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Mhito: La Agricultura Ecológica también utiliza plaguicidas


Vamos con una de respuestas cortas, a comentarios que se vierten a menudo en las redes

1.    La AE (agricultura ecológica) también utiliza plaguicidas: cierto

2.    En el listado de plaguicidas de la AE hay productos tóxicos: cierto

3.    Los productos naturales pueden ser tan tóxicos como los de síntesis: cierto

4.    La AE está sometida a los mismos límites de seguridadque la convencional: cierto

5.    Por tanto, la AE tiene el mismo riesgoque la convencional: No tiene por qué. En mi opinión: Falso.

6.    La EFSA hizo un estudio concluyendo que los niveles de plaguicidas en los alimentos no suponen ningún riesgo para la salud humana Falso

La primera afirmación, ampliamente repetida por los contrarios a la AE,  es cierta pero matizable. De hecho, creo que se deberían matizar las tres primeras al mismo tiempo.

Si atendemos al Human health implications of organic food and organic agricultura, European Parlament Research Service, Scientific Foresign Unit, 2016, nos encontramos la siguiente tabla:

El número de sustancias tóxicas en la agricultura ecológica es sustancialmente inferior que en la convencional

Active substances approved in the EU and important toxicological properties according to risk
assessments by EFSA

Es verdad, en la agricultura ecológica hay sustancias tóxicas, 3 sustancias para ser precisos. Una de ellas son las piretrinas, y las otras dos, son sustancias empleadas en trampas para insectos (no en contacto con la planta), por lo que prácticamente estaríamos hablando de una sóla sustancia tóxica en contacto con la planta (piretrinas).

Otra de ellas (cobre) cumple los criterios para ser además de tóxica, persistente y bioacumulable, ya que se acumula en agua y sedimentos, y es tóxico para las algas.

Ahora vamos a decir lo que no hay en agricultura ecológica:

            No hay cancerígenos

            No hay mutagénicos

            No hay tóxicos para la reproducción

Tal como hemos comentado antes, la mayoría de las sustancias aprobadas además no son tóxicas, y en el caso de las tres primeras, serían de clase 3 y 4 (los rangos de toxicidad más baja).
 

Quien siga pensando que la agricultura ecológica es equiparable a la convencional en toxicidad, será que piensa en la posibilidad de que los agricultores ecológicos utilizan las sustancias más tóxicas del listado, y lo hacen abundantemente, incumpliendo la reglamentación que les obliga a utilizarlas de forma excepcional.


Sin embargo los informes de la EFSA muestran sistemáticamente que los productos de la Agricultura Ecológica tienen niveles inferiores de plaguicidas.

Estos son los resultados del informe The 2014 European Union Report on Pesticide Residues in Food, EFSA Journal 2016


Contenido de plaguicidas en A. Convencional y A. Ecológica




Convencional

Ecológica

% de muestras con pesticidas

46,4%

13,6%

% muestras con valores superiores a los legales

2,9%

1,2%


Visto gráficamente:




En la agricultura ecológica se detectaron menos muestras con pesticidas, y menos superaciones de los límites legales
% de muestras con plaguicidas en A. convencional v.s. A Ecológica

 

Del total de residuos encontrados en la AE, se estima que sólo el 9% derivaría del uso de plaguicidas autorizados en el Anexo II. El resto (91%) obedecerían a contaminación natural, contaminación ambiental persistente y contaminación ¿cruzada?. Gráficamente lo veríamos así:



Sólo el 4% de las muestras tenían pesticidas autorizados por la Agricultura Ecológica
Origen de los plaguicidas en Agricultura Ecológica

En cuanto a las muestras de agricultura Ecológica con valores superiores a los legales, este es el "Top Three", que muestra el informe:

         Fosetyl-Al (20 casos)

         Malation (49)

         Cypermetrin (4)

Los tres, son plaguicidas usados en agricultura convencional. Esta es la razón por la que antes hablaba de contaminación ¿cruzada?, ya que es difícil saber cuándo, cómo y por qué se produjo esa contaminación.
 

Respecto al riesgo de los productos agrícolas “en conjunto”:

A pesar de ello, y para tranquilidad de todos, la nota de prensa concluye que el riesgo para la salud a largo plazo es bajo. Esto es tranquilizador, y entra dentro de lo normal, pero no es riguroso decir que no hay “ningún riesgo” como se lee en  algunos artículos.


