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El Escarabajo Verde: Amarillo 2

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Sistema de clasificación de residuos de envases de la empresa TOMRA instalado en la planta de tratamiento del contenedor amarillo en Valdemingomez.

Traigo al blog el segundo de los reportajes que El Escarabajo Verde ha dedicado al contenedor amarillo. En el primero se hablaba sobre el funcionamiento del contenedor amarillo y los resultados que consigue esta forma de recoger residuos. En esta ocasión se abordan las alternativas pue pueden mejorar las tasas de recuperación y reciclaje de los residuos de envases.

Aparecen varias propuestas, desde la recuperación incentivada, en la que se premia a quienes depositan envases usados en una máquina de recogida; los sistemas de depósito, devolución y retorno, en los que se entrega una cantidad a cuenta que se recupera cuando el envase vuelve al lugar de venta; o la recogida domiciliaria puerta a puerta, que permite identificar (y en su caso sancionar) comportamientos en la entrega de basuras contrarios a las ordenanzas municipales.

En poco más de 20 minutos se exponen estas distintas formas de recoger los residuos y se ilustra cómo cada uno de ellos contribuye a la mejora de la recuperación y el reciclaje de los residuos que generamos en nuestros hogares.

El equipo ha visitado instalaciones que reciben materiales procedentes de cada una de estos sistemas de recogida, evidenciando que una mejor recogida incide en un menor coste de tratamiento y en unas mayores posibilidades de convertir la basura en materias primas.

Un reportaje imprescindible para comprender la necesidad de seguir evolucionando en el modelo de gestión de envases, que ilustra lo que pasa con lo que dejamos en el contenedor amarillo y lo que podría pasar si avanzásemos en los sistemas de recogida. No te lo pierdas.

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De 9 de cada 10 a 3 de cada 4 latas recicladas.

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Estos días un sistema integrado de gestión de residuos se felicitaba en Twitter por un dato histórico: “Se han reciclado 31.000 millones de #latas de #aluminio. 3 de cada 4 puestas en el mercado (74,5%).” Decía el tuit. Curiosamente llevo escuchando el mantra, desde 2013, de que en España 9 de cada 10 latas se reciclan. ¿En qué quedamos 9 de cada 10 o 3 de cada 4? Porque… no es exáctamente lo mismo.

La diferencia es pasar del 90% al 75%. Una cuestión significativa a la hora de saber qué esfuerzos tenemos que hacer, o no, para mejorar la recogida y el tratamiento de las latas de bebidas. Más ahora que estamos en plena guerra contra el plástico de usar y tirar, con el personal proponiendoideas como sustituirlo por aluminio… de usar y tirar ¿Cuántas latas se reciclan en España?

Pues ni una cosa ni la otra. Según datos de Metal Packaging Europe, en España estaríamos reciclando el 62% de las latas de bebidas. Y la fuente del dato es, precisamente, una asociación sectorial nada sospechosa de querer dar una cifra baja para este indicador. Es más, la propia Asociación de Latas de Bebidas (que era la fuente para la estadística de 9 de cada 10) forma parte de Metal Packaging Europa, que dice deja la tasa de reciclaje en 6 de cada 10 envases para el caso español.

Tasas de reciclaje de latas de aluminio en la Unión Europea. Datos de 2017. Fuente: Metal Packaging Europe.
Fuente: Metal Packaging Europe.

¿Por qué estamos así? Pues por el sistema de recogida. En el contenedor amarillo mezclamos muchos materiales diferentes que después se separan en procesos industriales sin la capacidad de preparar adecuadamente los residuos de envases para el reciclaje. Si necesitas una explicación gráfica puedes encontrarla en el reportaje del programa “El escarabajo verde” Amarillo 2, en el que muestran, de una forma muy didáctica, los resultados de la recuperación de materiales en distintos sistemas de recogida de residuos.

No me voy a repetir mucho más: los sistemas integrados de gestión de residuos en España gastan mucho dinero en desinformación ambiental, falsas noticias y en ocultar a la opinión pública lo que realmente está ocurriendo con la basura. Este es otro ejemplo más de las mentiras del sistema que gestiona el contenedor amarillo y las organizaciones que se crean con el dinero que debería ir a recogida selectiva pero se gasta en propaganda y manipulación.

