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Hacia una Política Agrícola Común más verde

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Alberto Navarro y José Vicente López-Bao acaban de publicar un interesante artículo en Nature, Towards a greener Common Agricultural Policy, en el que revisan la Política Agrícola Común (PAC) de la Unión Europea (UE) con propuestas para convertirlas en una herramienta para avanzar en la consecución de objetivos ambientales, el mantenimiento de sistemas agrarios de algo valor natural y mejorar la flexibilidad y la integración de las políticas que afectan al mundo rural e impactan en el conjunto del territorio de la UE y sus habitantes.

Desde su implantación en 1957 la PAC ha sufrido sucesivas reformas enfocadas a mejorar la calidad de vida del conjunto ciudadanos europeos, poniendo el foco en el desarrollo rural y cuestiones relacionadas con el medio ambiente desde las últimas décadas.

Las reformas de la PAC han permitido la incorporación de actividades agrícolas diversificadas, siguiendo un paradigma multifuncional que asume que los sistemas agrícolas tienen funciones productivas y no productivas, tales como servicios culturales o la conservación de paisajes tradicionales.

La integración de cuestiones ambientales se reforzó en 2010, cuando la Comisión Europea definió los nuevos desafíos para la PAC: apoyar una agricultura que garantice la seguridad alimentaria en un contexto de cambio climático, favoreciendo un desarrollo sostenible y equilibrado de todas las zonas rurales de Europa.

A pesar de la premisa de “utilización óptima de los factores de producción”, durante el período anterior de la PAC (2007-2013) se tradujo en la disminución de un 14% de la mano de obra agrícola, así como la pérdida de unos 3 millones de explotaciones agrícolas.

Igualmente preocupante es que la PAC no ha sido equitativa en el reparto de recursos. A modo de ejemplo, en 2011, el 37% de los beneficiarios del pago directo de la PAC
dentro de la UE-27 recibió menos de 500 euros por año, lo que representa menos del 2% de dichos pagos.

La PAC también ha ayudado a la intensificación de la producción, como se deduce de que el número de explotaciones ganaderas ha disminuido en un 28% mientras que el número de cabezas de ganado sólo disminuyó en un 4,6%. Esta intensificación acentúa las desigualdades en la Unión Europea y pone en duda la capacidad de la PAC para incorporar prácticas más sostenibles de producción agraria.

Igualmente, resulta ilustrativo la falta de coherencia entre los retos ambientales, económicos y sociales que justifican las políticas y los resultados que estas consiguen. A pesar del impacto ambiental y sobre la sostenibilidad de los recursos naturales que la intensificación agropecuaria ocasiona, la PAC mantiene objetivos que priman la producción, con las consecuentes carencias en el cumplimiento de sus objetivos ambientales. Su orientación dominantemente productiva se aprecia en el hecho de que la UE se ha convertido a través de la PAC en el mayor exportador de alimentos del mundo.

Así, en la consulta pública (realizada en 2017) para la revisión de la PAC solo un 23% de los participantes se mostraron satisfechos con la consecución de los objetivos ambientales, siendo la protección de la biodiversidad una de las prioridades identificadas por los ciudadanos.

Si bien se van incorporando medias que pueden favorecer avances positivos , los autores del artículo llaman la atención sobre la posible expansión de “cultivos bio-energéticos” y de forraje con especies alóctonas, favorecidos por una flexibilización de cultivos que podría perjudicar a la consecución de objetivos relacionados con la biodiversidad.

A partir del análisis de la situación actual Alberto Navarro y José Vicente López-Bao proponen cuatro pasos para una PAC más verde:

  1. Qué se paga: Los pagos en la PAC han estado enfocados a la producción, en función del tamaño de las explotaciones o en el número de cabezas de ganado. Una PAC más sostenible debería considerar pagos por servicios ambientales o en función de la contribución a la conservación de la biodiversidad.
  2. Asignación de pagos: Los Sistemas Agrarios de Alto Valor Natural muestran mejores resultados en relación con la biodiversidad, pero no siempre son los más favorecidos por la PAC. Su ubicación en zonas poco productivas, su pequeño tamaño y otros factores hacen que se vean desfavorecidos frente a otras explotaciones con menor contribución al desarrollo rural y a la sostenibilidad. Así, priorizar estos sistemas sería un paso clave para mejorar la eficacia de la PAC en relación a cuestiones ambientales y de equilibrio territorial.
  3. Cómo se paga: La falta de flexibilidad en las medias retributivas de la PAC genera impactos negativos, tanto desde el punto de vista social como ambiental. Adaptar las reglas generales a las condiciones y la experiencia local podría mejorar la eficacia de medidas orientadas a resultados concretos (ambientales o de conservación).
  4. Integración de políticas: La integración efectiva de las distintas políticas ambientales de la Unión Europea sigue siendo una cuestión sin resolver, como también lo es la incorporación del medio ambiente en las diferentes políticas sectoriales. Un sistema de asesoramiento a las explotaciones agrarias con grupos multidisciplinares de expertos en cuestiones ambientales, económicas, agropecuarias, etc. podría ayudar a esa integración.

