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Evaluación del Carácter del Paisaje: identificando lo que hace a un paisaje diferente de otro

Publicado en: Comunidad ISM » Blogs por gdelafte. Texto original

La Evaluación del Carácter del Paisaje (en inglés Landscape Character Assessment) es una herramienta metodológica desarrollada por el Natural England and Scottish Natural Heritage, cuyo objetivo es ayudar a entender y descifrar el carácter de un paisaje. Este se compone de una serie de fases concatenadas que al final permiten identificar aquellas características que le dan a un paisaje un “sentido de lugar ” y entender por qué lo hace diferente respecto a otro paisaje.

PRINCIPIOS Y PROCESOS

Hay cuatro principios que son esenciales de comprender para entender la aproximación de análisis y evaluación del paisaje. Estas son:

1. CARÁCTER DEL PAISAJE

Se define como el patrón distintivo y reconocible de elementos que produce que un paisaje sea una entidad particular. La combinación de factores ambientales, económicos, históricos, sociales y afectivos, y la relación entre todos ellos crean un carácter (o identidad particular); lo cual hace que cada parte del territorio sea distinto o diferente de otro (y no necesariamente más valiosa que otro).

Figura. El paisaje según LCA

Explorar y comprender el carácter de cualquier paisaje, requiere una investigación sistemática de descifrar los factores que han contribuido a crearlo y la influencia de las fuerzas del propio lugar. Esto incluye la geología, la geomorfología, el suelo, la vegetación y la relación entre ellos, como a su vez las influencias históricas y las tendencias actuales de usos del suelo y las actuaciones humanas. Las interacciones entre todos estos factores crea el carácter de un paisaje

2. CARACTERIZACIÓN Y TOMA DE DECISIONES

La evaluación del carácter de un paisaje establece una distinción importante entre dos etapas del proceso:

• Exposición libre en la fase de caracterización
• Exposición razonada del carácter del paisaje, en la fase de toma de decisiones.

3. OBJETIVIDAD Y SUBJETIVIDAD DEL PROCESO

En la evaluación del paisaje se acepta que la subjetividad forme parte del proceso. No obstante, éste debe ser controlado en forma sistemática y transparente. Sobre todo en la fase de toma decisiones debe ser controlado con criterios acordados con anterioridad al inicio del proceso.

El reconocimiento de los elementos que componen un paisaje, la cartografía y la descripción de los tipos de paisajes, que muchos podrían considerar como causas totalmente objetivas, puede implicar juicios subjetivos. Esto puede evitarse si todo el trabajo se resumiera en medir atributos de mapas y hacer análisis de datos cuantitativos. Pero ese enfoque no sería viable para capturar todos los aspectos del carácter y sentido de lugar de un paisaje. Por ejemplo, un consultor podría registrar que en un paisaje hay 20 hectáreas de bosque como un hecho objetivo. Luego decir si este bosque es una característica dominante o una característica clave del paisaje, necesariamente introduce un elemento de subjetividad en su calificación.

Lo importante es que todos los involucrados en el proceso comprendan e identifiquen los elementos que son objetivos, se discuta y llegue a un acuerdo entre todos aquellas partes involucradas.

4. APLICACIÓN A DIFERENTES ESCALAS

Se puede aplicar a un número amplio de escalas, desde un nivel europeo a un nivel local. Lo ideal es que las evaluaciones sean a diferentes escalas, y que encajen entre sí como una serie anidada o una jerarquía de tipos de carácter paisajístico, en donde la evaluación de cada nivel añade más detalle a la anterior. La analogía de muñecas rusas se utiliza a menudo para describir esta relación jerárquica. Los tres niveles principales son:

Escala Nacional o Regional

Trabajar a este nivel es a una escala pequeña (por lo general a escala 1:250.000) y puede abarcar la totalidad de un país o región de gran tamaño. El objeto es identificar patrones generales de variación del carácter del paisaje. Los resultados de patrones geológicos y geomorfológicos se superponen con la influencia de grandes asociaciones ecológicas, y los aspectos clave de la evolución histórica. Esto da como resultado la identificación de distintos tipos de paisajes de dimensiones amplias.

Escala de Autoridad local

Dentro de estos patrones generales es posible identificar un grano más fino, según Natural England estaría relacionado con la escala administrativa de condado o distrito típico de Inglaterra y Escocia. En España podría ser semejante al nivel comarcal.

La escala adecuada de trabajo es normalmente 1:50.000 o 1:25.000. La definición de los tipos de paisaje o unidad de carácter es principalmente por la combinación de formas particulares del terreno y de la cubierta vegetal, incluyendo también otros aspectos como la fisiografía. Una vez más, las áreas de carácter están relacionas con zonas geográficas discretas.

Escala local

Ámbito, principalmente, de evaluación a nivel municipal con una escala de trabajo 1:10.000 a 1:5:000, o de mayor detalle, para evaluar parques regionales o fincas territoriales relativamente grandes (por ejemplo escala a 1:2.500). A esta escala es importante establecer que el área que trabajamos está dentro de un contexto más amplio, por lo cual es preciso visualizar a que tipología de paisaje pertenece.

