Archivo de la categoría: ciencias ambientales

¿Por qué en la época victoriana felicitaban la Navidad con pájaros muertos?

La época victoriana de la historia del Reino Unido abarca la mayor parte del siglo XIX, coincidiendo con el inicio de la tradición de enviar tarjetas de felicitaciones de Navidad, cuando un hombre llamado Sir Henry Cole pidió a John Calcott Horsely, diseñar una tarjeta que pudiera enviar a sus amigos para felicitar las fiestas. Desde entonces, el uso de animales en esas tarjetas se convirtió

Puedes leer y comentar el artículo completo en: "Pito Real" - Ornitología.

¿Por qué en la época victoriana felicitaban la Navidad con pájaros muertos?

La época victoriana de la historia del Reino Unido abarca la mayor parte del siglo XIX, coincidiendo con el inicio de la tradición de enviar tarjetas de felicitaciones de Navidad, cuando un hombre llamado Sir Henry Cole pidió a John Calcott Horsely, diseñar una tarjeta que pudiera enviar a sus amigos para felicitar las fiestas. Desde entonces, el uso de animales en esas tarjetas se convirtió

Puedes leer y comentar el artículo completo en: "Pito Real" - Ornitología.

¿Dejamos de comprar la Fruta perfecta para evitar cosechas "a terra"?

Tras abrir twitter esta mañana, me ha sorprendido un tweet de  @cintallano en referencia a otro de @Roberto_R_R




En este caso se hace crítica a un artículo del periódico El País. Está claro que el tweet de @el_país crispa a aquellos que nos hemos desarrollado formativa y profesionalmente en el ámbito ambiental.

Desde mi mayor respeto a la opinión de otras personas, he decidido escribir este artículo aportando mi visión personal y profesional al respecto, siempre desde mi experiencia.

Lo que más me ha sorprendido del artículo ha sido la mención únicamente de personas del ámbito de la explotación de recursos. Este fue mi argumento principal para estudiar Ciencias Ambientales y no Ingeniería de Montes o Agrónomos. Hace 16 años, en estas facultades aún se incluía profesorado “de la vieja escuela”, donde lo fundamental era valorar qué especies arbóreas/arbustivas podían generar un crecimiento más rápido para establecer antes unos beneficios económicos sin tener en cuenta la realidad paisajística, ecológica y ambiental. Por suerte estos planteamientos cada vez se han ido reduciendo y ahora los equipos de trabajo del ámbito ambiental son mucho más multidisciplinares, integrando visiones más enriquecedoras.

Con todo este preámbulo, pensemos en la realidad alimenticia actual. Es cierto que cada vez existen más habitantes en nuestro planeta (indiscutible) y que eso nos lleva a requerir más recursos (incuestionable). Pero lo más importante es pararse a pensar y plantearnos cómo estamos empleando los recursos disponibles los países desarrollados.

Como muchos sabéis, he tenido el placer de vivir en el medio rural y en diferentes comunidades autónomas. Hablaré de los casos que conozco pero estoy convencida que lo que voy a contar ocurre en el resto de España y de países desarrollados.

Desde mi ventana el año pasado veía un gran campo de melocotoneros. Salía a pasear cada día con mi perro por el “ager” y veía transcurrir las estaciones y las cosechas con el paso de los días). No podéis haceros una idea de la cantidad de kilogramos de naranjas, mandarinas, almendras, pimientos, alcachofas, sandías, calabazas, melones, melocotones, tomates, uvas, pepinos, higos…que he visto descomponerse en la tierra día tras día.






