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Pequeño trabajo de campo con grandes ayudantes

Limpieza de sesenta metros de la ribera del Tajo

Con este post quiero lanzar un mensaje sencillo, aparentemente sencillo; no os perdáis el vídeo que tan sólo dura minuto y medio, es ameno, educativo y muy gráfico.

Un día cualquiera de marzo, bien entrada ya la primavera, realizamos con algunos peques una limpieza de plásticos y envases en una franja de sesenta metros en la ribera del río Tajo. La iniciativa se fue fraguando por la necesidad de reclamar una mayor sensibilización de nuestros espacios protegidos.

Suele ser un lugar de paso para familias, deportistas y turistas que buscan disfrutar del aire libre y de un contacto diario con la naturaleza.

Sin embargo, no está limpio y resulta desagradable tropezar a cada paso con basura. Es una muestra de una lacra que se extiende a lo largo y ancho de nuestros espacios naturales.

La breve y pequeña limpieza realizada por peques se efectuó en el acceso norte del Jardín del Príncipe de Aranjuez, que es un lugar de gran afluencia turística y que pertenece a Patrimonio Nacional.

La ribera en este punto está catalogada como Lugar de Interés Comunitario (LIC) en cuanto a su protección, pero se encuentra afectada por la acumulación de plásticos y envases en sus márgenes por la falta de civismo y por la falta de mantenimiento. Si observáis las imágenes comprobaréis que sufre además de otros impactos más importantes, como un caudal insignificante (no se aprecia corriente), eutrofización, etc.

Restos de bolsas, envoltorios, carretes enteros de hilo de pescar se enredan y quedan atrapados en los márgenes del río, entre los juncos y las raíces de los árboles.

Este acceso a los Jardines sólo cuenta con una papelera de pequeñas dimensiones (exceptuando un contenedor de vidrio) y colinda con una zona recreativa y de merendero que a su vez tampoco está dotada de un punto de depósito de residuos.

El contenedor verde o gris más cercano se encuentra a doscientos metros y el contenedor amarillo más cercano a más de un kilómetro.

Esta sencilla tarea realizada en un rato podría no haber sido necesaria con una planificación adecuada y la colaboración de cualquier usuario de tres maneras muy sencillas:

  • Haciendo uso de la papelera.

  • Si no hay papelera, guardar el residuo hasta encontrar una papelera o contenedor.

  • Dando un paso más, recogiendo el papel, bolsa o envase que ha tirado otra persona.

La última opción puede chocar, pero en mi opinión estamos “obligados” a dejar el lugar que visitamos mejor de como nos lo encontramos, y este es el principal mensaje que quiero lanzar con este post, ¿Qué pensáis?.

Por supuesto, también llamar la atención que esta zona del término municipal de Aranjuez, como otras muchas de la Red Natura no está suficientemente dotada de papeleras y contenedores para separar las distintas tipologías de residuos y mucho menos para hacer frente a la afluencia de público con la que cuenta el lugar.

Adjunto otra imágenes de lo recogido en un segundo día aprovechando una caja de cartón que llevaba danzando quince días.

Haga click para ver el pase de diapositivas.

Ahora toca que todos colaboremos.

Por último decir que nos lo pasamos estupendamente con esta experiencia que es de lo más edificante; alguno iba canturreando improvisando la letra: “Un poco de río salvaré…”.

#Educación Ambiental

#Gestión de residuos

#Red Natura


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La sonrisa del (buen) guía

En el acercamiento al patrimonio natural o cultural podemos recurrir a la interpretación por medios no personales o por medios personales. O lo que es lo mismo, paneles, exposiciones, folletos o señalización o, por el contrario, un guía. Los datos aportados por el National Park Service, (en adelante, NPS), en 2007  en Bases de la Interpretación son que los servicios personales llegan sólo a un 22% de los visitantes y, en contraste, más del 62% de los visitantes reciben interpretación a través de medios tales como folletos, periódicos, audio tours y paneles de exhibición (Visitor Use and Evaluation of Interpretive Media, 2003).

