Archivo de la categoría: impacto ambiental

Objetivo: Impacto cero de la energía eólica

Publicado en: Comunidad ISM » Blogs por Jon Dominguez. Texto original

Que la energía eólica va a formar parte del futuro necesario del planeta, y en especial de la Unión Europea (UE), es algo difícil de negar. Incluso a pesar de algunas políticas cortoplacistas que insisten en mirar para otro lado. La realidad es imparable. Y no lo digo yo, lo confirman las cifras. Según el Global Wind Energy Council (GWEC) a finales de 2016 había 90 países con algún tipo de capacidad generadora, lo que supone una potencia instalada a nivel mundial de 487 GW. Y la Asociación Mundial de Energía Eólica (WWEA)ha estimado, a falta de confirmación definitiva, que en 2017 se ha llegado a los 540 GW instalados. En fin, que los datos hablan por sí solos. La tendencia es claramente alcista. Incuso para España, últimamente demasiado miope y empeñada en descolgarse de la UE, va a ser difícil no verse arrastrada por la ola imparable que suponen las energías renovables. De momento el año pasado se subastaron 8.000 MW, que deberán ser funcionales en 2020 y dónde la eólica tiene un peso importante. Si queremos cumplir con las Directivas y no ser sancionados ni convertirnos en un ejemplo de torpeza histórica, deberemos coger este tren. Un tren que ha de llevarnos a la sostenibilidad y a la suficiencia energética.

Capacidad instalada e incremento anual a nivel mundial entre 2012 y 2016. Imagen:www.wwindea.org

Y precisamente de la sostenibilidad de la energía eólica quiero hablaros en este post. Como he mencionado y muchos probablemente ya sabríais, la evolución en la instalación de MW eólicos es constante y en alza. Pero si queremos que la implantación de esta fuente de energía continúe a buen ritmo y haga honor a su calificativo de renovable, debemos abordar los nuevos retos ambientales que nos plantea su imparable crecimiento.

Es de conocimiento público, y los datos así lo avalan, que la energía eólica tiene una huella ecológica más reducida que la mayoría de las fuentes energéticas. Pero también sabemos que esta característica no la libra de estar exenta de impactos en los ecosistemas, especialmente sobre las poblaciones de aves y murciélagos. Y aquí radica la cuestión central que quiero abordar. Si queremos que la eólica pueda presumir de ser realmente renovable y que su influencia neta sobre el medio ambiente sea cero, hay que retomar el debate sobre su evaluación e integración ambiental. No es una propuesta gratuita. Desde hace tiempo los expertos llevan alertando de que los estudios y evaluaciones de impacto son deficientes, y no han permitido anticipar los impactos de forma adecuada ni establecer medias de mitigación realmente efectivas (ver p.ej Ferrer et al. 2011Lintott et al. 2016). Es un problema generalizado. A las carencias de conocimiento de la influencia del impacto sobre la fauna, se le unen protocolos de evaluación y control deficientes e incompletos que impiden la plena integración de la energía eólica en los ecosistemas dónde proyecta ubicarse (traté el tema en un reciente post).

impacto eolica sobre la fauna

Esto no quiere decir que estemos ante una situación irreversible. Aún tenemos margen de maniobra para hacer las cosas a la altura del papel que ha de jugar la eólica en la sostenibilidad global. Pero eso sí, debemos actuar cuanto antes. Dejando el sensacionalismo fuera de este debate (ya se encargarán otros de incorporarlo), es prioritario entender que solo alcanzaremos los objetivos de impacto cero desde un enfoque riguroso basado en la evidencia científica. Y sin duda esto pasa por mejorar sustancialmente las estrategias de evaluación de impacto y seguimiento ambiental de los parques eólicos a todas las escalas. Porque minimizar la influencia de la energía eólica sobre los vertebrados voladores no solo facilita su integración en los ecosistemas y la hace más sostenible, sino que supone una reducción de costos importante y mejora sustancialmente la competitividad de los proyectos.

Conscientes de la problemática y de la necesidad de aportar calidad y fiabilidad en las evaluaciones y seguimiento del impacto de la energía eólica sobre la fauna, el Instituto Superior del Medio Ambiente y el que suscribe hemos desarrollado recientemente el curso online Evaluación y seguimiento del impacto de los parques eólicos sobre la fauna.

Artículo original publicado en Linkedin

Puedes leer y comentar el artículo completo en Comunidad ISM » Blogs

Costa Rica: banano con emisiones cero. ¿Realidad o greenwashing?

Publicado en: Comunidad ISM » Blogs por JLCanga. Texto original

Por desgracia, con mucha frecuencia leemos noticias de prensa que exageran los logros ambientales de algunas empresas. Lo hacen emitiendo “mensajes ambientales engañosos”, que dan a entender cosas que no son. Es lo que se llama Greenwashing. Hemos tenido ocasión de comentarlo anteriormente en otros post sobre Correos y Metro de Madrid.