A modo de conclusión, el artículo cierra con la necesaria vinculación del mundo rural y el medio ambiente. Los objetivos europeos en materia de sostenibilidad son ambiciosos y requieren de aproximaciones de uso compartido del territorio entre agricultura y conservación de la naturaleza. Las políticas agrarias y de conservación de la naturaleza tienen que estar alineadas para cumplir los compromisos internacionales de conservación de la biodiversidad y de desarrollo sostenible.

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Contenedores amarillos y reciclaje de envases en Madrid

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Contenedor amarillo para residuos de envases en MadridSegún los datos de la Estrategia de Prevención y Gestión de Residuos del Ayuntamiento de Madrid, en 2016 se recogieron en la ciudad 1.284.259 toneladas de residuos de las que se estima que 435.877 toneladas eran envases. ¿Qué tal funciona el reciclaje de residuos en Madrid?

Hablar de reciclaje es hablar de todo el proceso que ocurre desde que generamos un residuo hasta que este se convierte en materia prima. El primer paso, muy importante, es la pre-recogida de esos residuos. En Madrid, hasta fechas muy recientes, se hacía básicamente con un sistema de cuatro contenedores:

  • Azul: para papel y cartón.
  • Verde: para vidrio.
  • Amarillo: para envases ligeros.
  • Gris de tapa naranja: para restos.

Las personas que vivimos en Madrid tenemos que depositar nuestros residuos en esos contenedores o, en el caso de residuos especiales recurrir a los puntos limpios, donde un usuario doméstico pude llevar electrodomésticos, escombros, productos de limpieza, aceites y otros residuos voluminosos o peligrosos generados en el hogar.

Después de entregar nuestra basura en los distintos contenedores viene la recogida: el camión correspondiente acude a por los residuos, los carga y los lleva a plantas de clasificación. En el caso de la ciudad de Madrid contamos con el llamado Parque Tecnológico de Valdemingómez: un conjunto de instalaciones donde se procesa la basura de los madrileños para rescatar los distintos materiales que se pueden reciclar y valorizar o, a falta de estas soluciones, se vierte a vertedero.

Atendiendo a la “Memoria de actividades de la Dirección General del Parque Tecnológico de Valdemingómez”, “El total de materiales reciclables recuperados de los residuos domésticos de la ciudad de Madrid en 2016 ascendió a 145.816 t. El 54,04% de esta cantidad correspondió materiales depositados en los contenedores de aportación situados en la vía pública, mientras que el 45,99% restante lo integraron los materiales seleccionados y clasificados en las instalaciones de tratamiento del Parque Tecnológico”.

Podemos matizar los datos y tratar de afinar, pero en una primera aproximación tenemos que de 435.877 toneladas de envases recogidos en la ciudad de Madrid solo se recuperan para reciclaje 145.816 toneladas. Es decir, en el mejor de los casos, la capital de España estaría reciclando un 34% de los residuos de envases que recoge (más de la mitad son envases de vidrio y papel/cartón que proceden de su propia recogida selectiva: no llegan en el contenedor amarillo). Hablamos de una ciudad que es la capital del país, que cuenta con una importante inversión e infraestructura de gestión de residuos y, sobre todo, en la que toda la basura recogida en contenedores se procesa antes de ir a eliminación ¿Cómo es posible que Madrid apenas recicle un tercio de los residuos de envases que recoge?

Quizá la culpa sea de los propios madrileños. La estrategia de residuos plantea que “En general parece existir un desajuste entre lo que piensa la ciudadanía que hace y lo que realmente hace”“se recogen de manera separada apenas 68.000 toneladas (67.876 en 2016) que además contienen solo un 51,11% de materiales que debían haberse depositado en el contenedor amarillo”.

De esa materia prima, los residuos recogidos en el contenedor amarillo, las plantas de clasificación del Parque Tecnológico de Valdemingomez son capaces de rescatar un 35% del material para reciclaje. En particular, en la planta La Paloma se llega a rescatar hasta un 41% de lo que entra, una cantidad nada despreciable si tenemos en cuenta que la mitad de lo que llega se supone que son cosas que no debían estar allí.

Si seguimos analizando datos encontramos algo que llama la atención ¿cómo llegan los residuos a las plantas de clasificación? El 85% de los envases recogidos en la ciudad de Madrid llegan a Valdemingómez en el contenedor gris, mientras que sólo el 15% llega en el contenedor amarillo. ¿Es un problema de poco civismo? ¿Puede resolver esto la concienciación ambiental?

Suelo decir que el reciclaje no ocurre en el contenedor amarillo. Hemos visto que hay un problema de residuos que no deberían depositarse en este contenedor, que la capacidad de tratamiento es limitada… pero ¿alguien se ha parado a pensar si hay otros factores que influyan en la distribución del porcentaje de recogida?

