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Contenedores amarillos y reciclaje de envases en Madrid

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Contenedor amarillo para residuos de envases en MadridSegún los datos de la Estrategia de Prevención y Gestión de Residuos del Ayuntamiento de Madrid, en 2016 se recogieron en la ciudad 1.284.259 toneladas de residuos de las que se estima que 435.877 toneladas eran envases. ¿Qué tal funciona el reciclaje de residuos en Madrid?

Hablar de reciclaje es hablar de todo el proceso que ocurre desde que generamos un residuo hasta que este se convierte en materia prima. El primer paso, muy importante, es la pre-recogida de esos residuos. En Madrid, hasta fechas muy recientes, se hacía básicamente con un sistema de cuatro contenedores:

  • Azul: para papel y cartón.
  • Verde: para vidrio.
  • Amarillo: para envases ligeros.
  • Gris de tapa naranja: para restos.

Las personas que vivimos en Madrid tenemos que depositar nuestros residuos en esos contenedores o, en el caso de residuos especiales recurrir a los puntos limpios, donde un usuario doméstico pude llevar electrodomésticos, escombros, productos de limpieza, aceites y otros residuos voluminosos o peligrosos generados en el hogar.

Después de entregar nuestra basura en los distintos contenedores viene la recogida: el camión correspondiente acude a por los residuos, los carga y los lleva a plantas de clasificación. En el caso de la ciudad de Madrid contamos con el llamado Parque Tecnológico de Valdemingómez: un conjunto de instalaciones donde se procesa la basura de los madrileños para rescatar los distintos materiales que se pueden reciclar y valorizar o, a falta de estas soluciones, se vierte a vertedero.

Atendiendo a la “Memoria de actividades de la Dirección General del Parque Tecnológico de Valdemingómez”, “El total de materiales reciclables recuperados de los residuos domésticos de la ciudad de Madrid en 2016 ascendió a 145.816 t. El 54,04% de esta cantidad correspondió materiales depositados en los contenedores de aportación situados en la vía pública, mientras que el 45,99% restante lo integraron los materiales seleccionados y clasificados en las instalaciones de tratamiento del Parque Tecnológico”.

Podemos matizar los datos y tratar de afinar, pero en una primera aproximación tenemos que de 435.877 toneladas de envases recogidos en la ciudad de Madrid solo se recuperan para reciclaje 145.816 toneladas. Es decir, en el mejor de los casos, la capital de España estaría reciclando un 34% de los residuos de envases que recoge (más de la mitad son envases de vidrio y papel/cartón que proceden de su propia recogida selectiva: no llegan en el contenedor amarillo). Hablamos de una ciudad que es la capital del país, que cuenta con una importante inversión e infraestructura de gestión de residuos y, sobre todo, en la que toda la basura recogida en contenedores se procesa antes de ir a eliminación ¿Cómo es posible que Madrid apenas recicle un tercio de los residuos de envases que recoge?

Quizá la culpa sea de los propios madrileños. La estrategia de residuos plantea que “En general parece existir un desajuste entre lo que piensa la ciudadanía que hace y lo que realmente hace”“se recogen de manera separada apenas 68.000 toneladas (67.876 en 2016) que además contienen solo un 51,11% de materiales que debían haberse depositado en el contenedor amarillo”.

De esa materia prima, los residuos recogidos en el contenedor amarillo, las plantas de clasificación del Parque Tecnológico de Valdemingomez son capaces de rescatar un 35% del material para reciclaje. En particular, en la planta La Paloma se llega a rescatar hasta un 41% de lo que entra, una cantidad nada despreciable si tenemos en cuenta que la mitad de lo que llega se supone que son cosas que no debían estar allí.

Si seguimos analizando datos encontramos algo que llama la atención ¿cómo llegan los residuos a las plantas de clasificación? El 85% de los envases recogidos en la ciudad de Madrid llegan a Valdemingómez en el contenedor gris, mientras que sólo el 15% llega en el contenedor amarillo. ¿Es un problema de poco civismo? ¿Puede resolver esto la concienciación ambiental?

Suelo decir que el reciclaje no ocurre en el contenedor amarillo. Hemos visto que hay un problema de residuos que no deberían depositarse en este contenedor, que la capacidad de tratamiento es limitada… pero ¿alguien se ha parado a pensar si hay otros factores que influyan en la distribución del porcentaje de recogida?

Que el contenedor amarillo en una ciudad como Madrid recoja el 15% de los residuos de envases es preocupante. Más cuando la proporción de impropios en el contenedor amarillo es de un 50%. Esto debería hacernos saltar las alarmas ¿Qué es lo que no funciona en Madrid? ¿Las instalaciones de tratamiento de basura? ¿La concienciación ciudadana? ¿La dotación de medios para la recogida de envases?

Si seguimos investigando en la memoria de la estrategia municipal de residuos encontramos otro dato que debería llamarnos la atención. Al menos a mí me llama poderosamente la atención. Se trata de la capacidad de los contenedores para la recogida de residuos:

  • Dotación media de contenedores fracción resto: 23,75 litros/habitante
  • Dotación media de contenedores amarillos: 9,59 litros/habitante.

¿Cómo? ¿El 70% del volumen de recogida está dedicado a la fracción resto y solo el 30% a los envases ligeros? ¿Cómo puede ser esto? No sé cómo será en el resto de las casas, pero en la mía el cubo de la basura está divido justamente al revés: un tercio es para restos y dos tercios son para envases.