En este post vamos a ver otro ejemplo, en un artículo de una revista de Costa Rica. En febrero de 2018 se publicaba la noticia “Producir bananos sin dejar huellas”, en la agencia de noticias Inter Press Service. De esa noticia se obtiene una importante conclusión, que se resalta con un titular: “Costa Rica: bananos con emisiones cero”. Pues bien, esa noticia es manifiestamente engañosa y, por tanto, es un caso claro de Greenwashing. Si quieres saber porqué, sigue leyendo.

En la noticia se glosaba que el Foro Mundial Bananero (FMB), de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), había elaborado una “Guía práctica para medir y reducir la huella de carbono y agua en la producción bananera”.

La Guía ha contado con el apoyo de la Agencia de Cooperación Internacional Alemana (GIZ) e incluye experiencias de Costa Rica, “que dice ser un país líder en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en la industria bananera”, y cuyas lecciones aprendidas dicen que pueden ser replicadas por otros.

Además, se incide en que Costa Rica tiene una política nacional y un compromiso de alcanzar la meta de carbono neutralidad en 2021. Y que por ello fue elegida por la FAO para desarrollar ese proyecto piloto, considerando que el país es “pionero en contar con las primeras plantaciones de banano certificadas como carbono neutral”.

Con todos estos antecedentes, llegados a este punto, lo lógico es tener la imagen de que las plantaciones de banano de Costa Rica consideradas en la Guía han hecho una evaluación exhaustiva de su Huella de Carbono y que han compensado la totalidad o la mayor parte de sus emisiones de Gases de Efecto Invernadero, para conseguir ser neutrales. Pues bien, desgraciadamente, si entramos en los detalles de la Guía, veremos que no es así.

La noticia se ha extralimitado notablemente en los logros del trabajo realizado y ha dado a entender mucho más de lo que realmente se ha evaluado. En consecuencia, la noticia es un buen ejemplo de GREENWASHING, puro y duro. Basándonos en la propia Guía, veamos ahora porqué esto es así.

En primer lugar, vamos a dejar claro cuál es el uso correcto del término “carbono neutral”. Para ello, nos vamos a apoyar en la norma PAS 2060, que dice que ese término indica que “la organización o producto al que se refiere no ha contribuido con emisiones netas de Gases de Efecto Invernadero a la atmósfera; es decir, que su impacto sobre el cambio climático es cero”. Esto se logra compensando las emisiones que no se pueden reducir. Y ello requiere que la medida de la Huella de Carbono de Organización haya incluido el 100% de las emisiones de los Alcances 1,2 y todas aquellas emisiones del Alcance 3 que contribuyan con más del 1% a la Huella de Carbono total. También se puede conseguir evaluando correctamente la Huella de Carbono del Ciclo de Vida del Producto (lo que requiere el cumplimiento de los principios oportunos y, en particular, el de integridad) y compensando las emisiones necesarias.

La Guía deja bien claro que la Huella de Carbono se evalúa bajo el enfoque de Organización; es decir, lo que realmente evalúa la Guía es la Huella de Carbono de la “Organización que cultiva el banano” (norma ISO 14064-1); no se evalúa la Huella de Carbono de la “producción de banano” (que requiere emplear la norma ISO/TS 14067 y el enfoque de Ciclo de Vida del Producto). Además, la Guía dice que: “las emisiones que deben incluirse obligatoriamente en el inventario son las correspondientes al alcance 1 y 2; las emisiones de alcance 3 que llegan a ser de gran impacto y fundamentales para el negocio, deben considerarse para el inventario”.

Sin embargo, la realidad es que en la Guía y en los ejemplos no se evalúan algunos componentes muy importantes del Alcance 3 de la Huella de Carbono de la producción de banano, como son todas las operaciones necesarias, desde la extracción y procesado de las materias primas, para la fabricación y transporte (hasta la explotación agrícola) de los fertilizantes, pesticidas, combustibles, materiales de cosecha, embalajes, etc. empleados en la fase de cultivo. No puede alegarse que falten datos, porque en la propia Guía se dice conocer cuántos fertilizantes, pesticidas y combustibles se han utilizado. Por tanto, cabe pensar que el estudio y la Guía no están completos porque no se ha dispuesto de las herramientas adecuadas para hacer los cálculos, como son los softwares de Análisis de Ciclo de Vida (SimaPro, Gabi, etc.), que disponen de los datos necesarios para hacerlo.

Es decir, la Guía conduce a medir la Huella de Carbono de la “Organización” (la empresa que produce el banano; que no es lo mismo que medir la Huella de Carbono de la producción del banano) de una manera muy parcial.

A continuación, se recoge el esquema que se muestra en la Guía para explicar el ciclo de vida completo de la producción de banano, señalando las tres primeras etapas evaluadas e indicando las 4 siguientes que no se han considerado ni en la Guía ni en los cálculos. Queda claro, por tanto, que en ningún momento se ha evaluado la Huella de Carbono del Ciclo de Vida de la producción de banano. Más aún, el citado esquema está incompleto, puesto que olvida una parte importante de la fase de aguas arriba, que forma parte del Alcance 3 de la organización; por ejemplo, como ya se ha dicho, faltan todas las operaciones necesarias, desde la extracción y procesado de las materias primas, para la fabricación y transporte de los fertilizantes, pesticidas, combustibles, materiales de cosecha, embalajes, etc. empleados en la fase de cultivo.