La escala local es una evaluación detallada del carácter de un paisaje, se suele recabar información por medio de entrevistas, conversaciones formales e informales con gente del lugar, turistas, etc., se utilizan mapas temáticos donde se hacen anotaciones, descripciones de situaciones y se registran todos aquellos elementos que se presume contribuye al carácter del sitio.

Por otra parte, la evaluación del carácter del paisaje se podría llevar a cabo a otros niveles de los mencionados anteriormente. Para, ello se debe aplicar los mismos principios generales, estos son:
• Hacer una clara y significativa diferenciación entre los tipos de paisaje.

• Entre escalas, de orden superior e inferior debe haber una perfecta división y caracterización, al igual que con los paisajes vecinos.
• Considerar que la escala local, es la de mayor nivel detalle.

A continuación se describen los principales pasos de la metodología:

ETAPA 1: CARACTERIZACIÓN
Esta fase requiere identificar, describir y clasificar los paisajes por su carácter, y cartografiar sus propiedades.

Figura: Ejemplo de ficha de campo. Fuente: Landscape Character Assessment Guidance (2002)

Paso 1: Definición del alcance. Primero, y como todo proceso de estudio, se debe definir el propósito de la evaluación. Lo cual, influirá claramente en la escala, nivel de detalle, los recursos involucrados y el personal que debe participar. Como parte del proceso de definición, se recomienda visitar la zona de estudio para familiarizarse con el lugar, esto ayudará a definir mejor el alcance, los materiales y el tiempo del estudio de evaluación.

Paso 2: Estudio de la zona. Implica revisar y analizar informes, artículos, libros, etc., todo aquello publicado sobre la zona a objeto de evaluación. Además, de recopilar y revisar la cartografía disponible. Con la cartografía disponible definir, de forma preliminar, las unidades de paisaje de carácter común, superponiendo mapas temáticos con el apoyo de un Sistema de Información Geográfica.

Paso 3: Trabajo de campo. Se examina y evalúa la bondad de ajuste de las unidades de paisaje predefinidas, y se recoge información sobre ellas de forma rigurosa. En cada una, a través de recorridos y con ayuda de una ficha de campo, se va anotando las características del lugar, las cualidades estéticas y visuales, estado de conservación del paisaje, si hay prácticas agrícolas, información aportada por los vecinos, etc.

Algunos aspectos estéticos, relacionados con el carácter de un paisaje, son la escala (íntima o amplia), diversidad (monótono o complejo), textura (liso o rugoso), forma (vertical o horizontal), línea (recta o sinuosa), color (fríos o cálidos), equilibrio (armonía o caótico), organización (orden o aleatorio), entre otros.

Paso 4: Clasificación y descripción. Con la información recogida en la etapa anterior, se contrasta y valida la clasificación del paisaje efectuada, se cartografía las unidades, las cuales se acompañan con fichas que describen cada tipología paisajística. Estas descripciones, a menudo, documentan “las fuerzas de cambio“, las presiones de desarrollo y tendencias en la gestión del territorio.

Figura: Mapa de tipos de carácter

ETAPA 2: TOMA DE DECISONES

Paso 5: Determinación del enfoque de las decisiones. Después de clasificar el paisaje en unidades de paisaje por su carácter, y con toda la información recogida en las etapas anteriores, corresponde pasar a un proceso de planificación del paisaje, con la participación de partes interesadas. Pero antes, se necesita fijar que enfoque se va adoptar en las decisiones para alcanzar los objetivos de planificación. Esto es definir qué criterios se van a utilizar, y que información es necesaria tener a punto para apoyar o rechazar un objetivo. Como también, es relevante definir el papel que van a desempeñar en las decisiones las partes interesadas (por ejemplo, asociaciones de vecinos, ONGs, grupos de interés, etc.).

Paso 6: Decisiones finales. La naturaleza de las decisiones, que pueden resultar del proceso de planificación sobre el futuro de las unidades de carácter, puede ser muy amplia. No obstante, existen 4 objetivos fundamentales que se debe dar respuesta:

  • Conservación y mantenimiento del carácter existente.
  • Mejora de la situación actual, a través de la introducción de nuevos elementos y características o una gestión diferente de la existente.
  • Restauración del carácter, cuando sea apropiado con las actividades actuales y las preferencias de los interesados, y sea económicamente viable a través de dinero público, privado o una combinación de ambos.
  • Creación de un nuevo carácter.
  • Una combinación de estas opciones.

En el curso ofertado desde el Instituto Superior del Medio Ambiente, sobre Paisaje e Intervención Ambiental, veremos en detalle otras herramientas para valorar la calidad visual del paisaje así como la normativa e instrumentos legales que se le aplican como las herramientas de gestión, ordenación y protección que permitan dar respuesta a la cada vez mayor demanda del mercado de profesionales con formación integral en este campo.

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Flecha litoral de Calahonda

Publicado en: Ecopixeladas por Javier de los Reyes. Texto original

Con la presente entrada pretendo dar a conocer la riqueza geológica y valor ecológico que encierra una franja del litoral granadino, y que precisamente por su sobriedad es una gran desconocida. Por supuesto también resaltar algún impacto negativo que remueva alguna conciencia.

