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Contenedores amarillos y reciclaje de envases en Madrid

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Contenedor amarillo para residuos de envases en MadridSegún los datos de la Estrategia de Prevención y Gestión de Residuos del Ayuntamiento de Madrid, en 2016 se recogieron en la ciudad 1.284.259 toneladas de residuos de las que se estima que 435.877 toneladas eran envases. ¿Qué tal funciona el reciclaje de residuos en Madrid?

Hablar de reciclaje es hablar de todo el proceso que ocurre desde que generamos un residuo hasta que este se convierte en materia prima. El primer paso, muy importante, es la pre-recogida de esos residuos. En Madrid, hasta fechas muy recientes, se hacía básicamente con un sistema de cuatro contenedores:

  • Azul: para papel y cartón.
  • Verde: para vidrio.
  • Amarillo: para envases ligeros.
  • Gris de tapa naranja: para restos.

Las personas que vivimos en Madrid tenemos que depositar nuestros residuos en esos contenedores o, en el caso de residuos especiales recurrir a los puntos limpios, donde un usuario doméstico pude llevar electrodomésticos, escombros, productos de limpieza, aceites y otros residuos voluminosos o peligrosos generados en el hogar.

Después de entregar nuestra basura en los distintos contenedores viene la recogida: el camión correspondiente acude a por los residuos, los carga y los lleva a plantas de clasificación. En el caso de la ciudad de Madrid contamos con el llamado Parque Tecnológico de Valdemingómez: un conjunto de instalaciones donde se procesa la basura de los madrileños para rescatar los distintos materiales que se pueden reciclar y valorizar o, a falta de estas soluciones, se vierte a vertedero.

Atendiendo a la “Memoria de actividades de la Dirección General del Parque Tecnológico de Valdemingómez”, “El total de materiales reciclables recuperados de los residuos domésticos de la ciudad de Madrid en 2016 ascendió a 145.816 t. El 54,04% de esta cantidad correspondió materiales depositados en los contenedores de aportación situados en la vía pública, mientras que el 45,99% restante lo integraron los materiales seleccionados y clasificados en las instalaciones de tratamiento del Parque Tecnológico”.

Podemos matizar los datos y tratar de afinar, pero en una primera aproximación tenemos que de 435.877 toneladas de envases recogidos en la ciudad de Madrid solo se recuperan para reciclaje 145.816 toneladas. Es decir, en el mejor de los casos, la capital de España estaría reciclando un 34% de los residuos de envases que recoge (más de la mitad son envases de vidrio y papel/cartón que proceden de su propia recogida selectiva: no llegan en el contenedor amarillo). Hablamos de una ciudad que es la capital del país, que cuenta con una importante inversión e infraestructura de gestión de residuos y, sobre todo, en la que toda la basura recogida en contenedores se procesa antes de ir a eliminación ¿Cómo es posible que Madrid apenas recicle un tercio de los residuos de envases que recoge?

Quizá la culpa sea de los propios madrileños. La estrategia de residuos plantea que “En general parece existir un desajuste entre lo que piensa la ciudadanía que hace y lo que realmente hace”“se recogen de manera separada apenas 68.000 toneladas (67.876 en 2016) que además contienen solo un 51,11% de materiales que debían haberse depositado en el contenedor amarillo”.

De esa materia prima, los residuos recogidos en el contenedor amarillo, las plantas de clasificación del Parque Tecnológico de Valdemingomez son capaces de rescatar un 35% del material para reciclaje. En particular, en la planta La Paloma se llega a rescatar hasta un 41% de lo que entra, una cantidad nada despreciable si tenemos en cuenta que la mitad de lo que llega se supone que son cosas que no debían estar allí.

Si seguimos analizando datos encontramos algo que llama la atención ¿cómo llegan los residuos a las plantas de clasificación? El 85% de los envases recogidos en la ciudad de Madrid llegan a Valdemingómez en el contenedor gris, mientras que sólo el 15% llega en el contenedor amarillo. ¿Es un problema de poco civismo? ¿Puede resolver esto la concienciación ambiental?

Suelo decir que el reciclaje no ocurre en el contenedor amarillo. Hemos visto que hay un problema de residuos que no deberían depositarse en este contenedor, que la capacidad de tratamiento es limitada… pero ¿alguien se ha parado a pensar si hay otros factores que influyan en la distribución del porcentaje de recogida?

Que el contenedor amarillo en una ciudad como Madrid recoja el 15% de los residuos de envases es preocupante. Más cuando la proporción de impropios en el contenedor amarillo es de un 50%. Esto debería hacernos saltar las alarmas ¿Qué es lo que no funciona en Madrid? ¿Las instalaciones de tratamiento de basura? ¿La concienciación ciudadana? ¿La dotación de medios para la recogida de envases?

Si seguimos investigando en la memoria de la estrategia municipal de residuos encontramos otro dato que debería llamarnos la atención. Al menos a mí me llama poderosamente la atención. Se trata de la capacidad de los contenedores para la recogida de residuos:

  • Dotación media de contenedores fracción resto: 23,75 litros/habitante
  • Dotación media de contenedores amarillos: 9,59 litros/habitante.

¿Cómo? ¿El 70% del volumen de recogida está dedicado a la fracción resto y solo el 30% a los envases ligeros? ¿Cómo puede ser esto? No sé cómo será en el resto de las casas, pero en la mía el cubo de la basura está divido justamente al revés: un tercio es para restos y dos tercios son para envases.

La concienciación ambiental por sí misma no va a resolver el problema. El sistema de recogida de residuos que describe la estrategia de Madrid sólo pude recoger en el contenedor amarillo un pequeño porcentaje de todos los residuos de envases que se generan en la capital de España. Así, si queremos mejorar la gestión y reciclaje de residuos necesitamos invertir en una recogida mejor: dotar a la ciudad de mecanismos para llevar a un tratamiento adecuado las 435.877 toneladas de residuos que las personas que habitan Madrid entregan en los contenedores.

Así las cosas… ¿Pueden la educación y la concienciación ambiental mejorar el reciclaje en Madrid? Posiblemente sí. Quizá llegando a una situación ideal conseguiríamos que el 100% de lo que se recogiese en los contenedores amarillos fuesen envases. Pero… los contenedores amarillos de la ciudad de Madrid recogieron 67.876 toneladas de residuos en 2016 ¿Cuánto supone esto frente a las 435.877 toneladas de envases recogidas? No llega al 16%.

Sí, la instalación de un quinto contenedor para materia orgánica puede ser un paso importante para mejorar la gestión de este tipo de residuos, pero… seguiremos teniendo una dotación insuficiente de contenedores destinados a envases.

El quinto contenedor no resuelve la escasa dotación para recogida de envases. Cerca del 80% de los envases se seguirán recogiendo como impropios, ahora repartidos entre el contenedor gris y el marrón.