A este respecto, el informe da algo más de información que la nota de prensa, y concluye (esta vez lo reproduzco en inglés para evitar malentendidos):


“Based on these results, EFSA concluded that the probability of European citizens being exposed to pesticide residues exceeding concentrations that may lead to negative health outcomes was low but for a limited number of samples a possible short-term consumer health risk could not be completely ruled out”.

  

CONCLUSIÓN:

·        La agricultura ecológica utiliza plaguicidas, pero son (en promedio) menos peligrosos que en la convencional.

·        En los productos ecológicos, se encuentran menos muestras con plaguicidas y menos muestras superando el valor límite legal, que en la convencional (y no es porque no se analicen).

·        Las superaciones en agricultura ecológica, no son debidas fundamentalmente a los plaguicidas aprobados en el Anexo II (ese tan demonizado).

 


Puedes leer y comentar el artículo completo en: Mhitos de la Agricultura Ecológica.

Mhito: La agricultura ecológica tiene mayor impacto ambiental (I). Visión general




Antecedentes: Agricultura y medio ambiente

La agricultura provee de los llamados “servicios ecosistémicos”, entre los que se encuentran, la regulación de la calidad del suelo y del agua, secuestro de carbono, biodiversidad, y servicios culturales (fuente, fuente). Además, según la FAO, los excrementos animales pueden ser una fuente importante de nutrientes y de dispersión de semillas y pueden mantener la fertilidad de los suelos en los pastizales.

Pero también son consumidores de servicios ecosistémicos, incluyendo pérdida de hábitat de vida silvestre, escorrentía de nutrientes, sedimentación en vías fluviales, emisiones de gases de efecto invernadero y contaminación por plaguicidas y excrementos. Además, los plaguicidas junto con la homogenización del paisaje pueden reducir la polinización natural.

Agricultura de conservación:

La agricultura de conservación, de acuerdo con la FAO, tiene como objeto “lograr una agricultura sostenible y rentable y en consecuencia dirigida al mejoramiento del sustento de los agricultores mediante la aplicación de los tres principios de la AC: una perturbación mínima del suelo; cobertura permanente del suelo; y la rotación de cultivos”.

Los beneficios ambientales de la AC son los siguientes:

  • Reducción de la erosión del suelo, y de esa manera de los costos de mantenimiento de los caminos y de las plantas hidroeléctricas.
  •  Mejora de la calidad del agua.
  •  Mejora de la calidad del aire.
  •  Incremento de la biodiversidad.
  •  Secuestro de carbono.
Por dar una idea de la importancia de la biodiversidad y del carbono en suelos (en gran medida sustentado por microorganismos), cabe mencionar que la cuarta parte de la biodiversidad de nuestro planeta está en el suelo (FAO). La agricultura tiene una alta incidencia en la disminución de carbono y biodiversidad en suelos.
disminución de materia orgánica por décadas de cultivo agrícola

Agricultura ecológica:

En los foros, tertulias y artículos de opinión, hay una tendencia a reducir todo el reglamento europeo de agricultura ecológica al anexo II. Sin embargo, los principios que rigen la agricultura ecológica son los mismos que la agricultura de conservación, y por tanto, el sello se crea como garantía frente al consumidor de que los productos agrícolas se han producido bajo estas condiciones.
Además, el consumidor tendrá la garantía de que no se han empleado plaguicidas y fitoquímicos distintos de los del anexo II, y que estos últimos se habrán empleado como último recurso, de acuerdo con las condiciones establecidas por el reglamento.

El anexo II es polémico, ya que se excluyen productos de acuerdo a su origen (síntesis). Siendo muy benévolos,  podríamos pensar que, para definir la lista de productos "naturales" incluidos, se tiene en cuenta su impacto, lo que justifica que por ejemplo, la nicotina no esté permitida, o que determinados productos que antes estaban permitidos, ya no lo estén.
Siendo más benévolos aún, podríamos pensar que, la única justificación de que algunos productos se mantengan, por ejemplo los derivados del cobre (que son tóxicos), sea que en determinados casos, no haya otras alternativas "naturales". Esto significaría haber realizado un análisis coste/beneficio. Pero como he dicho, esto sería ser muy benévolos, porque no he hallado rastro de los estudios de impacto pertinentes. Mi opinión es que se ha jugado a ser pragmático, y poner una raya entre un origen y otro es más fácil, y genera menos conflictos con los fabricantes de insumos, que tratar de establecer un ranking de buenos/malos.

