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Déficit de Naturaleza: Algunas críticas y bastantes logros

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A pesar de su indudable éxito, el concepto Trastorno por Déficit de Naturaleza (ver post anterior) , acuñado por Richard Louv, en 2005, no está exento de cierta polémica.

escuela el ardal

Actividad realizada en el taller familiar en la Escuela El Ardal, Madrid (La Traviesa Ediciones, octubre, 2019)

Por un lado, en cierta medida, se critica que no es un concepto totalmente nuevo. Este es un hecho que el propio Louv admite, reconociendo que, realmente, no hay nada nuevo en su mensaje y que, antes que él, muchas personas pioneras del mundo de la docencia, la investigación o la literatura, han trabajado en favorecer la conexión de los niños y niñas con la naturaleza, poniendo las bases de este movimiento.

El antecedente, quizás, más directo es el concepto de Extinción de la Experiencia, que Robert Pyle, planteó en 1993, refiriéndose a la creciente desafección de la naturaleza y sus consecuencias, tanto sobre nuestro desarrollo y salud como sobre nuestra implicación, provocando una mayor apatía sobre la problemática ambiental. Pero ha habido anteriormente muchas otras figuras destacadas que pusieron los cimientos. En la década de los 60, David Sobel, planteaba la importancia de ofrecer experiencias transcendentales en la naturaleza, frente a la transmisión de un excesivo pesimismo ecológico, generador de ecofobia. Y, Rachel Carson, reivindicaba la necesidad de despertar en los niños y niñas el sentido del asombro ante la naturaleza. Mucho antes, el Nature Study Movement, con su mantra «aprende en la naturaleza, no en los libros», promovió el estudio fuera del aula.

En nuestro país, el referente más destacado es la Institución Libre de Enseñanza, además de figuras como Rosa Sensat, Margarita Comas, Enrique Rioja, Celia Viñas, etc. Incluso, podemos encontrar una versión literaria, el Síndrome Heide, en la novela homónima que Johanna Spyri escribió en 1880.

Síndrome Heidi

Se conoce como "Síndrome Heidi" al conjunto de alteraciones que padecen los pequeños sometidos a un ambiente alejado del entorno natural

Además, ha recibido también otro tipo de críticas, de algunos sectores de la educación ambiental, que tienen que ver con el desvío de la atención que puede provocar, respecto a otros problemas más acuciantes. En el sentido de que, si se focaliza la educación ambiental en salidas de escolares al campo, por ejemplo, se relegan a un segundo plano o, directamente, no se hacen programas de educación ambiental, críticos con las bases del actual sistema socioeconómico. En definitiva, promover el contacto con la naturaleza, como exclusivo objeto de la educación ambiental, sería mucho más asumible desde cualquier institución. ¿Quién no querría ofrecer fotos de niños y niñas rodeados de naturaleza en su resumen anual de compromiso medioambiental?

Más allá de estas opiniones, que podemos compartir o no, hay que reconocer los grandes avances que ha supuesto. Para empezar, ha conseguido generar un amplio debate en la sociedad sobre la falta de conexión entre los seres humanos y el resto de la naturaleza. En relativamente poco tiempo, ha puesto en primera línea la problemática del alejamiento de la naturaleza de nuestro modelo de vida y ha conseguido introducirse en nuestro vocabulario, evocando inequívocamente lo que quiere evidenciar.

Pero, además, ha conseguido calar, de una manera u otra, en diferentes disciplinas. Así, aunque, como reconocería Louv posteriormente, «no pretendía ser un término médico, sino una manera de describir la distancia creciente que separa a los niños de la naturaleza» (Louv, R., 2012); a nivel sanitario, cada vez más en más países, se apoyan las tesis de fondo que postula. Por poner un ejemplo, el Comité de Salud Medioambiental de la Asociación Española de Pediatría, lo incluye entre sus frentes, al constatar el gran tiempo que pasa la infancia en espacios cerrados, conectada a la realidad virtual. En condiciones normales (precoronavirus), los estudios realizados en nuestro país indican que los niños y niñas de cuatro a doce años, pasan más de 20 horas al día en espacios cerrados y casi 1000 horas al año, delante de pantallas (de cualquier tipo). Solo uno de cada cuatro juega al aire libre cada día y, aún menos en las ciudades. Por esto, la Asociación Española de Pediatría, plantea fomentar el vínculo de las familias con la naturaleza, en las consultas, «recetando naturaleza». El coordinador José Antonio Ortega, declara que «salud, enfermedad y medioambiente son un trinomio indisoluble. Las medidas que favorecen la salud, son buenas también para proteger el planeta; y al revés». (Asociación Española de Pediatría, 2017).

