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Mis dudas sobre el PROYECTO ARIADNA y el estudio de sostenibilidad del SDDR en España

Últimamente estamos leyendo titulares sobre el coste económico, el impacto social y el perjuicio ambiental que podría ocasionar la introducción de un SDDR obligatorio para envases de bebidas en España. Surgen a raíz de la presentación del PROYECTO ARIADNA “Estudio de sostenibilidad sobre la introducción de un SDDR obligatorio para envases de bebidas en España: análisis ambiental, social y económico comparativo con la situación actual”.

Por si llegas de nuevas a este tema, aclarar que SDDR es el Sistema de Depósito, Devolución y Retorno de envases, que se está planteando como complemento al contenedor amarillo para mejorar la prevención, recogida y reciclaje de residuos de envases.

Para contrastar los inquietantes titulares y los datos presentados en distintos medios de comunicación sólo disponemos de un Resumen de comunicación publicado en la web la Cátedra UNESCO de Ciclo de Vida y Cambio Climático de ESCI-UPF dirigida por el Dr. Pere Fullana i Palmer. Una primera lectura de ese estudio no sólo no resuelve las inquietudes, si no que genera muchas dudas.

¿Qué es el Proyecto Ariadna?

El objetivo del Proyecto ARIADNA es analizar la sostenibilidad económica, ambiental y social de la implantación en España mediante un proyecto reproducible a diferentes escalas, de distintos desarrollos posibles del SDDR.

¿Por qué es necesario analizar el SDDR? Pues porque su implantación obligatoria requeriría considerar la viabilidad técnica y económica de estos sistemas, el conjunto de impactos ambientales, sociales y sobre la salud humana.

Difícilmente podríamos consensuar la metodología de ARIADNA como la más adecuada para resolver este reto y otros nuevos en la gestión de residuos de envases: de las notas de prensa y el resumen publicados surgen dudas sobre la aplicación de la metodología de Análisis de Ciclo de Vida (ACV), así como del cumplimiento de los requisitos de las normas ISO en relación a la comunicación de las conclusiones relativas a estos estudios.

¿Es el momento adecuado para presentar conclusiones?

Una de las dudas y contradicciones más importantes del Proyecto Ariadna la encontramos en la página 14 del resumen publicado.

Actualmente el estudio está en la última fase del proceso de revisión crítica por parte de expertos, cuya finalización está prevista a finales del mes de junio de 2017. Una vez concluida, se hará pública la memoria completa del proyecto, junto con un informe de revisión crítica. Una vez finalizada esta revisión crítica externa, se someterá el estudio a un proceso de exposición y revisión pública.

Resulta curioso que el grupo de investigación esté presentando conclusiones lapidarias cuanto no ha terminado el proceso de revisión por parte de expertos, no se ha publicado la memoria del proyecto, ni el informe de revisión crítica, ni se ha sometido el estudio a procesos de exposición y revisión pública.

¿Qué intenciones puede haber para presentar las conclusiones antes de llevar a cabo esas revisiones? ¿acaso corría prisa a alguien atacar el SDDR en las fechas en las que la comisión de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente del Congreso de los Diputados aprobaba una proposición no de ley para impulsar en España el sistema de depósito, devolución y retorno de envases (SDDR)?

¿Rigor, transparencia y qué?

En la página 14 del documento leemos que:

Se ha buscado obtener y presentar información más rigurosa, sistemática, transparente y objetiva, basada en metodologías científicas, que facilite la toma de decisiones por parte de las administraciones competentes y el conocimiento de causa de todos los actores involucrados.

Es una de las muchas afirmaciones de este documento, pero toda una declaración de intenciones que confirma la sospecha anterior: el objetivo es influir en las administraciones competentes. Vamos a analizar detalladamente este punto:

Rigurosa: el rigor no existe, ni siquiera en el análisis de antecedentes. Todo lo que refleja el resumen es una interpretación sesgada para atacar un modelo de gestión de residuos. Otra evidencia de la falta de rigor, ya comentada, es la presentación de resultados y conclusiones previa a la revisión o la falta de cumplimiento del plazo de junio como fecha de presentación del estudio. En el apartado técnico la página 14, dice que “para dar respuesta a la mayor variabilidad que tienen los datos en gestión de residuos respecto a otros sectores industriales, se realizarán sendos análisis de incertidumbre”. A falta de ese análisis de incertidumbre no sabemos con qué rigor se concluyen datos concretos sobre el impacto del SDDR.