Lo que me pregunto es, ahora que todo empieza a ser evidente a la opinión pública y cada vez quedan menos alfombras para esconder la basura… ¿Cuánto va a tardar Coca – Cola en encargarle a Ecoembes que compre e instale máquinas para la devolución de envases? ¿Las pagarán las grandes superficies comerciales o saldrán del presupuesto público de las comunidades autónomas que se han negado a estudiar los beneficios económicos, ambientales y sociales de mejorar el modelo del contenedor amarillo? ¿Lo harán bajo un sistema de depósito y devolución de retorno de envases contra el que han despotricado corporaciones como el Grupo DIA y Mercadona o bajo los criticados modelos de “reciclaje incentivado”? ¿Cederan espacio las cadenas de hipermercados que tanto se oponían a las máquinas o habrá que hacer un hueco en las aceras de las calles?

Y lo que es más preocupante ¿alguien en la Administración está tomando nota de lo que pasa o este cambio de 9 de cada 10 a 6 de cada 10 nos da igual y vamos a seguir mirando para otro lado? Porque 6 de cada 10 latas de bebidas, 3 de cada 10 envases de plástico… estamos muy lejos de llegar al 80% de reciclaje de residuos de envases. Y esta vez la colleja no viene de parte de una organización ecologista, es la propia industria la que dice que, en una fracción relativamente sencilla de reciclar, nos quedamos en un 62% ¿Qué pasa con los envases que no se pueden recuperar del contenedor amarillo? ¿En qué estadístinas nos movemos? ¿Nos acercan a los compromisos europeos?

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El Escarabajo Verde: Amarillo 1

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La nueva temporada de El Escarabajo Verde ha empezado fuerte. La presentación del programa prometía: “En plena crisis del plástico, ¿hay que reducir la compra de los envases o es suficiente con llevarlos al amarillo? El Escarabajo Verde sigue los rastros de los envases y los datos del reciclaje”. Y cumple las expectativas. Con creces. Si no lo has visto todavía no deberías perder el tiempo leyendo esta entrada, busca 32 minutos y ponte con él. El Escarabajo Verde: Amarillo 1.

Empieza con los residuos de la noche de San Juan. Poniendo en contexto la sensación que nos genera la vista de los envases que se acumulan en la playa tras una noche de fiesta con el impacto que supone la cantidad de envases que se consumen: cada minuto un millón de botellas de plástico se venden en el mundo. A partir de aquí vienen las preguntas ¿Cuántos envases se reciclan en España? ¿Reciclamos mucho o reciclamos poco? ¿Quién tiene la responsabilidad del impacto de los residuos?

El equipo del programa recoge desde la respuesta social a los envases de usar y tirar al estudio “forense” de las bolsas de basura que depositamos en los residuos o la capacidad de la industria del plástico de asumir el material recuperado.

Abordan la cuestión desde el requisito de la normativa europea que establece la responsabilidad de los envasadores en la gestión de residuos de envases, lo que lleva a explicar qué es Ecoembes y cómo se gestiona el contenedor amarillo. Se plantean qué se tira o no al contenedor amarillo, si los plásticos que no son envases pueden recuperarse después de depositarlos en el amarillo o qué pasa con todo lo que hemos dejado en este contendor.

Para dar respuestas nos llevan a plantas de clasificación de residuos, ilustrando cómo se preparan los residuos para el reciclaje y la distribución de costes entre las empresas que ponen envases en el mercado y las administraciones que se encargan de la recogida y gestión de residuos.

De todos los envases que van al amarillo, el programa le sigue la pista a las botellas de plástico de PET y a los briks. Desde la propia industria del PET expresan que no hay suficiente material recuperado para toda la demanda de botellas que está habiendo y que va a haber, por lo que habría que mejorar la recogida de los residuos de envases.

En el apartado de los datos ponen de manifiesto la falta de documentación y la escasa información que no tenga como fuente el sistema integrado de gestión de envases Ecoembes. En este punto cuentan con el testimonio de Julià Álvaro, que manifiesta la falta de datos fiables, entre otras cuestiones en relación a la cantidad de envases que se ponen en el mercado.

