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Más civismo, ¡por favor!

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Si alguna vez has estado un lunes al sol seguro que has visto la escena en algún parque de tu barrio. Se repite después de cada fin de semana, especialmente en primavera, a medida que alargan los días y avanza el termómetro. Un operario municipal (eufemismo para referirnos a una persona subcontratada en precarias condiciones laborales en el contexto del contrato de limpieza adjudicado a una empresa constructora) se pasea recogiendo del suelo latas de bebidas, paquetes de tabaco vacíos y otros residuos varios que se acumulan alrededor de papeleras rebosantes, tirados debajo de los bancos, magistralmente puestos en un equilibrio inestable sobre algún columpio infantil…

Barre las hojas que deja en el suelo el otoño, la marcescencia estival o la plaga de turno. Los folletos publicitarios de la inmobiliaria, las tarjetas que muestran cuerpos sometidos a la explotación más antigua del mundo, los catálogos del hipermercado… Pasa horas arrastrando grandes bolsas que llena y acumula en una esquina del parque, a la espera de que llegue la furgoneta o el camión que llevará esa mezcla de residuos directamente a vertedero.

Cansado de tanto trajín, le llega el turno al arenero donde se ubican los columpios. Sin fuerzas para mover el rastrillo, tapará un poco los excrementos de los perros que libremente han paseado por la zona infantil. Con la excusa del bienestar de sus animales, algunos desaprensivos los sueltan a sus anchas, mientras el móvil les da la coartada perfecta para no darse por aludidos de sus obligaciones higiénicas.

El domingo por la mañana la escena es algo distinta. Las niñas y los niños se manchan de mierda y se cortan con latas oxidadas mientras escavan en la arena. Los progenitores se quejan de la falta de educación de los adolescentes que hacen botellón. Algún abuelo echa la culpa de la suciedad a esos extranjeros que duermen en pisos patera y se pasan toda la tarde vagueando en el parque con tal de no subir a sus casas. Alguien discute con un macarra que achucha a su perro de presa para exhibir ante los colegas la potencia del can.

Alguien clama en el desierto por un poco de civismo. ¿Qué enseñan en los colegios? Necesitamos más educación, que esto no es un estercolero. ¡Por favor! Miren como está todo. Somos unos guarros. Muy guarros.

No le falta razón. Sabiendo que la escena no es nueva, que lleva décadas repitiéndose, me pregunto:

  • ¿Por qué seguimos vendiendo refrescos, cervezas, patatas fritas, pipas, caramelos y todo tipo de productos en latas y plásticos de usar y tirar?
  • ¿Por qué no se incentiva la devolución del envase usado al comercio que vende producto envasado?
  • ¿Por qué los ayuntamientos no exigen a Ecoembes los recursos para recoger adecuadamente los envases adheridos a su sistema que acaban abandonados en calles, parques, plazas y jardines?

Es cierto. Somos unos guarros, en más de 20 años no hemos sido capaces de llevar la bolsa de gusanitos desde el banco del parque hasta el contenedor amarillo. El viento las arrastra y acaban como fósiles modernos que encontramos en un paseo por la playa:

  • ¿Cuánto tiempo llevará esto flotando aquí?
  • Es la marca que comíamos cuando éramos pequeños ¿te acuerdas?
  • Si claro, hace más de 10 años que no los venden con este nombre.

¿Podemos cambiar estas escenas con otros 20 años de educación y concienciación ambiental? Quizá sí. Si enseñamos al Ayuntamiento a trasladar los costes de la limpieza urbana al sistema integrado de gestión al que están adheridos los envases que recoge el empleado de la subcontrata.

Quizá trasladando ese coste al responsable de la puesta en el mercado del producto envasado se liberarían recursos para vigilancia y aplicación de las sanciones previstas en las ordenanzas sobre tenencia de animales domésticos.

Tal vez podríamos enseñarle al distribuidor de bebidas enlatadas que su modelo de negocio genera un problema. Que está muy bien fomentar y favorecer el consumo compulsivo, pero afecta a la salud de las personas y genera una cantidad de residuos que hay que gestionar.

lata de Coca Cola abandonada

Quizá si los envases vacíos se admitiesen de vuelta en los establecimientos que los venden, el operario de parques y jardines podría dedicar su tiempo y esfuerzo a mantener unas condiciones higiénicas en las zonas infantiles. Tal vez esto nos ahorraría los costes sanitarios de tratar los crecientes casos de enfermedades transmitidas desde las heces de perros y gatos a los, cada vez más escasos, niños que juegan en los parques.

Con menos dinero público destinado a recoger envases adheridos al sistema integrado de gestión tendríamos más opciones de instalar y mantener fuentes públicas de agua potable, donde todas las personas podrían beber, sin necesidad de comprar bebidas azucaradas con su correspondiente coste sanitario.

Es más, si los parques pudiesen ser lugares de encuentro seguros para la infancia quizá sería más fácil integrar a todos los niños y las niñas en un modelo de educación inclusivo, donde todos sean parte de la solución. Lo mismo les daba por colaborar, compartir y proponer nuevos modelos de desarrollo más sostenibles.

