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La sostenibilidad depende de un puñado de empresas.

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Newsweek recoge los resultados del análisis Transnational corporations and the challenge of biosphere stewardship, sobre la influencia de las corporaciones transnacionales en el cambio global que afecta a nuestro planeta. El artículo estudia la inequidad del desarrollo económico a expensas del medio ambiente en un contexto globalizado.

Si bien es cierto que el impacto sobre el medio ambiente tiene distintas dimensiones que van desde la responsabilidad individual a las decisiones políticas de los gobiernos, los autores del estudio analizan la capacidad de las grandes corporaciones transnacionales para obstaculizar o promover un cambio global hacia la sostenibilidad.

Ejemplifica este planteamiento el hecho de que el 10% de las corporaciones generan el 80% de las ganancias, o que un puñado de empresas tecnológicas controlan más del 90% del mercado de los motores de búsqueda, redes sociales y sistemas operativos. El dominio ejercido por estas grandes multinacionales juega un papel clave en las relaciones de nuestra especie y la biosfera en el Antropoceno que nos ha tocado vivir.

Así, 100 compañías son responsables, aproximadamente, de un 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Cuatro empresas controlan el 84% del mercado de los pesticidas. Diez organizaciones se reparten el control del 72% de las reservas de petróleo. Cinco multinacionales gestionan el 90% del mercado global del aceite de palma…

Con estos y otros ejemplos similares, analizando el nivel de concentración de distintos mercados de diferentes sectores, los investigadores evidencian que las corporaciones transnacionales son agentes clave en un planeta dominado por la especie humana, con clara capacidad de influir en funciones críticas de la biosfera.

The biosphere in the hands of a few

Esta situación puede ser una amenaza para la sostenibilidad a falta de acuerdos y regulaciones ambientales adecuadas a esta realidad. Desde la capacidad de crear grupos de presión a la de generar barreras a la entrada o imponer condiciones insostenibles a sus proveedores, las grandes corporaciones tienen una capacidad de influencia que condiciona nuestro modelo de desarrollo.

Por otro lado, la gestión del riesgo reputacional podría llevar a estas mismas empresas dominantes a tomar medidas que se implantarían rápidamente global a través de sus cadenas de suministro y distribución, generando avances globales en la reducción de ciertos impactos ambientales. Personalmente creo que quizá hay algún avance tímido al respecto, pero el ejemplo del impacto de los microplásticos no parece haber movido mucho las posiciones de las corporaciones que basan su actividad en los envases de usar y tirar.

Así pues, se necesitan medidas regulatorias que guíen la acción de estas corporaciones transnacionales e incorporen valores ecológicos y sociales que no se reflejan adecuadamente en los mercados. Por ejemplo en la línea de alinear sus modelos de negocio con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. El 70% de las compañías estudiadas mencionan estos objetivos en sus informes, pero la situación es preocupante cuando dos décadas de aplicación de mecanismos voluntarios de responsabilidad social corporativa no están resultado eficaces para paliar los impactos que genera la actividad de estas corporaciones transnacionales.

Concluye el estudio manifestando que el dominio de las corporaciones transnacionales es una realidad a considerar cuando se requieren cambios urgentes en nuestra relación con los recursos finitos del planeta que habitamos. En esta línea los autores piden superar el planteamiento de la responsabilidad social corporativa para promover una custodia corporativa de la biosfera, incluyendo cuestiones sociales y ambientales, así como el enfoque de cuidado de ese patrimonio común por parte de quienes lo capitalizan.

El objetivo de esa custodia corporativa de la biosfera sería preservar el papel de los sistemas naturales en la calidad de vida de la especie humana, con un cambio en la lógica de los negocios basados en modelos insostenibles de producción y consumo. De este modo, combinando adecuadamente las acciones de las corporaciones transnacionales y políticas públicas efectivas, los esfuerzos hacia la sostenibilidad se acelerarían sustancialmente.

En cualquier caso, como dice Anna Grimau: “haz gestos, los pequeños gestos son poderosos, haz un gesto para preservar el planeta vivo”.

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El IBEX35 en búsqueda del ZeroWaste como estrategia de Responsabilidad Social Corporativa (RSC).

Publicado en: Comunidad ISM » Blogs por J.Vinas. Texto original

La generación de residuos es uno de los retos ambientales más complicados al que se enfrenta actualmente la sociedad. Debido al desarrollo de la misma, el volumen de generación de residuos a escala global sufre un incremento continuo.

El abandono o la gestión inadecuada de los residuos produce impactos notables en los medios receptores y puede provocar contaminación en el agua, en el suelo, en el aire, contribuir al cambio climático y afectar a los ecosistemas y a la salud humana. En cambio, cuando los residuos se gestionan de forma adecuada, se pueden convertir en recursos que contribuyan al ahorro de materias primas y garanticen la sostenibilidad económica, con un efecto positivo sobre la conservación de los recursos naturales y los ecosistemas.

