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¿Cuántas toneladas de material recuperado se quemaron en 2016?

Extinción de incendio en planta de envases recuperados para reciclar

2016 ha sido un año muy negro para la gestión de residuos en España. Las alarmas saltaron con el incendio de Seseña, poniendo de manifiesto –una vez más- que la complacencia del sector no se corresponde con la realidad. Sin contar la acumulación ilegal de neumáticos, más de veinte instalaciones de gestión de residuos fueron pasto de las llamas en 2016.

Un drama económico, social y ambiental que debería hacernos reflexionar sobre muchas cuestiones. En esta ocasión me voy a centrar en la trazabilidad de la información y los datos sobre reciclaje. Y mi duda es ¿cuántas toneladas de material recuperado se quemaron en 2016?

¿Por qué me planteo esta pregunta? Mira la foto que ilustra la entrada. ¿Qué ves? Toneladas de materiales prensados calcinados. Una gran cantidad de residuos de envases que podrían haberse reciclado pero se encontraron con las llamas. El resultado de todo el esfuerzo de separación, recogida selectiva, clasificación de residuos, prensado y transporte convertido en humo y cenizas. Las opciones de valorizar todos esos materiales volatilizadas justo cuando estaban a punto de dejar de ser residuos para convertirse en materias primas.

Porque el reciclaje no ocurre en el contenedor amarillo. En el momento en que depositamos nuestros residuos en los contenedores empieza un complejo proceso. Tras la recogida los residuos se transportan a una planta de clasificación. Allí, básicamente se separan por tipos de materiales en grandes fardos, balas prensadas… como los de la foto siguiente.

Y esto tampoco es reciclaje: es la recuperación de materiales. A partir de estas plantas de clasificación estos grandes paquetes son transportados a otros centros de gestión donde se vuelven a procesar con el objetivo de mejorar la calidad final del material. De la planta de clasificación salen con un porcentaje importante de impropios, por lo que suelen ir a instalaciones especializadas en el tipo de material mayoritario, de forma que se consiguen calidades atractivas para otras industrias donde sí se utilizarán los residuos como materias primas.

Esas instalaciones especializadas que reciben papel y cartón, latas, bricks, envases de plástico… -tanto de plantas de clasificación de residuos de envases como de otros orígenes- y los procesan para convertir ese material recuperado en una materia prima que cierre el ciclo del reciclaje. El drama es que muchas de las plantas de residuos que han ardido de este verano son de este tipo de instalaciones.

¿Cómo vamos a contabilizar las pérdidas? El material salió como recuperado de las instalaciones de clasificación de residuos -y así constará en las estadísticas de reciclajepero que nunca llegó a cerrar el ciclo: humo, cenizas, lixiviados, escorias a vertedero. Toneladas de plástico, latas, botellas, bricks, cartones… que eran materiales recuperados pasaron a ser impactos ambientales, sociales y económicos. El sueño de la economía circular convertido en su peor pesadilla: la cadena rota por el eslabón más débil.

Y no hay forma de compensarlo. Sí, optimizando la recogida para una mejor gestión de residuos podemos prevenir daños futuros, pero la contaminación causada ya no se puede evitar: paliaremos sus efectos o repararemos los daños… pero el valor contenido en los materiales, el esfuerzo y el talento puestos en su recuperación, esos no volverán. El poder de la colaboración no es sólo hacer campañas publicitarias distrayendo la atención sobre las deficiencias del reciclaje, también toca asumir responsabilidades.

¿Conoceremos algún día cuántas toneladas de material recuperado se quemaron en 2016 sin llegar a reciclarse? Quizá no son un porcentaje significativo del total de los residuos gestionados, pero sería bueno que en futuras estadísticas o informes anuales sobre reciclaje se informase al respecto. Sería una interesante contribución de los agentes de la cadena de valor de los residuos de envases para facilitar el estudio del problema de los incendios en las plantas de gestión y nos ayudaría comprender mejor el problema. Entre otras cosas, porque es la única manera de dimensionarlo y proponer soluciones adecuadas.



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El voluntariado ambiental. Algunos ejemplos y reflexiones

1. Introducción

Llevaba ya tiempo con ganas de escribir sobre el voluntariado ambiental, ya que siendo voluntario ambiental desde hace muchos años, observo con agrado como en los últimos tiempos cada vez son más las personas y entidades que se animan a aportar su granito de arena en distintas causas y actividades que merecen mucho la pena.