  • Sistemática: en el resumen se obvian elementos importantes de la metodología de análisis de ciclo de vida que se dice aplicar. No hay justificación de las decisiones tomadas para incluir o excluir determinados parámetros de análisis. Cualquiera que tomase los cuestionables datos de partida presentados y aplicase sistemáticamente una metodología de ACV llegaría a resultados diferentes de los que se presentan.
  • Transparente: Pero de tanto usarla la vacían de contenido ¿pueden leer en alguna parte del resumen publicado cómo se eligen los expertos, las partes interesadas, los datos de partida, el marco de estudio, la hipótesis analizada?

Para muestra un botón en la página 19:

Los datos de partida, para el Sistema A, están basados en información pública (y, en ocasiones, no pública, pero con mayor grado de detalle) disponible por parte de Administraciones Públicas y datos aportados por Ecoembes y Ecovidrio (todos ellos debidamente auditados). Se basa en información real, tanto en su dimensionamiento como en la participación ciudadana en el sistema y en los medios implicados para su funcionamiento. En cambio, para el Sistema B, se ha tenido que establecer una serie de hipótesis para definir y dimensionar una situación no existente.

En ningún momento se nos aclara que datos se están utilizando. Los utilizados para el Sistema A pueden ser públicos o no, eso sí, los que no son públicos parecen tener mayor grado de detalle. Los del Sistema B directamente se los inventan a falta de concretar una justificación para esas hipótesis, que no se explican.

Desde luego no hay evidencias en el resumen de que los datos empleados en la realización de este estudio respondan a los principios de FAIR Data.

  • Objetiva: ¿puede ser objetivo un estudio pagado por Ecoembes, que utiliza los cuestionados datos de Ecoembes y que concluye lo que mejor interesa al negocio de Ecoembes? Tengo mis dudas razonables.

¿Análisis de Ciclo de Vida?

Lo peor de todo el documento es que trata de colar como Análisis de Ciclo de Vida (ACV) algo que no lo es. Estamos ante una herramienta compleja, difícil de aplicar, con un gran potencial comunicativo, pero cuya comprensión no es demasiado sencilla.

Por destacar algunas de las carencias importantes en la aplicación del ACV, destaca la selección de las categorías de impacto elegidas para el estudio ¿por qué esas y no otras?

En la página 20 se indica que “Se ha realizado un Análisis de Ciclo de Vida sobre seis categorías de impacto ambiental incluyendo categorías de impacto global (como el calentamiento global o el uso de recursos naturales), de impacto sobre la calidad de los ecosistemas y del agua, y de impacto sobre la salud humana” En ninguna parte del resumen se aclara por qué se han elegido esas seis categorías y no el resto de las que se podrían aplicar. Resulta curioso que no se contemplan ni todas las posibles categorías de impacto en la salud humana ni las más relevantes de impacto ambiental.

Pero es que de ese análisis se extraen dos resultados que no se reflejan en las conclusiones:

  • Por otro lado, el Sistema B ofrece el beneficio social correspondiente a la reducción del littering de los envases incluidos en este estudio. Esto conllevaría una reducción de los perjuicios para disfrutar de los espacios públicos. (Página 26)
  • El sistema B presenta un mayor beneficio que el sistema A en cuanto a redistribución de ingresos, ya que el primero presenta un resultado de signo negativo, mientras que para el segundo el resultado es de signo positivo. (Página 28)

Ambos resultados positivos desde el punto de vista ambiental y social, pero contrarios a las conclusiones presentadas en el resumen del estudio.