Necesitamos más educación y civismo para crear círculos virtuosos que nos permitan avanzar en sostenibilidad. Pero no podemos culpar de los problemas complejos a la falta de educación del conjunto de los ciudadanos. Porque, en el tema particular de los residuos, si nos centramos únicamente en pedir más educación y civismo:

  • Exculpamos al que fabrica envases que no se pueden recuperar para el reciclaje.
  • Libramos de su responsabilidad a quien utiliza envases de usar y tirar en su modelo de negocio.
  • Legitimamos a quienes toma decisiones que no mejoran el sistema de recogida y gestión de residuos.

Quizá el civismo que necesitamos pasa por revisar modelos de negocio. Si la estrategia de una empresa pasa por comercializar productos que afectan a la salud, el medio ambiente, la limpieza de las ciudades… tendrá que asumir los sobrecostes que genera.

Somos unos guarros todos. Pero cuando las empresas deciden si sus productos y sus campañas de publicidad sirven a personas responsables o se benefician del incivismo. Y las personas tenemos que movernos dentro de las pocas opciones que nos dejan esas empresas. Eso sí, con educación y civismo.

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Desinformación ambiental, fake news y greenwashing.

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Como hemos visto en distintas entradas de este blog, existen, desde hace décadas, mecanismos de acceso a datos oficiales sobre el estado y la evolución del medio ambiente, así como instrumentos voluntarios que ayudan a las organizaciones a elaborar información relevante y trazable sobre el impacto ambiental, económico y social de su modelo de negocio.

En un escenario de un público cada vez más preparado y concienciado, distintas organizaciones se empeñan por apropiarse de la comunicación en materia de sostenibilidad. Juegan con la conciencia ambiental y tratan de presentar una imagen verde con la que atraer clientes o condicionar las decisiones políticas sin que detrás de esa imagen exista una verdadera responsabilidad ambiental. Es fácil acudir a los registros públicos para comprobar que detrás de algunos discursos verdes no hay, ni siquiera, certificaciones voluntarias que acrediten las declaraciones de las organizaciones que las emiten.

Son muchos los mensajes se lanzan a diario al público general y que encuentran cabida en medios de comunicación a pesar de que no vienen avalados por una información veraz o contrastables. Provienen de  organizaciones que en vez de comunicar sobre su actividad y modelo de negocio,  necesitan preparar estrategias de marca basadas en cuestiones que son ajenas a su razón social, centrando su discurso en desviar la atención de los impactos que causa su actividad. Una opción mucho más barata y rentable que identificar, gestionar o, incluso, resolver esos impactos.

Utilizan desinformación ambiental, fake news y greenwashing para sepultar bajo una ingente cantidad de contenidos falsos, o manipulados a medida de la industria, la realidad que se quiere ocultar. Con esta entrada quiero poner ejemplos que me ayuden a ilustrar el problema y animarte a reclamar más transparencia en materia de medio ambiente. Te animo a preguntar, cada vez que encuentres desinformación sobre medio ambiente, de dónde salen los titulares. La respuesta suele ser sorprendente (o no tanto).

¿Cuánto se recicla en España?

Según EAE Business School en España hemos pasado de reciclar el 74,8%de los residuos en 2017  a reciclar el 43,3% en 2018. En febrero de 2017 la escuela de negocios presentó el estudio “Nuevos enfoques sobre la gestión de residuos”, realizado por su Strategic Research Center, en el que pretendía presentar un “un análisis integral de la problemática de la gestión de residuos desde una triple visión: su influencia en el cambio climático, los nuevos modelos en gestión de residuos, y la relación con la logística o logística verde”.

Para su “investigación” utilizaron datos del agregador de estadísticas Statista, que, a su vez, utilizaba los datos publicados por la empresa Ecoembalajes España, S.A. El titular de la nota de prensa con la que EAE daba a conocer su actividad en materia de economía circular decía “Nuestra conciencia ecológica se dispara y pasamos de reciclar un 4,8% al 74,8%”. Varios medios del Grupo Planeta, al que pertenece la escuela de negocios, recogieron la nota de prensa y reprodujeron el titular.

Tras las críticas recibidas por la generalización que da lugar al titular y la falta de investigación para contrastar los datos de partida para el documento, en septiembre de 2018 EAE presenta un segundo documento con el titular “El 43,3% de los residuos de España se reciclan o reutilizan, 8,7 puntos menos que la media de la Unión Europea.

¿Qué cambia de un titular al otro? Tanto el origen de los datos, en el segundo caso se pasa a emplear el INE como fuente de información, como la referencia. Mientras en el primer titular se generalizaban los datos relativos a de envases aportados por la empresa Ecoembalajes España, S.A., en el segundo caso sí se habla del conjunto de los residuos documentados en la encuesta del INE.

Los neumáticos no son un problema en España.

