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Tetrabrik capa a capa

Publicado en: Ecopixeladas por Javier de los Reyes. Texto original

Analizamos en menos de un minuto los componentes de un tetrabrik y nos planteamos un par de cuestiones al respecto… como mínimo al contenedor amarillo eso está claro.   Por Javier de los Reyes @jareyme Vídeos Contaminación e impactos Galería Contaminación, … Seguir leyendo

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¿Por qué no podemos nacionalizar Ecoembes?

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

no podemos nacionalizar ecoembes

A la luz del problema que se viene encima para el sector del reciclaje con el anuncio de la prohibición de China a la importación de basura, en los próximos días se harán populares una ristra de propuestas de lo más variopinto. Algunas llevan varios meses circulando con poco éxito, esperando a que llegase su momento. Y como cada vez se repite más, hoy vengo aquí a desmontar una de ellas: no podemos nacionalizar la gestión del reciclaje de residuos de envases.

Si China no admite más nuestra basura y una parte importante de los residuos que generamos en casa son envases desechables … habrá que hacer algo por salvar al sector. A alguien se le podría ocurrir la brillante idea de nacionalizar la gestión del contenedor amarillo para evitar el drama que supone que los chinos dejen de llevarse nuestra basura. Pero el problema está en que el contenedor amarillo lo maneja Ecoembes, Ecoembalajes España S.A.: el sistema integrado de gestión de residuos de envases con el que la industria del envase de usar y tirar (fabricantes, envasadores y distribuidores) responde a su obligación legal de asumir lo que se conoce como responsabilidad ampliada del productor.

Y Ecoembes no presta un servicio de interés general. Ecoembes es una empresa privada que responde a un interés particular: dar salida a los residuos que se generan por la actividad económica de determinados agentes. Las latas de refrescos, las botellas de agua, el plástico que envuelve los embutidos, las latas de atún, los paquetes de tabaco no son de todos. Son de quienes los ponen en el mercado.

Porque quien pone en el mercado un producto que con su uso se convierte en un residuo tiene la obligación de aceptar de vuelta ese residuo o costear la gestión de ese residuo. Y si los envasadores y distribuidores no quieren que les lleves a sus establecimientos los residuos de envases tienen que pagar el coste de la recogida y tratamiento. Actualmente hacen algo parecido a través del punto verde que se encuentra en los envases y muestra la adhesión a Ecoembes. La empresa que ellos mismos crearon.

Símbolo del punto verde con el que los envasadores muestran que están adheridos a ecoembes

¿Tenemos un problema por exceso de envases de usar y tirar? Sí, lo tenemos, pero tienen que resolverlo quienes lo generan: las empresas que no dan alternativas a los consumidores. Para hacer llegar galletas a tu casa podrían utilizar muchas opciones. Incluyendo envases reutilizables. Pero prefieren sobrecitos monodosis de un solo uso, agrupados en paquetes con sobreembalajes de colores llamativos… que no hay forma de reciclar.

¿Quién ha decidido esa forma de envasar? Creo que tú, amigo consumidor, no ¿Tenemos que socializar el coste de este lucrativo modelo de negocio? Eso estamos haciendo hasta ahora con el gran porcentaje de residuos de envases que acaban abandonados por las calles, los parques, en el campo, las playas y los océanos. Pagas una cantidad por su reciclaje cuando los compras pero nadie se ocupa de ellos y, como no llegan a las plantas de gestión de residuos, alguien se queda con la tasa sin necesidad de repercutirla al sistema.

Vistas las orejas al lobo, si viviésemos en un país civilizado, la opción ideal sería prohibir determinados productos de usar y tirar que son fácilmente reemplazables con productos reutilizables. Incluyendo algunos tipos de envases. ¿Se acuerdan de las polémicas con las bolsas de plástico y de las noticias en países de nuestro entorno relativas a vasos de plástico?