Otras dudas menores:

  • ¿El Proyecto Ariadna es la digna continuación de los estudios de la Plataforma Envase y Sociedad (PES) es intento de atacar al SDDR en una estrategia que pasa por financiar investigadores y organizaciones dispuestos a concluir lo que le interese al patrocinador? ¿Hasta dónde vamos a llegar?
  • A Ecoembes se le da bien el greenwashing. Esta vez ha utilizado nada más y nada menos que la Cátedra UNESCO de Ciclo de Vida y Cambio Climático para justificar su mensaje. ¿Qué pasa con las marcas “ESCI-UPF” y “Cátedra UNESCO de Ciclo de Vida y Cambio Climático”? ¿Los resultados de sus estudios de investigación están al servicio de los patrocinadores?
  • ¿Van a publicar el estudio completo? ¿es sólo una forma de justificar notas de prensa en medios de comunicación que tratan de posicionar a quienes no tienen conocimientos sobre gestión de residuos ni análisis de ciclo de vida?

Alguien me dijo que en la lucha contra los residuos no sobra nadie. Y tenía toda la razón del mundo. La clave es que quien tiene los recursos no los está poniendo en solucionar el problema, los dedica a hacernos creer que podemos seguir consumiendo envases de usar y tirar sin remordimientos de conciencia. Y eso no ayuda a cambiar el modelo de consumo ni a avanzar en sostenibilidad.



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Economía circular de los envases de plástico

economía circular de los envases de plástico

Es el concepto de moda. Cada poco tiempo reinventamos la rueda y sacamos del cajón algún término o expresión que nos permita ilusionarnos con un futuro más sostenible. Ahora toca la economía circular. ¿Qué es? La enésima reformulación de la necesidad de adaptar el modelo de desarrollo humano a la realidad del planeta de recursos limitados en el que vivimos. Una forma gráfica de describir que toca cerrar los ciclos de materiales de nuestra economía, reduciendo la demanda de nuevas materias primas y aprovechando los recursos contenidos en los residuos.

La idea parece haber calado: tanto las instituciones como las corporaciones han acogido favorablemente la expresión y la incorporan en sus planes y discursos. ¡Viva la economía circular! La pregunta es ¿cómo son los círculos de esa economía? ¿permiten avanzar en sostenibilidad o únicamente son la excusa para animarnos a seguir consumiendo compulsivamente pero si cargo de conciencia? O aplicamos con sentido crítico este concepto de la economía circular o será otra oportunidad perdida. El ejemplo lo tenemos en los envases de plástico ¿echamos un vistazo a su círculo?

Una autoridad en materia de economía circular -básicamente por popularizar la idea y trabajar en ella con estudios y publicaciones disponibles en su página web- la Fundación Ellen McArthur, nos ha regalado un interesante análisis del círculo relativo a los envases de plástico. El estudio, incorporado por The World Economic Forum en su análisis de la economía del plástico, se resume en la esquemática imagen que ilustra estas palabras:

  • El 72% de los envases de plástico no se recuperan. Aproximadamente el 32% “se pierde” y acaba abandonado en el medio natural, incluyendo el visible problema de los plásticos en los océanos.
  • Un 14% se elimina en incineración, una parte indeterminada de esta cantidad con recuperación de energía.
  • Otro 14% se recoge para su reciclaje.
  • De este 14%, un 4% se pierde durante los propios procesos de reciclaje (no puede ser aprovechado y acaba eliminado o sale ardiendo), un 8% se recicla en aplicaciones de menor valor a la original y sólo un 2% se recicla en plásticos similares a los originales.

A pesar de que las marcas de refrescos nos ofrecen, gracias al milagro de la economía circular, que cada botella de plástico podría reciclarse en una nueva botella de plástico, la realidad es bien distinta: sólo un 2% de los envases de plástico se reciclan en nuevos envases de plástico.

de botella a botella

El problema es que cada vez producimos más envases de plástico. Y la economía circular no es capaz de proveernos de esos envases. Bueno, sí, del 2% de ellos. Si, como también estima la fundación creada por Ellen MacArthur, el consumo de plástico pasa de 311 millones de toneladas en 2014 a 1.124 en 2050, la necesidad de recursos crecerá, pese a la economía circular, en una proporción nada despreciable.

Alberto, no te pongas melodramático, ese 2%… es una estimación global ¿Cómo es la economía circular de los envases de plástico en España?

Es una buena pregunta. España es un país incluido en la Unión Europea, que está adaptando políticas relacionadas con la economía circular y cuenta con normativa en materia de gestión de residuos de envases. El problema es que no tenemos datos para hacer un diagnóstico adecuado sobre qué está pasando con los residuos de envases.