La culpa de todo esto la tenemos lamentablemente todos los consumidores. Tenía la suerte de poder hablar de estas cosas con mi vecino (agricultor de más de 60 años) para que él me explicara. Aquí se trabaja por cooperativas agrarias (la forma de asegurarte que te compren tu fruta). En el caso del melocotón o la naranja (porque es de lo que más hablábamos) mayoritariamente se exporta a Alemania y países similares. El kilogramo de esta fruta se pagaba baratísimo al agricultor. Antes de cosechar tenían que medir la cantidad de azúcar en el interior de la fruta y cuando estaba “en su punto” pedir permiso a la cooperativa para llevarlo (“coger turno”). La parte de la cosecha que estaba madura en ese turno es la que entraba en cooperativa. Las unidades que iban más adelantadas o tardías “a terra”. No compensaba volver en varios días para ir retirando progresivamente la fruta (más jornales) porque si no cumplías ese estándar no te lo compraban o asumías precios irrisorios. Evidentemente sólo valían aquellas unidades que tenían un diámetro específico y sin ninguna mota de imperfección en la cáscara. El resto “a terra” (por cierto, mi vecino se reía mucho cuando en pleno agosto le hacía espuma de melocotón con la Thermomix. Yo había congelado melocotón en trocitos y los descongelaba para estas recetas. También hacía mi mermelada).

Cuando vamos al supermercado compramos las naranjas más brillantes (les ponen cera ¡qué gasto de recurso más ilógico!), las de un tamaño medio (no la queremos grande ni pequeña), sin ningún tipo de imperfección,…pero es lo que demandamos los consumidores (las propiedades “viasuales” ante todo porque el reto de propiedades organolépticas nos dan igual). Queremos gastar tomates todo el año (cuando yo era niña sólo había tomates en los meses de verano. El resto del año el tomate era en conserva. Además ahora no queremos “encontrar tropezones” (lo que me cuesta ahora encontrar una sandía con pepitas) y alteramos las variedades agrarias generando auténticas aberraciones. Perdemos diversidad de semillas en el ámbito agrario (hay variedades de semillas de legumbres,…que se están perdiendo, se han hibridado, hay que hacer bancos de semilla,…)

Además, cada vez  tenemos más problemas de salud: cáncer, colesterol, hipertensión…¿Qué está pasando?

Lamentablemente, perdí  a mi suegra hace 15 días por un cáncer. Tras el difícil año que hemos vivido en la familia, estuve leyendo algunos libros sobre alimentación anticáncer. Lo que me sorprendió de estos libros fue pararme a reflexionar sobre la alimentación que actualmente ingerimos. En mi casa no consumo muchas de las cosas que de niña sí comía. Dejamos de lado las verduras de temporada y nos pasamos a lo que queremos todo el año. Precisamente en estos libros se hablaba de que la verdura tiene su máximo de vitaminas en su momento justo, por las condiciones climáticas adecuadas que ha recibido (no por estar bajo un plástico). Entonces ¿estamos aportando a nuestro cuerpo las vitaminas y elementos que realmente son beneficiosos para nuestro cuerpo? Comemos, sí pero ¿lo que comemos es lo que requerimos? Hemos dejado de consumir coliflor, lombarda, repollo, remolacha en los meses de invierno para seguir consumiendo las verduras de verano: calabacín, tomate, pimiento,…Mi madre es amante de recolectar de todo en el campo así que de niña me tocaba comer verduras silvestres (bastante amargas, por cierto). Así, en mi casa tomábamos verdolaga con el ajoblanco, achicorias, espárragos trigueros y otro sin fin de nombres raros que mi madre decía (por su puesto en su jerga extremeña ¿a que nunca habéis oído hablar de azufaifas?). Y no hablemos del pescado…en nuestro tiempo se comía calamar, no pota y nada de fletán o panga.

En Japón la población, desde que está occidentalizando su dieta está aumentando de peso.

No he hablado de pesticidas y fertilizantes y sus consecuencias al medio (y a la salud): empobrecimiento de las cualidades del suelo, agotamiento de minerales, contaminación del propio suelo y del resto de elementos del medio natural (ríos, aguas subterráneas, especies,…). Si pretendemos que una zanahoria esté lista en la mitad de tiempo (o menos) de lo que requiere realmente en tierra, echamos más fertilizantes y esa zanahoria en poco tiempo se adueña de los nutrientes que requiere. Pero es que además volvemos a plantar zanahorias en el mismo sitio, que requiere otra vez los mismos nutrientes y cada vez empobrecemos más al suelo en esos minerales concretos y por tanto tenemos que añadir fertilizantes. Como además hay carencias (de agua, de nutrientes,…) aparecen plagas y “bichitos indeseados” y con ello por supuesto echamos mano de los pesticidas. Se convierte en la pescadilla que se muerde la cola.