Esquema que se muestra en la guía, con una parte importante no evaluada.

En otro lugar, la Guía relaciona la Huella de Carbono de Organización calculada (muy incompleta) con datos de producción, con objeto de evaluar en futuras ocasiones el desempeño de la empresa: esto le lleva a sugerir el empleo de indicadores como kg CO2e/caja, kg CO2e/kg banano, kg CO2e/$. Esto no es incorrecto; además la Guía dice que estos valores no sirven para presentar los resultados en una declaración. Esto es así, pero no por la razón que en ella se da: “en una declaración deben presentarse en toneladas de CO2 equivalente”; la verdadera razón es que, para poder hacer una declaración de la Huella de Carbono de un Producto, esta tiene que calcularse bajo el enfoque del Ciclo de Vida de Producto, es decir, con la norma ISO/TS 14067, complementada con la Regla de Categoría de Producto adecuada, que, por cierto, existe para calcular la huella de carbono de la producción de banano.

En el informe de resultados obtenidos, se indica que el resultado del indicador de desempeño de emisiones por caja fue de 1,019 kg CO2e/caja. Esto da a entender que La Huella de Carbono de la producción de “una caja de banano para exportación de 18,14 kg” es la cantidad mencionada, lo que da a entender que, en Costa Rica, la Huella de Carbono de la producción de banano es francamente baja. Sin embargo, este sobreentendido (que debería ser proactivamente evitado) no es correcto, porque la evaluación se ha hecho para la “organización productora” y está manifiestamente incompleta.

En definitiva, debe quedar claro que el enfoque adecuado para medir la Huella de Carbono de la “producción de banano” es el de la Huella de Carbono de Producto (norma ISO/TS 14067), basado en evaluar exhaustivamente todo el Ciclo de Vida de la “producción de banano”; y que es un enfoque apreciablemente diferente al de la Huella de Carbono de Organización, seguido en la Guía analizada en este post.

Resulta, por tanto, que la Huella de Carbono evaluada en la Guía está muy incompleta. Así lo reconoce, implícitamente, la propia Guía, que dice poner a disposición el procedimiento para estimar las emisiones de GEI de una organización, es decir, de una “empresa bananera”. Es decir, la Guía no es adecuada y no permite calcular la Huella de Carbono de la producción de una cierta cantidad de banano (1 kg, 1 tonelada). En consecuencia, si no se conoce la Huella de Carbono de la producción de banano, si se tiene la certeza de que no se ha evaluado de manera exhaustiva, aunque se compensen algunas emisiones, NUNCA SE PODRÁ DECIR QUE ES UN BANANO NEUTRAL O CON EMISIONES CERO. Esta es otra de las extralimitaciones del artículo de prensa y probablemente la más grave.

Confiamos que el post te haya resultado tan interesante que hayas llegado hasta aquí. Esperamos también que el tema te haya motivado a aprender sobre estos temas y a profundizar en ellos.

Si estás interesado en tener una visión completa de lo que es la Huella de Carbono, la Huella Hídrica, la Huella de Agua y la Huella Ambiental de un producto y cómo se calculan, te invitamos a participar en los cursos que impartimos sobre las Huellas de Producto en el Instituto Superior de Medioambiente (ISM) sobre esta materia.

Puedes leer y comentar el artículo completo en Comunidad ISM » Blogs

¿Conocemos el impacto de la energía eólica sobre la fauna? ¿Lo estamos evaluando correctamente?

Publicado en: Comunidad ISM » Blogs por Jon Dominguez. Texto original

La respuesta a la primera pregunta sería “no demasiado”. Y a la segunda habría que contestar con un rotundo “no”.

Los buitres leonados (Gyps fulvus) cumplen los requisitos de riesgo asociados a las factores de la especie. Foto: Mario modesto, CC BY-SA 3.0 Wikipedia

Respecto al primer interrogante, existe una tendencia bastante común por la que solemos pensar que el impacto de los parques eólicos sobre la fauna es bien conocido. Si nos preguntaran, la mayoría responderíamos rápidamente que el principal problema es la mortalidad de las aves al colisionar con las palas de los aerogeneradores. E incluso algunos también mencionaríamos a los murciélagos como grupo de riesgo. Y aunque no iríamos desencaminados, la realidad es que, tras 50 años de energía eólica a escala industrial, seguimos sin saber mucho sobre su impacto en los vertebrados voladores. Nuestra comprensión no pasa de conocer algunas características que hacen a unas especies más propensas que otras a sufrir impactos, y de cierto consenso al considerar que la magnitud del impacto es en general reducida, aunque en determinadas situaciones puede implicar importantes efectos negativos sobre las especies.

De hecho, seguimos sin entender prácticamente nada de la influencia a largo plazo sobre las poblaciones, y muy poco del peso de las características del entorno en la mortalidad. Un problema que se agrava con los murciélagos, hasta hace poco sistemáticamente ignorados en las evaluaciones de impacto, y que probablemente se estén llevando la peor parte.

