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Objetivo: Impacto cero de la energía eólica

Publicado en: Comunidad ISM » Blogs por Jon Dominguez. Texto original

Que la energía eólica va a formar parte del futuro necesario del planeta, y en especial de la Unión Europea (UE), es algo difícil de negar. Incluso a pesar de algunas políticas cortoplacistas que insisten en mirar para otro lado. La realidad es imparable. Y no lo digo yo, lo confirman las cifras. Según el Global Wind Energy Council (GWEC) a finales de 2016 había 90 países con algún tipo de capacidad generadora, lo que supone una potencia instalada a nivel mundial de 487 GW. Y la Asociación Mundial de Energía Eólica (WWEA)ha estimado, a falta de confirmación definitiva, que en 2017 se ha llegado a los 540 GW instalados. En fin, que los datos hablan por sí solos. La tendencia es claramente alcista. Incuso para España, últimamente demasiado miope y empeñada en descolgarse de la UE, va a ser difícil no verse arrastrada por la ola imparable que suponen las energías renovables. De momento el año pasado se subastaron 8.000 MW, que deberán ser funcionales en 2020 y dónde la eólica tiene un peso importante. Si queremos cumplir con las Directivas y no ser sancionados ni convertirnos en un ejemplo de torpeza histórica, deberemos coger este tren. Un tren que ha de llevarnos a la sostenibilidad y a la suficiencia energética.

Capacidad instalada e incremento anual a nivel mundial entre 2012 y 2016. Imagen:www.wwindea.org

Y precisamente de la sostenibilidad de la energía eólica quiero hablaros en este post. Como he mencionado y muchos probablemente ya sabríais, la evolución en la instalación de MW eólicos es constante y en alza. Pero si queremos que la implantación de esta fuente de energía continúe a buen ritmo y haga honor a su calificativo de renovable, debemos abordar los nuevos retos ambientales que nos plantea su imparable crecimiento.

Es de conocimiento público, y los datos así lo avalan, que la energía eólica tiene una huella ecológica más reducida que la mayoría de las fuentes energéticas. Pero también sabemos que esta característica no la libra de estar exenta de impactos en los ecosistemas, especialmente sobre las poblaciones de aves y murciélagos. Y aquí radica la cuestión central que quiero abordar. Si queremos que la eólica pueda presumir de ser realmente renovable y que su influencia neta sobre el medio ambiente sea cero, hay que retomar el debate sobre su evaluación e integración ambiental. No es una propuesta gratuita. Desde hace tiempo los expertos llevan alertando de que los estudios y evaluaciones de impacto son deficientes, y no han permitido anticipar los impactos de forma adecuada ni establecer medias de mitigación realmente efectivas (ver p.ej Ferrer et al. 2011Lintott et al. 2016). Es un problema generalizado. A las carencias de conocimiento de la influencia del impacto sobre la fauna, se le unen protocolos de evaluación y control deficientes e incompletos que impiden la plena integración de la energía eólica en los ecosistemas dónde proyecta ubicarse (traté el tema en un reciente post).

impacto eolica sobre la fauna

Esto no quiere decir que estemos ante una situación irreversible. Aún tenemos margen de maniobra para hacer las cosas a la altura del papel que ha de jugar la eólica en la sostenibilidad global. Pero eso sí, debemos actuar cuanto antes. Dejando el sensacionalismo fuera de este debate (ya se encargarán otros de incorporarlo), es prioritario entender que solo alcanzaremos los objetivos de impacto cero desde un enfoque riguroso basado en la evidencia científica. Y sin duda esto pasa por mejorar sustancialmente las estrategias de evaluación de impacto y seguimiento ambiental de los parques eólicos a todas las escalas. Porque minimizar la influencia de la energía eólica sobre los vertebrados voladores no solo facilita su integración en los ecosistemas y la hace más sostenible, sino que supone una reducción de costos importante y mejora sustancialmente la competitividad de los proyectos.

Conscientes de la problemática y de la necesidad de aportar calidad y fiabilidad en las evaluaciones y seguimiento del impacto de la energía eólica sobre la fauna, el Instituto Superior del Medio Ambiente y el que suscribe hemos desarrollado recientemente el curso online Evaluación y seguimiento del impacto de los parques eólicos sobre la fauna.