Desde otras disciplinas, como la psicología ambiental, numerosos estudios e investigaciones han demostrado los beneficios del contacto directo con la naturaleza:  favorece el desarrollo neurocognitivo, reduce los problemas de conducta, procura mayor bienestar mental, aumenta la capacidad de reflexión y concentración, reduce la fatiga atencional y ayuda a mantener la capacidad de atención. Igualmente, la naturaleza cercana (presencia en el entorno de la casa, el barrio o la escuela), tiene un efecto restaurador frente a eventos estresantes o traumáticos y ante la fatiga mental, favoreciendo la autoestima, la capacidad para afrontar situaciones negativas y, en casos de TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad), se disminuyen los síntomas al realizar actividades en zonas verdes. Además, la psicología ambiental también ha constatado que el vínculo afectivo con la naturaleza es uno de los factores fundamentales que favorecen el compromiso ambiental. Se concluye que las variables que motivan el comportamiento proambiental son complejas, no bastando con el conocimiento de los problemas ambientales. Según los estudios realizados, con personas comprometidas con la defensa del medioambiente, los dos factores principales que han conducido a su alto nivel de implicación son: las experiencias positivas en áreas naturales durante la infancia y la influencia de modelos a seguir, como familiares, docentes o iguales. (Collado, S. y Corraliza, J. A., 2011 y 2019).

Desde el punto de vista educativo, también múltiples estudios demuestran que la naturaleza mejora el aprendizaje, por un lado, por los efectos directos en el estado del alumnado, favoreciendo más atención, menos estrés, mejora de la autodisciplina, más autocontrol, mayor motivación, disfrute e interés y mejora de la forma física. Por otro lado, supone un entorno más favorable para el aprendizaje, porque ofrece más tranquilidad y calma, favorece relaciones más cooperativas y prosociales, promueve la autonomía, creatividad y formas más beneficiosas de juego. Además, ofrece beneficios para el desarrollo personal, fomentando habilidades y cualidades que ayudarán al desempeño de la vida adulta, como la perseverancia, el pensamiento crítico, el trabajo en equipo, la resiliencia, etc. (Kuo, M., Barnes, M. y Jordan, C., 2019).

baños en el bosque

Se ha observado que la exposición a espacios forestales tiene numerosos beneficios como una mayor relajación o sensación de bienestar fisiológico, entre otros

Aunque, todavía sin datos totalmente concluyentes, las investigaciones iniciadas desde la fisiología y la neurociencia, ofrecen resultados que van avalando estas tesis. Lo que no está claro todavía es gran parte de los mecanismos fisiológicos, que explicarían los efectos encontrados. Esta es la tarea de las numerosísimas líneas de investigación abiertas en distintos países. Los estudios con más trayectoria son los realizados en el marco de los denominados Baños De Bosque, en Japón, en donde la Medicina Forestal es una subespecialidad del sistema público de salud. De momento, se ha observado que la exposición a espacios forestales produce un refuerzo del sistema inmunitario, una mayor relajación del cuerpo por incremento de la actividad del sistema nervioso parasimpático y menos tensión por reducción de la actividad del sistema nervioso simpático, menor estrés y sensación de bienestar fisiológico, observándose una disminución de actividad en la parte del cerebro dedicada a las funciones ejecutivas y aumento de la actividad en otras partes del cerebro relacionadas con el placer, emoción y empatía; así como una bajada del nivel de cortisol en la saliva, que es un indicador de estrés. (Miyazaki, Y., 2018).