A modo de ejemplo, el propio Ayuntamiento de Madrid sólo pudo tratar una tercera parte de los envases recogidos en 2016. Desde el Parque Tecnológico de Valdemingomez (P.T.V.) reconocen que el 13% en peso de la fracción resto son envases ligeros que deberían ir al contenedor amarillo. Unas cien mil toneladas en 2017. El máximo de esa cantidad que se podría aprovechar, según José Luis Cifuentes (Jefe del Departamento de Comunicación del P.T.V.) es de un 10%.

Durante todo el programa hay un juego entre dos visiones del reciclaje en España: con Julio Barea, de Greenpeace, contrastan los argumentos de Ecoembes, aportados por Nieves Rey. No es una elección casual: la organización ecologista ha contestado a los complacientes datos de la industria del envase de usar y tirar con un estudio en el que se calcula que sólo se recicla la cuarta parte de los envases de plástico. Y añaden testimonios de la industria del plástico, empresas de reciclaje, asociaciones y algún que otro experto (entre los que he tenido la suerte de colarme haciendo realidad un sueño).

El resultado me parece brillante, un gran trabajo de documentación del que resulta un reportaje muy pedagógico, que nos debería invitar a la reflexión y a asumir la importancia de prevenir la generación de residuos, en tanto que el sistema de recogida y tratamiento no es la solución a todos los problemas de nuestro modelo de producción y consumo.

Me quedo con una de las conclusiones que cierran el programa: el sistema debería mejorar. Y me apunto para ver el resto de esta línea de investigación que aborda el estudio de nuestras basuras.

Lo bueno es que hay esperanza. El foco está puesto sobre el problema y, pese a los intentos de ocultar la información y las estrategias para engañar a la opinión pública, quedan espacios donde se hace investigación, se contrastan argumentos y la información fluye.

Gracias a todo el equipo de El Escarabajo Verde por hacerlo posible. Con vuestro trabajo de servicio público estáis consiguiendo que las cosas cambien y que podamos mantener la esperanza de dejar un planeta habitable para las generaciones siguientes.

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Entonces ¿dónde se tiran las neveras y las lavadoras?

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Estos días hemos aprendido que las neveras no se tiran al monte. Si lo haces, presumes de ello y te pillan la broma te puede salir cara. Más todavía si trabajas en una empresa de gestión de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos que lleva 10 años haciendo las cosas mal.

Frigoríficos, lavadoras, lavavajillas, televisores, ordenadores… son aparatos eléctricos y electrónicos (AEE) que, con su uso, acaban convirtiéndose en residuos (RAEE). Todos ellos sospechosos de obsolescencia programada y, en ocasiones, obsolescencia percibida. Todos ellos con sustancias peligrosas que hay que gestionar adecuadamente y materiales que se pueden recuperar y reciclar para convertirlos en materias primas.

¿Qué tengo que hacer con un electrodoméstico viejo cuando deja de resultarme útil? La legislación establece varias posibilidades. En el caso de que lo estemos sustituyendo por uno nuevo debemos entregar el aparato viejo a quien nos vende el nuevo, tanto en el comercio tradicional -con establecimientos físicos- como en la venta a distancia.

Adicionalmente, «los distribuidores con una zona destinada a la venta de AEE con un mínimo de 400 m², deberán prever la recogida en sus puntos de venta de carácter minorista, o en su proximidad inmediata, de RAEE muy pequeños, de modo gratuito para los usuarios finales, y sin obligación de compra de un AEE de tipo equivalente«. Es decir, en teoría, los establecimientos con una superficie de venta de electrodomésticos de más de 400 metros cuadrados deberían recoger, sin necesidad de que realicemos compra, los aparatos que no tienen ninguna dimensión exterior superior a los veinticinco centímetros.

Si no estás cambiando un aparato por otro nuevo, o tus chatarras electrónicas superan por algún lado los 25 cm, estás en situación de llevar los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos a uno de los puntos de recogida municipal de los previstos en el Real Decreto 110/2015, de 20 de febrero, sobre residuos de aparatos eléctricos y electrónicos.