La concienciación ambiental por sí misma no va a resolver el problema. El sistema de recogida de residuos que describe la estrategia de Madrid sólo pude recoger en el contenedor amarillo un pequeño porcentaje de todos los residuos de envases que se generan en la capital de España. Así, si queremos mejorar la gestión y reciclaje de residuos necesitamos invertir en una recogida mejor: dotar a la ciudad de mecanismos para llevar a un tratamiento adecuado las 435.877 toneladas de residuos que las personas que habitan Madrid entregan en los contenedores.

Así las cosas… ¿Pueden la educación y la concienciación ambiental mejorar el reciclaje en Madrid? Posiblemente sí. Quizá llegando a una situación ideal conseguiríamos que el 100% de lo que se recogiese en los contenedores amarillos fuesen envases. Pero… los contenedores amarillos de la ciudad de Madrid recogieron 67.876 toneladas de residuos en 2016 ¿Cuánto supone esto frente a las 435.877 toneladas de envases recogidas? No llega al 16%.

Sí, la instalación de un quinto contenedor para materia orgánica puede ser un paso importante para mejorar la gestión de este tipo de residuos, pero… seguiremos teniendo una dotación insuficiente de contenedores destinados a envases.

El quinto contenedor no resuelve la escasa dotación para recogida de envases. Cerca del 80% de los envases se seguirán recogiendo como impropios, ahora repartidos entre el contenedor gris y el marrón.

¿Qué tal si aumentamos el volumen de contenedores amarillos? ¿Por qué no hacerlo? En la estrategia se recoge que la actual “ratio es superior al valor establecido por Ecoembes de 7,69 litros/habitante para municipios urbanos”. Un dato curioso: Ecoembes (Ecoembalajes España, S.A.) recomienda una ratio al Ayuntamiento una ratio de contenedores para residuos de envases manifiestamente insuficiente ¿Por qué?.

Si volvemos a la memoria del Parque Tecnológico de Valdemingómez vemos que entre los ingresos del tratamiento de los residuos urbanos de la ciudad de Madrid destaca una partida de 24.445.166 euros en concepto de “Convenio ECOEMBES” No puedo dejar de preguntarme ¿qué pasaría, si en vez de aplicar la ratio recomendada por Ecoembes, el Ayuntamiento de Madrid duplicase o triplicase el volumen de recogida de envases? ¿Qué pasaría si la capacidad para recogida selectiva subiese del 16% al 50%, al 70% o al 100% de los residuos que deberían ir a parar al contenedor amarillo?

En ese caso los ciudadanos podrían hacer lo que se espera de ellos: echar los envases al contenedor amarillo. Y la ciudad lo que los ciudadanos esperan de ella: recuperar para reciclaje los residuos separados en contenedores de colores.

Pero… ¿realmente se espera que los ciudadanos separen correctamente sus residuos o eso es lo que se dice que se espera de ellos? Para que se pudiesen entregar correctamente separados los residuos de envases ligeros harían falta muchos más contenedores amarillos de los que actualmente hay en la ciudad de Madrid.

Contenedores de recogida selectiva en Madrid

¿Qué pasaría si el Ayuntamiento de Madrid decidiese mejorar el sistema de recogida de envases ligeros y estableciese mecanismos por los que una parte importante no se mezclase con otros residuos y fuese directamente a recuperación? ¿Qué cantidad ingresaría el Ayuntamiento con un sistema de recogida que en vez de tener un 50% de impropios tuviese un 10% o menos?

Actualmente, después de más de 20 años funcionando y haciendo campañas de concienciación, el sistema de recogida de envases basado en el contenedor amarillo solo llega al 16% de los envases que se recogen en Madrid. No porque los ciudadanos no participen. Fundamentalmente es un problema de recogida: no hay capacidad suficiente para la cantidad de residuos de envases que debería atender el sistema.

No podemos perder de vista que el contenedor amarillo y Ecoembes responden al principio de responsabilidad ampliada del productor: si el 100% de los envases recogidos por el Ayuntamiento de Madrid están adheridos a Ecoembes y se procesan en el Parque Tecnológico de Valdemingómez ¿Por qué el Ayuntamiento de Madrid solo ingresa por la parte que recupera del contenedor amarillo? ¿Qué parte de la responsabilidad de ese escaso porcentaje de recuperación es debido a una recogida deficiente? ¿Dónde va a parar el dinero restante? ¿Dónde ha ido a parar en los últimos 20 años?

Formas de mejorarlo hay muchas, pero con los datos del propio Ayuntamiento de Madrid en la mano, mantener la dotación de contenedores amarillos y no plantear alternativas a la recogida de residuos de envases ligeros es una decisión injusta tomada a sabiendas de que lo es. Y las personas que habitamos Madrid no nos merecemos eso.

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TOMRA ya vive de tus residuos

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

plásticos, metales, materia orgánica, papel y cartón, recuperados en una planta de clasificación de residuos

Resulta curioso leer en prensa generalista artículos en los que se ataca los sistemas de depósito, devolución y retorno (SDDR) de envases con el argumento de que es un negocio orquestado por la empresa TOMRA para hacer caja en España.

A pesar de mi interés en la gestión de residuos, he de reconocer que yo tampoco había prestado atención a esta empresa y no era consciente de su existencia hasta que, hace unos años, un periodista me acusó de ser un troll a sueldo de TOMRA. Investigando encontré que se trata de una corporación con varias divisiones, algunas dedicadas a la recogida y clasificación de residuos. Y sí, entre los papelotes que acumulo con cada visita a TECMA había alguna que otra referencia a sus tecnologías.

