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RSC: titulares, datos, indicadores y responsabilidad.

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Lo hemos vuelto a lograr. Los medios recogen el titular: España primer país europeo por número de certificados de gestión ambiental.

El dato dice que:

España es el primer país europeo y tercero del mundo por número de certificados del Sistema de Gestión Ambiental según la norma ISO 14001 con 16.527 reconomientos, según la Organización Internacional de Normalización (ISO, en sus siglas en inglés).

Pero ¿qué significa esto? El país cuenta con 16.527 empresas certificadas según una norma de gestión creada como mecanismo de mercado para diferenciar empresas según su comportamiento ambiental ¿consultamos esa norma? Pues va a ser que no: una copia de la ISO 14.001 cuesta más de 30 euros a pagar a AENOR. Precio ideal para un consultor que se gana la vida implantando sistemas de gestión ambiental, pero algo caro para su cliente, que preferirá una fotocopia, o para los alumnos del curso correspondiente, que ya se encargarán de encontrar una copia digital. Sí, podemos consultarla en alguna biblioteca especializada o encontrar literatura que nos la cuenta y nos habla bien de ella. Pero como mecanismo de transparencia sobre el comportamiento ambiental de las organizaciones tiene un punto en contra.

Vale, el documento no es público, pero todas esas empresas certificadas según criterios ambientales... ¿no es motivo de alegría? Pues depende. La falta de publicidad de esos criterios tal vez debería implicar falta de credibilidad para un ciudadano escéptico. Pero también para profesionales especializados: el mercado de los instrumentos ambientales de mercado tiene sus luces y sus sombras. Un ejemplo es el debate alrededor del cumplimiento de la legislación. El mercado tiende a ofrecer soluciones para todos los gustos y el caso de la ISO 14.001 no se escapa a esta realidad. Podemos encontrar certificadores y auditores que cubren un amplio espectro de tolerancia respecto a los apartados de las ISO relativos al compromiso de la organización para con la normativa legal aplicable.

Y esto ¿es grave doctor? Pues desde mi punto de vista sí. La normativa legal aplicable a una actividad es el marco mínimo que debe cumplir obligatoriamente una organización. Las reglas para que el juego sea justo y todos los participantes lo hagan en igualdad de condiciones. El último dato que manejo en este sentido (no lo he vuelto a ver publicado desde principios de este siglo) decía que más de dos tercios de la industria carece de licencia de actividad en la Comunidad de Madrid. Sí, es difícil estar al día del último cambio en no se que decreto autonómico de vertidos, pero la licencia de actividad es uno de los requisitos legales que difícilmente pueden pasar desapercibidos para un empresario.

¿Qué pasa con los auditores de certificación ambiental? Recordemos que ISO 14.001 es un mecanismo voluntario del mercado para diferenciarse de la competencia. Tu pagas y alguien viene a comprobar si estas en condiciones de que te den un sello con el que decir que eres más verde que otro. Y como pagas mandas. Al fin y al cabo, la auditoría del sistema de gestión ambiental ISO 14.001 no es una auditoría de requisitos legales. Que tienes una industria en marcha algo público y notorio, ¿por qué tendría un auditor que pedirte la licencia de actividad? ¿por qué querría comprobar si tienes en orden la gestión de residuos cuando tienes un documento donde dices que lo haces? Los papeles dicen que el sistema está implantado, no da tiempo a meternos con todos los detalles en cada auditoría...

Así pues, el titular y los datos son muy bonitos. Las publicaciones de Responsabilidad Social Corporativa los llevan a lugares destacados y los difunden ampliamente: hay que hacer ruido y mover el mercado de la certificación ambiental, todavía quedan cientos de miles de organizaciones que no han entrado por el aro de la 14.001. Por no hablar de las posibilidades de generación de empleo verde. Pero ¿qué pasa con el medio ambiente? ¿tenemos indicadores transparentes que nos hablen de cómo evoluciona el comportamiento de nuestras empresas? ¿sabemos si están cumpliendo las leyes que las obligan a depurar sus vertidos? ¿tenemos idea de lo que emiten a la atmósfera? ¿gestionan los residuos adecuadamente? ¿de dónde sacan las materias primas? ¿en qué condiciones trabajan sus empleados? ¿cómo tratan a sus clientes? ¿dejan dormir a sus vecinos? La sostenibilidad no es pintar de verde la oficina comercial.