Artículo original publicado en Linkedin

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Brotes de aliso

Publicado en: Andanzas de un Trotalomas por Trotalomas. Texto original

Con la tinta electrónica fresca aún de la anterior entrada me dispongo a escribir una segunda, una suerte de continuación de aquella, que rompa el encanto de la entrada única y bienintencionada en la que plasmo mis ganas por volver a escribir y que, finalmente, queda en suspenso porque las obligaciones y esa falaz sensación de que el tiempo vuela provocan que siempre haya algo importante que hacer. Aunque guarde siempre la esperanza de que se me permitirá sentarme a escribir en algún momento, las obligaciones fagocitan los buenos propósitos.

Así que, a modo de cuaderno de campo, como hacía antaño, y mientras doy forma en mi cabeza a algunas cosillas que quería compartir con vosotros por aquí, voy a desplegar en forma de álbum de fotos un par de salidas campestres por humedales cercanos con las que di término al año 2017.

El día 29 de diciembre fui a la Desembocadura del Guadalhorce aprovechando que era un día laborable y yo estaba de vacaciones. Últimamente me da la impresión de que este paraje está demasiado masificado, especialmente los fines de semana; familias paseando, gran cantidad de bicicletas de montaña a paso rápido con ciclistas hablando bastante alto o directamente a voces, gente corriendo, paseando al perro o simplemente otros pajareros disfrutando de la ornitología. En suma, mucha gente (entre la que me incluyo, por supuesto, aunque solo sea por el volumen generado) que puede llegar a molestar a los animales que hacen de aquel Paraje Natural su refugio.

Pasé la mañana deambulando de laguna en laguna, disfrutando con la visión de un águila calzada que se buscaba la pitanza de aquel día y parecía seguirme de una a otra haciendo piruetas para sortear el fuerte viento de la jornada, aunque no tuve suerte de ver a ninguna pescadora. A los pequeños alados (alguna lavandera blanca, tarabilla europea, gorrión común…) se les sumaron unos zampullines en la Laguna Grande y una buena cantidad de cormoranes, cigüeñuelas, ánade real y gaviotas en los demás observatorios.

Haga click para ver el pase de diapositivas.

El 30 fui con el retoño de Aliso (el pequeño trotalomas, al que a partir de ahora llamaremos así, con nombre de árbol, ya que es de rápido crecimiento y viene conmigo de humedal en humedal 😉 ) a la Charca de Suárez de Motril. Un espacio emblemático para el conservacionismo que encontramos en plena ciudad, junto a un hotel, y que supuso un freno frente a la especulación inmobiliaria que iba a sustituir tierra y aguas por cemento en aquella zona y que ha quedado protegido para el disfrute de aves y personas. Allí me encontré con mi querido Alberto y pasamos juntos una deliciosa mañana, mucho menos ventosa que la anterior, realizando un recorrido completo por los senderos, entre lagunas, perdiendo la noción del tiempo hasta el punto de encontrarnos cerrada la puerta de entrada al llegar a ella. Allí nos acompañaron algunas garzas reales, más cormoranes y ánades reales, pato cuchara, zampullines, polla de agua, fochas y una chocha.

Acabamos la jornada en un barecito de la zona donde degustaríamos unas deliciosas gambas «del terreno» y acompañadas de un frío zumo de cebada. Aliso, por supuesto, haciendo gala de su descaro y simpatía, se hizo amigo de un gato que esperaba paciente la caída de alguna raspa o algo más suculento de las mesas del local. Una amistad peligrosa para ambos, ya que Aliso suele aplastar (literalmente) a Lupo, que sufre pacientemente el cariño de aquel, pero dudo mucho que este gato hubiese sido tan pacífico ante semejantes muestras de amor. Una experiencia que habrá que repetir, habida cuenta del disfrute de la pequeña larva y de los imagos.

Haga click para ver el pase de diapositivas.

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¿Conocemos el impacto de la energía eólica sobre la fauna? ¿Lo estamos evaluando correctamente?

Publicado en: Comunidad ISM » Blogs por Jon Dominguez. Texto original

La respuesta a la primera pregunta sería “no demasiado”. Y a la segunda habría que contestar con un rotundo “no”.