Siguiendo la prensa especializada podemos comprobar que TOMRA no necesita del SDDR para implantarse en España. Sus maquinitas de reciclaje ya están funcionando en nuestro país al servicio de la clasificación de residuos. A modo de ejemplo, podemos encontrar equipos de esta empresa instalados en el Centro de tratamiento de Residuos Sólidos Urbanos (RSU) de Alcázar de San Juan (Ciudad Real) en el Parque de Tecnologías Ambientales de Mallorca TIRME o en las líneas de tratamiento del centro de gestión de residuos de Las Dehesas en Valdemingomez (Madrid).

Estos equipos son más costosos que la máquina que hemos visto en el vídeo publicado por Crónica Global en la prueba piloto del SDDR en San Fermines o de cuyo precio nos previene El Plural. Este último medio nos informa de que Retorna recibió en 2016 pagos, provenientes de TOMRA, por valor de 196.000 euros y por valor de 148.000 en  2017.

¿Y si Retorna fuese Athena?

A la vista de los datos y las informaciones que se publican al respecto me surge la duda. Sí, es un planteamiento meramente especulativo y conspiranoico. Ustedes me disculpen, intentaré que no se vuelva a repetir.

Por cierto, si no has visto la película “Tierra Prometida (sí, Promised Land, con Matt Damon)” corre al videoclub, ya leerás después el resto de este artículo. Sí, incluye información relevante sobre el argumento del film. Y no me gustaría destriparte la peli.

En Tierra Prometida el pobre Matt Damon tiene la misión de convencer a todo un pueblo sobre las bondades de ceder sus tierras para ser explotadas por una compañía que se dedica a la extracción de gas de esquisto… vamos, que se dedica a cambiar vacas por fracking. Hasta que se encuentra con la oposición de un viejo profesor de ciencias que empieza a poner en cuestión las bondades de la técnica y a ilustrar a sus vecinos sobre los impactos que tendría su aplicación en el pueblo.

Para rematar la jugada (¡atención spoiler!) aparece por allí un ecologista, representante de una asociación de afectados: Athena. Lleno de argumentos, anécdotas, imágenes de la desolación de fracking en otros lugares… va seduciendo a los habitantes del pueblo (incluida la maestra que estaba empezando a descubrir los encantos de Matt). Hasta que… ¡el bueno de Matt descubre que las pruebas que presenta el ecologista están manipuladas! Esto le da el argumento definitivo para imponer los intereses y el negocio de su empresa sobre los paisajes y los prados del pueblo.

Pero claro… en realidad Athena no es una asociación ecologista. Es un brazo de la empresa de extracción de gas que llega para ayudar a Matt a hacer su trabajo: desmontar los argumentos en contra del fracking. Al final… ¿de verdad no has visto Tierra Prometida?

Volviendo a las “informaciones” de Crónica Global y El Plural se despierta mi lado conspiratorio ¿Y si Retorna fuese Athena? Desde hace tiempo muchos medios de comunicación vinculan el SDDR a Retorna: si se encuentran flecos sueltos en Retorna (como la supuesta manipulación de las pruebas piloto o la supuesta financiación por parte de TOMRA), se cuestiona el SDDR.

Supongo que todo esto se aclarará algún día. Quizá algún periodista encuentre la respuesta en lo que hay de común en los currículos de Miquel Roset, Antonio Barrón, José Manuel Núñez-Lagos y otras personas con responsabilidad en las organizaciones que nos hablan sobre residuos. Lo mismo solo estamos ante un montón de ruido mediático que no pasa de remover miserias en un circo orquestado para que todo siga igual. O tal vez nada es lo que pudiera parecer.

El caso es que, abandonando el ejercicio de especulación conspiranoica, si bien hay que reconocerle el mérito de haber puesto el debate sobre la mesa, SDDR y Retorna no son la misma cosa. El SDDR no es “la recogida ecologista de envases” y el problema de la gestión de residuos no es una cuestión ideológica.

Estamos ante un problema que requiere soluciones técnicas orientadas por medidas legales: no podemos perder de vista que los sistemas de depósito, devolución y retorno son una herramienta que la Unión Europea lleva tiempo sugiriendo a España para mejorar sus tasas de recogida, reciclaje y reutilización de residuos. Los sistemas de depósito, devolución y retorno ni son exclusivos ni se agotan en los envases.

TOMRA… es como los abogados del chiste que, ganase el juicio quien lo ganase, se quedaban con la vaca. Mientras algunos medios nos entretienen con vídeos de difícil explicación, datos sobre el patrimonio de quienes abren debates o dudas sobre el ecologismo, TOMRA vende soluciones para la gestión de residuos. Los recojamos con sus máquinas para la devolución de envases o con contenedores que luego se procesan en sus equipos industriales.

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SDDR para colillas de cigarros

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

En el apasionante debate sobre el modelo de gestión de residuos se habla de los sistemas de depósito, devolución y retorno (SDDR) como una estrategia de recogida que podría mejorar las cifras de reciclaje de envases. Este mecanismo no es exclusivo de este ámbito y podría aplicarse a otros residuos. En concreto a cualquier producto que con su uso genere residuos. En los siguientes párrafos trato de explicar cómo un SDDR podría contribuir a reducir el abandono de colillas de cigarros.

Uno de los residuos más numerosos son esos filtros que los fabricantes de cigarrillos ponen en un extremo para retener las partículas que genera la combustión del tabaco. Sin esas colillas el tabaquismo sería un vicio mucho más perjudicial para los fumadores. El problema es que, consumido el cigarro, la colilla no sirve para nada, no tiene ningún valor y es, claramente, un residuo.

