Archivo de la categoría: Gestión Ambiental

NUEVO PASO ATRÁS QUE PROLONGA LA ESPERA DEL CAMBIO, Y MIENTRAS… LLEGA EL DÍA MUNDIAL DEL MEDIO AMBIENTE

Publicado en: Trabajar en Gestión Ambiental por Verónica García Correa. Texto original

Parecía que el mundo empezaba por fin a cambiar. Tanto a nivel político, como social y empresarial se empezaban a vislumbrar buenas iniciativas para darle la vuelta o al menos empezar a frenar este desastre ambiental que, desde hace muchos años, venimos generando por la inconsciencia total del ser humano. Movilizaciones ciudadanas para reclamar un […]

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Reutilización de aparatos electrónicos y brechas digitales.

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Otra de las realidades que está ilustrando la pandemia de COVID-19 es la de la brecha digital. Unos cuantos privilegiados tenemos la opción de seguir con cierta normalidad nuestra vida gracias al teletrabajo y las video llamadas. Evidentemente no es una opción para muchas ocupaciones que dependen de un material o un espacio físico concreto para llevar a cabo su actividad, pero es una salida para parte del sector servicios, la administración o la formación y permite, en otros ámbitos, mantener relaciones estratégicas entre proveedores y clientes.

Requiere organización e infraestructura. Y ni todas las empresas que podrían estar funcionando telemáticamente tienen capacidad de organización que se requiere para mantener la productividad a distancia, ni todas las personas cuentan en su casa con una conexión a Internet y un equipo adecuados para teletrabajar o seguir un curso a distancia.

Tanto el modelo de consumo como las limitaciones económicas hacen que en muchos hogares la única conexión disponible para una familia completa sea la tarifa de datos limitada de una línea de telefonía móvil. Y el único dispositivo con el que realizar tareas escolares o trabajos a distancia el propio teléfono asociado a esa tarifa.

En condiciones normales, con el trabajador acudiendo a diario a su puesto de trabajo o el alumno en su centro educativo, esta brecha no se manifiesta. Si hace falta un ordenador para el trabajo estará en la sede que acoge la actividad laboral. El aula de informática del colegio o el instituto tiene los equipos necesarios para resolver las necesidades de la asignatura que requiera el uso de ordenadores o conexión a Internet.

A las malas están los espacios públicos de conexión. El locutorio-cibercafé, la biblioteca municipal, la casa del compañero que sí tiene ordenador con Internet… en condiciones normales siempre hay alguna forma de completar las limitaciones domésticas de equipos y conectividad cuando surge una necesidad concreta.

Pero si nos quedamos confinados ¿cómo hacemos? Sin equipos informáticos, sin programas ofimáticos… ¿Cómo se teletrabaja? ¿Cuánto cuesta asistir a una clase por videoconferencia o ver  los documentales que recomienda el profesor sin tarifa plana de conexión a Internet con banda ancha?

Quizá la conexión es más compleja de resolver. Requerirá de revisar la forma en la que se consigue el acceso a algo que se nos antoja básico y casi imprescindible. Estructurar una conexión universal a Internet, para todos y en todas partes. Por lo menos unos mínimos que permitan hacer realidad ese teletrabajo en toda la España desconectada, coincidente en gran parte con la España Vaciada, que varios meses al año ni siquiera dispone de líneas de teléfono convencional con la que comunicarse con el resto del mundo. Tal vez una infraestructura de red educativa, quizá en manos de la Administración, que permita a toda la población escolarizada estar en contacto y acceder a contenidos de Internet relevantes para su formación.

La otra parte, el error de cálculo que nos hacía suponer que profesores y alumnos disponían en sus hogares de equipos y software para seguir el curso on line como si nada, se puede solucionar sobre la marcha. O se debería poder solucionar.

Más allá de las medidas de “coronawashing” que hemos visto estos días, con bonitos gestos para salir en la foto pero que están lejos de llegar a todos los que necesitan soluciones, deberíamos utilizar la infraestructura de la que ya disponemos. Y en el ámbito de los equipos informáticos la legislación sobre residuos de aparatos electrónicos debería ayudarnos. Especialmente el punto donde se habla de la importancia de la prevención para la reutilización.

Si el sistema de recogida y tratamiento de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos funciona como debería, en este mismo momento habrá miles de equipos plenamente funcionales almacenados en los sistemas de recogida y recuperación que, de forma obligatoria, los distribuidores de electrodomésticos tienen que tener en marcha desde hace más de una década.

