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¿Qué necesitas para ser Auditor de Sistemas de Gestión?

Los sistemas normalizados de gestión vuelven a vivir un momento interesante. Diversos factores han aumentado el interés de las organizaciones por las normas ISO:

Este movimiento en el mercado de la certificación genera oportunidades de negocio y empleo para los distintos agentes que encontramos en el ecosistema de los sistemas normalizados de gestión:

  • responsables de gestión dentro de la organización que implanta el sistema,
  • consultores que asesoran para conseguir un sistema conforme a las normas de referencia y adecuado a las necesidades de la empresa,
  • auditores de sistemas de gestión, a los que dedico esta entrada.

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¿Qué es un auditor?

Básicamente es la persona que lleva a cabo una auditoría. Entre las más interesantes para los sistemas normalizados de gestión encontramos:

  • Auditoría interna (también conocida como auditoría de primera parte): es requisito de las normas de gestión y sirve para que la organización compruebe cómo funciona su sistema, si está correctamente implantado, si consigue los objetivos propuestos, si es conforme a la norma de referencia… Se llama interna porque los resultados de la auditoría son de uso interno, pero puede ser realizada tanto por personal de la empresa como por personal externo, normalmente un consultor.
  • Auditoría de certificación: es la que hace una organización independiente al objetivo de asegurar la conformidad del sistema de gestión con la norma de referencia. Se llama auditoría de tercera parte, porque debe realizarla alguien sin intereses en la organización y el resultado –el certificado de sistemas de gestión- no es un resultado interno, si no que informa al conjunto de la sociedad sobre el compromiso de gestión de la empresa certificada.

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¿Quién es competente para realizar auditorías?

Pueden ser auditores quienes cuenten con capacidad para aplicar conocimientos y habilidades para alcanzar los resultados pretendidos en el proceso de auditoría. Un auditor debe contar con la formación y experiencia adecuadas para revisar sistemáticamente la organización auditada y comprobar que el sistema de gestión sirve al propósito por el que se implanta, incluyendo la conformidad con la norma de referencia.

¿Qué se necesita para ser auditor?

Así pues, en primer lugar, el auditor necesita un conocimiento profundo de las normas de gestión. Para un auditor de gestión ambiental, este conocimiento se adquiere con cursos específicos sobre gestión ambiental o en cursos especialistas de sistemas integrados de gestión –que aportan una visión más amplia de la gestión en la empresa-.

A partir de aquí es deseable contar con experiencia en el diseño e implantación de sistemas de gestión. Esta puede venir del trabajo en organizaciones que cuentan sistemas certificados, siendo responsable o empleado de departamentos de gestión ambiental, de la calidad o prevención de riesgos laborales. También se adquiere esta experiencia, más rápidamente y con más diversidad de enfoques, trabajando en consultoría de gestión. El consultor visita distintas empresas de uno o varios sectores de actividad y contribuye a que los sistemas de gestión, cumpliendo los requisitos de las normas de referencia, sean adecuados a los objetivos de cada organización.

Una vez que se conocen las normas y se sabe cómo se aplican en distintas organizaciones se está preparado para seguir avanzando en la carrera de auditor. Como auditor interno es deseable conocer los procedimientos de auditoría, bien por haber asistido previamente a auditorías realizadas a la empresa en la que se trabaja, bien por acompañar a otros auditores.

Así, la experiencia en auditorías se adquiere asistiendo a auditorías, bien como consultor, bien como responsable del sistema de gestión:

  • El consultor suele acudir a auditorías, tanto internas como de certificación, en calidad de observador. Su papel es servir de intérprete entre el auditor y los responsables de la organización auditada cuando detecte que no hay entendimiento en el proceso de auditoría. Especialmente en el momento de interpretar el informe final y poner en marcha el plan de acción para resolver las no conformidades que se hubiesen detectado.
  • El responsable del sistema de gestión tiene la responsabilidad de defender el sistema de gestión, mostrando que está implantado y da cumplimiento a los requisitos de las normas de referencia para el mismo –ISO 14.001 para gestión ambiental, 50.001 para gestión de la energía… o varias de ellas en el caso de sistemas integrados de gestión.

En este punto es deseable contar con formación específica sobre la auditoría, siendo interesante haber estudiado la norma ISO 19.011, en la que se establecen las Directrices para la auditoría de Sistemas de Gestión. Entre otras muchas cuestiones, esta norma establece indicaciones sobre la competencia y evaluación de los auditores. A parte de los ya comentados sobre las normas de gestión y el proceso de auditoría, la norma destaca la importancia de conocer el contexto de la organización a auditar y los requisitos legales que son de aplicación a la actividad.