En definitiva, todo este cuerpo creciente de estudios está demostrando los beneficios del contacto con la naturaleza y que, más allá de una moda pasajera, es una verdadera necesidad para nuestra especie. Por lo que, como reflexiona Louv: «La ciencia no tiene todas las respuestas, pero sabemos que el contacto con la naturaleza, incluso limitado, puede aliviar los efectos del trastorno por déficit de atención y puede ayudar a contrarrestar los efectos del estrés tóxico. Así, los estudios que correlacionan estos efectos beneficiosos se han multiplicado rápidamente. Necesitamos investigar más, pero como dice Howard Frumkin, decano de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Washington: “Sabemos lo suficiente como para actuar”». (Richard Louv, en Cornell, J., 2018).

Referencias

Asociación Española De Pediatría (2017). La salud medioambiental pediátrica, objetivo prioritario del siglo XXI [Comunicado de Prensa]. Extraído el 27/04/20, de https://www.aeped.es/sites/default/files/np_salud_medioambiental_aep_30112017.pdf

Collado, S. y Corraliza, J. A. (2016). Conciencia ecológica y bienestar en la infancia. Efectos de la relación con la Naturaleza. Madrid: CCS, colección CAMPUS.

Cornell, J. (2018). Compartir la naturaleza. Juegos y actividades para reconectar con la naturaleza. Para todas las edades. Sevilla: La Traviesa Ediciones.

Corraliza, J.A. y Collado, S. (2019). Conciencia ecológica y experiencia ambiental en la infancia. Papeles del Psicólogo / Psychologist Papers, 2019 Vol. 40(3), pp. 190-196. Extraído el 27/04/20, de: https://doi.org/10.23923/pap.psicol2019.2896

Kuo, M., Barnes, M. y Jordan, C. (2019). Do Experiences With Nature Promote Learning? Converging Evidence of a Cause-and-Effect Relationship. Frontiers in Psychology (10) (pp. 305). Extraído el 27/04/2020, de https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fpsyg.2019.00305/full

Louv, R. (2012). Volver a la naturaleza. Barcelona: RBA Libros.

Louv, R. (2018). Los últimos niños en el bosque. Madrid: Capitán Swing.

Weilbacher, M., (Tr. Pérez, S.) (2010): El último niño de los bosques, El primer libro en este campo. Extraído el 27/04/20, de: https://greenteacher.com/article%20files/elultimoninodelosbosques.pdf

Miyazaki, Y. (2018). Shinrin-yoku. Baños curativos de bosque. La terapia japonesa para promover la salud, la relajación y fortalecer el sistema inmunitario. Barcelona: Blume.

Si te interesa esta materia, te recomendamos el curso de Guía de Naturaleza y el curso de Educación e Interpretación Ambiental

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Darnos cuenta de lo importante cuando lo perdemos: Déficit de naturaleza, ¿una oportunidad para la educación ambiental?

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Cercanas o lejanas, las experiencias en el mundo natural nos hacen volver a sentirnos vivos. Trata de recordar esos momentos en los que te encontrabas al aire libre, moviéndote, aprendiendo, usando los sentidos plenamente y encontrándote verdaderamente feliz. Quizás hayan sido momentos poco frecuentes —aunque espero que no sea el caso—, pero si tuviste la suerte de vivir una experiencia así, esta se queda grabada permanentemente en la memoria. Llevan vida dentro. Cuando vuelves a recordar esos momentos, vives de nuevo el sentido profundo de maravillarte y sientes que todo es posible.

-Richard Louv, en Cornell, J., 2018

déficit naturaleza

Fuente: José Luis Roca García

El confinamiento ha hecho que seamos más conscientes de nuestra necesidad de contacto con la naturaleza

A veces nos damos cuenta de lo importante que es algo o alguien cuando lo perdemos. Es bastante frecuente, no siempre valoramos lo que tenemos. Si algo ha evidenciado este tiempo extraño que nos ha tocado vivir, es lo mucho que echamos de menos estar al aire libre. Hemos sentido de forma palpable eso que llamamos Déficit de naturaleza.