¿Qué tal si aumentamos el volumen de contenedores amarillos? ¿Por qué no hacerlo? En la estrategia se recoge que la actual “ratio es superior al valor establecido por Ecoembes de 7,69 litros/habitante para municipios urbanos”. Un dato curioso: Ecoembes (Ecoembalajes España, S.A.) recomienda una ratio al Ayuntamiento una ratio de contenedores para residuos de envases manifiestamente insuficiente ¿Por qué?.

Si volvemos a la memoria del Parque Tecnológico de Valdemingómez vemos que entre los ingresos del tratamiento de los residuos urbanos de la ciudad de Madrid destaca una partida de 24.445.166 euros en concepto de “Convenio ECOEMBES” No puedo dejar de preguntarme ¿qué pasaría, si en vez de aplicar la ratio recomendada por Ecoembes, el Ayuntamiento de Madrid duplicase o triplicase el volumen de recogida de envases? ¿Qué pasaría si la capacidad para recogida selectiva subiese del 16% al 50%, al 70% o al 100% de los residuos que deberían ir a parar al contenedor amarillo?

En ese caso los ciudadanos podrían hacer lo que se espera de ellos: echar los envases al contenedor amarillo. Y la ciudad lo que los ciudadanos esperan de ella: recuperar para reciclaje los residuos separados en contenedores de colores.

Pero… ¿realmente se espera que los ciudadanos separen correctamente sus residuos o eso es lo que se dice que se espera de ellos? Para que se pudiesen entregar correctamente separados los residuos de envases ligeros harían falta muchos más contenedores amarillos de los que actualmente hay en la ciudad de Madrid.

Contenedores de recogida selectiva en Madrid

¿Qué pasaría si el Ayuntamiento de Madrid decidiese mejorar el sistema de recogida de envases ligeros y estableciese mecanismos por los que una parte importante no se mezclase con otros residuos y fuese directamente a recuperación? ¿Qué cantidad ingresaría el Ayuntamiento con un sistema de recogida que en vez de tener un 50% de impropios tuviese un 10% o menos?

Actualmente, después de más de 20 años funcionando y haciendo campañas de concienciación, el sistema de recogida de envases basado en el contenedor amarillo solo llega al 16% de los envases que se recogen en Madrid. No porque los ciudadanos no participen. Fundamentalmente es un problema de recogida: no hay capacidad suficiente para la cantidad de residuos de envases que debería atender el sistema.

No podemos perder de vista que el contenedor amarillo y Ecoembes responden al principio de responsabilidad ampliada del productor: si el 100% de los envases recogidos por el Ayuntamiento de Madrid están adheridos a Ecoembes y se procesan en el Parque Tecnológico de Valdemingómez ¿Por qué el Ayuntamiento de Madrid solo ingresa por la parte que recupera del contenedor amarillo? ¿Qué parte de la responsabilidad de ese escaso porcentaje de recuperación es debido a una recogida deficiente? ¿Dónde va a parar el dinero restante? ¿Dónde ha ido a parar en los últimos 20 años?

Formas de mejorarlo hay muchas, pero con los datos del propio Ayuntamiento de Madrid en la mano, mantener la dotación de contenedores amarillos y no plantear alternativas a la recogida de residuos de envases ligeros es una decisión injusta tomada a sabiendas de que lo es. Y las personas que habitamos Madrid no nos merecemos eso.

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No es el plástico, es la propaganda

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

La creciente respuesta social al problema de los envases de plástico de usar y tirar tiene respuesta: ahora la industria te pide que no culpes al plástico. Otro ejemplo de desinformación encaminada a mantener un modelo de negocio insostenible. Si te interesa el tema en los siguientes párrafos desmonto la campaña #NoCulpesAlPlástico.

Cada vez tenemos más evidencias del impacto de los plásticos de usar y tirar sobre nuestra salud, la de los ecosistemas del planeta en que habitamos y nuestro modelo económico y social. Y cada vez es más urgente buscar alternativas a su utilización.

Una creciente conciencia global contra la que la industria tiene en marcha una potente estrategia de desinformación: mentiras, medias verdades, publicidad, propaganda… que afectan a los procesos de toma de decisiones y condicionan las medidas que se aplican para seguir manteniendo su modelo de negocio.

Así, la campaña de la Asociación de Investigación de Materiales Plásticos y Conexas (AIMPLAS), también conocido como el Instituto Tecnológico del Plástico, nos pide que no culpemos al plástico y trata de trasladar a los ciudadanos las responsabilidades que las decisiones de quienes utilizan plásticos de usar y tirar en sus modelos de negocio. Más desinformación para distraer la atención sobre el impacto y los problemas ambientales, sociales y económicos que el los plásticos de usar y tirar causan a todas las personas que habitamos este planeta.

La magnitud del problema:

Desde que empezamos a utilizar plástico, hace 65 años, hemos empleado unas 8.000 millones de toneladas métricas de las cuales 5.700 se han convertido en residuos. Un 79%, 4.900 millones de toneladas están abandonadas en la naturaleza o depositadas en vertederos. El 12%, 800 millones de toneladas han sido incineradas y solo un 9%, 600 millones de toneladas, se han reciclado.

La humanidad utiliza los plásticos como material resistente a distintos procesos naturales y, sobre todo, por ser un producto artificial. Las formas de vida presentes en nuestro planeta no han conocido el plástico hasta que los seres humanos han empezado a fabricarlo y abandonarlo en la naturaleza. Salvo algún caso puntual (y poco significativo en relación a los 8.000 millones de toneladas producidos), no hay seres vivos capaces de atacar a los plásticos o incorporarlos a sus procesos metabólicos.

El resultado es que el plástico se va degradando en partículas cada vez más pequeñas que dejamos de ver a simple vista, dando lugar a microplásticos que se acumulan en los ecosistemas y se incorporan en seres vivos que los acumulan en sus organismos hasta que llegan a nuestra dieta. Por el camino se agrupan en feas y peligrosas islas de basura flotante, que cada vez acumulan más plástico en el océano, o generan sufrimiento y acaban con la vida de quienes los confunden con su alimento.

El reciclaje no soluciona el problema:

Está de moda el concepto de la economía circular. En el caso de los plásticos, concretamente en los envases de usar y tirar, no funciona. Sólo 2 de cada 100 envases puestos en el mercado acaban siendo nuevos envases de plástico. El 98% de la creciente cantidad de envases proviene del petróleo, recurso fósil que necesitamos para usos donde no lo sabemos sustituir y mucho más necesarios que los envases de usar y tirar.

Tampoco nos podemos olvidar de que, a pesar de los esfuerzos por evitarlo, más del 30% de los envases de plástico siguen abandonándose y contaminando el medio ambiente, cerca del 40% se siguen enterrando en vertederos y un 14% se incinera, trasladando el problema a la atmósfera en forma de gases de efecto invernadero y otros contaminantes.