Sí, hablo de un Real Decreto 110/2015, de 20 de febrero, sobre residuos de aparatos eléctricos y electrónicos que regula cómo y dónde tendríamos que estar dejando nuestros viejos ordenadores y cómo se documentan las entregas de estos equipos en su gestión, bien para la reutilización bien como residuos.

Si se estuviese aplicando correctamente, las distintas administraciones competentes estarían en situación de conocer la cantidad de equipos listos para reutilización o con componentes disponibles como piezas para reparar o montar otros circulan por los sistemas de responsabilidad ampliada del productor. De una forma relativamente sencilla deberían poder recopilar de los centros de preparación para la reutilización y las instalaciones de tratamiento esos equipos.

En un momento donde la responsabilidad corporativa y los Objetivos de Desarrollo Sostenible asoman a las campañas publicitarias de las grandes corporaciones y parecen iluminar la hoja de ruta, deberían sobrar iniciativas con las que esos equipos que iban camino de la trituración se recuperasen para una imprescindible función social.

El llamamiento a sacar del fondo de los armarios y los cajones de los más privilegiados los portátiles, móviles y tabletas que han sustituido recientemente y que podrían ser destinados a quienes los necesiten en este momento debería ser un clamor.

Podríamos tener a cientos de voluntarios que, no saben coser o no tienen impresoras 3D en casa pero que quieren ayudar y se manejan con la tecnología, instalando -en esos equipos a reutilizar– soluciones de software libre que atienden las necesidades concretas que profesores y alumnos tienen en estos momentos de crisis sanitaria, social y ambiental.

¿Realmente estamos preparados para plantear soluciones con los recursos disponibles? ¿Podemos experimentar nuevas formas de economía circular y responsabilidad corporativa en tiempos de pandemia? ¿Seguimos de brazos cruzados esperando a que el insostenible modelo de consumo que nos ha traído aquí nos lleve a otra parte?

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LA FORMA MÁS FÁCIL DE EMPEZAR CON TU SISTEMA DE GESTIÓN

Publicado en: Trabajar en Gestión Ambiental por Verónica García Correa. Texto original

Suele pasar que a veces, a pesar de los amplios conocimientos que podamos tener de una tarea, de un trabajo que debamos realizar, cuando queremos empezar a ejecutarlo, nos quedamos bloqueados porque, aun sabiendo todo el camino a recorrer, no sabemos por dónde empezar. Esto también pasa cuando nos toca empezar con la gestión ambiental […]

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Madrid GreenWashing Capital

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

En los días previos a la celebración de la 25.ª conferencia de las partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP25) Madrid se ha llenado y nos bombardea de publicidad verde con el reclamo “Madrid Green Capital”. Resulta, cuanto menos, curioso porque “Green Capital” es un sistema para el reconocimiento del comportamiento ambiental global de una ciudad. Un galardón creado y gestionado por la Comisión Europea.

La COP25 de Madrid, que tenía que haberse celebrado en Chile, empieza con la ciudad anfitriona autoproclamándose una cosa que no es. Y para ello utiliza un distintivo verde que podría llevar a la confusión sobre las condiciones ambientales y la calidad de vida de las personas que habitan la capital española. Porque los objetivos del premio “Green Capital” son:

  • Reconocer a las ciudades con un historial acreditado de consecución de objetivos ambientales ambiciosos.
  • Fomentar el compromiso de las ciudades con la realización de importantes mejoras ambientales y con el desarrollo sostenible.
  • Ofrecer un ejemplo que inspire a otras ciudades y promover las mejores prácticas y experiencias de las ciudades europeas.

Desgraciadamente para las personas que vivimos en esta ciudad, Madrid no entra en ninguna de estas categorías. Muy al contrario podríamos regodearnos en un historial de despropósitos ambientales que van desde reubicar las estaciones de medición de la calidad del aire para romper las series históricas de datos a la eliminación de carriles bici. Por no entrar en la recogida y tratamiento de residuos, la falta de inversión en el comercio local y de proximidad, las deficientes políticas de arbolado urbano, la escasa electrificación del parque móvil, las carencias del transporte público y su precio, o la escasa apuesta por la explotación de los recursos solares y eólicos en los edificios de la ciudad.