¿A quién entregamos los electrodomésticos usados?

La normativa establece que los usuarios, cuando sea posible, destinarán los aparatos usados a un segundo uso mediante su entrega a

  • entidades sociales sin ánimo de lucro que puedan dar un segundo uso a los aparatos,
  • los establecimientos dedicados al mercado de segunda mano,
  • a través de otras vías de entrega para su reutilización y alargamiento de la vida útil de los productos.

Si el aparato resulta inutilizable, por falta de componentes esenciales o por daños estructurales difícilmente reparables, entre otras causas, los usuarios de AEE deben entregarlos como RAEE.

¿Hasta dónde eres responsable de tus RAEE?

Según la legislación vigente, los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos -como cualquier otro residuo- tienen siempre un responsable del cumplimiento de las obligaciones que derivan de su producción y gestión.

En este caso, el usuario del aparato usado puede destinarlo a su reutilización o desecharlo como residuo, adquiriendo la consideración de productor del RAEE. Su responsabilidad concluye con la entrega del RAEE en las instalaciones o puntos de recogida de las Entidades Locales, de los distribuidores, de los gestores de residuos o con su entrega en las redes de recogida de los productores de AEE. La normativa contempla que el usuario puede exigir acreditación documental de la entrega.

Por su parte, los costes de la recogida separada, el transporte y el tratamiento respetuoso con el medio ambiente de los RAEE es responsabilidad de quienes los ponen en el mercado.

El reciclaje de los residuos ocurre en distintos tipos de instalaciones, a las que tienen que llegar los electrodomésticos en condiciones adecuadas para que se les retiren componentes peligrosos, se separen piezas reutilizables o se recuperen materiales que puedan volver a convertirse en materias primas. Entregarlos correctamente es sólo un primer paso.

En cualquier caso, los RAEE no pueden ser abandonados en la vía pública o entregados a operadores o gestores no registrados. La legislación contempla sanciones para este tipo de conductas que dificultan la correcta gestión de los residuos.

Pero ¿qué son los aparatos eléctricos y electrónicos?

Las cuestiones anteriores se aplican a aparatos eléctricos y electrónicos (AEE), cuya definición es: todos los aparatos que para funcionar debidamente necesitan corriente eléctrica o campos electromagnéticos, y los aparatos necesarios para generar, transmitir y medir tales corrientes y campos, que están destinados a utilizarse con una tensión nominal no superior a 1.000 voltios en corriente alterna y 1.500 voltios en corriente continua. A modo de ejemplo, se dividen en las siguientes categorías:

  • Aparatos de intercambio de temperatura: frigoríficos, congeladores, aparatos que suministran automáticamente productos fríos, aparatos de aire acondicionado, equipos de deshumidificación, bombas de calor, radiadores de aceite y otros aparatos de intercambio de temperatura que utilicen otros fluidos que no sean el agua.
  • Monitores, pantallas, y aparatos con pantallas de superficie superior a los 100 cm2: pantallas, televisores, marcos digitales para fotos con tecnología LCD, monitores, ordenadores portátiles, incluidos los de tipo «notebook».
  • Lámparas: lámparas fluorescentes rectas, lámparas fluorescentes compactas, lámparas fluorescentes, lámparas de descarga de alta intensidad, incluidas las lámparas de sodio de presión y las lámparas de haluros metálicos, lámparas de sodio de baja presión y lámparas LED.
  • Grandes aparatos (con una dimensión exterior superior a 50 cm): lavadoras, secadoras, lavavajillas, cocinas, cocinas y hornos eléctricos, hornillos eléctricos, placas de calor eléctricas, luminarias; aparatos de reproducción de sonido o imagen, equipos de música (excepto los órganos de tubo instalados en iglesias), máquinas de hacer punto y tejer, grandes ordenadores, grandes impresoras, copiadoras, grandes máquinas tragaperras, productos sanitarios de grandes dimensiones, grandes instrumentos de vigilancia y control, grandes aparatos que suministran productos y dinero automáticamente.
  • Pequeños aparatos (sin ninguna dimensión exterior superior a 50 cm): aspiradoras, limpiamoquetas, máquinas de coser, luminarias, hornos microondas, aparatos de ventilación, planchas, tostadoras, cuchillos eléctricos, hervidores eléctricos, relojes, maquinillas de afeitar eléctricas, básculas, aparatos para el cuidado del pelo y el cuerpo, calculadoras, aparatos de radio, videocámaras, aparatos de grabación de vídeo, cadenas de alta fidelidad, instrumentos musicales, aparatos de reproducción de sonido o imagen, juguetes eléctricos y electrónicos, artículos deportivos, ordenadores para practicar ciclismo, submarinismo, carreras, remo, etc., detectores de humo, reguladores de calefacción, termostatos, pequeñas herramientas eléctricas y electrónicas, pequeños productos sanitarios, pequeños instrumentos de vigilancia y control, pequeños aparatos que suministran productos automáticamente, pequeños aparatos con paneles fotovoltaicos integrados.
  • Aparatos de informática y de telecomunicaciones pequeños (sin ninguna dimensión exterior superior a los 50 cm): teléfonos móviles, GPS, calculadoras de bolsillo, ordenadores personales, impresoras, teléfonos.
  • Paneles fotovoltaicos grandes