Hay quien propone rescatar los plásticos del mar para fabricar ropa. Esta idea únicamente consigue acelerar el proceso, ya que en nuestras lavadoras las prendas de plástico liberan fibras microscópicas que van directamente a los ríos y ecosistemas acuáticos.

economía circular de los envases de plástico

¿Podríamos solucionar el problema?

Sí, es muy sencillo: basta con dejar de comprar envases de usar y tirar. Desgraciadamente estamos sumidos en un modelo de producción y consumo donde el plástico de usar y tirar apenas presenta alternativas. Pero todas y cada una de las personas que nos preocupamos por nuestra salud podemos tomar medidas al respecto.

Una fácil, en todos los lugares donde disponemos de agua de grifo de calidad suficiente, es beber agua del grifo. Acostumbrarnos a tener a mano un recipiente reutilizable reduce drásticamente el número de envases de usar y tirar que utilizamos. Si, de paso, renunciamos a grupos de productos como puedan ser los refrescos y otras bebidas azucaradas, empezamos a movernos en un modelo de consumo más saludable y más sostenible.

Somos esclavos de los envases de usar y tirar:

Pero no nos engañemos, somos esclavos de los envases de usar y tirar. Las corporaciones multinacionales de distribución tienen en el plástico un aliado con el que mantener un modelo de negocio insostenible que empobrece a todas las personas del planeta a la vez que contamina todos los rincones del globo.

Un ejemplo claro está en los envases de plástico en frutas y verduras. ¿Por qué las grandes cadenas los forran en plástico? Para que puedan recorrer miles de kilómetros y pasar semanas en procesos de distribución y almacenaje.

El problema no es solo que generan un residuo que no se puede recuperar ni reciclar, el problema es que con este modelo compiten en precio con productores y comerciantes locales y de proximidad: impacto social y económico que no podemos ignorar.

El frutero de barrio no necesita tener género almacenado meses, ni millones de clientes. Para sobrevivir dignamente le basta que algunos vecinos de alrededor de su establecimiento pasen por la tienda cuando vuelven a casa de sus tareas o el sábado por la mañana.

A cambio de ese pequeño esfuerzo, el frutero contribuye a mantener una red de distribución y producción más cercana, que no necesita plastificar frutas y verduras, y no depende de un contrato precario en una corporación que especula con las necesidades de sus vecinos.

Esa es la parte social del problema. Las grandes cadenas de distribución y centros comerciales concentran personal precarizado. Salarios míseros a cambio de jornadas y condiciones de trabajo en el límite de la legalidad vigente. ¿Para qué? Para crear la ilusión de ahorro en consumidores que invierten su tiempo y su sueldo en desplazarse en coche a llenar el maletero compulsivamente.

No interesa que cambiemos el modelo de consumo:

Pero no interesa que cambiemos nuestro modelo de consumo. Las grandes corporaciones necesitan nuestro dinero para seguir aumentando su cuota de poder. Cuanto más margen de beneficio tienen más influyen en los procesos de toma de decisiones. Más pueden invertir en propaganda. Y el plástico es su aliado.

Envasan en plástico de usar y tirar en cualquier parte del mundo. En las que se utilizan procesos de producción más intensivos y con menores costes. Donde se pueda deforestar para conseguir aceite de palma barato. Donde se pueda conseguir mano de obra barata y sin derechos laborales. Los productos recorren miles de quilómetros y pasan semanas en medios de transporte, almacenes, centros logísticos… No sería posible sin el plástico.

El productor local queda fuera de juego. Respetando los ciclos de fertilidad de la tierra o los sistemas tradicionales de producción, las variedades locales o los derechos de las personas que trabajan en su explotación asume costes que las grandes multinacionales externalizas en forma de pérdida de biodiversidad global y precariedad laboral.

Y el pequeño comercio sale seriamente perjudicado. No puede competir en precio con las grandes superficies que ajustan el precio al máximo a costa de la calidad del producto y las condiciones laborales de todos los que participan en su cadena de valor. Menos cuando éstas externalizan su responsabilidad sobre los envases de usar y tirar trasladando la gestión y los costes a los contenedores de colores que sufrimos todos los ciudadanos en nuestras calles, impuestos y bolsillos.

¿Quién impide que cambie el sistema?

El propio sector del envase de usar y tirar. Gasta mucho dinero en convencernos de que el reciclaje es la solución. Tanto que tiene a su disposición profesionales, medios, empresas y asociaciones dispuestas a bailar al son que toque. La desinformación es absoluta y llega a todos los niveles.

Las industrias del plástico y del envase de usar y tirar están aprovechando la situación precaria del periodismo ambiental, del asociacionismo conservacionista, de los profesionales de la educación ambiental… para imponer un modelo de consumo insostenible.

Han instalado en el imaginario colectivo, por ejemplo, que estamos reciclando cerca del 80% de los residuos de envases. ¿Cómo llegamos a esa cifra si, por ejemplo, en la Comunidad de Madrid sólo 28,39% de los envases ligeros se depositan en bolsa amarilla? Son datos publicados en la Estrategia de Gestión Sostenible de los Residuos de la Comunidad de Madrid que estos días está en información pública. Pero que no aparecen en los medios de comunicación.

Lo que sí se reproduce es una nota de prensa en la que se habla del análisis de “16.699 residuos abandonados en humedales continentales”, pero no podemos encontrar en ninguna parte los datos para contrastar los titulares, no hay un estudio publicado al respecto y desconocemos la metodología aplicada para llegar a los resultados ofrecidos. Si preguntamos recibiremos escusas como que todavía no hay resultados significativos, que los datos se están validando, que la metodología… de las mismas organizaciones que se hacen la foto con la industria del envase de usar y tirar.

El verdadero problema es que estamos construyendo un relato falso alrededor de los plásticos de usar y tirar y lo que cabe esperar sobre el modelo de reciclaje basado en un contenedor amarillo. Un relato que tiene muchos más cómplices. Otro en las universidades y centros de investigación. Desde una cátedra universitaria que surte de becarios a quienes hacen los estudios que pretenden desacreditar las alternativas al modelo actual de gestión de residuos de envases. Hasta un entramado que nos ayuda a entender cómo funciona el sistema completo.

Tal vez te suene el titular “Nuestra conciencia ecológica se dispara y pasamos de reciclar un 4,8% al 74,8%”. Sí, varios medios de comunicación recogieron los resultados de un estudio del el Strategic Research Center de EAE, de la EAE Business School. En concreto los del grupo Planeta, al que pertenece esta escuela universitaria. ¿Cuál es el origen de los datos? Si consultan el estudio podrán comprobar que salen de un agregador de estadísticas que se limita a recopilar información disponible, sin cuestionar la fuente. En última instancia el estudio utiliza los datos publicados por la industria del envase de usar y tirar para hablar del reciclaje en España.

