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POR QUÉ NO FUNCIONA EL PROTOCOLO

Publicado en: La Calidad Ambiental por Fernando Follos Pliego. Texto original

El pasado mes de noviembre publiqué un artículo en el que analizaba matemáticamente la evolución en el comportamiento de las concentraciones de NO2 antes y después de la aparición del famoso “Protocolo Anticontaminación”. Un protocolo que el propio Ayuntamiento de Madrid reconocía poco después que se quedaba corto y que necesitaba reformarse.No fueron pocas las críticas que recibí en su

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EL PROTOCOLO DE MADRID NO FUNCIONA

Publicado en: La Calidad Ambiental por Fernando Follos Pliego. Texto original

En Enero de 2016, y un poquito antes de que saliese a la luz el nuevo Protocolo de NO2 del Ayuntamiento de Madrid, al que algunos optimistas llaman “Protocolo Anticontaminación”, publiqué en el Blog un artículo sobre “Episodios de Contaminación Atmosférica”. En este artículo exponía cómo se producían los famosos episodios de contaminación de ciudades como Madrid, qué era lo que sucedía en la

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El dióxido de carbono contamina y mata

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

blue-88068_1920El dióxido de carbono (CO2) es una molécula compuesta por un átomo de carbono y dos átomos de oxígeno. Está presente en la atmósfera de forma natural. Su concentración ha variado a lo largo de la historia geológica de la Tierra. Como gas de efecto invernadero, juega un papel clave en la temperatura media del planeta: si no hubiese CO2 no disfrutaríamos de la temperatura que requiere la vida tal y como la conocemos. Pero, por ese mismo motivo, las variaciones en la concentración de CO2 presente en la atmósfera están relacionadas con variaciones climáticas: mucho CO2 reteniendo calor puede provocar un aumento de la temperatura media.

En nuestra atmósfera la molécula de dióxido de carbono está presente en forma gaseosa y en una concentración muy inferior a las 5.000 partes por millón (ppm) recogidas como valor límite de exposición profesional para agentes químicos: unas 400 ppm que -a pesar de su constante aumento- no nos impiden respirar con normalidad y sin miedo a asfixiarnos por este compuesto.

Ahora bien, si acudimos a la Ley 34/2007, de 15 de noviembre, de calidad del aire y protección de la atmósfera, encontramos la siguiente definición:

Contaminación atmosférica: La presencia en la atmósfera de materias, sustancias o formas de energía que impliquen molestia grave, riesgo o daño para la seguridad o la salud de las personas, el medio ambiente y demás bienes de cualquier naturaleza.

Y en su Anexo I, que recoge la “Relación de contaminantes atmosféricos“, encontramos la entrada “Óxidos de carbono”. Así pues, el dióxido de carbono es, con todas las de la ley, un contaminante atmosférico.

Si no estuviese en el citado anexo tendríamos que volver a la definición. Y, quizá con algo de polémica, lo que es seguro es que podríamos encajar al dióxido de carbono como materia o como sustancia. Luego, la cuestión es ¿implica el CO2 molestia grave, riesgo o daño para la seguridad o la salud de las personas, el medio ambiente y demás bienes de cualquier naturaleza?

No lo veo, no lo huelo, entra y sale de mis pulmones. Las mitocondrias de mis células lo producen y mi sangre lo transporta sin mayores problemas… Salvo que esté en tal concentración que impidiese el intercambio gaseoso, en principio, no afecta a mi salud. De todos modos sí es capaz de causar molestias graves, riesgos y daños para la seguridad y la salud de las personas.

¿Cómo? Con su capacidad de intensificar el efecto invernadero. La alteración en la temperatura media del planeta por una creciente concentración de dióxido de carbono -y otros gases de efecto invernadero- en la atmósfera es uno de los principales retos que afronta la humanidad.