La pregunta mágica podría ser ¿qué curso debo realizar para ser auditor de sistemas de gestión? Y no admite una respuesta fácil. Como hemos visto, no se consigue ser auditor con un curso: para ser auditor hay que desarrollar una serie de habilidades y acumular experiencias que no se pueden adquirir únicamente en un aula. La base está en un conocimiento detallado de las normas de gestión, su aplicación, el sector de la actividad a auditar… Así pues, si bien es cierto que el auditor tiene que tener una buena formación y mantenerse constantemente actualizado, un curso de auditoría no garantiza que podamos ejercer como auditor.

Por mucho que paguemos cursos de auditor jefe no lo seremos hasta que no tengamos experiencia como auditores y habilidades para coordinar un equipo de auditoría. Seguro que el contenido será interesante, pero no es la forma de acceder a un puesto de auditor.

¿Cómo llegamos a ser auditores?

Para trabajar como auditor interno tenemos que empezar por encontrar un trabajo en gestión, bien en consultoría, bien en un departamento de gestión de una empresa. El acceso, dependiendo del perfil, podemos conseguirlo contando en nuestro curriculum con formación específica, bien un máster en el que se aborden los sistemas de gestión, bien un curso especialista en sistemas integrados de gestión.

Tanto en el departamento de gestión como en la empresa de consultoría empezaremos por aplicar los conocimientos teóricos a casos concretos. A entender cómo se resuelven en una empresa real cada uno de los requisitos de la norma. Esto nos permite familiarizarnos con la interpretación de los estándares de referencia.

Y un buen día empezarán a llegar las auditorías. Primero como meros observadores, en cualquiera de los dos ámbitos, luego como responsable del sistema o consultor. Aquí aprenderemos cómo otros auditores revisan el sistema de gestión, qué herramientas utilizan, qué tipo de evidencias recopilan, qué redactan en los informes de auditoría, cómo se comunican con los empleados de la organización auditada…

Poco a poco, podremos hacernos cargo de auditorías internas, bien de nuestra propia empresa -para partes del sistema de gestión en las que no estemos implicados-, bien como auditores contratados por otras empresas, a través de una consultora o como expertos en gestión en el sector de actividad de la empresa que nos tiene contratados.

El auditor interno compagina sus tareas con otras labores, bien dentro del sistema de gestión de la organización para la que trabaja, bien con otras tareas de consultoría, como la implantación de sistemas de gestión en organizaciones distintas a las que audita.

El siguiente paso sería ser auditor de certificación. En España esto implica trabajar para una empresa acreditada por ENAC para la certificación de sistemas de gestión. El acceso profesional a estas organizaciones puede ocurrir de varias maneras. Desde entrar como comercial en una certificadora a colaboraciones como freelance. En cualquier caso suele ocurrir cuando se tiene un mínimo de experiencia en gestión, normalmente en consultoría. Lo realmente inusual es que contraten a alguien sin experiencia que acaba de terminar un curso de auditor, ya que no garantiza un conocimiento de las normas de referencia ni experiencia en su implantación a actividades concretas.

Otra cuestión a considerar es qué papel queremos jugar dentro del ecosistema de los sistemas normalizados de gestión. Próximamente dedicaré otras entradas a reflexionar sobre el consultor y el responsable corporativo del sistema de gestión, pero adelanto que ser auditor de certificación no siempre es, necesariamente, la cúspide de la carrera profesional en sistemas normalizados de gestión. Es un objetivo atractivo y deseable, especialmente cuando se accede al mercado laboral, pero en función de las aptitudes y actitudes de cada uno puede que no sea el mejor objetivo profesional.

En cualquier caso, a modo de conclusión, para ser auditor lo que hace falta es conseguir un mínimo de experiencia profesional que nos ayude a tener criterio sobre cómo se aplican los requisitos de las normas en una organización concreta. Esa experiencia se consigue trabajando en sistemas de gestión, para lo que es importante estar formado y “meter la cabeza”, bien en una empresa de consultoría, bien en el departamento de gestión de una organización certificada. ¿Quieres ser auditor? ¿Estás moviendo el curriculum en la dirección correcta?