En los últimos tiempos hay 2 términos que se postulan como líderes de audiencia en el sector ambiental: Economía Circular y ZeroWaste.

El modelo de la Economía Circular (EC) persigue invertir la pirámide actual de la gestión de residuos, maximizando las acciones de prevención y valorización de residuos (reutilización, reciclado o valorización energética).

Nos vamos a centrar en el concepto de ZeroWaste, ¿qué representa, y cómo se puede alcanzar?

Llevado a una realidad tangible y que pueda ser entendido fácilmente, el ZeroWaste es un concepto convertido en “movimiento” por el que una persona, grupo, empresa, comunidad o municipio analiza los procesos de generación de sus residuos, y propone medidas para la minimización, reutilización, conversión en “subproducto”, o alcance del “fin de condición de residuos”; estos dos últimos transferidos en base a lo especificado por la Ley 22/2011 de residuos y suelos contaminados, y posteriores modificaciones. Como bien indica su nombre, el objetivo final y real que debería busca este concepto es la no generación de residuos.

Hasta hace pocos años solo había “un puñado” de proyectos que estaban trabajando en la línea del objetivo ZeroWaste. Entre ellos cabría destacar el proyecto ZeroCabinWaste (desarrollado entre Ecoembes, Ferrovial Servicios, Iberia, GateGourmet, y ESCI), que busca 4 objetivos claramente diferenciados:

  • Demostrar que con buenas prácticas de gestión se puede mejorar el sistema actual, facilitando la recuperación y reciclado de los residuos generados en el avión.
  • Demostrar que los residuos de Cat. 1, pueden tratarse de una manera más respetuosa con el medio ambiente, ya que actualmente, por normativa española, el tratamiento para estos residuos, procedentes de países no comunitarios, es el vertedero o la incineración.
  • Disminuir la huella de carbono asociada a la actual generación y tratamiento de los residuos generados en cabina.
  • Replicar el proyecto en el aeropuerto de Heathrow, a través de protocolos estandarizados. Siendo una de las bases de éste su enfoque integral y potencial de replicación.

Lo que sí está claro, es que en los últimos años el número de empresa que trabajan en la línea del ZeroWaste ha crecido exponencialmente. Concretamente los últimos 2 años se han convertido en una carrera frenética para las empresas del IBEX35 por alcanzar el “tan soñado” ZeroWaste; y es evidente que ésta “obsesión” de las multinacionales españolas tiene una causa y unos objetivos, que bajo mi criterio son:

I. El ZeroWaste es un concepto innovador y de Economía Circular, por lo que las empresas lo están considerando como un proyecto clave dentro de la estrategia de marketing, teniendo en cuenta que los conceptos ZeroWaste y Economía Circular juntos, garantizan un impacto significativamente positivo en la imagen corporativa de la empresa desde el punto de vista de la Sostenibilidad.

II. El ZeroWaste se puede certificar en base a una normalización de AENOR. Es un concepto desvirtuado que favorece a la empresa o entidad que se certifica; ya que el nombre da a entender que se consigue la generación de cero residuos, sin embargo, lo que hace es reconoce a aquellas organizaciones que valorizan las distintas fracciones de residuos que generan, dentro del alcance definido, evitando que tengan como destino final la eliminación en vertedero. Este esquema no implica la no generación de residuos sino una gestión organizada de los mismos que permita reducir su generación, prepararlos para ser reutilizados y/o transformar el residuo en materias primas, reintroduciéndolas en la cadena de valor. ​

III. El concepto ZeroWaste, se enmarca en la línea de actuaciones de la OCDE, PNUMA, G20, PEMAR, Unión Europea y España en lo relativo a Economía Circular, lo que da una ventaja competitiva a la empresa o entidad que se certifica en relación a posibles licitaciones de carácter público y/o privado.

Fuere en motivo que fuere, el ZeroWaste es un concepto que está de moda dentro de la RSC de las empresas, especialmente IBEX35, y los defensores del medio ambiente y del sector residuos debemos “estar de enhorabuena”, ya que impulsa la apuesta de las empresas por lo que pronto denominaremos Economía Circular de los Residuos (ECR).

Jonatan es docente del curso Valorización de Residuos que impartimos en el ISM, así que si quieres adquirir más conocimiento sobre el mundo de la gestión de residuos o especializarte en un sector en continuo crecimiento tanto desde el punto de vista técnico como de su mercado laboral, te invitamos a participar en el curso Valorización de residuos

Puedes leer y comentar el artículo completo en Comunidad ISM » Blogs

Más civismo, ¡por favor!