El análisis de datos parciales, como las estadísticas de gestión de residuos en Asturias, nos da resultados que no distan mucho del  esquema presentado a escala global: en el Principado de Asturias la recogida selectiva basada en el contenedor amarillo sólo recupera algo menos del 13% de los residuos de envases. La mala noticia para el plástico es que, si tomásemos por cierto que en España 9 de cada 10 latas de bebidas se reciclan, la cantidad de envases de plástico recuperados en ese 13% podría ser bastante baja.

Economía circular y residuos en España.

La Fundación COTEC, cuya misión es promover la innovación como motor de desarrollo económico y social -para lo que cuenta con cerca de 70 patronos, entre empresas privadas y administraciones de los ámbitos regional y local y S.M. el Rey Felipe VI como Presidente de Honor- ha publicado (quizá retomando el hueco que dejó el cierre del Observatorio de la Sostenibilidad) su informe “Situación y evolución de la economía circular en España”. Un ilusionante documento sobre las oportunidades y desafíos que presenta este cambio de paradigma económico. Si bien se trata de una iniciativa interesante y necesaria, la forma en la que se presenta despierta el miedo a que estemos alimentando la próxima burbuja.

En concreto, la información sobre gestión de residuos de envases recopilada en el informe resulta muy frustrante: tablas con datos confusos y erróneos (por ejemplo, reflejan la valorización con recuperación de energía 327.611 toneladas de envases metálicos), sin una reflexión sobre el envase reutilizable o modelos de recogida con sistemas de depósito, devolución y retorno…

Si bien es cierto que hemos hecho mucho, asumir sin análisis crítico que “El sistema ha evolucionado significativamente durante los últimos 20 años. En términos de reciclado se ha pasado de una tasa inicial de reciclado de envases del 4.5% a la actual que ronda el 75%” da qué pensar. Un vistazo al patronato de la fundación COTEC -constatada la falta de rigor y la miopía en el análisis- lleva ese pensamiento hacia la manipulación y la censura.

Esperaba encontrar información local sobre qué está pasando en la economía circular de los envases de plástico y me encuentro una caja negra que me impide encontrar información concreta sobre cuantas botellas de plástico se reciclan en nuevas botellas de plástico en España ¿realmente la economía circular está dando respuesta al problema que suponen los envases de usar y tirar? El informe no se plantea ni permite responder a esta pregunta.

Y, ¿con este diagnóstico podemos avanzar en la economía circular de los envases de plástico en España? No creo que consigamos un modelo de desarrollo sostenible si en vez de poner luz y taquígrafos sobre la situación real nos dedicamos a taparla con una visión que favorece un modelo de consumo insostenible.

¿Qué podemos hacer?

Con los datos disponibles, al menos en lo que se refiere a envases de plástico, el reciclaje no está respondiendo adecuadamente a los principios de la economía circular. Esto no es nuevo tal y como ilustra que, en materia de residuos, la Unión Europea ha puesto el foco en otro sitio: una jerarquía de gestión basada en la prevención. Menos residuo menos impacto. No hay envase más ecológico que el que no se fabrica.

Generado el residuo, si el modelo actual de reciclaje no consigue el resultado deseado en lo que se refiere a cerrar ciclos de materiales habrá que hacer otra cosa. Y la legislación estatal contempla una forma de recoger los residuos de envases diferente a la que aplicamos mayoritariamente en España. En particular dice:

En el caso específico de los envases y residuos de envases para la implantación de un sistema de depósito, devolución y retorno, así como para la determinación de su contenido y alcance, se valorará además con carácter previo el grado de cumplimiento de los objetivos mínimos de reutilización y reciclado establecidos por las directivas europeas para envases en general, y el cumplimiento de otras normas de la Unión Europea, así como las expectativas viables de superarlos, y se tendrán en cuenta con especial consideración las circunstancias y posibilidades reales de las pequeñas y medianas empresas.”

A la vista de los resultados conseguidos en el reciclaje de envases con el modelo basado en el contenedor amarillo, creo que es hora de poner en marcha valoraciones independientes del grado de cumplimiento de los objetivos mínimos de reutilización y reciclado establecidos por las directivas europeas.

