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Arasarí piquipálido, un tucán endémico amenazado por la deforestación

Publicado en: Only Birds por Carmen Azahara. Texto original


Podría decir que eran el grupo de mafiosillos de la reserva. Al arasarí piquipálido (Pteroglossus erythropygius) no se le escaba detalle de lo que acontecía en Jama-Coaque. Les gustaba volar en pequeños bandos de unos 6-10 ejemplares controlandolo todo, especialmente nuestro jardín. Y es que, su talón de Aquiles estaba demasiado sabroso como para dejarlo escapar. Sentían perdición por las papayas que crecían en torno a nuestra casa de bambú, y era normal verlos en lo alto del papayo mirando si ya estaba madura la fruta, volviendo cada día hasta que estuvieran jugosas y listas para comer.



No fue fácil, pero conseguimos marcar 9 ejemplares. Todo un reto debido a su bajo número, su comportamiento (suele volar alto y mantenerse en el dosel de la selva) y su inteligencia. Debido a la acusada deforestación de su hábitat, su población ha disminuido drásticamente en las últimas décadas. Según el Libro Rojo de las Aves del Ecuador, hay un 30% menos de individuos maduros de esta especie que hace 18 años, y la tendencia sigue a la baja. Se estima que solo quedan entre 10 y 30 mil ejemplares. 


La distribución de esta especie está limitada al occidente de Ecuador en todo el mundo, por lo que es considerada un endemismo ecuatoriano. Con su pico largo y aserrado, se alimenta principalmente de frutas, pero también come insectos, lagartijas, pequeñas aves, sus polluelos y sus huevos, especialmente cuando tienen que alimentar a sus propios pichones. Su lengua es muy peculiar, larga y aplanada, con punta en forma de pluma, la cual también usa para hacer sonidos mecánicos dentro de su repertorio, chocándola en el interior de las paredes de su pico. 


Este arasarí actualmente se considera una especie, pero hay aún autores que siguen incluyéndola como subespecie del arasarí acollarado (Pteroglossus torquatus). Para complicar un poquito más las cosas, al norte de Ecuador, en la provincia de Esmeraldas, se encuentra el arasarí de pico rayado (Pteroglossus sanguineus), la cual también era considerada subespecie del acollarado. En la frontera donde las distribuciones de estas dos especies se unen, P. sanguineus y P.erythropygius, se han dado casos de hibridación entre ellas. 


No creo que pueda olvidar esta impresionante ave, con su llamativo obispillo rojo carmín y su inconfundible pecho amarillo con una línea negra y rojiza cruzándole el vientre. Su mancha del mismo color en el pecho con un borde desdibujado con plumas rojas entre amarillo daba la impresión de que lo habían disparado en el corazón. Aunque supongo que es así como se tienen que sentir ésta y tantas otras especies al borde de la extinción por nuestra arrogancia y ansias de dinero fácil. 




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Los coloridos parientes del famoso quetzal

Publicado en: Only Birds por Carmen Azahara. Texto original


Miembro de la familia del famoso quetzal, el trogón es un ave colorida y de curiosa morfología. Unas 23 especies conforman el género Trogon en el mundo, generalmente con una distribución tropical en América, Asia y África. Son 18 las especies que están presentes en América del Sur y el país de Ecuador destaca una vez más en su riqueza avifaunística, presentando 12 de estas especies, ¡más de la mitad en todo el mundo!

Los trogones son aves omnívoras del subdosel que presentan dimorfismo sexual. Los machos son de color verde metálico brillante o azulada con un brillante vientre rojo o amarillo. Las hembras tienen las partes superiores más opacas con tonalidades grises o marrones y pueden ser algo más difíciles de identificar que los machos.

Todos los trogones tienen dos dedos orientados hacia adelante y dos hacia atrás, es decir, son heterodáctilos y tienen patas muy cortas y débiles para su tamaño corporal, su relación de masa muscular con respecto a su cuerpo es solamente del 3%, la más baja de todas las aves conocidas (Collar 2001). Este es el motivo por el que en las siguientes fotos de anillamiento científico me veréis manejando a las aves de una manera especial y diferente a lo habitual para que el animal esté cómodo y no sufra ningún percance.