Tampoco me olvido del sinsentido de los cultivos actuales. Antiguamente casi ningún cultivo era de regadío, ahora prácticamente todos.
Fuente: Anuario de Estadística Avance 2014 MAGRAMA
Se puede entender que estamos ante una situación de cambio climático y que a lo mejor necesitamos agua para cultivar pero ¿por qué no reflexionamos sobre qué cultivos podemos plantar con el menor número de aporte de recursos en un área? Unos ejemplos: el tomate, siendo un producto tan carnoso, entenderéis que requiere agua ¿no? Pues mirad estos datos y fijaros en Andalucía y Extremadura:

Fuente: Anuario de Estadística Avance 2014 MAGRAMA

Así que, si como asegura El País en su artículo hay que dejar de comer fruta y verdura ecológica, que me digan cómo pretenden garantizar la estabilidad de los ecosistemas naturales y qué efectos se producirán en la salud de la población si continuamos este despropósito de dejar perder las cosechas en el suelo y seguir aplicando químicos a la tierra para aumentar “la productividad”(en cantidad, que no en calidad) de las cosechas.

En conclusión, tal vez deberíamos plantearnos campañas de sensibilización al consumidor para que dejemos de comprar “la fruta perfecta” según los cánones que nos han marcado, informar acerca de la mejor época para adquirir los productos, etc. Tal vez deberíamos pararnos a reflexionar sobre lo que comemos.

Por cierto, que ya que hablamos de recursos, me pone mala la moda de todo embandejado y me voy a la frutería para comprar al peso, de modo que todo me lo pongan en la misma bolsa (patatas, cebollas, fruta…).

Y con todo esto, espero haber hecho reflexionar a más de uno. Sé que este artículo tendrá muchos detractores pero también mucha gente que opina como yo. He pretendido exponer argumentos que yo misma he visto con mis ojos, tratando en todo momento de respetar la opinión de todos.


Puedes leer y comentar el artículo completo en: Gestión Ambiental Municipal.

¿Dejamos de comprar la Fruta perfecta para evitar cosechas "a terra"?

Tras abrir twitter esta mañana, me ha sorprendido un tweet de  @cintallano en referencia a otro de @Roberto_R_R




En este caso se hace crítica a un artículo del periódico El País. Está claro que el tweet de @el_país crispa a aquellos que nos hemos desarrollado formativa y profesionalmente en el ámbito ambiental.

Desde mi mayor respeto a la opinión de otras personas, he decidido escribir este artículo aportando mi visión personal y profesional al respecto, siempre desde mi experiencia.

Lo que más me ha sorprendido del artículo ha sido la mención únicamente de personas del ámbito de la explotación de recursos. Este fue mi argumento principal para estudiar Ciencias Ambientales y no Ingeniería de Montes o Agrónomos. Hace 16 años, en estas facultades aún se incluía profesorado “de la vieja escuela”, donde lo fundamental era valorar qué especies arbóreas/arbustivas podían generar un crecimiento más rápido para establecer antes unos beneficios económicos sin tener en cuenta la realidad paisajística, ecológica y ambiental. Por suerte estos planteamientos cada vez se han ido reduciendo y ahora los equipos de trabajo del ámbito ambiental son mucho más multidisciplinares, integrando visiones más enriquecedoras.

Con todo este preámbulo, pensemos en la realidad alimenticia actual. Es cierto que cada vez existen más habitantes en nuestro planeta (indiscutible) y que eso nos lleva a requerir más recursos (incuestionable). Pero lo más importante es pararse a pensar y plantearnos cómo estamos empleando los recursos disponibles los países desarrollados.

