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En Asturias tampoco cuadran los datos de gestión de residuos

En Asturias tampoco cuadran los datos de gestión de residuos

Una de las claves para encarar adecuadamente los retos ambientales es contar con diagnósticos que reflejen la magnitud de los problemas a los que hacemos frente. En el caso de los residuos las estadísticas de gestión no se corresponden con los mensajes publicitarios. Si acercamos la lupa a los datos resulta que la realidad se aleja de los objetivos europeos de reciclaje. Y no es que en Asturias se estén haciendo las cosas peor que en otros sitios, es que cuenta con información que permite aproximar una respuesta a la pregunta ¿cuántos residuos de envases se están reciclando en Asturias?

El debate sobre posibles alternativas a la gestión de residuos en el Principado de Asturias deja sobre la mesa el discutido Plan Estratégico de Residuos del Principado de Asturias (PERPA), en el que encontramos un diagnóstico de la situación con datos del año 2014 sobre los flujos de residuos en la región (y los datos, tablas y gráficos que ilustran este artículo).

flujos de residuos en Asturias

En el diagrama general sobre los flujos de residuos encontramos que 64.600 toneladas de residuos proceden de lo que se nombra como “recogida separada”. La clasificación de esta partida da lugar a 54.493 toneladas de materiales recuperados. El resto (más o menos), 10.106 toneladas son rechazos que acaban en vertedero. Si hacemos las cuentas sobre estos datos obtenemos que se estaría recuperando algo más del 84% de los residuos depositados en el contenedor amarillo. Para tener el valor de reciclaje nos faltaría concretar la cantidad de residuos recuperados que efectivamente pasan a ser materias primas y son efectivamente reciclados.

Esa recogida separada puede dividirse, con los datos del PERPA, en tres partidas: papel y cartón, vidrio y, –con una cantidad de 9.984 toneladas-, envases ligeros. Si nos centramos en estos envases ligeros la recuperación de materiales en la clasificación baja del 84% al 65,7%, que no está mal, pero se aleja de las estadísticas más complacientes.

Gráfica con los datos del resultado de clasificación de residuos de envases en Asturias

Por otro lado, conviene recordar que estos datos de clasificación de los residuos procedentes del contenedor amarillo se refieren a materiales. Los sistemas de clasificación no preguntan al flujo de residuos si es un envase ligero acogido a punto verde. Es decir, entre los metales férricos puedo tener metales y plásticos procedentes de cualquier otro tipo de residuos, del mismo modo que en el rechazo que irá a vertedero pueden ir envases que no se han reconocido como material reciclable durante el proceso.

La recogida separada, con sus 64.600 toneladas es un flujo pequeño comparado con las 378.646 toneladas que supone la denominada fracción resto, que en Asturias incluye:

  • Residuos urbanos mezclados, que no son objeto de ninguna recogida separada, y que pueden tener origen doméstico o comercial
  • Residuos que, aún siendo susceptibles de recogida separada, se gestionan mezclados por diversos motivos, tales como la eficiencia de las propias recogidas separadas, que en ocasiones no justifican la cobertura de la totalidad de los territorios; o la falta de una adecuada colaboración ciudadana en algunos casos, cuando no se separan correctamente los residuos aún disponiendo de los servicios correspondientes; entre otros.
  • También se considera los rechazos de los procesos de clasificación y tratamiento de los materiales recogidos separadamente, normalmente debidos a la presencia de impropios por una deficiente separación en origen.

Los estudios de caracterización de este flujo de residuos muestran que en Asturias, en las 378.646 toneladas de la fracción resto encontramos las siguientes partidas:

  • Materia orgánica: 159.031 toneladas.
  • Papel cartón: 55.661 toneladas.
  • Vidrio: 19.311 toneladas.
  • Envases ligeros: 41.651 toneladas.
  • Otros: 102.992 toneladas.

Según el propio Plan Estratégico de Residuos del Principado de Asturias “todos los residuos urbanos mezclados de Asturias se eliminan de forma controlada en el vertedero central de residuos no peligrosos”. Es decir, se envían a vertedero 41.651 toneladas de envases ligeros procedentes de la recogida de la fracción resto. ¿Las sumamos a las de la recogida selectiva?

Si queremos saber qué cantidad de residuos de envases se reciclan en Asturias deberíamos conocer cuántos envases se pusieron en el mercado. A falta de este dato vamos a hacer una aproximación, asumiendo que todos los envases se convierten en residuos y que son recogidos, bien en el contenedor amarillo bien de alguna otra forma. Igualmente necesitaríamos saber cuántos envases recuperados pasan a ser efectivamente reciclados, asumiremos que todo el material obtenido de las plantas de clasificación pasa a ser materia prima. Así pues, vamos a la pregunta ¿Cuántos envases se reciclan en Asturias?

 

envases recogida separada + envases ligeros fracción resto = envases recogidos

9.984 toneladas + 41.651 toneladas = 51.635 toneladas

 

(envases recuperados / envases recogidos) x 100 = % reciclaje

(6.560 toneladas / 51.635 toneladas) x 100 = 12,7%

 

Así pues, según los datos del Plan Estratégico de Residuos del Principado de Asturias, de la cantidad total de envases ligeros recogidos en el Principado de Asturias sólo el 12,7% se está reciclando actualmente. Quizá no sea un dato extrapolable al conjunto nacional, dadas las peculiaridades del territorio, pero el resultado asturiano queda muy lejos del objetivo europeo y de las cifras facilitadas por Ecoembes en sus estudios e informes.