Como en otros ámbitos de gestión empresarial, muchas organizaciones prefieren ponerse chapitas y darse publicidad a coger el toro por los cuernos conociendo y cumpliendo todas sus obligaciones legales. No son muchas las empresas que puedan sacar pecho por el respeto escrupuloso a los derechos de sus trabajadores, clientes y terceras partes implicadas. En un país democrático y medianamente civilizado debería ser suficiente con cumplir la legislación aplicable, que por cierto, es pública y está publicada. Pero es más costoso asumir la responsabilidad y dejar que los hechos hablen por sí solos, que pagar a terceros por publicitarnos mientras nos escondemos debajo de una buena capa de maquillaje.

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El próximo CONAMA será twitteado.

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Del 22 al 26 de noviembre se celebra en Madrid la décima edición del Congreso Nacional del Medio Ambiente (CONAMA). La cita bienal es el sarao más grande sobre la temática de los que se organizan en nuestra geografía. Es pionero en nuestro país, habiéndose celebrado por primera vez en 1992. Supe de su existencia a principios de este siglo gracias a Eduardo Perero, quien, con la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA), abrió la puerta por la que los estudiantes de Ciencias Ambientales empezaron a entrar al CONAMA.

Desde entonces las cosas han evolucionando mucho. Los cotizados tomos en papel de las primeras ediciones se convirtieron en cómodos, ligeros y reproducibles soportes digitales a partir de la quinta edición. El salto cualitativo ocurrió, a partir de la octava edición, con la disponibilidad universal del fondo documental a través de internet. CONAMA empezaba a salir de su Palacio (de Congresos) para estar disponible para cualquiera que tuviese interés en la materia. En cualquiera de las materias que se abordan en un Congreso Nacional del Medio Ambiente. El reto más interesante en este 2010 será el seguimiento vía Twitter. Allí habrá muchas voces distintas hablando a la vez, por lo que conseguir que los apuntes de los voluntarios de ACA viesen la luz en tiempo real sería todo un avance.

Sí, en esta edición CONAMA se ha encontrado con la Web 2.0. Tal vez con algo de retraso para los que llevamos años viendo, en saraos diversos, cómo las tecnologías de la información y la comunicación agilizan y amplían las posibilidades de participación. Tal vez con un enfoque demasiado centrado en Facebook, al menos para mi gusto, pero por alguna parte hay que empezar. Pero no estaría de más wifi abierta en el Palacio de Congresos para facilitar la fluidez y la diversidad de la información durante el CONAMA.

Para mí esta edición de CONAMA es especial. Es la primera que afronto sin estar vinculado a ninguna de las organizaciones que lo organizan o patrocinan. Tampoco estoy acreditado para participar en nombre de un tercero como en otras ediciones. Esto implica que no podré pasarme toda la semana saltando alegremente de actividad en actividad, pero me dará la libertad de acudir sin un guión que seguir, de retomar contactos en nombre propio y, sobre todo, sin la presión de hacerle clientes a nadie. Al no ser congresista no dispondré de la documentación por adelantado y dependeré de invitaciones para acceder a las actividades que me interesan, pero podré disfrutar CONAMA como no lo había hecho hasta ahora. Incluso, si el tiempo lo permite, podré ir en bici sin la presión de la corbata ni la tensión de enganchar el traje en la cadena.

Nos vemos (y leemos).

PD: para otros usos de CONAMA véase la Comision Nacional del Medio Ambiente de Chile.

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Una de blosas de plástico con mensaje.

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El otro día salí de un establecimiento con la compra en la bolsa que aparece en la foto:

“Esta bolsa está fabricada con material 100% reciclado. Utilízala tantas veces como puedas y finalmente, deposítala en el contenedor amarillo para colaborar con una mejor sostenibilidad ambiental”.

La frasecilla se las trae… a pesar de ello el mensaje parece medianamente claro.  Me gusta saber que, al menos en parte, algo de lo que deposito en el contenedor amarillo no va a parar a la gran sopa de plástico.

No vale hacer campañas para quitarnos el mochuelo de encima. Una buena recogida selectiva y un correcto reciclaje pueden reducir el impacto ambiental de los plásticos. Investigar materiales sustitutivos y ponerlos en el mercado es otro camino interesante a seguir.

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