Los buitres leonados (Gyps fulvus) cumplen los requisitos de riesgo asociados a las factores de la especie. Foto: Mario modesto, CC BY-SA 3.0 Wikipedia

Respecto al primer interrogante, existe una tendencia bastante común por la que solemos pensar que el impacto de los parques eólicos sobre la fauna es bien conocido. Si nos preguntaran, la mayoría responderíamos rápidamente que el principal problema es la mortalidad de las aves al colisionar con las palas de los aerogeneradores. E incluso algunos también mencionaríamos a los murciélagos como grupo de riesgo. Y aunque no iríamos desencaminados, la realidad es que, tras 50 años de energía eólica a escala industrial, seguimos sin saber mucho sobre su impacto en los vertebrados voladores. Nuestra comprensión no pasa de conocer algunas características que hacen a unas especies más propensas que otras a sufrir impactos, y de cierto consenso al considerar que la magnitud del impacto es en general reducida, aunque en determinadas situaciones puede implicar importantes efectos negativos sobre las especies.

De hecho, seguimos sin entender prácticamente nada de la influencia a largo plazo sobre las poblaciones, y muy poco del peso de las características del entorno en la mortalidad. Un problema que se agrava con los murciélagos, hasta hace poco sistemáticamente ignorados en las evaluaciones de impacto, y que probablemente se estén llevando la peor parte.

Este vacío de información, que dificulta en buena medida la implantación realmente sostenible de la energía eólica, está estrechamente relacionado con la segunda cuestión que planteaba en el título. Sabemos poco, sí, pero es que además no estamos gestionando correctamente el desarrollo de la eólica ni si quiera en base a esos escasos conocimientos. Los expertos llevan tiempo alertando de carencias serias en las metodologías de evaluación y en los programas de seguimiento de impacto, especialmente a largo plazo. Hace unos años, por ejemplo, científicos del CSIC y de la Fundación Migres (entre otros) detectaron que los estudios de impacto ambiental no conseguían predecir correctamente cuáles iban a ser los proyectos con mayor mortalidad. Pudieron comprobarlo sobre el terreno, y concluyeron que acertaban muy poco.

Fragmentación y pérdida de hábitat en un parque eólico de Virginia Occidental (EEUU). Fuente: www.wind-watch.org

Más recientemente, una amplia revisión sobre las evaluaciones de impacto de los parques eólicos en murciélagos del Reino Unido extraía conclusiones muy similares. Los análisis son incompletos, las metodologías muchas veces erróneas y los estudios no terminan de servir para reconocer el impacto ni para establecer medidas de mitigación adecuadas. Y son solo dos ejemplos.

Si queremos que la energía eólica siga siendo una de las opciones con mayor potencial para luchar contra el cambio climático y facilitar la suficiencia energética; y que el título de renovable que se le otorga no haga referencia exclusivamente al origen del recurso, debemos aumentar el esfuerzo y la calidad de la evaluaciones de impacto. Para ello es fundamental que estandaricemos los protocolos, apliquemos técnicas repetibles y mejoremos sustancialmente los seguimientos a largo plazo. Y es que conseguir una mayor sostenibilidad no solo beneficia al medioambiente, sino que también reduce los costes y aporta competitividad. Es necesario entender que una buena planificación es una oportunidad al desarrollo de la industria.

En el ISM hemos captado el mensaje y queremos contribuir con nuestro granito de arena a la consecución de la plena sostenibilidad de la energía eólica. Por eso hemos desarrollado el curso Evaluación y Seguimiento del Impacto de los Parques Eólicos sobre la Fauna, donde ayudaremos a los alumnos a profundizar en el conocimiento del impacto de los parques eólicos, aportaremos las herramientas necesarias para evaluar de forma científica y estandarizada su influencia sobre las aves y los murciélagos, y abordaremos las distintas soluciones de mitigación existentes. El objetivo es que de nuestras aulas salgan técnicos con la capacitación suficiente como para revertir la situación descrita en los párrafos anteriores. Yes we can!

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¿Conocemos el impacto de la energía eólica sobre la fauna? ¿Lo estamos evaluando correctamente?