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Si alguna vez has estado un lunes al sol seguro que has visto la escena en algún parque de tu barrio. Se repite después de cada fin de semana, especialmente en primavera, a medida que alargan los días y avanza el termómetro. Un operario municipal (eufemismo para referirnos a una persona subcontratada en precarias condiciones laborales en el contexto del contrato de limpieza adjudicado a una empresa constructora) se pasea recogiendo del suelo latas de bebidas, paquetes de tabaco vacíos y otros residuos varios que se acumulan alrededor de papeleras rebosantes, tirados debajo de los bancos, magistralmente puestos en un equilibrio inestable sobre algún columpio infantil…

Barre las hojas que deja en el suelo el otoño, la marcescencia estival o la plaga de turno. Los folletos publicitarios de la inmobiliaria, las tarjetas que muestran cuerpos sometidos a la explotación más antigua del mundo, los catálogos del hipermercado… Pasa horas arrastrando grandes bolsas que llena y acumula en una esquina del parque, a la espera de que llegue la furgoneta o el camión que llevará esa mezcla de residuos directamente a vertedero.

Cansado de tanto trajín, le llega el turno al arenero donde se ubican los columpios. Sin fuerzas para mover el rastrillo, tapará un poco los excrementos de los perros que libremente han paseado por la zona infantil. Con la excusa del bienestar de sus animales, algunos desaprensivos los sueltan a sus anchas, mientras el móvil les da la coartada perfecta para no darse por aludidos de sus obligaciones higiénicas.

El domingo por la mañana la escena es algo distinta. Las niñas y los niños se manchan de mierda y se cortan con latas oxidadas mientras escavan en la arena. Los progenitores se quejan de la falta de educación de los adolescentes que hacen botellón. Algún abuelo echa la culpa de la suciedad a esos extranjeros que duermen en pisos patera y se pasan toda la tarde vagueando en el parque con tal de no subir a sus casas. Alguien discute con un macarra que achucha a su perro de presa para exhibir ante los colegas la potencia del can.

Alguien clama en el desierto por un poco de civismo. ¿Qué enseñan en los colegios? Necesitamos más educación, que esto no es un estercolero. ¡Por favor! Miren como está todo. Somos unos guarros. Muy guarros.

No le falta razón. Sabiendo que la escena no es nueva, que lleva décadas repitiéndose, me pregunto:

  • ¿Por qué seguimos vendiendo refrescos, cervezas, patatas fritas, pipas, caramelos y todo tipo de productos en latas y plásticos de usar y tirar?
  • ¿Por qué no se incentiva la devolución del envase usado al comercio que vende producto envasado?
  • ¿Por qué los ayuntamientos no exigen a Ecoembes los recursos para recoger adecuadamente los envases adheridos a su sistema que acaban abandonados en calles, parques, plazas y jardines?

Es cierto. Somos unos guarros, en más de 20 años no hemos sido capaces de llevar la bolsa de gusanitos desde el banco del parque hasta el contenedor amarillo. El viento las arrastra y acaban como fósiles modernos que encontramos en un paseo por la playa:

  • ¿Cuánto tiempo llevará esto flotando aquí?
  • Es la marca que comíamos cuando éramos pequeños ¿te acuerdas?
  • Si claro, hace más de 10 años que no los venden con este nombre.

¿Podemos cambiar estas escenas con otros 20 años de educación y concienciación ambiental? Quizá sí. Si enseñamos al Ayuntamiento a trasladar los costes de la limpieza urbana al sistema integrado de gestión al que están adheridos los envases que recoge el empleado de la subcontrata.

Quizá trasladando ese coste al responsable de la puesta en el mercado del producto envasado se liberarían recursos para vigilancia y aplicación de las sanciones previstas en las ordenanzas sobre tenencia de animales domésticos.

Tal vez podríamos enseñarle al distribuidor de bebidas enlatadas que su modelo de negocio genera un problema. Que está muy bien fomentar y favorecer el consumo compulsivo, pero afecta a la salud de las personas y genera una cantidad de residuos que hay que gestionar.

lata de Coca Cola abandonada

Quizá si los envases vacíos se admitiesen de vuelta en los establecimientos que los venden, el operario de parques y jardines podría dedicar su tiempo y esfuerzo a mantener unas condiciones higiénicas en las zonas infantiles. Tal vez esto nos ahorraría los costes sanitarios de tratar los crecientes casos de enfermedades transmitidas desde las heces de perros y gatos a los, cada vez más escasos, niños que juegan en los parques.

Con menos dinero público destinado a recoger envases adheridos al sistema integrado de gestión tendríamos más opciones de instalar y mantener fuentes públicas de agua potable, donde todas las personas podrían beber, sin necesidad de comprar bebidas azucaradas con su correspondiente coste sanitario.

Es más, si los parques pudiesen ser lugares de encuentro seguros para la infancia quizá sería más fácil integrar a todos los niños y las niñas en un modelo de educación inclusivo, donde todos sean parte de la solución. Lo mismo les daba por colaborar, compartir y proponer nuevos modelos de desarrollo más sostenibles.