El análisis no puede responder a los intereses de aquellas organizaciones cuyo modelo de negocio depende de los envases de usar y tirar. Está claro que tienen capacidad para influir en la opinión pública y condicionar la agenda: a pesar de que presentan como una posibilidad real que cada envase de plástico pase a ser un nuevo envase de plástico, sólo lo conseguimos con 2 de cada 100 envases puestos en el mercado.

Si realmente nos tomamos en serio la economía circular en materia de residuos de envases no vale sólo hablar de ecodiseño, biomímesis, internet de las cosas y reciclaje 4.0. Vendría bien pasar del “bigdata” al fair data, de modo que tuviésemos estadísticas transparentes sobre lo que pasa con nuestros residuos de envases.Quizá sea el momento de considerar tanto opciones que nos lleven a reducir la cantidad de envases que necesita nuestro modelo de consumo, como la posibilidad de considerar que el mejor envase para los productos de la economía circular podría ser el vidrio reutilizable, que cerraría ciclos más cortos y con menor impacto que los del envase de plástico de usar y tirar.

De momento no tenemos datos para el diagnóstico y no estamos analizando alternativas como los sistemas de retorno o los envases reutilizables. Al menos en el informe más ambicioso publicado hasta la fecha sobre la situación y evolución de la economía circular en España, que obvia descaradamente la evidencia de que la economía circular en el caso de los envases de plástico, tal y como se plantea actualmente, sólo resuelve un 2% del problema.

Así pues, la cuestión es si estamos utilizando la economía circular como excusa para generar más envases de usar y tirar o como marco de análisis para un nuevo paradigma económico con menor impacto en términos de extración de recursos y generación de residuos. ¿Tenemos que asumir como bueno el modelo del contenedor amarillo o vamos a analizar otros que realmente consigan una economía circular para una parte importante de los envases?



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¿Cuántas toneladas de material recuperado se quemaron en 2016?

Extinción de incendio en planta de envases recuperados para reciclar

2016 ha sido un año muy negro para la gestión de residuos en España. Las alarmas saltaron con el incendio de Seseña, poniendo de manifiesto –una vez más- que la complacencia del sector no se corresponde con la realidad. Sin contar la acumulación ilegal de neumáticos, más de veinte instalaciones de gestión de residuos fueron pasto de las llamas en 2016.

Un drama económico, social y ambiental que debería hacernos reflexionar sobre muchas cuestiones. En esta ocasión me voy a centrar en la trazabilidad de la información y los datos sobre reciclaje. Y mi duda es ¿cuántas toneladas de material recuperado se quemaron en 2016?

¿Por qué me planteo esta pregunta? Mira la foto que ilustra la entrada. ¿Qué ves? Toneladas de materiales prensados calcinados. Una gran cantidad de residuos de envases que podrían haberse reciclado pero se encontraron con las llamas. El resultado de todo el esfuerzo de separación, recogida selectiva, clasificación de residuos, prensado y transporte convertido en humo y cenizas. Las opciones de valorizar todos esos materiales volatilizadas justo cuando estaban a punto de dejar de ser residuos para convertirse en materias primas.

Porque el reciclaje no ocurre en el contenedor amarillo. En el momento en que depositamos nuestros residuos en los contenedores empieza un complejo proceso. Tras la recogida los residuos se transportan a una planta de clasificación. Allí, básicamente se separan por tipos de materiales en grandes fardos, balas prensadas… como los de la foto siguiente.

Y esto tampoco es reciclaje: es la recuperación de materiales. A partir de estas plantas de clasificación estos grandes paquetes son transportados a otros centros de gestión donde se vuelven a procesar con el objetivo de mejorar la calidad final del material. De la planta de clasificación salen con un porcentaje importante de impropios, por lo que suelen ir a instalaciones especializadas en el tipo de material mayoritario, de forma que se consiguen calidades atractivas para otras industrias donde sí se utilizarán los residuos como materias primas.

