Ya va siendo hora de cambiar de hábitos [I]

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Para pedalear el Uruguay

«Yo me imagino a Montevideo llena de bicicletas. 
¿Por qué no ponen los carriles de una buena vez? 
Carriles en la rambla, en las avenidas, en las calles anchas. 
La bicicleta se usa poco, por el peligro de que te rompan el cráneo. 
Montevideo podría ser, debería ser, 
la primera ciudad latinoamericana capaz de reaccionar
contra la religión norteamericana del automóvil».
De «El derecho a la alegría» de Eduardo Galeano

Montevideo es una ciudad que se puede vivir en transporte público o a pie sin problemas; ya he contado en las Crónicas de Montevideo sobre las características que tiene la ciudad que hacen que sea más fácil no subirte a un auto que hacerlo. Pero Montevideo también se puede y se debiera vivir en bici.
Como bien dice Eduardo Galeano, Montevideo podría ser la Ámsterdam de Latinoamérica; las condiciones de la ciudad son idóneas para pedalear: una geografía poco ondulada, un invierno que si bien es frío no te obliga a lidiar con la nieve, una extensión total de 525 km2 y una población habituada a recorridos promedio de 4 km.
Hay ciclistas en Montevideo y los hay por todo el país, pero no hay tantos como para subir a la bici al pódium de los medios de transporte preferidos por los Uruguayos.

Viajar en ómnibus es fácil, relativamente cómodo pero es caro y desde mi punto de vista el trazo de las rutas se ha quedado un tanto anticuado y hay unidades recorriendo distancias de más de 20 kilómetros con el 20% de los pasajeros yendo hasta los extremos de la ruta; el 80% restante suben y bajan a los largo de un recorrido de 4 a 8 km. He estado analizando este fluir de pasajeros abordo de varios ómnibus y he encontrado que de 112 rutas existentes (sin contar la suburbanas) 73% van hasta el centro de la ciudad y 65% llegan hasta Ciudad Vieja; los últimos cuatro o cinco kilómetros somos pocos pasajeros, en Ciudad Vieja ya tan sólo llegamos un puñado o menos. Estas rutas hacen viajes largos, lentos, tan llenos de paradas, tan cansados, tan caros y por supuesto tan contaminantes.
Y ante el cansancio y el deseo de dejar de lado al ómnibus, la alternativa pocas veces es el auto pues ya también les he platicado lo caros que son respecto a otros países; bastará decir que el precio promedio de los autos 0 km vendidos en el Uruguay es de 22 mil dólares.
¿Qué sigue al auto en la lista de transportes preferidos? Pues nada menos y nada más que la moto y vaya que es de las favoritas. En 2009, el parque vehicular del país estaba compuesto por 600 mil autos y 690 mil motocicletas. En 2010 se rompieron todas las marcas alcanzando una venta de 329 motos al día lo que hizo que esta familia se reprodujera con velocidad y hoy sea una temible horda de 800 mil miembros.
Gran parte de estas motos no tienen matricula, sus dueños las conducen sin casco y se involucran en el 50% de los accidentes fatales los cuales son muchos: por cada 100 mil habitantes hay cerca de 17 que pierden la vida en un accidente de tránsito en los que mucho tiene que ver la velocidad de conducción.
Se han hecho varias cosas para desincentivar la compra de motocicletas pero hay algo contundente: bajarte del ómnibus puede significar un ahorro de US$70 o más al mes; una moto nueva se consigue por US$700; es decir en menos de un año, con el puro ahorro del transporte público se puede pagar la motito china. Hoy en algunas ciudades del interior del país estos vehículos son como una nube de mosquitos que no dan tregua al peatón y que no viajan ordenados por las luces de los semáforos.
Con el problema creciente de las motos, el deseo a veces incontenible de adquirir de una buena vez un auto, la alta huella ecológica del país (5,5 hectáreas globales por habitante) y la alta incidencia de accidentes de tránsito, la bicicleta debe subir ya a los primeros peldaños en la preferencia del uruguayo.
Para poder salir todos a pedalear es necesario arreglar un poco algunas cosas; en primer lugar es necesario hacer ciclovías más allá de la rambla e interconectarlas, es también importante legislar en materia de vialidad, hay que sacar de algunas zonas y calles a los ómnibus, hay que considerar espacio suficiente y seguro para todos y hay que promocionar a la bici con voz muy fuerte y recordando a todos los grandes beneficios que otorga su uso regular: es barata, es saludable, no contamina, es amigable con el peatón y con los perros que pasean, regresa las ciudades a sus habitantes y pone de nuevo a los niños a jugar fútbol en las calles.
Se me ocurre que los ómnibus ya no lleguen hasta la Ciudad Vieja y que los autos se queden a la orilla, entonces se disfrutaría con todo su esplendor a pie o en bici; se me ocurre que en las terminales multimodales previstas en el plan de movilidad de Montevideo puede haber un servicio de «Bike n’ride»; se me ocurre que en Colonia, Punta del Este y Montevideo funcionaría bien un sistema de bicis compartidas; se me ocurre que el reparto de muchas cosas se puede hacer en bici en vez de en moto; se me ocurre que en el interior del país las sendas ciclistas para escolares funcionarían muy bien; se me ocurre que en algunos años la gente venga de todos lados para pedalear el Uruguay completo.

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