 

Eso es Asturias ¿qué pasa en otras partes?

 

Pues es difícil de saber, pero la falta de coherencia entre los datos de gestión y el mensaje publicitario del sistema integrado de gestión de envases ligeros no es una cuestión aislada. No hay mucha información al respecto, pero otros territorios que están revisando sus modelos de gestión de residuos encuentran resultados parecidos.

Por ejemplo, en la Comunidad Valenciana ecoembes reconoce actualmente la puesta en el mercado de unos 4’5 millones de envases diarios. Más del doble de los 2 millones que reflejaron en el estudio de costes del SDDR en este territorio. Por cierto, este nuevo cambio en el diagnóstico tampoco parece motivo para retirar el estudio, ni para modificar sus conclusiones o documentar un control de los cambios que van introduciendo en el mismo desde su publicación inicial.

En ciudades como Barcelona se habla de estafa y falsedad de datos en la gestión de residuos, lo que, da idea de que algo huele mal en la gestión de residuos. A la lista reciente de contratos sospechosos podríamos sumar Ponferrada, pero no serían los únicos casos en los que parece que el interés no es dar el mejor destino posible a las botellas de plástico y las latas de bebidas.

El caso es que con datos de recuperación de envases ligeros inferiores al 20% resulta poco creíble que la participación en el modelo actual de reciclaje esté compensando las emisiones de los tubos de escape: ni siquiera es capaz de asumir el impacto de los propios envases, que, al menos en Asturias, acaban mayoritariamente ocupando un precioso paisaje con vertederos en los que se sepultan las opciones de valorización de esos envases y aumentan la necesidad de nuevos espacios donde eliminar residuos que no son reciclables.

 

Y ¿tiene solución?

 

La cuestión es que en 2014 sólo el 44% de los residuos municipales en la UE se reciclaban o se utilizaban para obtener compost. En nuestro país la materia orgánica se sigue recogiendo, mayoritariamente, en un contenedor que llamamos “de restos” en el que se mezcla con otras muchas cosas. En el caso de Asturias con el 80% de los residuos de envases ligeros que se recogen.

Quizá sería más sensato dedicar el contenedor gris a la materia orgánica, un concepto sencillo y fácil de entender por cualquier persona, y buscar una alternativa al contenedor amarillo.

¿Qué hacemos con los envases ligeros? Dos líneas de trabajo:

  • Desincentivar los envases de usar y tirar: fomentando el consumo de agua de grifo pare evitar botellas de plástico, estableciendo cupos de venta de productos a granel en grandes superficies, favoreciendo al pequeño comercio de proximidad, incentivando el uso de envases retornables, haciendo que los envases de usar y tirar internalicen en forma de coste su impacto ambiental…
  • Incentivando la participación en la recogida selectiva: incorporando los principios europeos de recogida separada por tipos de materiales –más fáciles de entender para el público general que conceptos abstractos como el de “envase ligero”-, con sistemas de depósito, devolución y retorno –que devuelven al consumidor responsable parte del precio que paga por el envase si los devuelve para su correcta gestión-, mejorando las estadísticas y trazabilidad sobre los datos de gestión de residuos, aumentando el control sobre las contratas que gestionan los residuos desde la recogida hasta el reciclaje final, revisando periódicamente los datos municipales –tanto los indicadores de los convenidos como las facturaciones relativas a la participación en sistemas de responsabilidad ampliada del productor de residuos-…

Y, por supuesto, no podemos olvidar que, sea cual sea el modelo que se pone a nuestra disposición para gestionar los residuos… hay que reciclar, machotes.



Puedes leer y comentar el artículo completo en: productor de sostenibilidad.

¿Cuántas toneladas de material recuperado se quemaron en 2016?

Extinción de incendio en planta de envases recuperados para reciclar

2016 ha sido un año muy negro para la gestión de residuos en España. Las alarmas saltaron con el incendio de Seseña, poniendo de manifiesto –una vez más- que la complacencia del sector no se corresponde con la realidad. Sin contar la acumulación ilegal de neumáticos, más de veinte instalaciones de gestión de residuos fueron pasto de las llamas en 2016.

Un drama económico, social y ambiental que debería hacernos reflexionar sobre muchas cuestiones. En esta ocasión me voy a centrar en la trazabilidad de la información y los datos sobre reciclaje. Y mi duda es ¿cuántas toneladas de material recuperado se quemaron en 2016?

¿Por qué me planteo esta pregunta? Mira la foto que ilustra la entrada. ¿Qué ves? Toneladas de materiales prensados calcinados. Una gran cantidad de residuos de envases que podrían haberse reciclado pero se encontraron con las llamas. El resultado de todo el esfuerzo de separación, recogida selectiva, clasificación de residuos, prensado y transporte convertido en humo y cenizas. Las opciones de valorizar todos esos materiales volatilizadas justo cuando estaban a punto de dejar de ser residuos para convertirse en materias primas.