Se trata de la flecha litoral de Calahonda ubicada entre la Punta de Cerro Gordo y el Cabo Sacratiff en la entidad local de Carchuna-Calahonda.

En cuanto a historia, como breve reseña, destacar que el puerto de Calahonda en el S.XIX por las características de su playa natural, con una pronunciada pendiente y gran calado a escasos metros de la orilla, fue usado como puerto principal de Motril para el trasiego de mercancías en el Mediterráneo y con América. Hoy en día tan solo dá cobijo a la sombra de la imponente Punta de Cerro Gordo, a un puñado de embarcaciones de pequeña eslora pertenecientes a los lugareños.

Hacia el este y a partir de la Punta de Cerro Gordo encontramos una zona de acantilados protegidos dentro de la Red Natura 2000 y calificados como Lugar de Interés Comunitario LIC ES6140014 Acantilados y fondos marinos de Calahonda-Castell de Ferro; al norte de este área protegida, se sitúa además en tierra firme la LIC ES6140011 Sierra de Castell de Ferro. Esta sierra favorece unas condiciones climatológicas locales algo más suavizadas que en el resto de la provincia, razón por la que prolifera la agricultura de invernaderos, fenómeno parecido al del municipio de El Ejido.

Visor Geoportal

Flecha litoral de Calahonda y LICs cercanos

Elaboración propia. Fuente GeoPortal MAPAMA

Respecto a la flecha litoral de Calahonda – señalada con un contorno rojo en las imágenes – su formación es de origen natural y por las peculiares características en las que se produjo ese proceso ha sido incluida en el inventario Andaluz de Georrecursos. Recordemos que la iniciativa de dicho inventario nace en el marco de la Ley 42/2007 de Patrimonio Natural y de la Biodiversidad la cual contempla la figura de los Lugares de Interés Geológico (LIG) como aquellos que tienen un valor científico, cultural y educativo para entender el origen, evolución y procesos de nuestra orografía, así como los paisajes y la vida que albergan en parte como resultado de esos pocesos.

Sin bien la mayoría de las playas granadinas se forman a la desembocadura de ríos y ramblas por el aporte de sedimentos, esta flecha litoral se forma por los sedimentos del río Adra distante 40 kilómetros hacia el este y por la rambla de Gualchos de Castell de Ferro que son transportados por las corrientes de levante.

Ortofoto 2013

Flecha litoral de Calahonda

Elaboración propia. Ortofoto 2013, GeoPortal MAPAMA

Básicamente, en el cabo Sacratiff durante los últimos 2.400 años se han ido depositando gracias a estos sedimentos una serie de cordones litorales permitiendo la formación de la flecha hacia levante, dando lugar a las actuales playa de Carchuna y playa de Calahonda.

A los que os guste la geología os animo a leer el informe de Lario, Zazo y Goy (CSIC 1999) sobre el sistema de Calahonda y sus conclusiones de como afecta actualmente a esta formación las obras realizadas en el puerto de Almería (90 km al este) y las alteraciones realizadas en el río Adra.

Adjunto imágenes de la Punta de Cerro Gordo (con la playa de Calhonda), Cabo Sacratiff (con la playa de Carchuna), Punta de Carchuna y afloramiento de conglomerados en la misma.

Haga click para ver el pase de diapositivas.

Los tipos de hábitats principales presentes según Natura 2000 son Acantilados de las costas mediterráneas, acantilados calcáreos con vegetación adaptada al sustrato vertical (casmofítica) y matorrales halo-nitrófilos.

Respecto a la vegetación, a pie de playa se nos informa de las especies mediterráneas presentes en la zona, de modo que nos proporcionan una información que da un valor añadido al paisaje que contemplamos:

  • Romero blaco (Rosmarinus tormentosus) – Endemismo local

  • Agazul (Mesembryathenum nodiflorum)

  • Algodonosa

  • Collejas de mar (Silene litoral)

  • Lechetrezna de las arenas (Chamaesyce peplpis)

  • Asterisco marino (Asteriscos maritimus)

  • Grama marina (Elymus farctus)

  • Cruga o Recamar (Cakile marítima)

  • Espigadilla de mar (Crucianella marítima)

  • Espinardo (Salsola kali)

  • Carretón (Ononis ramosissima)

  • Amapola de mar (Glacium flavum)

  • Alhelí marino (Malcomia litorae)

  • Hinojo marítimo (Crithmum maritimum)

  • Mielga marina (Medicago marina)

  • Estrella de mar (Plantago coronopus)

  • Salado negro (Salsola oposifolia)

  • Uña de gato (Carpobrutus edulis) – Invasora

  • Tabaco o Gandul (Nicotinia glauca) – Invasora

Los amantes de las aves podrán con la paciencia que les caracteriza avistar ejemplares de Gaviota patiamarilla (Larus michahellis) que anida en los acantilados y algún ejemplar de Halcón peregrino (Falco peregrinus), Cormorán grande (Phalacrocorax carbo) o Garza real (Ardea cinerea).

Para más información sobre otras especies de flora y fauna consultad las fichas de las correspondientes LIC.