Pero, ¿Son más efectivos los medios personales o los no personales? Recurrimos para responder a Freeman Tilden, uno de los “padres” de la Interpretación de Patrimonio:

“Nunca existirá un dispositivo de telecomunicación tan satisfactorio como el contacto directo, no ya sólo con la voz, sino con la mano, el ojo, la improvisación ocasional y significativa, y con ese algo que fluye de la constitución del individuo en su yo físico”

¿Cuál es tu opinión? ¿Es mejor un medio personal o un medio no personal? En esta clasificación cualquiera de nosotros tiene preferencias. Estas preferencias dependerán de muchos factores:  El tiempo disponible, si vamos solos, en pareja, en familia o en grupo, el interés que tenemos en ese patrimonio y sobre todo, las experiencias previas: Seguro que en este momento te vienen a la mente aquella actividad interpretativa que te fascinó y esa otra que no has olvidado por lo desastrosa que resultó.

Tilden establecía comparaciones entre los distintos medios atendiendo también a su calidad:

Podium de medios interpretativos

(Fuente: Elaboración propia basada en el texto de Tilden)

1º Buena interpretación personal

2º Buena interpretación por un dispositivo

3º Ningún contacto

A las malas interpretaciones me resisto a colocarlas en ningún podium, pero según  el autor es mejor una mala interpretación personal que una mala interpretación mediante un dispositivo. Quizá sean estas malas experiencias las que nos llevan a huir de los guías hacia los medios no personales como se refleja en los datos de la NPS que comentábamos anteriormente.

Pero centrémonos en la interpretación de calidad ¿Qué hace mejor a un guía respecto a un panel? En la interpretación del patrimonio bien planificada ambos tendrán un guión estructurado, serán atractivos, etc… Pero hay dos cosas que sólo el guía puede hacer: Sonreír y adaptarse.

Ambas características son muy importantes. La sonrisa del guía crea un clima agradable y de confianza, hace sentirse mejor recibido al visitante. Asimismo, la adaptación según los intereses del visitante, según sus preguntas, sus respuestas, sus reacciones ante lo que se le trasmite en el caso de la atención del guía es inmediata y mas ajustada a la realidad. En el caso del panel, esa adaptación es teórica según los visitantes que se prevean y sus supuestos intereses.

Guías que te esperan sonrientes https://www.imsmy.com/

Por la sonrisa y la adaptación al visitante debemos participar en actividades interpretativas que tengan la presencia de un guía, de un buen guía, como por ejemplo, los que realicen el curso ofertado desde el Instituto Superior del Medio Ambiente, sobre Guía de Naturaleza: Diseño de Itinerarios Interpretativos en el que trataremos todas estas cuestiones.

¡Nos vemos en la proxima ruta!

Guiada, por supuesto.



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El voluntariado ambiental. Algunos ejemplos y reflexiones

1. Introducción

Llevaba ya tiempo con ganas de escribir sobre el voluntariado ambiental, ya que siendo voluntario ambiental desde hace muchos años, observo con agrado como en los últimos tiempos cada vez son más las personas y entidades que se animan a aportar su granito de arena en distintas causas y actividades que merecen mucho la pena.

Y es que, si bien el voluntariado ambiental no sea quizás tan conocido aún como otros tipos de voluntariado como pueden ser el social, sí que es cierto que cada vez cuenta con más protagonismo. Y ello, a mi modo de ver, se debe a varias causas, que en buena medida también están relacionadas con los beneficios que su práctica aportan:

-Mayor conciencia ambiental de la sociedad en su conjunto (administración, asociaciones, ciudadanía, empresas).

-Mayor y mejor difusión de las actividades a través de Internet y redes sociales.

-Múltiples beneficios que aporta el voluntariado ambiental: cuidado y mejora del propio entorno, socialización, adopción de hábitos saludables, aumento de la autoestima, etc.

A lo largo de este artículo haré un recorrido por algunas de las experiencias que mejor conozco (todas ellas desarrolladas en Cantabria), para finalizar con algunas reflexiones personales sobre aspectos tanto positivos como negativos relacionados con el voluntariado ambiental.

2. Voluntariado ambiental en Cantabria

En Cantabria existen experiencias de voluntariado ambiental (aunque en un principio no se las considerase como tal) desde hace varias décadas, de la mano de colectivos vinculados al movimiento scout y de entidades como ARCA (Asociación para la Defensa de los Recursos Naturales de Cantabria), Bosques de Cantabria, Ecologistas en Acción, Fundación Naturaleza y Hombre, Fundación Oso Pardo, o SEO-Birdlife, entre otras.