Porque el reciclaje no ocurre en el contenedor amarillo. En el momento en que depositamos nuestros residuos en los contenedores empieza un complejo proceso. Tras la recogida los residuos se transportan a una planta de clasificación. Allí, básicamente se separan por tipos de materiales en grandes fardos, balas prensadas… como los de la foto siguiente.

Y esto tampoco es reciclaje: es la recuperación de materiales. A partir de estas plantas de clasificación estos grandes paquetes son transportados a otros centros de gestión donde se vuelven a procesar con el objetivo de mejorar la calidad final del material. De la planta de clasificación salen con un porcentaje importante de impropios, por lo que suelen ir a instalaciones especializadas en el tipo de material mayoritario, de forma que se consiguen calidades atractivas para otras industrias donde sí se utilizarán los residuos como materias primas.

Esas instalaciones especializadas que reciben papel y cartón, latas, bricks, envases de plástico… -tanto de plantas de clasificación de residuos de envases como de otros orígenes- y los procesan para convertir ese material recuperado en una materia prima que cierre el ciclo del reciclaje. El drama es que muchas de las plantas de residuos que han ardido de este verano son de este tipo de instalaciones.

¿Cómo vamos a contabilizar las pérdidas? El material salió como recuperado de las instalaciones de clasificación de residuos -y así constará en las estadísticas de reciclajepero que nunca llegó a cerrar el ciclo: humo, cenizas, lixiviados, escorias a vertedero. Toneladas de plástico, latas, botellas, bricks, cartones… que eran materiales recuperados pasaron a ser impactos ambientales, sociales y económicos. El sueño de la economía circular convertido en su peor pesadilla: la cadena rota por el eslabón más débil.

Y no hay forma de compensarlo. Sí, optimizando la recogida para una mejor gestión de residuos podemos prevenir daños futuros, pero la contaminación causada ya no se puede evitar: paliaremos sus efectos o repararemos los daños… pero el valor contenido en los materiales, el esfuerzo y el talento puestos en su recuperación, esos no volverán. El poder de la colaboración no es sólo hacer campañas publicitarias distrayendo la atención sobre las deficiencias del reciclaje, también toca asumir responsabilidades.

¿Conoceremos algún día cuántas toneladas de material recuperado se quemaron en 2016 sin llegar a reciclarse? Quizá no son un porcentaje significativo del total de los residuos gestionados, pero sería bueno que en futuras estadísticas o informes anuales sobre reciclaje se informase al respecto. Sería una interesante contribución de los agentes de la cadena de valor de los residuos de envases para facilitar el estudio del problema de los incendios en las plantas de gestión y nos ayudaría comprender mejor el problema. Entre otras cosas, porque es la única manera de dimensionarlo y proponer soluciones adecuadas.



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Ecológico: te salva y ayuda al planeta.

Me ha sorprendido el contenido de un artículo publicado en El País sobre el consumo de alimentos ecológicos y su impacto. Personalmente creo que presenta algunos conceptos erróneos y confunde más que ayudar a crear una conciencia real del impacto de nuestras decisiones de consumo. Así que hoy toca recordar que lo ecológico es mejor para tu salud y el medio ambiente, esta vez en respuesta al ataque infundado contra los productos ecológicos.

El titular en El País “Deje de comprar comida ecológica si quiere salvar el planeta” encabeza una argumentación llena de errores. Fallos de bulto colados interesadamente, como los que podíamos encontrar en los estudios sobre el coste del sistema de depósito, devolución y retorno de residuos de envases.

El artículo contra el consumo de productos ecológicos empieza con una generalización interesada que no puede pasar desapercibida ni para un profesional especializado ni para un consumidor responsable: “No pocas etiquetas de productos biológicos”. Suficiente para dejar de leer. En Europa sólo podemos calificar como ecológicos o biológicos los productos adheridos a etiqueta ecológica. A partir de aquí todo lo que dice el artículo se basa en la confusión interesada entre ecológico y esotérico. El periodista o los expertos que dan los argumentos para el pernicioso titular lo podrían haber aclarado, pero… se habían quedado sin un titular tan llamativo.

Un poco más adelante se profundiza en la confusión interesada: “El 36% de los españoles que consumen productos ecológicos (sinónimo de biológicos u orgánicos) lo hacen movidos por motivos medioambientales, según una encuesta de 2014 del Ministerio de Agricultura.” Hay que dejar claro que no: productos ecológicos en España son los que cumplen con el Reglamento (CE) nº 834/2007 del Consejo sobre producción y etiquetado de los productos ecológicos. Sólo con esto un medio serio debería retirar el artículo y publicar una rectificación, pero vamos a seguir leyendo.

Más adelante se entrecomilla esta afirmación: “Está de moda apuntarse a lo ecológico por el atractivo de la palabra, pero nadie tiene idea de cómo se produce” lo único que demuestra es que ni quien la pronuncia y ni quien la reproduce saben qué es la producción ecológica, no han leído el reglamento que la regula (enlazado en el párrafo anterior) o tienen un interés concreto en manipular a los lectores. Así pues, no se dejen manipular, si no tienen ni idea de cómo se produce en ecológico acudan a la fuente para saber qué es la producción agraria ecológica.