En 2014, el director general de Signus (Sistema Integrado de Gestión de Neumáticos Usados) afirmó que “la gestión de los neumáticos fuera de uso (NFU) en España ya está solucionado” en la VI Jornada sobre “Mezclas bituminosas con polvo de neumático. Una solución técnica y ambiental”, organizada por Signus Ecovalor en Madrid con el apoyo de ASEFMA.

El 13 de mayo de 2016 salieron ardiendo las 100.000 toneladas de neumáticos que se seguían acumulando desde hacía 14 años en el vertedero ilegal de Seseña, evidenciando el problema de un flujo importante, cercano al 20%, de neumáticos usados que escapaban a los sistemas de gestión y se acumulaban en, al menos, 26 cementerios de neumáticos en España.

La playa de Alovera.

En noviembre de 2017 los titulares nos sorprendieron con la noticia de la construcción de una playa en la provincia de Guadalajara. Corrieron ríos de tinta detallando los pormenores del proyecto Alovera Beach, dando por hecho que estaría en marcha en un plazo de 3 años.

En marzo de 2018, en respuesta a una solicitud de información sobre el estado de tramitación de dicho proyecto, la alcaldesa manifiesta que no se había llevado a cabo ningún trámite ambiental en relación a Alovera Beach.

En este caso se presenta como un hecho cierto un proyecto que requiere de una serie de trámites ambientales que difícilmente podría superar la instalación de una playa artificial en la ubicación elegida por la empresa promotora. Ahora bien, el modo de presentar Alovera Beach en los medios condiciona las expectativas, afectando incluso a los pertinentes procedimientos de participación e información pública previstos en la legislación ambiental y que deben de llevarse a cabo “cuando estén abiertas todas las posibilidades, antes de que se adopten decisiones sobre el plan, programa o disposición de carácter general”.

El anuncio de una decisión tomada para la que no se han realizado los trámites ambientales va en contra del derecho de participación pública en asuntos de carácter medioambiental previsto en la Ley 27/2006, de 18 de julio, por la que se regulan los derechos de acceso a la información, de participación pública y de acceso a la justicia en materia de medio ambiente.

Así, los medios que recogen la información difundida por la empresa Rayet Medioambiente, S.L. en relación a sus planes, antes de que estos pasen por las pertinentes tramitaciones ambientales, no sólo no están contribuyendo a informar adecuadamente, están condicionando el proceso de toma de decisiones en favor de los intereses de dicha organización.

Las latas y la contaminación atmosférica.

La campaña publicitaria de la empresa Ecoembalajes España, S.L. afirma que “Por cada 6 latas que reciclas contrarrestas 10 minutos de tubo de escape”. En su página web alega que esta declaración viene abalada por dos estudios científicos. Ambos estudios se realizan a petición y financiados por la empresa. El primero de ellos calcula el ahorro de energía primaria asociado a la obtención de botellas de PET y latas de aluminio a partir de material reciclado, mientras que el segundo es un informe en el que se estima la producción de CO2 por un vehículo tipo bajo el ciclo NEDC.

En ningún caso se justifica en dichos estudios cómo se contrarrestan las emisiones de los tubos de escape depositando envases de usar y tirar en los contenedores amarillos de recogida selectiva.

Esta campaña puede resultar especialmente confusa cuando se mezcla en medios de comunicación con las noticias relativas a emisiones de efecto invernadero, creando falsas expectativas sobre lo que cabe esperar del reciclaje y, en particular, sobre el impacto que supone el modelo de consumo basado en envases de usar y tirar.

El anuncio que ilustra este ejemplo es uno de los muchos que Ecoembalajes España S.A. podrá mostrar en los medios de comunicación gracias a los 500.000 euros de dinero público que el Ayuntamiento de Madrid aporta a la campaña para el año 2018. Este consistorio, por otro lado, solo es una de las 164 entidades locales se han sumado a la campaña “Recicla y respira”.

Metro sostenible

Para cerrar esta muestra de ejemplos elegimos uno que ilustra la posibilidad de hacer publicidad con mensaje ambiental sin necesidad de inducir a engaño o mentir sobre la actividad de la organización que lanza la campaña. Es el caso de Metro de Madrid, en el que se muestra a distintas personas con un mensaje de compromiso, vinculando el uso del transporte colectivo a ese compromiso ambiental o social.

Las organizaciones responsables son más transparentes con la comunicación, ya que no solo trabajan su contribución a la sostenibilidad, también están abiertas a aportaciones externas que ayuden a evidenciar oportunidades de mejora. La diferencia está en llevar la sostenibilidad al centro del modelo de negocio o explotar, con negocios insostenibles y poco ecológicos, la conciencia de consumidores a los que se anula la capacidad de contrastar los discursos vacíos de contenido.

Y tu empresa, ¿dónde está? ¿fabrica mentiras verdes para vender más o realmente trabaja por la sostenibilidad?

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Viernes y sábado de charlas

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Una entrada rápida para recordar que tenemos un par de charlas a la vista en Madrid:

Viernes 23 de noviembre ¿Puede el reciclaje salvar nuestro planeta?