Incluso, entre la gente más urbanita, la falta de contacto con el medio natural está siendo una de las privaciones más difíciles de sobrellevar. Buena muestra de ello es que, en redes y medios de comunicación, se han multiplicado consejos o recomendaciones para sentir menos esa pérdida, como repositorios de imágenes naturales, webcam de espacios protegidos, sonidos de la naturaleza, películas, documentales, observaciones de seres vivos desde la ventana, seguimiento de aves, observar árboles, cuidar plantas… Y, ahora, en la primera fase de desconfinamiento, las familias se han lanzado, si tenían la oportunidad, a la primera zona verde o descampado que tuvieran cerca.

combatir Deficit Naturaleza REEFNAT

Fuente: REEFNAT (Red Estatal de Educación Física en la Naturaleza)

A la vez, nos hemos dado cuenta, de manera evidente, de que la naturaleza no nos necesita. Muy al contrario, le va mejor sin nuestra presencia. Este tiempo, nos ayuda a reflexionar sobre lo mucho que necesitamos a la naturaleza, sobre lo importante que es mantener la biodiversidad, y no solo por razones egoístas, sino porque nos damos cuenta de que nuestro cuerpo, y nuestra mente, necesita sentir, con todos nuestros sentidos, esa conexión con la naturaleza que nos recuerda, al fin y al cabo, que somos naturaleza.

Esta reclusión obligada tiene muchas caras y si algo se ha evidenciado es la gran desigualdad de nuestra sociedad. Entre otras muchas desigualdades, que, a veces son cuestiones de verdadera supervivencia, el acceso a la naturaleza en el hogar también marca la diferencia, con sus consecuentes efectos para nuestra salud física y mental. Es obvio que no se sufre igual el confinamiento en un piso que, en una casa con jardín. Incluso, simplemente, tener vistas a una zona verde, ya es diferente.

También ha evidenciado otras muchas cosas, como la necesidad de cuestionarnos nuestro estilo de vida, de darnos cuenta de que se puede vivir mejor con menos, de preguntarnos cuál es la verdadera vida de calidad. Ahora, consideramos privilegiadas a las personas que «tienen la suerte» de vivir en el campo y, en cierta medida, ha puesto en valor la vida en el mundo rural, la importancia de la autosuficiencia y de la libertad de cultivar tus propios alimentos, por ejemplo. Pero, todo esto daría para otro post…

Trastorno por Déficit de Naturaleza, un eslogan para llamar nuestra atención

Volvamos al Déficit de Naturaleza. Más concretamente al Trastorno por Déficit de Naturaleza. Este concepto fue acuñado por Richard Louv en 2005, en su conocido libro Last Child in the Wooods (editado en castellano en 2018). Aunque mucha gente lo utiliza, no todo el mundo es consciente de que no es una patología médica. Justamente, el acierto de Louv, como buen periodista, fue utilizar una metáfora de que se asemejaba a un término médico para llamar nuestra atención. Y, desde luego que lo consiguió. De hecho, quizás ha sido una de las personas que más ha influido en la toma de conciencia, a nivel mundial, de esta problemática; que afecta tanto a personas (de todas las edades), familias como a comunidades.

Pone en cuestión nuestra actual forma de vida, cada vez más artificiosa y tecnológica, que nos distancia cada vez más del mundo natural y de los demás seres vivos, no solo a niños y niñas, sino también a personas adultas. Este creciente alejamiento tiene efectos negativos sobre nuestra salud individual y también sobre nuestro bienestar social, pues, a la vez, nos aleja de las otras personas.

En su libro, Louv analiza cómo ha cambiado la forma de vida, de los niños y niñas, en los últimos 40-50 años. Sea por modas, inseguridades, concepciones de la calidad de vida, tipo de desarrollo urbanístico, etc., el resultado es que la vida infantil ha cambiado. Pasa la mayor parte del día recluida entre cuatro paredes, sufriendo el acelerado ritmo de horarios estresantes sobrecargados de actividades y, en gran medida, de tecnología. Louv reúne numerosas investigaciones empíricas que prueban las consecuencias de esta deficiencia de naturaleza sobre las personas y, especialmente, sobre la infancia, revelándose como uno de los factores que influyen en problemas físicos y psicológicos, como la obesidad, disminución de la capacidad motora, déficit de vitamina D, disminución de la capacidad de percepción sensorial, depresión, ansiedad, estrés, deficiencias de atención, etc. Concluye con la inaplazable necesidad de volver a reconectar con la naturaleza o, como llamará más tarde, también metafóricamente, de vitamina N.