Quizá cabría esperar que el centro de investigación de una escuela de negocios rascase un poco en la información y contrastase distintas fuentes. Pero tenían urgencia en promocionar su nueva línea de negoción en economía circular y no querían meterse en jaleos con patrocinadores que financian otras actividades del grupo editorial.

Contra estas cifras que sitúan el reciclaje de envases en datos cercanos al 80% tenemos los datos públicos oficiales comentados anteriormente y estudios independientes que sugieren que el reciclaje en España está por debajo del 30% y cercanas al 20%.

También cabría mencionar a los responsables de la gestión. Desde sus cargos políticos, empeñados en llegar tarde y mal a cualquier moda, en vez de utilizar los recursos tecnológicos y de comunicación para cumplir una función social, fomentar la participación en los procesos de toma de decisiones, la transparencia y el acceso a los datos o la divulgación de información oficial, se dejan deslumbrar por las estrategias de propaganda de la industria y se entregan a sus intereses. Y lo entiendo, debe ser muy triste reconocer que en tu territorio el 80% de los residuos de envases van directamente a vertedero. ¿Mejor quedarse con el amable mensaje de la industria del plástico que animar a la población a conocer el problema y aportar soluciones?

Necesitamos educación ambiental, no tanta propaganda:

Los profesionales del sector, las asociaciones con inquietudes ambientales y sociales, las personas formadas e informadas no podemos quedarnos calladas, no podemos ser cómplices de un engaño que no se sostiene.

Conocemos la magnitud del problema y sabemos cuáles son las soluciones. Sufrimos la estrategia de una industria que podría generar más empleo y de más calidad si sumiese sus responsabilidades en vez de externalizarlas en forma de impactos sociales, ambientales y económicos para el conjunto de la sociedad.

Es hora de denunciar la manipulación dirigida a mantener una situación insostenible. Dejar de ser cómplices de la estrategia de propaganda y buscar recursos y aliados donde se pueda hacer educación ambiental para avanzar en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

El grupo de presión de los envases de usar y tirar tiene muy estudiados sus mensajes. Su negocio es que se vendan cada vez más envases de usar y tirar. Y es perfectamente consciente de que sus campañas no incentivan una mayor participación en la recogida selectiva.

Es la única forma de explicar que 20 años después sigamos sin saber qué hay que tirar a cada contenedor. ¿Cuanto han tardado tus padres en aprender a manejar un teléfono de pantalla táctil con sistema operativo Android con el que recibir y enviar las foros de sus nietos? Hace 20 años tener un teléfono móvil con el que únicamente se podían hacer y recibir llamadas era bastante poco frecuente y las tablets… ni siquiera nos habíamos planteado que pudiésemos tener una. ¿Tan difícil es trasladar a una población capaz de adaptarse a cambios tecnológicos complejos un sencillo sistema de recogida selectiva basado en contenedores de colores?

Contenedores que, por cierto, están al servicio de la industria del envase de usar y tirar para quitarse de en medio el problema de los envases que ponen en el mercado y tienen la responsabilidad de gestionar adecuadamente. Una industria que finalmente solo asume el coste de lo que entra en el contenedor adecuado. Y, recordemos, en la Comunidad de Madrid, para el caso del contenedor amarillo eso apenas ocurre con 3 de cada 10 envases puestos en el mercado. El 100% de los comercializados están adheridos a un sistema que únicamente se hace cargo del 30%… un negocio redondo que traslada el 70% de los costes de los residuos que genera al conjunto de la población, a los sistemas de recogida de residuo municipales, a los ecosistemas naturales, a las playas y mares.

Recientemente se están poniendo ejemplos sobre la mesa, como la forma en la que las marcas de refrescos presionan contra las campañas por una dieta más saludable que podrían afectar a su volumen de ventas o que cómo las grandes envasadoras influyen sobre las políticas europeas.

¿Podemos permitirnos el lujo de confiar la educación ambiental o el voluntariado corporativo en manos de la industria del envase de usar y tirar? No, no podemos ni debemos. Tiene su propia agenda para perpetuar y ampliar su modelo de negocio a costa de nuestra salud. Es más, su apoyo a organizaciones que inventan palabras como basuraleza o dicen estudiar las basuras abandonadas en la naturaleza no es más que una parte de la estrategia para evitar que se tomen medidas serias que puedan afectar a su volumen de negocio.

Las mentiras de AIMPLAS

La campaña #NoCulpesAlPlástico de AIMPLAS no es más que otro ejemplo de publicidad engañosa en un intento de lavar la tocada imagen de la industria del envase de usar y tirar. Algunas de las mentiras que intenta instalar en la sociedad son las siguientes:

  • Reducir, reutilizar y reciclar es responsabilidad de todos: los fabricantes tienen obligaciones legales para reducir el impacto y asumir el coste de la gestión de los productos que ponen en el mercado. El resto de agentes tenemos responsabilidades condicionadas por las decisiones de quienes ponen en el mercado productos que con su uso se convierten en residuos. El modelo actual de recogida basado en contenedores amarillos no está cubriendo esos costes, no genera incentivos para que el fabricante reduzca la producción de envases de usar y tirar y traslada la responsabilidad a ciudadanos y administraciones.
  • Los plásticos mono uso son imprescindibles en la conservación de alimentos: se utiliza plástico para favorecer los intereses de las grandes corporaciones multinacionales de distribución: los alimentos pueden conservarse en envases reutilizables. Y durante la mayor parte de la historia de la humanidad se han conservado sin necesidad de plásticos. Eso sin olvidar que aquí nos envasan en plástico cosas que tienen su propio envase natural ¿qué me aporta todo el plástico que cubre a fruta y la verdura de los centros comerciales? Al frutero de mi barrio un modelo contra el que no puede competir en precio.
  • Prohibir los productos plásticos no es la solución a las basuras en el medio ambiente: efectivamente, hay muchos tipos de basuras en el medio ambiente. Pero si prohibimos los productos plásticos innecesarios reduciríamos los plásticos abandonados en el medio ambiente. El mero hecho de cobrar un pequeño precio por las bolsas de plástico ha resultado en una importante reducción de la basura en el mar. ¿Qué podría pasar si los productos envasados se vendiesen en sistemas de depósito, devolución y retorno? Quizá otra buena medida sería prohibir el agua embotellada donde la calidad del agua de grifo es adecuada para consumo humano. Pero el negocio de meter agua en plástico es muy jugoso.