O, dado que parte del problema es económico, cargar a cada envase el coste real de recogida y gestión. Es decir: si resulta sencillo recoger latas y separarlas con un imán en una planta de clasificación, si conseguimos venderlas a una fundición que las emplea como materia prima… lo suyo es que paguen menos que un envoltorio de un chicle, que tiene una compleja mezcla de metales, plásticos y pinturas con difícil salida en el mercado de materias primas (en el hipotético caso de que algún sistema de clasificación de residuos de envases fuese capaz de rescatarlo de la masa mezcla de cosas que se recogen en el contenedor amarillo).

Pero, con razón, el accionista de Ecoembes dirá que no quiere cargar al paquete de chicles el coste real de evitar que el envoltorio acabe, en el mejor de los casos, depositado en un vertedero. ¡Nadie compraría chicles! Y es que de eso va la película. Desde que (en los años noventa del siglo pasado) la Unión Europea fuese consciente del creciente problema de los residuos de envases de usar y tirar ha estado legislando para que los consumidores tuviesen una señal en el precio de lo que consumen: cuanto más impacto y coste genere la gestión de sus residuos más caro debería ser un producto. Si queremos poner en el mercado chicles baratos que sea en envases de bajo impacto ambiental, no cobrándonos por un proceso de reciclaje que no está ocurriendo ni hay previsión de que ocurra.

Pero en España somos así de listos y lo hacemos al revés: sale más barato ir en coche a comprar embutido envuelto en capas y capas de plástico en un centro comercial, que acercarse andando a una charcutería de barrio a comprar el mismo embutido al corte. ¿Por qué? Porque son los propios envasadores y centros comerciales los que deciden, en la junta de accionistas de Ecoembes, cuánto pagan por esos envases, independientemente del coste real de gestionar los residuos que generan. Destrozan el medio ambiente y cierran el pequeño comercio, todo a la vez. Negocio redondo. Y ahora nos proponen que nacionalicemos sus miserias.

Entonces ¿cómo solucionamos el problema? Es fácil:

  • Mejorar los sistemas de recogida, a ser posible aplicando la Directiva europea de 2008 que España incumple en gran parte de su territorio desde 2015. Recogiendo los residuos mejor conseguiríamos rescatar el valor que contienen y convertirlos en materias primas atractivas para los mercados, incluyendo el chino. Porque recuerden que el principal productor de plástico ha vetado la entrada de basura en su territorio, pero para seguir enviando barreños y tarteras baratas a Europa necesita materias primas.
  • Dejando de reciclar y bebiendo agua de grifo. Quiero decir… reduciendo la cantidad de productos envasados que consumismos en nuestro día a día. Si optamos por las opciones de consumo sin envases de usar y tirar (granel, envases reutilizables…) generamos menos residuos dejamos de contribuir al problema ¿Remplazamos las bolsas de plástico?
  • Tener cuidado con los contenidos que viralizamos, los mensajes que enlazamos, las imágenes que compartimos… Estamos en el activismo gaseosa y quienes tienen grandes presupuestos para propaganda lo saben bien. Un mensaje buenista puede despistar la atención del verdadero problema y sus soluciones reales. Y si está bien enfocado hacernos que cada vez compremos más productos en envases de usar y tirar. ¿Qué problema queríamos arreglar?

La duda que me queda es si la idea de nacionalizar Ecoembes es un globo sonda lanzado por la propia empresa. Todos sabemos que sus resultados son más que cuestionables y que gran parte del problema viene de que permite adherirse a su sistema a cualquiera, incluso si utiliza envases que no pueden recogerse ni reciclarse en los procesos actuales de gestión de residuos. Ante el bloqueo chino al material de baja calidad que se recupera en el contenedor amarillo… ¿la salida que queda a la empresa y sus accionistas es cargar a la Administración con los envases que no hay manera de recoger ni reciclar? ¿Quiere Ecoembes trasladar a las maltrechas arcas públicas la gestión de esos envases que actualmente no se reciclan para quedarse sólo con las latas de bebidas y las botellas de plástico? Se admiten apuestas.