Necesitamos más educación y civismo para crear círculos virtuosos que nos permitan avanzar en sostenibilidad. Pero no podemos culpar de los problemas complejos a la falta de educación del conjunto de los ciudadanos. Porque, en el tema particular de los residuos, si nos centramos únicamente en pedir más educación y civismo:

  • Exculpamos al que fabrica envases que no se pueden recuperar para el reciclaje.
  • Libramos de su responsabilidad a quien utiliza envases de usar y tirar en su modelo de negocio.
  • Legitimamos a quienes toma decisiones que no mejoran el sistema de recogida y gestión de residuos.

Quizá el civismo que necesitamos pasa por revisar modelos de negocio. Si la estrategia de una empresa pasa por comercializar productos que afectan a la salud, el medio ambiente, la limpieza de las ciudades… tendrá que asumir los sobrecostes que genera.

Somos unos guarros todos. Pero cuando las empresas deciden si sus productos y sus campañas de publicidad sirven a personas responsables o se benefician del incivismo. Y las personas tenemos que movernos dentro de las pocas opciones que nos dejan esas empresas. Eso sí, con educación y civismo.

Puedes leer y comentar el artículo completo en productor de sostenibilidad

Greenwashing? No, thanks! #EA26 26Nov

Publicado en: #EA26 Educación Ambiental por Daniel Rodrigo. Texto original

Texto de Bea Guerra 

El Greenwashing (ecoimpostura o ecopostureo) no es una novedad, pero sí es cierto que como personas consumidoras conviene que sepamos distinguir cuando una empresa está llevando a cabo un “lavado verde” y cuando realmente está cambiando su forma de hacer las cosas.

Se dice del Grennwashing que son aquellas prácticas que llevan a cabo las empresas con el objetivo fundamental de aumentar sus beneficios/ventas mediante publicidad verde pero sin realmente llevar a cabo una transformación real de su gestión haciendo más sostenible su proceso de producción. Lo realizarían todas aquellas que publican que son sostenibles, sin serlo.

Coincidiendo con el Blackfriday, Greenpeace está lanzando una campaña para sensibilizar sobre el consumo excesivo. Más info aquí.

Os suena lo Bio? Lo Eco? Lo Natural?

Este tipo de greenwashing se extendió tanto y fue tan descarado que la Comisión Europea en 2004 aprobó un reglamento comunitario por el que se dejaba claro que los términos eco, ecológico, biológico u orgánico y sus diminutivos solamente se podían utilizar para los productos procedentes de la agricultura ecológica.

Como todas las modas, lo “ecológico” vende, por lo que las empresas más ambiciosas ponen en práctica estrategias de marketing enfocadas a “parecer” más “ecológicas” más “sociales” más “sostenibles” pero sin perder sus beneficios y en muchos casos sin cambiar los procesos productivos que causan impacto en el medio ambiente.

No siempre el Greenwashing es intencionado, a veces es falta de conocimiento de la empresa, a veces no se dice toda la verdad.

A lo largo del tiempo muchas empresas han desarrollado esta práctica (Danone, McDonalds, Apple, Adidas, …) y aunque al principio era Greenwashing, la presión de personas consumidoras y potentes asociaciones, como la mencionada Greenpeace, ha hecho que finalmente entren en el camino de lo sostenible ¿o no?

Y es que en la sociedad, por desgracia, sigue imperando la frase “no es tan importante ser bueno sino parecerlo”.

Es como personas consumidoras, donde tenemos el poder de decidir lo que queremos y no queremos consumir. Lo que no se consume desaparece del mercado, las empresas no están para perder beneficios.

*Dato curioso (vía www.greenpeace.com): Alrededor del 19% de la población española no lee las etiquetas de los alimentos que consume, cuando es necesario para decidir si lo que compras es sostenible: si es ecológico o usa componentes químicos, si es local y contamina menos su transporte…

Por lo tanto, después de leer la etiqueta … no nos dejemos llevar por su color, por el nombre, por alguno de sus componentes, …, analizar la procedencia, el envase, si se ha pagado un precio justo a los proveedores, si los trabajadores tienen un salario digno,… parece complicado, ¿no?

¿Puede un producto que ha recorrido millones de kilómetros ser ecológico? ¿y sostenible?

¿Puede ser ecológico un producto sobre envasado?

Como en todo, cuando más formados e informados estemos, más criterios de selección tendremos y mejor será nuestra elección de un producto. Cuando vayamos a comprar tenemos que comprar conscientes.

Es raro que alguien regale nada sin esperar nada a cambio.

No nos dejemos llevar por las campañas de marketing y analicemos qué hay detrás.

Cuando una empresa insiste mucho en sus “buenas prácticas” pero sigue ofreciéndonos los mismos productos debemos leer la “letra pequeña”.

Cuando una empresa invierte mucho en sus campañas de sensibilización pero da mensajes contradictorios respecto a la generación elevada de residuos hay que sospechar.