Este vacío de información, que dificulta en buena medida la implantación realmente sostenible de la energía eólica, está estrechamente relacionado con la segunda cuestión que planteaba en el título. Sabemos poco, sí, pero es que además no estamos gestionando correctamente el desarrollo de la eólica ni si quiera en base a esos escasos conocimientos. Los expertos llevan tiempo alertando de carencias serias en las metodologías de evaluación y en los programas de seguimiento de impacto, especialmente a largo plazo. Hace unos años, por ejemplo, científicos del CSIC y de la Fundación Migres (entre otros) detectaron que los estudios de impacto ambiental no conseguían predecir correctamente cuáles iban a ser los proyectos con mayor mortalidad. Pudieron comprobarlo sobre el terreno, y concluyeron que acertaban muy poco.

Fragmentación y pérdida de hábitat en un parque eólico de Virginia Occidental (EEUU). Fuente: www.wind-watch.org

Más recientemente, una amplia revisión sobre las evaluaciones de impacto de los parques eólicos en murciélagos del Reino Unido extraía conclusiones muy similares. Los análisis son incompletos, las metodologías muchas veces erróneas y los estudios no terminan de servir para reconocer el impacto ni para establecer medidas de mitigación adecuadas. Y son solo dos ejemplos.

Si queremos que la energía eólica siga siendo una de las opciones con mayor potencial para luchar contra el cambio climático y facilitar la suficiencia energética; y que el título de renovable que se le otorga no haga referencia exclusivamente al origen del recurso, debemos aumentar el esfuerzo y la calidad de la evaluaciones de impacto. Para ello es fundamental que estandaricemos los protocolos, apliquemos técnicas repetibles y mejoremos sustancialmente los seguimientos a largo plazo. Y es que conseguir una mayor sostenibilidad no solo beneficia al medioambiente, sino que también reduce los costes y aporta competitividad. Es necesario entender que una buena planificación es una oportunidad al desarrollo de la industria.

En el ISM hemos captado el mensaje y queremos contribuir con nuestro granito de arena a la consecución de la plena sostenibilidad de la energía eólica. Por eso hemos desarrollado el curso Evaluación y Seguimiento del Impacto de los Parques Eólicos sobre la Fauna, donde ayudaremos a los alumnos a profundizar en el conocimiento del impacto de los parques eólicos, aportaremos las herramientas necesarias para evaluar de forma científica y estandarizada su influencia sobre las aves y los murciélagos, y abordaremos las distintas soluciones de mitigación existentes. El objetivo es que de nuestras aulas salgan técnicos con la capacitación suficiente como para revertir la situación descrita en los párrafos anteriores. Yes we can!

Puedes leer y comentar el artículo completo en Comunidad ISM » Blogs

¿Conocemos el impacto de la energía eólica sobre la fauna? ¿Lo estamos evaluando correctamente?

Publicado en: Comunidad ISM » Blogs por Jon Dominguez. Texto original

La respuesta a la primera pregunta sería “no demasiado”. Y a la segunda habría que contestar con un rotundo “no”.

Los buitres leonados (Gyps fulvus) cumplen los requisitos de riesgo asociados a las factores de la especie. Foto: Mario modesto, CC BY-SA 3.0 Wikipedia

Respecto al primer interrogante, existe una tendencia bastante común por la que solemos pensar que el impacto de los parques eólicos sobre la fauna es bien conocido. Si nos preguntaran, la mayoría responderíamos rápidamente que el principal problema es la mortalidad de las aves al colisionar con las palas de los aerogeneradores. E incluso algunos también mencionaríamos a los murciélagos como grupo de riesgo. Y aunque no iríamos desencaminados, la realidad es que, tras 50 años de energía eólica a escala industrial, seguimos sin saber mucho sobre su impacto en los vertebrados voladores. Nuestra comprensión no pasa de conocer algunas características que hacen a unas especies más propensas que otras a sufrir impactos, y de cierto consenso al considerar que la magnitud del impacto es en general reducida, aunque en determinadas situaciones puede implicar importantes efectos negativos sobre las especies.

De hecho, seguimos sin entender prácticamente nada de la influencia a largo plazo sobre las poblaciones, y muy poco del peso de las características del entorno en la mortalidad. Un problema que se agrava con los murciélagos, hasta hace poco sistemáticamente ignorados en las evaluaciones de impacto, y que probablemente se estén llevando la peor parte.

Este vacío de información, que dificulta en buena medida la implantación realmente sostenible de la energía eólica, está estrechamente relacionado con la segunda cuestión que planteaba en el título. Sabemos poco, sí, pero es que además no estamos gestionando correctamente el desarrollo de la eólica ni si quiera en base a esos escasos conocimientos. Los expertos llevan tiempo alertando de carencias serias en las metodologías de evaluación y en los programas de seguimiento de impacto, especialmente a largo plazo. Hace unos años, por ejemplo, científicos del CSIC y de la Fundación Migres (entre otros) detectaron que los estudios de impacto ambiental no conseguían predecir correctamente cuáles iban a ser los proyectos con mayor mortalidad. Pudieron comprobarlo sobre el terreno, y concluyeron que acertaban muy poco.