Lo malo de esto no es tanto que la mayoría de los representantes de los madrileños demuestren tener poca o ninguna idea en materia de medio ambiente. Digo la mayoría de los representantes porque me consta que algunos están muy bien formados y que en casi todos los grupos hay grandes profesionales de la sostenibilidad que, o bien no son escuchados por los líderes de los partidos, o bien no han llegado a tiempo a evitar el GreenWashing que tanto nos perjudica a todos.

Lo peor es que esos líderes políticos se rodean y arropan de partes interesadas en mantener la situación que nos ha traído a la crisis social, económica y ambiental en la que estamos. No hablo sólo de negacionistas de la emergencia climática. También de grandes corporaciones transnacionales que favorecen este tipo de lavados de imágenes. Me conformo con recordar a aquella que, tratando de posicionarse como proveedor para lo que tendría que ser el despliegue tecnológico de la “smart city”, nos intentó convencer de que Madrid es más sostenible que Vitoria en el año en que esta última obtuvo el reconocimiento como “Green Capital”.

Greenwashing de libro: se intenta crear una imagen que no se corresponde con el verdadero compromiso ambiental de la ciudad, se utiliza un distintivo engañoso para vincularse a iniciativas sostenibles… Lo importante era hacerse la foto y ya está. Si la COP25 es un nuevo fracaso, siguiendo la senda marcada por el Acuerdo de París, eso ya da igual. Políticos y corporaciones se han vuelto a poner una etiqueta verde sin hacer nada por mejorar la calidad de vida o las oportunidades de las generaciones presentes o futuras.

Me metería con la agenda de actividades de la Madrid GreenWashing Capital, pero quizá es volver a dar publicidad a más de lo mismo: la industria del envase de usar y tirar copa directamente o a través de las organizaciones que financia, una parte importante del programa que se ofrece a los ciudadanos durante los días de la COP25.

A pesar de todo trataré de ser optimista. Todavía me dura el chute del encuentro con Jeremy Rifkin. Si no me encuentran estos días de COP25 es porque me habré encerrado con el último libro del autor “El Green New Deal Global”, disfrutando de la ilusión de leer que el sistema financiero global realmente ha visto la necesidad de superar la economía basada en el carbón y tratando de encontrar cómo puedo contribuir con mi granito de arena en esa transformación económica que nos toca vivir.

La imagen que ilustra este post se la he cogido sin permiso del twitter de Juan López de Uralde.

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El reciclaje no es economía circular.

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Cadena rota por el eslabón más débil.

Vivimos un modelo de producción y consumo basado en fabricar, comprar, usar y tirar. Un modelo lineal que lleva al agotamiento de los recursos naturales y a un fuerte impacto por la cantidad de residuos que generamos. El reciclaje se nos ha presentado como una receta mágica, la panacea, que resuelve todos los problemas. Pero no es así.

Una vez convertidos en basura, los productos que tiramos requieren de procesos de recuperación y costosos tratamientos que permitan, parcialmente, recuperar algunos materiales y convertirlos nuevamente en materias primas. Es más, esas materias primas procedentes de nuestros residuos compiten con las extraídas directamente de la naturaleza, que suelen venir de fuentes más baratas en términos monetarios.

Ahora es el Foro Económico Mundial quien nos alerta de que para construir una economía circular debemos descartar el reciclaje. El reciclaje tiene sentido en una economía lineal de usar y tirar, donde los fabricantes se desentienden de las externalidades de los productos que ponen en el mercado.

Pero si queremos reducir los impactos económicos, ambientales y sociales de ese modelo y pasar a una economía circular, debemos superar esta solución de final de tubería que sólo afecta a las basuras una vez generadas.

Uno de los principales retos de la economía circular es conseguir gestionar los recursos limitados de nuestro planeta para evitar el colapso al que nos lleva el despilfarro en el que se sustenta el modelo de usar y tirar. Las prioridades deberían pasar, precisamente, por la prevención. El coste (social, económico y ambiental) de recuperar un producto y repararlo es mucho menor que el de fabricarlo nuevo desde sus residuos. En caso de que esto fuese posible: el reciclaje no siempre es económica o energéticamente viable.

El reciclaje es necesario para reducir el impacto de los residuos, pero no mantiene ni aumenta el valor de los productos fabricados y, para la buena parte de los materiales residuales, no consigue cerrar el ciclo. Necesitamos reciclar más y mejor, pero sólo como una etapa de transición a una verdadera economía circular, basada en la prevención y en la reutilización.