El cambio en la temperatura puede afectar a la dinámica de oceánica, la distribución de especies animales y vegetales, la disponibilidad de agua… Podemos ponernos puristas y decir que el CO2 no mata a nadie, que no es un contaminante que afecte a la salud. Claro, si lo ponemos al lado de los óxidos de nitrógeno y sus efectos directos sobre la salud, el CO2 no parece tan preocupante.

Pero no podemos pervertir el lenguaje para ocultar los riesgos y amenazas de los gases de efecto invernadero:

Quizá esto pudiera parecernos algo lejano, pero tenemos la guerra en Siria y sus refugiados para ilustrarnos lo que está ocurriendo por andarnos con remilgos a la hora de hablar de las emisiones de efecto invernadero y sus consecuencias. Quizá nos preocupe más cuando el aumento de la concentración de CO2 nos traiga a casa vectores de transmisión del virus zika.

Sí, al dióxido de carbono hay que sumarle más gases y otros factores que no pueden ser controlados por el ser humano. Pero creo que si el objetivo es concienciar y tomar medidas para mitigar las consecuencias del aumento de emisiones antropogénicas de efecto invernadero y sus consecuencias, podemos permitirnos el lujo de referirnos al CO2 como contaminante. Con permiso de los negacionistas y sus intereses económicos, claro está.

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INCERTIDUMBRE TRAS EL ACUERDO DE LA CUMBRE DEL CLIMA DE PARÍS

Publicado en: Pensando el territorio por Pensando el territorio. Texto original

La Conferencia Internacional sobre Cambio Climático celebrada en París entre los días 30 de noviembre y 11 de diciembre ha logrado un acuerdo global ente las partes participantes (195 países y la Unión Europea). El evento reunió a unos 150 Jefes de Estado y de Gobierno con el fin de llegar a un acuerdo convincente para todas las partes. Su objetivo es alcanzar un pacto global de lucha contra el cambio climático con el fin de que a finales de siglo el aumento de la temperatura media mundial sea inferior a 2ºC con respecto a los valores a los que se encontraba entre los años 1850 y 1899. Además los países deberán realizar todos los esfuerzos necesarios para que no supere los 1,5ºC. Ese margen de 2ºC se ha establecido como límite de seguridad, puesto que superar esa cifra se considera demasiado peligroso. A día de hoy la temperatura ya ha ascendido 1ºC con respecto a los valores de referencia. Si no se tomaran medidas, el incremento puede ser mucho más elevado, según muestran las predicciones del IPCC (figura 1).

Figura 1: Incremento de la temperatura superficial para finales del siglo XXI en uno de los escenarios de cambio climático del IPCC (International Panel of Climate Change).

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Fuente: IPCC.

Lo que propone el acuerdo es una adaptación a los efectos adversos del cambio climático y un desarrollo con bajas emisiones de gases de efecto invernadero. Para lograr sus objetivos, el acuerdo plantea alcanzar el punto máximo de emisiones mundiales “lo antes posible” y a partir de ahí comenzar a reducir las emisiones hasta alcanzar un equilibrio entre las emisiones y los sumideros. Para ello, es necesario que cada una de las partes participantes presente ante la ONU sus compromisos de reducción de emisiones, que deberán revisarse al alza cada cinco años. Los paises desarrollados deben adoptar medidas de reducción de emisiones, mientras que los paises en vías de desarrollo deberán esforzarse en desarrollar medidas de mitigación y, a largo plazo, sustituirlas por las de reducción. Para que la mitigación y adaptación al cambio climático de los paises en desarrollo pueda llevarse a cabo, el Acuerdo propone que los paises desarrollados deben movilizar al menos 100.000 millones de dólares anuales de aquí a 2020. Esta cifra será revisada al alza en 2025.

Antes de la celebración de la Conferencia de París, 187 países de los 195 participantes, ya habían enviado sus compromisos de reducción, que entrarán en vigor para 2020. La figura 2 muestra los compromisos de los países que presentan mayores emisiones de gases de efecto invernadero.

Figura 2. Compromisos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero presentadas ante la ONU por los principales países emisores.

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Fuente: ONU.