Todos podemos contribuir a mejorar nuestro entorno, siempre en la medida de nuestras posibilidades pero siempre se puede hacer un poco más de lo que hacemos, eso incluye a las empresas y a los particulares.

Empezar por mejorar la gestión de residuos, calefacción, iluminación, aislamiento en residencias de ancianos, en escuelas y colegios, en hospitales, en empresas.

  • Pensemos a cuántos sitios vamos donde aún no separan los residuos.
  • Pensemos lo poco que se ha avanzado en aislamiento de algunos edificios.
  • Pensemos en la iluminación excesiva, ahora que llega Navidad.

Queda mucho por hacer en gestión ambiental, pero es más fácil para las empresas llegar a las personas consumidoras a través de campañas de marketing que hablan de salud, naturaleza o bienestar que cambiando y mejorando sus procesos productivos.

Últimas noticias en torno al Greenwashing …

“Una empresa del tamaño de Nestlé debería establecer un estándar sólido para alejarse de los plásticos desechables”, dijo Forbes. “Ya debería saber que los esfuerzos de reciclaje no van a limpiar nuestros océanos, vías fluviales y comunidades. Por el contrario, el negocio de la compañía como de costumbre solo acelerará la contaminación plástica”. Vía https://www.greenpeace.org/usa/news/nestle-aiming-at-100-recyclable-or-reusable-packaging-by-2025/

Te regalan una caja preciosa con “productos naturales” y ….

https://www.esturirafi.com/2018/10/que-es-el-greenwashing-no-todo-lo-verde-es-eco.html

¿Qué os parece esta campaña? ¿Greenwashing o compromiso real?

https://www.nationalgeographic.com.es/promociones/mares-circulares-sostenibilidad-mas-alla-reciclaje_13050

Qué hay detrás de prohibir las bolsas de plástico

https://www.lahipotesisgaia.com/greenwashing-en-los-supermercados/

Por cierto, ¿creéis que en la Educación Ambiental hay Greenwashing? ¿Hay empresas, entidades, “educadoras ambientales” que hacen greenwashing? Si es greenwahing ¿se puede considerar Educación Ambiental?

De todo esto, y más, queremos debatir el próximo día 26 de noviembre en #EA26 

Puedes leer y comentar el artículo completo en #EA26 Educación Ambiental

Mares Circulares: ¿sostenibilidad o propaganda verde?

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Este verano se están publicando contenidos entusiastas sobre la campaña “Mares Circulares” de Coca Cola, una apuesta por la limpieza de las playas y las costas españolas iniciada por la famosa compañía de refrescos. La pregunta que, inevitablemente, me hago es ¿estamos ante una estrategia que nos lleva a avanzar en materia de sostenibilidad? o, más bien ¿es otra campaña de propaganda verde para que sigamos consumiendo compulsivamente sin cargo de conciencia? Si me acompañas, en los siguientes párrafos intento despejar dudas.

Antes de nada recordar que la propaganda verde, esa que utilizan las grandes corporaciones como estrategia para limpiar su imagen, se conoce internacionalmente como greenwashing. Es una herramienta para intentar explotar la creciente sensibilidad medio ambiental de los consumidores dentro de un modelo de negocio fundamentalmente insostenible. Hace algún tiempo María Agrelo escribió un artículo en que explica los distintos tipos de greenwashing. En su momento, Mariana también desgranó los pecados de quienes se disfrazan de verde.  Las enlazo por si quieres ampliar sobre la cuestión y porque son las definiciones que voy a utilizar para analizar la campaña de Coca Cola.

Pero, ¿qué es “Mares Circulares”? Básicamente, un proyecto cofinanciado por The Coca-Cola Foundation de Coca-Cola en España para limpiar nuestras costas y océanos. El objetivo final, fijado para 2025, es recoger el equivalente al 100% de las latas y botellas comercializadas, apostar por la innovación en envases sostenibles y reciclables y fomentar la cultura de la reutilización y el reciclaje. En concreto, para 2018 se proponen recoger 250 toneladas de residuos, 25 de las cuales serán plásticos PET. Se habrán llevado a cabo acciones de limpieza en 80 playas y en todas las reservas marinas de España, y se habrá involucrado a grandes puertos para la recogida de residuos de fondos marinos. Suena bien ¿verdad? Veamos en cuantos puntos caemos en el greenwhasing:

1 Soluciones falsas a problemas reales.

Tenemos un problema real: el exceso de envases de usar y tirar. Más bien el impacto social, económico y ambiental del modelo de consumo basado en envases de usar y tirar. ¿Propone Coca Cola alguna solución a este problema?

A pesar de su campaña “Mares Circulares”, Coca Cola seguirá vendiendo en España productos en envases de usar y tirar que acabarán abandonados en calles, parques, jardines, cunetas, campos y playas. Lleva siendo así desde que Coca Cola, y otros muchos envasadores, dejaron de utilizar envases reutilizables.