En muchas ocasiones las colillas acaban abandonadas a su suerte. En el mejor de los casos en un cenicero que alguien vaciará a un cubo de basura. Otras enterradas en un montoncito de arena en la playa. Muchas más pisadas sobre la acera de la calle, esperando que el viento o el agua de lluvia las arrastren al alcantarillado. Incluso serán arrojadas, todavía incandescentes, desde la ventanilla de un automóvil. En este caso y con un poco de mala suerte sumaremos a la lista de delitos ambientales el incendio forestal.

En cualquier caso esas colillas generan un problema, como mínimo de suciedad, y una serie de costes que se asumen entre todos. ¿Es justo cargar con la recogida y tratamiento de esas colillas a todas las personas que han decidido no fumar? ¿Deben los ayuntamientos asumir el coste de un residuo que genera la actividad económica de la industria del tabaco?

Quizá con un poco de concienciación y educación ambiental conseguiríamos avances al respecto, pero… ¿Cómo conseguimos que una persona que desprecia su propia vida lo suficiente como para fumar se preocupe de recoger sus colillas y entregarlas para que sean gestionadas de la manera que menos afecte a la salud del planeta?

Es difícil, pero quizá una buena estrategia sería aplicar un sistema de depósito, devolución y retorno. Cobrar con cada cigarro una cantidad de dinero que sería reembolsada a quienes entregasen de vuelta las colillas. Si el precio del tabaco está a 40 céntimos cigarro subirlo a 45. Con cada paquete de 20 cigarrillos se pagaría un euro extra que gestionaría el SDDR. Si alguien vuelve al estanco con 20 colillas recibiría un euro. Podría ser el fumador que ha ido guardando los filtros usados de sus propios cigarros o podría ser alguien que voluntariosamente se ha dedicado a recolectar colillas abandonadas en calles, parques, jardines, playas…

Quizá el aumento inicial en el precio del tabaco persuadiría a algunos de fumar, con lo que reduciríamos costes al sistema sanitario y mejoraríamos su calidad de vida. Seguramente  las empresas tabaqueras se quejarían. Las multinacionales verían un problema y un coste superfluo en la implantación del SDDR. Protestarían porque no podrían vender cigarrillos en una máquina expendedora sin tener a una persona atendiendo a quienes viniesen a devolver las colillas. Pero el resultado sería que cada vez habría menos colillas abandonadas, menos contaminación por filtros degradándose en el medio natural y una disminución de los costes de limpieza municipal.

Tal vez habría algunos fumadores que seguirían enterrando las colillas en la arena de la playa, pero quienes se las encontrasen tendrían un incentivo para acumularlas y llevarlas al estanco a recuperar el depósito, en vez de estar apartándolas una y otra vez.

Quizá, al juntar miles de toneladas de colillas devueltas a la industria se le ocurriese una forma más eficiente de filtrar los malos humos del tabaco. Incluso podría generar una actividad para procesar esas toneladas de filtros agotados y valorizarlas en nuevos materiales reciclados.

La buena noticia es que la legislación ambiental que regula la producción y gestión de residuos es favorable a este tipo de soluciones, solo hace falta voluntad política para desarrollarla y conseguir que todos los productos que con su uso generan residuos se conviertan en residuos se vendan sujetos a esquemas de depósito, devolución y retorno.

Lo malo es que las corporaciones multinacionales que venden productos de usar y tirar controlan los medios de comunicación y evitan que opiniones independientes como esta aparezcan publicadas o lleguen al público general.

En cualquier caso espero la reflexión te parezca interesante y te ayude a entender el potencial de un sistema de depósito, devolución y retorno para reducir el problema de los residuos abandonados, su capacidad para mejorar la recogida separada de materiales y las opciones de valorización y reciclaje de los residuos.

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10 mentiras sobre sistemas de depósito, devolución y retorno

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Con los nuevos objetivos de reciclaje aprobados por la Unión Europea vuelve a estar encima de la mesa el debate sobre el modelo de gestión de residuos. La campaña de desinformación y noticias falsas al respecto recrudece a medida que los planes de gestión de residuos de las distintas comunidades autónomas entran en fase de revisión y se plantea la necesidad de adaptar la legislación estatal a las nuevas reglas europeas.

Antes de seguir, quizá convendría recordar que un sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR) es una obligación prevista en la Ley 11/1997, de 24 de abril, de Envases y Residuos de Envases, según la cual “Los envasadores y los comerciantes de productos envasados o, cuando no sea posible identificar a los anteriores, los responsables de la primera puesta en el mercado de los productos envasados, estarán obligados a:

  • Cobrar a sus clientes, hasta el consumidor final y en concepto de depósito, una cantidad individualizada por cada envase que sea objeto de transacción.
  • Aceptar la devolución o retorno de los residuos de envases y envases usados cuyo tipo, formato o marca comercialicen, devolviendo la misma cantidad que haya correspondido cobrar de acuerdo con lo establecido en el apartado anterior.

Este sistema se incluye entre las recomendaciones de la Unión Europea a España para mejorar la gestión de sus residuos y como uno de los instrumentos económicos y medidas para incentivar la aplicación de la jerarquía de residuos previstos en la Directiva (UE) 2018/851 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 30 de mayo de 2018, por la que se modifica la Directiva 2008/98/CE sobre los residuos.

Contra este sistema, cuya implantación en España (en contra de lo estipulado en las directivas y recomendaciones europeas) lleva más de 20 años de retraso, se está divulgado un decálogo de mentiras que pasamos a analizar.