Fragmentación y pérdida de hábitat en un parque eólico de Virginia Occidental (EEUU). Fuente: www.wind-watch.org

Más recientemente, una amplia revisión sobre las evaluaciones de impacto de los parques eólicos en murciélagos del Reino Unido extraía conclusiones muy similares. Los análisis son incompletos, las metodologías muchas veces erróneas y los estudios no terminan de servir para reconocer el impacto ni para establecer medidas de mitigación adecuadas. Y son solo dos ejemplos.

Si queremos que la energía eólica siga siendo una de las opciones con mayor potencial para luchar contra el cambio climático y facilitar la suficiencia energética; y que el título de renovable que se le otorga no haga referencia exclusivamente al origen del recurso, debemos aumentar el esfuerzo y la calidad de la evaluaciones de impacto. Para ello es fundamental que estandaricemos los protocolos, apliquemos técnicas repetibles y mejoremos sustancialmente los seguimientos a largo plazo. Y es que conseguir una mayor sostenibilidad no solo beneficia al medioambiente, sino que también reduce los costes y aporta competitividad. Es necesario entender que una buena planificación es una oportunidad al desarrollo de la industria.

En el ISM hemos captado el mensaje y queremos contribuir con nuestro granito de arena a la consecución de la plena sostenibilidad de la energía eólica. Por eso hemos desarrollado el curso Evaluación y Seguimiento del Impacto de los Parques Eólicos sobre la Fauna, donde ayudaremos a los alumnos a profundizar en el conocimiento del impacto de los parques eólicos, aportaremos las herramientas necesarias para evaluar de forma científica y estandarizada su influencia sobre las aves y los murciélagos, y abordaremos las distintas soluciones de mitigación existentes. El objetivo es que de nuestras aulas salgan técnicos con la capacitación suficiente como para revertir la situación descrita en los párrafos anteriores. Yes we can!

Puedes leer y comentar el artículo completo en Comunidad ISM » Blogs

El reciclaje no sirve para contrarrestar las emisiones de los tubos de escape

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Quizá has visto una campaña publicitaria que dice que “por cada 6 latas o botellas de plástico que reciclas contrarrestas 10 minutos de un tubo de escape”. Es sencillamente mentira: un mensaje erróneo dirigido a confundir a la población y utilizar tu conciencia ambiental en favor de un modelo de negocio insostenible. En los siguientes párrafos te explico por qué.

En primer lugar destacar que las emisiones de los tubos de escape son un flujo contaminante diferente de los envases de usar y tirar. No podemos compensar los efectos de un flujo con el otro. Es como si tienes tos y te rascas un pie. Qué duda cabe que rascarse el pie reporta cierta satisfacción, pero no viene a solucionar el problema de la tos. Vamos por partes.

Las emisiones de los tubos de escape provienen, fundamentalmente, de la combustión de combustibles fósiles en el motor de los vehículos. El gesto de conducir un coche diésel o gasolina tiene una serie de impactos sobre el medio ambiente que simplificamos en:

  • Consumo de recursos fósiles: para poder repostar combustible hemos tenido que extraer petróleo de un yacimiento lejano, transportarlo, refinarlo, extraer la fracción que acabará en el surtidor de la gasolinera, llevarla hasta allí…
  • Emisión de contaminantes atmosféricos: el motor del choche quema el combustible en un proceso rápido que emite a la atmósfera los gases y partículas en los que se han convertido el gasóleo o la gasolina (entre otras cosas): dióxido de carbono (CO2), óxidos de nitrógeno, compuestos volátiles y partículas.

Contrarrestar quiere decir paliar o neutralizar el efecto de algo. Y aquí viene el problema. ¿Cómo contrarrestamos los impactos causados por las emisiones de los tubos de escape? Por no complicar mucho las cosas:

  • Devolviendo petróleo a los yacimientos de los que lo extrajimos.
  • Retirando los contaminantes de la atmósfera.

Pasemos a estudiar cómo el reciclaje de los envases adheridos a la empresa que realiza la campaña publicitaria consigue devolver petróleo o retirar contaminantes de la atmósfera. Para ello hay que empezar por entender que los envases generan sus propios impactos:

  • Consumo de materias primas: en algunos casos (como los plásticos) el mismo recurso fósil (petróleo) que los combustibles de los coches. Para los envases metálicos necesitamos recurrir también a materias primas no renovables que, igualmente, hay que extraer en minas, procesar, llevar a centros de producción y, allí, fabricar los envases.
  • Generación de residuos: los envases cumplen su función y se convierten en residuos. El problema es que para poder preservar el producto están fabricados de materiales que no pueden ser descompuestos por los seres vivos y o bien se degradan muy lentamente o bien permanecen en los ecosistemas para siempre rompiéndose en partes cada vez más pequeñas. Esto genera problemas como los microplásticos.
  • Emisión de contaminantes atmosféricos: quizá es obvio, pero tanto la fabricación de envases como su distribución y la gestión de sus residuos implican emisiones a la atmósfera, tanto en las chimeneas de las fábricas que procesan las materias primas como en los vehículos que transportan los envases, productos envasados y residuos de un lado para otro.