Sábado 24 de noviembre: Antes de reciclar. Será la primera vez que participe en una charla interpretada a lengua de signos española (LSE).

Esta charla es parte del festival HAZ CAMBIO, organizado Greenpeace. Te dejo el programa de mano, por si le echas un vistazo y te animas:

¿Te veo en alguna?

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¿Moda sostenible? Ropa retornable.

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Tenemos un problema con nuestras prendas de vestir. La ropa que utilizamos está llenando los mares de microplásticos. En cada lavado se desprenden fibras de tamaño microscópico, tan pequeñas que no pueden ser retenidas en las depuradoras de aguas residuales, que pasan a la dieta de los animales acuáticos. Y acaban en nuestra mesa en forma de marisco, pescado… Con todo, y a pesar de que hay indicios de que todas las personas defecamos plástico, no es lo peor, ni lo único que se puede decir al respecto.

Cada año, más de 900.000 toneladas de residuos textiles acaban en los vertederos en España. El dato, comparado con los 22 millones de toneladas de residuos que generan los hogares españoles, es anecdótico. Pero si nos paramos a pensar en la huella ecológica que tiene transportar la ropa desde los países donde se fabrica o la ingente cantidad de agua que se necesita para hacer unos pantalones vaqueros, desde el cultivo del algodón hasta el tintado de las telas… la cosa cambia.

Gran parte del problema reside en que vivimos en un modelo de producción y consumo basado en productos de usar y tirar. Y la ropa no es ajena. Lo que no consigue la obsolescencia percibida (funciona muy bien con las víctimas de la moda, pero no tanto con quienes vivimos poco atentos a las tendencias, sin preocuparnos de si este año tocan líneas verticales, cuadros, o el estampado de turno), se arregla con obsolescencia programada: fibras y tejidos que se deshacen en cuatro lavados o se deforman irremediablemente después de unas semanas de uso.

Es el modelo de negocio: comprar, usar, tirar. Cuanto antes llegues al final antes vuelves a la casilla de salida. A pasar por caja. Para agilizar el proceso se van cambiando las materias primas. De la lana pasamos a las fibras sintéticas. De los telares a las fábricas chinas, de allí a la mano de obra todavía más barata de Bangladesh… una escalada de violencia infinita que se lleva por delante al medio rural, a los usos tradicionales del territorio, los derechos humanos, los peces del mar, nuestra salud… y el espacio disponible para acumular miles de toneladas de residuos que dejamos en herencia a las generaciones futuras.

Lo bueno es que todo esto tiene solución. Y es fácil. Basta con aplicar adecuadamente el principio de responsabilidad ampliada del productor: ¿pones en el mercado productos que con su uso se convierten en residuos? Incorpora en tu modelo de negocio los costes ambientales, económicos y sociales que generan esos residuos. El cómo es lo que podemos discutir. ¿Más contenedores de colores? Quizá hay otro camino. Y está explorado.

La ventaja del textil, frente a otros flujos de residuos, es que estamos ante materiales muy, pero que muy, agradecidos. Muchos de los residuos textiles se pueden reutilizar, y la inmensa mayoría se puede reciclar. Es relativamente sencillo coger una prenda de ropa y recuperar las fibras que componen sus tejidos. Podemos utilizar el resultado del deshilachado para un sinfín de aplicaciones donde, directamente, no es necesario volver a tejer. Pero también podemos procesar las fibras y obtener hilos con los que hacer nuevos tejidos.

Pero voy más allá. Si realmente la industria asumiese el coste de recoger, procesar, gestionar y reciclar los residuos textiles quizá tendría incentivos para mejorar la durabilidad de la ropa que nos vende. No podemos olvidar que la ropa (y cualquier producto) es barata porque esconde costes en otras partes. Sí, las fibras de plástico son más baratas que la lana: porque nos ahorramos el sueldo de los esquiladores a costa de gastar petróleo en hacer hilos y en transportarlos (varias veces) de una punta a otra del planeta. Sí, tenemos camisetas baratas, que lo son porque salen de fábricas donde el trabajo es esclavo y se hace en unas condiciones de precariedad inhumana… ¿seguimos?

Por otro lado, insisto en la idea de que vivo ajeno a las modas que vienen y van (no sé si me gusta cómo suena en la voz de Loquillo), está la opción de pensar en la moda como servicio. Yo no tengo ninguna necesidad de poseer ropa: necesito ir vestido. Acudo a una tienda a comprar unos vaqueros porque los míos tienen un agujero en la entrepierna. Pero el resto del pantalón sigue siendo funcional. ¿Por qué tengo que pagar uno entero si, salvo el desgaste en las zonas de roce y las fibras que han escapado por del desagüe de la lavadora, el pantalón es plenamente funcional?

El concepto no es nuevo. En el ámbito de la energía se aplica a la oferta de confort térmico: en vez de comprar una caldera en propiedad y pagar el combustible que gasta, una empresa de servicios energéticos puede proveer una temperatura adecuada durante todo el año. Así, el negocio pasa de vender calderas a asegurarse de que estas tienen la mayor vida útil y el menor mantenimiento posible.