Durante nuestra labor en la Reserva Jama-Coaque en la selva ecuatoriana como anilladores científicos durante el año 2018, la cual ya os comenté en entradas anteriores, conseguimos marcar tres de las cuatro especies que tiene la reserva de este género: dos de vientre rojo y las otras dos de vientre amarillo:

Vientre rojo

  • Trogón ecuatoriano - Ecuadorian trogon - Trogon mesurus
  • Trogón collarejo - Collared trogon - Trogon collaris


Vientre amarillo

  • Trogón jarretero - Gatered trogon - Trogon caligatus
  • Trogón coliblanco - White-tailed trogon - Trogon chionurus


Estas aves no son fáciles de muestrear con la metodología que usábamos para la toma de datos. Se presentaban en la reserva en bajo número y además suelen no moverse mucho, quedándose quietos en su rama favorita por largo tiempo y casi siempre volaban a una altura considerable. 


Vientre rojo

Trogón ecuatoriano

El trogón ecuatoriano (Trogon mesurus) era el más grande de la reserva. El macho destaca con su cabeza verdosa iridiscente, mientras que la hembra, menos llamativa, la tiene azul grisácea. Esta especie era considerada en un primer momento como una subespecie del trogón colinegro (Trogon melanurus). Sería una especie prácticamente endémica del Ecuador si no fuera por una pequeña población en la frontera al norte de Perú. 

Trogón collarejo macho

El trogón collarejo (Trogon collaris) es muy similar en coloración al ecuatoriano, pero es más pequeño, tiene un collar blanco que le da nombre y que es más llamativo en su observación, además de que la cola no es completamente oscura, si no que tiene un patrón blanquinegro en su parte inferior. Mientras, las hembras también tienen el collar, pero su cabeza es de una tonalidad marrón y el patrón de la cola también cambia, entre otras diferencias con respecto a su dimorfismo sexual, como podéis ver en las imágenes del anillamiento. 


Trogón collarejo hembra

Vientre amarillo

Trogón jarretero macho juvenil

Con respecto a los "vientriamarillos", anillamos al trogón jarretero (Trogon caligatus). Esta especie era considerada una subespecie del trogón violáceo (Trogon violaceus), la cual ha sido dividida en tres especies, la mencionada, el trogón amazónico (Trogon ramonianus) y el trogón que conserva el nombre original. De las dos especies mencionadas en párrafos anteriores conseguimos marcar tres individuos de cada especie, mientras que del jarretero solamente dos. La cuarta especie, también con vientre amarillo, que podemos ver en la reserva es el trogón coliblanco (Trogon chionurus). 


Trogón jarretero macho juvenil
Pero éstos no fueron los únicos trogones que pudimos ver en Ecuador. En nuestras excursiones a los Andes observamos y fotografiamos al trogón enmascarado (Trogon personatus), y también vimos a sus emblemáticos parientes, los quetzales. Concretamente, el quetzal cabecidorado (Pharomachrus auriceps) y el quetzal crestado (Pharomachrus antisianus).

Trogón enmascarado macho

PD: el nombre de trogón, que puede sonar tan raro, procede del griego trogein, que significa "roer". La elección de este nombre para estas especies se debe al hábito de escarbar sus nidos haciendo un agujero en árboles muertos o termiteros arborícolas. También les gusta picotear frutas.

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White-winged gulls o gaviotas de alas blancas en Escocia

Publicado en: Only Birds por Carmen Azahara. Texto original


La semana pasada anillamos a esta gaviota groenlandesa (Larus glaucoides) en el puerto de Fraserburgh, Escocia. Esta localidad, junto con Peterhead, son uno de los mejores sitios para ver ejemplares invernantes de "white-winged gulls" o gaviotas de alas blancas. 