  • El SDDR rompe la máxima “Reciclar es un deber”.

¿Reciclar es un deber? La normativa establece una jerarquía de residuos que como orden de prioridades en la legislación y la política sobre la prevención y la gestión de los residuos:

  1. prevención;
  2. preparación para la reutilización;
  3. reciclado;
  4. otro tipo de valorización, por ejemplo, la valorización energética; y
  5. eliminación.

Igualmente se establece que quienes ponen en el mercado productos que con su uso se convierten en residuos tienen que asumir la gestión de esos residuos. El fabricante de un producto, en la fase de diseño, es el que decide los materiales, durabilidad, posibilidades de arreglo, reutilización o reciclado de ese material.

Por cierto, el deber de las personas que generamos residuos en el ámbito doméstico es entregar esos residuos a los sistemas de recogida. Reciclar no es tirar cosas a contenedores de colores, eso viene después y es deber de otros agentes

Así pues, el SDDR no rompe la máxima de “Reciclar es un deber” lo que hace es evitar que la responsabilidad de la gestión de residuos se traslade al consumidor. Porque efectivamente, una vez que no se ha prevenido el residuo y no se ha podido reutilizar, el último usuario de un producto debe entregarlo para su gestión como residuo.

La diferencia es si ese residuo va de vuelta a quien lo puso en el mercado vía SDDR o no. Es decir, si quien hace negocio con ese producto que se convierte en residuo se encarga de su reciclaje o si traslada esa responsabilidad -y los costes- a otros.

  • El SDDR incrementa el precio de la cesta de la compra.

La propia normativa establece que quien cobra el depósito debe devolver esa misma cantidad a quienes retornan los residuos dentro del SDDR. Luego es un sistema que, por ley, no puede encarecer la cesta de la compra.

Es decir, si me cobran 10 céntimos por cada envase sujeto a SDDR, cuando vuelvo al establecimiento con esos envases vacíos recupero mis 10 céntimos. El sistema consigue que los residuos se depositen adecuadamente con un incentivo económico: si a mi no me importan los 10 céntimos y abandono el envase pude que otra persona decida recogerlo para recuperar esos 10 céntimos.

  • El SDDR ataca directamente al pequeño comercio.

De todas las mentiras del decálogo esta es la más increíble. Resulta que el pequeño comercio ha funcionado históricamente a granel y con envases reutilizables. Quizá la memoria colectiva lo ha perdido, pero cuando los envases eran de vidrio reutilizable no había grandes superficies para consumidores domésticos, la compra se hacía en pequeños comercios de proximidad. El casco retornable se llevaba a la bodega de la esquina, no se cogía el coche para ir a un centro comercial.

Las grandes superficies y las corporaciones multinacionales de distribución de productos envasados son las que acabaron con el modelo del envase reutilizable e instauraron el de usar y tirar. ¿Para qué? Para cerrar el pequeño comercio local y de proximidad, concentrando a miles de consumidores en centros comerciales a los que podían acudir a comprar compulsivamente, sin preocuparse de los envases y de las necesidades reales de su día a día.

El SDDR perjudica a esas grandes superficies, planteadas en un sistema de producción y consumo lineal, en las que no cabe la posibilidad de aceptar de vuelta millones de unidades de envases vacíos. Para eso inventaron el contenedor amarillo y por eso atacan el SDDR.

  • El SDDR perjudica el medio ambiente.

Resulta que un sistema de depósito, devolución y retorno permite recuperar los envases uno a uno y prepararlos para su reutilización. ¿Cuál es la alternativa al SDDR? Los contenedores de colores ¿Cómo recuperas un envase del contenedor amarillo para su reutilización? ¿La recogida en el contenedor verde permite la reutilización del vidrio?

Se habla mucho de economía circular. Pues la forma de recoger envases para su reutilización es, precisamente, mediante sistemas de depósito, devolución y retorno. Si los distribuidores no aceptan de vuelta los envases vacíos están fomentando una economía lineal que apunta a un vertedero o a una incineradora como destino para los residuos de envases.

Por otro lado hay que analizar los modelos de producción y consumo de los envases retornables frente a los que promueve el envase de usar y tirar. Con envases de usar y tirar nos vamos a cadenas lineales de producción y consumo, donde se concentra la producción y se alarga la distancia recorrida por los productos envasados. Donde se destruyen puestos de trabajo y se cierran pequeños establecimientos de proximidad.

¿Lo comparamos con un sistema en el que los envases vacíos vuelven al distribuidor en un esquema de logística inversa que utiliza los mismos camiones en los que se hace el reparto? ¿Quién gasta más combustible? ¿Quién tiene más emisiones? ¿Un modelo de usar y tirar con camiones de reparto que vuelven vacíos y camiones de basura que también inician y finalizan su ruta sin carga o una logística inversa basada en SDDR?

  • El SDDR aumenta la suciedad en las calles.

En el SDDR todos los envases adheridos tienen un valor, por lo que existe un incentivo para su recogida. Mira las calles y dime que suciedad ves. Vale, olvida los excrementos caninos y las hojas secas. Botellas, latas, envases de plástico… si se comercializasen sujetos a SDDR no estarían ensuciando las calles:

  • Primero porque la mayoría de los consumidores tendrían un incentivo para devolver el envase al establecimiento donde compraron el producto envasado.
  • Segundo porque quien encontrase esos envases abandonados tendría un incentivo para llevarlo a un punto de recogida donde recuperar el depósito.