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China ya no quiere tu basura ¿qué hacemos con ella ahora?

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

China bloquea la importación de residuos

Hay un hito en la gestión de residuos que quizá te ha pasado desapercibido, pero ha creado un gran revuelo en el sector: China ya no quiere más basura del exterior. No, no ha cerrado la frontera al turismo occidental, se ha puesto seria contra la entrada de residuos en su territorio. Y eso es un problema para el reciclaje y la economía circular tal y como los conocíamos. ¿Qué podemos hacer ahora?

Quizá nunca te has preguntado qué pasa con tus residuos una vez que los dejas en los contenedores de colores. Da igual, te lo cuento de todos modos: el reciclaje no ocurre en el contenedor amarillo. Alguien tiene que recoger los residuos, llevarlos a una planta de clasificación y separarlos por tipos de materiales.

Para algunos contenedores, como el azul o el verde, es un proceso fácil: en el contenedor de vidrio la mayoría de lo que entra es vidrio, se lleva a una instalación donde lo procesan para retirar lo demás y queda una materia prima lista para fabricar nuevos envases de vidrio. ¿Me explico? ¿no? Pues echa un vistazo a este vídeo sobre cómo funciona una planta de clasificación de vidrio.

El jaleo viene con el contenedor amarillo. ¿Qué tiramos en el contenedor amarillo? Básicamente residuos de envases: una mezcla de plásticos de distintos tipos, metales, cartones plastificados (seguramente deberían ir al azul, pero…), metales plastificados, envases complejos como el brick (que capa tras capa tienen metal, plásticos varios y cartón)… Una mezcla que no se puede llevar a reciclar tal y como se recoge.

los residuos no se reciclan en el contenedor amarillo

Entonces, ¿Dónde van los residuos del contenedor amarillo? Pues a China.

¿Así? ¿¡Directamente a China!? No, claro que no. Directamente a China no. Nadie en su sano juicio querría lo que sale del contenedor amarillo. Primero pasa por unas plantas de clasificación en las que se trata de separar la basura por tipos de materiales: metales por un lado, plásticos por otro… Pero el proceso tiene sus limitaciones. Como ya hemos razonado en otras ocasiones en este blog de lo que entra en una planta de clasificación de residuos de envases apenas se recupera, en el mejor de los casos, un 60%.

Ese 60% de materiales recuperados siguen teniendo unas calidades más o menos apetecibles para el mercado. Si tu industria utiliza como materia prima polietileno te gusta utilizar un polietileno de calidad que sea, a ser posible, 100% polietileno.

Pero si el resultado de la clasificación es una masa que contiene un 80% de envases mezclados (incluyendo tapones y etiquetas) de todo tipo de plásticos (polietileno, PVC, polipropileno, poliestireno…) y un 20% de impropios (incluyendo un 4% de materiales variados que no son plásticos)… el encaje de eso como materia prima para la industria es difícil. ¿Qué hacemos con ello? ¡Llevarlo a China! No, todavía no.

plásticos, metales, materia orgánica, papel y cartón, recuperados en una planta de clasificación de residuos

En España tenemos un tejido amplio de “recicladores”. Cientos de empresas que recogen residuos y los preparan para otras etapas del proceso de gestión. El reciclaje propiamente dicho (pasar un residuo a materia prima) no ocurre en ninguna de esas plantas, pero las conocemos (por simplificar) como plantas de reciclaje de residuos. En estas sí se admite todo tipo de mezclas de residuos. Su trabajo principal es separarlos y organizarlos para que sean más atractivos al siguiente paso en el mercado.

Son las típicas chatarrerías de toda la vida. Si se te rompe el tendedero poco puedes hacer con él, pero si alguien lo junta con el marco de una ventana, las patas de una cama, la carcasa de un ordenador… va juntando una cantidad de material que acaba teniendo un precio en el mercado. Si en al almacén de hierros oxidados le sumamos una flota (que no tiene que ser propia) de contenedores y camiones con los que retirar residuos a fábricas de muebles, centros comerciales, recintos feriales… puntos limpios y plantas de clasificación de residuos tenemos el modelo de negocio de la inmensa mayoría de los “recicladores” en España.