El artículo cuestiona la capacidad de la agricultura orgánica para alimentar el mundo. Se cita la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) como fuente para dar peso al argumento de la creciente población mundial, pero se obvia que la propia FAO considera que la agricultura orgánica es capaz de garantizar la seguridad alimentaria. Es decir, la máxima autoridad mundial en la materia avala la capacidad de la agricultura ecológica para garantizar las necesidades nutricionales de la creciente población del planeta pero el artículo le da más credibilidad a una persona que lo cuestiona con una burda simplificación que no se soporta en datos ni referencias.

Cabría recordar que gran parte de la producción de alimentos a día de hoy no se consume (al menos un tercio a nivel mundial y cerca de la mitad en nuestro entorno).  Forma parte de un despilfarro global, favorecido por prácticas de agricultura intensiva en las que priman criterios que no tienen que ver con la nutrición humana o la conservación de los ecosistemas.

A continuación viene la parte de la huella ecológica. Se olvida en el artículo mencionar que la agricultura ecológica se basa en la aplicación de criterios científicos para reducir, precisamente, el impacto ambiental sobre los ecosistemas y la salud humana de las prácticas agrícolas. En el artículo se argumentan una serie de situaciones interesantes en relación a prácticas agrícolas más o menos esotéricas, que no tienen por qué tener el amparo del Reglamento de producción y etiquetado ecológico, pero no se nos comparan con el impacto de los métodos de la agricultura convencional, que no tienen en cuenta criterios de impacto sobre ecosistemas. Nuevamente argumentación interesada y sin contrastar.

El artículo critica que la agricultura ecológica es más contaminante porque requiere de más cuidados que la industrializada, cuando lo que ocurre es que la intensificación de la agricultura industrial se consigue reemplazando a las personas y los procesos ecológicos con productos agroquímicos. Un ejemplo sencillo está en la fertilidad del suelo: mientras que en la agricultura ecológica se mantiene y fomenta la fertilidad natural, en la agricultura industrial se consigue a base de productos químicos sintéticos. Sí, quizá el laboreo superficial de la agricultura ecológica requiere labrar más veces, pero la agricultura convencional hace una labor profunda, con potentes subsoladoras que requieren maquinaria más potente que consume más energía. ¿Cuál emite más gases de efecto invernadero? Comparemos el consumo energético con datos, no haciendo simplificaciones que sólo pueden convencer a quien no tiene información suficiente para contrastar los argumentos expresados en el artículo.

Por cierto, mientras que la agricultura industrial elimina materia orgánica del suelo la agricultura ecológica la fija, de modo que el balance en términos de CO2 es más favorable para las prácticas ecológicas, que consiguen hacer del suelo agrícola un sumidero de gases de efecto invernadero frente, por ejemplo, a la ganadería intensiva que es fuente de gases de efecto invernadero.

En cualquier caso, resulta difícil de creer que una práctica agrícola que considera la huella ecológica tenga más huella ecológica que otra que, directamente, la ignora. Creo que con lo apuntado más arriba sería suficiente para dejar en evidencia que las argumentaciones sobre huella ecológica presentadas en el artículo de El País dejan mucho que desear: mezclan conceptos y no tratan la cuestión con la profundidad que requería la descalificación que intenta verter contra los productos ecológicos –que, insisto, sí incorporan consideraciones relativas a la huella ecológica en su proceso productivo-.

Para entenderlo mejor, es como comparar la seguridad de los dos coches, uno que tiene cinturones de seguridad y otro que no los tiene, diciendo que los cinturones de seguridad son muy peligrosos porque te pueden romper las costillas en caso de accidente ¿qué ocurre en el mismo accidente en el coche sin cinturones de seguridad? ¿Invitamos a viajar en coches sin cinturón de seguridad? Eso es lo que hace el artículo de El País.

Y llegamos al asunto de los transgénicos. Porque, en el fondo, el ataque a lo ecológico viene del mundo de los transgénicos. La única forma de consumir productos libres de organismos modificados genéticamente es… sí, han acertado: comprar productos etiquetados como ecológicos según el reglamento europeo. Una creciente demanda de productos ecológicos es una amenaza para los intereses de los que viven de las nóminas y facturas publicitarias pagadas por la industria del transgénico. Podrían ponerse a investigar y a hacer ciencia para salvar el planeta, pero prefieren seguir con su negocio y tratar de engañarnos a todos con argumentos sesgados o faltando a la verdad.

Y qué me dicen del sabor… “Es una idea errónea: si un tomate comprado en una gran superficie no sabe a tomate no es por el tipo de agricultura del que proviene, sino porque, ante una demanda de productos visualmente perfectos (escogemos el tomate por su color y no por su sabor), los productores convencionales priorizan el atractivo de los alimentos sacrificando su sabor”. Menos mal que los que compramos productos ecológicos sabemos que la práctica agraria sí repercute en un producto con mejores propiedades, especialmente el sabor, y no nos dejamos llevar por los intereses de las grandes cadenas.

Luego están las declaraciones sobre el etiquetado. En vez de explicar, de forma más o menos clara, qué implica el etiquetado ecológico de alimentos se hace una serie de afirmaciones que pueden llevarnos a dudar sobre el rigor de la Etiqueta Ecológica. Conviene recordar en este punto que el Reglamento de producción ecológica se establece por la Unión Europea precisamente para que los consumidores tengan claro qué implica el etiquetado ecológico de los alimentos que van a consumir.