Se argumenta que la rebusca de envases por personas indigentes podría causar más suciedad en las calles. La cuestión es ¿qué se rebusca actualmente en los contenedores? Residuos con algún valor.

Los envases ligeros no valen nada para esos rebuscadores que, básicamente, tratan de encontrar objetos de metal con peso suficiente para conseguir unos pocos euros en alguna chatarrería cercana. Su actividad ensucia las calles de envases que no tienen valor porque nadie se los compra. Si consiguiesen más dinero recogiendo los envases abandonados que metiéndose en los contenedores de basura a buscar restos metálicos, tendrían un incentivo para dejar de hacerlo.

  • El SDDR tiene un coste desorbitado.

Es curioso que esta mentira se basa solo en el coste de implantar el SDDR, no considera los costes del sistema actual de contenedores de colores. Es como si los camiones y los cubos de basura fuesen gratis. Pero tampoco entra en la cuestión clave ¿Quién asume los costes de la gestión de residuos? La legislación establece que deben ser asumidos por quien pone en el mercado los productos que con su uso se convierten en residuos.

Con un SDDR todo el coste de la gestión de residuos queda en las empresas que venden productos sujetos a SDDR, mientras que con un sistema de contenedores de colores el coste se traslada a los municipios que recogen sus residuos con estos contenedores y los ciudadanos que pagan impuestos y tasas para que el sistema funcione.

¿Cuánto te cuesta aparcar el coche en la calle? ¿Cuánto ubicar un contenedor de obra delante de tu portal para recoger los escombros de una reforma en tu piso? La recogida selectiva no paga por el espacio que ocupa en las calles de las ciudades.

El coste del SDDR no es desorbitado, es justo. Exactamente lo que tienen que pagar quienes ponen en el mercado productos que con su uso se convierten en residuos. Por el contrario, los contenedores de colores trasladan costes al conjunto de la sociedad. Mucho más barato para las multinacionales de la distribución, pero no para los ciudadanos ni para los ayuntamientos.

La ventaja del SDDR es que el agente con capacidad de decidir sobre el envase percibe el coste y puede tomar medidas adecuadas y pertinentes para aplicar la jerarquía de residuos en su modelo de negocio.

  • El SDDR dificulta el reciclaje.

El principal problema de la recogida de residuos con contenedores es la mezcla de distintos tipos de residuos y materiales que luego hay que tratar en plantas de clasificación de residuos para volver a separarlos y conseguir materiales homogéneos que puedan utilizarse como materias primas. ¿Cómo dificulta esto la recogida separada de envases uno a uno? De ninguna manera. Recuerda que estamos desmontando un decálogo de mentiras y algunas, como esta, caen por su propio peso. Los sistemas de depósito, devolución y retorno consiguen materiales más atractivos para las empresas que se dedican al reciclaje.

Los envases que no son reciclables no pasan a serlo porque estén fuera o dentro de un SDDR. El contenedor amarillo da cabida a toneladas de envases que no se pueden recuperar ni reciclar, pero se venden dentro del mismo sistema de que otros que sí lo son. Así se camufla impacto ambiental de los envases que no se recuperan, pero con la contrapartida de que se encarece la clasificación de residuos y muchos de los que se recuperarían en un SDDR se pierden mezclados con los que no se pueden reciclar.

Nuevamente un SDDR podría mejorar el reciclaje enviando una señal a los distribuidores: si vuestros vacíos envases tienen un valor en el mercado de las materias primas el SDDR tiene un coste menor que si, por el contrario, nadie quiere el material que se obtiene de vuestros envases residuales. Con el sistema del contenedor amarillo los residuos de envases que no se recuperan van a incineradoras y vertederos al mismo coste, para el distribuidor de producto envasado, que los que sí reciclan.

envases de plástico recuperados y listos para el reciclaje

  • El SDDR ha sido rechazado por los países que lo han estudiado.

Esta es una verdad a medias, que casi puede ser peor que una mentira. El SDDR funciona en muchos países y regiones del mundo. Algunos lo estudian y lo incorporan a sus modelos de gestión de residuos. En otros van las corporaciones multinacionales de distribución de productos envasados y crean grupos de presión para que la opinión pública rechace el SDDR.

Si te interesa el tema, en este enlace tienes una entrevista sobre cómo se obstaculiza el avance de los SDDR y el ejemplo de la Comunidad Valenciana, pionera en estudiar el modelo.

  • El SDDR no está implantado en Bélgica, que es el ejemplo a seguir.

Está implantado en otros países que también son ejemplo a seguir. ¿Por qué elige Bélgica el autor del decálogo de mentiras? ¿Qué pasa en Bélgica que no pasa en España? Analizar el caso belga y compararlo con el español o con otros países con SDDR excede el objetivo de este artículo. Sí cabría destacar que, de modo general, los países con SDDR gestionan mejor sus residuos que aquellos que no lo tienen. Realizar esa comparativa a escala global también excede el objetivo de este artículo.

En cualquier caso, es pertinente a recordar que la Unión Europea propone a España considerar la implementación de sistemas de depósito y devolución para mejorar la gestión de sus residuos y avanzar en materia de reciclaje. Puedes leer al respecto en este enlace.

  • El SDDR, por tanto, solo tiene un beneficiado.

Efectivamente, el SDDR solo tiene un beneficiario: el conjunto de la sociedad. No perdamos de vista que SDDR no es una propuesta concreta de una empresa determinada, es un instrumento económico que se puede implantar de muchas formas y con muchos matices.