Publicado en: Comunidad ISM » Blogs por Jon Dominguez. Texto original

La respuesta a la primera pregunta sería “no demasiado”. Y a la segunda habría que contestar con un rotundo “no”.

Los buitres leonados (Gyps fulvus) cumplen los requisitos de riesgo asociados a las factores de la especie. Foto: Mario modesto, CC BY-SA 3.0 Wikipedia

Respecto al primer interrogante, existe una tendencia bastante común por la que solemos pensar que el impacto de los parques eólicos sobre la fauna es bien conocido. Si nos preguntaran, la mayoría responderíamos rápidamente que el principal problema es la mortalidad de las aves al colisionar con las palas de los aerogeneradores. E incluso algunos también mencionaríamos a los murciélagos como grupo de riesgo. Y aunque no iríamos desencaminados, la realidad es que, tras 50 años de energía eólica a escala industrial, seguimos sin saber mucho sobre su impacto en los vertebrados voladores. Nuestra comprensión no pasa de conocer algunas características que hacen a unas especies más propensas que otras a sufrir impactos, y de cierto consenso al considerar que la magnitud del impacto es en general reducida, aunque en determinadas situaciones puede implicar importantes efectos negativos sobre las especies.

De hecho, seguimos sin entender prácticamente nada de la influencia a largo plazo sobre las poblaciones, y muy poco del peso de las características del entorno en la mortalidad. Un problema que se agrava con los murciélagos, hasta hace poco sistemáticamente ignorados en las evaluaciones de impacto, y que probablemente se estén llevando la peor parte.

Este vacío de información, que dificulta en buena medida la implantación realmente sostenible de la energía eólica, está estrechamente relacionado con la segunda cuestión que planteaba en el título. Sabemos poco, sí, pero es que además no estamos gestionando correctamente el desarrollo de la eólica ni si quiera en base a esos escasos conocimientos. Los expertos llevan tiempo alertando de carencias serias en las metodologías de evaluación y en los programas de seguimiento de impacto, especialmente a largo plazo. Hace unos años, por ejemplo, científicos del CSIC y de la Fundación Migres (entre otros) detectaron que los estudios de impacto ambiental no conseguían predecir correctamente cuáles iban a ser los proyectos con mayor mortalidad. Pudieron comprobarlo sobre el terreno, y concluyeron que acertaban muy poco.

Fragmentación y pérdida de hábitat en un parque eólico de Virginia Occidental (EEUU). Fuente: www.wind-watch.org

Más recientemente, una amplia revisión sobre las evaluaciones de impacto de los parques eólicos en murciélagos del Reino Unido extraía conclusiones muy similares. Los análisis son incompletos, las metodologías muchas veces erróneas y los estudios no terminan de servir para reconocer el impacto ni para establecer medidas de mitigación adecuadas. Y son solo dos ejemplos.

Si queremos que la energía eólica siga siendo una de las opciones con mayor potencial para luchar contra el cambio climático y facilitar la suficiencia energética; y que el título de renovable que se le otorga no haga referencia exclusivamente al origen del recurso, debemos aumentar el esfuerzo y la calidad de la evaluaciones de impacto. Para ello es fundamental que estandaricemos los protocolos, apliquemos técnicas repetibles y mejoremos sustancialmente los seguimientos a largo plazo. Y es que conseguir una mayor sostenibilidad no solo beneficia al medioambiente, sino que también reduce los costes y aporta competitividad. Es necesario entender que una buena planificación es una oportunidad al desarrollo de la industria.

En el ISM hemos captado el mensaje y queremos contribuir con nuestro granito de arena a la consecución de la plena sostenibilidad de la energía eólica. Por eso hemos desarrollado el curso Evaluación y Seguimiento del Impacto de los Parques Eólicos sobre la Fauna, donde ayudaremos a los alumnos a profundizar en el conocimiento del impacto de los parques eólicos, aportaremos las herramientas necesarias para evaluar de forma científica y estandarizada su influencia sobre las aves y los murciélagos, y abordaremos las distintas soluciones de mitigación existentes. El objetivo es que de nuestras aulas salgan técnicos con la capacitación suficiente como para revertir la situación descrita en los párrafos anteriores. Yes we can!