No obstante, ha sido en la última década cuando se ha producido una auténtica eclosión del voluntariado ambiental, ya que son miles de voluntarios los que de forma habitual o puntual realizan algún tipo de acción relacionada con la conservación del medio ambiente.

Cartel anunciador de una actividad de voluntariado

Probablemente, las experiencias que más éxito popular han tenido en esta última década han sido el Proyecto Ríos y el programa PROVOCA.

El Proyecto Ríos se desarrolla en Cantabria desde 2007, entendido en un primer momento como un proceso participativo y voluntario para el diagnóstico y la conservación de los ecosistemas fluviales, y auspiciado por el Gobierno de Cantabria. Posteriormente, fue asumido por la asociación Red Cambera y ha llegado a movilizar a miles de voluntarios en la inspección, conservación, y custodia de los ríos cántabros.

Voluntarios del Proyecto Ríos en el río Deva

En cuanto al programa PROVOCA (Programa de Educación Ambiental y Voluntariado en Cantabria) surgió en 2012 impulsado por el Gobierno de Cantabria, como una iniciativa destinada a la ciudadanía en general, existiendo además programas específicos de educación ambiental y voluntariado. Desde entonces, la participación ciudadana en las distintas actividades desarrolladas por una treintena de entidades ha ido en aumento hasta situarse en torno a las 10.000 personas en el año 2015, lo que puede considerarse como una cifra espectacular.

Igualmente es destacable la labor que viene desarrollando el proyecto Explora tu río (Programa de Voluntariado en ríos para las escuelas del medio rural de Cantabria), impulsado por la Red Cántabra de Desarrollo Rural desde 2007. El proyecto, dirigido a la población escolar, ha alcanzado un notable éxito, con la participación de más de 5.000 alumnos de las escuelas de las zonas rurales de Cantabria.

3. Algunas reflexiones sobre el voluntariado ambiental

En este apartado quiero compartir algunas reflexiones sobre el fenómeno del voluntariado ambiental, a raíz de mi experiencia personal en relación al mismo.

Ya en el primer apartado del artículo me referí brevemente a los múltiples beneficios que puede aportar el voluntariado ambiental a quiénes lo practican, y seguramente se podrían añadir bastantes más. Asimismo, quiero hacer referencia a ciertos aspectos que bajo mi punto de vista también pueden entrañar riesgos en relación al auge del voluntariado ambiental:

-Riesgo de dejación por parte de las administraciones públicas competentes.

El hecho de que cada vez más personas se involucren en las actividades de voluntariado ambiental puede llegar a tener el efecto no deseado de que las administraciones públicas competentes en materia de medio ambiente tiendan a no asumir sus obligaciones al respecto. Ilustraré esta idea con un ejemplo: en el caso de Cantabria, numerosas acciones de voluntariado se dirigen a la eliminación de plantas invasoras (uno de los graves problemas ambientales de la comunidad), mientras que aún no existe un plan integral de actuación por parte de las administraciones (si bien se está trabajando en la “Estrategia Regional de Especies Exóticas Invasoras”).

-Riesgo de que dicho auge se convierta en moda pasajera.

La popularización de las actividades de voluntariado, favorecida por las facilidades y medios que tanto las administraciones -el voluntariado suele tener una considerable repercusión mediática- como las empresas -en el marco de la Responsabilidad Social Corporativa- disponen para su desarrollo, puede hacer que quien participe en dichas actividades lo haga de forma puntual y sin interiorizar realmente los objetivos de las acciones desarrolladas, dejando de implicarse cuando no existan tales facilidades y medios.

Para finalizar, quiero desear a todos los lectores del blog un feliz 2017, seguro que con alguno de ellos coincidiré a lo largo del año en alguna actividad de voluntariado ambiental. Nuestro medio ambiente bien se merece ese pequeño esfuerzo por nuestra parte.



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¿Dejamos de comprar la Fruta perfecta para evitar cosechas "a terra"?