Estas empresas cada día descargan toneladas de residuos en una solera de hormigón. Un ejército de operarios (más o menos mal pagados) los separan a mano: la madera aquí, los metales allí, los plásticos más allá… Y los van cargando a tolvas que alimentan cintas transportadoras, que a su vez van a equipos mecánicos de separación especializados por tipos de materiales.

Ahora sí. Tenemos toneladas de hierro, aluminio o acero listas para llevar a fundir. Madera en forma de astillas, serrín o pellet para alimentar calderas. Y plásticos. Muchos tipos de plástico que podemos vender al mejor postor. ¿Quién compra mis plásticos? China. A falta de una industria nacional del plástico que asuma los residuos de para fabricar nuevos productos, la mayor parte de los residuos recuperados en estas instalaciones de tratamiento se van (siempre que pasen el visto bueno del un inspector chino) de vuelta al país que más plástico fabrica. Y la logística inversa los volverá a traer en forma de barreños, juguetes, fibra para ropa de moda…

El problema es que China ya no quiere más residuos. La cosa nace en la propia legislación europea. Para aclarar qué es un residuo y qué es una materia prima, definió los criterios que determinan el final de la condición de residuo. Es una cuestión estadística y de seguridad para la industria. Siempre que China no decida ponerse igual de restrictiva y cerrar el grifo a toda esa mezcla de materiales que no pueden ser considerados materia prima y siguen siendo basura. ¿Qué vamos a hacer con ellos si no valen para reciclar, no podemos enterrarlos en vertederos, no podemos incinerarlos en condiciones de seguridad y China ya no los quiere?

La situación es acuciante. En Reino Unido están de basura hasta las orejas. En España estamos algo mejor porque ignoramos la normativa europea y, últimamente, los “fortuitos” incendios en instalaciones de gestión de residuos están reduciendo (con un alto coste económico, social y ambiental) la necesidad de buscar salidas formales a la ingente producción de residuos generados por nuestro modelo de consumo de usar y tirar.

¿Qué podemos hacer? Se me ocurren muchas cosas, pero lo más importante es que cada cual sea consecuente con su margen de actuación y ámbito de responsabilidad.

  • Como consumidores tenemos que buscar la forma de reducir el consumo de productos que se convierten en residuos. El ejemplo claro está en los envases de usar y tirar. Son una de las partidas más importantes en nuestro cubo de la basura y pueden reemplazarse comprando a granel o en pequeños comercios donde la venta al peso disminuye el exceso de embalado. Pero también podemos comprar productos duraderos. ¿Qué tal retomar la ferretería? Quizá si apostásemos más por productos locales fabricados con materiales resistentes enviaríamos un mensaje claro al mercado. Sí, en los chinos está más barato, pero ese chisme de plástico va a durar dos días y se va a convertir en un residuo que en su país de origen ya no quieren de vuelta. ¿De verdad no puedes resolver, al menos en parte, tus compras en comercios de proximidad en el barrio? ¿Te sale rentable arrancar el coche y desplazarte hasta un centro comercial para buscar un paquete de pilas, un destornillador o un par de zapatillas para estar por casa?
  • Como profesionales no podemos mirar para otra parte. Si nos prestamos al juego de las campañas de manipulación de la opinión pública no vamos a conseguir avances para resolver el problema. Ocultarlo con mensajes buenistas no va a reducir la generación de residuos. Podemos torturar los datos como mejor convenga a nuestros clientes, pero la realidad no cambia.
  • Como políticos… bueno… cuando delegamos el poder de tomar decisiones deberíamos asegurarnos que lo hacemos en quienes son capaces de velar por el interés general y no en los que están en política para asegurarse una puerta giratoria.
  • Como gestores de residuos: mejorar los procesos de recuperación. Nadie quiere basura, pero quizá si nos ponemos las pilas y conseguimos que lo que procesamos acabe reuniendo las condiciones para considerarse materia prima sí encuentra un mercado y una demanda que permita mantener la actividad y hacer negocio.