White-winged gulls

Esta expresión es comúnmente utilizada por los aficionados a la observación de este grupo de aves e incluye a cuatro taxones que crían en el Ártico y que tienen en común presentar primarias blanquecinas: la ya mencionada gaviota groelandesa, el gavión hiperbóreo (Larus hyperboreus), la gaviota esquimal o gaviota de Thayer (Larus thayeri)​​ y la gaviota de Kumlien (Larus glaucoides kumlieni).



Su taxonomía en estudio

La separación taxonómica Larus glaucoides/kumlieni/thayeri sigue en debate desde que la especie Larus glaucoides fue descrita en 1822 por Bernhard Meyer. Primeramente se consideró tres subespecies:  L. g. glaucoides con zona de cría en Groenlandia; L. g. kumlieni que cría principalmente en la Isla de Baffin; y L. g. thayeri, reproduciéndose en la zona alta del ártico canadiense.

En la actualidad, y basándome en la guía "Gulls of the World", publicada en 2018, la gaviota esquimal es considerada especie, mientras que la de Kumlien se sigue mencionando un enjambre híbrido entre la groenlandesa y la esquimal.  Para hacer esta afirmación, la publicación consultada se basa en la enorme  variabilidad individual que presenta la gaviota de Kumlien, presentando todas las formas intermedias entre las dos especies originarias. Si observamos la distribución de la zona de reproducción de los tres taxones considerados, vemos que la de Kumlien es el lugar de solapamiento de las otras dos.



Anillamiento científico

Volviendo al tema del anillamiento, este proyecto comenzó en el año 2011. Mi marido Euan comenzó en Escocia un estudio con anillas de lectura a distancia en gaviotas, principalmente argénteas y sombrías. Sin embargo, el primer año tuvo la suerte de anillar un gavión hiperbóreo. A la primavera siguiente, este individuo fue observado en catorce ocasiones en ocho lugares diferentes de Inglaterra. Debido a su bajo número y facilidad de detección, las "white-winged gulls" son muy buscadas y admiradas entre los observadores de aves, por lo que la probabilidad de obtener información posterior de individuos anillados con este método es muy elevada. 

Desde entonces, hemos anillado 12 gaviones hiperbóreos y 4 gaviotas groenlandesas dentro de este proyecto. Aunque parezca poco, estos anillamientos representan un porcentaje significativo dentro de la historia del anillamiento científico en Reino Unido: en 110 años de anillamiento por la BTO, solamente han sido anillados 70 hiperbóreos y 17 groenlandesas. 



Y es que, os puedo asegurar, que no es nada fácil capturarlas, y su bajo número de invernada en el país no ayuda. Pero el esfuerzo que supone anillar a solo una de estas gaviotas es ampliamente recompensado por toda la información que nos ofrecen. Sin ir más lejos, prácticamente todas las gaviotas que hemos anillado han sido posteriormente observadas. Uno de los datos más interesantes vino de la mano (o mejor dicho, del ala) de uno de los gaviones hiperbóreos visto en el norte de Noruega, mientras que otro se observó en Islandia, los dos casos en el verano posterior al anillamiento. 



Seguiremos trabajando con estas especies para mejorar el conocimiento sobre sus movimientos. Muchas gracias a todas las observadoras y observadores que lo hacen posible. 




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Mi hogar en la jungla

Publicado en: Only Birds por Carmen Azahara. Texto original


Llegamos mi marido y yo justamente el uno de enero del año pasado a Ecuador. El dicho de "año nuevo, vida nueva" nos lo tomamos al pie de la letra. Dejamos atrás las comodidades de la urbe para irnos a vivir a una casa de bambú rodeada de la jungla ecuatoriana en la reserva Jama-Coaque.


Vistas desde el segundo piso de la casa principal.