Si quieres ampliar más información sobre los Sistemas de Gestión Ambiental y cumplimiento de la Legislación, el ISM desarrolla diferentes programas formativos al respecto, Especialista en Sistemas Integrados de Gestión: Calidad, Medio Ambiente, Energía y PRL y Sistemas de Gestión Medioambiental y Requisitos Ambientales y Actualización Legislativa



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Autorización Ambiental Integrada y mejora continua

La mejora continua es una de las premisas de los sistemas normalizados de gestión, en particular resulta interesante para la sostenibilidad aquellos relacionados con la gestión ambiental. Cuando una organización decide voluntariamente acceder a un esquema de certificación ambiental entra en una espiral que irá mejorando su comportamiento y los resultados relacionados con su desempeño en materia de medio ambiente.

Mediante la aplicación del Ciclo de Deming, normas como ISO 14.001 animan a las empresas a conocerse mejor –identificando sus aspectos e impactos ambientales- y definir una planificación con objetivos y metas ambientales, acordes con la realidad de la organización, que permitan avanzar en resultados tangibles, traducidos en una mejora permanente de su gestión en cuestiones como la prevención del riesgo de causar daños al entorno.

Mejora contínua según UNE EN ISO 14.001:2015

¿Qué pasa con las empresas que deciden mantenerse al margen de las certificaciones ambientales? ¿Existe alguna forma de incluirlas en ciclos de mejora continua similar a la de los modelos normalizados de gestión ambiental? Pues lo cierto es que sí: los sistemas de autorizaciones y licencias han ido evolucionando progresivamente hasta constituirse en mecanismos vinculantes de mejora continua.

El ejemplo más claro de legislación ambiental que obliga a la mejora continua de las organizaciones lo encontramos en la Directiva 2010/75/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 24 de noviembre de 2010, sobre las emisiones industriales (prevención y control integrados de la contaminación) (DEI) y la Autorización Ambiental Integrada (AAI).

La Directiva de Emisiones Industriales (DEI) desarrolla un marco general basado en permisos integrados que tienen en cuenta todo el comportamiento medioambiental de una instalación para evitar que la contaminación se transfiera de un medio, como la atmósfera, el agua o el suelo, a otro. Da prioridad a la prevención de la contaminación interviniendo en la fuente y asegurando una gestión y un uso prudentes de los recursos naturales.

Así pues, para la obtención de la Autorización Ambiental Integrada, las instalaciones cubiertas por el ámbito de aplicación de la Directiva de Emisiones Industriales, deberán incorporar las mejores técnicas disponibles (MTD). Esto se consigue a través del condicionado de los permisos para el funcionamiento de la actividad, incentivando a las industrias a adoptar la fase más eficaz y avanzada de desarrollo de las actividades y de sus modalidades de explotación, de modo que se eviten o reduzcan las emisiones y el impacto en el conjunto del medio ambiente.

La Directiva de Emisiones Industriales, con la finalidad de determinar las mejores técnicas disponibles y limitar los desequilibrios en la Unión Europea en cuanto al nivel de emisiones procedentes de las actividades industriales, prevé la elaboración, revisión y actualización los documentos de referencia sobre las mejores técnicas disponibles (BREF) mediante un intercambio de información con los interesados.

En particular los elementos esenciales de estos BREF, las conclusiones sobre las MTD, constituyen la referencia para el establecimiento de las condiciones de la Autorización Ambiental Integrada. En la propia DEI se recoge que la Comisión debe tratar de actualizar los documentos de referencia MTD a más tardar a los ocho años de la publicación de la versión anterior. Estas actualizaciones se trasladan a las autorizaciones, ya que sus condiciones deben revisarse regularmente y cuando se aprueben conclusiones sobre las MTD nuevas o actualizadas.

Así, en un plazo de cuatro años a partir de la publicación de las conclusiones relativas a las MTD en cuanto a la principal actividad de una instalación, el órgano competente garantizará que se hayan revisado y, si fuera necesario, adaptado todas las condiciones de la autorización de la instalación.

De este modo la Directiva de Emisiones Industriales y su trasposición a la legislación española establecen un mecanismo de mejora continua en el desempeño de las actividades industriales a las que, por su particular incidencia en el medio ambiente, resulta de aplicación la Ley 16/2002, de 1 de julio, de Prevención y Control Integrados de la Contaminación (IPPC).



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Parecidos y diferencias entre ISO 14001:2015 y EMAS III

Unas de las decisiones estratégicas que tienen que tomar las organizaciones que se deciden a mostrar su compromiso ambiental ante terceros es qué esquema de certificación ambiental van a seguir. Existe un amplio modelo de certificaciones: para productos ecológicos, para huella ambiental, eventos sostenibles… en esta entrada me centraré en los principales modelos de certificación de la gestión ambiental: ISO 14001 y EMAS.