¿Conseguimos devolver las materias primas a su origen y retirar contaminantes de la atmósfera depositando envases usados al contenedor amarillo?

La respuesta rápida es no. La larga nos habla de que después de que nosotros tiremos nuestros residuos tiene que venir un camión a por el contenido de ese contenedor, llevarlo a una planta de clasificación, de allí transportarlo a otra de recuperación, y (si ninguna de las dos sale ardiendo), una parte de lo que depositamos en el contenedor amarillo acabará siendo nuevamente materia prima. Para todo ello hace falta transporte y procesos industriales. Con sus correspondientes impactos y emisiones contaminantes.

Dejar las latas vacías en el contenedor amarillo no elimina gases o partículas contaminantes de la atmósfera. Llevarlas en un camión a una planta de clasificación (mezcladas con otras cosas recogidas en el contenedor amarillo) tampoco reduce el CO2 o los óxidos de nitrógeno. Procesar todos esos residuos en procesos industriales no disminuye la contaminación y volver a transportarlos a alguna parte donde, finalmente, puedan ser utilizados como materia prima tampoco.

En el mejor de los casos, como resultado del proceso podemos conseguir que parte de los materiales recogidos selectivamente y reciclados vuelvan a ser materias primas que podemos utilizar para fabricar nuevos productos. Pero esto no compensa el agujero que hicimos para sacarlas originalmente. Sí puede reducir la necesidad de extraer materiales de nuevo. Pero, desgraciadamente, no es un ciclo perfecto. Sólo una parte del residuo volverá a ser materia prima. Si conseguimos evitar que un recurso no renovable acabe en el vertedero el esfuerzo merece la pena. Pero no contrarresta las emisiones de los tubos de escape.

El reciclaje puede reducir la necesidad de materias primas, combustibles y dar salida a los residuos. Pero no compensa los impactos de producir los envases. Comparativamente sí genera menos impacto a la atmósfera fabricar nuevos envases a partir de envases reciclados que desde materias primas extraídas del medio natural. Pero esta reducción de la contaminación no contrarresta totalmente el impacto de los envases de un solo uso, ni tampoco las emisiones de los vehículos con motor de combustión.

Es más como sólo el 2% de los residuos de envases de plástico vuelven a ser envases de plástico, cada vez que compras algo que va envasado en este material sigues forzando la extracción de petróleo para fabricar el 98% de los envases que provienen de materia prima “nueva”.

economía circular de los envases de plástico

El mensaje subliminal

La campaña no sólo miente y confunde, también trata de instalar en el imaginario colectivo algunas ideas clave que favorecen el modelo de negocio de usar y tirar.

Así se afirma “el aire es de todos, la contaminación también”: efectivamente todos los habitantes de la atmósfera respiramos aire en una misma atmósfera compartida. Luego el aire “es” de todos y la contaminación de esa atmósfera también “es” de todos.

Compartimos un bien común y sufrimos los impactos a la atmósfera. Pero la contaminación sí es de alguien. Los gases que salen por un tubo de escape pertenecen a quien está quemando combustibles para desplazarse en ese vehículo. Igualmente, los envases de usar y tirar que llegan a tu casa son de la empresa que comercializa el producto que has comprado dentro de ese envase.

Dicha empresa podría haber elegido formas más sostenibles para vender lo que tú querías comprar. Pero ha optado por envases de usar y tirar que necesitas para llevar la comida o las bebidas hasta el lugar donde las vas a consumir. ¿Cuántas toneladas de envases y emisiones a la atmósfera se evitarían si la Coca Cola se vendiese en polvo para mezclar con el agua que tienes en el grifo de tu casa? ¿Cuánto te ahorrarías como consumidor si pagases el agua del refresco a precio de agua de grifo en vez de a precio de Coca Cola?

Mientras Ecoembes te engaña con la posibilidad de compensar las emisiones del tubo de escape, Coca Cola sigue aumentando a buen ritmo la venta de botellas de plástico de un solo uso de las que menos de la mitad se recuperan y, de esa mitad, apenas un 7% se reciclan en nuevas botellas. La misma empresa podría vender su producto a granel, en botellas de vidrio, en otros envases retornables o en latas y botellas de plástico de un solo uso. ¿Quién tiene que asumir y compensar el coste de la gestión de los residuos?

Burda manipulación

A todo lo anterior podemos sumar la escena final del anuncio. ¿Dónde está rodada esa imagen de ciudad gris y atmósfera irrespirable? En China. Sí. No, por mucho que en el cartel de la calle puedan leer “vía de servicio”, la estampa no es de Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, Zaragoza… es, fíjense en la arquitectura, de una gran ciudad de China cuya población que duplica la de la suma de todas las anteriores. ¿Pekín?

Tanto si has circulado por ella sufriendo sus atascos, como si la has visto en las noticias sobre contaminación, la estampa de Jianguo Road no se olvida fácilmente. Pero con 600 euros cualquiera compra un vídeo en getty, lo retoca un poco y lo lanza para atacar con su propaganda el cerebro a los indefensos niños que esperan en la sala del cine a que empiece la película.