Como muchos sabéis, he tenido el placer de vivir en el medio rural y en diferentes comunidades autónomas. Hablaré de los casos que conozco pero estoy convencida que lo que voy a contar ocurre en el resto de España y de países desarrollados.

Desde mi ventana el año pasado veía un gran campo de melocotoneros. Salía a pasear cada día con mi perro por el “ager” y veía transcurrir las estaciones y las cosechas con el paso de los días). No podéis haceros una idea de la cantidad de kilogramos de naranjas, mandarinas, almendras, pimientos, alcachofas, sandías, calabazas, melones, melocotones, tomates, uvas, pepinos, higos…que he visto descomponerse en la tierra día tras día.






La culpa de todo esto la tenemos lamentablemente todos los consumidores. Tenía la suerte de poder hablar de estas cosas con mi vecino (agricultor de más de 60 años) para que él me explicara. Aquí se trabaja por cooperativas agrarias (la forma de asegurarte que te compren tu fruta). En el caso del melocotón o la naranja (porque es de lo que más hablábamos) mayoritariamente se exporta a Alemania y países similares. El kilogramo de esta fruta se pagaba baratísimo al agricultor. Antes de cosechar tenían que medir la cantidad de azúcar en el interior de la fruta y cuando estaba “en su punto” pedir permiso a la cooperativa para llevarlo (“coger turno”). La parte de la cosecha que estaba madura en ese turno es la que entraba en cooperativa. Las unidades que iban más adelantadas o tardías “a terra”. No compensaba volver en varios días para ir retirando progresivamente la fruta (más jornales) porque si no cumplías ese estándar no te lo compraban o asumías precios irrisorios. Evidentemente sólo valían aquellas unidades que tenían un diámetro específico y sin ninguna mota de imperfección en la cáscara. El resto “a terra” (por cierto, mi vecino se reía mucho cuando en pleno agosto le hacía espuma de melocotón con la Thermomix. Yo había congelado melocotón en trocitos y los descongelaba para estas recetas. También hacía mi mermelada).

Cuando vamos al supermercado compramos las naranjas más brillantes (les ponen cera ¡qué gasto de recurso más ilógico!), las de un tamaño medio (no la queremos grande ni pequeña), sin ningún tipo de imperfección,…pero es lo que demandamos los consumidores (las propiedades “viasuales” ante todo porque el reto de propiedades organolépticas nos dan igual). Queremos gastar tomates todo el año (cuando yo era niña sólo había tomates en los meses de verano. El resto del año el tomate era en conserva. Además ahora no queremos “encontrar tropezones” (lo que me cuesta ahora encontrar una sandía con pepitas) y alteramos las variedades agrarias generando auténticas aberraciones. Perdemos diversidad de semillas en el ámbito agrario (hay variedades de semillas de legumbres,…que se están perdiendo, se han hibridado, hay que hacer bancos de semilla,…)

Además, cada vez  tenemos más problemas de salud: cáncer, colesterol, hipertensión…¿Qué está pasando?

Lamentablemente, perdí  a mi suegra hace 15 días por un cáncer. Tras el difícil año que hemos vivido en la familia, estuve leyendo algunos libros sobre alimentación anticáncer. Lo que me sorprendió de estos libros fue pararme a reflexionar sobre la alimentación que actualmente ingerimos. En mi casa no consumo muchas de las cosas que de niña sí comía. Dejamos de lado las verduras de temporada y nos pasamos a lo que queremos todo el año. Precisamente en estos libros se hablaba de que la verdura tiene su máximo de vitaminas en su momento justo, por las condiciones climáticas adecuadas que ha recibido (no por estar bajo un plástico). Entonces ¿estamos aportando a nuestro cuerpo las vitaminas y elementos que realmente son beneficiosos para nuestro cuerpo? Comemos, sí pero ¿lo que comemos es lo que requerimos? Hemos dejado de consumir coliflor, lombarda, repollo, remolacha en los meses de invierno para seguir consumiendo las verduras de verano: calabacín, tomate, pimiento,…Mi madre es amante de recolectar de todo en el campo así que de niña me tocaba comer verduras silvestres (bastante amargas, por cierto). Así, en mi casa tomábamos verdolaga con el ajoblanco, achicorias, espárragos trigueros y otro sin fin de nombres raros que mi madre decía (por su puesto en su jerga extremeña ¿a que nunca habéis oído hablar de azufaifas?). Y no hablemos del pescado…en nuestro tiempo se comía calamar, no pota y nada de fletán o panga.