Recoger una cantidad en peso de residuos equivalente a la que se pone en el mercado cada año está bien. El problema son las toneladas de residuos que se pusieron en el mercado en las décadas anteriores y han quedado allí abandonadas. ¿Soluciona Coca Cola este problema con su campaña “Mares Circulares”?

Si la corporación se limita a recoger la misma cantidad de envases que pone en el mercado no está solucionando el daño que su negocio ha causado históricamente a nuestros ecosistemas. ¿Será que es precisamente eso lo que se intenta ocultar con esta estrategia de lavado de imagen?

2 Presumir de cumplimiento legal obligatorio:

Resulta que Coca Cola ya está obligada a recoger los residuos de los envases que pone en el mercado. No es una norma nueva, lleva vigente desde 1997. Para los que no la conozcan se trata de la Ley 11/1997, de 24 de abril, de Envases y Residuos de Envases. La he traído más veces a este blog, pero, por si es la primera vez que vienes por aquí te recuerdo la obligación principal de esta norma:

Artículo 6. Obligaciones.

1. Los envasadores y los comerciantes de productos envasados o, cuando no sea posible identificar a los anteriores, los responsables de la primera puesta en el mercado de los productos envasados, estarán obligados a:

  • Cobrar a sus clientes, hasta el consumidor final y en concepto de depósito, una cantidad individualizada por cada envase que sea objeto de transacción.
  • Aceptar la devolución o retorno de los residuos de envases y envases usados cuyo tipo, formato o marca comercialicen, devolviendo la misma cantidad que haya correspondido cobrar de acuerdo con lo establecido en el apartado anterior.

Resulta que Coca Cola tendría que estar haciéndose cargo de los residuos de envases de los productos que vende desde 1997 y lanza una campaña de publicidad en la que se compromete ha encargarse de ellos en 2025. Me disculpen pero creo que ya tengo un veredicto ¿seguimos?

3 Falta de datos.

Uno de los motivos del retraso en la publicación de este artículo frente a la aparición de la campaña es que todavía estoy esperando datos ¿Alberto no vas a escribir sobre “Mares Circulares” en tu blog? Por supuesto, pero quería estar seguro de no meter la pata en esto. Pregunté en twitter sobre los datos y la empresa respondió con su campaña. Sin datos.

¿Cómo sabemos las personas a las que va dirigida la campaña si Coca Cola cumple o no con su compromiso? ¿Cuantos envases pone en el mercado, por tipo de material, la empresa? ¿Cuantos tiene proyectado vender de aquí a 2025? ¿Cuantos ha vendido desde la entrada en vigor de la Ley 11/1997, de 24 de abril, de Envases y Residuos de Envases?

La falta de datos públicos y transparencia sobre el impacto y alcance real es otro síntoma más de que algo falla en la estrategia. Una campaña verdaderamente responsable empezaría por poner esa información sobre la mesa.

4 Responsable, pero solo a medias.

¿Coca Cola va a recoger los residuos? Pues parece que no, que el objetivo de la campaña es que sean ONG, entidades locales, cofradías de pescadores y voluntarios quienes se mojen el culo. La limpieza de playas y recogida de residuos podría hacerse con profesionales pagados por la multinacional de los refrescos, pero no es el caso.

La opción elegida es una estrategia básica de la publicidad: la marca como el centro de la actividad.  En vez de asumir los costes de una solución profesional al problema Coca Cola se posiciona como el voluntariado ambiental en materia de residuos, generando una imagen de compromiso en un público objetivo que viene de casa con una cierta conciencia ambiental y el cargo de conciencia de consumir los productos de una empresa que no es verde ni sostenible.

5 Falsas certificaciones.

Si bien en este caso no hay etiquetas de por medio, la corporación del refresco se ha procurado el apoyo de distintas administraciones públicas y determinadas ONG que empiezan a ser sospechosas habituales en este tipo de acciones corporativas. Todos quieren salir bien en la foto, así que… dientes, dientes.

El problema es que esas ONG están cuidadosamente seleccionadas por su dependencia económica de la industria del envase de usar y tirar o por ser organizaciones que no van a cuestionar el problema de fondo. Es más, recurriendo a ellas Coca Cola se asegura que la información que se levante durante la campaña está a buen recaudo y va a ser tratada y publicada conforme a los intereses corporativos de la empresa.

De esta forma la compañía podrá emitir notas de prensa e informes que parecerán avalados por el activismo ambiental o la ciencia ciudadana, cuando realmente están controlados por la corporación desde el primer minuto.

6 Irrelevancia.

Este es uno de los pecados de todas las campañas de recogida de residuos iniciadas por las corporaciones de la distribución de productos envasados. En el modelo de negocio de Coca Cola está dejar de utilizar envases de usar y tirar, que sería una medida de peso para solucionar el problema.