Y es que, si bien el voluntariado ambiental no sea quizás tan conocido aún como otros tipos de voluntariado como pueden ser el social, sí que es cierto que cada vez cuenta con más protagonismo. Y ello, a mi modo de ver, se debe a varias causas, que en buena medida también están relacionadas con los beneficios que su práctica aportan:

-Mayor conciencia ambiental de la sociedad en su conjunto (administración, asociaciones, ciudadanía, empresas).

-Mayor y mejor difusión de las actividades a través de Internet y redes sociales.

-Múltiples beneficios que aporta el voluntariado ambiental: cuidado y mejora del propio entorno, socialización, adopción de hábitos saludables, aumento de la autoestima, etc.

A lo largo de este artículo haré un recorrido por algunas de las experiencias que mejor conozco (todas ellas desarrolladas en Cantabria), para finalizar con algunas reflexiones personales sobre aspectos tanto positivos como negativos relacionados con el voluntariado ambiental.

2. Voluntariado ambiental en Cantabria

En Cantabria existen experiencias de voluntariado ambiental (aunque en un principio no se las considerase como tal) desde hace varias décadas, de la mano de colectivos vinculados al movimiento scout y de entidades como ARCA (Asociación para la Defensa de los Recursos Naturales de Cantabria), Bosques de Cantabria, Ecologistas en Acción, Fundación Naturaleza y Hombre, Fundación Oso Pardo, o SEO-Birdlife, entre otras.

No obstante, ha sido en la última década cuando se ha producido una auténtica eclosión del voluntariado ambiental, ya que son miles de voluntarios los que de forma habitual o puntual realizan algún tipo de acción relacionada con la conservación del medio ambiente.

Cartel anunciador de una actividad de voluntariado

Probablemente, las experiencias que más éxito popular han tenido en esta última década han sido el Proyecto Ríos y el programa PROVOCA.

El Proyecto Ríos se desarrolla en Cantabria desde 2007, entendido en un primer momento como un proceso participativo y voluntario para el diagnóstico y la conservación de los ecosistemas fluviales, y auspiciado por el Gobierno de Cantabria. Posteriormente, fue asumido por la asociación Red Cambera y ha llegado a movilizar a miles de voluntarios en la inspección, conservación, y custodia de los ríos cántabros.

Voluntarios del Proyecto Ríos en el río Deva

En cuanto al programa PROVOCA (Programa de Educación Ambiental y Voluntariado en Cantabria) surgió en 2012 impulsado por el Gobierno de Cantabria, como una iniciativa destinada a la ciudadanía en general, existiendo además programas específicos de educación ambiental y voluntariado. Desde entonces, la participación ciudadana en las distintas actividades desarrolladas por una treintena de entidades ha ido en aumento hasta situarse en torno a las 10.000 personas en el año 2015, lo que puede considerarse como una cifra espectacular.

Igualmente es destacable la labor que viene desarrollando el proyecto Explora tu río (Programa de Voluntariado en ríos para las escuelas del medio rural de Cantabria), impulsado por la Red Cántabra de Desarrollo Rural desde 2007. El proyecto, dirigido a la población escolar, ha alcanzado un notable éxito, con la participación de más de 5.000 alumnos de las escuelas de las zonas rurales de Cantabria.

3. Algunas reflexiones sobre el voluntariado ambiental

En este apartado quiero compartir algunas reflexiones sobre el fenómeno del voluntariado ambiental, a raíz de mi experiencia personal en relación al mismo.

Ya en el primer apartado del artículo me referí brevemente a los múltiples beneficios que puede aportar el voluntariado ambiental a quiénes lo practican, y seguramente se podrían añadir bastantes más. Asimismo, quiero hacer referencia a ciertos aspectos que bajo mi punto de vista también pueden entrañar riesgos en relación al auge del voluntariado ambiental:

-Riesgo de dejación por parte de las administraciones públicas competentes.

El hecho de que cada vez más personas se involucren en las actividades de voluntariado ambiental puede llegar a tener el efecto no deseado de que las administraciones públicas competentes en materia de medio ambiente tiendan a no asumir sus obligaciones al respecto. Ilustraré esta idea con un ejemplo: en el caso de Cantabria, numerosas acciones de voluntariado se dirigen a la eliminación de plantas invasoras (uno de los graves problemas ambientales de la comunidad), mientras que aún no existe un plan integral de actuación por parte de las administraciones (si bien se está trabajando en la “Estrategia Regional de Especies Exóticas Invasoras”).

-Riesgo de que dicho auge se convierta en moda pasajera.