Aunque se trata de un Acuerdo legalmente vinculante, ni la decisión que lo acompaña ni los objetivos nacionales de reducción de emisiones lo son. Sí serán juridicamente vinculantes los mecanismos de revision de los compromisos de reducción de cada país. Se llevará a cabo un seguimiento del cumplimiento de dichos compromisos, pero no habrá ningún tipo de sanción en caso de no lograr alcanzarlos.

Para que entre en vigor será necesario que lo ratifiquen al menos 55 partes, cuyas emisiones representen el 55% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Se podrá firmar desde el 22 de abril del presente año hasta el 21 de abril de 2017 y permanecerá en vigor durante el periodo comprendido entre 2020 y 2050, sustituyendo al actual Protocolo de Kioto.

¿Por qué es necesario un acuerdo de reducción de emisiones?

Los cientificos han clasificado al cambio climático como la mayor amenaza a la que se enfrenta el planeta. En los últimos años se ha producido un record en cuanto a la concentración atmosférica de dióxido de carbono, principal gas de efecto invernadero (figura 3). A día de hoy los valores superan las 400 partes por millón, lo que supone un aumento del 143% frente a los valores de la época preindustrial (1750). Además se ha observado una aceleración en la acumulación de este gas durante la última década. Las concentraciones de otros gases de efecto invernadero también han sufrido importantes aumentos. El metano se ha incrementado en un 254% y el óxido de nitrógeno en un 121% frente a los valores de 1750. La consecuencia que ya ha provocado este incremento de las concentraciones de gases de efecto invernadero es un aumento de temperatura de 1,02ºC con respecto a los valores medios del periodo 1850-1899. Esto se encuentra asociado a diversos problemas tales como el deshielo de los polos, el retroceso de los glaciares, el aumento del nivel del mar, la extinción de especies y el aumento en la intensidad y frecuencia de desastres naturales. Todos estos efectos serán más severos a medida que aumenten las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera.

Figura 3. Niveles históricos de concentración de CO2 atmosférico.

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Fuente: NASA

La importancia de la Cumbre de París

La Cumbre del Clima de París es la vigésimo primera Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP21). La primera Conferencia Mundial sobre el Clima se llevó a cabo en 1979. En la segunda, celebrada en 1990, se solicitó un tratado mundial sobre cambio climático. No es hasta 1995 cuando tiene lugar la primera Conferencia de las Partes, celebrándose, a partir de entonces, de forma anual. Y no ha sido hasta 20 años después, con la COP21, cuando se ha logrado un acuerdo mundial definitivo. Este acuerdo implica, no sólo la suma de fuerzas en la lucha contra el cambio climático, sino también el reconocimiento y aceptación mundial de la existencia de este problema, de su origen antropogénico y el hecho de que presenta una importante amenaza para las sociedades humanas y para el planeta.

Figura 4. Esquema de los aspectos más importantes de las Cumbres del Clima celebradas hasta la fecha.

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Diferencias entre Protocolo de Kioto y Acuerdo de París

La principal diferencia entre el Acuerdo de París y el Protocolo de Kioto es el aumento del número de países comprometidos en reducir sus emisiones. Mientras que el Protocolo de Kioto incluía a un grupo de países industrializados que tan sólo representaban el 11% de las emisiones de gases de efecto invernadero, este nuevo acuerdo incluye a todos los países y cerca del 100% de las emisiones. Sin embargo, mientras que Kioto establecía unos valores de reducción de emisiones fijados para cada país y sanciones por incumplimiento, el Acuerdo de París propone unas reducciones voluntarias y no presenta ningún mecanismo punitivo.