Esas instalaciones especializadas que reciben papel y cartón, latas, bricks, envases de plástico… -tanto de plantas de clasificación de residuos de envases como de otros orígenes- y los procesan para convertir ese material recuperado en una materia prima que cierre el ciclo del reciclaje. El drama es que muchas de las plantas de residuos que han ardido de este verano son de este tipo de instalaciones.

¿Cómo vamos a contabilizar las pérdidas? El material salió como recuperado de las instalaciones de clasificación de residuos -y así constará en las estadísticas de reciclajepero que nunca llegó a cerrar el ciclo: humo, cenizas, lixiviados, escorias a vertedero. Toneladas de plástico, latas, botellas, bricks, cartones… que eran materiales recuperados pasaron a ser impactos ambientales, sociales y económicos. El sueño de la economía circular convertido en su peor pesadilla: la cadena rota por el eslabón más débil.

Y no hay forma de compensarlo. Sí, optimizando la recogida para una mejor gestión de residuos podemos prevenir daños futuros, pero la contaminación causada ya no se puede evitar: paliaremos sus efectos o repararemos los daños… pero el valor contenido en los materiales, el esfuerzo y el talento puestos en su recuperación, esos no volverán. El poder de la colaboración no es sólo hacer campañas publicitarias distrayendo la atención sobre las deficiencias del reciclaje, también toca asumir responsabilidades.

¿Conoceremos algún día cuántas toneladas de material recuperado se quemaron en 2016 sin llegar a reciclarse? Quizá no son un porcentaje significativo del total de los residuos gestionados, pero sería bueno que en futuras estadísticas o informes anuales sobre reciclaje se informase al respecto. Sería una interesante contribución de los agentes de la cadena de valor de los residuos de envases para facilitar el estudio del problema de los incendios en las plantas de gestión y nos ayudaría comprender mejor el problema. Entre otras cosas, porque es la única manera de dimensionarlo y proponer soluciones adecuadas.



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La estrategia de Coca-Cola ni es verde ni saludable

Está claro que como para cualquier otra empresa privada, la prioridad de Coca-Cola es ganar dinero. Su negocio también está claro: vender refrescos que, normalmente, llegan hasta el consumidor en un envase de usar y tirar. Es una actividad con un alto impacto en el medio ambiente y en la salud de las personas. Tanto que la Organización Mundial de la Salud recomienda aplicar medidas  para reducir el consumo de bebidas azucaradas y sus consecuencias para la salud.

De acuerdo con el informe, titulado “Fiscal policies for Diet and Prevention of Noncommunicable Diseases (NCDs)”, las políticas fiscales que conducen a un aumento de al menos el 20% del precio de venta al público de las bebidas azucaradas podrían redundar en una reducción proporcional del consumo de estos productos.

¿Reducir su negocio en un 20%? Parece que la empresa de refrescos no está dispuesta a que esto ocurra. O eso se deduce de los correos que se han filtrado en relación a su estrategia global para evitar los impuestos a sus productos. Gracias a estas filtraciones sabemos cuales son las prioridades políticas de la compañía, plasmadas en un gráfico de uso interno:

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En función del impacto en el negocio y la posibilidad de materializarse el gráfico refleja distintas cuestiones relativas a aspectos como salud y consumidores, medio ambiente, impuestos, mercado y competencia, responsabilidad corporativa y otros.

Y agrupa todas ellas en tres categorías:

Combatir, donde encontramos cuestiones a punto de materializarse y con alto impacto para el negocio, entre otras:

  • Nuevos impuestos o aumentos de los mismos.
  • Esquemas de responsabilidad ampliada del productor.
  • Aumento en los objetivos de recogida o reciclaje.
  • Sistemas de depósito.

Prepararse, cuestiones con alto impacto en el negocio pero con menor probabilidad de ponerse en marcha pronto, destacando:

  • Restricciones al uso de envases de plástico.
  • Restricciones a la publicidad de bebidas azucaradas.
  • Esquemas de etiquetado con perfiles nutricionales diferenciados.
  • Prohibición de publicidad a niños menores de 12 años.
  • Restricciones al agua embotellada.
  • Restricciones, prohibición o etiquetado obligatorio de Bisfenol-A (BPA.
  • IVA relacionado con la salud.
  • Etiquetado para productos no saludables.
  • Restricciones a la cafeína.