Algo similar ocurre con las flotas de automóviles compartidos: si el mantenimiento corre a cuenta de la empresa que presta el servicio, tendrá incentivos para hacerse con vehículos duraderos y que hagan un uso eficiente de la energía. Cambia el concepto del coche en propiedad como medio para satisfacen la necesidad de desplazamiento, al menos en la ciudad, gracias a la disponibilidad de vehículos eléctricos que tienen menos averías mecánicas.

Personalmente, si un establecimiento de proveyese de pantalones vaqueros, camisas azules y jerséis de lana grises, retornables me ahorraría muchos disgustos. El primero el de perder el tiempo probando modelos y marcas que se siguen empeñando que el número que indica la talla signifique cosas distintas simplemente cambiando de estantería dentro de una misma tienda. Si entre compra y compra pasan un par de años y no repites establecimiento… encontrar pantalones con los que te sientas cómodo se complica. Pagaría una tarifa plana, como hago con el teléfono, internet…

Dentro del incipiente movimiento por la moda sostenible son varias las corporaciones que han probado formas de fidelizar clientes concienciados con la sostenibilidad. Desde fabricar con criterios ambientales y sociales para poner en el mercado ropa acogida a etiquetado ecológico, hasta remunerar de manera simbólica a quienes devuelven ropa usada a los establecimientos.

Llegados aquí quizá merece la pena citar algunos ejemplos de lo que podría hacerse. La marca de calzado Dr. Marten mantuvo durante algún tiempo una línea con garantía “de por vida”. Recientemente (precisamente ahora que ando buscando unas botas) ha abandonado esta estrategia, justificando en que la sustituye por una línea similar.

También captó mi interés la iniciativa de El Corte Inglés con los vaqueros usados. A pesar de ser una experiencia puntual y limitada en el tiempo, ilustra muy bien el camino que podrían seguir las empresas textiles responsables y comprometidas con la sostenibilidad: vincularse a una empresa local (como Hiladuras Ferre en este caso) que recuperase las fibras para hacer prendas nuevas. El objetivo debería ser cerrar un modelo circular, de ciclo corto, cercano, sin largas cadenas de transporte de residuos y materias primas emitiendo gases de efecto invernadero y generando miseria por todo el planeta.

Dura más en el tiempo y parece que va dando frutos en la buena dirección la campaña de H&M. Sí, es solo una pequeña parte de un gran modelo de negocio donde hay una buena parte de usar y tirar. Pero también hay un poco de ecológico y algo de ropa retornable: una línea de prendas creadas a partir de tejidos usados. Una apuesta por algo que va teniendo forma circular: vender productos creados con los residuos de tus productos anteriores. Y que sirven para lo mismo para lo que servían la primera vez que los vendiste.

Los vaqueros, tejanos… dan mucho juego, tanto a las grandes corporaciones como a iniciativas más pequeñas y cercanas como esta que nos traía Yve. Es cuestión de buscar, pero ya hay mucha gente trabajando en recuperar la ropa que ya no quieres para hacer ropa nueva. O calzado.

Quizá también habría una oportunidad para la lana. Una fibra natural cada día más olvidada, con consecuencias que van más allá de la contaminación por microplásticos que causa la alternativa barata. Pero de eso ya hablamos otro día. Hoy me bastaba con ponerte otro ejemplo de que los sistemas de depósito, devolución y retorno no se agotan en los envases: pueden aplicar a cualquier cosa de usar y tirar. Incluida la ropa.

La recogida de ropa usada en los establecimientos que venden ropa nueva no supondrá el fin de las fibras en el fondo del mar, ni acabará con la extracción de materias primas. No será el paso definitivo para la moda sostenible. Pero, si otros agentes que viven de poner en el mercado productos que con su uso se convierte en residuos tomasen nota de los ejemplos de estos pioneros, reduciríamos significativamente el espacio que ocupamos en los vertederos con ropa de usar y tirar. Se mejoraría condiciones de trabajo en toda la cadena de valor. Se reducirían las emisiones de efecto invernadero…

¿Qué te parece la idea de ropa reutilizable? ¿Pagarías una cuota fija por el servicio de ir vestido en vez de por poseer la ropa que gastas en el día a día? ¿Qué prenda de tu armario o zapatero te gustaría haber comprado con garantía “para toda la vida”?

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Hacia una Política Agrícola Común más verde

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Alberto Navarro y José Vicente López-Bao acaban de publicar un interesante artículo en Nature, Towards a greener Common Agricultural Policy, en el que revisan la Política Agrícola Común (PAC) de la Unión Europea (UE) con propuestas para convertirlas en una herramienta para avanzar en la consecución de objetivos ambientales, el mantenimiento de sistemas agrarios de algo valor natural y mejorar la flexibilidad y la integración de las políticas que afectan al mundo rural e impactan en el conjunto del territorio de la UE y sus habitantes.