Por suerte los que estamos a favor de los productos ecológicos también tenemos a la ciencia de nuestro lado y podemos desmontar cualquiera de las argumentaciones interesadas que se plantean en el artículo. Empezando, precisamente por los conflictos de intereses en las investigaciones publicadas sobre cultivos modificados genéticamente. Hasta el extremo de que el ecologismo se permite cuestionar, con datos de rendimiento de los últimos 20 años, las supuestas bondades de la agricultura transgénica.

También la ciencia ha dado respuesta en numerosos artículos a la necesidad de reducir la huella ecológica de la agricultura manteniendo su capacidad para alimentar a una población creciente. Y la Unión Europea, con la participación de investigadores, la industria y el conjunto de la sociedad, ha recogido el reto en un Reglamento (enlazado más arriba) que establece las reglas de la producción ecológica de modo que sean justas y claras para productores y consumidores, así como para los periodistas e investigadores que tengan interés en informar a la población sobre las consecuencias de sus decisiones de consumo.

Así pues, diga lo que diga la agricultura industrial en las páginas de El País, puedes seguir comprando (o empezar a comprar) productos ecológicos con la conciencia tranquila. ¿Por qué lo dijo yo en mi blog? No. Porque antes de creerte lo que dicen los demás sin aportar pruebas y sólo con comentarios más o menos fundados, puedes acudir a fuentes fiables y encontrar datos contrastados y argumentos sólidos que abalan la práctica de la agricultura y la ganadería ecológicas.

Y sí. te recomiendo que consumas ecológico: ayudarás a mejorar la conservación de los ecosistemas de todo el planeta, especialmente los dedicados a producción agrícola, y estarás comiendo productos mejores para tu salud y la de los que te rodean.

Mi duda final es ¿le das credibilidad a un artículo como el publicado en El País por salir en este medio o eres consciente de que es un contenido que contribuye a la infoxicación que perpetúa un modelo de consumo insostenible?

Las imágenes e infografías salen de la web de la Comisión Europea sobre Agricultura Ecológica, donde hay mucho material interesante para informar, formar y divulgar sobre producción y alimentación ecológica.



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¿Qué es FAIR data?

Los datos nos rodean, vivimos inmersos en datos: big data, open data… la capacidad de generar, almacenar y procesar datos crece sin parar de mano de la generalización del uso de aplicaciones tecnológicas que hacen posible la captura de esos datos y su análisis.

La información es poder. Cada vez más. Nuestros teléfonos móviles le cuentan a los proveedores de servicios de telefonía, desarrolles de aplicaciones, anunciantes… mucha información sobre nuestros hábitos diarios. Información que queda en servidores privados a los que no tenemos acceso y a los que –si fuésemos conscientes de lo que se puede hacer con esos datos- tampoco nos gustaría que otros tuviesen acceso.

Con las necesarias precauciones relativas a la privacidad e intimidad de las personas y otros asuntos sensibles, el acceso a datos es interesante en distintos ámbitos:

  • Equipos de investigación que podrían emplearlos en distintas líneas de trabajo, generando innovaciones a partir de la información disponible.
  • Puede favorecer el desarrollo de modelos de negocio basados en la utilización de esos datos para conseguir nuevos productos y servicios.
  • A nivel individual permitiría la participación informada en los procesos de toma de decisiones.

En este contexto, diversas partes interesadas (la propia comunidad académica, la industria, las agencias financiadoras y los editores académicos) se han unido para diseñar y apoyar un conjunto de principios: los Principios Rectores FAIR para la gestión y administración de datos científicos, como una respuesta a la necesidad de mejorar la infraestructura que apoya la reutilización de datos académicos.

Un paso interesante para la investigación científica, favoreciendo que los datos se puedan compartir, comunicar con claridad y aplicar fácilmente. Su extensión a otros ámbitos permitirá que distintos agentes puedan utilizarlos, explorando la potencialidad de los datos para maximizar los beneficios que se pueden obtener del estudio y aplicación de los mismos.

Pero ¿qué es FAIR data? El acrónimo agrupa los cuatro principios que le dan significado, referidos a cualidades precisas y medibles debería tener toda publicación formal de datos:

  • Findable: se pueden encontrar, para lo que se acompañan de metadatos que identifican, describen y permiten localizar los datos.
  • Accessible: son accesibles, porque pueden recuperarse mediante protocolos estandarizados de comunicación y los metadatos persisten aun cuando los datos dejen de estar disponibles.
  • Interoperable: son interoperables, esto es, se presentan de forma que resultan aplicables e incluyen referencias a otros datos
  • Reusable: se pueden reutilizar, porque queda clara la procedencia de los datos y las condiciones de su reutilización.

El interés de la aplicación de estos principios se refleja en su incorporación en el Programa Horizonte 2020 de Investigación e Innovación de la Unión Europea. Con el lema “tan abierto como sea posible, tan cerrado como sea necesario”, se busca equilibrar la apertura de los datos con la protección de la información científica, los derechos de comercialización y propiedad intelectual, la privacidad, la seguridad y cuestiones relativas a la conservación y gestión de los datos.

El reto será trasladar estos principios desde el ámbito académico al resto de áreas de trabajo con datos, de modo que podamos disponer de información mejor y mayor capacidad para contrastar las noticias basadas en datos.

Más información en:

Los principios FAIR anuncian un nuevo método de publicación de datos científicos, con más transparencia y más aptitud para la reutilización.