  • La solución a las basuras marinas está en tu comportamiento responsable: con esta afirmación la industria del envase de usar y tirar traslada la responsabilidad del envasador al consumidor, que es quien pone en el mercado lo que acaban siendo basuras marinas. Sin envases de usar y tirar habría menos basuras, en general. Y sin envases de plástico en el mercado no habría envases de plástico en el mar.
  • Los plásticos ahorran agua, energía y emisiones de efecto invernadero: depende de cuáles. Los envases de usar y tirar, cuya finalidad es permitir el transporte a larga distancia de alimentos que podrían ser producidos localmente no ahorran nada de eso. Más bien al contrario. Los envases de plástico han deslocalizado la producción y ampliado las cadenas de distribución haciendo que satisfacer la necesidad de alimentación cada vez consuma más energía y genere más emisiones de efecto invernadero.
  • La mayoría de los usos de los plásticos son duraderos: eso sí, sustituyendo a otros materiales que tienen propiedades similares y menor impacto ambiental. De todas formas ¿el problema no eran las basuras marinas? No podemos olvidar que cada vez se venden más productos en envases de plástico de usar y tirar. En cualquier caso, si vamos a la memoria de PlasticsEurope para 2017 encontramos que el 39,9% de los plásticos se destinaron a envase. No es la mayoría, pero sí el uso que más material emplea.

  • Los plásticos salvan vidas: no serán los que se encuentran en la sangre de las personas, los estómagos de los albatros, los que se queman en instalaciones de gestión de residuos o incontroladamente alrededor de ellas. Una bonita generalización para desviar la atención sobre el impacto de las toneladas de envases de usar y tirar que cada día se ponen en el mercado.
  • Los plásticos conservan los alimentos y evitan desperdicios: los envases de usar y tirar son desperdicios que en la mayoría de las ocasiones no se pueden recuperar ni reciclar. Y obligan al consumidor a comprar cantidades definidas por el envasador, no por sus necesidades reales. Generan un modelo de compra compulsiva que es el origen del desperdicio alimentario en las ciudades, tanto por la falta de planificación de las compras como por la posibilidad de transportar y acumular alimentos que caducan en nuestros hogares.
  • Los plásticos son materiales totalmente seguros para la salud: salvo porque que como se degradan y acumulan en los ecosistemas, pasan a las cadenas alimentarias y están presentes en nuestro organismo sin control.

Como puedes comprobar la mayor parte del argumentario de AIMPLAS está enfocado a mantener un modelo de consumo basado en envases de usar y tirar. Totalmente insostenible, pero claramente beneficioso para la industria que divulga el mensaje.

El plástico sí tiene la culpa de muchos problemas ambientales, sociales y económicos: contaminación de ecosistemas naturales y la cadena alimentaria, precariedad laboral al servicio de grandes corporaciones y concentración de la riqueza en manos de unos pocos.

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Datos de reciclaje en tiempos de posverdad

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Datos de reciclaje en tiempos de posverdad

Me vais a perdonar una entrada corta para llamar la atención sobre los datos de reciclaje en España que ayer presentó Ecoembes. Seguramente nos dejarán una buena colección de titulares los próximos días. El dato, que España recicla el 76% de los residuos de envases es, otra de las mentiras emotivas del reciclaje. No lo digo yo:

A pesar de ello la prensa reproducirá el mensaje del anunciante, la industria del envase de usar y tirar, sin cuestionar por qué esos datos no coinciden con los oficiales. Y para muchos será verdad que los españoles reciclamos el 76%, por lo que no les pesará en la conciencia seguir consumiendo envases de usar y tirar.

Pues sepan que sólo el 2% de las botellas de plástico vuelven a ser botellas de plástico. El resto quedan en vertederos, se queman en alguna de las instalaciones que figuran entre los recuperadores y recicladores homologados por Ecoembes (operando sin licencia de gestión), o, cada vez más, acaban en forma de pescado encima de nuestra mesa.

Por cierto, en el momento de escribir esto el informe anual 2016 no está enlazado en la web de Ecoembes, siendo la información disponible una nota de prensa y una presentación en la que aparece otra evidencia de la “post verdad”, pero ya la comentaremos con más calma cuando publiquen y tenga tiempo de leer el informe anual, quizá a finales de mayo.

Nos leemos.

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En Asturias tampoco cuadran los datos de gestión de residuos

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

En Asturias tampoco cuadran los datos de gestión de residuos

Una de las claves para encarar adecuadamente los retos ambientales es contar con diagnósticos que reflejen la magnitud de los problemas a los que hacemos frente. En el caso de los residuos las estadísticas de gestión no se corresponden con los mensajes publicitarios. Si acercamos la lupa a los datos resulta que la realidad se aleja de los objetivos europeos de reciclaje. Y no es que en Asturias se estén haciendo las cosas peor que en otros sitios, es que cuenta con información que permite aproximar una respuesta a la pregunta ¿cuántos residuos de envases se están reciclando en Asturias?

El debate sobre posibles alternativas a la gestión de residuos en el Principado de Asturias deja sobre la mesa el discutido Plan Estratégico de Residuos del Principado de Asturias (PERPA), en el que encontramos un diagnóstico de la situación con datos del año 2014 sobre los flujos de residuos en la región (y los datos, tablas y gráficos que ilustran este artículo).

flujos de residuos en Asturias

En el diagrama general sobre los flujos de residuos encontramos que 64.600 toneladas de residuos proceden de lo que se nombra como “recogida separada”. La clasificación de esta partida da lugar a 54.493 toneladas de materiales recuperados. El resto (más o menos), 10.106 toneladas son rechazos que acaban en vertedero. Si hacemos las cuentas sobre estos datos obtenemos que se estaría recuperando algo más del 84% de los residuos depositados en el contenedor amarillo. Para tener el valor de reciclaje nos faltaría concretar la cantidad de residuos recuperados que efectivamente pasan a ser materias primas y son efectivamente reciclados.

Esa recogida separada puede dividirse, con los datos del PERPA, en tres partidas: papel y cartón, vidrio y, –con una cantidad de 9.984 toneladas-, envases ligeros. Si nos centramos en estos envases ligeros la recuperación de materiales en la clasificación baja del 84% al 65,7%, que no está mal, pero se aleja de las estadísticas más complacientes.

Gráfica con los datos del resultado de clasificación de residuos de envases en Asturias

Por otro lado, conviene recordar que estos datos de clasificación de los residuos procedentes del contenedor amarillo se refieren a materiales. Los sistemas de clasificación no preguntan al flujo de residuos si es un envase ligero acogido a punto verde. Es decir, entre los metales férricos puedo tener metales y plásticos procedentes de cualquier otro tipo de residuos, del mismo modo que en el rechazo que irá a vertedero pueden ir envases que no se han reconocido como material reciclable durante el proceso.