La economía circular no se basa en el reciclaje porque su producción se diseña para que los productos puedan reutilizarse varias veces, no para que se conviertan en residuos. La esperanza de vida de los productos se alarga con mantenimiento, reparación, redistribución, reacondicionamiento o ciclos de remanufactura, evitando su entrada en el ciclo de reducción de valor y alto consumo de energía que supone el reciclaje.

Reparar aparatos electrónicos es una forma de evitar que se conviertan en residuos.

Igualmente, el reciclaje ocurre con grandes desplazamientos de materiales a lo largo de todo el planeta que podrían prevenirse cerrando los ciclos de producción y consumo cerca de los usuarios de los productos.

Por otro lado, las políticas de producto basadas en estrategias de reutilización, redistribución o remanufactura implican incluir una variable clave en la reducción del impacto del modelo de producción: la durabilidad, reduciendo los costes y los riesgos de producir para usar y tirar frente a planificar productos duraderos, donde el valor se consigue en su mantenimiento a largo plazo.

La economía circular, mediante el análisis de las cadenas de suministro- se debería apartar de las actividades que devalúan los productos y los materiales, como el reciclaje, y enfocarse a la reutilización y la remanufactura que ayudan a mantener o incrementan su valor. Este enfoque aporta al mercado de trabajo empleos más sostenibles, para cuya creación no se requiere un mayor consumo de recursos, en tanto que se basan en el mantenimiento -dentro de la economía circular- de los productos que ya se han fabricado.

Así pues, cuando pensamos en economía circular debemos evitar relacionarla con el reciclaje y buscar modelos que permitan aumentar el ciclo de vida de los productos, evitando que se conviertan en residuos mediante un diseño enfocado a extraer valor alargando su vida útil. Esto permitiría reducir el consumo de recursos y energía necesario para fabricar productos nuevos, desplazando mano de obra desde la extracción y el reciclaje a la reutilización y el mantenimiento de productos, en una economía circular bien entendida con oportunidades para todos.

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¿Quién y cómo se encarga de retirar los contenedores de colores de mi centro de trabajo?

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Últimamente proliferan las papeleras de colores por todas partes. La conciencia ambiental crece y empezamos a tomarnos en serio la recogida selectiva de residuos. Y de vez en cuando surgen dudas ¿Quién es el responsable de esos contenedores de plástico de la oficina? ¿Qué hace con ellos? ¿Es Ecoembes? ¿Hay que pagar para que los retiren? ¿Son los Ayuntamientos de cada lugar?

Papeleras de reciclaje azul y amarilla de ecoembes

Estas preguntas no admiten una respuesta rápida y sencilla, pero voy a intentarlo. Si hay residuos especiales o peligrosos la cosa se puede complicar, pero lo normal es resolverla directamente con un gestor especializado en este tipo de materiales. Nos quedamos con el caso de residuos no peligrosos.

Todo lo que tiene que ver con residuos está legislado desde finales de los años noventa. La normativa vigente establece, muy básicamente, que las actividades que generan residuos tienen que asumir su gestión. Luego, la respuesta a quién se encarga de las papeleras sería que la propia empresa que genera los residuos, es su obligación legal.

Lo deseable sería contar con especialistas que conociesen esta legislación y optimizasen los procesos de la empresa para dar cumplimiento a los requisitos que establece, pero, como en muchas cuestiones ambientales, parece que la gestión de residuos es una cosa opcional que se deja en manos de gente con buena voluntad. Eso es importante pero insuficiente, sobre todo si el compromiso con la sostenibilidad es real y se pretenden hacer acciones de responsabilidad corporativa que, como mínimo, deberían ser conformes a la legislación ambiental vigente.

El cómo depende de muchos factores. No es lo mismo que los residuos se generen en un despacho de un edificio de oficinas, en una nave de un polígono industrial o en un taller a pié de calle. Tampoco es lo mismo estar en una gran ciudad que en un pequeño núcleo rural. Habría que ir municipio por municipio a ver qué dicen las ordenanzas locales y qué tipo de acuerdos hay entre las empresas y el Ayuntamiento en relación a la gestión de residuos. En cualquier caso, desde el punto de vista legal, el encargado de vaciar los contenedores de los diferentes puntos de trabajo es la empresa a la que están vinculados esos puestos de trabajo en los que se generan los residuos. Vista la teoría… ¿qué pasa en la práctica con esos contenedores?