Polémicas aparte, la FAO también reconoce el beneficio ambiental de la agricultura ecológica:

http://www.fao.org/organicag/oa-faq/oa-faq6/es/

Os dejo un resumen muy críptico de lo que dice:

  •  En suelos: Enriquecimiento.
  •  Agua: menor contaminación.
  •  Aire: mitigación del efecto invernadero.
  •  Biodiversidad: mejora de los hábitat.
  •  Servicios ecológicos.
También habla de los OMGs, lo justito sin mojarse.
En el repositorio de la FAO podemos encontrar un monográfico relativo a la agricultura ecológica, con la siguiente tabla de impacto ambiental frente a la convencional.

Impacto ambiental de la agricultura ecológica v.s. convencional
FAO: Assessment of organic agriculture's impact on the environment compared to conventional agriculture based on a multi-criteria analysis (2003)

Resumiendo la anterior tabla, podemos concluir que, salvo en la nitrificación de aguas, en todos los impactos, la agricultura ecológica es mejor o igual que la convencional.
Es una revisión bastante antigua, pero a quien quiera estar a la última, le gustará la siguiente revisión de junio de 2015:

Natural Capital impacts in agricultura (FAO 2015)

En la que se comparan los impactos de la agricultura convencional y la orgánica en varios productos y países, una vez “monetizados” obteniendo resultados favorables a la agricultura ecológica. Dejo una imagen de muestra.

En todos los impactos es superior la ecológica, excepto en uso del suelo. En cómputo global la ecológica tiene menor impacto
MONETARY VALUE OF THE OPERATIONAL IMPACTS CAUSED BY PRODUCING ONE TONNE OF WHEAT IN GERMANY



Articulitis:
Habrá quien piense que este apartado está falto de evidencia científica, y que debería haber hecho una exposición de los artículos científicos que llevan a las anteriores conclusiones. También habrá quien diga “pues yo he leído un artículo que dice…” (ver el capítulo de “sobre este blog” en el que hablo de "un artículo que dice....")

A este respecto:
Entiendo que la agricultura de conservación está basada sobradamente en evidencia científica, así que no voy a perder tiempo en este apartado.

La agricultura ecológica sí está en entredicho, por lo que he recurrido a la FAO que ya  realiza sus propias revisiones y  estudios:



Esto me parece más útil y fiable que un toma y daca de "este estudio dice esto" y "este estudio dice lo otro".

No obstante, para saciar los espíritus más científicos, os dejo con la segunda parte


Puedes leer y comentar el artículo completo en: Mhitos de la Agricultura Ecológica.

Mhito: La agricultura ecológica tiene mayor impacto ambiental (II). Artículos Científicos


Impacto Ambiental. Una de artículos científicos.

Tal como comentaba en la anterior entrada (impactoambiental I), tenía pendiente una revisión de artículos científicos en relación al impacto ambiental, y comentar los claroscuros de los artículos científicos. Las revisiones más importantes desde el punto de vista conceptual, me han parecido estas:


-Un meta análisis concluye que muchos artículos pro-ecológica, han contabilizado el impacto por hectárea y no por unidad de producto.

 
-Otra revisión (2015) hace notar que en muchos artículos de análisis de ciclo de vida (ACV) no se han tenido en cuenta las especificidades de la agricultura ecológica, obteniéndose así resultados peores de lo que le corresponde.


-Un meta análisis (2015) concluye que a medida que las muestras son mayores, y los factores empleados de mayor nivel (es decir, a medida que los datos son mejores), más favorables son para la agricultura ecológica.


Este meta análisis, sobre 107 estudios y 360 observaciones también aprecia mayores publicaciones científicas a favor que en contra de la agricultura orgánica.

El 89% concluye menor impacto en la agricultura convencional
Measuring the environmental effects of organic farming: A meta-analysis of structural variables in empirical research
Ki Song Lee a , Young Chan Choe b, * , Sung Hee Park b, Elsevier (2015)


Parece que en el peso científico, va ganando la agricultura ecológica, aunque algunos se empeñen en lo contrario.