Amapola de mar

Amapola de mar, Glaucium flavum Crantz

Si nos sumergimos en las transparentes aguas de la playa de Calahonda encontraremos grandes contrastes, una gran diversidad y la inconfundible huella del hombre.

Al tratarse de un fondeadero natural, a 40 metros de la orilla y a unos 5 metros de profundidad son fácilmente detectables bidones, redes y neumáticos.

Haga click para ver el pase de diapositivas.

También un ejemplar de Echinoidea que ha atrapado entre sus púas una inconfundible toallita higiénica. La toallita podría decirse que es un auténtico “monstruo marino” en este caso.

Por otra parte la inmersión nos revela la existencia de una gran diversidad de la cual os dejo un video de un ejemplar de babosa marina, Felimare villafranca (Risso, 1818) de unos 10mm con sus llamativos colores azul y amarillo de advertencia. (podéis consultar la ficha en Biodiversidadvirtual.com.

Igualmente podéis consultar la ficha en Biodiversidadvirtual.com

Por último, indicar que sería muy aconsejable indicar en los accesos a estos lugares, si gozan de algún tipo de protección y cuál. En la mayoría de los casos, los usuarios tienen la percepción errónea de que acceden a una playa normal y corriente que no requiere ningún tipo de observancia en especial más allá del civismo más elemental.

También quisiera hacer un llamamiento a interesarnos e informarnos de las riquezas ocultas de aquellos lugares que visitamos.

Hasta la próxima.

Bibliografía:

– Lario, J., Zaro, C., Goy, J.L. Fases de progradación y evolución morfosedimentaria de la flecha litoral de Calahonda (Granada) durante el Holoceno. 1999 Estudio Geol., 55: 247-250 (1999). Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Link http://estudiosgeol.revistas.csic.es/index.php/estudiosgeol/article/viewArticle/164

– Villalobos Megía, M., Pérez Muñoz, A.B. Geodiversidad y Patrimonio Geológico de Andalucía. Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía.

http://sig.mapama.es/geoportal/visor.html

– Mapa de georrecursos de Andalucía http://www.juntadeandalucia.es/medioambiente

– Ficha LIC ES6140014 Acantilados y fondos marinos de Calahonda-Castell de Ferro

http://www.mapama.gob.es/es/biodiversidad/temas/espacios-protegidos/ES6140014_tcm7-154488.pdf

– Ficha LIC ES6140011 Sierra de Castell de Ferro http://www.mapama.gob.es/es/biodiversidad/temas/espacios-protegidos/ES6140011_tcm7-154485.pdf


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El Confort Emocional en la Planificación del Paisaje

Publicado en: Comunidad ISM » Blogs por gdelafte. Texto original

El Convenio Europeo del Paisaje (CEP) parte de una concepción integradora del paisaje, que alcanza no sólo los espacios naturales o rurales, sino también los urbanos y periurbanos, y no sólo paisajes singulares sino también los cotidianos o degradados. El CEP ha despertado la sensibilización social por el paisaje; las personas cada vez sienten más inquietudes con respecto a la calidad de su entorno.

Según Joan Nogué (2005) “es un hecho demostrado que un entorno físico atractivo, limpio, afable y estéticamente armonioso genera una agradable sensación de bienestar, que aumenta notablemente la calidad de vida de los ciudadanos“.

La revista Observer, de la Association for Psychological Science de Estados Unidos, publico en 2010 un artículo en el que se revisaban estudios científicos que mostraban la importancia de la naturaleza para la salud humana. Por ejemplo, tras más de una década de investigaciones, científicos del Laboratorio de Paisaje y Salud de la Universidad de Illinois, en Estados Unidos, han concluido que la naturaleza es un componente esencial para una buena salud y un factor influyente en el comportamiento humano. Según los investigadores, en zonas donde hay espacios verdes, la gente es más generosa y sociable y existen fuertes lazos de vecindad social y un mayor sentido de comunidad, más confianza mutua y una mayor voluntad de ayudar a los demás. En cambio, en entornos con menos naturaleza, el índice de violencia, crimen y delitos contra la propiedad es mayor.

De este modo, la calidad y bienestar con el entorno tiene que ver, por tanto, con los sentimientos que despierta la contemplación del paisaje, y si uno toma conciencia de que muchos paisajes se están deteriorando, se percata también de que eso perjudica su calidad de vida.

Cómo podemos incorporar la idea de bienestar y confort emocional en la gestión y planificación del paisaje. Desde 2005, en Inglaterra el proyecto Campaign to Protect Rural England (CPRE) viene trabajando en una sugerente metodología para crear mapas de tranquilidad (en inglés “tranquility maps”) que identifican áreas de bienestar social y paisajístico del territorio.

Según la metodología del CPRE, la tranquilidad es la sensación de paz, tranquilidad y de “naturalidad” que despierta un paisaje. Esto puede ser determinado en función del grado de visibilidad y el nivel ruido así como de las cualidades estéticas y del placer que obtenemos al visitar un paisaje. Por lo tanto, la tranquilidad se puede resumir como la calidad y el grado de bienestar que sentimos cuando nos “alejamos de todo“.