Quizá un servicio o contrata de limpieza retira esos contenedores. En función del contrato entre la empresa que genera residuos y el servicio de limpieza el destino de los residuos será uno u otro. Lo importante es identificar el flujo para entender a dónde van a parar. Si estamos en un entorno urbano, puede ocurrir que el Ayuntamiento acepte (quizá por un módico precio o previa autorización) en la recogida municipal una parte de los residuos de la empresa. En este caso hay que asegurar que el camino de las papeleras a los vehículos municipales de recogida permita mantener esos residuos separados ¿Cuenta la contrata de limpieza de oficinas con recursos (humanos, económicos y materiales) para hacer esto posible?

Desgraciadamente es relativamente común que todas las papeleras de una oficina, tengan el color que tengan, acaben juntas en una bolsa grande de basura de un único carro de limpieza. Sí, hemos concienciado a los trabajadores y les hemos puesto papeleras compartimentadas para separar la basura que generan en el puesto de trabajo. Pero si lo que se paga a la contrata de limpieza sólo da para un sueldo precario por horas, quizá la persona que vacía esas papeleras no tendrá la oportunidad de seguir manteniendo los residuos separados.

O tal vez sea una cuestión estructural. Si bien puede ser un requisito legal establecido en la normativa municipal, muchos edificios de oficinas no tienen contenedores separados para depositar esos residuos. Las personas encargadas de la limpieza llegan con distintos carros a un cuarto de basuras en el que sólo hay un contenedor común para todos los residuos ¿qué hacen entonces?

Cuando el Ayuntamiento no presta el servicio de recogida, la empresa, o la propiedad del edificio, contratan directamente la retirada con un gestor de residuos, normalmente un transportista que lleva la basura a alguna planta autorizada. En estos casos (centros comerciales, polígonos industriales, grandes eficicios de alquiler) es frecuente disponer de un contenedor compactador en el que se mezclan todos los residuos. Después se someten a un tratamiento, más o menos automatizado, para separar distintos tipos de materiales: preparar para reciclaje lo que se pueda recuperar o destinar a eliminación aquello que no tenga valor de mercado.

Ecoembes es el sistema integrado de gestión de envases ligeros. Es un mecanismo mediante el cual las empresas que ponen en el mercado envases de usar y tirar asumen su responsabilidad sobre los residuos que generan esos envases. Simplificando mucho, la legislación define una responsabilidad ampliada del productor que obliga a quien pone en el mercado productos que con su uso se convierten en residuos a asumir los costes de la retirada y tratamiento de esos residuos.

En la práctica el sistema deja mucho que desear y lleva unos años cuestionado, siendo la respuesta de Ecoembes realizar cada vez más acciones de publicidad. Una de ellas consiste en inundar los lugares de trabajo, organismos púbicos, centros de enseñanza y lugares de ocio de papeleras de colores con su logotipo.

La papelera amarilla de la oficina llena de cualquier cosa.

Una acción de imagen de marca y emplazamiento de producto, pero poco eficaz en la gestión de residuos y contraproducente en lo que se refiere a concienciación ambiental. Que yo sepa, Ecoembes regala las papeleras, pero no las recoge. Ni dota a los usuarios de recursos para garantizar que el contenido de esas papeleras acabe en un contenedor de recogida selectiva o en una planta de tratamiento de envases.

Para lo que están sirviendo esas papeleras en lugares donde no hay recursos para un servicio de limpieza eficaz o donde la basura se retira toda junta en un mismo contenedor compactador es para ilustrar la excusa “para qué separar si luego lo mezclan todo”. Aquí tiramos las cosas en las papeleras de colores pero los de la limpieza lo juntan todo.

Y el ejemplo se ha visto en la oficina, en el centro comercial, en el colegio de los niños y en la Consejería de Medio Ambiente. “Mira, mira, el de la limpieza echa al mismo carro todas las papeleras”. Cosa normal y comprensible si a esa persona la pagan por pasar una vez al día por cada sitio y sólo tiene un carro. O si al final del recorrido espera un único contenedor donde se comprime todo para ocupar lo menos posible y ahorrar viajes de camión a la instalación de gestión de residuos.

Al final, si queremos promover acciones para fomentar la responsabilidad individual en gestión de residuos el camino pasa por la prevención: dotar al personal con una taza y una cantimplora, para que reduzcan la cantidad de vasos de plástico que salen de la máquina de café y poner a todos a beber agua de grifo para que dejen de comprar botellas de plástico.

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