Tras abrir twitter esta mañana, me ha sorprendido un tweet de  @cintallano en referencia a otro de @Roberto_R_R




En este caso se hace crítica a un artículo del periódico El País. Está claro que el tweet de @el_país crispa a aquellos que nos hemos desarrollado formativa y profesionalmente en el ámbito ambiental.

Desde mi mayor respeto a la opinión de otras personas, he decidido escribir este artículo aportando mi visión personal y profesional al respecto, siempre desde mi experiencia.

Lo que más me ha sorprendido del artículo ha sido la mención únicamente de personas del ámbito de la explotación de recursos. Este fue mi argumento principal para estudiar Ciencias Ambientales y no Ingeniería de Montes o Agrónomos. Hace 16 años, en estas facultades aún se incluía profesorado “de la vieja escuela”, donde lo fundamental era valorar qué especies arbóreas/arbustivas podían generar un crecimiento más rápido para establecer antes unos beneficios económicos sin tener en cuenta la realidad paisajística, ecológica y ambiental. Por suerte estos planteamientos cada vez se han ido reduciendo y ahora los equipos de trabajo del ámbito ambiental son mucho más multidisciplinares, integrando visiones más enriquecedoras.

Con todo este preámbulo, pensemos en la realidad alimenticia actual. Es cierto que cada vez existen más habitantes en nuestro planeta (indiscutible) y que eso nos lleva a requerir más recursos (incuestionable). Pero lo más importante es pararse a pensar y plantearnos cómo estamos empleando los recursos disponibles los países desarrollados.

Como muchos sabéis, he tenido el placer de vivir en el medio rural y en diferentes comunidades autónomas. Hablaré de los casos que conozco pero estoy convencida que lo que voy a contar ocurre en el resto de España y de países desarrollados.

Desde mi ventana el año pasado veía un gran campo de melocotoneros. Salía a pasear cada día con mi perro por el “ager” y veía transcurrir las estaciones y las cosechas con el paso de los días). No podéis haceros una idea de la cantidad de kilogramos de naranjas, mandarinas, almendras, pimientos, alcachofas, sandías, calabazas, melones, melocotones, tomates, uvas, pepinos, higos…que he visto descomponerse en la tierra día tras día.






La culpa de todo esto la tenemos lamentablemente todos los consumidores. Tenía la suerte de poder hablar de estas cosas con mi vecino (agricultor de más de 60 años) para que él me explicara. Aquí se trabaja por cooperativas agrarias (la forma de asegurarte que te compren tu fruta). En el caso del melocotón o la naranja (porque es de lo que más hablábamos) mayoritariamente se exporta a Alemania y países similares. El kilogramo de esta fruta se pagaba baratísimo al agricultor. Antes de cosechar tenían que medir la cantidad de azúcar en el interior de la fruta y cuando estaba “en su punto” pedir permiso a la cooperativa para llevarlo (“coger turno”). La parte de la cosecha que estaba madura en ese turno es la que entraba en cooperativa. Las unidades que iban más adelantadas o tardías “a terra”. No compensaba volver en varios días para ir retirando progresivamente la fruta (más jornales) porque si no cumplías ese estándar no te lo compraban o asumías precios irrisorios. Evidentemente sólo valían aquellas unidades que tenían un diámetro específico y sin ninguna mota de imperfección en la cáscara. El resto “a terra” (por cierto, mi vecino se reía mucho cuando en pleno agosto le hacía espuma de melocotón con la Thermomix. Yo había congelado melocotón en trocitos y los descongelaba para estas recetas. También hacía mi mermelada).

Cuando vamos al supermercado compramos las naranjas más brillantes (les ponen cera ¡qué gasto de recurso más ilógico!), las de un tamaño medio (no la queremos grande ni pequeña), sin ningún tipo de imperfección,…pero es lo que demandamos los consumidores (las propiedades “viasuales” ante todo porque el reto de propiedades organolépticas nos dan igual). Queremos gastar tomates todo el año (cuando yo era niña sólo había tomates en los meses de verano. El resto del año el tomate era en conserva. Además ahora no queremos “encontrar tropezones” (lo que me cuesta ahora encontrar una sandía con pepitas) y alteramos las variedades agrarias generando auténticas aberraciones. Perdemos diversidad de semillas en el ámbito agrario (hay variedades de semillas de legumbres,…que se están perdiendo, se han hibridado, hay que hacer bancos de semilla,…)

Además, cada vez  tenemos más problemas de salud: cáncer, colesterol, hipertensión…¿Qué está pasando?