Desde su implantación en 1957 la PAC ha sufrido sucesivas reformas enfocadas a mejorar la calidad de vida del conjunto ciudadanos europeos, poniendo el foco en el desarrollo rural y cuestiones relacionadas con el medio ambiente desde las últimas décadas.

Las reformas de la PAC han permitido la incorporación de actividades agrícolas diversificadas, siguiendo un paradigma multifuncional que asume que los sistemas agrícolas tienen funciones productivas y no productivas, tales como servicios culturales o la conservación de paisajes tradicionales.

La integración de cuestiones ambientales se reforzó en 2010, cuando la Comisión Europea definió los nuevos desafíos para la PAC: apoyar una agricultura que garantice la seguridad alimentaria en un contexto de cambio climático, favoreciendo un desarrollo sostenible y equilibrado de todas las zonas rurales de Europa.

A pesar de la premisa de “utilización óptima de los factores de producción”, durante el período anterior de la PAC (2007-2013) se tradujo en la disminución de un 14% de la mano de obra agrícola, así como la pérdida de unos 3 millones de explotaciones agrícolas.

Igualmente preocupante es que la PAC no ha sido equitativa en el reparto de recursos. A modo de ejemplo, en 2011, el 37% de los beneficiarios del pago directo de la PAC
dentro de la UE-27 recibió menos de 500 euros por año, lo que representa menos del 2% de dichos pagos.

La PAC también ha ayudado a la intensificación de la producción, como se deduce de que el número de explotaciones ganaderas ha disminuido en un 28% mientras que el número de cabezas de ganado sólo disminuyó en un 4,6%. Esta intensificación acentúa las desigualdades en la Unión Europea y pone en duda la capacidad de la PAC para incorporar prácticas más sostenibles de producción agraria.

Igualmente, resulta ilustrativo la falta de coherencia entre los retos ambientales, económicos y sociales que justifican las políticas y los resultados que estas consiguen. A pesar del impacto ambiental y sobre la sostenibilidad de los recursos naturales que la intensificación agropecuaria ocasiona, la PAC mantiene objetivos que priman la producción, con las consecuentes carencias en el cumplimiento de sus objetivos ambientales. Su orientación dominantemente productiva se aprecia en el hecho de que la UE se ha convertido a través de la PAC en el mayor exportador de alimentos del mundo.

Así, en la consulta pública (realizada en 2017) para la revisión de la PAC solo un 23% de los participantes se mostraron satisfechos con la consecución de los objetivos ambientales, siendo la protección de la biodiversidad una de las prioridades identificadas por los ciudadanos.

Si bien se van incorporando medias que pueden favorecer avances positivos , los autores del artículo llaman la atención sobre la posible expansión de “cultivos bio-energéticos” y de forraje con especies alóctonas, favorecidos por una flexibilización de cultivos que podría perjudicar a la consecución de objetivos relacionados con la biodiversidad.

A partir del análisis de la situación actual Alberto Navarro y José Vicente López-Bao proponen cuatro pasos para una PAC más verde:

  1. Qué se paga: Los pagos en la PAC han estado enfocados a la producción, en función del tamaño de las explotaciones o en el número de cabezas de ganado. Una PAC más sostenible debería considerar pagos por servicios ambientales o en función de la contribución a la conservación de la biodiversidad.
  2. Asignación de pagos: Los Sistemas Agrarios de Alto Valor Natural muestran mejores resultados en relación con la biodiversidad, pero no siempre son los más favorecidos por la PAC. Su ubicación en zonas poco productivas, su pequeño tamaño y otros factores hacen que se vean desfavorecidos frente a otras explotaciones con menor contribución al desarrollo rural y a la sostenibilidad. Así, priorizar estos sistemas sería un paso clave para mejorar la eficacia de la PAC en relación a cuestiones ambientales y de equilibrio territorial.
  3. Cómo se paga: La falta de flexibilidad en las medias retributivas de la PAC genera impactos negativos, tanto desde el punto de vista social como ambiental. Adaptar las reglas generales a las condiciones y la experiencia local podría mejorar la eficacia de medidas orientadas a resultados concretos (ambientales o de conservación).
  4. Integración de políticas: La integración efectiva de las distintas políticas ambientales de la Unión Europea sigue siendo una cuestión sin resolver, como también lo es la incorporación del medio ambiente en las diferentes políticas sectoriales. Un sistema de asesoramiento a las explotaciones agrarias con grupos multidisciplinares de expertos en cuestiones ambientales, económicas, agropecuarias, etc. podría ayudar a esa integración.

A modo de conclusión, el artículo cierra con la necesaria vinculación del mundo rural y el medio ambiente. Los objetivos europeos en materia de sostenibilidad son ambiciosos y requieren de aproximaciones de uso compartido del territorio entre agricultura y conservación de la naturaleza. Las políticas agrarias y de conservación de la naturaleza tienen que estar alineadas para cumplir los compromisos internacionales de conservación de la biodiversidad y de desarrollo sostenible.