Pero, sobre todo, es el momento de revisar el modelo de recogida de residuos. El que lleva operativo los últimos 20 años, basado en un contenedor amarillo que impide la reutilización de envases e hipoteca las opciones de reciclaje de muchos de ellos, no funciona, es caro y resulta poco ecológico.

Quizá con un modelo que nos permitiese devolver los envases al establecimiento del que salen toda la cadena de valor, desde el distribuidor al fabricante, sería más consciente del problema de los residuos de envases. Recogiendo los envases que realmente se pueden reciclar de forma separada, sin mezclarlos con otras cosas que no interesan al mercado de las materias primas recuperadas, podríamos generar una industria del reciclaje que no se dedicase a almacenar material con la esperanza de que un chino decida algún día montarlo en un contenedor de vuelta al país asiático.

envases de plástico recuperados y listos para el reciclaje

¿China ya no quiere tu basura? La mejor manera de evitar que se convierta en un problema es generar la menor cantidad de residuos que sea posible, empezando por sustituir los envases de usar y tirar, siguiendo por alargar la vida útil de las cosas que ya tenemos y terminando por incluir la durabilidad en nuestros criterios de compra. Sin olvidar la reparación y el mercado de segunda mano como alternativas al cubo de la basura. ¿Qué vas a hacer tú?

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Dando una segunda vida a los juguetes usados

Publicado en: Comunidad ISM » Blogs por MariaAR. Texto original

Me gustaría aprovechar mi condición de madre y de ambientóloga en esta ocasión para tratar un tema que ahora que se acercan las Navidades está más de actualidad: los juguetes con los que nuestros hijos han dejado de jugar.

Aunque intentemos alejar a nuestros hijos del consumismo e inculcarles hábitos sostenibles, en estas fechas siempre se encuentran con juguetes nuevos que llaman más su atención y que les hace dejar de jugar con los que ya tenían.  En otras ocasiones los dejan de utilizar porque crecen o porque han cambiado sus intereses. Pero no por eso esos juguetes dejan de valer y deben convertirse en un residuo. Al contrario, si están en buen estado (y en muchas ocasiones suele ser así) esos juguetes que nuestros niños ya no utilizan, pueden tener una segunda vida y hacer felices a otros niños.

No se trata de aprovechar para deshacernos de juguetes que molestan en casa. El objetivo principal, al menos en mi caso, es fomentar en mis hijas valores como la solidaridad y el altruismo, además de enseñarlas a consumir responsablemente y cuidar el medio ambiente no generando un residuo de manera innecesaria.

Yo particularmente siempre suelo empezar a buscar una segunda vida a los juguetes en mi entorno cercano: amigos, familiares. Además, siempre he preguntado en la Escuela Infantil a la que acudieron mis hijas, pues ahí siempre les sacan jugo, y ahora en el Colegio, por si hubiera familias a las que le pudieran venir bien.

Pero además de estas pequeñas actuaciones particulares que podemos poner en práctica, existen iniciativas y campañas de recogida de juguetes usados que, si bien no son exclusivas de estas fechas, sí que es ahora cuando más nos acordamos de ellas e intentamos colaborar.