Ambos estándares se justifican en la necesidad de una guía que permita a las organizaciones mejorar su comportamiento ambiental y, mediante una certificación o verificación independiente, acceder a un reconocimiento formal como señal al mercado de ese esfuerzo por reducir el impacto al medio ambiente.

ISO 14001 es la respuesta de la Organización Internacional de Estandarización a esta necesidad, mientras que EMAS es la solución adoptada en la Unión Europea para dotarse de un mecanismo de mercado que diferenciase a las organizaciones con mayor compromiso ambiental.

La comparación entre ambos modelos viene de largo. La primera versión del Reglamento EMAS es del año 1993, fruto de una conciencia ambiental europea que presionaba a sus gobiernos e industrias, desde finales de los años setenta, para favorecer un modelo de producción más sostenible. ISO 14001 hereda la tradición del modelo de gestión de la calidad ISO 9001. La primera versión se publica en 1996 como respuesta a la demanda internacional de mecanismos para reducir el impacto de las industrias sobre el desarrollo sostenible, identificada en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en 1992.

Actualmente están en pleno vigor EMAS III -la tercera actualización del reglamento europeo- y la última versión de la norma internacional, ISO 14001:2015. A la hora de decantarse por la implantación y certificación de un sistema de gestión ambiental según uno u otro modelo cabe preguntarnos ¿son igualmente eficaces a la hora de demostrar el compromiso de mi organización? ¿cuál de los dos debería elegir?

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Parecidos entre ambas normas:

  • Ámbito de aplicación: en los orígenes la gestión ambiental estaba reservada al sector industrial, pero ambos modelos han salido de las fábricas para pasar a ser aplicables a cualquier tipo de organización, sea pública, privada, industrial o de servicios. Tanto EMAS como ISO 14001 pueden utilizarse para mejorar la gestión de la Administración, asociaciones sin ánimo de lucro, empresas de servicios…
  • Ámbito territorial: el estándar ISO tiene una clara vocación global desde su origen, es más, es la respuesta a la aparición de diferentes modelos de certificación de la gestión ambiental en distintos lugares. Por su parte, EMAS se ha ido adaptando a un mercado globalizado, dando respuesta a situaciones diversas, tales como empresas con ubicaciones en distintos países de la Unión Europea, organizaciones con sedes dentro y fuera de Estados miembro, así como organizaciones en terceros países.
  • Sistema de gestión ambiental: los dos modelos hacen referencia a la necesidad de controlar procesos para reducir el impacto ambiental de los mismos. El requisito en este sentido es el mismo, en tanto que para acceder a EMAS se pide que la organización cuente con un sistema de gestión y se cita, a modo de ejemplo, ISO 14001.
  • Diagnóstico inicial: uno de los acercamientos recientes de ISO 14001 a EMAS ha sido la incorporación del necesario trabajo previo al desarrollo e implantación del sistema de gestión ambiental. EMAS cuenta con un “análisis medioambiental”, entendido como el “análisis global preliminar de los aspectos medioambientales, los impactos ambientales y los comportamientos medioambientales relacionados con las actividades, productos y servicios de una organización”. ISO 14001:2015 ha incluido la necesidad de comprender la organización y el contexto en el que opera, incluyendo las necesidades y expectativas de las partes interesadas.

Diferencias entre ISO 14001:2015 y EMAS III:

  • Comprobación: ambos modelos se basan en la obtención de un distintivo otorgado por un tercero independiente de la organización. En ISO 14.001 el proceso es una auditoría externa que puede resultar en la certificación de la conformidad del sistema de gestión ambiental con el estándar de referencia. En EMAS ocurre una inscripción en el registro europeo -por parte de la Administración ambiental- previa verificación –por una empresa independiente similar (o la misma) a las que hacen las auditorías para las certificaciones ISO 14001. Así, la verificación –más ambiciosa que la certificación- es el proceso de evaluación de la conformidad -llevado a cabo por un verificador medioambiental- para demostrar si el análisis medioambiental, la política medioambiental, el sistema de gestión medioambiental y la auditoría medioambiental interna de una organización y su aplicación se ajustan a los requisitos del Reglamento EMAS.
  • Cumplimiento normativo: si bien es cierto que desde los borradores de ISO 14001:2015 vimos un avance significativo en lo que se refiere a los requisitos legales. Es más, la redacción actual de la norma internacional no deja lugar a dudas: incluye el cumplimiento de la legislación ambiental como uno de los objetivos del sistema de gestión. La diferencia principal reside en que EMAS  es un modelo público, basado en un registro en el que no pueden entrar las organizaciones que no estén al día con la legislación ambiental. Si una empresa está en EMAS es porque la propia Administración ambiental se ha pronunciado sobre su situación, mientras que el único impedimento para que una organización esté en ISO 14001 sin contar con alguna licencia ambiental es el criterio de la certificadora que concede el sello. Quizá pronto dejemos de ver empresas que incumplen legislación ambiental en ISO 14001, pero, de momento ISO 14001 no es garantía de este sentido.
  • Transparencia: mientras que ISO 14001:2015 sigue dejando a criterio de las organizaciones la posibilidad de ofrecer información al público y a otras partes interesadas sobre sus aspectos ambientales, EMAS establece como requisito la elaboración, validación y actualización de una “Declaración medioambiental”, con información completa que sobre la organización en relación con su estructura y actividades, su política medioambiental y su sistema de gestión medioambiental, sus aspectos medioambientales y su impacto ambiental, su programa, objetivos y metas medioambientales, su comportamiento medioambiental y el cumplimiento de las obligaciones legales aplicables en materia de medio ambiente.