Para efectos prácticos, en los mapas de tranquilidad nos encontraríamos un gradiente de bienestar y confort emocional desde áreas que poseen una alta tranquilidad por la ausencia de ruido (como, por ejemplo, tráfico vehicular, aviones, instalaciones industriales etc.) y de intrusión visual (como, por ejemplo, la ausencia de perturbaciones e impactos visuales negativos provenientes de áreas urbanizadas, áreas industriales, explotaciones agrícolas, terrenos abandonados, parques eólicos, etc.) hasta áreas con una baja o absoluta falta de tranquilidad (asociadas, principalmente, a entornos urbanos e industriales).

Los mapas de tranquilidad se podrían precisar, aun más, considerando que el ruido disminuye con la distancia y que la morfología del terreno bloquea la propagación del ruido. Así mismo, la tranquilidad en espacios abiertos puede verse más afectado por el ruido e intrusión visual que en áreas en que predominan masas forestales. Considerando estos, y otros supuestos, se podrían modelar diferentes escenarios de tranquilidad percibida de un paisaje.

Mapa de Tranquilidad de Inglaterra (Fuente: Campaign to Protect Rural England, 2007)

Con sus limitaciones, los mapas de tranquilidad son una interesante herramienta de diseño, planificación y gestión del paisaje que ofrecen enormes posibilidades para la toma decisiones en un marco para re-establecer los vínculos entre los ciudadanos y la naturaleza:

Considerar el ruido ambiental urbano e industrial como un objetivo primordial de la calidad paisajística. Asumiendo que el control de las fuentes y zonas ruidosas producirá una amplia gama de beneficios sociales como también ayudara a fortificar la calidad ambiental del entorno.

  • Identificar y proteger reservas de tranquilidad es decir conservar aquellas zonas silenciosas, libres de contaminación acústica e intrusión visual, en que primen los sonidos naturales intrínsecamente locales y específicos del lugar.
  • Enfatizar la tranquilidad en el diseño de parques urbanos y periurbanos públicos a través de ofrecer “experiencias de aislamiento “. Es decir, crear espacios aislados, arbolados, silenciosos, oasis de calma y de contemplación que ayuden a combatir el estrés, aumentar la percepción de confort y los valores emocionales positivos de la naturaleza en los ciudadanos.

Por último, la tranquilidad puede convertirse es un factor de competitividad económica y atractivo turístico para pequeños pueblos rurales. A través de la gestión del silencio, con una estética cuidada, con una gastronomía ecológica y el desarrollo de actividades de ocio de bajo impacto (como, ejemplo, rutas de senderismo terapéuticas) pueden ofrecer experiencias vitales para la promoción de la salud, la amabilidad, la inteligencia, y la eficacia en mejorar el estado emocional de la población.

En el curso ofertado desde el Instituto Superior del Medio Ambiente, sobre Paisaje e Intervención Ambiental, veremos en detalle las herramientas para valorar la calidad visual del paisaje así como la normativa e instrumentos legales que se le aplican como las herramientas de gestión, ordenación y protección que permitan dar respuesta a la cada vez mayor demanda del mercado de profesionales con formación integral en este campo.

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Descubre las características principales de la Calidad del Paisaje

Publicado en: Comunidad ISM » Blogs por gdelafte. Texto original

El Convenio Europeo del Paisaje (CEP)  ha permitido desarrollar un concepto de integración  del paisaje que llega no sólo a los paisajes singulares, naturales o rurales, sino también a los urbanos y periurbanos, así como  a los cotidianos, a esos paisajes de cada día, de cualquier lugar…

Todo ello producto de una mayor sensibilización social hacia el paisaje; las personas cada vez sienten más inquietud con respecto a la calidad de su entorno sea natural, sea rural o urbano.

Pero cuando hablamos de calidad y paisaje a que nos referimos. Pues igual que el término paisaje, el término de calidad también tiene múltiples acepciones e interpretaciones. Según el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española, calidad se define como ”la propiedad o conjunto de propiedades inherentes a una persona o cosa que permiten apreciarla con respecto a las restantes de su especie”, o también como “superioridad o excelencia”.

Desde el punto de vista de la gestión, según ISO 9001:2015 el concepto de calidad está muy relacionado con el nivel de satisfacción o conformidad del cliente con el servicio que se le presta, o por el producto que éste consume. Dependiendo de la forma en que un producto o servicio sea aceptado o rechazado, podremos decir si éste es bueno o malo. De ahí, que muchas veces el nivel de calidad se mide en función de la reacción y preferencias del cliente.

Revisando la literatura de ordenación del territorio, el término calidad se entiende como el grado de excelencia de un recurso, o de un punto del territorio, que no debe ser destruido, o señalado de otra manera, el mérito para ser conservado, entendiendo su uso sustentable, de forma que se garantice su producción indefinida. Otros asumen que la calidad de un paisaje debe entenderse como el grado de excelencia de sus características visuales, olfativas y auditivas como también por razones ambientales, sociales, culturales, entre otros factores.