Quienes atacan el SDDR se centran en una forma de entenderlo que les permite hacer análisis a la medida de sus intereses particulares. Pero los sistemas de depósito, devolución y retorno admiten varias opciones que redundan en un menor impacto ambiental, económico y social en la gestión de envases, empezando por la aplicación de la jerarquía de residuos.

Frente al contenedor amarillo, que destina los residuos -en el mejor de los casos- a un reciclaje de baja calidad, tenemos la posibilidad de implantar sistemas de depósito, devolución y retorno basados en envases reutilizables.

Seguro que podemos encontrar más argumentos en favor y en contra de los sistemas de depósito, devolución y retorno, pero no hace falta mentir para imponer un modelo de recogida de gestión sobre otros posibles.

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¿Reciclas en vacaciones?

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

De un tiempo a esta parte va calando el mensaje sobre el impacto de los residuos de usar y tirar. Los medios de comunicación han dedicado bastante atención a este problema en los últimos tiempos y parece que cada vez más gente tiene clara la importancia de participar en los sistemas de recogida selectiva de residuos.

En nuestros hogares vamos incorporando hábitos para separar correctamente nuestras basuras y depositarlas en los contenedores adecuados para que reciban el mejor tratamiento posible. Pero… ¿Qué ocurre cuando llegan las vacaciones? ¿Nos relajamos y dejamos de participar en el sistema de recogida selectiva?

Las campañas de comunicación de las empresas responsables de los sistemas de recogida selectiva, con Ecoembes a la cabeza, nos intentan concienciar de la importancia de separar adecuadamente los residuos, también en verano. ¿Qué pasa cuando vamos a entregar nuestros residuos al contenedor?

  • Que no hay contenedores de recogida selectiva: muy frecuente en municipios que, por el tamaño de su población, no tienen obligación de implantar sistemas de recogida selectiva de residuos domésticos. No tiene mayor importancia, si presentas la basura seleccionada facilitarás su tratamiento posterior, en caso de que exista tal cosa. Puede incluso que estés en un pueblo tan pequeño que no tenga supermercados y hagas la compra a granel, en las tiendas del pueblo o a vendedores ambulantes, con lo que generarás menos envases de usar y tirar que de costumbre.
  • Que el contenedor amarillo está lleno, rebosando y los residuos se acumulan por todas partes: Es un fallo de planificación. Estás en un municipio que en periodos vacacionales multiplica su población y el sistema de recogida selectiva no es capaz de asimilar la inmensa cantidad de basura que se genera en estas fechas. Y lleva 20 años sin solucionar el problema.

En el segundo caso quizá te sientas desmotivado y decidas que no merece la pena el esfuerzo. Le pasa a mucha gente, más si ve que todos los envases que han quedado fuera del contenedor amarillo van, con el resto de basura recogida por los servicios de limpieza, a vertedero. Otras veces son arrastrados por el viento al alcantarillado o directamente al campo o al mar. ¿Hay solución para esta escena que se repite año tras año?

Sí, claro que la hay. Una bien sencilla: implicar a quienes ponen en el mercado esos envases de usar y tirar. El modelo del contenedor amarillo hipoteca las opciones de atender la fluctuación estacional en la generación de residuos. Básicamente porque la infraestructura de recogida depende de ayuntamientos que no tienen flexibilidad para ampliar plantillas de trabajadores, flotas de vehículos de recogida, dotaciones de contenedores… La buena noticia es que sí hay un agente que tiene esa flexibilidad. Y no solo eso, coincide con el agente que se beneficia de esa fluctuación estacional en el consumo de producto envasado: las cadenas de supermercados.

Igual que hacen el agosto vendiendo a la población multiplicada por efecto del turismo, tienen en su mano la solución al problema de la creciente generación de residuos de envases: bastaría con que admitiesen en sus establecimientos la devolución de los envases vacíos. De esta forma se evitaría saturar los contenedores, los residuos no quedarían abandonados por las calles y se reduciría la carga adicional a las arcas públicas del modelo de distribución y comercio con envases de usar y tirar.

¿Reciclas en vacaciones? No. Igual que el resto del añ,o participas en un sistema de recogida que debería tener como finalidad la valorización y el reciclaje de tus residuos. Para que realmente los envases de plástico puedan ser reciclados y no sigan llenando vertederos e incineradoras necesitamos mejorar el sistema de recogida. Y una buena estrategia sería cambiar el modelo por uno que premiase a quien devuelve los envases usados al comercio en vez de fomentar el abandono de la basura alrededor de los contenedores de recogida selectiva.

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Residuos de envases: ya pagamos por generación.

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Las novedades europeas en materia de gestión de residuos incluyen propuestas para mejorar la gestión de cara a avanzar en la consecución de objetivos cada vez más ambiciosos. El desafío es un una magnitud que exige medidas a la altura del impacto que estamos causando. Una de ellas es el pago por generación, un instrumento sobre el que llevamos algo más de un año escuchando bastante información. En España ya funciona un sistema de pago por generación de residuos de envases ¿lo repasamos?

Un sistema de pago por generación de residuos implica que cuantos más residuos tiras más pagas. Así lo recoge la Directiva (UE) 2018/851 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 30 de mayo de 2018, por la que se modifica la Directiva 2008/98/CE sobre los residuos:

Sistemas de pago por generación de residuos (pay-as-you-throw) que impongan tasas a los productores de residuos según la cantidad real de residuos generados y proporcionen incentivos para la separación en origen de los residuos reciclables y para la reducción de los residuos mezclados.