Deficiencias del Acuerdo

Algunos de los puntos flojos del Acuerdo son los siguientes:

  • El texto no explica el camino a seguir para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y deja a decisión de cada país el método y el grado de reducción de sus emisiones.Según el texto, cada país realizará esfuerzos “de acuerdo a sus capacidades”.
  • Descarta la descarbonización y no fija una fecha para dejar de utilizar combustibles fósiles.
  • Se basa principalmente en la compensación de las emisiones mediante la conservación y el aumento de sumideros de gases de efecto invernadero y no propone el incremento en la utilización de energías renovables en los países desarrollados.
  • No incluye una fecha límite en la que se deba alcanzar el máximo de emisiones, sino que menciona que “se deberá alcanzar lo antes posible”.
  • Contempla una diferenciación entre países desarrollados y en desarrollo, estableciendo que los primeros deberán realizar más esfuerzos que los segundos. Sin embargo, no se ha redactado ningún listado en el que figuren unos y otros, siendo complicado, en el caso de algunos países, enmarcarlos en un grupo u otro.
  • En cuanto a la financiación, no establece en que cantidad deben colaborar los países emergentes, sino que la cifra es voluntaria. Pertenecen a este grupo algunos de los países más contaminantes como China, India o Brasil.
  • Puesto que los compromisos de reducción de emisiones son voluntarios, no existen sanciones por su incumplimiento, lo que puede llevar a las partes a no tomárselo demasiado enserio.
  • No recoge la totalidad de las emisiones. A pesar del gran volumen de gases de efecto invernadero que generan, no se han incluido las emisiones aportadas por la aviación y el transporte marítimo.
  • Aunque propone un mecanismo de pérdidas y daños asociados a los efectos del cambio climático, no detalla ninguna herramienta financiera para abordarlo.

Todo esto ha provocado que la suma de los compromisos de reducción de emisiones, que los diferentes países presentaron a la ONU, no son suficientes para asegurar que para finales de siglo la el incremento de temperatura se mantenga por debajo de los 2ºC. De hecho, según las proyecciones realizadas, si se lograran cumplir dichos compromisos, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero superarían las 55 gigatoneladas en 2030 (figura 5), cuando sería necesario no superar las 40 gigatoneladas para mantener el incremento de la temperatura media mundial por debajo de los 2ºC. Con los compromisos actuales la temperatura aumentaría 2,7ºC a finales de siglo tomando como referencia los valores de la época preindustrial. Por lo que, si en las futuras revisiones no se aumenta considerablemente el grado de compromiso, el Acuerdo no logrará su principal objetivo.

Figura 5. Histórico de emisiones mundiales de gases de efecto invernadero por sector y estimación de su evolución tras los compromisos de reducción presentados ante la ONU.

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Fuente: ONU| El País

Conclusión

El acuerdo de París es un paso importante en la lucha contra el cambio climático al lograr que todos los países acepten que realmente existe un problema medioambiental y unifiquen esfuerzos en su solución. Sin embargo, las diferencias en los intereses, la economía y el nivel de desarrollo de cada país no han permitido que el acuerdo sea eficaz. La principal prioridad era el hecho de conseguir que el acuerdo fuera global y no la efectividad de éste en la lucha contra el cambio climático, por lo que se ha optado por reducir las condiciones a unos niveles que todos los países estuvieran dispuestos a aceptar. Esto ha dado lugar a un acuerdo excesivamente vago e impreciso, que deja todo a la voluntariedad de cada país. Es cierto que a medida que avancen los años los compromisos de reducción de cada país serán mayores, pero, ¿llegarán a tiempo y serán suficientes como para evitar que el aumento de temperatura supere los límites de seguridad? ¿Se tomarán medidas más estrictas en caso de que se prevea que no se alcanzará el objetivo o permaneceremos impasibles hasta que no haya vuelta atrás?

Autora: Nidia Rodríguez Díaz

Imagen de portada: 

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Fuentes:

Naciones Unidas (2015). Convención Marco sobre el Cambio Climático. FCCC, París.

http://internacional.elpais.com/internacional/2015/11/09/actualidad/1447066103_999102.html

http://onu.org.pe/cop-20/que-es-la-cop-20/

http://noticias.eltiempo.es/2015/11/24/10-respuestas-para-entender-la-cumbre-del-cambio-climatico/

http://www.20minutos.es/noticia/2626925/0/acuerdo-cambio-climatico/paris-cop21/preguntas-respuestas/

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La huella de mi blog

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Si pasas por aquí de vez en cuando sabrás que me gustan los indicadores ambientales, me apasiona revisar informes y cuestionar datos sobre medio ambiente y sostenibilidad.