Espero que esta entrada te aclare algo sobre el destino que deberías dar a los residuos electrónicos que generas en tu día a día. El reto es que la aplicación de la normativa incentive la fabricación de quipos más duraderos y reparables, así como que se reutilicen aparatos y componentes.

Para hacerlo posible es necesaria la participación de todos los agentes involucrados, desde los consumidores responsables y conscientes del marco legal aplicable a la producción y gestión de residuos, a fabricantes y distribuidores que, en este caso, juegan un papel clave para la recogida y adecuado tratamiento de los residuos.

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Basuraleza: nevera por la ladera

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El problema de los residuos tiene muchas caras y posibles soluciones. Algunas están al principio y otras al final de la tubería. Recoger basura del campo es una medida necesaria para reducir su impacto en los ecosistemas, pero esconde la necesidad de adoptar otras estrategias.

Sacar un frigorífico del cauce de un río es clave para frenar la contaminación que puede estar generando, siempre que no evite plantearnos preguntas ¿quién lleva esos residuos a la naturaleza?

Personalmente no se me ocurre en qué situación un particular acarrea un pesado y voluminoso electrodoméstico fuera de uso hasta el monte. Supongo que se darán casos en los que al interesado no se le ocurra dejarlo en el portal de su casa, junto a los contenedores de su calle, el punto limpio de su pueblo… y decida seguir avanzando con la lavadora al hombro hasta la cima de un cerro desde el que despeñar el aparato.

Sí hemos visto estos días el vídeo donde, supuestamente, los responsables de su reciclaje dejan caer una nevera vieja ladera abajo. Según distintas fuentes el desalmado es empleado de la empresa que debería estar dando una salida adecuada a los residuos de electrodomésticos.

Este gesto refleja la falta de compromiso con la legislación vigente en materia de gestión de residuos. En particular la mala aplicación del principio de responsabilidad ampliada del productor. Para aparatos eléctricos y electrónicos (prácticamente cualquier cosa que enchufes a la electricidad o a la que puedas poner pilas) existe la obligación del comerciante de quedarse con el aparato viejo que sustituyes por uno nuevo.

En teoría esto debería servir para incentivar la prevención: si los fabricantes tienen que asumir los costes de gestión del residuo (recogida, transporte, tratamiento, reciclaje, eliminación…), quizá se planteen diseñar productos con una mayor vida útil, que puedan ser reparados… o, al menos, que se puedan desmontar y separar en piezas reciclables. El objetivo es reducir el impacto de los residuos internalizando los costes en la cadena de valor de los productos.

Pero con demasiada frecuencia vemos que las lavadoras, frigoríficos y otros electrodomésticos acaban amontonados en descampados a las afueras de las ciudades, arrojados debajo del puente del río o, en el mejor de los casos, despedazados en las aceras de nuestras calles.

