprar agua embotellada y beber agua del grifo. Ese mensaje no es el que transmite Ecoembes.

economía circular de los envases de plástico

¿Cuál es el modelo de negocio de la empresa Ecoembes?

A pesar del nombre, el negocio de Ecoembes no es muy ecológico. Su principal fuente de ingresos es la cuota que pagan los envasadores por los productos envasados que ponen en el mercado. Así, cuantos más envases de usar y tirar se pongan en circulación, más ingresos tiene Ecoembes. Es decir, cuantos más envases de usar y tirar compremos más dinero tiene a su disposición Ecoembalajes España, S.A.

Y toda su estrategia se basa en este modelo de negocio. Tanto es así que Ecoembes admite entre las empresas adheridas a su sistema las que ponen en el mercado envases que no pueden recuperarse ni reciclarse en el modelo de gestión del contenedor amarillo. Pensemos en sobres individuales de salsas ¿se reciclan porque se vendan con el sello que muestra la adhesión al sistema integrado de gestión de envases de Ecoembes? No, pero esto permite que la empresa que los pone en el mercado justifique el cumplimiento de la responsabilidad ampliada del productor. Y eso a pesar de que la tasa de recuperación y reciclaje de ese tipo de envase es muy baja.

Si el sistema integrado de gestión no los admitiese, los responsables de estos envases deberían establecer un mecanismo para aceptar de vuelta los residuos generados por los mismos. Esta segunda opción sería inviable en muchos casos, lo que desplazaría esos envases insostenibles por otros más sostenibles o quizá forzaría la venta a granel de determinados productos.

No es solo medio ambiente, también es economía y salud: cuando el distribuidor decide sobre el tamaño de la ración individual de su producto también decide sobre nuestro modelo de consumo. Que incurra en sobreembalajes para agrupar esas unidades de producto cada vez más pequeñas que tienen que ser agrupadas en lotes de venta es sólo un mal menor para tu cuerpo y tu bolsillo.

Para mantener su modelo de negocio Ecoembes utiliza su auto asignado “eco” en campañas publicitarias y mensajes que apelan al medio ambiente para fomentar el consumo de envases de usar y tirar tranquilizando la conciencia ambiental del consumidor.

En definitiva, Ecoembes es una empresa privada que está hipotecando el modelo de gestión de residuos en España. Pero, gracias a sus potentes campañas de comunicación para despistar la atención sobre los datos reales y las estadísticas oficiales de gestión de residuos, todavía hay gente, incluso en el sector de la gestión de residuos, que cree que Ecoembes es una especie de ONG que se dedica al cuidado del medio ambiente.

¿Qué pasa con el ánimo de lucro?

Efectivamente, Ecoembes es una entidad sin ánimo de lucro. Quizá la única sociedad anónima sin ánimo de lucro en España. Pero que la organización no tenga ánimo de lucro no es incompatible con un modelo de negocio, tal y como acabamos de ver.

La propia legislación que regula la creación de sistemas de responsabilidad ampliada del productor, tales como el sistema integrado de gestión Ecoembes, establece que las entidades que los gestionan no pueden tener ánimo de lucro. Es un mandato legal muy interesante para evitar intereses perversos y fomentar que todos los recursos se destinen a la gestión del resido.

Como podemos comprobar en su contabilidad anual auditada Ecoembes no da beneficios. Conforme al mandato legal, gasta todo lo que ingresa. El problema es que una parte importante, pero indeterminada, se dedica a perpetuar el insostenible modelo de consumo basado en envases de usar y tirar. Es su razón de ser.

Y no es transparente: no sabemos cuantos envases se ponen en el mercado, por lo que no podemos saber cuantos de estos se recogen y, a su vez, qué porcentaje del total es efectivamente reciclado. Por eso la oposición de Ecoembes a la incorporación de modelos alternativos o complementarios de gestión de residuos. En el contenedor amarillo todo se mezcla, pero si los envases se recogiesen uno a uno (por ejemplo en un sistema de depósito, devolución y retorno) se contarían, lo que permitiría a otras entidades (distintas de la empresa creada por los envasadores) tuviesen acceso a los datos sobre envases gestionados.

¿Ecoembalajes?

Después de 20 años de funcionamiento y a pesar de que cuenta con interesantes líneas de actividad y trabajo con los fabricantes en relación al diseño de envases, seguimos sin tener criterios ecológicos para los envases. Estaría bien que a estas alturas se hubiese aprobado un consenso sobre qué y cómo es un envase ecológico.

¿Cambiarían las cosas si Ecoembes no fuese una empresa?

Realmente poco. Actualmente existen otros sistemas de responsabilidad ampliada del productor en los que, con independencia de la forma jurídica, se reproducen varios de los problemas que presenta el modelo de Ecoembes.

Si fuese una asociación sería una asociación de empresas interesadas en los envases de usar y tirar, por lo que seguiría sin defender valores ecológicos o de protección del bien común. Podría ser una fundación pero ocurriría lo mismo: su propósito seguiría siendo que las empresas adheridas pagasen lo mínimo posible para justificar que cumplen con la responsabilidad ampliada del productor.

El problema seguiría estando en los resultados de recogida y gestión de los envases de usar y tirar.

Imagen de un camión descargando residuos en vertedero

¿Hay soluciones?

Sí, afortunadamente hay soluciones. En primer lugar tomar conciencia de la problemática y reducir al máximo el consumo de envases de usar y tirar. Cada vez más personas se proponen vivir sin plástico. Es la mejor idea.