En Japón la población, desde que está occidentalizando su dieta está aumentando de peso.

No he hablado de pesticidas y fertilizantes y sus consecuencias al medio (y a la salud): empobrecimiento de las cualidades del suelo, agotamiento de minerales, contaminación del propio suelo y del resto de elementos del medio natural (ríos, aguas subterráneas, especies,…). Si pretendemos que una zanahoria esté lista en la mitad de tiempo (o menos) de lo que requiere realmente en tierra, echamos más fertilizantes y esa zanahoria en poco tiempo se adueña de los nutrientes que requiere. Pero es que además volvemos a plantar zanahorias en el mismo sitio, que requiere otra vez los mismos nutrientes y cada vez empobrecemos más al suelo en esos minerales concretos y por tanto tenemos que añadir fertilizantes. Como además hay carencias (de agua, de nutrientes,…) aparecen plagas y “bichitos indeseados” y con ello por supuesto echamos mano de los pesticidas. Se convierte en la pescadilla que se muerde la cola.

Tampoco me olvido del sinsentido de los cultivos actuales. Antiguamente casi ningún cultivo era de regadío, ahora prácticamente todos.
Fuente: Anuario de Estadística Avance 2014 MAGRAMA
Se puede entender que estamos ante una situación de cambio climático y que a lo mejor necesitamos agua para cultivar pero ¿por qué no reflexionamos sobre qué cultivos podemos plantar con el menor número de aporte de recursos en un área? Unos ejemplos: el tomate, siendo un producto tan carnoso, entenderéis que requiere agua ¿no? Pues mirad estos datos y fijaros en Andalucía y Extremadura:

Fuente: Anuario de Estadística Avance 2014 MAGRAMA

Así que, si como asegura El País en su artículo hay que dejar de comer fruta y verdura ecológica, que me digan cómo pretenden garantizar la estabilidad de los ecosistemas naturales y qué efectos se producirán en la salud de la población si continuamos este despropósito de dejar perder las cosechas en el suelo y seguir aplicando químicos a la tierra para aumentar “la productividad”(en cantidad, que no en calidad) de las cosechas.

En conclusión, tal vez deberíamos plantearnos campañas de sensibilización al consumidor para que dejemos de comprar “la fruta perfecta” según los cánones que nos han marcado, informar acerca de la mejor época para adquirir los productos, etc. Tal vez deberíamos pararnos a reflexionar sobre lo que comemos.

Por cierto, que ya que hablamos de recursos, me pone mala la moda de todo embandejado y me voy a la frutería para comprar al peso, de modo que todo me lo pongan en la misma bolsa (patatas, cebollas, fruta…).

Y con todo esto, espero haber hecho reflexionar a más de uno. Sé que este artículo tendrá muchos detractores pero también mucha gente que opina como yo. He pretendido exponer argumentos que yo misma he visto con mis ojos, tratando en todo momento de respetar la opinión de todos.


Puedes leer y comentar el artículo completo en: Gestión Ambiental Municipal.

Nos vemos en CONAMA2016

conama2016

Después de un par de semanas calentando las redes con el #RetoCONAMA, ya está aquí: el próximo lunes 28 de noviembre empieza la 13ª edición del Congreso Nacional del Medio Ambiente.

Como cada dos años el sector se reúne para compartir experiencias, inquietudes y expectativas durante cuatro intensos días en los que este foro trabajará, según el lema de la presente edición, en buscar una respuesta verde a los grandes desafíos que afrontamos.