En España este mecanismo podemos encontrarlo en varios ámbitos, pero en el caso doméstico está implantado en los envases y residuos de envases. La modalidad no es “paga por lo que tiras” si no “paga por lo que compras que luego vas a tirar”. Cada consumidor, cuando compra un producto envasado está contribuyendo al tratamiento y reciclaje del residuo que generará ese envase. Es el punto verde, un mecanismo financiero con el que las corporaciones del producto envasado cumplen sus obligaciones legales.

En la práctica cuantos más productos envasados consumas más pagas. Si utilizas muchos envases de usar y tirar pagas más que otras personas que tengan en cuenta este criterio a la hora de hacer la compra. Sí, el argumento de si tiras algo lo pagas es un buen titular para un contenido patrocinado. Pero cuando lo que tiro es un envase… ya pagué por su gestión como residuo cuando lo compre ¿tengo que volver a pagar cuando lo tiro?

Este sistema de pago por generación lo gestionan organizaciones privadas cuyos socios son corporaciones del producto envasado y a las que se adhieren las empresas que utilizan envases de usar y tirar en su modelo de negocio y, por tanto, tienen que cubrir el coste de la gestión de los residuos que se generan con esos envases.

Últimamente estamos escuchando en los medios a los gestores de este sistema hablar muy bien de nuevos modelos de pago por generación. En su discurso prometen nuevos ingresos y fuentes de financiación para las administraciones competentes en la gestión de residuos. Y a los responsables municipales parece gustarles la idea.

El problema es ¿Quién y cómo consigue incluir nuevos modelos de pago por generación? ¿Van a resolver el problema de la recogida de los residuos urbanos? ¿Reducirán las basuras de origen doméstico? El problema es que incluir sistemas “pay-as-you-throw” implica dotar a las ciudades de una capacidad tecnológica y unos mecanismo de vigilancia que actualmente no existen. Y cuyo coste hay que pagar.

Para poder penalizar a las personas que tiran más basura, o a aquellos individuos que no participan correctamente en los sistemas de recogida selectiva, lo primero que tendría que ocurrir es que dejásemos de tirar nuestra basura de forma anónima. ¿Va a ir el basurero llamando a cada puerta y mirando que hay en cada bolsa que tiramos? ¿Vamos a instalar un sistema de identificación personal en los contenedores para identificar quien los utiliza en cada momento? ¿Cómo se comprueba que lo que dice que tira es lo que realmente está tirando?

No, ninguna de las preguntas supone un reto irresoluble. Todas las cuestiones se solucionan con mano de obra y tecnología. Mucha mano de obra y tecnología muy cara. ¿Pueden permitirse eso los ayuntamientos españoles? Sí. A cargo de los impuestos y las tasas que se cobran a los ciudadanos particulares. ¿Estamos dispuestos a pagar ese coste? ¿Va a solucionar el problema de limpieza de nuestras calles y nuestros parques? ¿Va a terminar con los residuos abandonados?

La cuestión es que podemos seguir encareciendo el sistema de recogida de basura con la excusa de mejorar el reciclaje o podemos optimizar el que ya tenemos. Si los ayuntamientos no tienen suficientes recursos económicos para recoger los envases que quedan abandonados por las calles, plazas y jardines ¿no sería bueno que se los pidiesen al actual sistema integrado de gestión? Si las comunidades autónomas no tienen dinero para mejorar la capacidad de tratamiento de los residuos que se recogen ¿quizá es que los responsables de la puesta en el mercado de los envases de usar y tirar no están contribuyendo suficientemente a su correcto tratamiento?

Actualmente contamos con distintos mecanismos de pago por generación de residuos de envases. Pero no funcionan. A penas son capaces de recoger un tercio de los envases que deberían estar procesando y reciclando. ¿Quizá es que no son capaces de trasladar el coste real del problema a quienes tienen que tomar decisiones? Si, como consumidor, percibiese una señal en el precio del producto envasado que me permitiese tomar decisiones en relación a su impacto real podría decidir más racionalmente cómo hago la compra.

Nuestro punto verde no está trasladando al precio del producto envasado en plásticos de usar y tirar el coste de la gestión y tratamiento del plástico. Y el sistema integrado de gestión no está asumiendo el 100% de los costes que genera a los ayuntamientos en la recogida y tratamiento de los envases que está poniendo en el mercado.

Eso sí, los responsables de los sistema integrados de gestión de envases de usar y tirar están susurrando a los responsables públicos cantos de sirena para que miren hacia otro lado. Prometen nuevos ingresos que requieren fuertes inversiones. Decisiones que hipotecan las opciones de implantar otros modelos de gestión. ¡Qué sorpresa! Las grandes corporaciones piden trasladar el coste del impacto de sus actividades al bolsillo de los ciudadanos particulares. ¿Los que ya estamos pagando tres veces por nuestros residuos tenemos que pagar una más?

contenedor amarillo con la pintada eche aquí a su político

Quizá, aplicando el principio de responsabilidad ampliada del productor, deberíamos conseguir es que sean esas corporaciones del producto envasado las que perciban el coste ambiental de su modelo de negocio. Que decidan dejar de poner en el mercado envases de usar y tirar. Favorecer un comercio local y de proximidad, con menor impacto social, ambiental y económico. Pero solo quizá. Es más cómodo trabajar 12 horas al día para poder acudir una vez al mes a llenar el maletero en un gran centro comercial y pagar por una infraestructura de gestión de residuos que permite evadirse de sus responsabilidades a quienes se lucran con ese modelo de consumo.

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