Observar, entre otras:

  • Reciclabilidad obligatoria.
  • Criterios obligatorios de compra pública verde.
  • Criterios de salud en la compra pública.
  • Objetivos obligatorios de reducción de emisiones de CO2.
  • Etiquetado ambiental obligatorio y etiquetado ecológico en alimentos.
  • Medidas de eficiencia energética y en el uso de agua.
  • Normativas sobre el tamaño de los envases y las raciones de comida.

La cuestión no es que la compañía tenga claras las amenazas a su modelo de negocio, la cuestión es que, a pesar de su imagen y su empeño en mostrarse como una empresa socialmente responsable, lucha con todas sus fuerzas contra la legislación que se desarrolla para mejorar la salud de las personas y el medio ambiente.

Su agenda política incluye combatir medidas que pretenden proteger a los niños contra la publicidad de refrescos o alimentos poco saludables, el etiquetado nutricional, los avisos sobre compuestos peligrosos para la salud en los envases, las restricciones en el uso de plásticos, los impuestos propuestos por la Organización Mundial de la Saludo para evitar la obesidad y la diabetes, o medidas sobre recogida y reciclaje de residuos de envases.

Quizá después de leer todo esto te siga apeteciendo un refresco de cola. Pues para un momento y piensa en qué te vas a gastar tu dinero. ¿Se lo vas a dar a una empresa que lo está invirtiendo en luchar contra tu salud, la de tus hijos y la del planeta que habitas?



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5 ventajas de la sostenibilidad en una PYME

La memoria de sostenibilidad es el documento con el que las organizaciones responsables informan a las distintas partes interesadas sobre los avances realizados en materia de sostenibilidad, cubriendo información sobre la triple cuenta de resultados: económica, ambiental y social.

Estamos acostumbrados a consultar las memorias de sostenibilidad de grandes corporaciones, que aprovechan la publicación del informe  para realizar una potente campaña de comunicación sobre su desempeño en materia de sostenibilidad.

Pero para las pequeñas y medianas empresas, que no disponen de recursos para contar con un departamento propio de sostenibilidad las cuestiones serían ¿pueden realizar las pequeñas y medianas empresas memorias de sostenibilidad? ¿qué aporta a este tipo de organizaciones la realización de este informe?.

La respuesta a la primera pregunta es sencilla, todas las organizaciones que lo deseen pueden realizar memorias de sostenibilidad. G4, el estándar para la elaboración de memorias de sostenibilidad de la Global Reporting Initiative (GRI), está estructurado de modo que puede ser aplicado por cualquier organización en cualquier lugar del mundo, con independencia de su tamaño u objeto social.

Pero ¿qué aporta la elaboración de memorias de sostenibilidad a una PYME?

1-      Diálogo con las partes interesadas: el estándar G4 hace hincapié en la identificación de las partes interesadas y sus inquietudes, de modo que las memorias de sostenibilidad respondan a las cuestiones relevantes para estas partes interesadas (materialidad). La utilización de herramientas como las encuestas de materialidad puede mejorar la relación de las organizaciones con sus trabajadores, clientes, proveedores, organizaciones sociales y ecologistas, entre otros. Tanto por identificar sus inquietudes como por ofrecer respuesta a las mismas, fidelizando y ampliando el mercado y potenciales socios de la empresa.

2-      Imagen corporativa: una buena memoria de sostenibilidad es un documento equilibrado, en el que se ofrece información sobre los resultados de la organización y sus oportunidades de mejora. Esta información debe estar presentada de forma coherente y resultar relevante para los distintos agentes que tengan interés en la empresa. Así, la memoria de sostenibilidad es un documento clave en la gestión de la imagen corporativa: más allá de una mera declaración publicitaria, una memoria elaborada según el estándar G4 es una herramienta para dar una visión realista sobre el desempeño de la organización, ayudado a atraer inversores, empleados cualificados, clientes…

3-      Visibilidad: en tanto que GRI publica todas las memorias de sostenibilidad en una misma web, donde inversores, consumidores, organizaciones que buscan proveedores o socios responsables, etc, acuden a encontrar, a través de las memorias de sostenibilidad, las organizaciones que puedan resolver sus necesidades. Aparecer en los resultados con una memoria de sostenibilidad coherente permite a todas las PYME una visibilidad extra sin necesidad de grandes eventos o esfuerzos adicionales en comunicación corporativa.