La popularización de las actividades de voluntariado, favorecida por las facilidades y medios que tanto las administraciones -el voluntariado suele tener una considerable repercusión mediática- como las empresas -en el marco de la Responsabilidad Social Corporativa- disponen para su desarrollo, puede hacer que quien participe en dichas actividades lo haga de forma puntual y sin interiorizar realmente los objetivos de las acciones desarrolladas, dejando de implicarse cuando no existan tales facilidades y medios.

Para finalizar, quiero desear a todos los lectores del blog un feliz 2017, seguro que con alguno de ellos coincidiré a lo largo del año en alguna actividad de voluntariado ambiental. Nuestro medio ambiente bien se merece ese pequeño esfuerzo por nuestra parte.



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Autorización Ambiental Integrada y mejora continua

La mejora continua es una de las premisas de los sistemas normalizados de gestión, en particular resulta interesante para la sostenibilidad aquellos relacionados con la gestión ambiental. Cuando una organización decide voluntariamente acceder a un esquema de certificación ambiental entra en una espiral que irá mejorando su comportamiento y los resultados relacionados con su desempeño en materia de medio ambiente.

Mediante la aplicación del Ciclo de Deming, normas como ISO 14.001 animan a las empresas a conocerse mejor –identificando sus aspectos e impactos ambientales- y definir una planificación con objetivos y metas ambientales, acordes con la realidad de la organización, que permitan avanzar en resultados tangibles, traducidos en una mejora permanente de su gestión en cuestiones como la prevención del riesgo de causar daños al entorno.

Mejora contínua según UNE EN ISO 14.001:2015

¿Qué pasa con las empresas que deciden mantenerse al margen de las certificaciones ambientales? ¿Existe alguna forma de incluirlas en ciclos de mejora continua similar a la de los modelos normalizados de gestión ambiental? Pues lo cierto es que sí: los sistemas de autorizaciones y licencias han ido evolucionando progresivamente hasta constituirse en mecanismos vinculantes de mejora continua.

El ejemplo más claro de legislación ambiental que obliga a la mejora continua de las organizaciones lo encontramos en la Directiva 2010/75/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 24 de noviembre de 2010, sobre las emisiones industriales (prevención y control integrados de la contaminación) (DEI) y la Autorización Ambiental Integrada (AAI).

La Directiva de Emisiones Industriales (DEI) desarrolla un marco general basado en permisos integrados que tienen en cuenta todo el comportamiento medioambiental de una instalación para evitar que la contaminación se transfiera de un medio, como la atmósfera, el agua o el suelo, a otro. Da prioridad a la prevención de la contaminación interviniendo en la fuente y asegurando una gestión y un uso prudentes de los recursos naturales.

Así pues, para la obtención de la Autorización Ambiental Integrada, las instalaciones cubiertas por el ámbito de aplicación de la Directiva de Emisiones Industriales, deberán incorporar las mejores técnicas disponibles (MTD). Esto se consigue a través del condicionado de los permisos para el funcionamiento de la actividad, incentivando a las industrias a adoptar la fase más eficaz y avanzada de desarrollo de las actividades y de sus modalidades de explotación, de modo que se eviten o reduzcan las emisiones y el impacto en el conjunto del medio ambiente.

La Directiva de Emisiones Industriales, con la finalidad de determinar las mejores técnicas disponibles y limitar los desequilibrios en la Unión Europea en cuanto al nivel de emisiones procedentes de las actividades industriales, prevé la elaboración, revisión y actualización los documentos de referencia sobre las mejores técnicas disponibles (BREF) mediante un intercambio de información con los interesados.

En particular los elementos esenciales de estos BREF, las conclusiones sobre las MTD, constituyen la referencia para el establecimiento de las condiciones de la Autorización Ambiental Integrada. En la propia DEI se recoge que la Comisión debe tratar de actualizar los documentos de referencia MTD a más tardar a los ocho años de la publicación de la versión anterior. Estas actualizaciones se trasladan a las autorizaciones, ya que sus condiciones deben revisarse regularmente y cuando se aprueben conclusiones sobre las MTD nuevas o actualizadas.

Así, en un plazo de cuatro años a partir de la publicación de las conclusiones relativas a las MTD en cuanto a la principal actividad de una instalación, el órgano competente garantizará que se hayan revisado y, si fuera necesario, adaptado todas las condiciones de la autorización de la instalación.