Environmental FAIR data: jugar limpio con la información ambiental.



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¿Qué pasa con los datos sobre residuos de envases?

datos_residuos

Desde hace algún tiempo vengo reclamando en este blog más transparencia en las estadísticas sobre residuos, en particular sobre el reciclaje de envases. Y es que para saber cuántos envases reciclamos deberíamos saber cuántos se ponen en el mercado. Si no sabemos, por ejemplo, cuantas latas de bebidas salen a la venta ¿cómo sabemos qué porcentaje de las mismas estamos recogiendo? ¿Cómo podemos saber cuántas se han reciclado?

El problema no es menor. Por ello dedico esta entrada en el blog a hacer unas cuentas sencillas con los datos públicamente disponibles. Debido al escaso detalle de estos datos tengo que asumir una serie de simplificaciones que limitan las conclusiones que se podrían sacar de este ejercicio, cuyo único propósito es reclamar más transparencia para, precisamente, poder afinar estos cálculos y conseguir el objetivo de responder de forma fiable a las preguntas sobre reciclaje en España.

Datos sobre envases puestos en el mercado:

 A falta de un dato formal, por ejemplo en su memoria de responsabilidad social corporativa, encontramos en su página web que Coca Cola dice vender 9.000 millones de unidades al año. No sabemos si el dato es sólo referido a refrescos de cola o al total de productos de la marca. Pero algo es algo: sólo la marca Coca Cola podría estar poniendo en el mercado 9.000 millones de envases. Si siguiésemos buscando y sumando datos de la competencia y marcas blancas –con su 40% de cuota de mercado– ¿llegaríamos a duplicar este dato? ¿18.000 millones de envases de bebidas refrescantes en el mercado español?

Tampoco facilita datos concretos relativos a los envases, pero la Asociación Nacional de Empresas de Aguas de Bebida Envasadas (ANEABE) estima el consumo de agua embotellada en 106 litros por habitante al año. Es cierto que hay una amplia variedad de recipientes para este producto, pero simplificando a una media de envases de un litro y multiplicando por los 46.507.760 de españoles que estima el INE para el año de referencia, tendríamos que, aproximadamente cada año se ponen en el mercado del orden de 4.900 millones de envases de agua.

Por otro lado, tenemos los datos de España y Portugal de BCME, Beverage Can Makers Europe, organización que reúne a los fabricantes europeos de latas de bebidas. Para el conjunto de este ámbito territorial declaran haber puesto en el mercado 7.135 millones de latas. Estas sólo constituyen una parte del total de envases, el 41% para cerveza y el 27 % para refrescos. Si extrapolamos estos datos tendríamos que, según BCME, en España se vendieron en 2014 unos 17.386 millones de envases de bebidas.

Datos en estudios sobre residuos:

Según el estudio de Envase y Sociedad, en la Comunidad Valenciana se ponen en el mercado al año 783.922.539 envases. Dividido entre 4.963.027 habitantes da una media de 157,95 envases por persona. Si volvemos a llevar el dato al total de la población española nos encontramos con 7.346 millones de envases.

 ¿Qué es lo que no me cuadra?

gráfico residuos de envases

En otros sectores, como la automoción o la vivienda, existen distintas fuentes de datos que nos permiten relativizar los ofrecidos por la industria. Frente a los datos asociaciones de fabricantes (Anfac), concesionarios (Faconauto) y vendedores (Ganvam), podemos contrastar la evolución del mercado de vehículos con los datos ofrecidos por la Dirección General de Tráfico. Las ventas de viviendas según las inmobiliarias pueden relativizarse con las concesiones de hipotecas, escrituraciones notariales, licencias urbanísticas… son datos que refieren a distintas realidades, pero todas ellas estrechamente relacionadas con la evolución del mercado inmobiliario.

Sin embargo, en la gestión de residuos, la fuente de datos para envases puestos en el mercado y reciclados es la misma: la industria. Y la industria presume de 17.000 millones de envases a la hora de hablar de volumen de negocio, pero sólo asume la responsabilidad de 7.000 millones cuando habla del tratamiento de los residuos de esos envases puestos en el mercado.

Aparece un desfase importante entre los que se comercializarían y los que se recogen en las declaraciones de envases a efectos de gestión de residuos. La propia industria, a través de Ecoembes, es la encargada de recaudar el importe del punto verde, la aportación económica de cada envasador a efectos de cumplir con la legislación que le obliga a hacerse cargo de los residuos causados por su actividad. Y aquí está el problema: la supervisión de los datos relativos al punto verde está en manos de los mismos que tendrían que pagar por su utilización.

No parece que la industria del envase de usar y tirar esté dimensionando adecuadamente ni el impacto ambiental ni el coste de la gestión o las medidas para prevenir los residuos de envases. Y si la industria no asume sus obligaciones en materia de gestión de residuos de envases traslada al resto de la sociedad tanto el impacto como el coste de la recogida y tratamiento de estos residuos. La diferencia, 10.000 millones de envases al año hasta que no tengamos datos mejores, se paga de nuestros impuestos o está abandonada en nuestros campos, playas, parques, jardines… y en el fondo del mar.