4-      Medición de resultados clave: la elaboración de memorias de sostenibilidad implica recopilar y presentar información sobre el desempeño económico, ambiental y social de las organizaciones. Responder a todos los contenidos del estándar GRI G4 implica disponer de datos sobre aspectos clave en la gestión de la empresa. Muchas PYME no se plantean la necesidad de disponer de esa información hasta que no adoptan estándares como G4, perdiendo el control de elementos estratégicos de gestión. En la memoria de sostenibilidad se tiene en cuenta la medición de resultados clave, permitiendo conocer todos los aspectos relevantes para una organización responsable.

5-      Mejora continua: de los informes anuales y su análisis emerge, en las organizaciones que elaboran memorias de sostenibilidad, una corriente de mejora enfocada a conseguir cada vez resultados más adecuados, con el establecimiento de objetivos y planes que permiten optimizar los recursos y mejorar los resultados de la empresa su triple cuenta de resultados económica, ambiental y social.

Podemos ampliar la lista, si bien resumiría todas las ventajas en que la memoria de sostenibilidad en una PYME supera su papel como documento clave para informar sobre sus resultados en materia de responsabilidad corporativa, constituyéndose como una pieza importante en la estrategia de continuidad del negocio.

Cada vez son más los casos de éxito de PYMES responsables que elaboran memorias de sostenibilidad, tal y como estudiamos en el curso Especialista en Responsabilidad Social Empresarial, Sostenibilidad y Reputación Corporativa.



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IKEA quiere cambiarlo todo.

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Y lo está haciendo bien. En vez del típico becario de una agencia de comunicación, una de sus empleadas –que tiene mi dirección por esa manía de preguntar cosas que no debo- me dirige un correo electrónico en el que me cuenta que la compañía está participando en la Cumbre de Cambio Climático de París. Que IKEA apoya activamente la ambición de utilizar un 100% de energía limpia y renovable para el año 2050, como forma de frenar los impactos del cambio climático para no superar los 2ºC de incremento de la temperatura que, de acuerdo a los estudios científicos, sería un punto de no retorno para el Planeta y para los que vivimos en él.

Y me recuerda algo que ya nos habían contado antes: que IKEA está trabajando para ser independiente energéticamente para 2020, produciendo más energía renovable de la que consumen.

Podría ser una campaña para animarnos a tirar toda la vajilla y cambiarla por la del nuevo catálogo con la excusa del Año Nuevo. Pero no. Con la consigna os necesitamos para cambiarlo todo, IKEA asume como parte de su modelo de negocio que cualquier hogar en España pueda producir su propia energía solar a precios asequibles y con la seguridad suficiente a largo plazo. Una importante declaración de intenciones en su política de equipar hogares sostenibles.

Pero no pueden hacerlo solos. Necesitan que apoyemos su proyecto, como consumidores –insisto en la parte de que estamos ante una empresa que se debe a un modelo de negocio- pero también como ciudadanos responsables: los españoles vivimos en un país que ha puesto palos en las ruedas del autoconsumo energético y han dinamitado, vía Real Decreto, el avance de las energías renovables.

Que una empresa como IKEA decida ir contracorriente y mantenerse en el cambio de modelo energético, pese a los peajes e impuestos al Sol, dice mucho. Dice que si tomasen nota otras empresas y, en lugar de firmar compromisos efímeros en papel mojado, exigiesen al gobierno que hiciese la transición hacia un sistema 100% renovable quizá podríamos conseguirlo para 2050. O antes. Es nuestra responsabilidad y no debemos seguir trasladándola a las generaciones siguientes.

No, no te estoy pidiendo que cojas tu coche para unirte al atasco de entrada a un centro comercial y, después de media hora dando vueltas en el aparcamiento, te compres unas bombillas led en IKEA.

Pero sí te pediría que consideres la posibilidad de apoyar la iniciativa global #go100percent que he conocido gracias a una persona que trabaja haciendo que IKEA sea una empresa cada vez más sostenible.



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