La recogida separada, con sus 64.600 toneladas es un flujo pequeño comparado con las 378.646 toneladas que supone la denominada fracción resto, que en Asturias incluye:

  • Residuos urbanos mezclados, que no son objeto de ninguna recogida separada, y que pueden tener origen doméstico o comercial
  • Residuos que, aún siendo susceptibles de recogida separada, se gestionan mezclados por diversos motivos, tales como la eficiencia de las propias recogidas separadas, que en ocasiones no justifican la cobertura de la totalidad de los territorios; o la falta de una adecuada colaboración ciudadana en algunos casos, cuando no se separan correctamente los residuos aún disponiendo de los servicios correspondientes; entre otros.
  • También se considera los rechazos de los procesos de clasificación y tratamiento de los materiales recogidos separadamente, normalmente debidos a la presencia de impropios por una deficiente separación en origen.

Los estudios de caracterización de este flujo de residuos muestran que en Asturias, en las 378.646 toneladas de la fracción resto encontramos las siguientes partidas:

  • Materia orgánica: 159.031 toneladas.
  • Papel cartón: 55.661 toneladas.
  • Vidrio: 19.311 toneladas.
  • Envases ligeros: 41.651 toneladas.
  • Otros: 102.992 toneladas.

Según el propio Plan Estratégico de Residuos del Principado de Asturias “todos los residuos urbanos mezclados de Asturias se eliminan de forma controlada en el vertedero central de residuos no peligrosos”. Es decir, se envían a vertedero 41.651 toneladas de envases ligeros procedentes de la recogida de la fracción resto. ¿Las sumamos a las de la recogida selectiva?

Si queremos saber qué cantidad de residuos de envases se reciclan en Asturias deberíamos conocer cuántos envases se pusieron en el mercado. A falta de este dato vamos a hacer una aproximación, asumiendo que todos los envases se convierten en residuos y que son recogidos, bien en el contenedor amarillo bien de alguna otra forma. Igualmente necesitaríamos saber cuántos envases recuperados pasan a ser efectivamente reciclados, asumiremos que todo el material obtenido de las plantas de clasificación pasa a ser materia prima. Así pues, vamos a la pregunta ¿Cuántos envases se reciclan en Asturias?

 

envases recogida separada + envases ligeros fracción resto = envases recogidos

9.984 toneladas + 41.651 toneladas = 51.635 toneladas

 

(envases recuperados / envases recogidos) x 100 = % reciclaje

(6.560 toneladas / 51.635 toneladas) x 100 = 12,7%

 

Así pues, según los datos del Plan Estratégico de Residuos del Principado de Asturias, de la cantidad total de envases ligeros recogidos en el Principado de Asturias sólo el 12,7% se está reciclando actualmente. Quizá no sea un dato extrapolable al conjunto nacional, dadas las peculiaridades del territorio, pero el resultado asturiano queda muy lejos del objetivo europeo y de las cifras facilitadas por Ecoembes en sus estudios e informes.

 

Eso es Asturias ¿qué pasa en otras partes?

 

Pues es difícil de saber, pero la falta de coherencia entre los datos de gestión y el mensaje publicitario del sistema integrado de gestión de envases ligeros no es una cuestión aislada. No hay mucha información al respecto, pero otros territorios que están revisando sus modelos de gestión de residuos encuentran resultados parecidos.

Por ejemplo, en la Comunidad Valenciana ecoembes reconoce actualmente la puesta en el mercado de unos 4’5 millones de envases diarios. Más del doble de los 2 millones que reflejaron en el estudio de costes del SDDR en este territorio. Por cierto, este nuevo cambio en el diagnóstico tampoco parece motivo para retirar el estudio, ni para modificar sus conclusiones o documentar un control de los cambios que van introduciendo en el mismo desde su publicación inicial.

En ciudades como Barcelona se habla de estafa y falsedad de datos en la gestión de residuos, lo que, da idea de que algo huele mal en la gestión de residuos. A la lista reciente de contratos sospechosos podríamos sumar Ponferrada, pero no serían los únicos casos en los que parece que el interés no es dar el mejor destino posible a las botellas de plástico y las latas de bebidas.

El caso es que con datos de recuperación de envases ligeros inferiores al 20% resulta poco creíble que la participación en el modelo actual de reciclaje esté compensando las emisiones de los tubos de escape: ni siquiera es capaz de asumir el impacto de los propios envases, que, al menos en Asturias, acaban mayoritariamente ocupando un precioso paisaje con vertederos en los que se sepultan las opciones de valorización de esos envases y aumentan la necesidad de nuevos espacios donde eliminar residuos que no son reciclables.

 

Y ¿tiene solución?

 

La cuestión es que en 2014 sólo el 44% de los residuos municipales en la UE se reciclaban o se utilizaban para obtener compost. En nuestro país la materia orgánica se sigue recogiendo, mayoritariamente, en un contenedor que llamamos “de restos” en el que se mezcla con otras muchas cosas. En el caso de Asturias con el 80% de los residuos de envases ligeros que se recogen.

Quizá sería más sensato dedicar el contenedor gris a la materia orgánica, un concepto sencillo y fácil de entender por cualquier persona, y buscar una alternativa al contenedor amarillo.

¿Qué hacemos con los envases ligeros? Dos líneas de trabajo:

  • Desincentivar los envases de usar y tirar: fomentando el consumo de agua de grifo pare evitar botellas de plástico, estableciendo cupos de venta de productos a granel en grandes superficies, favoreciendo al pequeño comercio de proximidad, incentivando el uso de envases retornables, haciendo que los envases de usar y tirar internalicen en forma de coste su impacto ambiental…
  • Incentivando la participación en la recogida selectiva: incorporando los principios europeos de recogida separada por tipos de materiales –más fáciles de entender para el público general que conceptos abstractos como el de “envase ligero”-, con sistemas de depósito, devolución y retorno –que devuelven al consumidor responsable parte del precio que paga por el envase si los devuelve para su correcta gestión-, mejorando las estadísticas y trazabilidad sobre los datos de gestión de residuos, aumentando el control sobre las contratas que gestionan los residuos desde la recogida hasta el reciclaje final, revisando periódicamente los datos municipales –tanto los indicadores de los convenidos como las facturaciones relativas a la participación en sistemas de responsabilidad ampliada del productor de residuos-…

Y, por supuesto, no podemos olvidar que, sea cual sea el modelo que se pone a nuestra disposición para gestionar los residuos… hay que reciclar, machotes.

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¿Cuántas toneladas de material recuperado se quemaron en 2016?

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Extinción de incendio en planta de envases recuperados para reciclar

2016 ha sido un año muy negro para la gestión de residuos en España. Las alarmas saltaron con el incendio de Seseña, poniendo de manifiesto –una vez más- que la complacencia del sector no se corresponde con la realidad. Sin contar la acumulación ilegal de neumáticos, más de veinte instalaciones de gestión de residuos fueron pasto de las llamas en 2016.