¿Cuál elegir?

La decisión dependerá del grado de información que la organización quiera ofrecer al mercado y otras partes interesadas. Como hemos visto, EMAS es más exigente en lo que se refiere a la transparencia. También en lo relativo al cumplimiento de la legislación ambiental aplicable a las organizaciones.

Mientras que la certificación en ISO 14001 supone un avance importante para las organizaciones que dan el paso de preocuparse por su gestión ambiental, la verificación EMAS demuestra un mayor compromiso con los requisitos y resultados ambientales de la empresa.

Así pues, parece interesante elegir ISO 14001 como instrumento de entrada a la certificación de sistemas de gestión ambiental, siendo EMAS la apuesta de las organizaciones que realmente se plantean mejorar su desempeño ambiental y compartir los resultados alcanzados con todas las partes interesadas.

En la práctica casi todas las organizaciones en EMAS están también en ISO 14001, una tendencia favorecida por las empresas que hacen certificación y verificación ambiental, así como por el hecho de que para estar en EMAS es necesario contar con un sistema de gestión ambiental y la certificación en ISO 14001.

Si quieres ampliar más información sobre los Sistemas de Gestión Ambiental y cumplimiento de la Legislación, el ISM desarrolla diferentes programas formativos al respecto, Especialista en Sistemas Integrados de Gestión: Calidad, Medio Ambiente, Energía y PRL y Sistemas de Gestión Medioambiental y Requisitos Ambientales y Actualización



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¿Cómo se obtiene el certificado de consejero de seguridad ADR?

La figura del consejero de seguridad para el transporte de mercancías peligrosas es un requisito legal para todas las organizaciones que trabajan con materias que se consideran peligrosas durante su transporte. El consejero es la persona que, estando en posesión del correspondiente certificado CE de formación, contribuye a la prevención de los riesgos inherentes a las actividades de transporte, carga o descarga de mercancías peligrosas. Para ejercer como tal se requiere contar con una formación mínimaque se acredita con la superación de un examen y obtención de un certificado expedido por la autoridad competente. La formación tiene por objetivo esencial dar al candidato conocimientos suficientes sobre los riesgos inherentes a los transportes de las mercancías peligrosas, conocimientos suficientes de las disposiciones legislativas, reglamentarias y administrativas, así como conocimientos suficientes de las obligaciones propias del consejero de seguridad que veremos más adelante en esta misma unidad.

El examen estará organizado por la autoridad competente o por un organismo examinador designado por ella. El organismo examinador no debe proporcionar servicios de formación. La designación del organismo examinador se realizará por escrito. Esta aprobación podrá tener una duración limitada y se fundamentará en los siguientes criterios:

  • Competencia del organismo examinador;
  • Especificaciones de las modalidades del examen propuesto por el organismo examinador;
  • Medidas destinadas a asegurar la imparcialidad de los exámenes;
  • Independencia del organismo en relación con cualquier persona física o jurídica que contrate consejeros.