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Contenedores amarillos y reciclaje de envases en Madrid

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Contenedor amarillo para residuos de envases en MadridSegún los datos de la Estrategia de Prevención y Gestión de Residuos del Ayuntamiento de Madrid, en 2016 se recogieron en la ciudad 1.284.259 toneladas de residuos de las que se estima que 435.877 toneladas eran envases. ¿Qué tal funciona el reciclaje de residuos en Madrid?

Hablar de reciclaje es hablar de todo el proceso que ocurre desde que generamos un residuo hasta que este se convierte en materia prima. El primer paso, muy importante, es la pre-recogida de esos residuos. En Madrid, hasta fechas muy recientes, se hacía básicamente con un sistema de cuatro contenedores:

  • Azul: para papel y cartón.
  • Verde: para vidrio.
  • Amarillo: para envases ligeros.
  • Gris de tapa naranja: para restos.

Las personas que vivimos en Madrid tenemos que depositar nuestros residuos en esos contenedores o, en el caso de residuos especiales recurrir a los puntos limpios, donde un usuario doméstico pude llevar electrodomésticos, escombros, productos de limpieza, aceites y otros residuos voluminosos o peligrosos generados en el hogar.

Después de entregar nuestra basura en los distintos contenedores viene la recogida: el camión correspondiente acude a por los residuos, los carga y los lleva a plantas de clasificación. En el caso de la ciudad de Madrid contamos con el llamado Parque Tecnológico de Valdemingómez: un conjunto de instalaciones donde se procesa la basura de los madrileños para rescatar los distintos materiales que se pueden reciclar y valorizar o, a falta de estas soluciones, se vierte a vertedero.

Atendiendo a la “Memoria de actividades de la Dirección General del Parque Tecnológico de Valdemingómez”, “El total de materiales reciclables recuperados de los residuos domésticos de la ciudad de Madrid en 2016 ascendió a 145.816 t. El 54,04% de esta cantidad correspondió materiales depositados en los contenedores de aportación situados en la vía pública, mientras que el 45,99% restante lo integraron los materiales seleccionados y clasificados en las instalaciones de tratamiento del Parque Tecnológico”.

Podemos matizar los datos y tratar de afinar, pero en una primera aproximación tenemos que de 435.877 toneladas de envases recogidos en la ciudad de Madrid solo se recuperan para reciclaje 145.816 toneladas. Es decir, en el mejor de los casos, la capital de España estaría reciclando un 34% de los residuos de envases que recoge (más de la mitad son envases de vidrio y papel/cartón que proceden de su propia recogida selectiva: no llegan en el contenedor amarillo). Hablamos de una ciudad que es la capital del país, que cuenta con una importante inversión e infraestructura de gestión de residuos y, sobre todo, en la que toda la basura recogida en contenedores se procesa antes de ir a eliminación ¿Cómo es posible que Madrid apenas recicle un tercio de los residuos de envases que recoge?

Quizá la culpa sea de los propios madrileños. La estrategia de residuos plantea que “En general parece existir un desajuste entre lo que piensa la ciudadanía que hace y lo que realmente hace”“se recogen de manera separada apenas 68.000 toneladas (67.876 en 2016) que además contienen solo un 51,11% de materiales que debían haberse depositado en el contenedor amarillo”.

De esa materia prima, los residuos recogidos en el contenedor amarillo, las plantas de clasificación del Parque Tecnológico de Valdemingomez son capaces de rescatar un 35% del material para reciclaje. En particular, en la planta La Paloma se llega a rescatar hasta un 41% de lo que entra, una cantidad nada despreciable si tenemos en cuenta que la mitad de lo que llega se supone que son cosas que no debían estar allí.

Si seguimos analizando datos encontramos algo que llama la atención ¿cómo llegan los residuos a las plantas de clasificación? El 85% de los envases recogidos en la ciudad de Madrid llegan a Valdemingómez en el contenedor gris, mientras que sólo el 15% llega en el contenedor amarillo. ¿Es un problema de poco civismo? ¿Puede resolver esto la concienciación ambiental?

Suelo decir que el reciclaje no ocurre en el contenedor amarillo. Hemos visto que hay un problema de residuos que no deberían depositarse en este contenedor, que la capacidad de tratamiento es limitada… pero ¿alguien se ha parado a pensar si hay otros factores que influyan en la distribución del porcentaje de recogida?

Que el contenedor amarillo en una ciudad como Madrid recoja el 15% de los residuos de envases es preocupante. Más cuando la proporción de impropios en el contenedor amarillo es de un 50%. Esto debería hacernos saltar las alarmas ¿Qué es lo que no funciona en Madrid? ¿Las instalaciones de tratamiento de basura? ¿La concienciación ciudadana? ¿La dotación de medios para la recogida de envases?

Si seguimos investigando en la memoria de la estrategia municipal de residuos encontramos otro dato que debería llamarnos la atención. Al menos a mí me llama poderosamente la atención. Se trata de la capacidad de los contenedores para la recogida de residuos:

  • Dotación media de contenedores fracción resto: 23,75 litros/habitante
  • Dotación media de contenedores amarillos: 9,59 litros/habitante.