Un drama económico, social y ambiental que debería hacernos reflexionar sobre muchas cuestiones. En esta ocasión me voy a centrar en la trazabilidad de la información y los datos sobre reciclaje. Y mi duda es ¿cuántas toneladas de material recuperado se quemaron en 2016?

¿Por qué me planteo esta pregunta? Mira la foto que ilustra la entrada. ¿Qué ves? Toneladas de materiales prensados calcinados. Una gran cantidad de residuos de envases que podrían haberse reciclado pero se encontraron con las llamas. El resultado de todo el esfuerzo de separación, recogida selectiva, clasificación de residuos, prensado y transporte convertido en humo y cenizas. Las opciones de valorizar todos esos materiales volatilizadas justo cuando estaban a punto de dejar de ser residuos para convertirse en materias primas.

Porque el reciclaje no ocurre en el contenedor amarillo. En el momento en que depositamos nuestros residuos en los contenedores empieza un complejo proceso. Tras la recogida los residuos se transportan a una planta de clasificación. Allí, básicamente se separan por tipos de materiales en grandes fardos, balas prensadas… como los de la foto siguiente.

Y esto tampoco es reciclaje: es la recuperación de materiales. A partir de estas plantas de clasificación estos grandes paquetes son transportados a otros centros de gestión donde se vuelven a procesar con el objetivo de mejorar la calidad final del material. De la planta de clasificación salen con un porcentaje importante de impropios, por lo que suelen ir a instalaciones especializadas en el tipo de material mayoritario, de forma que se consiguen calidades atractivas para otras industrias donde sí se utilizarán los residuos como materias primas.

Esas instalaciones especializadas que reciben papel y cartón, latas, bricks, envases de plástico… -tanto de plantas de clasificación de residuos de envases como de otros orígenes- y los procesan para convertir ese material recuperado en una materia prima que cierre el ciclo del reciclaje. El drama es que muchas de las plantas de residuos que han ardido de este verano son de este tipo de instalaciones.

¿Cómo vamos a contabilizar las pérdidas? El material salió como recuperado de las instalaciones de clasificación de residuos -y así constará en las estadísticas de reciclajepero que nunca llegó a cerrar el ciclo: humo, cenizas, lixiviados, escorias a vertedero. Toneladas de plástico, latas, botellas, bricks, cartones… que eran materiales recuperados pasaron a ser impactos ambientales, sociales y económicos. El sueño de la economía circular convertido en su peor pesadilla: la cadena rota por el eslabón más débil.

Y no hay forma de compensarlo. Sí, optimizando la recogida para una mejor gestión de residuos podemos prevenir daños futuros, pero la contaminación causada ya no se puede evitar: paliaremos sus efectos o repararemos los daños… pero el valor contenido en los materiales, el esfuerzo y el talento puestos en su recuperación, esos no volverán. El poder de la colaboración no es sólo hacer campañas publicitarias distrayendo la atención sobre las deficiencias del reciclaje, también toca asumir responsabilidades.

¿Conoceremos algún día cuántas toneladas de material recuperado se quemaron en 2016 sin llegar a reciclarse? Quizá no son un porcentaje significativo del total de los residuos gestionados, pero sería bueno que en futuras estadísticas o informes anuales sobre reciclaje se informase al respecto. Sería una interesante contribución de los agentes de la cadena de valor de los residuos de envases para facilitar el estudio del problema de los incendios en las plantas de gestión y nos ayudaría comprender mejor el problema. Entre otras cosas, porque es la única manera de dimensionarlo y proponer soluciones adecuadas.

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Ecológico: te salva y ayuda al planeta.

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Me ha sorprendido el contenido de un artículo publicado en El País sobre el consumo de alimentos ecológicos y su impacto. Personalmente creo que presenta algunos conceptos erróneos y confunde más que ayudar a crear una conciencia real del impacto de nuestras decisiones de consumo. Así que hoy toca recordar que lo ecológico es mejor para tu salud y el medio ambiente, esta vez en respuesta al ataque infundado contra los productos ecológicos.

El titular en El País “Deje de comprar comida ecológica si quiere salvar el planeta” encabeza una argumentación llena de errores. Fallos de bulto colados interesadamente, como los que podíamos encontrar en los estudios sobre el coste del sistema de depósito, devolución y retorno de residuos de envases.

El artículo contra el consumo de productos ecológicos empieza con una generalización interesada que no puede pasar desapercibida ni para un profesional especializado ni para un consumidor responsable: “No pocas etiquetas de productos biológicos”. Suficiente para dejar de leer. En Europa sólo podemos calificar como ecológicos o biológicos los productos adheridos a etiqueta ecológica. A partir de aquí todo lo que dice el artículo se basa en la confusión interesada entre ecológico y esotérico. El periodista o los expertos que dan los argumentos para el pernicioso titular lo podrían haber aclarado, pero… se habían quedado sin un titular tan llamativo.

Un poco más adelante se profundiza en la confusión interesada: “El 36% de los españoles que consumen productos ecológicos (sinónimo de biológicos u orgánicos) lo hacen movidos por motivos medioambientales, según una encuesta de 2014 del Ministerio de Agricultura.” Hay que dejar claro que no: productos ecológicos en España son los que cumplen con el Reglamento (CE) nº 834/2007 del Consejo sobre producción y etiquetado de los productos ecológicos. Sólo con esto un medio serio debería retirar el artículo y publicar una rectificación, pero vamos a seguir leyendo.

Más adelante se entrecomilla esta afirmación: “Está de moda apuntarse a lo ecológico por el atractivo de la palabra, pero nadie tiene idea de cómo se produce” lo único que demuestra es que ni quien la pronuncia y ni quien la reproduce saben qué es la producción ecológica, no han leído el reglamento que la regula (enlazado en el párrafo anterior) o tienen un interés concreto en manipular a los lectores. Así pues, no se dejen manipular, si no tienen ni idea de cómo se produce en ecológico acudan a la fuente para saber qué es la producción agraria ecológica.

El artículo cuestiona la capacidad de la agricultura orgánica para alimentar el mundo. Se cita la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) como fuente para dar peso al argumento de la creciente población mundial, pero se obvia que la propia FAO considera que la agricultura orgánica es capaz de garantizar la seguridad alimentaria. Es decir, la máxima autoridad mundial en la materia avala la capacidad de la agricultura ecológica para garantizar las necesidades nutricionales de la creciente población del planeta pero el artículo le da más credibilidad a una persona que lo cuestiona con una burda simplificación que no se soporta en datos ni referencias.

Cabría recordar que gran parte de la producción de alimentos a día de hoy no se consume (al menos un tercio a nivel mundial y cerca de la mitad en nuestro entorno).  Forma parte de un despilfarro global, favorecido por prácticas de agricultura intensiva en las que priman criterios que no tienen que ver con la nutrición humana o la conservación de los ecosistemas.