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Salinas y dunas del Pinet (Santa Pola)

Publicado en: Más allá de la ciudad por Fran Mercader Román. Texto original


      Dentro del Parque Natural de las Salinas de Santa Pola podemos hacer multitud de rutas y excursiones gracias a su gran extensión y a sus distintos parajes que podemos encontrarnos a lo largo de las salinas.

        Una de ellas, es la que os traemos en este post, un pequeño recorrido de un par de kilómetros y apto para todas las edades por el extremo sur del Parque. Hablamos de las llamadas Salinas de Pinet, protegidas del mar gracias a un sistema dunar muy bien conservado.

Inicio del sendero
     La ruta la iniciamos en unas antiguas balsas salineras, hoy en día en desuso, a las que se introduce agua por su alto valor ecológico, ya que son el hogar de muchas aves como avocetas, flamencos, cigüeñuelas, garcetas, archibebes, chorlitejos, charrancitos, etc. Dependiendo de la época del año en la que vayáis, veréis más o menos aves.

Joven de flamenco común, aún sin el característico pigmento rosado en sus plumas
Grupo de chorlitejos y un archibebe común alimentándose en el borde de la balsa.
     El camino discurre paralelo a estas balsas gracias a unas maderas instaladas sobre las dunas, aunque en la mayoría del camino pisamos arena. Nos encontramos un par de casetas de observación en la que si estáis en silencio podréis ver de cerca las aves anteriormente citadas (recomendamos el uso de prismáticos y de teleobjetivos en vuestras cámaras).

Tarabilla común hembra
       Como ya dijimos anteriormente vamos pisando arena porque a nuestra derecho podemos ver el sistema dunar sobre el que se asientan numerosas especies vegetales como el pino y plantas adaptadas al sustrato salino. Se trata de dunas fijas, debido a la repoblación de pinos y eucaliptos que se hizo a principios del s.XX para frenar su avance.

Dunas fijas
Segunda caseta de observación de aves
       A nuestra izquierda encontramos un pequeño lago formado por las lluvias debido a la baja permeabilidad del suelo y el alto nivel freático. Además encontraremos numerosos charquitos de este tipo llamados malladas, donde los reptiles, aves y mamíferos que viven en esta zona aprovechan para hidratarse.

Panel informativo de las malladas 
Dunas fijas
      Detrás del lago, veremos una torre de observación. Desde aquí arriba podemos observar por completo las Salinas del Pinet y otra torre de observación que se encuentra justo enfrente. Podemos atravesar el camino que hay entre dos balsas para llegar hasta ella, nosotros no lo hicimos porque está bastante lejos y creemos que no aporta mucho puesto oque se encuentra en medio de la nada.

Torre de observación
Vistas de las salinas desde la torre de observación
      Así que seguimos el camino hasta la playa del Pinet, atravesando una camino que discurre por las llamadas dunas semifijas, aquellas en las que predominan especies de menor porte y arbustos hasta llegar al a playa, donde encontramos las dunas móviles, en las que no existe vegetación y cambian en función del viento.

Camino a la playa entre dunas semifijas

       Una delicia si vas en temporada baja, puesto que puedes disfrutar de ella si nadie... y si encima te sale un buen día es una gozada poder caminar por la arena.

Playa del Pinet

Dunas móviles en la playa del Pinet

Antiguas casas de la playa del Pinet. Algunas se conservan mejor que otras. 
       Puedes volver por otro camino entre dunas, o seguir por la playa. Nosotros escogimos la segunda opción porque la playa en invierno es una gozada como podéis ver en las imágenes. Cuando lleguemos a las primeras casas, justo detrás de ellas está el parking donde dejamos el coche.

Más info

Descripción de la ruta en la web de Parques Naturales

Cómo llegar

     Para llegar al incio de la ruta tenéis que atravesar las Salinas de Santa Pola por la N-332 y saliros por "La Marina Playas" y posteriormente "Platja del Pinet". Aquí abajo os dejamos el link para que os lleve directo vuestro GPS, tan solo debéis darle a "Cómo llegar".