Por lo que haya podido aparecer después de 2015, yo mismo he hecho una búsqueda, según palabras clave (agricultura orgánica, convencional, greenhousegases, life cicle análisis....). La práctica totalidad de las búsquedas las he hecho en sciencedirect, y una sola en springer. Aunque no tenga validez científica, me ha servido para darme una idea, de lo que me haya podido dejar.




Estos son los resultados de títulos revisados, abstracts revisados, artículos con conclusiones al respecto, así como el número de artículos posicionados a favor de la agricultura ecológica, de la convencional y artículos que no encuentran diferencia.



Títulos revisados
111
Abstracts revisados
53
Con conclusiones
13
A favor orgánica
10
A favor convencional
2
Sin diferencias
1




Advierto de que he tratado de ser riguroso con los que dan como positivos a la agricultura ecológica, excluyendo los que se han calculado por hectárea.



En la lectura de los que no eran de pago, he apreciado que a menudo no se considera el carbono absorbido en el suelo, lo que perjudica a la agricultura ecológica. Además hay problemas en los factores específicos de N2O, y en la definición del "alcance" en este insumo, cuando proviene de residuos de animales. No he excluido un artículo a favor de la agricultura convencional, que reconocía problemas en estos factores y no he podido comprobarlos en los otros dos en que la ecológica no salía beneficiada.



También he encontrado científicos discutiéndose unos a otros si "tal artículo que escribiste" era conceptualmente correcto o no. Y es que el cálculo del impacto ambiental, aunque parezca sencillo, tiene sus claros, sus oscuros, y sus zonas de incertidumbre.

Así que, mientras no haya grandes avances en meta análisis, a poder ser, sobre artículos con alcances bien detallados y sobre analíticas específicas (por climatología, tipo de suelo, etc.), me sigo quedando con lo que dice la FAO (ver entrada anterior) y dice que sí, que la agricultura ecológica, es ecológica.


A quien esté pensando que, una cosa es impacto ambiental, y otra el uso del suelo (ya que la AE tiene una productividad inferior) le comentaré que la mayoría de los Análisis de Ciclo de Vida ya han considerado el uso del suelo, aunque podamos estar o no de acuerdo con la ponderación que se le da. En próximas entradas trataré el tema.


Y aprovecho para hacer mi “cherry picking” particular, os dejo con dos huellas de carbono de numerosos productos agrícolas que me parecen de interés porque:

          

  • Se han hecho en nuestra tierra.
  • Se emplean factores de emisión/absorción específicos previos.


Resultado, todos salen a favor de la agricultura orgánica excepto el arroz, que sale peor por las emisiones de metano.









Puedes leer y comentar el artículo completo en: Mhitos de la Agricultura Ecológica.

La agricultura ecológica gana terreno en España

En España la agricultura ecológica ha dejado de ser una iniciativa minoritaria. Cada día son más los agricultores, ganaderos y, en general, las empresas que toman la decisión de apostar por este tipo de alimentos, es decir, aquellos que en su cadena de producción no emplean elementos o sustancias químicas.

El Ministerio de Agricultura asegura que el área destinada al cultivo de estos alimentos aumentó un 15% durante el año 2015, lo que pone a nuestro país a la vanguardia de este tipo de agricultura en toda la Unión Europea.

La noticia no solo es positiva en términos cuantitativos, sino también en lo que se refiere a los numerosos beneficios que supone la agricultura ecológica tanto para nuestra salud física como para el equilibrio del medio ambiente.

El consumo de alimentos ecológicos, asignatura pendiente

Sin embargo, las cifras hablan. Y contrastan con un elemento que continúa siendo el principal reto para el país en esta materia: aumentar el consumo de alimentos ecológicos. ¿Sabías que España ocupa el octavo lugar de la lista y se encuentra a una distancia considerable de los que están a la cabeza: Alemania, Francia y Reino Unido?

La demanda de productos ecológicos dentro del país es menor que la oferta, con lo cual el destino de algunos de los alimentos que aquí producimos son otros estados de Europa… ¡e incluso del mundo!

Los datos también concretan que las mayores superficies destinadas a la agricultura ecológica en el país son las del olivar (197.100 hectáreas), los frutos secos (114.000) y las de los viñedos ecológicos (96.600, el 9% de la producción total). En cuanto a la ganadería, hay cerca de 7.500 explotaciones registradas.