Sí, podemos y debemos pedir la cabeza de quien lanza la nevera ladera abajo. Y retirar los residuos del medio natural para que no sigan contaminando los ecosistemas que nos alimentan. Pero la denuncia tiene que ir más allá. Identificar al fabricante del electrodoméstico, a la organización responsable de la recogida, a la empresa titular de la furgoneta profesional dedicada al transporte de residuos.

Prevenir el abandono de basura en la naturaleza pasa por la concienciación de personas particulares, pero también porque todos los agentes implicados en la cadena de recogida, tratamiento y gestión actúen de acuerdo con su nivel de responsabilidad.

Como consumidor, la mía empieza en una decisión de compra y acaba cuando entrego los residuos a quienes tienen que llevarlos a una instalación de tratamiento. Si por el camino se entretienen buscando soluciones más lucrativas, pero con un mayor impacto ambiental, no se me puede responsabilizar. Yo pago por la gestión al final de su vida útil cuando compro productos que se convertirán en residuos y cuando mi Ayuntamiento me reclama las pertinentes tasas de basuras.

Incluso explico a cada transportista la obligación legal de llevarse el aparato viejo que sustituyo con el que me acaba de traer. Pero no puedo comprobar si la cadena de distribución está destinando la parte del precio que pago a capacitar a esos transportistas, o si lo que se me cobra en cada compra como «tasa ecoraee» es un impuesto revolucionario que no cumple su verdadera función.

Tampoco puedo ir detrás de cada furgoneta a verificar si desguazan los electrodomésticos que se llevan de casa en el descampado más cercano, liberando sustancias peligrosas, abandonando los residuos que no tienen salida en la economía sumergida y comerciando las piezas o los materiales que tienen un precio en el mercado negro.

Lo dicho. Sal a recoger basuraleza siempre que puedas o quieras. Pero evita ser cómplice de quienes deberían evitar que tus electrodomésticos rueden ladera abajo.

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Repor: Residuo en venta

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Cristina Fernández firma un reportaje imprescindible para entender cómo funciona la gestión de residuos en España y qué está pasando con nuestros plásticos. Si no lo has visto todavía busca cuanto antes la media hora que necesitas para verlo (estrictamente hablando 25 minutos y 19 segundos).

El reportaje explica, a través de testimonios de gestores de residuos, cómo funciona el mercado de los plásticos recuperados de nuestra basura, así como las opciones de encontrar salida a distintos materiales en función de su calidad, incluidas las exportaciones fraudulentas a países asiáticos a través de redes delictivas que actúan en el sector.

También aborda el problema de los, cada vez más frecuentes -una media de 50 al año-, incendios que ocurren en las instalaciones que se dedican a la gestión y almacenamiento de residuos recuperados.

En concreto da voz al SEPRONA (Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil). Desde esta institución manifiestan que aproximadamente el 15% de esos incendios son intencionados -quizá como forma de hacer desaparecer residuos que no se venden-, sin descartar que pueda haber otros que lo sean pero no se pueda demostrar después del pertinente peritaje.

Con independencia de esa intencionalidad, la gran mayoría de los incendios en plantas de residuos, según el SEPRONA, refleja malas conductas por negligencia, falta de medidas de seguridad, ahorro de costes y otros factores que influyen en los sucesos.

De modo similar, el Cuerpo de Bomberos de Castellón se pronuncia sobre las circunstancias en las que llegan los avisos sobre estos sucesos, el riesgo asociado a las condiciones de almacenamiento de los materiales residuales y la falta de medidas de prevención, como una deficiente sectorización. La suma de estos factores hace que la actuación se limite a controlar incendios que no tienen solución.

También habla la Administración, expresando el problema de la acumulación de plásticos y los resultados limitados del reciclaje, denunciando la acumulación ilícita de materiales y las dificultades de trasladar los costes de las actuaciones de retirada a los responsables.

Al final del reportaje un operario de recogida nos llama la atención sobre la falta de conciencia en relación a la cantidad de residuos que generamos. De este modo se cierra el documento con un aviso sobre la importancia de participar en la recogida selectiva como forma de mejorar las opciones de recuperación y reciclaje de nuestras basuras.

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