Lamentablemente, perdí  a mi suegra hace 15 días por un cáncer. Tras el difícil año que hemos vivido en la familia, estuve leyendo algunos libros sobre alimentación anticáncer. Lo que me sorprendió de estos libros fue pararme a reflexionar sobre la alimentación que actualmente ingerimos. En mi casa no consumo muchas de las cosas que de niña sí comía. Dejamos de lado las verduras de temporada y nos pasamos a lo que queremos todo el año. Precisamente en estos libros se hablaba de que la verdura tiene su máximo de vitaminas en su momento justo, por las condiciones climáticas adecuadas que ha recibido (no por estar bajo un plástico). Entonces ¿estamos aportando a nuestro cuerpo las vitaminas y elementos que realmente son beneficiosos para nuestro cuerpo? Comemos, sí pero ¿lo que comemos es lo que requerimos? Hemos dejado de consumir coliflor, lombarda, repollo, remolacha en los meses de invierno para seguir consumiendo las verduras de verano: calabacín, tomate, pimiento,…Mi madre es amante de recolectar de todo en el campo así que de niña me tocaba comer verduras silvestres (bastante amargas, por cierto). Así, en mi casa tomábamos verdolaga con el ajoblanco, achicorias, espárragos trigueros y otro sin fin de nombres raros que mi madre decía (por su puesto en su jerga extremeña ¿a que nunca habéis oído hablar de azufaifas?). Y no hablemos del pescado…en nuestro tiempo se comía calamar, no pota y nada de fletán o panga.

En Japón la población, desde que está occidentalizando su dieta está aumentando de peso.

No he hablado de pesticidas y fertilizantes y sus consecuencias al medio (y a la salud): empobrecimiento de las cualidades del suelo, agotamiento de minerales, contaminación del propio suelo y del resto de elementos del medio natural (ríos, aguas subterráneas, especies,…). Si pretendemos que una zanahoria esté lista en la mitad de tiempo (o menos) de lo que requiere realmente en tierra, echamos más fertilizantes y esa zanahoria en poco tiempo se adueña de los nutrientes que requiere. Pero es que además volvemos a plantar zanahorias en el mismo sitio, que requiere otra vez los mismos nutrientes y cada vez empobrecemos más al suelo en esos minerales concretos y por tanto tenemos que añadir fertilizantes. Como además hay carencias (de agua, de nutrientes,…) aparecen plagas y “bichitos indeseados” y con ello por supuesto echamos mano de los pesticidas. Se convierte en la pescadilla que se muerde la cola.

Tampoco me olvido del sinsentido de los cultivos actuales. Antiguamente casi ningún cultivo era de regadío, ahora prácticamente todos.
Fuente: Anuario de Estadística Avance 2014 MAGRAMA
Se puede entender que estamos ante una situación de cambio climático y que a lo mejor necesitamos agua para cultivar pero ¿por qué no reflexionamos sobre qué cultivos podemos plantar con el menor número de aporte de recursos en un área? Unos ejemplos: el tomate, siendo un producto tan carnoso, entenderéis que requiere agua ¿no? Pues mirad estos datos y fijaros en Andalucía y Extremadura:

Fuente: Anuario de Estadística Avance 2014 MAGRAMA

Así que, si como asegura El País en su artículo hay que dejar de comer fruta y verdura ecológica, que me digan cómo pretenden garantizar la estabilidad de los ecosistemas naturales y qué efectos se producirán en la salud de la población si continuamos este despropósito de dejar perder las cosechas en el suelo y seguir aplicando químicos a la tierra para aumentar “la productividad”(en cantidad, que no en calidad) de las cosechas.

En conclusión, tal vez deberíamos plantearnos campañas de sensibilización al consumidor para que dejemos de comprar “la fruta perfecta” según los cánones que nos han marcado, informar acerca de la mejor época para adquirir los productos, etc. Tal vez deberíamos pararnos a reflexionar sobre lo que comemos.