¿Quieres más datos? La producción de los principales productos se podría resumir así: casi 29.000 toneladas de carnes, 24.000 toneladas de leche, más de 4 millones de docenas de huevos, 911 toneladas de miel y otras 2.700 toneladas de acuicultura ecológica.

¿Cuáles son las normas de la agricultura ecológica en España?

Aunque legalmente la agricultura ecológica en España se regula desde 1989, en este momento la normativa vigente es la que establece el Reglamento 834/2007, en el cual se describen los requisitos y las condiciones mínimas para la producción y el etiquetado de los productos obtenidos a través de este proceso. ¿Lo tienes en cuenta?

Asimismo, el control y la certificación dependen de cada comunidad autónoma y en casi todos los casos los realizan autoridades públicas. Sin embargo, comunidades como Andalucía y Castilla La Mancha han delegado estas funciones en agentes privados contratados para tal fin. Otras, como Aragón, abogan por un modelo de control y supervisión mixto.

Sea como sea, lo cierto es que los productos que provienen de la agricultura ecológica deben tener una etiqueta visible a ojos del consumidor en la que se vean claramente la marca, el código de la autoridad de control y el logo comunitario de la AE.

¿Qué certifica la obtención de esta etiqueta? Algo esencial: que los productos han sido elaborados siguiendo las normas establecidas para la agricultura ecológica, es decir, un conjunto de prácticas sostenibles que garantizan el cuidado de los ecosistemas, el buen uso de los recursos naturales y unas mayores cualidades nutritivas y proteínicas.

En ese sentido, la agricultura ecológica contribuye a fomentar el consumo responsable, una práctica que busca generar conciencia entre las personas sobre la necesidad de apoyar iniciativas sostenibles. En España esa conciencia ha ido en aumento entre los productores. El reto consiste ahora en trasladar los valores y principios de la agricultura ecológica a los consumidores para que esto se refleje en un aumento de la oferta nacional.

¿Te apetece formar parte de este cambio? Para empezar, te proponemos 12 recetas saludables que piden ser elaboradas con productos provenientes de la agricultura ecológica. ¡Apuesta por ellos a través de platos sanos, variados, sabrosos y respetuosos con el medio ambiente! ¿Quién se va a resistir?

En el Instituto Superior del Medio Ambiente apoyamos la formación especializada en el sector de la agricultura ecológica y la agroecología desarrollando programas formativos como Agricultura Ecológica: Motor para el Desarrollo Sostenible y Iniciación a la Agroecología. Diseño y manejo de huertos urbanos

Acerca de Oxfam Intermón :

Somos una organización no gubernamental de cooperación para el desarrollo (ONGD) que centra sus actividades en ofrecer una respuesta integral al reto de la pobreza y la injusticia para que todos los seres humanos puedan ejercer plenamente sus derechos. Nuestro trabajo gira en torno a estos cinco objetivos de cambio:



Puedes leer y comentar el artículo completo en: Comunidad ISM » Blogs.

Ecológico: te salva y ayuda al planeta.

Me ha sorprendido el contenido de un artículo publicado en El País sobre el consumo de alimentos ecológicos y su impacto. Personalmente creo que presenta algunos conceptos erróneos y confunde más que ayudar a crear una conciencia real del impacto de nuestras decisiones de consumo. Así que hoy toca recordar que lo ecológico es mejor para tu salud y el medio ambiente, esta vez en respuesta al ataque infundado contra los productos ecológicos.

El titular en El País “Deje de comprar comida ecológica si quiere salvar el planeta” encabeza una argumentación llena de errores. Fallos de bulto colados interesadamente, como los que podíamos encontrar en los estudios sobre el coste del sistema de depósito, devolución y retorno de residuos de envases.

El artículo contra el consumo de productos ecológicos empieza con una generalización interesada que no puede pasar desapercibida ni para un profesional especializado ni para un consumidor responsable: “No pocas etiquetas de productos biológicos”. Suficiente para dejar de leer. En Europa sólo podemos calificar como ecológicos o biológicos los productos adheridos a etiqueta ecológica. A partir de aquí todo lo que dice el artículo se basa en la confusión interesada entre ecológico y esotérico. El periodista o los expertos que dan los argumentos para el pernicioso titular lo podrían haber aclarado, pero… se habían quedado sin un titular tan llamativo.