El CEP define la calidad paisajística, de una manera simple, como el encuentro entre las aspiraciones de la ciudadanía, la opinión de los expertos y las políticas públicas en relación al paisaje. De este modo, la calidad plasma de manera fidedigna y después de un intenso proceso de consulta y participación pública, la meta final que una ciudad, pueblo o localidad se marca a sí misma en términos de mantenimiento y mejora de sus paisajes.

Así la calidad del paisaje es un proceso de participación, dialogo, negociación y de expectativas, en donde los ciudadanos muestran su aspiración hacía  un entorno físico atractivo, limpio, afable y estéticamente armonioso que genere bienestar y mejore su calidad de vida. Esta calidad tiene que ver, por tanto, con los sentimientos que despierta la contemplación del paisaje, y si uno toma conciencia de que muchos paisajes cotidianos están deteriorados, carentes de cuidado, sin identidad se percata también de que eso perjudica la calidad de vida de los ciudadanos.

En el curso ofertado desde el Instituto Superior del Medio Ambiente, sobre Paisaje e Intervención Ambiental, veremos en detalle las herramientas para valorar la calidad visual del paisaje así como la normativa e instrumentos legales que se le aplican como las herramientas de gestión, ordenación y protección que permitan dar respuesta a la cada vez mayor demanda del mercado de profesionales con formación integral en este campo.

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La encina, el árbol ‘todoterreno’ del Mediterráneo

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¿Cómo es capaz un árbol de resistir temperaturas superiores a 30ºC en verano , y ausencia casi total de lluvia, y a la vez sobrevivir a inviernos de hasta -20ºC con heladas e incluso precipitación intensa?

 

Fuente: https://saragarciasanz.wordpress.com

Pues bien, eso es lo que hace la encina -en latín Quercus ilex-, uno de los árboles con mayor dispersión del sur de Europa. Se trata de una especie de la familia de las Fagáceas que ha desarrollado poderosas adaptaciones a las cambiantes condiciones del Mediterráneo, una zona caracterizada por sus valores estacionales extremos de temperatura y precipitación, sobre todo en su área de interior continental.

La gran dispersión de la encina se debe también a su capacidad de adaptación a prácticamente cualquier tipo de suelo, desde granito a caliza pasando por arcillosos-margosos -siendo éstos últimos sus preferidos-.

A continuación vamos a analizar todas las adaptaciones que ha desarrollado la encina y que hacen de esta especie una superviviente excepcional:

  1. Porte bajo: la forma ‘achaparrada’ de la encina -no suele superar los 20 metros de altura- junto con su tronco fuerte y ancho son una adaptación que permite desarrollar una copa ancha muy necesaria. Asimismo, no necesita una gran altura ya que se localiza generalmente en zonas con elevada radiación solar, por lo que no necesita estirarse para llegar a la luz solar como hacen otros árboles heliófilos de ambientes más umbríos.

  2. Copa ancha: la copa tan ancha es una herramienta básica que ha desarrollado la encina. Debido a su anchura, la copa proyecta una sombra muy potente sobre el tronco y la tierra para rebajar la temperatura de la base en verano.

  3. Hoja dura y pequeña: la hoja de la encina es una obra de ingeniería de la naturaleza. Se trata, lo primero, de hojas perennes que han reducido su tamaño al máximo para así reducir también la evapotranspiración a través de ellas. Cuanto más pequeña la hoja, menor evapotranspiración y por tanto más agua se queda la planta o el árbol en condiciones de necesidad. Esta adaptación la vamos viendo a medida que nos acercamos a zonas desérticas, donde las plantas han llegado a una adaptación máxima transformando sus hojas en espinas.

  4. Productos céreos que recubren la hoja: las hojas de la encina presentan una capa de productos parecidos a la cera que ayuda también a reducir la evapotranspiración en tanto que endurecen la hoja. Esto es típico de las especies esclerófilas.

  5. Estomas situados en el envés de la hoja: al revés que muchas plantas, la encina ha situado sus estomas -que son aperturas microscópicas del tejido epidérmico de los vegetales por donde se realiza el intercambio de gases entre la planta y el exterior- en el envés de la hoja, dificultando así la evapotranspiración.

  6. Pelitos blancos en el envés: estos pelitos se localizan en el envés de la hoja, sobre los estomas, para retener al máximo el agua evaporada. 

  7. Cierre de los estomas: la encina tiene la capacidad de cerrar los estomas para impedir que se evapore el agua de su interior cuando detecta que hay poca agua en el ambiente. Así pues, la encina es capaz de inutilizar sus hojas cuando las condiciones ambientales no le son favorables.

  8. Hojas con pinchos laterales: la hoja de la encina desarrolla pinchos para evitar la evapotranspiración cuanto más seco es el ambiente.

  9. Fotosíntesis en las horas de menor calor: este árbol es capaz de realizar la fotosíntesis, en verano, durante las primeras y las últimas horas del día. El resto del día cierra los estomas y reduce su actividad fotosintética al mínimo.

  10. Las hojas se disponen en todas direcciones: esto es una adaptación que busca reducir la absorción de radiación solar. Dada la abundancia de horas de luz que hay que en el Mediterráneo, la encina no necesita tener todas sus hojas en posición horizontal para captar la luz -al revés que lo que sucede en zonas donde la luz escasea, donde los árboles caducifolios como las hayas colocan sus hojas de forma horizontal para aprovechar cualquier rayo de sol-. De esta manera, la encina evita “achicharrarse” y deshidratarse con las altas temperaturas veraniegas del sur de Europa.