No es nada fácil llegar hasta allí, especialmente en la temporada de lluvias. Desde la ciudad de Pedernales viajamos por carretera hacia el Sur hasta la entrada de Camarones, una pequeña comuna costera de unos 300 habitantes. Una vez en la entrada, son 3 km de carril, cruzando en varias ocasiones el serpentenante río que le da nombre a la población. No hay puentes para los coches  y solo uno peatonal (unas meras tablas colgantes colocadas por la misma gente de Camarones) para cruzar a la entrada. Con lluvias torrenciales, los vehículos no pueden pasar, por lo que la única manera es a caballo o caminando, arremangándose bien los pantalones.  

Una vez que llegas hasta la  última casa de la comuna, quedan otros tres kilómetros de pura subida bien lodosa, como diría la gente del lugar. Reconozco que cuando ya este tramo finalmente se secó después de las lluvias y se pudo arreglar, por lo que era más fácil conseguir subir en vehículo, fue un gran alivio. Los primeros meses, salir y entrar en la reserva era un suplicio que teníamos que hacer una vez a la semana según nuestro programa de trabajo con los estudiantes. Afortunadamente, teníamos dos caballos para subir la comida hasta la reserva.

La humedad prácticamente del 100% junto con la temperatura elevada tampoco ayudaba al esfuerzo físico diario que debíamos hacer, ya que costaba más trabajo respirar, pero nos adaptamos sin darnos cuenta. En los últimos meses, los estudiantes que tuvimos me decían que estaban sorprendidos de lo rápido que subía por las rutas de la reserva sin esfuerzo a pesar de la dificultad. Yo me reía diciéndoles que si me hubieran visto en el mes de enero, no dirían lo mismo. 

La entrada de la casa principal.
Cada dos meses, un nuevo grupo de pasantes llegaba a la reserva. Normalmente se trataba de estadounidenses estudiantes de biología o recién graduados de la misma, aunque también tuvimos personas de otras nacionalidades: australiana, zimbabuense y venezolana. Después de que los recogíamos en Pedernales y los acompañábamos hasta la que iba a ser su casa por las siguientes semanas, éstos se acomodaban en su habitación en la casa de bambú principal, mientras que nosotros estábamos asentados en la llamada casita, otra construcción más reciente y pequeña. Además, teníamos una tercera construcción de bambú, la clase, un espacio amplio para eventos y conferencias. 

La cocina. Al fondo a la derecha, el horno para pizzas.

La pasantía comenzaba con la charla de seguridad seguida de cursos de introducción al anillamiento científico, así como identificación, datado y sexado de aves neotropicales. Después, teníamos un día de senderismo para conocer la reserva y recordar las pautas de seguridad y orientación en la jungla. Para ello elegíamos uno de los senderos más largos pero también más hermosos, ya que podíamos ver cómo gradualmente iba cambiando la vegetación según íbamos subiendo en altitud desde los 270 metros donde estaba la casa hasta los 685 metros, el punto más elevado de la reserva. En esta ruta de los tres bosques pasábamos del bosque seco al bosque húmedo, llegando en lo más algo al bosque nublado.

Detalle del bosque nublado.

Al siguiente día ya comenzábamos nuestra rutina: los lunes íbamos a la estación a preparar las redes de anillamiento, los martes, miércoles y jueves anillábamos, y los viernes íbamos a la costa a hacer un censo de aves en un bosque seco. En éste se está llevando a cabo la construcción de una urbanización con campo de golf, y son necesarios datos previos para evitar la tala y planificar medidas compensatorias. El fin de semana lo teníamos libre y normalmente lo utilizábamos para acabar las tareas que no nos dieron tiempo entre semana, seguir anillando y yo personalmente, hacer fototrampeo a los mamíferos de la reserva.

Teníamos organizados 14 estaciones de muestreo ubicadas en diferentes tipos de hábitats por las 600 hectáreas que conforman la reserva (y creciendo), incluyendo los tres bosques mencionados y añadiendo si éstos eran vírgenes o de reforestación. Cada una fue muestreada un total de tres veces en el año, coincidiendo con los distintos periodos climáticos (la temporada de lluvia, la temporada seca y la transición).