Si las campañas de publicidad de Ecoembes manipulan así en lo evidente, en lo que salta la vista y se puede contrastar tan fácilmente… ¿qué no hacen cuando nos citan estudios que hay que buscar, leer, entender y comparar con los datos oficiales de reciclaje para darse cuenta de que presentan datos falseados, cálculos erróneos o conclusiones que no se deducen del análisis realizado?

Se nos miente sistemáticamente sobre las bondades de una forma de gestionar los residuos que está obsoleta para hipotecar nuestras posibilidades de mejorar la recogida de las basuras, su tratamiento y, sobre todo, la prevención como herramienta para evitar daños al medio ambiente y la salud de las personas. Todo para favorecer el consumo de envases de usar y tirar, manteniendo el beneficio de las corporaciones de distribución a cambio de un fuerte impacto sobre el planeta y la salud de las personas.

Todo esto sería muy gracioso si no fuese porque la contaminación de los tubos de escape es una importante causa de muertes prematuras. O porque seguimos demasiado lejos de conseguir un nivel seguro de emisiones de efecto invernadero.

Objetivo: desviar la atención

Entonces, si no podemos compensar las emisiones de los tubos de escape reciclando latas ¿por qué una empresa privada cuya actividad tiene que ver con la gestión de residuos de envases utiliza una imagen manipulada de la contaminación atmosférica? ¿Qué tienen que ver los tubos de escape con las latas de bebidas?

Nada. No tienen que ver nada. Pero en la desesperada estrategia de desviar la atención sobre el los tristes datos del reciclaje en España, Ecoembes se va quedando sin recursos. Intentó hacer greenwashing con los plásticos “pescados” en el mar, pero resulta que buena parte de esos plásticos son de empresas adheridas a su sistema de gestión de residuos basado en el contenedor amarillo. ¿Se imaginan que nos damos cuenta de que esos plásticos acaban en el mar porque Ecoembes no hace bien su trabajo y le exigimos a la empresa que los saque de allí?

Así pues, el objetivo es cambiar el foco de atención como sea. Por supuesto que las emisiones de los tubos de escape son un problema. Un problema que tiene relativamente poco que ver con los residuos de envases. Lo importante en esta campaña es que los envases no acaban en la atmósfera, por lo que conseguimos que la conciencia ambiental de los ciudadanos bombardeados con publicidad deje de fijarse en las calles, parques, jardines, espacios naturales, playas… llenos de envases de usar y tirar y… que miren hacia el cielo, donde no suele haber latas ni botellas abandonadas.

6 latas

¿Por qué utiliza el anuncio de Ecoembes la unidad de 6 latas como medida de compensación de las emisiones de los tubos de escape? Podía haber utilizado una lata o 10 latas. Pero seis es el tamaño del paquete estándar de latas sujetas por anillas de plástico. El que aparece en esta imagen de la tortuga Peanut con la que una generación entera se ha concienciado sobre el daño de los envases de usar y tirar:

Ecoembes, empresa privada al servicio de la industria del envase de usar y tirar, busca cambiar el rechazo que te causan esas anillas de plástico. Con esta campaña busca que cuando estés en el lineal del hipermercado no veas que 6 latas es un incordio que no te cabe en la nevera, si no el número perfecto para dejar tranquila tu conciencia ambiental.

¿Por qué voy a separar una, dos o tres latas (si es lo que necesito) cuando llevándome 6 latas juntas estoy compensando la contaminación? Error… comprando bebidas en latas estás llevando a tu casa envases de usar y tirar que requieren materias primas, cuyo transporte emite contaminación a la atmósfera, que alguien tendrá que reciclar para reducir el impacto de esos productos de un solo uso en el planeta…

Seis latas son… 2 litros. Si el objetivo es concienciarnos y ayudarnos a reducir el daño que causamos a nuestro entorno ¿por qué no promocionan las botellas reutilizables de 2 litros?

Entonces, ¿qué puedo hacer para compensar mis impactos?

Por tu parte puedes evitar el consumo de envases de usar y tirar. Con gestos sencillos como dejar de comprar botellas de plástico y beber agua de grifo. O, con un poco más de compromiso, evitando los plásticos de usar y tirar en tu día a día. Y, siempre que tengas elección, parar a pensar qué envase es más fácil de reciclar.

¿Quieres contrarrestar las emisiones de tu tubo de escape?

Esto es más difícil. No puedes devolver petróleo a los yacimientos, pero sí buscar formas alternativas de desplazarte o generar energía para evitar ese consumo de recursos fósiles.

Si no te queda más remedio que utilizar un vehículo con motor de combustión procura conducir de forma eficiente. Comparte el espacio que queda libre en tu coche cuando te sea posible. También es importante repostar en las horas del día con menor temperatura: primera hora de la mañana. No sólo por el pequeño ahorro que supone el aumento de densidad del combustible, también porque con menos calor hay menos vapores escapando a la atmósfera desde la boca de la manguera y el depósito de tu coche.