Y si hablamos de cifras, más todavía ¿Qué son 250 toneladas frente a 20 millones de toneladas?

¿Qué porcentaje suponen 250 toneladas frente al total de los envases abandonados en el mar? ¿Qué son 80 playas frente al total del litoral español? Que sí, que algo es algo. Cierto, menos es nada. ¿Quién se va a quejar de que la empresa que se forra vendiendo envases de usar y tirar utilice voluntarios para ir a recogerlos donde acaban abandonados? La dimensión y el alcance de la campaña hablan de propaganda, no de sostenibilidad.

7 Palabras bonitas.

“Mares Circulares”. La campaña podría haberse llamado Basuraleza, pero ya estaba pillada. Circular es tendencia. La Fundación Ellen MacArthur puso la Economía Circular sobre la mesa y es un término que suena con fuerza ¿Por qué no intentar apropiarse de un concepto bonito para una campaña de greenwashing? Y… El mar. La mar. El mar. ¡Sólo la mar!

8 Solución al final de la tubería.

Si la mayoría de los residuos que hay en el mar provienen de tierra y llegan allí arrastrados por los ríos ¿Por qué no solucionar el problema en el origen? ¿Por qué no prevenir la producción de residuos de envases de usar y tirar en los grandes centros de consumo?

Mientras no cerremos la fuente del problema no lo resolveremos. No es más limpio el que mucho limpia… pero si necesitas que te lo diga Sadhguru, aquí lo tienes: primero limitar los plásticos de usar y tirar. Después podremos recoger los que están abandonados en la naturaleza.

Y ahora… ¿qué?

Está claro, estamos ante una campaña de lavado de imagen verde que no hace que la multinacional sea más sostenible ni soluciona el problema de los envases de usar y tirar. Pero… ¿qué le decimos a Coca Cola? Bien, voy a intentar responder a esta pegunta (otra vez, a ver si así queda más claro) con unos mensajes breves:

Centrar una campaña de publicidad corporativa en un incumplimiento manifiesto de una responsabilidad legal demuestra la escasa capacidad de la compañía de incorporar compromisos ambientales a su discurso.  No en vano sabemos, gracias a aquel famoso Coke Leak, que la multinacional de los refrescos trabaja contra las medidas relacionadas con la salud y el medio ambiente que los gobiernos europeos intentan promover. Que no sea un escándalo mediático demuestra el control que la multinacional ejerce sobre los medios de comunicación.

Precisamente en esta hoja de ruta está el cambio que la corporación tendría que llevar a cabo para mejorar en materia de sostenibilidad: asumir los costes sanitarios y ambientales de su modelo de negocio. En la parte ambiental:

  • Volver a los envases reutilizables: la inmensa mayoría de los envases que comercializa Coca Cola en España son de usar y tirar. No solo las latas y botellas de plástico. También las rediseñadas botellas de vidrio utilizadas en hostelería ¿Te has fijado que las botellas de los bares son cada vez más finas y cada vez es más raro encontrar en ellas las características bandas de rodadura que dejan las cadenas de limpieza y rellenado de envases reutilizables?
  • Disminuir las cadenas de distribución: si ha Coca Cola le preocupa la huella de carbono ¿por qué cierra embotelladoras cercanas a los grandes centros de consumo? ¿Nos hemos olvidado de la polémica con la planta de Fuenlabrada? En una clara apuesta por la economía lineal, la empresa primero cerró y después convirtió la fábrica en centro logístico. Un punto de apoyo para la distribución de envases de usar y tirar. No solo ilustra la incoherencia de su discurso ambiental, también es un ejemplo de cómo la corporación trata a sus trabajadores. Fabricar lejos más barato y transportar muchos kilómetros no es sostenible. Va en contra de la economía circular. Destruye puestos de trabajo y precariza los existentes… Aumenta la producción de residuos y las emisiones de efecto invernadero. Pero eso da igual.
  • Reinventar la forma en la que lleva el producto a los consumidores: la inmensa mayoría de lo que hay dentro de un envase de Coca Cola es agua. Con mucho azúcar y otros ingredientes en una proporción menor. La magia del negocio de la corporación de los refrescos es cobrar a sus clientes es cobrar a 1 euro el litro lo que vale mil veces menos. El agua de grifo te cuesta 1 euro el metro cúbico. ¿Por qué cuando te la mezclan con azúcar, aromas y colorantes pagas mil veces más? Porque va en lata y tiene una etiqueta de Coca Cola. La diferencia es que el agua de los refrescos esquilma el recurso en centros donde cada vez concentra más la producción y recorre miles de kilómetros, con sus pertinentes emisiones de efecto invernadero. Si la empresa tuviese verdadera intención de reducir su huella ecológica en términos de agua y emisiones de efecto invernadero… vendería el producto en polvo para que tú lo mezclases con el agua de tu grifo.