De este modo la Directiva de Emisiones Industriales y su trasposición a la legislación española establecen un mecanismo de mejora continua en el desempeño de las actividades industriales a las que, por su particular incidencia en el medio ambiente, resulta de aplicación la Ley 16/2002, de 1 de julio, de Prevención y Control Integrados de la Contaminación (IPPC).



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La estrategia de Coca-Cola ni es verde ni saludable

Está claro que como para cualquier otra empresa privada, la prioridad de Coca-Cola es ganar dinero. Su negocio también está claro: vender refrescos que, normalmente, llegan hasta el consumidor en un envase de usar y tirar. Es una actividad con un alto impacto en el medio ambiente y en la salud de las personas. Tanto que la Organización Mundial de la Salud recomienda aplicar medidas  para reducir el consumo de bebidas azucaradas y sus consecuencias para la salud.

De acuerdo con el informe, titulado “Fiscal policies for Diet and Prevention of Noncommunicable Diseases (NCDs)”, las políticas fiscales que conducen a un aumento de al menos el 20% del precio de venta al público de las bebidas azucaradas podrían redundar en una reducción proporcional del consumo de estos productos.

¿Reducir su negocio en un 20%? Parece que la empresa de refrescos no está dispuesta a que esto ocurra. O eso se deduce de los correos que se han filtrado en relación a su estrategia global para evitar los impuestos a sus productos. Gracias a estas filtraciones sabemos cuales son las prioridades políticas de la compañía, plasmadas en un gráfico de uso interno:

cokeleak

En función del impacto en el negocio y la posibilidad de materializarse el gráfico refleja distintas cuestiones relativas a aspectos como salud y consumidores, medio ambiente, impuestos, mercado y competencia, responsabilidad corporativa y otros.

Y agrupa todas ellas en tres categorías:

Combatir, donde encontramos cuestiones a punto de materializarse y con alto impacto para el negocio, entre otras:

  • Nuevos impuestos o aumentos de los mismos.
  • Esquemas de responsabilidad ampliada del productor.
  • Aumento en los objetivos de recogida o reciclaje.
  • Sistemas de depósito.

Prepararse, cuestiones con alto impacto en el negocio pero con menor probabilidad de ponerse en marcha pronto, destacando:

  • Restricciones al uso de envases de plástico.
  • Restricciones a la publicidad de bebidas azucaradas.
  • Esquemas de etiquetado con perfiles nutricionales diferenciados.
  • Prohibición de publicidad a niños menores de 12 años.
  • Restricciones al agua embotellada.
  • Restricciones, prohibición o etiquetado obligatorio de Bisfenol-A (BPA.
  • IVA relacionado con la salud.
  • Etiquetado para productos no saludables.
  • Restricciones a la cafeína.

Observar, entre otras:

  • Reciclabilidad obligatoria.
  • Criterios obligatorios de compra pública verde.
  • Criterios de salud en la compra pública.
  • Objetivos obligatorios de reducción de emisiones de CO2.
  • Etiquetado ambiental obligatorio y etiquetado ecológico en alimentos.
  • Medidas de eficiencia energética y en el uso de agua.
  • Normativas sobre el tamaño de los envases y las raciones de comida.

La cuestión no es que la compañía tenga claras las amenazas a su modelo de negocio, la cuestión es que, a pesar de su imagen y su empeño en mostrarse como una empresa socialmente responsable, lucha con todas sus fuerzas contra la legislación que se desarrolla para mejorar la salud de las personas y el medio ambiente.

Su agenda política incluye combatir medidas que pretenden proteger a los niños contra la publicidad de refrescos o alimentos poco saludables, el etiquetado nutricional, los avisos sobre compuestos peligrosos para la salud en los envases, las restricciones en el uso de plásticos, los impuestos propuestos por la Organización Mundial de la Saludo para evitar la obesidad y la diabetes, o medidas sobre recogida y reciclaje de residuos de envases.

Quizá después de leer todo esto te siga apeteciendo un refresco de cola. Pues para un momento y piensa en qué te vas a gastar tu dinero. ¿Se lo vas a dar a una empresa que lo está invirtiendo en luchar contra tu salud, la de tus hijos y la del planeta que habitas?



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Parecidos y diferencias entre ISO 14001:2015 y EMAS III

Unas de las decisiones estratégicas que tienen que tomar las organizaciones que se deciden a mostrar su compromiso ambiental ante terceros es qué esquema de certificación ambiental van a seguir. Existe un amplio modelo de certificaciones: para productos ecológicos, para huella ambiental, eventos sostenibles… en esta entrada me centraré en los principales modelos de certificación de la gestión ambiental: ISO 14001 y EMAS.