Aquí estoy yo en una de las estaciones de bosque nublado
Por ejemplo, anillar en el bosque nublado suponía estar listos para caminar una hora y cuarto antes de la salida del sol, subir hasta la cota por encima de los 600 metros de altitud cargando con todo lo necesario y comenzar a trabajar al amanecer tomando datos y enseñando a nuestros estudiantes cómo hacerlo. La verdad es que me sorprende reconocer que a ninguno se le pegaron las sábanas a pesar de que todo esto suponía ponerse a desayunar a las cuatro de la mañana. La motivación por aprender siempre estuvo al pie del cañón. 

Cascada del río Camarones en temporada seca, con nacimiento en la reserva.

La organización gestora de la reserva, Third Millennium Alliance, comenzó en el año 2007 con el rescate de las primeras 40 hectáreas de la recién nacida Reserva Jama-Coaque. Desde entonces, sus trabajos de investigación han sido muy diversos, con un especial hincapié en la agrosilvicultura. 

El año 2018 supuso el comienzo del Observatorio de Aves Jama Coaque (OAJC) que mi marido y yo, como anilladores científicos y coordinadores, tuvimos la suerte de inaugurar y comenzar a diseñar y establecer. Dando las gracias por la confianza que pusieron en nosotros para este trabajo y sintiéndonos como los padres de esta criatura, a la que le deseamos larga vida, solo esperamos que podamos volver muy pronto y ver los progresos. Mientras tanto, iré publicando en mi blog tantas cosas que viví el pasado año y que estoy deseando contaros. 

Os invito a que visitéis su página donde encontrareis una amplia información sobre todas sus actividades de investigación, reforestación y salvamento del tan castigado bosque ecuatoriano del Pacífico, el cual ya ha perdido más del 90% de su cubierta forestal nativa. Este hábitat es considerado como uno de los bosques tropicales más amenazados del mundo.

Entrada a la reserva. En el centro la casa y a la derecha la casita, donde estaba mi cuarto.

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Un nuevo comienzo de vuelta de Ecuador

Publicado en: Only Birds por Carmen Azahara. Texto original

Purple honeycreeper, mielero cerúleo, Cyanerpes caeruleus
No, jamás pensé de dejar de escribir y abandonar mi blog, aunque lo parezca. Y es que hace ya más de un año que no publico absolutamente nada. ¿Qué me ha podido pasar para no hacerlo? Lamento mucho no haber tenido actualizado este pequeño rinconcito que dedico, y en el cual me expreso tal y como quiero, a mi gran pasión. Pero no, en la selva no hay Internet. 

Ni Internet, ni electricidad, ni agua caliente, ni frigorífico, ni aire acondicionado, ni puertas, paredes o ventanas, ni tantos otros privilegios que algunos humanos de este mundo damos por sentado que forman parte de la vida cotidiana. Cada día que pasaba, me lamentaba de no poder contar cómo era mi día a día en la jungla a todos ustedes. Aún así, este hecho  no es sinónimo de haber olvidado mi afición a la escritura: unos de mis momentos favoritos era, cuando caía la tarde, poder sentarme en mi escritorio en un rincón de la casa de bambú donde vivíamos mirando las laderas de la reserva, con infinitas tonalidades de verde, y escribir en mi cuaderno todo aquello que se me pasara por la cabeza en ese momento. 

Allá donde mirara, cada día que pasaba, siempre había algo nuevo por descubrir. El pasado año 2018 pude vivir una experiencia única en la reserva ecuatoriana llamada Jama-Coaque. Ésta forma parte de la región biogeográfica de "El Chocó", la cual es globalmente reconocida como una de las áreas más biológica y culturalmente diversas. Provee de hábitat a una extraordinaria riqueza de especies animales y plantas. Se encuentra mirando al Pacífico y aislada de la Amazonía por los Andes, propiciando un enorme rango de nuevas especies, muchas de ellas endemismos de la región. Actualmente es el hogar de, por ejemplo, más de once mil especies de plantas vasculares y novecientas especies de aves. 