Uno de los indicadores más interesantes es el que se refiere a la huella. Desde la huella ecológica a la huella de carbono o la huella hídrica. Son indicadores sintéticos que agrupan en un resultado único información de varios parámetros para dar una idea del impacto de nuestras actividades, bien sea de forma global sobre los recursos del plantea, en forma de emisiones de efecto invernadero o como consumo de agua, según el caso.huella verde sobre asfaltoLa pega de estos indicadores es que, a pesar de su valor divulgativo y utilidad en la concienciación ambiental, no dejan de ser simplificaciones de la realidad. Si bien existen metodologías muy complejas enfocadas a la toma de decisiones,- que nos hablan con bastante previsión de la huella ecológica de un producto o un servicio y nos ayudan a comportarnos como consumidores responsables-, la mayoría de las calculadoras ecológicas que encontramos se basan en parámetros y cálculos relativamente sencillos que resultarían fácilmente cuestionables.

Por el camino surgen iniciativas curiosas, como la que propone María: medir la huella de carbono de tu blog. Después de debatir un poco con ella sobre su método de cálculo me he animado a someter mi blog al cálculo y en los 12 meses anteriores a este post el resultado ha sido de… 18,09 kg de CO2. (la calculadora pide los datos para el año 2014, pero para ese cálculo utilicé los datos del periodo comprendido entre el Día de la Tierra de 2014 y el Día de la Tierra de 2015).

¿Cómo llegamos al cálculo? Pues María ha puesto en marcha una calculadora que pide datos sobre nuestra forma de bloguear (si utilizamos ordenador portátil o sobremesa, cuantas horas le dedicamos a escribir…), nuestros perfiles en redes sociales y nuestros usuarios (datos estadísticos de visitas). Básicamente el resultado para este blog es:

La Huella de Carbono del último año: 18.09 Kg CO2

Huella de Carbono de las Redes Sociales:

3.14 Kg CO2 por la cuenta de Facebook

Redacción de Artículos: 2.81 Kg CO2

Mantenimiento y documentación para el Blog: 1.20 Kg CO2

Lectores (sus ordenadores, móviles o tablets): 10.91 Kg CO2

Además de calcular la huella, lo que nos permitiría compararnos con otros blogs, junto con el resultado se nos invita a la acción: compensar las emisiones generadas.ecohuellaSi bien la propuesta me parece muy interesante, creo que pone de manifiesto varios problemas en relación a nuestra forma de afrontar ciertos problemas ambientales. En particular el impacto del uso de las tecnologías de la información y de la comunicación. Tuve ocasión de debatir con María sobre estas limitaciones y los dos estamos de acuerdo en que si bien el indicador de emisiones de gases de efecto invernadero puede ser un toque de atención importante, se limita a medir el consumo energético del uso de Internet.

Así pues, un indicador de huella de carbono debería profundizar en el origen de la energía y ser palanca de cambio para promover el uso de energías procedentes de fuentes limpias que permitan reducir las emisiones de efecto invernadero.

El problema es medir de dónde sacan la electricidad los distintos implicados: lectores del blog, proveedores de servicios de alojamiento de páginas web, servidores, proveedores de acceso a Internet, etc. Otro reto es determinar qué parte del impacto se debe al tráfico humano y qué parte se debe a tráfico no humano. Porque cerca de la mitad del tráfico que recibe una página web son máquinas. Y según el modo en que la herramienta de estadísticas de visitas a la web trate de filtrar los datos de tráfico, los resultados bailan.