Necesitamos, cada vez más, que transparencia y trazabilidad dejen de ser palabras bonitas en documentos propagandísticos y pasen a ser herramientas al servicio de los ciudadanos y los procesos de toma de decisiones. También en lo que a la gestión de residuos se refiere.



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¿Por qué los datos de reciclaje de ecoembes no coinciden con los oficiales?

datos reciclaje ecoembes

En el apasionante debate sobre la gestión de residuos existen varios frentes abiertos. Uno especialmente interesante es el relacionado con las estadísticas. Supongo que para alguien que se acerca por primera vez a la cuestión del reciclaje la comparación de los datos debe ser bastante llamativa ¿Cuánto reciclamos en España? Hemos visto titulares de todos los gustos y colores: que si cerca del 80%, que si un escaso 17%, que estamos en un triste 30%… Por supuesto cada quién da un dato referido a una realidad diferente y no se pueden comparar.

Así, la información de las administraciones competentes en materia de gestión de residuos de envases refleja tasas de reciclaje bastante bajas, en concreto podríamos citar los valores de la Oficina de Estadítica de la Unión Europea, Eurostat, que fueron cuestionados por Ecoembes. Esta organización, en su informe anual integrado 2015 (pdf), afirma que el 74,8% de los envases domésticos se reciclaron ese año.

74,8 por ciento de envases reciclados

Hasta la fecha sólo podíamos intuir cómo Ecoembes llegaba a un dato de reciclaje tan interesante a la par que alejado de las estadísticas de la Unión Europea, las distintas administraciones con competencias en materia de gestión de residuos y los grupos ecologistas. Pero este 2016 pasará a la historia como el año que, a cuenta de sus resultados de 2015, Ecoembes nos reveló, en una presentación corporativa, la fórmula –tan celosamente guardada como la de la Coca Cola- con la que obtiene su resultado. Y pudimos entender por qué sus datos se alejan de los oficiales.

El resumen, por si no te quieres entretener leyendo toda una larga y apasionante entrada sobre datos de reciclaje de envases, es que, a pesar de alegar ser muy transparente, Ecoembes da cifras en números muy grandes, explicando poco, mal y con letra muy pequeña lo que quieren decir los datos que publica.

Esto es lo que dice Ecoembes que incluye en sus cálculos:

tasa_reciclaje_ecoembes

Una división con numerador y denominador. Hasta aquí todo correcto. Si quiero calcular una tasa de reciclaje tengo que comparar las que entran con las que salen.

Vamos a la parte fácil, el denominador. Ecoembes incluye en esta parte de su fórmula las “toneladas de envases domésticos adheridas a Ecoembes”. Todo correcto. Por si acaso, se nos aclara que este dato procede de la declaración sobre los envases que las empresas adheridas a Ecoembes declaran poner en el mercado. Esto es importante tenerlo claro porque Ecoembes, principalmente, es una sociedad creada por las empresas adheridas a Ecoembes.

Es decir, no hay forma de contrastar este dato, aportado por los clientes de Ecoembes, auditado por clientes de Ecoembes y gestionado por los socios y clientes de Ecoembes.

No sé por qué invertimos tanto en inspectores de hacienda para controlar los impuestos que pagan estas organizaciones que son capaces de hacer las cosas tan bien cuando se las deja hacer declaraciones que nadie inspecciona, pero bueno. No nos metemos con el denominador, nos lo creemos y punto: 1.737.442 toneladas.

denominador_ecoembes

Vamos con el numerador. Aquí se nos dice que se trata de envases domésticos reciclados por el sistema que coordina Ecoembes. Pero en cuanto entramos en el detalle empiezan las dudas. Esas toneladas de envases se separan, para empezar, en dos bloques: 86% recogidas municipales y 14% en el ámbito privado.

numerador_ecoembes

¿Qué es para Ecoembes el ámbito privado? Profundizando en el informe anual encontramos algunos ejemplos “tales como recogidas en centros penitenciarios, aeropuertos, universidades, eventos deportivos o musicales”.

¿Qué importancia tiene esto? Que en el denominador únicamente se habían incluido envases domésticos y… bueno, quizá los centros penitenciarios, aeropuertos, universidades, eventos… compren sus refrescos en el supermercado de la esquina, pero lo más normal es que tengan acuerdos especiales con las distribuidoras de esos productos. Algo así como los envases comerciales que Ecoembes excluye directamente de su ámbito de actividad, al menos para la definición de su denominador. En cualquier caso habrá quien se sienta como en casa en estos lugares.

recogidas_ecoembes

A pesar de esta exclusión en la definición del denominador, cuando nos dibujan las vías de recogida del sistema que coordina Ecoembes sí se nos incluyen el papel y cartón comercial y el canal horeca (hostelería, restauración y catering) -donde es frecuente encontrarse envases que no están adheridos a Ecoembes (no tienen el punto verde) o que vienen de cualquier lugar del mundo-.

latas de bebidas refrescos de cola

Las cosas, sin salir del informe anual de Ecoembes, se ponen complicadas. Parece que estamos mezclando cosas que no deberíamos sumar juntas. Pero todavía hay más.