Tras la publicación de su libro, en 2006, cofundó la red internacional Children & Nature (C&NN), que realiza una importante labor de recopilación de investigaciones sobre el tema, organiza encuentros internacionales y locales, ofrece recursos y formación especializada, realiza campañas de sensibilización general y campañas de presión política, etc.

A pesar de su indudable éxito, el concepto acuñado por Louv no está exento de cierta polémica. Sin embargo, hay que reconocer su incuestionable éxito. Además de calar con fuerza en la sociedad, se ha introducido, de una manera u otra, en diferentes disciplinas científicas. De todo esto tratará el siguiente post.

Reconectar con la naturaleza, más que nunca, e ir más allá…

Ante esta creciente sensibilidad, especialmente ahora, quizás, este sea un momento excepcional para aprovechar la toma de conciencia de los beneficios de la reconexión con el medio natural, que parece tan generalizada, tanto a nivel social como científico.

A nadie se le escapa que el sector de la educación ambiental va a sufrir fuertemente la crisis (acentuada por su precariedad estructural), aunque, en mi opinión, creo que este tiempo de cambio también puede suponer una oportunidad. Quién sabe si, tal vez, esta crisis pueda suponer una tendencia hacia una mayor demanda de ayuda para conectar o reconectar con la naturaleza. Si es así, ojalá venga para quedarse.

Ahora bien, con las incertidumbres que la nueva situación nos impone, tendremos que plantearnos, cómo vamos a afrontar, durante la «nueva normalidad», nuestra práctica al aire libre. Seguro que tendremos capacidad y creatividad para adaptarnos a las nuevas circunstancias, como siempre lo hemos hecho en la educación ambiental.

En mi caso, si pienso en los cursos y talleres que realizo habitualmente, en los que la parte práctica está muy centrada en el Aprendizaje Fluido (ver post anterior), me surgen bastantes dudas de cómo compatibilizarla con las medidas de seguridad. En unas actividades que, en muchos casos, suponen contacto físico entre participantes, a veces muy estrecho… Así que, tendremos que hacer bastantes cambios, para conseguir llegar a esos momentos de disfrute y conexión profunda tanto con la naturaleza como con las otras personas.

Curso PAFA

Imágenes del taller familiar en la Convivencia Rural Berrocal (La Traviesa Ediciones, abril 2019)

Por otro lado, respecto a la desescalada educativa, en otros países, ya se está planteando pasar más tiempo al aire libre durante el horario lectivo, para evitar la aglomeración en espacios cerrados. Esto podría implicar, en primer lugar, la necesidad de formación del profesorado para impartir docencia al aire libre y, en segundo lugar, la posibilidad de ofertar servicios de educación ambiental a la comunidad educativa, mayoritariamente, en la naturaleza.

De lo que sí que estoy convencida es de que este tiempo de cambio debe suponer un punto de inflexión para la educación ambiental. La pandemia nos ha cargado la mochila, aún más, de razones contundentes. Tenemos que aprovecharlo y no dejar que el negacionismo (de cualquier índole) nos gane la batalla. Desde el ámbito en el que trabajemos, sea cual sea, tendríamos que conseguir hacer una educación cada vez más integradora. Siempre lo hemos hecho, pero, ahora, es más necesario que nunca. No podemos trabajar de manera parcelada, tenemos que integrar todas las perspectivas: la reconexión con la naturaleza, la preservación de la biodiversidad, la emergencia climática, los ODS, la justicia ecosocial, el consumismo, la salud…

Y, sobre todo, tenemos que ser capaces de ofrecer experiencias verdaderamente transformadoras que provoquen la acción, porque un cambio de conciencia sin actos no es nada.

Si te interesa esta materia, te recomendamos el curso online Educación e Interpretación Ambiental.