Ambos estándares se justifican en la necesidad de una guía que permita a las organizaciones mejorar su comportamiento ambiental y, mediante una certificación o verificación independiente, acceder a un reconocimiento formal como señal al mercado de ese esfuerzo por reducir el impacto al medio ambiente.

ISO 14001 es la respuesta de la Organización Internacional de Estandarización a esta necesidad, mientras que EMAS es la solución adoptada en la Unión Europea para dotarse de un mecanismo de mercado que diferenciase a las organizaciones con mayor compromiso ambiental.

La comparación entre ambos modelos viene de largo. La primera versión del Reglamento EMAS es del año 1993, fruto de una conciencia ambiental europea que presionaba a sus gobiernos e industrias, desde finales de los años setenta, para favorecer un modelo de producción más sostenible. ISO 14001 hereda la tradición del modelo de gestión de la calidad ISO 9001. La primera versión se publica en 1996 como respuesta a la demanda internacional de mecanismos para reducir el impacto de las industrias sobre el desarrollo sostenible, identificada en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en 1992.

Actualmente están en pleno vigor EMAS III -la tercera actualización del reglamento europeo- y la última versión de la norma internacional, ISO 14001:2015. A la hora de decantarse por la implantación y certificación de un sistema de gestión ambiental según uno u otro modelo cabe preguntarnos ¿son igualmente eficaces a la hora de demostrar el compromiso de mi organización? ¿cuál de los dos debería elegir?

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Parecidos entre ambas normas:

  • Ámbito de aplicación: en los orígenes la gestión ambiental estaba reservada al sector industrial, pero ambos modelos han salido de las fábricas para pasar a ser aplicables a cualquier tipo de organización, sea pública, privada, industrial o de servicios. Tanto EMAS como ISO 14001 pueden utilizarse para mejorar la gestión de la Administración, asociaciones sin ánimo de lucro, empresas de servicios…
  • Ámbito territorial: el estándar ISO tiene una clara vocación global desde su origen, es más, es la respuesta a la aparición de diferentes modelos de certificación de la gestión ambiental en distintos lugares. Por su parte, EMAS se ha ido adaptando a un mercado globalizado, dando respuesta a situaciones diversas, tales como empresas con ubicaciones en distintos países de la Unión Europea, organizaciones con sedes dentro y fuera de Estados miembro, así como organizaciones en terceros países.
  • Sistema de gestión ambiental: los dos modelos hacen referencia a la necesidad de controlar procesos para reducir el impacto ambiental de los mismos. El requisito en este sentido es el mismo, en tanto que para acceder a EMAS se pide que la organización cuente con un sistema de gestión y se cita, a modo de ejemplo, ISO 14001.
  • Diagnóstico inicial: uno de los acercamientos recientes de ISO 14001 a EMAS ha sido la incorporación del necesario trabajo previo al desarrollo e implantación del sistema de gestión ambiental. EMAS cuenta con un “análisis medioambiental”, entendido como el “análisis global preliminar de los aspectos medioambientales, los impactos ambientales y los comportamientos medioambientales relacionados con las actividades, productos y servicios de una organización”. ISO 14001:2015 ha incluido la necesidad de comprender la organización y el contexto en el que opera, incluyendo las necesidades y expectativas de las partes interesadas.

Diferencias entre ISO 14001:2015 y EMAS III:

  • Comprobación: ambos modelos se basan en la obtención de un distintivo otorgado por un tercero independiente de la organización. En ISO 14.001 el proceso es una auditoría externa que puede resultar en la certificación de la conformidad del sistema de gestión ambiental con el estándar de referencia. En EMAS ocurre una inscripción en el registro europeo -por parte de la Administración ambiental- previa verificación –por una empresa independiente similar (o la misma) a las que hacen las auditorías para las certificaciones ISO 14001. Así, la verificación –más ambiciosa que la certificación- es el proceso de evaluación de la conformidad -llevado a cabo por un verificador medioambiental- para demostrar si el análisis medioambiental, la política medioambiental, el sistema de gestión medioambiental y la auditoría medioambiental interna de una organización y su aplicación se ajustan a los requisitos del Reglamento EMAS.
  • Cumplimiento normativo: si bien es cierto que desde los borradores de ISO 14001:2015 vimos un avance significativo en lo que se refiere a los requisitos legales. Es más, la redacción actual de la norma internacional no deja lugar a dudas: incluye el cumplimiento de la legislación ambiental como uno de los objetivos del sistema de gestión. La diferencia principal reside en que EMAS  es un modelo público, basado en un registro en el que no pueden entrar las organizaciones que no estén al día con la legislación ambiental. Si una empresa está en EMAS es porque la propia Administración ambiental se ha pronunciado sobre su situación, mientras que el único impedimento para que una organización esté en ISO 14001 sin contar con alguna licencia ambiental es el criterio de la certificadora que concede el sello. Quizá pronto dejemos de ver empresas que incumplen legislación ambiental en ISO 14001, pero, de momento ISO 14001 no es garantía de este sentido.
  • Transparencia: mientras que ISO 14001:2015 sigue dejando a criterio de las organizaciones la posibilidad de ofrecer información al público y a otras partes interesadas sobre sus aspectos ambientales, EMAS establece como requisito la elaboración, validación y actualización de una “Declaración medioambiental”, con información completa que sobre la organización en relación con su estructura y actividades, su política medioambiental y su sistema de gestión medioambiental, sus aspectos medioambientales y su impacto ambiental, su programa, objetivos y metas medioambientales, su comportamiento medioambiental y el cumplimiento de las obligaciones legales aplicables en materia de medio ambiente.

¿Cuál elegir?

La decisión dependerá del grado de información que la organización quiera ofrecer al mercado y otras partes interesadas. Como hemos visto, EMAS es más exigente en lo que se refiere a la transparencia. También en lo relativo al cumplimiento de la legislación ambiental aplicable a las organizaciones.

Mientras que la certificación en ISO 14001 supone un avance importante para las organizaciones que dan el paso de preocuparse por su gestión ambiental, la verificación EMAS demuestra un mayor compromiso con los requisitos y resultados ambientales de la empresa.

Así pues, parece interesante elegir ISO 14001 como instrumento de entrada a la certificación de sistemas de gestión ambiental, siendo EMAS la apuesta de las organizaciones que realmente se plantean mejorar su desempeño ambiental y compartir los resultados alcanzados con todas las partes interesadas.

En la práctica casi todas las organizaciones en EMAS están también en ISO 14001, una tendencia favorecida por las empresas que hacen certificación y verificación ambiental, así como por el hecho de que para estar en EMAS es necesario contar con un sistema de gestión ambiental y la certificación en ISO 14001.

Si quieres ampliar más información sobre los Sistemas de Gestión Ambiental y cumplimiento de la Legislación, el ISM desarrolla diferentes programas formativos al respecto, Especialista en Sistemas Integrados de Gestión: Calidad, Medio Ambiente, Energía y PRL y Sistemas de Gestión Medioambiental y Requisitos Ambientales y Actualización



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¿Podemos evitar los incendios en instalaciones de gestión de residuos?

incendio residuos

Desde que la combustión de los neumáticos acumulados en Seseña diese la señal de alarma, los incendios en instalaciones de gestión de residuos han pasado a la primera plana de la actualidad. Eso sí, algunos puestos por detrás de la devastadora realidad de los incendios forestales donde, desgraciadamente, seguimos perdiendo mucho cada año.

Este verano negro para el sector han ardido unas cuantas plantas de reciclaje de residuos. Pero lo cierto es que antes del interés mediático sobre los incendios en la industria de la recuperación de residuos estos desastres también ocurrían. Si tirásemos de la hemeroteca de sucesos comprobaríamos que todos los años alguna instalación de gestión de residuos se prende fuego.

En toda España son muchas las plantas que se dedican a la recogida, almacenamiento y tratamiento de residuos. Varios miles de ellas dedicadas sólo a materiales no peligrosos. Se trata de una actividad imprescindible para conseguir que aquellas cosas de las que nos desprendemos puedan llegar a convertirse en materias primas. Una parte clave de la manida economía circular. La menos elegante, pero la más necesaria en nuestro modelo de consumo de usar y tirar.