  11. Inactividad en invierno a partir de los 0ºC: La encina también sobrevive a temperaturas bajo cero. Para ello, cuando llega el otoño va cesando su actividad hasta llegar a un estado de inactividad casi total a partir de los 0ºC.

  12. No renueva la hoja: la encina es de hoja perenne, lo cual quiere decir que no renueva su hoja. Esto es así ya que si lo hiciera supondría un esfuerzo enorme para un árbol que no tiene a su disposición recursos suficientes -sobre todo agua- como para cambiar su follaje y probablemente moriría. Las especies que sí lo hacen, llamadas caducifolias, como las hayas o los castaños, tienen acceso a gran cantidad de recursos -agua abundante en forma de lluvia casi todo el año así como capas importantes de nutrientes en descomposición en el suelo-.

Como podéis comprobar por todo lo comentado, la encina es un árbol con unas capacidades increíbles de adaptación a las condiciones más difíciles. Aunque bien es cierto que debido a los dos tipos de clima que podemos encontrar en el Mediterráneo -continental de interior y litoral- la encina se ha adaptado dando lugar a dos subespecies:

  • Hoja de Quercus ilex subs. ilex (izquierda) y hoja de Quercus ilex subsp. rotundifolia (derecha)

    Quercus ilex subs ilex: es la encina oceánica, ubicada en zonas cercanas a la costa del mar Mediterráneo como Cataluña. Su hoja es más grande, más verde y no presenta pinchos tan acusados como la encina continental. Esto es así debido a que dispone de mayor humedad en el ambiente y por tanto no necesita desarrollar las adaptaciones tan extremas.

  • Quercus ilex subs ballota ó Quercus ilex subs rotundifolia: es la encina más continental, adaptada a condiciones extremas de precipitación y temperatura. Sus hojas son más duras, menos verdes y con más pinchos y pelos en el envés.

Mapa de distribución de las dehesas en España. Fuente: Ministerio de Medio Ambiente

Para completar la información de la encina hay que decir que su fruto es la bellota y que se puede encontrar tanto en formaciones boscosas de encinar como en dehesas. La dehesa es probablemente el paisaje agrario más característico de la Península Ibérica y se trata de un bosque de encinas clareado por la mano del hombre para su aprovechamiento ganadero -generalmente porcino- y que constituye unos de los ecosistemas más frágiles de nuestro país.

Resultado de imagen de encinar dehesa

Por todo ello, podemos afirmar que la encina es uno de los mejores ejemplos de superación y adaptación ecológica a todo tipo de condiciones geográficas y por eso nos gusta tanto.

 

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Gestión de Paisajes: buscando el Santo Grial

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Más allá de las connotaciones religiosas y de las cruzadas, el término santo grial nos habla de una manera metafórica de la búsqueda de un objetivo final y bajo esa prisma me gustaría compartir mi “Santo Grial” por el paisaje urbano.

Uno de los parámetros más citados para definir la calidad paisajística de las ciudades es la cantidad de área verde por habitante. La mayoría de los estudios relacionados con el paisaje urbano, urbanismo o políticas públicas de vegetación urbana utilizan la cifra estándar de 9m2 áreas verdes por habitante como proporción mínima recomendado por la Organización Mundial de la Salud (en adelante OMS) y que cubriría, en principio, las necesidades “sociales” actuales de la ciudadanía.

Distintos informes, estudios e incluso artículos científicos recurren al citado parámetro de la OMS para valorar y/o validar sus resultados a la espera de conocer el nivel de cumplimientos de los objetivos propuestos del plan, programa o proyecto. Pero cuando uno desea leer el texto original para profundizar e indagar sobre el fundamento y las variables quedan lugar a este parámetro se encuentra que no hay una referencia bibliográfica precisa de la OMS para documentarse. Esto es, en los textos se cita el indicador, en algunos casos se justifican sus resultados, pero en la bibliografía no hay ninguna reseña.

Las preguntas son simples, o complejas al parecer, ya que lo evidente es conocer:

  • Qué documento de la OMS avala dicho parámetro,
  • Que se debe entender por área verde,
  • El área verde se debe entender como un espacio abierto, un espacio arbolado o un espacio mixto que permita el esparcimiento, la recreación y el ocio.
  • Que influencia tiene el contexto geográfico como la estructura urbana en la formulación del indicador,
  • Cuáles son los argumentos que definen el indicador y como se definió la cifra mínima de 9m2 áreas verdes por habitante,
  • Entre otras cosas.

Después de 4 años de búsqueda en  artículos, informes, estudios, tesis doctorales, etc. que expliquen los fundamentos del estándar de la OMS lamentablemente todavía no he encontrado nada al respecto.