En este caso María nos propone utilizar estadísticas de Google Analitycs, por lo que, posiblemente sólo estamos utilizando la mitad del tráfico recibido en el blog para analizar la huella de carbono. Estas visitas se hacen entre ordenadores y seguramente tienen un gasto energético menor que el de los humanos, que requiere iluminar pantallas, pero consumen recursos igualmente.

huellasnaif

En cuanto a los puntos fuertes del análisis destaca que, además de incluir el número de visitas se incluyen otros parámetros que matizan la estimación de la huella ecológica, tales como el tiempo dedicado a documentar y escribir post, responder comentarios, mantener y diseñar la página web… todo ello contribuye a que no se trate de una relación directa de visitas con huella de carbono.

En cualquier caso, la relación entre visitas y emisiones de efecto invernadero es muy estrecha y nos debería llamar la atención sobre el uso responsable de contenidos web ¿realmente quiero visitar esa página, ver ese vídeo, cargar esa imagen? ¿es sostenible publicar un post diario? Hay blogs que sí aportan contenido relevante todos los días y otros que únicamente publican con mucha frecuencia para conseguir más visitas y usuarios en sus redes sociales ¿es una estrategia sostenible más allá del potencial incremento de ventas o ingresos por publicidad?

Por otro lado, el consumo energético de los usuarios es sólo una de las muchas variables que entran en juego a la hora de valorar el impacto ambiental del uso de las tecnologías de la información y de la comunicación. También se podría añadir el gasto energético en todo el ciclo de vida de los dispositivos necesarios para el acceso a Internet, o de los elementos que componen la infraestructura necesaria para que la red de redes esté permanentemente operativa y disponible allí donde tengamos el capricho de ponernos a tuitear.

huella en la nieve

Ya puestos habría que extender el análisis a todo el ciclo de vida: desde la extracción de los materiales necesarios para la fabricación de nuestros ordenadores a la recogida y tratamiento de los residuos que se generan una vez que dejan de resultarnos útiles. El impacto ambiental de nuestros dispositivos es mucho más amplio que la mera carga de la batería. Pero si no somos conscientes de lo fácil que resulta dejar de emitir CO2 para suministrar electricidad a nuestra tableta, difícilmente comprenderemos las interferencias de nuestro móvil con el ciclo del agua.

Así pues, a pesar de todas las limitaciones que se nos puedan ocurrir, el cálculo y resultado de la huella ecológica es una invitación a la reflexión… y a la acción. En mi caso compensar poco más de 18 kg de CO2 es relativamente sencillo. No pasaría de aportar entre 3 y 5 euros al año a alguna de las organizaciones que tienen en marcha proyectos de compensación de emisiones. O de plantar y mantener un árbol. Si bien lo más rentable sería ir al mercado: el Fondo de Carbono FES-CO2 está comprando en 2015 las reducciones verificadas de emisiones a 9,7 euros la tonelada. ¿Destinan ese dinero a compensar las emisiones de sus campañas virales las grandes empresas que presumen de ser verdes?

El caso es que, ya puestos, si me voy a plantear en serio la compensación de emisiones de gases de efecto invernadero, debería extender el cálculo a otras facetas de mi vida e incluir cálculos sobre consumos asociados a iluminación, calefacción, transporte, alimentación…

Ese es el propósito los indicadores de huella ecológica: invitarnos a analizar nuestros hábitos de consumo para identificar oportunidades de mejora y actuar en consecuencia ¿Cuál es mi huella de carbono? ¿Cuánto costaría compensarla invirtiendo, por ejemplo en desarrollo y conservación de masas boscosas? ¿Es sostenible a largo plazo? ¿Puedo tomar decisiones y cambiar patrones de consumo que me ayuden a reducir esa huella ecológica?

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¿Atraen los bosques a la lluvia?

Publicado en: Exácato por exacato. Texto original

Hace unos días, estando con unos amigos, salió el tema de la deforestación y uno de ellos comentaba que los bosques atraen a la lluvia. Ya lo había escuchado antes, sin embargo, no estaba seguro sobre las posibles causas de este fenómeno. A priori se puede asociar a otro fenómeno frecuente en las masas vegetales, […]

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