Las causas de estos desafortunados acontecimientos son muy diversas y complejas de estudiar. En parte condicionadas por un modelo de negocio especulativo en el que, para bien o para mal, el beneficio de las empresas que se dedican a la gestión de residuos depende de las fluctuaciones del precio de mercado de las materias que recuperan. El resultado es que el negocio se basa, al menos en parte, en la capacidad de almacenar grandes cantidades de una cierta variedad de materiales a la espera de que se paguen unos céntimos más por cada kilo que se venda. La diferencia en 10 toneladas puede ser importante. Pero el riesgo de juntar toneladas del plástico, papel, cartón, en montañas separadas por tipos de plástico o calidades de papel -en ocasiones cerca de materiales inflamables y comburentes- está presente: grandes cantidades de material combustible que cuando empieza a arder tarda días en ser apagado.

incendio chatarra

También influye la escasa percepción del riesgo: ni los trabajadores ni los responsables suelen tener una adecuada conciencia del peligro de incendio en sus instalaciones. La experiencia del día a día, en la que nunca pasa nada, nos mantiene abstraídos de la realidad, hasta que pasa. Incluso, cuando ocurrió algo relativamente grave, circunstancialmente se pudo solventar de una manera más o menos afortunada: que si una pila de residuos de un material ignífugo que impidió que un conato de incendio pasase a mayores, que si el desprendimiento de chatarra que apagó una paca de papel ardiendo… Pero, si analizásemos los sucesos podríamos comprobar que, en ocasiones, todas las circunstancias soplan a favor de las llamas: incendios que se inician de madrugada cuando no hay nadie para detectarlos a tiempo, que ocurren cuando falla el sistema de extinción de incendios, que si el aljibe del polígono está sin agua en el peor momento…

La sombra de la intencionalidad planea también sobre estos incendios. Así pues, cuando queda la duda de que el incendio es provocado la lista de sospechosos es interminable: la feroz competencia, clientes insatisfechos, empleados quemados, antiguos trabajadores, despidos más o menos recientes, vecinos insomnes…

Se trata de un negocio con muchos incentivos perversos. De vez en cuando alguien mete mano en los residuos para sacarse un sobre sueldo y acaba quedándose sin la nómina con la que pagaba las facturas. Sisar preservativos destinados a destrucción para ponerlos ilegalmente en el mercado es suficientemente grave como para que intervenga la Policía Nacional, pero la tentación de desviar al mercadillo todo tipo de productos descartados en procesos de fabricación o vender de segunda mano los equipos enviados a destruir por la empresa que confía en la que los recoge, está a la orden del día. ¿Cómo influye en el predio del mercado del reciclaje la desaparición de una buena pila de neumáticos?

Neumaticos de Seseña ardiendo

El caso es que es difícil combatir los incentivos perversos y, sobre todo, los incendios provocados, pero sí se pueden dar soluciones para mejorar la prevención y gestión de riesgos en plantas de reciclaje:

  • Gestionar los riesgos: me consta que varias de las empresas de reciclaje que han ardido este verano contaban con sistemas certificados, al menos, en los modelos ISO 14.001 e ISO 9.001. ¿Es suficiente? Contar con sistemas de gestión normalizados no parece garantía para evitar que una fábrica salga ardiendo. Son una buena herramienta para identificar, evaluar y gestionar los riesgos, siendo esa la función que deben cumplir, en tanto que un incendio en la instalación tira por tierra en unas pocas horas la labor de prevención de contaminación llevada a cabo en el día a día durante décadas. Nos corresponde a todos los implicados, consultores, auditores y responsables de sistemas de gestión hacer un mayor esfuerzo para que el certificado realmente aporte valor a las empresas, a ser posible previniendo accidentes como los incendios.
  • Mirar al futuro: muchas de las empresas de gestión de residuos en España son empresas familiares con una interesante historia de superación y emprendimiento. Un abuelo con una carreta tirada por mulas que llevaba cosas de un lado para otro, un hijo que empezó a tratar con empresas y un nieto exitoso que cada año incorpora más camiones a una flota que no para de crecer. Todos ellos luchando contra requisitos legales que no terminan de asimilar. Que ponen en riesgo la continuidad de su negocio concentrando un alto porcentaje de su actividad en un único y caprichoso cliente. O respondiendo a propuestas de consultoría con un “eso siempre lo hemos hecho así”. Evidentemente, nadie conoce mejor su empresa que quien la funda y mantiene, pero hay que estar atento a muchas señales: evitar el pan para hoy y hambre para mañana es el reto de un sector que amortiza a largo plazo las decisiones tomadas para aprovechar oportunidades fugaces en una realidad que cambia muy deprisa.
  • Cubrir las instalaciones: tratar los residuos es una actividad sucia y ruidosa. Nadie la quiere cerca de su casa, tanto es así que está plagada de ejemplos del llamado efecto “NIMBY”. Tradicionalmente se ha ejercido lejos de los núcleos urbanos y a cielo descubierto, en tanto que el escaso margen de beneficio sólo permite hacer la actividad en suelo barato y con la mínima inversión. Pero la especulación y la falta de una planificación urbanística adecuada complicaron las cosas: nuevos desarrollos urbanísticos con preciosos ventanales asomando a los ruidos, olores y partículas de la vieja chatarrería -que se ha convertido en un centro de clasificación de residuos trabajando a pleno rendimiento-. Pero claro, el político que no fue capaz de organizar el crecimiento de la ciudad tampoco está legitimado para pedir al gestor de residuos que haga sus actividades en naves cerradas. Y el conflicto está servido. Quizá hubiese sido más difícil incendiar el montón de cartón si hubiese estado cerrado bajo techo, pero la experiencia demuestra que las llamas saltan muros.planta tratamiento de residuos incendiada
  • Aumentar las inspecciones: las empresas de gestión de residuos están sometidas a legislación ambiental, de seguridad industrial, laboral… una cantidad importante de requisitos que no haría falta seguir ampliando o complicando si tuviésemos una inspección eficaz que obligase a todos los operadores a realizar sus actividades conforme a las mismas reglas. El cumplimiento de la normativa tampoco es suficiente para evitar los incendios en instalaciones industriales, pero un aparato de inspección y -sobre todo-sanción adecuado ayudaría a incorporar en el día a día unos requisitos legales que, supuestamente, se han establecido para reducir el riesgo de causar daños al entorno y a la salud de las personas. Y para sacar del tablero a esa competencia desleal que daña al sector operando sin respetar las reglas del juego.
  • Responsabilizar a toda la cadena de valor del residuo: desde los productores de residuos que no quieren asumir el coste ambiental y social de la ineficiencia de sus procesos a sanciones para los auditores que aceptan información contable inexacta y no contrastada. La generación de residuos es el resultado de toda la cadena de valor del proceso productivo y no basta con repercutir sus costes al precio final del producto o buscar la forma más barata, por irresponsable que sea, de desprenderse de los residuos. Colaborar con los que retiran, clasifican y preparan la basura para que pueda ser utilizada como materia prima debería ser una prioridad en cualquier actividad económica.
  • Mejorar la trazabilidad de los datos: por más que se repita en grupos de trabajo y llenemos las memorias de sostenibilidad de la palabra trazabilidad, la información en materia de residuos brilla por su opacidad. Hasta el extremo de que, en ocasiones, los titulares de las plantas no saben qué tienen almacenado en ellas con un grado de precisión adecuado para el eficaz desarrollo de las labores de extinción de incendios. Los incentivos perversos en este ámbito son muy variados, desde cuestionar las estadísticas oficiales con intereses particulares a escamotear al fisco. La Unión Europea acaba de dar un toque al respecto a cuenta de la correcta identificación de los residuos en la documentación de traslados. Pero por muy ilícito que sea, ¿por qué asignar un código que corresponde a mi residuo si luego en destino no me lo aceptarán? Mejor que lo coja el siguiente de la cadena como buenamente pueda y… bueno ya veremos qué pasa.
  • Reconocer el lucro: como cualquier otra actividad económica, la gestión de residuos se realiza con ánimo de lucro: invertir en instalaciones y maquinaria, pagar nóminas, seguros sociales e impuestos… La gestión de residuos es un negocio y sólo debería ser sucio por la materia prima con la que trabaja. Deberíamos estar orgullosos de esta actividad y reconocer que, para que sean posibles nuestro modelo de consumo y la –tan deseada- economía circular, necesitamos gente a la que le salga rentable realizar las tareas que implica recuperar materiales para su reciclaje. Dignificar un negocio que nos libra de estar cubiertos de mierda hasta el cuello.

extinción incendio residuos

El incendio, a parte de la desafortunada pérdida para el empresario y sus trabajadores, tiene consecuencias que afectan al conjunto de la sociedad y la actividad económica: contaminación (con emisión de sustancias peligrosas que pueden afectar a la salud desde la atmósfera, el agua o el suelo), pérdida de materiales (que ya habían sido recuperados del flujo de residuos) y recursos (todo el esfuerzo invertido en recuperar esos materiales).

Corresponde a los empresarios del sector tomar las decisiones adecuadas para una correcta gestión basada en la prevención de riesgos para su modelo de negocio, sus empleados y el entorno en el que operan. Pero todos y cada uno de nosotros –profesionales y particulares- podemos aportar para que la actividad de gestión de residuos sea un negocio digno y del que nos acordemos también cuando funciona con normalidad, sin levantar inmensas columnas de humo visibles a kilómetros de distancia.

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