Referencias:

Cornell, J. (2018). Compartir la naturaleza. Juegos y actividades para reconectar con la naturaleza. Para todas las edades. Sevilla: La Traviesa Ediciones.

Louv, R. (2012). Volver a la naturaleza. Barcelona: RBA Libros.

Louv, R. (2018). Los últimos niños en el bosque. Madrid: Capitán Swing.

Weilbacher, M., (Tr. Pérez, S.) (2010): El último niño de los bosques, El primer libro en este campo. Extraído el 27/04/20, de: https://greenteacher.com/article%20files/elultimoninodelosbosques.pdf

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El Arte del Aprendizaje Fluido: Una práctica transformadora de Educación Ambiental en la naturaleza

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La metodología del Aprendizaje Fluido transforma tanto a quienes la imparten como a quienes la reciben, ayudando a reconectar con la naturaleza de manera profunda, significativa y placentera.

Cuando allá por los años 90 comencé a trabajar como educadora ambiental en un centro de naturaleza en el Parque Natural de Los Alcornocales, no sabía que experimentaría una transformación personal que me introduciría en el apasionante mundo de la educación ambiental para siempre.

Aprendiendo en la práctica de mis compañeros y compañeras, empecé a utilizar los juegos actividades de la metodología que Joseph Cornell había desarrollado en sus libros Vivir la naturaleza con los niños[1] y Compartir el amor por la naturaleza[2]. Durante aquellos años no solo puede compartir el amor por la naturaleza con las personas a las que guiaba y ver el positivo impacto que sobre ellas tenían estas actividades, sino que yo misma experimenté una transformación profunda, empecé a vivir de manera consciente mi relación el mundo natural y a experimentar momentos de verdadera comunión con la naturaleza

Por eso, cuando decidí comenzar la aventura de La Traviesa Ediciones, como proyecto editorial centrado en la educación ambiental, tenía muy claro que quería rescatar aquellos libros descatalogados en nuestro país. Mi sorpresa fue encontrar que Joseph acaba de publicar un nuevo libro que recogía el bagaje acumulado en casi cuatro décadas de trabajo en todo el mundo, formando a miles de docentes, a profesionales del medioambiente y la educación ambiental en la naturaleza y organizando actividades para familias, a través de Sharing Nature Worldwide. Esta red, que Joseph Cornell creó a principios de los 80, se extiende en la actualidad a 13 países (además de EEUU), como Japón, Alemania, Brasil, Nueva Zelanda, Canadá, Reino Unido, China, Portugal, etc.

Encontré una gran receptividad y apoyo al proyecto editorial por su parte, gracias al cual, ha visto la luz en mayo de este año COMPARTIR LA NATURALEZA. Juegos y actividades para reconectar con la naturaleza. Para todas las edades[3] .

Imagen: Paqui Godino

Los principios del Aprendizaje Fluido

Esta metodología tiene varios fundamentos, cimientos muy sencillos, pero revolucionarios. A través de actividades vivenciales, tanto la mente como el corazón son estimulados conjuntamente.

Para favorecer una verdadera conexión con la naturaleza y restaurar los vínculos rotos es necesario aprender desde la emoción y la empatía, ofreciendo experiencias que sean transformadoras: Aprender con el corazón.

La alegría, la diversión y el juego impregnan la práctica, pero también se favorecen momentos de alegría serena, de disfrute y conexión profunda con la naturaleza.

Fomentar el entusiasmo, la curiosidad y el sentido del asombro son indispensables para un verdadero proceso de aprendizaje, a todos los niveles. Como dice Cornell: «Los bienes supremos de los alumnos son el entusiasmo, la curiosidad y la capacidad de asombro. Si atrofiamos estas cualidades, destruimos esa parte de nosotros capaz de conectar con la vida y abrazarla».

Además, es imprescindible lograr una percepción consciente de la naturaleza, estar presentes aquí y ahora. Todo ello, de manera muy experiencial, favorecido por la utilización de todos nuestros sentidos.