El examen tiene como finalidad verificar si los candidatos poseen el nivel de conocimientos necesario para ejercer las funciones de consejero de seguridad y obtener el certificado emitido por la autoridad competente. No existen requisitos mínimos para los aspirantes, esto es, no será necesario estar en posesión de titulación alguna o experiencia previa en el sector para poder presentarse. La prueba debe tratar como mínimo sobre las disposiciones del ADR. En particular, son materias objeto de examen:

  • Conocimientos sobre los tipos de consecuencias que puede suponer un accidente que implique mercancías peligrosas y conocimientos de las causas principales del accidente;
  • Disposiciones procedentes de la legislación nacional, de convenios y acuerdos internacionales, sobre todo referentes a:

* la clasificación de las mercancías peligrosas (procedimiento de clasificación de las soluciones y mezclas, estructura de la lista de las materias, clases de mercancías peligrosas y principios de su clasificación, naturaleza de las mercancías peligrosas transportadas, propiedades físico-químicas y toxicológicas de las mercancías peligrosas);

* las disposiciones generales para los embalajes, las cisternas y los contenedores cisterna (tipos, codificación, marcado, construcción, pruebas e inspecciones iniciales y periódicas);

- el marcado, el etiquetado, la fijación de indicaciones y los paneles naranja (marcado y etiquetado de los bultos, fijación y retirada de las etiquetas y de los paneles naranja); las menciones en la carta de porte (indicaciones exigidas);

- el modo de envío, las restricciones de expedición (carga completa, transporte de mercancías a granel, transporte en grandes recipientes para mercancías a granel, transporte en contenedores, transporte en cisternas fijas o desmontables);

- el transporte de pasajeros;

- las prohibiciones y precauciones de carga en común;

- la separación de las mercancías;

- la limitación de las cantidades transportadas y las cantidades exentas;

- la manipulación y estiba (carga y descarga – índice de llenado; estiba y separación);

- la limpieza y/o la desgasificación antes de la carga y después de la descarga;

- el personal y la formación profesional;

- los documentos de a bordo (carta de porte, instrucciones escritas, certificado de aprobación del vehículo, certificado de formación para los conductores, copia de cualquier derogación, otros documentos);

- las instrucciones escritas (aplicación de las instrucciones y equipo de protección del personal);

- las obligaciones de vigilancia (estacionamiento);

- las reglas y restricciones de circulación;

- los residuos operacionales o escapes accidentales de las materias contaminantes;

- las disposiciones relativas al material de transporte.

A continuación abordamos, de modo general, los requisitos para el examen establecidos en el propio ADR, si bien cada autoridad competente puede concretar las peculiaridades de cada examen. De este modo, se recomienda consultar las convocatorias específicas de examen, publicadas por la autoridad competente en el territorio en el que opte al certificado. El examen consiste en una prueba escrita que podría ser completada por un examen oral. Para la realización de la prueba escrita se permite utilizar documentación sobre normas nacionales o internacionales, en particular es recomendable acudir con el texto del ADR en vigor para la solución de los casos prácticos. La prueba escrita consta de dos partes:

  • Cuestionario formado, como mínimo, por 20 preguntas abiertas referentes a las materias objeto de examen enumeradas anteriormente. Es posible utilizar preguntas tipo test, considerando que dos preguntas tipo test equivaldrán a una pregunta abierta, siendo esta segunda modalidad la utilizada con más frecuencia.

En esta prueba se prestar especial atención a los temas siguientes:

  • medidas generales de prevención y de seguridad;
  • clasificación de las mercancías peligrosas;
  • disposiciones generales de embalaje, incluidas las cisternas, contenedores cisterna, vehículos cisterna, etc.;
  • las marcas y etiquetas de peligro;
  • las menciones en la carta de porte;
  • la manipulación y la estiba;
  • la formación profesional del personal;
  • los documentos de a bordo y certificados de transporte;
  • las instrucciones escritas;
  • las disposiciones relativas al material de transporte.
  • Supuesto práctico en relación con las funciones del consejero para demostrar que disponen de las cualidades requeridas para ejercer la función de consejero. Los candidatos que pretendan trabajar para empresas, especializadas en el transporte de ciertos tipos de mercancías peligrosas pueden ser examinados únicamente sobre las materias ligadas a su actividad. Así pues, pueden existir modalidades de examen en función de las mercancías divididas en las siguientes:
  • clase 1;
  • clase 2;
  • clase 7;
  • clases 3, 4.1, 4.2, 4.3, 5.1, 5.2, 6.1, 6.2, 8 y 9;
  • números ONU 1202, 1203, 1223, 3475, y el combustible de aviación clasificado en el Nº ONU 1268 ó 1863.

En el certificado se indicará claramente para qué tipos de mercancías peligrosas es válido en función de la opción elegida por el consejero a la hora de examinarse. El certificado se expide con una duración válida de cinco años. La validez del certificado se renueva automáticamente por periodos de cinco años si su titular supera una prueba de control, durante el último año precedente a la caducidad de su certificado. Dicha prueba de control tiene por objeto verificar si el titular posee los conocimientos necesarios para ejercer las tareas propias del consejero de seguridad y deben incluir las enmiendas a la legislación desde la obtención del último certificado. La prueba de control para la renovación del certificado requiere de la realización del caso práctico previsto en el caso de la primera obtención. El Instituto Superior del Medio Ambiente ha desarrollado el programa Consejero de Seguridad (ADR): Gestión de mercancías peligrosas para facilitar a los alumnos interesados en obtener o renovar su certificado la preparación del examen.