Un poco más adelante se profundiza en la confusión interesada: “El 36% de los españoles que consumen productos ecológicos (sinónimo de biológicos u orgánicos) lo hacen movidos por motivos medioambientales, según una encuesta de 2014 del Ministerio de Agricultura.” Hay que dejar claro que no: productos ecológicos en España son los que cumplen con el Reglamento (CE) nº 834/2007 del Consejo sobre producción y etiquetado de los productos ecológicos. Sólo con esto un medio serio debería retirar el artículo y publicar una rectificación, pero vamos a seguir leyendo.

Más adelante se entrecomilla esta afirmación: “Está de moda apuntarse a lo ecológico por el atractivo de la palabra, pero nadie tiene idea de cómo se produce” lo único que demuestra es que ni quien la pronuncia y ni quien la reproduce saben qué es la producción ecológica, no han leído el reglamento que la regula (enlazado en el párrafo anterior) o tienen un interés concreto en manipular a los lectores. Así pues, no se dejen manipular, si no tienen ni idea de cómo se produce en ecológico acudan a la fuente para saber qué es la producción agraria ecológica.

El artículo cuestiona la capacidad de la agricultura orgánica para alimentar el mundo. Se cita la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) como fuente para dar peso al argumento de la creciente población mundial, pero se obvia que la propia FAO considera que la agricultura orgánica es capaz de garantizar la seguridad alimentaria. Es decir, la máxima autoridad mundial en la materia avala la capacidad de la agricultura ecológica para garantizar las necesidades nutricionales de la creciente población del planeta pero el artículo le da más credibilidad a una persona que lo cuestiona con una burda simplificación que no se soporta en datos ni referencias.

Cabría recordar que gran parte de la producción de alimentos a día de hoy no se consume (al menos un tercio a nivel mundial y cerca de la mitad en nuestro entorno).  Forma parte de un despilfarro global, favorecido por prácticas de agricultura intensiva en las que priman criterios que no tienen que ver con la nutrición humana o la conservación de los ecosistemas.

A continuación viene la parte de la huella ecológica. Se olvida en el artículo mencionar que la agricultura ecológica se basa en la aplicación de criterios científicos para reducir, precisamente, el impacto ambiental sobre los ecosistemas y la salud humana de las prácticas agrícolas. En el artículo se argumentan una serie de situaciones interesantes en relación a prácticas agrícolas más o menos esotéricas, que no tienen por qué tener el amparo del Reglamento de producción y etiquetado ecológico, pero no se nos comparan con el impacto de los métodos de la agricultura convencional, que no tienen en cuenta criterios de impacto sobre ecosistemas. Nuevamente argumentación interesada y sin contrastar.

El artículo critica que la agricultura ecológica es más contaminante porque requiere de más cuidados que la industrializada, cuando lo que ocurre es que la intensificación de la agricultura industrial se consigue reemplazando a las personas y los procesos ecológicos con productos agroquímicos. Un ejemplo sencillo está en la fertilidad del suelo: mientras que en la agricultura ecológica se mantiene y fomenta la fertilidad natural, en la agricultura industrial se consigue a base de productos químicos sintéticos. Sí, quizá el laboreo superficial de la agricultura ecológica requiere labrar más veces, pero la agricultura convencional hace una labor profunda, con potentes subsoladoras que requieren maquinaria más potente que consume más energía. ¿Cuál emite más gases de efecto invernadero? Comparemos el consumo energético con datos, no haciendo simplificaciones que sólo pueden convencer a quien no tiene información suficiente para contrastar los argumentos expresados en el artículo.

Por cierto, mientras que la agricultura industrial elimina materia orgánica del suelo la agricultura ecológica la fija, de modo que el balance en términos de CO2 es más favorable para las prácticas ecológicas, que consiguen hacer del suelo agrícola un sumidero de gases de efecto invernadero frente, por ejemplo, a la ganadería intensiva que es fuente de gases de efecto invernadero.