Si observamos el siguiente gráfico de barras y miramos las columnas comprobaremos que se nos muestra un 8% de envases domésticos, un 19% de envases comerciales, un 4% de celulosas, un 13% de otros plásticos y metales no envases… Estadísticamente Ecoembes excluye todo esto de su denominador porque puede: el 8% es lo que declararon las empresas adheridas, el resto son otras cosas.

envases domésticos 8 por ciento

Pero se me antoja que el papel y cartón incluido en el 8% no es muy distinto del que pueda haber en el 19% de los envases comerciales o en el 4% de celulosas. ¿Qué diferencia el plástico (por ejemplo polietileno) de un juguete del de un envase? ¿el metal de una lata de bebida del de una varilla rota de un paraguas? Son los mismos materiales.

Y esto de los materiales es importante. Porque los contenedores de recogida selectiva recopilan muchas cosas que no son envases adheridos a Ecoembes. Incluso cosas, que siendo de materiales reciclables, no son envases ligeros. Y los contenedores, dentro de las recogidas municipales del sistema que coordina Ecoembes, van a plantas de clasificación donde se seleccionan materiales. Sí, los residuos se procesan de acuerdo con sus propiedades físicas: en las instalaciones de tratamiento se separan de la basura tipos de plásticos y metales, pero las máquinas no le preguntan a cada residuo que recuperan si está o no acogido a Ecoembes.

Luego en el 86% del numerador relativo a recogidas municipales sigue habiendo muchas cosas que no son toneladas de envases domésticos: los plásticos y cartones de envases comerciales que el supermercado y la tienda de la esquina tiran en el contenedor amarillo y azul, el triciclo y el cubo que destrozaron los niños del parque de tanto utilizarlo, unas varillas del paraguas que todavía sigo llevando en el maletero para un chaparrón imprevisto… Esas latas de refresco y botellas de agua que se ponen en el mercado de forma fraudulenta sin estar adheridas a Ecoembes.

No tenemos datos, pero a poco que una pequeña parte de esas celulosas se recupere a través del contenedor azul, que una parte de los envases comerciales (si es la mitad ya superaría el 8% de envases domésticos), algunos de los metales y plásticos del 13% se reciclen vía contenedor amarillo… se nos falsean los datos de reciclaje de envases domésticos. Esas 1.300.339 de toneladas de “envases recuperadas” podrían incluir, perfectamente 500 de sartenes, paraguas triciclos, 2.000 de juguetes y cepillos de dientes, 600.000 de cajas de cartón de comercios… lo cierto es que ni lo sabemos ni nadie lo está controlando, pero están en la fórmula de cálculo de Ecoembes.

Turno de los datos oficiales. Si cogemos los datos de residuos de una ciudad como Madrid tenemos que –con las últimas estadísticas publicadas– en 2014, de 1.219.623 toneladas de residuos urbanos se recuperaron 147.800 toneladas. Un triste 12%, efectivamente, del total de los residuos, no de los envases domésticos, que no se desglosan por ninguna parte de la estadística oficial, centrada en informar sobre materiales -que es lo que interesa al reciclaje, al planeta y a cualquiera que esté en mejorar el comportamiento ambiental de la sociedad-.

La única forma de acercarnos a los datos de Ecoembes es comparar las 64.316 toneladas recogidas en el contenedor amarillo (algo menos del 5,3 % de lo recogido) contra las 45.823 toneladas de materiales plásticos y metálicos (incluyendo 4.525 toneladas de escorias férricas de incineradora) recuperados en planta. Esto, volviendo a mezclar churras con merinas, sí nos da algo como un setenta y pico por ciento de materiales, sean o no envases domésticos recogidos en el contenedor amarillo.

Lo miremos como lo miremos, resulta difícil de creer que se esté reciclando un 74,8% de los envases domésticos que se ponen en el mercado cuando el sistema de recogida no llega a todos ellos y las plantas de clasificación de envases están recuperando materiales con una eficacia que, en el mejor de los casos, ronda el 70%, siendo normales cifras alrededor del 40% según las memorias publicadas por diferentes administraciones.

¿Qué datos necesitaría Ecoembes para que su cifra fuese creíble? Dada la naturaleza de la organización y la forma en la que genera sus ingresos, Ecoembes debería contar individualmente los envases se ponen en el mercado y los envases se recuperan. Esto quizá sea técnicamente inviable, ya que sólo tiene estimaciones de lo que se pone en el mercado –a partir de las declaraciones de las empresas adheridas- y que no hay forma humana de distinguir en una pila de material recuperado qué son envases y qué es otra cosa.

materiales recuperados

Quizá tenemos suerte y de la cifra global de materiales recuperados una parte importante son envases. El reto está en calcular esa cantidad, que seguramente mejora año a año, pero está bastante lejos (podríamos especular cuánto pero, por no alargarme, lo dejo para otra entrada en este blog) del 74,8% que se nos quiere vender con costosas campañas de publicidad que, de puro increíble nos hacen pensar que el problema de los residuos de envases no es el reciclaje.

Así pues, quizá Ecoembes se debería asesorar y corregir su fórmula, haciendo que numerador y denominador fuesen la misma cosa: si damos una tasa de envases domésticos tanto numerador como denominador tienen que ser envases domésticos, sin recogidas privadas, corrigiendo el fraude estimado, quitando un porcentaje de envase comercial que se recoge en los contenedores amarillo y azul, estimando la cantidad de material recuperado que no son envases…

Lo dicho, no soy el primero que cuestiona los datos publicados por Ecoembes ¿seré el último?



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