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Dos cosas que deberías saber sobre la aplicación de las Directivas Ambientales Europeas

Con frecuencia cuando auditamos sistemas de gestión ambiental, en respuesta a los requisitos sobre identificación y evaluación del cumplimiento de la legislación ambiental encontramos listados rebosantes de referencias a Directivas que nos vienen de Europa.

En una organización puntera, al día de los requisitos legales y con inquietudes en adelantarse a éstos en su planificación, tiene mucho interés que los responsables de medio ambiente estén al corriente del contenido de estas Directivas. Especialmente si participan en grupos de trabajo sectoriales con los cuales pueden hacer valer los intereses de sus empresas en los futuros desarrollos legislativos.

Pero para la inmensa mayoría de las empresas y responsables de sistemas de gestión ambiental la importancia de estas directivas es relativa y, por si no lo sabías, estos son los motivos principales:

-          Van dirigidas a los Estados miembros: las directivas establecen una serie de obligaciones que debe cumplir el Estado. Así, tal cual. Por ejemplo, la  Directiva 2008/98/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de 19 de noviembre de 2008 sobre los residuos, cuando habla de valorización, establece algo así como que: Los Estados miembros adoptarán las medidas necesarias para garantizar que todos los residuos se sometan a operaciones de valorización … para facilitar o mejorar la valorización, los residuos se recogerán por separado si resulta viable técnica, medioambiental y económicamente, y no se mezclarán con otros residuos u otros materiales con propiedades diferentes.

-          Requieren de transposición al ordenamiento jurídico interno: para dar cumplimiento a las directivas, los Estados miembros incorporan sus disposiciones a la legislación nacional, trasladando a quien corresponda los requisitos pertinentes. Siguiendo con el ejemplo, la Ley dice, entre otras muchas cosas: Las autoridades ambientales en su respectivo ámbito competencial tomarán medidas para fomentar un reciclado de alta calidad y, a este fin, se establecerá una recogida separada de residuos, entre otros de aceites usados, cuando sea técnica, económica y medioambientalmente factible y adecuada, para cumplir los criterios de calidad necesarios para los sectores de reciclado correspondientes. Antes de 2015 deberá estar establecida una recogida separada para, al menos, los materiales siguientes: papel, metales, plástico y vidrio Las Entidades Locales habilitarán espacios, establecerán instrumentos o medidas para la recogida separada de residuos domésticos y en su caso, comerciales a los que es preciso dar una gestión diferenciada bien por su peligrosidad, para facilitar su reciclado o para preparar los residuos para su reutilización.

Y, también entre otras muchas cosas a las empresas les cae: El productor u otro poseedor inicial de residuos comerciales no peligrosos deberá acreditar documentalmente la correcta gestión de sus residuos ante la entidad local o podrá acogerse al sistema público de gestión de los mismos, cuando exista, en los términos que establezcan las ordenanzas de las Entidades Locales.

Imagen http://studenttimes.org/

Por supuesto, las Entidades Locales legislarán su parte con ordenanzas municipales que establecerán las condiciones en las que debe realizarse esa entrega de residuos. Así pues, a cualquier empresa, especialmente la inmensa mayoría de las pequeñas y medianas empresas que operan en nuestro país, están directamente obligadas por esa normativa local, mientras que las directivas que recopilan en los listados y carpetas “para la ISO” no contemplan directamente requisitos que tengan que cumplir.

¿Quiere decir esto que nos tenemos que olvidar de las directivas europeas? Por supuesto que no, antes o después sus contenidos nos acabarán llegando en forma de leyes y reales decretos que deberemos cumplir, por lo que una empresa que se precie de ser proactiva en el ámbito de la gestión ambiental (o cualquier otro ámbito legislado a nivel europeo) debería echar un vistazo a esas directivas, tanto para anticiparse al cumplimiento de los requisitos que se transpondrán al ámbito nacional, como para participar activamente, en la medida de sus posibilidades, en ese proceso de transposición.

Por cierto, pasado el pazo de transposición se entiende que los derechos y obligaciones derivados de la directiva en cuestión están vigentes en todos los Estados miembros, por lo que los estados con cierta “pereza legislativa” no sólo se exponen a las pertinentes sanciones europeas, también abren una vía de conflictividad social a cuenta de los derechos que los ciudadanos no pueden disfrutar debido a la falta de regulación de las actividades con impacto sobre su entorno.