¿Cómo? ¿El 70% del volumen de recogida está dedicado a la fracción resto y solo el 30% a los envases ligeros? ¿Cómo puede ser esto? No sé cómo será en el resto de las casas, pero en la mía el cubo de la basura está divido justamente al revés: un tercio es para restos y dos tercios son para envases.

La concienciación ambiental por sí misma no va a resolver el problema. El sistema de recogida de residuos que describe la estrategia de Madrid sólo pude recoger en el contenedor amarillo un pequeño porcentaje de todos los residuos de envases que se generan en la capital de España. Así, si queremos mejorar la gestión y reciclaje de residuos necesitamos invertir en una recogida mejor: dotar a la ciudad de mecanismos para llevar a un tratamiento adecuado las 435.877 toneladas de residuos que las personas que habitan Madrid entregan en los contenedores.

Así las cosas… ¿Pueden la educación y la concienciación ambiental mejorar el reciclaje en Madrid? Posiblemente sí. Quizá llegando a una situación ideal conseguiríamos que el 100% de lo que se recogiese en los contenedores amarillos fuesen envases. Pero… los contenedores amarillos de la ciudad de Madrid recogieron 67.876 toneladas de residuos en 2016 ¿Cuánto supone esto frente a las 435.877 toneladas de envases recogidas? No llega al 16%.

Sí, la instalación de un quinto contenedor para materia orgánica puede ser un paso importante para mejorar la gestión de este tipo de residuos, pero… seguiremos teniendo una dotación insuficiente de contenedores destinados a envases.

El quinto contenedor no resuelve la escasa dotación para recogida de envases. Cerca del 80% de los envases se seguirán recogiendo como impropios, ahora repartidos entre el contenedor gris y el marrón.

¿Qué tal si aumentamos el volumen de contenedores amarillos? ¿Por qué no hacerlo? En la estrategia se recoge que la actual “ratio es superior al valor establecido por Ecoembes de 7,69 litros/habitante para municipios urbanos”. Un dato curioso: Ecoembes (Ecoembalajes España, S.A.) recomienda una ratio al Ayuntamiento una ratio de contenedores para residuos de envases manifiestamente insuficiente ¿Por qué?.

Si volvemos a la memoria del Parque Tecnológico de Valdemingómez vemos que entre los ingresos del tratamiento de los residuos urbanos de la ciudad de Madrid destaca una partida de 24.445.166 euros en concepto de “Convenio ECOEMBES” No puedo dejar de preguntarme ¿qué pasaría, si en vez de aplicar la ratio recomendada por Ecoembes, el Ayuntamiento de Madrid duplicase o triplicase el volumen de recogida de envases? ¿Qué pasaría si la capacidad para recogida selectiva subiese del 16% al 50%, al 70% o al 100% de los residuos que deberían ir a parar al contenedor amarillo?

En ese caso los ciudadanos podrían hacer lo que se espera de ellos: echar los envases al contenedor amarillo. Y la ciudad lo que los ciudadanos esperan de ella: recuperar para reciclaje los residuos separados en contenedores de colores.

Pero… ¿realmente se espera que los ciudadanos separen correctamente sus residuos o eso es lo que se dice que se espera de ellos? Para que se pudiesen entregar correctamente separados los residuos de envases ligeros harían falta muchos más contenedores amarillos de los que actualmente hay en la ciudad de Madrid.

Contenedores de recogida selectiva en Madrid

¿Qué pasaría si el Ayuntamiento de Madrid decidiese mejorar el sistema de recogida de envases ligeros y estableciese mecanismos por los que una parte importante no se mezclase con otros residuos y fuese directamente a recuperación? ¿Qué cantidad ingresaría el Ayuntamiento con un sistema de recogida que en vez de tener un 50% de impropios tuviese un 10% o menos?

Actualmente, después de más de 20 años funcionando y haciendo campañas de concienciación, el sistema de recogida de envases basado en el contenedor amarillo solo llega al 16% de los envases que se recogen en Madrid. No porque los ciudadanos no participen. Fundamentalmente es un problema de recogida: no hay capacidad suficiente para la cantidad de residuos de envases que debería atender el sistema.

No podemos perder de vista que el contenedor amarillo y Ecoembes responden al principio de responsabilidad ampliada del productor: si el 100% de los envases recogidos por el Ayuntamiento de Madrid están adheridos a Ecoembes y se procesan en el Parque Tecnológico de Valdemingómez ¿Por qué el Ayuntamiento de Madrid solo ingresa por la parte que recupera del contenedor amarillo? ¿Qué parte de la responsabilidad de ese escaso porcentaje de recuperación es debido a una recogida deficiente? ¿Dónde va a parar el dinero restante? ¿Dónde ha ido a parar en los últimos 20 años?

Formas de mejorarlo hay muchas, pero con los datos del propio Ayuntamiento de Madrid en la mano, mantener la dotación de contenedores amarillos y no plantear alternativas a la recogida de residuos de envases ligeros es una decisión injusta tomada a sabiendas de que lo es. Y las personas que habitamos Madrid no nos merecemos eso.

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