A continuación viene la parte de la huella ecológica. Se olvida en el artículo mencionar que la agricultura ecológica se basa en la aplicación de criterios científicos para reducir, precisamente, el impacto ambiental sobre los ecosistemas y la salud humana de las prácticas agrícolas. En el artículo se argumentan una serie de situaciones interesantes en relación a prácticas agrícolas más o menos esotéricas, que no tienen por qué tener el amparo del Reglamento de producción y etiquetado ecológico, pero no se nos comparan con el impacto de los métodos de la agricultura convencional, que no tienen en cuenta criterios de impacto sobre ecosistemas. Nuevamente argumentación interesada y sin contrastar.

El artículo critica que la agricultura ecológica es más contaminante porque requiere de más cuidados que la industrializada, cuando lo que ocurre es que la intensificación de la agricultura industrial se consigue reemplazando a las personas y los procesos ecológicos con productos agroquímicos. Un ejemplo sencillo está en la fertilidad del suelo: mientras que en la agricultura ecológica se mantiene y fomenta la fertilidad natural, en la agricultura industrial se consigue a base de productos químicos sintéticos. Sí, quizá el laboreo superficial de la agricultura ecológica requiere labrar más veces, pero la agricultura convencional hace una labor profunda, con potentes subsoladoras que requieren maquinaria más potente que consume más energía. ¿Cuál emite más gases de efecto invernadero? Comparemos el consumo energético con datos, no haciendo simplificaciones que sólo pueden convencer a quien no tiene información suficiente para contrastar los argumentos expresados en el artículo.

Por cierto, mientras que la agricultura industrial elimina materia orgánica del suelo la agricultura ecológica la fija, de modo que el balance en términos de CO2 es más favorable para las prácticas ecológicas, que consiguen hacer del suelo agrícola un sumidero de gases de efecto invernadero frente, por ejemplo, a la ganadería intensiva que es fuente de gases de efecto invernadero.

En cualquier caso, resulta difícil de creer que una práctica agrícola que considera la huella ecológica tenga más huella ecológica que otra que, directamente, la ignora. Creo que con lo apuntado más arriba sería suficiente para dejar en evidencia que las argumentaciones sobre huella ecológica presentadas en el artículo de El País dejan mucho que desear: mezclan conceptos y no tratan la cuestión con la profundidad que requería la descalificación que intenta verter contra los productos ecológicos –que, insisto, sí incorporan consideraciones relativas a la huella ecológica en su proceso productivo-.

Para entenderlo mejor, es como comparar la seguridad de los dos coches, uno que tiene cinturones de seguridad y otro que no los tiene, diciendo que los cinturones de seguridad son muy peligrosos porque te pueden romper las costillas en caso de accidente ¿qué ocurre en el mismo accidente en el coche sin cinturones de seguridad? ¿Invitamos a viajar en coches sin cinturón de seguridad? Eso es lo que hace el artículo de El País.

Y llegamos al asunto de los transgénicos. Porque, en el fondo, el ataque a lo ecológico viene del mundo de los transgénicos. La única forma de consumir productos libres de organismos modificados genéticamente es… sí, han acertado: comprar productos etiquetados como ecológicos según el reglamento europeo. Una creciente demanda de productos ecológicos es una amenaza para los intereses de los que viven de las nóminas y facturas publicitarias pagadas por la industria del transgénico. Podrían ponerse a investigar y a hacer ciencia para salvar el planeta, pero prefieren seguir con su negocio y tratar de engañarnos a todos con argumentos sesgados o faltando a la verdad.

Y qué me dicen del sabor… “Es una idea errónea: si un tomate comprado en una gran superficie no sabe a tomate no es por el tipo de agricultura del que proviene, sino porque, ante una demanda de productos visualmente perfectos (escogemos el tomate por su color y no por su sabor), los productores convencionales priorizan el atractivo de los alimentos sacrificando su sabor”. Menos mal que los que compramos productos ecológicos sabemos que la práctica agraria sí repercute en un producto con mejores propiedades, especialmente el sabor, y no nos dejamos llevar por los intereses de las grandes cadenas.

Luego están las declaraciones sobre el etiquetado. En vez de explicar, de forma más o menos clara, qué implica el etiquetado ecológico de alimentos se hace una serie de afirmaciones que pueden llevarnos a dudar sobre el rigor de la Etiqueta Ecológica. Conviene recordar en este punto que el Reglamento de producción ecológica se establece por la Unión Europea precisamente para que los consumidores tengan claro qué implica el etiquetado ecológico de los alimentos que van a consumir.

Por suerte los que estamos a favor de los productos ecológicos también tenemos a la ciencia de nuestro lado y podemos desmontar cualquiera de las argumentaciones interesadas que se plantean en el artículo. Empezando, precisamente por los conflictos de intereses en las investigaciones publicadas sobre cultivos modificados genéticamente. Hasta el extremo de que el ecologismo se permite cuestionar, con datos de rendimiento de los últimos 20 años, las supuestas bondades de la agricultura transgénica.

También la ciencia ha dado respuesta en numerosos artículos a la necesidad de reducir la huella ecológica de la agricultura manteniendo su capacidad para alimentar a una población creciente. Y la Unión Europea, con la participación de investigadores, la industria y el conjunto de la sociedad, ha recogido el reto en un Reglamento (enlazado más arriba) que establece las reglas de la producción ecológica de modo que sean justas y claras para productores y consumidores, así como para los periodistas e investigadores que tengan interés en informar a la población sobre las consecuencias de sus decisiones de consumo.

Así pues, diga lo que diga la agricultura industrial en las páginas de El País, puedes seguir comprando (o empezar a comprar) productos ecológicos con la conciencia tranquila. ¿Por qué lo dijo yo en mi blog? No. Porque antes de creerte lo que dicen los demás sin aportar pruebas y sólo con comentarios más o menos fundados, puedes acudir a fuentes fiables y encontrar datos contrastados y argumentos sólidos que abalan la práctica de la agricultura y la ganadería ecológicas.

Y sí. te recomiendo que consumas ecológico: ayudarás a mejorar la conservación de los ecosistemas de todo el planeta, especialmente los dedicados a producción agrícola, y estarás comiendo productos mejores para tu salud y la de los que te rodean.

Mi duda final es ¿le das credibilidad a un artículo como el publicado en El País por salir en este medio o eres consciente de que es un contenido que contribuye a la infoxicación que perpetúa un modelo de consumo insostenible?

Las imágenes e infografías salen de la web de la Comisión Europea sobre Agricultura Ecológica, donde hay mucho material interesante para informar, formar y divulgar sobre producción y alimentación ecológica.

Puedes leer y comentar el artículo completo en productor de sostenibilidad