Según WWF, un 66% de la selva del Chocó ya ha sido totalmente destruida por la deforestación y el auge del aceite de palma. En el caso de mi reserva, era muy doloroso ver en nuestras fronteras cómo todo estaba destruido y quemado por prácticas abusivas de la ganadería y agricultura. 

El principal objetivo de la fundación gestora de la reserva, Third Millennium Alliance, es ir comprando todos los terrenos privados colindantes para reforestarlos y preservarlos de estos males humanos. Cada año, la reserva crece un poquito más gracias a los donativos de personas concienciadas con este problema ambiental, aunque no tan rápido como a mí me gustaría y como este hábitat en extinción necesita, (y estoy segura de que mis compañeros fundadores también opinan igual que yo). 

Ya de vuelta en Escocia, no tengo excusas para no contaros tantas cosas que tengo en el tintero. Y mientras agradezco  tener de nuevo bombillas encendidas y una ducha con agua caliente, mi marido y yo hacemos nuevos planes para el 2019 que, con seguridad, no creo que vaya a ser tal aventura como la del pasado año, pero espero que también pueda seguir avanzando en mi camino. 

Sinceramente, yo haría la maleta de nuevo para irme a cualquier otro rincón del mundo. Cuando miro un mapamundi, se me cae el alma a los pies pensando en todos esos lugares que no conozco, todas esas aves que aún no he visto, todas esas formas distintas de vivir que los humanos tenemos y que yo quiero tener la oportunidad de comprender... No creo que la vida me de para tanto, pero se hará lo que se pueda. 

Mientras tanto, acontecimientos que se me escapan de las manos requieren de nuestra atención. No sabemos que pasará con el Brexit ni qué será de nosotros, los "EU citizens". Cada vez que veo en las noticias a Theresa May diciendo que la libre circulación se va a acabar con semejante odio en sus ojos, pienso que los ciudadanos europeos debemos ser auténticos diablos recién salidos del más horrendo infierno inimaginable y aún no nos hemos dado cuenta ello. Quién diría que en la Era de las Comunicaciones se iba a imponer el racismo con tanta fuerza. 

Yo no tengo la fortuna de ser una de mis amadas aves. En su mirada, las fronteras que los humanos nos hemos creado para separarnos ni existen, ni tienen sentido. Sus alas se enfrentan a montañas, mares, desiertos. Su fortaleza y valía se demuestra con cada amanecer que llevan a sus espaldas. Su confianza en sí mismas les acompaña hasta el último día. 

Nuestro último día anillando en la reserva, la selva quiso despedirse de nosotros con una pequeña sorpresa azul violeta. Me gusta imaginar que ésta fue la manera de que el Chocó nos quiso decir que el amor que sentimos por esta esquinita del mundo es recíproco. El macho de Purple honeycreeper o mielero cerúleo (Cyanerpes caeruleus) fue la última ave que anillamos y supuso la cita de una nueva especie no antes vista en la reserva de Jama-Coaque. 

Durante mi estancia en Ecuador, observamos y trabajamos con más de 600 especies de aves, haciendo hincapié en las estrategias de muda de especies poco estudiadas y teniendo aprendices a nuestro cargo. No solamente estuvimos anillando en Jama-Coaque, también tuvimos la oportunidad de viajar por el país y trabajar en otras zonas de la costa y en los Andes en nuestro tiempo libre. 

Mi trabajo como Avian Studies Coordinator  en el Neotrópico fue uno de mis mayores retos laborales con unas condiciones ambientales nada fáciles de afrontar y, aún así, puedo decir "de ley" que un pedacito de mí no quiso volver y se quedó en Ecuador. 

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Los 7 páridos que nos acompañaron en Siberia

Publicado en: Only Birds por Carmen Azahara. Texto original


Seguimos con las aves siberianas que estudiamos en Muraviovka Park. En esta ocasión les ha tocado a los carismáticos páridos. Ya hice mención especial en una publicación anterior al carbonero ventrigualdo. Anillamos el segundo registro en toda Rusia de esta especie. El resto de estas aves eran habituales en el parque, como es el caso del herrerillo azul.