En este sentido, me gustaría mencionar algunas de iniciativas que conozco:

  • Ningún niño sin sonrisaLa Asociación Ningún Niño Sin Sonrisa, está llevada exclusivamente por voluntarios, y recogen juguetes, cuentos, peluches, nuevos o de segunda mano y los reparten el 6 de enero.
  • Juguete solidario: Es una iniciativa de un grupo de amigos, voluntarios y empresas colaboradoras, que se encargan de la captación de juguetes y en colaboración con asociaciones locales y hacerlos  llegar a todos los niños que por diversos motivos estas navidades puedan quedarse sin regalo.
  • Alcampo. Otro año más ponen en marcha la campaña ‘Ningún niño sin juguete’ del 22 de diciembre al 4 de enero, en la que se pueden entregar juguetes usados en buen estado que se destinan a organizaciones sin ánimo de lucro del entorno de los hipermercados, que trabajan para mejorar la calidad de vida de los niños que viven en familias con dificultad.

Seguramente hay muchas más, a nivel local estoy convencida de ello, por lo que desde aquí me gustaría invitar a todos los que saben de alguna otra campaña de recogida de juguetes para que se animen a compartirla.

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El littering no debería existir

Publicado en: La Hipótesis Gaia por isa. Texto original

Littering: una palabra nueva que añadir a nuestro vocabulario. Es un concepto antiguo, pero para que parezca más moderno, pues lo ponemos en inglés y listo. Pero si lo que te interesa es la definición, te diré que es muy sencilla:

Littering es abandonar la basura y los residuos. Lo que viene siendo ser una persona maleducada y vaga, vamos.

Littering: abandono de residuos en cualquier lugar

Hay muchos ejemplos, en la calle seguro que ves un montón de latas y botellas tiradas. En ese caso, los servicios de limpieza se encargarán de recogerlas y espero que de depositarlas en su contenedor correspondiente.

También en la carretera se pueden ver en las cunetas, si hacemos una salida al campo se pueden encontrar sin problemas. En este último caso, duele y enfada un poco más. Y te dan ganas de preguntar a la persona que ha decido dejar allí los restos de su día campestre:

– ¿De verdad te costaba tanto volver a llevarte la basura contigo? 

En zonas de costa también es habitual ver esas botellas de plástico o latas surcar o esperar en la arena hasta que el mar se las lleva. Cada vez que veas estas estampas ya puedes usar esta palabra tan chula que has aprendido: littering.

Distintas formas de ver los residuos

Y es mejor que te acostumbres a usarla, porque con el actual sistema de gestión de residuos no creo  que deje de producirse. Cuando veo residuos en los lugares más extraños me pregunto si estarían allí si tuviesen algún valor para la persona que los ha dejado abandonados.

Con el sistema SDDR (Sistema de Depósito, Devolución y Retorno) como complemento al sistema actual, sería difícil entender el abandono de residuos. En la página web de Retorna puedes encontrar qué significa este sistema:

El Sistema de Retorno es un sistema de gestión de residuos, de envases en este caso, que asocia un valor a cada envase para que éste sea devuelto por el consumidor para su reciclaje. Es un sistema paralelo a los SIG y sólo destinado a los envases de bebidas. Los SIG que funcionan actualmente deberán seguir existiendo para envases que no están incluidos en el SDDR.

Un amigo me contaba que cuando estaba el Alemania e iba al supermercado llevaba sus envases (devolución) y le devolvían parte del dinero que había pagado (depósito). También contaba que, si de camino a la tienda se encontraba un envase, lo recogía para conseguir ese dinero extra. ¿Quién no se agacharía a recoger 20 céntimos si los ve tirados en la calle?

Liberar un metro cuadrado no es la solución

Ecoembes suele hacer campañas como Libera un metro cuadrado, en el que, con ayuda de voluntarios, intenta luchar contra el littering a través del proyecto Libera.

LIBERA organiza una gran recogida colaborativa nacional anual para librar a la naturaleza de la basura que otros tiraron y no retiraron.

A mí, particularmente, me gusta esta acción, me parece que puede servir para concienciar del grave problema, pero desde luego no creo que sirva para solucionarlo en absoluto.

Liberar un metro cuadrado de basura es como poner una tirita en una herida de balazo. No impedirá que se siga produciendo y no soluciona el problema ni siquiera a corto plazo.