Pero el cambio no depende sólo de las opciones individuales de consumo. La industria tiene la responsabilidad de elegir modelos sostenibles de poner en el mercado sus productos y servicios. Ecoembes es una opción para los envases, pero cada envasador puede decidir buscar alternativas más respetuosas con el medio ambiente ¿Por qué no optar por envases reutilizables cuando supongan una menor huella ecológica que los de usar y tirar? ¿Por qué no buscar alternativas a mezclar sus envases con otros en un contenedor amarillo del que quizá no se puedan recuperar para el reciclaje?

La vía institucional también está abierta. Varias comunidades autónomas han estudiado la viabilidad de los sistemas de depósito, devolución y retorno de envases en sus territorios. La que más está sonando es la valenciana, pero Cataluña también ha comprobado que sería posible y sostenible implantar un mecanismo que incentivase a los consumidores a devolver los residuos de envases para mejorar los resultados del reciclaje. Ahora se estudia en el Congreso de los Diputados.

La más probable es que, ante el avance de la incipiente competencia, la propia empresa Ecoembes evolucione y diversifique la forma de recoger residuos de envases, aplicando esquemas mixtos de devolución y retorno complementando a un contenedor amarillo dedicado a materiales plásticos y metálicos, con independencia de que sean envases o no.

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¿Dónde tiro un termómetro de mercurio?

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Reconócelo, a pesar de que hace años que la Unión Europea prohibió la utilización de mercurio en termómetros para medir la fiebre y otros instrumentos de uso doméstico, todavía guardas en el cajón de las medicinas un práctico y fiable termómetro de mercurio. Y haces bien, si funciona no es un residuo. Y mientras sigas utilizándolo evitas la necesidad de fabricar y comprar uno nuevo.

Afortunadamente, mientras que esté en manos de alguien conocedor de los secretos de uso y lectura, el termómetro de mercurio no se va a ver afectado por la obsolescencia programada, con lo que puede seguir indefinidamente en el cajón, sin necesidad de preocuparnos por él.

Pero quizá algún día ocurra el drama y tengamos que deshacernos del termómetro. En el peor de los casos porque se nos ha roto y queremos dar la mejor gestión posible a las bolitas de metal líquido. Lo primero es recogerlo con cuidado y evitando tocarlo con las manos: podemos utilizar papel o cinta adhesiva. Metemos el mercurio, los restos del termómetro y lo que utilizásemos para recogerlo en un recipiente cerrado que no sea metálico –preferiblemente de plástico o vidrio – y lo dejamos lejos del alcance de los niños y las mascotas.

Y ahora sí, viene la pregunta clave ¿dónde llevo el termómetro?

Quizá el primer impulso es llevarlo a una farmacia, donde recogen los medicamentos. Pero el punto SIGRE está destinado a medicamentos, por lo que no aceptará nuestro termómetro. Y mucho menos si está roto.

Entonces ¿quién recoge el mercurio del termómetro? Tu ayuntamiento. Según la Ley 22/2011, de 28 de julio, de residuos y suelos contaminados la recogida, el transporte y el tratamiento de los residuos domésticos generados en los hogares es un servicio obligatorio que corresponde a las Entidades Locales.

Como el mercurio es un material peligroso no podemos depositarlo en los contenedores de recogida convencional: si lo juntamos con la materia orgánica la contaminaríamos y, en caso de que se compostase y utilizase como abono, el mercurio pasaría a los alimentos o a los ecosistemas, pudiendo entrar en nuestra cadena alimentaria en forma de tomate.

En los otros contenedores el riesgo es que los operarios de gestión de residuos (en cualquiera de las fase de recogida, clasificación, tratamiento…) entren en contacto directo con ese mercurio, que se disgrega y evapora con relativa facilidad, por lo que puede acabar inhalado.

La ley de residuos también establece que las Entidades Locales habilitarán espacios, establecerán instrumentos o medidas para la recogida separada de residuos domésticos a los que es preciso dar una gestión diferenciada bien por su peligrosidad, para facilitar su reciclado o para preparar los residuos para su reutilización.

Es decir, si en mi hogar se genera un residuo doméstico peligroso que no puedo depositar en los contenedores normales de basuras, el ayuntamiento tiene que poner a mi disposición alguna forma de recogida de ese residuo para evitar que cause daños al medio ambiente y la salud de las personas. Esa instalación suele ser un punto limpio, fijo o móvil, donde se me permite llevar este tipo de residuos.

Es más, si vamos –por ejemplo- a la lista de puntos limpios de la Comunidad de Madrid, veremos que muchos de ellos recogen termómetros. Pero la experiencia de usuario dice que el operario de la puerta no suele admitir el termómetro roto. En principio, el recipiente que recoge los termómetros enteros -¿quién querría llevar a un punto limpio un termómetro entero que funciona correctamente?- debería estar preparado para contener el mercurio de una hipotética rotura. Y si el tratamiento es la recuperación del mercurio, en algún momento se tendrán que romper los termómetros ¿tiene sentido que no recojan el mercurio de tu termómetro roto en el punto limpio?

El caso es que estamos de vuelta en casa con nuestro mercurio ¿Qué hacemos ahora?

Reclamar por escrito al ayuntamiento para que tenga constancia del problema y tome las medidas pertinentes. Mientras dejemos el incidente en una discusión con el operario del punto limpio o una queja al servicio de atención telefónica, nadie va a tomar medidas para solucionarlo. Si quieres dejar de recibir largas y ver cómo se tiran la pelota de un lado a otro, lo mejor es pasar a la acción: acudir al procedimiento administrativo.

Si inicias una petición en el registro de tu ayuntamiento como mínimo te tienen que dar una respuesta por escrito. Y su obligación legal es recoger los residuos domésticos generados en los hogares ¿no es el caso de tu termómetro roto? No van a ir a tu casa a por el mercurio, pero quizá aclaren al operario del punto limpio cómo tiene que recoger los termómetros rotos.

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