Y ¿qué pasa con los reglamentos europeos? Si has llegado hasta aquí con interés quizá sepas que desde Europa también nos llegan reglamentos. En este caso estamos ante un tipo de norma de cumplimiento obligatorio y directo. Es decir, no requieren de transposición, por lo que su publicación oficial supone su integración en el marco jurídico nacional.

Sin olvidar que el desconocimiento no exime del cumplimiento, de entre todas las normas de rango legal a las que nos enfrentamos cuando nuestra empresa decide implantar y certificar un sistema de gestión ambiental, desde mi punto de vista, las Directivas son las que menos esfuerzo y dedicación deberían llevarnos, al menos hasta estar seguros de estar cumpliendo la normativa local, autonómica y estatal que pudiera ser de aplicación a nuestra actividad

Si te interesa profundizar más en el conocimiento de la legislación ambiental vigente y su aplicación en la gestión ambiental empresarial te recomendamos los cursos Requisitos Ambientales y Actualización Legislativa y Sistemas de Gestión Medioambiental que se imparten en el campus virtual de ISM.



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Ayuntamientos responsables hacen compra pública verde

Uno de los instrumentos que con más facilidad se nos viene a la cabeza cuando hablamos de sostenibilidad en la esfera municipal es Agenda 21 Local. Una interesante herramienta, surgida de la Conferencia de la Organización Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, más popularmente conocida como la Cumbre de la Tierra, que se celebró en de Río de Janeiro allá por el año 1992.

Un municipio que se precie de responsable e implicado con la participación de sus vecinos en la toma de decisiones contará con procesos de Agenda 21 Local, marco ideal para el desarrollo de otras iniciativas interesantes para mejorar su sostenibilidad.

Una de las más interesantes, por su capacidad de influir en el comportamiento de otros agentes, es la compra pública verde. La Unión Europea define la contratación pública verde (Green Public Purchasing) como un proceso por el cual las autoridades públicas tratan de adquirir mercancías, servicios y obras con un impacto medioambiental reducido durante su ciclo de vida, en comparación con el de mercancías, servicios y obras con la misma función primaria que se adquirirían en su lugar. Esta idea se desarrolla en el manual sobre de contratación pública ecológica de la Comisión Europea.

La idea de contratación pública verde pretende impulsar una utilización más sostenible de los recursos naturales y de las materias primas, que beneficia tanto al medio ambiente como a la economía en su conjunto, y crea oportunidades para las economías ecológicas emergentes, al mismo tiempo que incentiva la competitividad de la industria al promover la innovación en ecotecnologías.

España cuenta con un Plan de Contratación Pública Verde y en el Real Decreto Legislativo 3/2011, de 14 de noviembre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Contratos del Sector Público, se establecen algunos criterios ambientales que deben cumplirse por cualquier Administración, incluida la local, a la hora de establecer contratos. A pesar de que su aplicación es meramente anecdótica, entre los criterios de solvencia se recoge la indicación de las medidas de gestión medioambiental que el empresario aplicaría al ejecutar el contrato.

La acreditación del cumplimiento de las normas de gestión medioambiental se puede conseguir mediante la presentación de certificados expedidos por organismos independientes que acrediten que el empresario cumple determinadas normas de gestión medioambiental, contemplándose como tales el sistema comunitario de gestión y auditoría medioambientales (EMAS) o las normas de gestión medioambiental basadas en las normas europeas o internacionales en la materia y certificadas por organismos conformes a la legislación comunitaria o a las normas europeas o internacionales relativas a la certificación.

En la esfera local, los criterios de contratación pública verde pueden ser claves para favorecer aquellos productos, actividades y servicios comprometidos con la conservación del entorno y el desarrollo sostenible.

Los ayuntamientos juegan un papel clave en este ámbito. Recurriendo a proveedores de bienes y servicios ecológicos pueden favorecer la actividad de las organizaciones orientadas en la gestión ambiental de sus productos, en detrimento de otras que no tienen en cuenta el impacto de su actividad y no internalizan los costes de contaminar el entorno.

Personalmente preferiría que mi ayuntamiento gastase mis impuestos en empresas más sostenibles que contribuyesen a un futuro mejor para todos ¿y tú?

Alberto Vizcaíno colabora con el Instituto Superior del Medio Ambiente como docente de los cursos: Agenda 21 y Herramientas de Sostenibilidad, Requisitos Ambientales y Actualización Legislativa y Especialista en Sistemas Integrados.



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