En cualquier caso, resulta difícil de creer que una práctica agrícola que considera la huella ecológica tenga más huella ecológica que otra que, directamente, la ignora. Creo que con lo apuntado más arriba sería suficiente para dejar en evidencia que las argumentaciones sobre huella ecológica presentadas en el artículo de El País dejan mucho que desear: mezclan conceptos y no tratan la cuestión con la profundidad que requería la descalificación que intenta verter contra los productos ecológicos –que, insisto, sí incorporan consideraciones relativas a la huella ecológica en su proceso productivo-.

Para entenderlo mejor, es como comparar la seguridad de los dos coches, uno que tiene cinturones de seguridad y otro que no los tiene, diciendo que los cinturones de seguridad son muy peligrosos porque te pueden romper las costillas en caso de accidente ¿qué ocurre en el mismo accidente en el coche sin cinturones de seguridad? ¿Invitamos a viajar en coches sin cinturón de seguridad? Eso es lo que hace el artículo de El País.

Y llegamos al asunto de los transgénicos. Porque, en el fondo, el ataque a lo ecológico viene del mundo de los transgénicos. La única forma de consumir productos libres de organismos modificados genéticamente es… sí, han acertado: comprar productos etiquetados como ecológicos según el reglamento europeo. Una creciente demanda de productos ecológicos es una amenaza para los intereses de los que viven de las nóminas y facturas publicitarias pagadas por la industria del transgénico. Podrían ponerse a investigar y a hacer ciencia para salvar el planeta, pero prefieren seguir con su negocio y tratar de engañarnos a todos con argumentos sesgados o faltando a la verdad.

Y qué me dicen del sabor… “Es una idea errónea: si un tomate comprado en una gran superficie no sabe a tomate no es por el tipo de agricultura del que proviene, sino porque, ante una demanda de productos visualmente perfectos (escogemos el tomate por su color y no por su sabor), los productores convencionales priorizan el atractivo de los alimentos sacrificando su sabor”. Menos mal que los que compramos productos ecológicos sabemos que la práctica agraria sí repercute en un producto con mejores propiedades, especialmente el sabor, y no nos dejamos llevar por los intereses de las grandes cadenas.

Luego están las declaraciones sobre el etiquetado. En vez de explicar, de forma más o menos clara, qué implica el etiquetado ecológico de alimentos se hace una serie de afirmaciones que pueden llevarnos a dudar sobre el rigor de la Etiqueta Ecológica. Conviene recordar en este punto que el Reglamento de producción ecológica se establece por la Unión Europea precisamente para que los consumidores tengan claro qué implica el etiquetado ecológico de los alimentos que van a consumir.

Por suerte los que estamos a favor de los productos ecológicos también tenemos a la ciencia de nuestro lado y podemos desmontar cualquiera de las argumentaciones interesadas que se plantean en el artículo. Empezando, precisamente por los conflictos de intereses en las investigaciones publicadas sobre cultivos modificados genéticamente. Hasta el extremo de que el ecologismo se permite cuestionar, con datos de rendimiento de los últimos 20 años, las supuestas bondades de la agricultura transgénica.

También la ciencia ha dado respuesta en numerosos artículos a la necesidad de reducir la huella ecológica de la agricultura manteniendo su capacidad para alimentar a una población creciente. Y la Unión Europea, con la participación de investigadores, la industria y el conjunto de la sociedad, ha recogido el reto en un Reglamento (enlazado más arriba) que establece las reglas de la producción ecológica de modo que sean justas y claras para productores y consumidores, así como para los periodistas e investigadores que tengan interés en informar a la población sobre las consecuencias de sus decisiones de consumo.

Así pues, diga lo que diga la agricultura industrial en las páginas de El País, puedes seguir comprando (o empezar a comprar) productos ecológicos con la conciencia tranquila. ¿Por qué lo dijo yo en mi blog? No. Porque antes de creerte lo que dicen los demás sin aportar pruebas y sólo con comentarios más o menos fundados, puedes acudir a fuentes fiables y encontrar datos contrastados y argumentos sólidos que abalan la práctica de la agricultura y la ganadería ecológicas.

Y sí. te recomiendo que consumas ecológico: ayudarás a mejorar la conservación de los ecosistemas de todo el planeta, especialmente los dedicados a producción agrícola, y estarás comiendo productos mejores para tu salud y la de los que te rodean.

Mi duda final es ¿le das credibilidad a un artículo como el publicado en El País por salir en este medio o eres consciente de que es un contenido que contribuye a la infoxicación que perpetúa un modelo de consumo insostenible?