Así pues, a la vista del encaje de la campaña Mares Circulares en las características propias del greenwashing y la existencia de alternativas para abordar el problema real que se intenta ocultar con esta estrategia publicitaria, para mí no es más que eso: publicidad verde.

Una campaña de greenwashing que trata de capitalizar la creciente conciencia ambiental sobre el problema ambiental de los envases de plástico para mejorar la imagen de marca de una corporación que es responsable del daño. Y que no tiene propósito de enmienda.

Y tú, ¿qué crees? ¿Realmente Mares Circulares convierte a Coca Cola en una compañía más sostenible? ¿Es fácil evitar el greenwashing? Tienes los comentarios a tu disposición para compartir opinión, inquietudes y datos para el debate.

Puedes leer y comentar el artículo completo en productor de sostenibilidad

Los detractores del SDDR se trolean a sí mismos.

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

La industria del envase de usar y tirar tiene mucho interés en mantener un modelo de negocio insostenible que llena de basura nuestros ciudades, campos, playas y mares. De vez en cuando se inventa alguna plataforma con la que desviar la atención sobre el problema principal y crear opinión pública favorable a su negocio. También pone en marcha campañas de greenwashing, campañas puntuales para lavar su imagen pero que inciden en mantener un modelo de consumo insostenible.

En ocasiones los dos factores se alinean y pasan cosas como que una supuesta plataforma ciudadana, creada para acosar en twitter a cualquiera que plantee alternativas al modelo actual de gestión de residuos de envases, consiga posicionar imágenes críticas contra dicho modelo en la etiqueta utilizada por la industria del envase de usar y tirar para su siguiente acción de greenwashing.

Desde el verano hemos visto cómo la cuenta en cuestión ataca sistemáticamente a cualquiera que publique información sobre residuos contraria a los intereses de la industria del envase de usar y tirar. El argumentario empleado sale de un cuestionado y cuestionable estudio financiado por la industria del envase de usar y tirar y elaborado por personas afines y con intereses en ella.

La aceptación de la réplica a los últimos ataques de la supuesta plataforma ciudadana a una usuaria de Twitter que reivindica una escuela libre de plásticos ha tenido como resultado que la imagen de la manipulación a la que nos somete la industria de plástico posicione como la primera en los resultados en la búsqueda de imágenes con las etiquetas #libera y #setehacaído, utilizadas para promover la campaña.

Como resultado miles de usuarios de Twitter tienen a su disposición información sobre cómo la industria del envase de usar y tirar manipula su conciencia ambiental para, mediante campañas de voluntariado, ocultar que el problema de los residuos de envases abandonados en el campo se puede resolver desde quienes ponen en el mercado dichos envases y promocionan su uso al aire libre.

El primer tuit reclama que las empresas que ponen en el mercado envases de usar y tirar se aseguren de asumir el coste que implica y no deleguen la responsabilidad de su gestión en voluntarios. El segundo reclama más transparencia e información contrastada frente a la propaganda que dirige el modelo de consumo y las decisiones de los ciudadano.

Estrategia errónea

Tras veinte años intentando responsabilizar al ciudadano del impacto de los residuos o acusarle de falta de conciencia ambiental, la industria del envase de usar y tirar sigue sin conseguir grandes avances en la gestión de sus residuos, por lo que de un tiempo a esta parte se centra en falsear estadísticas y generar falsas noticias a favor de su modelo.

Las constantes crisis de reputación corporativa que genera esta forma de hacer las cosas lleva a la industria a gastar cada vez más dinero en tapar la información crítica y contrastada que profesionales independientes, asociaciones ecologistas, empresas del sector de gestión de residuos, consultorías de sostenibilidad y otros agentes que reclaman cambios en el modelo de gestión ponen a disposición de cualquiera que quiera informarse sobre cómo funciona la gestión de residuos en España.

 

¿Un cambio en la forma de comunicar?

Quizá esta última muestra de las consecuencias de intentar manipular a la sociedad en base a una creciente conciencia ambiental sea el detonante que haga que la industria del envase de usar y tirar cambie de estrategia y empiece a aplicar la transparencia de la que tanto habla pero que, hechos son amores, no sólo no practica si no que obstaculiza activamente.

A modo de ejemplo, seguimos sin saber, entre otras muchas cuestiones:

– ¿Cuantos envases de usar y tirar se ponen en el mercado en España?

– ¿Qué parte del presupuesto del sistema integrado de gestión de residuos de envases va a propaganda para perpetuar un modelo que hipoteca la gestión de residuos?

– ¿Dejará la industria del envase de usar y tirar de acosar con cuentas anónimas a quienes aportan información contrastada al debate de gestión de residuos?

– ¿Cuantas toneladas de residuos de envases desaparecen en los incendios en plantas de gestión de residuos?

– ¿Por qué ahora se intenta crear una corriente de opinión favorable a la nacionalización del sistema integrado de gestión de residuos?

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