En el prólogo de esta edición, Heike Freire, refiriéndose a Gus Speth, que afirma que «ni nuestros enormes conocimientos ni nuestra muy desarrollada capacidad técnica van a permitirnos resolver los problemas medioambientales. Porque su verdadero origen está en otro lugar, tiene que ver con emociones y sentimientos, valores y actitudes». Es justamente desde este lugar, del que parte esta metodología: las emociones, sentimientos, valores y actitudes, aunque sin olvidar, claro, el necesario conocimiento y rigor científico.

Richard Louv, padre del concepto trastorno por déficit de naturaleza, que prologa la edición original, nos recuerda que los niños y niñas del siglo XXI crecen desconectados del mundo natural; una desconexión con consecuencias muy negativas y nos insta a desarrollar, a todas las edades, actividades inmersivas en la naturaleza. Así refiriéndose a esta propuesta nos dice: «Este enfoque innovador invita, tanto a los niños como a los adultos, a aprender sobre el mundo natural mediante juegos y relaciones personales placenteras, sacando a la luz la espiritualidad. Cornell nos recuerda que una vida rica en naturaleza puede ser muy divertida. Educadores de todo el mundo cuentan que los niños se sumergen en la experiencia del Aprendizaje Fluido, sin darse cuenta que su placer y disfrute es parte del plan».

Las etapas del Aprendizaje Fluido

1-    Despertar el entusiasmo a través de juegos dinámicos y divertidos, que estimulan tanto física como intelectualmente. Entusiasmo en el sentido de expectación e interés que favorece el deseo de aprender. Haciendo que aprender sea divertido.

2-    Enfocar la atención para conseguir estar aquí y ahora, estas actividades ayudan a estar atentos y receptivos a la naturaleza. El entusiasmo solo no basta, es necesario dirigir el entusiasmo hacia una atención serena, que favorezca la atención y la receptividad a la naturaleza.

3-    Ofrecer una experiencia directa facilita la inmersión en la naturaleza, ofrece experiencias vivenciales directas e intuitiva, en muchos casos fomentando el uso de los sentidos. “A través de la razón podemos describir un cerezo en flor, pero no podemos sentir la experiencia de un cerezo en flor”. A eso ayudan estas actividades a vivenciar a experienciar.

4-    Compartir la inspiración, en esta última etapa compartimos las experiencias, de manera que las lecciones y sensaciones vividas se transforman en recuerdos profundos y duraderos.

Esta metodología supuso una auténtica revolución en el campo de la educación al aire libre en los años 80; que hasta entonces seguía el modelo de «caminar-parar-hablar: el monitor se detenía en un lugar de interés, charlaba sobre un tema y después seguía hasta el próximo lugar de interés. El grupo solo escuchaba pasivamente». Hoy día, se configura como una herramienta básica para la Interpretación ambiental, totalmente en la línea de los artículos de Cinta Llano Álvarez, como Que el entusiasmo te acompañeAbre los ojos o La sonrisa del (buen) guía.

Os invito a practicarla y a sentir la transformación que ejerce no solo sobre las personas que guiais en el descubrimiento de la naturaleza, sino también sobre vosotras mismas.

No quiero finalizar sin agradecer a la comunidad ISM este espacio para compartir ideas y experiencias.

CITA:
«Para crear una sociedad que de verdad ame y reverencie el mundo natural, debemos ofrecer a sus ciudadanos experiencias en la naturaleza que sean transformadoras»
Joseph Cornell, 2018



[1] J. B. Cornell, 1982, Vivir la naturaleza con los niños (Barcelona, Ediciones 29). Descatalogado.

[2] J. Cornell. 1989, Compartir el amor por la naturaleza: Juegos y Actividades para todas las edades (Barcelona, Editorial Ibis). Descatalogado.

[3] J. Cornell, 2018, Compartir la naturaleza. Juegos y actividades para reconectar con la naturaleza. Para todas las edades (Sevilla, La Traviesa Ediciones).

Si te interesa la educación ambiental como campo profesional te recomendamos el curso de Educador e Intérprete Ambiental y el de Guía de la Naturaleza: diseño de itinerarios interpretativos, que se imparten en el campus virtual de ISM.

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