Las imágenes e infografías salen de la web de la Comisión Europea sobre Agricultura Ecológica, donde hay mucho material interesante para informar, formar y divulgar sobre producción y alimentación ecológica.



Puedes leer y comentar el artículo completo en: productor de sostenibilidad.

Comprar, comer, optar

Cuando Juan Salvador Torres explicó hace unas semanas a Jordi Évole que la superoferta de naranjas a 50 céntimos el kilo de Mercadona provoca el abandono del campo porque los agricultores pierden dinero, lo que nos estaba diciendo es que para que el consumidor compre barato, no todo vale.

Ir a la compra y, en esencia, comer tienen una larguísima cadena de consecuencias en el medio ambiente, en la salud, en la economía y en el modelo de sociedad actual que casi no podemos imaginar. Como tampoco podemos imaginar que alimentarnos de manera diferente pueda ser tan beneficioso para tantos.

Esto es lo que explica el libro Grupos de consumo. Una cultura agroalimentaria sostenible, una guía práctica sobre un fenómeno en alza en nuestro país y fuera de él, los grupos de consumo agroecológicos. Consumidores concienciados que se organizan para comprar alimentos ecológicos directamente a agricultores y ganaderos de la región. A precios justos con los que éstos puedan vivir sin tener que abandonar el campo, como los productores de naranjas de los que hablaba Juan Salvador Torres. Eso significa nada menos que apostar no sólo por el medio ambiente y la salud, sino también por un modelo socioeconómico sostenible.

Editado por la editorial de Ecologistas en Acción, Grupos de consumo. Una cultura agroalimentaria sostenible está escrito en forma de manual para todo aquél que quiera saber en qué consiste formar parte de un grupo de estas características. Ofrece todas las claves y herramientas necesarias para poder crear uno, ya sea autogestionado, como asociación o cooperativa, con cesta abierta o cerrada o pedido a la carta. También detalla los recursos humanos y materiales necesarios para su funcionamiento, los criterios para seleccionar a los productores, los problemas más comunes que pueden surgir, la “incomodidad” que supone formar parte de un grupo de consumo -frente a hacer la compra en el súper de debajo de casa-, y los beneficios y el cambio de rutinas que le esperan al nuevo miembro.

Escrito por integrantes de diferentes grupos de consumo conocedores de esta realidad desde dentro, el libro nos cuenta además cómo son varios colectivos muy diferentes que hoy existen en distintos puntos del país.

Pero no sólo eso: Grupos de consumo… ofrece también un panorama muy completo y esclarecedor sobre las consecuencias que tiene el modelo actual de producción y consumo de alimentos en el medio ambiente, en la salud y en la economía y la sociedad actuales a nivel mundial.

Etiqueta de una caja de mandarinas en un supermercado donde se indican los productos químicos postcosecha con los que las tratan para que duren más.

Y además nos aclara conceptos que a menudo se confunden: no es lo mismo la agricultura ecológica que la agroecología, y la soberanía alimentaria va aún más lejos.

De ir más lejos trata este libro, ya que formar parte de un grupo de consumo implica no sólo consumir alimentos cultivados de forma ecológica que sean más sanos para la salud y para el medio ambiente. También supone reducir el daño ambiental que provocan la distribución y el consumo apostando por una producción cercana al consumidor -con menos kilómetros de transporte, reduciendo así su impacto contaminador-, y una compra con la menor cantidad posible de bolsas, plásticos o empaquetados. Y posibilita el pago directo a los productores de un precio que les permita vivir dignamente y seguir cultivando el campo.

Es decir, significa apostar por un modelo de consumo más respetuoso con el medio ambiente, pero con una visión integradora que contempla no solamente al planeta, sino también a las personas.

Ficha del libro

Grupos de consumo. Una cultura agroalimentaria sostenible, Autores: Andrés Couceiro, Yago Martínez, Juan Alonso, Pablo Saralegui, Eva Ortega y Elisa Santafé. Ilustrado por Daniel Montero. Ed. Libros en Acción, 80 páginas, 7 euros. Adquirible en la tienda online de Ecologistas en Acción (https://www.ecologistasenaccion.org/tienda/editorial/1695-libro-grupos-de-consumio.html)



Puedes leer y comentar el artículo completo en: Comunidad ISM » Blogs.