Por cierto, que ya que hablamos de recursos, me pone mala la moda de todo embandejado y me voy a la frutería para comprar al peso, de modo que todo me lo pongan en la misma bolsa (patatas, cebollas, fruta…).

Y con todo esto, espero haber hecho reflexionar a más de uno. Sé que este artículo tendrá muchos detractores pero también mucha gente que opina como yo. He pretendido exponer argumentos que yo misma he visto con mis ojos, tratando en todo momento de respetar la opinión de todos.


Puedes leer y comentar el artículo completo en: Gestión Ambiental Municipal.

¿Dejamos de comprar la Fruta perfecta para evitar cosechas "a terra"?

Tras abrir twitter esta mañana, me ha sorprendido un tweet de  @cintallano en referencia a otro de @Roberto_R_R




En este caso se hace crítica a un artículo del periódico El País. Está claro que el tweet de @el_país crispa a aquellos que nos hemos desarrollado formativa y profesionalmente en el ámbito ambiental.

Desde mi mayor respeto a la opinión de otras personas, he decidido escribir este artículo aportando mi visión personal y profesional al respecto, siempre desde mi experiencia.

Lo que más me ha sorprendido del artículo ha sido la mención únicamente de personas del ámbito de la explotación de recursos. Este fue mi argumento principal para estudiar Ciencias Ambientales y no Ingeniería de Montes o Agrónomos. Hace 16 años, en estas facultades aún se incluía profesorado “de la vieja escuela”, donde lo fundamental era valorar qué especies arbóreas/arbustivas podían generar un crecimiento más rápido para establecer antes unos beneficios económicos sin tener en cuenta la realidad paisajística, ecológica y ambiental. Por suerte estos planteamientos cada vez se han ido reduciendo y ahora los equipos de trabajo del ámbito ambiental son mucho más multidisciplinares, integrando visiones más enriquecedoras.

Con todo este preámbulo, pensemos en la realidad alimenticia actual. Es cierto que cada vez existen más habitantes en nuestro planeta (indiscutible) y que eso nos lleva a requerir más recursos (incuestionable). Pero lo más importante es pararse a pensar y plantearnos cómo estamos empleando los recursos disponibles los países desarrollados.

Como muchos sabéis, he tenido el placer de vivir en el medio rural y en diferentes comunidades autónomas. Hablaré de los casos que conozco pero estoy convencida que lo que voy a contar ocurre en el resto de España y de países desarrollados.

Desde mi ventana el año pasado veía un gran campo de melocotoneros. Salía a pasear cada día con mi perro por el “ager” y veía transcurrir las estaciones y las cosechas con el paso de los días). No podéis haceros una idea de la cantidad de kilogramos de naranjas, mandarinas, almendras, pimientos, alcachofas, sandías, calabazas, melones, melocotones, tomates, uvas, pepinos, higos…que he visto descomponerse en la tierra día tras día.






La culpa de todo esto la tenemos lamentablemente todos los consumidores. Tenía la suerte de poder hablar de estas cosas con mi vecino (agricultor de más de 60 años) para que él me explicara. Aquí se trabaja por cooperativas agrarias (la forma de asegurarte que te compren tu fruta). En el caso del melocotón o la naranja (porque es de lo que más hablábamos) mayoritariamente se exporta a Alemania y países similares. El kilogramo de esta fruta se pagaba baratísimo al agricultor. Antes de cosechar tenían que medir la cantidad de azúcar en el interior de la fruta y cuando estaba “en su punto” pedir permiso a la cooperativa para llevarlo (“coger turno”). La parte de la cosecha que estaba madura en ese turno es la que entraba en cooperativa. Las unidades que iban más adelantadas o tardías “a terra”. No compensaba volver en varios días para ir retirando progresivamente la fruta (más jornales) porque si no cumplías ese estándar no te lo compraban o asumías precios irrisorios. Evidentemente sólo valían aquellas unidades que tenían un diámetro específico y sin ninguna mota de imperfección en la cáscara. El resto “a terra” (por cierto, mi vecino se reía mucho cuando en pleno agosto le hacía espuma de melocotón con la Thermomix. Yo había congelado melocotón en trocitos y los descongelaba para estas recetas. También hacía mi mermelada).