Solo un verdadero cambio en el sistema actual puede hacer que no sean necesarias palabras que parezcan modernas para actos tan simples y feos como el abandono de residuos.

Foto portada: Gary Chan

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Un paso más: cepillo de dientes de bambú

Publicado en: La Hipótesis Gaia por isa. Texto original

Hace unas semanas me cambié por fin al cepillo de bambú. La verdad es que llevaba mucho tiempo queriendo hacerlo pero no me gustaba, tener que pedir solo un cepillo en una tienda on line, ya que encontrarlo en tiendas físicas, de momento, es complicado.

Como he dicho en otras ocasiones, eliminar el plástico de cuarto de baño es probablemente, el paso más sencillo y rápido de todos los que he probado y sigo intentando.

Y aunque no representa la cantidad mayor de plástico en mi vida diaria, sí me apetecía dar este paso.

Este es uno de esos ejemplo, en los  que a nivel personal no representa una gran diferencia pero sí a nivel global. Además, hay que tener en cuenta que los dentistas recomiendan cambiar de cepillo de dientes cada 3 meses por lo que ya serían 4 cepillos de dientes al año. Yo, la verdad, es que lo cambio cuando veo que se está poniendo feo (llámame cochina, pero no conozco a  nadie que apunte cuando cambia de cepillo)Si hacemos el cálculo, salen unos cuantos millones de cepillos de dientes al año en el mundo, y eso, es mucho plástico.

Los cepillos además, rara vez son reciclados. Te recuerdo que aunque sean de plástico no se desechan en el contenedor amarillo porque no son envases. Irían al contenedor de resto y, una vez en el centro de tratamiento de residuos, debería ser separado y aprovechado, pero eso no siempre sucede.

Inconvenientes del cepillo de dientes de bambú

  • Es difícil de encontrar. Yo no los he visto en ninguna tienda física y la verdad es que era una de las cosas por las que no he cambiado antes. Por eso, y porque necesitaba un cepillo de cerdas blandas.
  • Lamentablemente el precio aún no es igual que el cepillo convencional.

Ventajas del cepillo de dientes de bambú

  • Si tienes dudas entre si es mejor o peor que el convencional te la resuelvo. Son iguales, vamos que no notarás diferencia alguna.
  • Dureza de las cerdas para todos los gustos. Yo tengo encías sensibles y no he notado nada malo con el cepillo nuevo.
  • Por supuesto, es un elemento más de plástico que eliminas de tu vida.

¿De verdad es tan importante?

Pues aquí te voy a dar una respuesta un poco ambigua. Sí, es importante, pero en mi caso no lo consideraría una prioridad. Me explico, si ya tienes un largo camino recorrido y has reducido el plástico que usas en tú día a día, decir adiós al cepillo de plástico puede ser una buena idea.

Vamos, que usar el cepillo de dientes de bambú pero seguir usando plástico en cantidades ingentes  tiene mucho sentido. Aunque lo importante es empezar a reducir el plástico consumido, y no por dónde empezamos en concreto. Y como he dicho antes, a nivel global, si supone una cantidad de plástico importante.

Sin embargo, si estás empezando puedes empezar por otros elementos de plástico de uso más habitual, botellas de agua, pajitas, cubiertos desechables, bote de jabón de manos, gel de ducha o champú, y por supuesto en los envases de los alimentos, especialmente en frutas y verduras. Como ves, hay muchas opciones por las que puedes empezar.

Cepillo de dientes de bambú

Un paso más

Yo, aprovechando que compraba este cepillo, decidí comprar también la pasta de dientes sólida. Así de primeras, me parecía un concepto un poco extraño, pero la verdad es que tras unos días te haces al cambio. Este tipo de pasta no hace apenas espuma, pero sí deja sensación de limpieza en la boca. Y además, cuando se termine solo tengo que comprar el recambio y seguir usando el mismo envase.

Nota: tanto el cepillo de dientes como la pasta de dientes sólida los podéis encontrar en sinplastico.com

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