El programa se estructura en nueve ejes temáticos repletos de actividades, por lo que si quieres aprovechar el tiempo al máximo tienes que llegar preparado, si no lo has hecho todavía dispones de unas pocas horas para ponerte las pilas con la operación CONAMA. Posiblemente te ayudará a organizarte la aplicación móvil del congreso.

Los ejes temáticos en los que se agrupan las actividades son los siguientes:

  • Energía, eficiencia y cambio climático.
  • Movilidad.
  • Renovación urbana.
  • Desarrollo rural.
  • Biodiversidad.
  • Agua.
  • Calidad ambiental.
  • Residuos.
  • Economía y sociedad.

En esta edición no hay excusa para no pasar por CONAMA. A parte de las tradicionales formas de participación, y si no te dio tiempo a participar como voluntario, todavía puedes conseguir tu invitación a la inauguración en este enlace. Pero no es la única oportunidad de entrar gratis al congreso. Puedes conseguir una entrada para la sesión técnica sobre Financiación de la economía verde. Y no me perdería la ocasión de asistir a la actividad especial organizada por la Asociación de Ciencias Ambientales: Soluciones a la pobreza energética en ámbitos urbanos: lecciones aprendidas.

Tanto si estás fuera como para estar al tanto de lo que va ocurriendo en las salas en las que no puedas estar tendrás un buen aliado en twitter. Seguramente encontraremos el hashtag #CONAMA13, por el número de la edición, y #CONAMA2016, por el año de celebración, como las dos etiquetas más genéricas. Igualmente cada actividad tiene un código que resume el tipo y en número de la actividad y suele emplearse como etiqueta para tuitear  (por ejemplo GT-18 se refiere al grupo de trabajo 18, que previsiblemente utilizará un hashtag como #GT18) , la ventaja de estas etiquetas es que son cortas y apenas restan espacio al tuit. Aquí puedes encontrar el mapa completo de los hashtags para seguir CONAMA 2016 en twitter. Por supuesto no habrá que perder de vista la cuenta de @ACAenCONAMA.

Yo tengo una semana un tanto complicada, pero después de perderme la edición anterior tengo la firme intención de disfrutar al máximo las propuestas del congreso. La que seguro que no me perderé es la #AE33 ¿Qué es y qué hace un consultor ambiental? Habilidades y conocimientos demandados para desarrollar trayectoria profesional en el ámbito de la consultoría ambiental. Estaré compartiendo mi experiencia como consultor en procesos de implantación y auditoría de sistemas normalizados de gestión ambiental.

Tampoco me perderé el Grupo de Trabajo Comunicación Ambiental 2.0 (GT-18), en el que he tenido la oportunidad de participar. En el congreso presentará los resultados de la experiencia #RetoCONAMA y la actualización de los documentos que viene haciendo sobre el uso de redes sociales en el sector ambiental.

Otro granito de arena que he aportado a esta edición es la Comunicación Técnica Environmental FAIR data: jugar limpio con la información ambiental, pero ya habrá tiempo de dedicarle alguna entrada al tema en otra ocasión.

Y no me puedo olvidar de comentar que habrá ocasión de tomarse algo en el Green Drinks especial final de año, que tendrá lugar en el propio CONAMA, el miércoles 30 en el “Green Lounge” situado en la zona de stands del Palacio de Congresos.

Tienes ganas de asistir, sabes cómo conseguir invitaciones, sabes cómo llegar a CONAMA, … Nos vemos allí.



Puedes leer y comentar el artículo completo en: productor de sostenibilidad.

Sobre la irrupción del Mosquitero bilistado (Phylloscopus inornatus)

Desde finales de septiembre, en Cataluña, se esta viendo una cantidad de Mosquiteros bilistados (mosquiters de doble ratlla, en catalán) sin precedentes. En el año 2014, se observaron hasta 145 individuos en todo el territorio español, desde principios de octubre, hasta mediados de diciembre, cifra que, sin duda, se verá superada en el presente año. Observaciones de Phylloscopus inornatus  

Puedes leer y comentar el artículo completo en: "Pito Real" - Ornitología.