Retirar los gases de efecto invernadero y las partículas resulta complicado, pero ayuda mucho la vegetación: las plantas retiran CO2 de la atmósfera para crecer. Siempre que tengas ocasión planta: en tu terraza, en un huerto, en un descampado, en los bordes de los caminos… si son semillas autóctonas mejor que mejor. Deberíamos pensar en los árboles como infraestructuras de salud pública.

Da igual si las macetas se te secan en vacaciones. Lo importante es mantener todo el tiempo que te sea posible plantas verdes. Cada día retiran una (muy) pequeña cantidad de CO2 de la atmósfera. Ese CO2 podemos retenerlo en el suelo. Idealmente, compostando las plantas muertas con otros restos vegetales y aportando el resultado como enmienda orgánica. Pero también puedes conseguirlo enterrando los tallos secos en las jardineras antes de plantar semillas nuevas o tirando las plantas que se te olvidó regar al contenedor marrón (o al de restos, si no hay contenedor de materia orgánica en tu barrio o ciudad).

¿Cómo podría Ecoembes compensar el impacto de su actividad?

Siguiendo con las propuestas, cabe recordar que Ecoembes es el sistema integrado de gestión de residuos de envases ligeros. Su responsabilidad es recuperar los envases puestos en el mercado por las empresas adheridas a su modelo de gestión de residuos de envases. Así pues, en vez de confundirnos con la utilidad del reciclaje debería invertir los recursos que obtiene de todos los consumidores en:

  • Ir a rescatar todos esos envases que “se pierden”. No hacer greenwashing para urbanitas, si no dedicando la partida presupuestaria a un trabajo que actualmente está sin hacer.
  • Solucionar el problema creciente de las instalaciones de reciclaje que salen ardiendo cada año en España.
  • Dejar de obstaculizar la aplicación de la normativa europea que España tiene que cumplir para alcanzar sus compromisos en materia de residuos.
  • Impedir que se pongan en el mercado (adheridos a su sistema) envases que no se pueden recuperar o reciclar en los procesos convencionales de gestión de residuos.
  • Mejorar la dotación de recursos para mejorarla recogida separada por tipos de material.
  • Retirar este despropósito de campaña publicitaria y pedir disculpas por un nuevo insulto a la inteligencia colectiva.

En resumen, menos propaganda y más contenedores amarillos.

Puedes leer y comentar el artículo completo en productor de sostenibilidad

Deporte de Orientación y Medio Ambiente

Publicado en: manuelmedioambiente por Manuel Oñorbe. Texto original

La Orientación puede definirse como un deporte en el cual los competidores visitan un número de puntos marcados en el terreno, llamados controles o balizas, en el menor tiempo posible, en base a la información que da un mapa y con la única ayuda de una brújula. Se trata de un deporte minoritario y poco conocido en nuestro país que en los últimos años está sufriendo enormes restricciones en el medio natural.

Estas limitaciones han sido en muchos casos generalizadas o extrapoladas de otros deportes más populares como las carreras por montaña, sin que se hayan analizado en detalle sus propias peculiaridades.

Es por ello que el Departamento de Ecología de la Universidad Autónoma de Madrid, con el apoyo de la Federación Madrileña de Orientación, ha elaborado el documento “Deporte de Orientación y Medio Ambiente. Guía orientativa para la sostenibilidad de las carreras de orientación” a fin de proporcionar una herramienta que permita orientar en la integración de los aspectos ambientales en la organización de carreras de orientación, así como mejorar el entendimiento y la comunicación entre la Administración y gestores del territorio con los clubes y promotores deportivos de carreras de orientación.

También es objeto de esta Guía proponer actuaciones para sensibilizar e implicar a los corredores y practicantes de este deporte con la necesidad de que sus pautas de comportamiento en la realización de esta actividad deportiva se lleven a cabo con el mayor respeto al entorno en el que se desarrollan.

Finalmente se pretende explicar al público no familiarizado con el deporte de la orientación, en qué consiste y cuáles son sus características para poder así discutir y matizar cuáles pueden ser sus potenciales afecciones sobre el medio natural.  En base a ello se proponen una serie de medidas ambientales para minimizar estas afecciones.

Se parte por tanto de la concepción y visión de que el deporte de orientación puede y debe ser compatible con la conservación del patrimonio natural e incluso cultural de los enclaves en los que se práctica. Para ello se debe hacer un mayor esfuerzo en evaluar, controlar y minimizar los posibles impactos que esta actividad deportiva puede ocasionar en el medio así como sensibilizar tanto a clubs y corredores para que cada vez sean más sensibles a la necesidad de aplicar códigos de conductas más exigentes y respetuosas con el entorno.

La Guía se estructura en tres grandes bloques: en primer lugar, se describe someramente en qué consisten las carreras de orientación y se realiza una reflexión acerca de su relación con el medio natural. A continuación se enumeran una batería de requisitos ambientales que deberían cumplir las pruebas de orientación a pie al objeto de minimizar sus afecciones ambientales.

Para finalizar se propone un estudio de evaluación ambiental de una carrera de orientación que pretende servir de base para la evaluación ambiental de carreras de orientación que tienen lugar en áreas naturales.

Puedes descargar la guía aquí.


Puedes leer y comentar el artículo completo en manuelmedioambiente