Herrerillo azul, azure tit (Cyanistes cyanus)

Como si se tratara de un herrerillo común descolorido, el herrerillo azul se reproduce a lo largo de Rusia y Asia Central. En el oeste de Rusia puede hibridar con el común dando lugar al "Pleske's tit", antiguamente considerada una especie distinta. Anillamos 74 nuevos ejemplares distribuidos a lo largo de los dos meses de septiembre y octubre, y eran fáciles de observar en pareja o grupo, especialmente por la zona arbustiva colindante a la marisma. Por sus colores y comportamiento ruidoso y confiado, no podría decirse que fuera una especie muy discreta. 

Comparativa entre el carbonero común (izquierda) y el carbonero japonés (derecha)

Otro caso de hibridación ocurre entre nuestro familiar carbonero común (Parus major) y el carbonero japonés (Parus minor). Marcamos 79 comunes, pero solamente 3 japoneses. No era fácil discernir entre cual era "puro" y cual híbrido. 

Hasta hace poco, esta especie se clasificaba como una subespecie de carbonero común, pero estudios recientes indicaron que las dos especies coexisten en el Lejano Oriente ruso sin entremezclarse ni hibridarse con frecuencia. Aún así, anillamos 15 ejemplares a los cuales consideramos híbridos. 

Carbonero japones, Japanese tit (Parus minor)

Aunque no pertenece a la familia de los páridos, sino que es un egitálido, incluyo al adorable mito en esta publicación por su estrecha relación con la familia que nos acontece, considerándose anteriormente como una subfamilia de los páridos. Además, ya sabemos, que a los mitos no les gusta estar solos. Una especie muy sociable, la cual solemos observar en grupos familiares bastante sonoros.


Fuente: Wikipedia 

Ya tuve la oportunidad de anillar varias subespecies de mito a lo largo de mi carrera como anilladora, en este caso se trataba de la subespecie nominal o la primera subespecie que fue nombrada y que, de acuerdo con las reglas de la nomenclatura zoológica, recibe el mismo epíteto que el específico: Aegithalos caudatus caudatos. Arriba tenéis un mapa con la distribución de las subespecies de mito. En este caso lo podemos reconocer por su coloración blanca impoluta en la cabeza. Marcamos 279 individuos. 

Mito, long-tailed tit (Aegithalos caudatus)

Otra especie con numerosas subespecies, (veintiuno según el "Handbook of the Birds of the World") es el carbonero garrapinos. Las dos anteriores con las que pude trabajar, la británica (P. a. britannicus) y la ibérica (P. a. vieirae). En este caso, la nominal, los individuos lucían una graciosa cresta cual "capuchino". Marcamos 66 ejemplares, normalmente apareciendo en parejas o pequeños grupos, algunas veces mixtos con otros páridos. Aunque podamos pensar en esta especie como mayoritariamente sedentaria o con cortos desplazamientos, ya sea altitudinales o en busca de fuentes de alimento, en nuestro caso la detectamos como una especie migratoria, con pico de migración en la segunda quincena de septiembre. 

Carbonero garrapinos, coal tit (Periparus ater)

Y para terminar con este grupo, dos especies de aspecto muy similar: el carbonero montano y el carbonero palustre.  Del montano, marcamos 100 individuos, mientras que del palustre, el párido más habitual en el parque, fueron 284 los ejemplares anillados. Mientras que el palustre se distribuyó de manera más o menos homogénea durante los meses de septiembre y octubre, el montano no tuvo una presencia considerable hasta la tercera semana de septiembre, bajando su número otra vez a menos de diez individuos nuevos a la semana, y recuperando un número significativo a mediados de octubre. 

Carbonero palustre, marsh tit (Poecile palustris)

Carbonero montano, willow tit (Poecile montanus)



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