Cuando vamos al supermercado compramos las naranjas más brillantes (les ponen cera ¡qué gasto de recurso más ilógico!), las de un tamaño medio (no la queremos grande ni pequeña), sin ningún tipo de imperfección,…pero es lo que demandamos los consumidores (las propiedades “viasuales” ante todo porque el reto de propiedades organolépticas nos dan igual). Queremos gastar tomates todo el año (cuando yo era niña sólo había tomates en los meses de verano. El resto del año el tomate era en conserva. Además ahora no queremos “encontrar tropezones” (lo que me cuesta ahora encontrar una sandía con pepitas) y alteramos las variedades agrarias generando auténticas aberraciones. Perdemos diversidad de semillas en el ámbito agrario (hay variedades de semillas de legumbres,…que se están perdiendo, se han hibridado, hay que hacer bancos de semilla,…)

Además, cada vez  tenemos más problemas de salud: cáncer, colesterol, hipertensión…¿Qué está pasando?

Lamentablemente, perdí  a mi suegra hace 15 días por un cáncer. Tras el difícil año que hemos vivido en la familia, estuve leyendo algunos libros sobre alimentación anticáncer. Lo que me sorprendió de estos libros fue pararme a reflexionar sobre la alimentación que actualmente ingerimos. En mi casa no consumo muchas de las cosas que de niña sí comía. Dejamos de lado las verduras de temporada y nos pasamos a lo que queremos todo el año. Precisamente en estos libros se hablaba de que la verdura tiene su máximo de vitaminas en su momento justo, por las condiciones climáticas adecuadas que ha recibido (no por estar bajo un plástico). Entonces ¿estamos aportando a nuestro cuerpo las vitaminas y elementos que realmente son beneficiosos para nuestro cuerpo? Comemos, sí pero ¿lo que comemos es lo que requerimos? Hemos dejado de consumir coliflor, lombarda, repollo, remolacha en los meses de invierno para seguir consumiendo las verduras de verano: calabacín, tomate, pimiento,…Mi madre es amante de recolectar de todo en el campo así que de niña me tocaba comer verduras silvestres (bastante amargas, por cierto). Así, en mi casa tomábamos verdolaga con el ajoblanco, achicorias, espárragos trigueros y otro sin fin de nombres raros que mi madre decía (por su puesto en su jerga extremeña ¿a que nunca habéis oído hablar de azufaifas?). Y no hablemos del pescado…en nuestro tiempo se comía calamar, no pota y nada de fletán o panga.

En Japón la población, desde que está occidentalizando su dieta está aumentando de peso.

No he hablado de pesticidas y fertilizantes y sus consecuencias al medio (y a la salud): empobrecimiento de las cualidades del suelo, agotamiento de minerales, contaminación del propio suelo y del resto de elementos del medio natural (ríos, aguas subterráneas, especies,…). Si pretendemos que una zanahoria esté lista en la mitad de tiempo (o menos) de lo que requiere realmente en tierra, echamos más fertilizantes y esa zanahoria en poco tiempo se adueña de los nutrientes que requiere. Pero es que además volvemos a plantar zanahorias en el mismo sitio, que requiere otra vez los mismos nutrientes y cada vez empobrecemos más al suelo en esos minerales concretos y por tanto tenemos que añadir fertilizantes. Como además hay carencias (de agua, de nutrientes,…) aparecen plagas y “bichitos indeseados” y con ello por supuesto echamos mano de los pesticidas. Se convierte en la pescadilla que se muerde la cola.

Tampoco me olvido del sinsentido de los cultivos actuales. Antiguamente casi ningún cultivo era de regadío, ahora prácticamente todos.
Fuente: Anuario de Estadística Avance 2014 MAGRAMA
Se puede entender que estamos ante una situación de cambio climático y que a lo mejor necesitamos agua para cultivar pero ¿por qué no reflexionamos sobre qué cultivos podemos plantar con el menor número de aporte de recursos en un área? Unos ejemplos: el tomate, siendo un producto tan carnoso, entenderéis que requiere agua ¿no? Pues mirad estos datos y fijaros en Andalucía y Extremadura:

Fuente: Anuario de Estadística Avance 2014 MAGRAMA

Así que, si como asegura El País en su artículo hay que dejar de comer fruta y verdura ecológica, que me digan cómo pretenden garantizar la estabilidad de los ecosistemas naturales y qué efectos se producirán en la salud de la población si continuamos este despropósito de dejar perder las cosechas en el suelo y seguir aplicando químicos a la tierra para aumentar “la productividad”(en cantidad, que no en calidad) de las cosechas.