       Track GPS de Wikiloc de la ruta que hicimos


Puedes leer y comentar el artículo completo en Más allá de la ciudad

Los 7 páridos que nos acompañaron en Siberia

Publicado en: Only Birds por Carmen Azahara. Texto original


Seguimos con las aves siberianas que estudiamos en Muraviovka Park. En esta ocasión les ha tocado a los carismáticos páridos. Ya hice mención especial en una publicación anterior al carbonero ventrigualdo. Anillamos el segundo registro en toda Rusia de esta especie. El resto de estas aves eran habituales en el parque, como es el caso del herrerillo azul.


Herrerillo azul, azure tit (Cyanistes cyanus)

Como si se tratara de un herrerillo común descolorido, el herrerillo azul se reproduce a lo largo de Rusia y Asia Central. En el oeste de Rusia puede hibridar con el común dando lugar al "Pleske's tit", antiguamente considerada una especie distinta. Anillamos 74 nuevos ejemplares distribuidos a lo largo de los dos meses de septiembre y octubre, y eran fáciles de observar en pareja o grupo, especialmente por la zona arbustiva colindante a la marisma. Por sus colores y comportamiento ruidoso y confiado, no podría decirse que fuera una especie muy discreta. 

Comparativa entre el carbonero común (izquierda) y el carbonero japonés (derecha)

Otro caso de hibridación ocurre entre nuestro familiar carbonero común (Parus major) y el carbonero japonés (Parus minor). Marcamos 79 comunes, pero solamente 3 japoneses. No era fácil discernir entre cual era "puro" y cual híbrido. 

Hasta hace poco, esta especie se clasificaba como una subespecie de carbonero común, pero estudios recientes indicaron que las dos especies coexisten en el Lejano Oriente ruso sin entremezclarse ni hibridarse con frecuencia. Aún así, anillamos 15 ejemplares a los cuales consideramos híbridos. 

Carbonero japones, Japanese tit (Parus minor)

Aunque no pertenece a la familia de los páridos, sino que es un egitálido, incluyo al adorable mito en esta publicación por su estrecha relación con la familia que nos acontece, considerándose anteriormente como una subfamilia de los páridos. Además, ya sabemos, que a los mitos no les gusta estar solos. Una especie muy sociable, la cual solemos observar en grupos familiares bastante sonoros.


Fuente: Wikipedia 

Ya tuve la oportunidad de anillar varias subespecies de mito a lo largo de mi carrera como anilladora, en este caso se trataba de la subespecie nominal o la primera subespecie que fue nombrada y que, de acuerdo con las reglas de la nomenclatura zoológica, recibe el mismo epíteto que el específico: Aegithalos caudatus caudatos. Arriba tenéis un mapa con la distribución de las subespecies de mito. En este caso lo podemos reconocer por su coloración blanca impoluta en la cabeza. Marcamos 279 individuos. 

Mito, long-tailed tit (Aegithalos caudatus)

Otra especie con numerosas subespecies, (veintiuno según el "Handbook of the Birds of the World") es el carbonero garrapinos. Las dos anteriores con las que pude trabajar, la británica (P. a. britannicus) y la ibérica (P. a. vieirae). En este caso, la nominal, los individuos lucían una graciosa cresta cual "capuchino". Marcamos 66 ejemplares, normalmente apareciendo en parejas o pequeños grupos, algunas veces mixtos con otros páridos. Aunque podamos pensar en esta especie como mayoritariamente sedentaria o con cortos desplazamientos, ya sea altitudinales o en busca de fuentes de alimento, en nuestro caso la detectamos como una especie migratoria, con pico de migración en la segunda quincena de septiembre. 

Carbonero garrapinos, coal tit (Periparus ater)

Y para terminar con este grupo, dos especies de aspecto muy similar: el carbonero montano y el carbonero palustre.  Del montano, marcamos 100 individuos, mientras que del palustre, el párido más habitual en el parque, fueron 284 los ejemplares anillados. Mientras que el palustre se distribuyó de manera más o menos homogénea durante los meses de septiembre y octubre, el montano no tuvo una presencia considerable hasta la tercera semana de septiembre, bajando su número otra vez a menos de diez individuos nuevos a la semana, y recuperando un número significativo a mediados de octubre. 

Carbonero palustre, marsh tit (Poecile palustris)

Carbonero montano, willow tit (Poecile montanus)



Puedes leer y comentar el artículo completo en Only Birds