He contactado con profesores, investigadores, doctorando y expertos en espacios verdes urbanos de varios países, y ha sido infructuoso localizar alguna referencia al respecto. Todos tienen el mismo problema que no encuentran el documento científico que avale esta información. Una vez un investigador me dijo (cito textual) … ”creemos que ese dato nunca fue dicho, sino que se asumió y hoy es usado como un dato objetivo”. Con lo cual, nos debe llamar la atención sobre la nebulosa que ha ido perviviendo en el tiempo en los estudios de gestión e intervención ambiental del paisaje urbano en relación al indicador de áreas verdes de la OMS.

En cambio es sabido y suficientemente documentado el efecto positivo de las áreas verdes en la promoción, el mantenimiento y la recuperación de la salud física y mental de las personas (ASLA, 2016). Por ejemplo, un equipo de científicos del Laboratorio de Paisaje y Salud de la Universidad de Illinois, publicaron los resultados de un largo trabajo en el tiempo de la relación naturaleza-salud que abarcaba diferentes regiones y en distintos segmentos de población (Sullivan y colaboradores, 2004), llegando a la conclusión que frecuentar zonas verdes, ya sean bosques, jardines e incluso zonas peatonales, hace que la gente sea más saludable, tienda a ser generosa, a confiar en los demás, y a mostrar mayor voluntad en ofrecer su ayuda. Como explican “Un paseo por el parque es más que una buena manera de pasar la tarde. Es un componente esencial para una buena salud“.

Los espacios verdes urbanos también juegan un papel importante en la estructura urbana e interacción social, aportando calidad de vida a los ciudadanos (Hough, 1995: Priego, 2011). En el libro de Sukop y Werner (1989) se puede constatar algunas de las justificaciones más razonables que se refieren a las propiedades de los espacios verdes en la ciudad, tales como el mayor tamaño de estas áreas permite una mayor diversidad y riqueza de especies vegetales, lo cual va acompañado también de una mayor diversidad de fauna. Además, contribuyen más efectivamente a la regulación de las inundaciones ocasionadas por la acumulación de aguas lluvias, ya que mantienen una alta permeabilidad del suelo y su capacidad de infiltración. Mejoran las condiciones climáticas de la ciudad (aumento de la humedad y control de la temperatura), reducen la contaminación ambiental, ya que las hojas sirven como depósito de las partículas contaminantes en suspensión, entre otras propiedades.

Habiendo revisado sucintamente algunos efectos documentados de las áreas verdes en las personas y en la ciudad, en contraposición a la falta de evidencias científicas del indicador de la OMS me parece, por lo tanto, poco plausible seguir sosteniendo que la OMS dijo tal o cual cosa sin que se conozca el sustento de tales definiciones, su justificación y los criterios utilizados para definirlo.

De momento, solo cabe decir que es un parámetro indeterminado carente de valor como indicador ambiental y paisajístico. Lo preocupante es que, de momento, se juzgan ciudades y países por su grado de sostenibilidad en función de un indicador que nadie sabe que expresa más allá de una superficie. Sobre todo es común ver este indicador en memorias de sostenibilidad en el ámbito urbano como la Agenda 21.

Esta semana (21/10/2016) fue promulgada en Hábitat III (Quito, Ecuador) la Nueva Agenda Urbana (https://habitat3.org/) que impulsará el desarrollo urbano para los próximos 20 años de forma equitativa, sostenible, productiva y segura, en los 193 países de las Naciones Unidas.

Fueron aprobados 175 puntos principales, sobre la base de tres principios básicos: no dejar a alguna ciudad atrás (en su desarrollo), promover las economías urbanas sostenibles e inclusivas, y fomentar la sostenibilidad ambiental. Uno de los puntos es ”Promover espacios públicos seguros, accesibles y ecológicos”. La interacción humana debe ser facilitada por la planificación urbana, por lo que en la Nueva Agenda Urbana se pide un aumento de los espacios públicos como aceras, carriles para bicicletas, jardines, plazas y parques.

Cabe preguntarse qué papel tendrá, y si lo tendrá, el indicador de la OMS en las toma de decisiones en las cuestiones de la planificación del paisaje así como monitorear el nivel de cumplimiento  de los acuerdos y compromisos establecidos en la Nueva Agenda Urbana, cuando sus características para sacar conclusiones útiles y de confiablidad están todavía por validar.

REFERENCIAS

  • Hough, M. (1995). Cities and Natural Process: A Basis for Sustainability. London: Routledge.
  • Priego, C. (2011). Naturaleza y sociedad. El valor de los espacios verdes urbanos. Madrid:  Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (España).
  • Sukopp, H. y Werner, P. (1989). Naturaleza en las Ciudades. Madrid: Centro de publicaciones de la Secretaría General Técnica del Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo (España).
  • American Society of Landscape Architects (ASLA). Health Benefits of Nature: https://goo.gl/TEj2Gs. Consultado el 23/10/2106.
  • Sullivan, W., Kuo, F. y DePooter, S. (2004). The fruit of urban nature: Vital neighbourhood spaces. Environment & Behavior, 36(5), 678-700.

Gonzalo de la Fuente colabora con el Instituto Superior del Medio Ambiente como docente de los cursos: Paisaje e intervención ambientalTurismo y desarrollo sostenible, yEcoturismo: Diseño y comercialización de productos

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