En conclusión, tal vez deberíamos plantearnos campañas de sensibilización al consumidor para que dejemos de comprar “la fruta perfecta” según los cánones que nos han marcado, informar acerca de la mejor época para adquirir los productos, etc. Tal vez deberíamos pararnos a reflexionar sobre lo que comemos.

Por cierto, que ya que hablamos de recursos, me pone mala la moda de todo embandejado y me voy a la frutería para comprar al peso, de modo que todo me lo pongan en la misma bolsa (patatas, cebollas, fruta…).

Y con todo esto, espero haber hecho reflexionar a más de uno. Sé que este artículo tendrá muchos detractores pero también mucha gente que opina como yo. He pretendido exponer argumentos que yo misma he visto con mis ojos, tratando en todo momento de respetar la opinión de todos.


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El Informe PISA y el Medio Ambiente

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPues hace mucho del último post, pero hace un rato el hagstag #PISA en Twitter con 55,2K tweets en ese momento, me ha llamado poderosamente la atención, hasta el punto de empezar a indagar con la siguiente pregunta como objetivo: ¿Evalúa el informe PISA la Educación Medio Ambiental en alguna de las competencias que contempla?

Pues resulta que sí; por lo que procedo a realizar un boceto rápido y os dejo referencias para que podáis profundizar aquellos que lo deséis y sacar conclusiones del informe en un tema tan trascendental como es la Educación Ambiental.

El informe evalúa tres competencias: lectura, matemáticas y ciencias.

Las pruebas del informe se realizan cada tres años; se realizó una primera fase en los años 2000 (lectura), 2003 (matemáticas) y 2006 (ciencias). Ha desarrollado una segunda fase en los años 2009 (lectura), 2012 (matemáticas) y 2015 (ciencias).

Nos centraremos en la competencia científica que evalúa tres subcompetencias:

    • Identificar asuntos o temas científicos

    • Explicar científicamente los fenómenos

    • Interpretar los datos y la evidencia científica

La evaluación se realiza teniendo en cuenta cuatro aspectos interrelacionados: contexto, conocimiento, competencias y actitudes.

Para ello se centra en la resolución de problemas con contenidos de Física, Química, Ciencias Biológicas, Ciencias de la tierra y el espacio.

Respecto a la aplicación práctica de éstas competencias científicas, contempla cinco áreas a trabajar en los contextos de lo personal, local / nacional y global:

    • Vida y salud

    • Recursos Naturales

    • Calidad del medio ambiente

    • Amenazas

    • Fronteras de la ciencia y la tecnología

El informe señala también que uno de los objetivos del mismo, es el desarrollo de actitudes, de modo que en la parte correspondiente a la competencia científica incluye preguntas concretas sobre la actitud de los alumnos hacia:

    • El interés en la ciencia y en la tecnología

    • La valoración de los enfoques científicos en la investigación

    • Percepción y toma de conciencia sobre aspectos medio ambientales

Os animo a leer con tranquilidad el texto del Marco Teórico PISA 2015 sobre la evaluación de las competencias en ciencias:

http://www.oecd.org/pisa/pisaproducts/Draft%20PISA%202015%20Science%20Framework%20.pdf

En el mismo se menciona la palabra medio ambiente nada menos que en 36 ocasiones, lo cual no es de extrañar comprobando que en la bibliografía el término Educación Ambiental aparece en cuatro referencias.

Podéis ampliar la información de los contenidos que he mencionado también en:

http://educalab.es/inee/evaluaciones-internacionales/pisa/pisa-2015

http://www.oecd.org/pisa/

Dejando a un lado las controversias que suscita este informe, espero haber despertado el interés hacia el mismo respecto a las cuestiones medio ambientales que evalúa.

Cuando termino de escribir, #PISA figura en primer lugar con 126K tweets.


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