Que el contenedor amarillo en una ciudad como Madrid recoja el 15% de los residuos de envases es preocupante. Más cuando la proporción de impropios en el contenedor amarillo es de un 50%. Esto debería hacernos saltar las alarmas ¿Qué es lo que no funciona en Madrid? ¿Las instalaciones de tratamiento de basura? ¿La concienciación ciudadana? ¿La dotación de medios para la recogida de envases?

Si seguimos investigando en la memoria de la estrategia municipal de residuos encontramos otro dato que debería llamarnos la atención. Al menos a mí me llama poderosamente la atención. Se trata de la capacidad de los contenedores para la recogida de residuos:

  • Dotación media de contenedores fracción resto: 23,75 litros/habitante
  • Dotación media de contenedores amarillos: 9,59 litros/habitante.

¿Cómo? ¿El 70% del volumen de recogida está dedicado a la fracción resto y solo el 30% a los envases ligeros? ¿Cómo puede ser esto? No sé cómo será en el resto de las casas, pero en la mía el cubo de la basura está divido justamente al revés: un tercio es para restos y dos tercios son para envases.

La concienciación ambiental por sí misma no va a resolver el problema. El sistema de recogida de residuos que describe la estrategia de Madrid sólo pude recoger en el contenedor amarillo un pequeño porcentaje de todos los residuos de envases que se generan en la capital de España. Así, si queremos mejorar la gestión y reciclaje de residuos necesitamos invertir en una recogida mejor: dotar a la ciudad de mecanismos para llevar a un tratamiento adecuado las 435.877 toneladas de residuos que las personas que habitan Madrid entregan en los contenedores.

Así las cosas… ¿Pueden la educación y la concienciación ambiental mejorar el reciclaje en Madrid? Posiblemente sí. Quizá llegando a una situación ideal conseguiríamos que el 100% de lo que se recogiese en los contenedores amarillos fuesen envases. Pero… los contenedores amarillos de la ciudad de Madrid recogieron 67.876 toneladas de residuos en 2016 ¿Cuánto supone esto frente a las 435.877 toneladas de envases recogidas? No llega al 16%.

Sí, la instalación de un quinto contenedor para materia orgánica puede ser un paso importante para mejorar la gestión de este tipo de residuos, pero… seguiremos teniendo una dotación insuficiente de contenedores destinados a envases.

El quinto contenedor no resuelve la escasa dotación para recogida de envases. Cerca del 80% de los envases se seguirán recogiendo como impropios, ahora repartidos entre el contenedor gris y el marrón.

¿Qué tal si aumentamos el volumen de contenedores amarillos? ¿Por qué no hacerlo? En la estrategia se recoge que la actual “ratio es superior al valor establecido por Ecoembes de 7,69 litros/habitante para municipios urbanos”. Un dato curioso: Ecoembes (Ecoembalajes España, S.A.) recomienda una ratio al Ayuntamiento una ratio de contenedores para residuos de envases manifiestamente insuficiente ¿Por qué?.

Si volvemos a la memoria del Parque Tecnológico de Valdemingómez vemos que entre los ingresos del tratamiento de los residuos urbanos de la ciudad de Madrid destaca una partida de 24.445.166 euros en concepto de “Convenio ECOEMBES” No puedo dejar de preguntarme ¿qué pasaría, si en vez de aplicar la ratio recomendada por Ecoembes, el Ayuntamiento de Madrid duplicase o triplicase el volumen de recogida de envases? ¿Qué pasaría si la capacidad para recogida selectiva subiese del 16% al 50%, al 70% o al 100% de los residuos que deberían ir a parar al contenedor amarillo?

En ese caso los ciudadanos podrían hacer lo que se espera de ellos: echar los envases al contenedor amarillo. Y la ciudad lo que los ciudadanos esperan de ella: recuperar para reciclaje los residuos separados en contenedores de colores.

Pero… ¿realmente se espera que los ciudadanos separen correctamente sus residuos o eso es lo que se dice que se espera de ellos? Para que se pudiesen entregar correctamente separados los residuos de envases ligeros harían falta muchos más contenedores amarillos de los que actualmente hay en la ciudad de Madrid.

Contenedores de recogida selectiva en Madrid

¿Qué pasaría si el Ayuntamiento de Madrid decidiese mejorar el sistema de recogida de envases ligeros y estableciese mecanismos por los que una parte importante no se mezclase con otros residuos y fuese directamente a recuperación? ¿Qué cantidad ingresaría el Ayuntamiento con un sistema de recogida que en vez de tener un 50% de impropios tuviese un 10% o menos?

Actualmente, después de más de 20 años funcionando y haciendo campañas de concienciación, el sistema de recogida de envases basado en el contenedor amarillo solo llega al 16% de los envases que se recogen en Madrid. No porque los ciudadanos no participen. Fundamentalmente es un problema de recogida: no hay capacidad suficiente para la cantidad de residuos de envases que debería atender el sistema.

No podemos perder de vista que el contenedor amarillo y Ecoembes responden al principio de responsabilidad ampliada del productor: si el 100% de los envases recogidos por el Ayuntamiento de Madrid están adheridos a Ecoembes y se procesan en el Parque Tecnológico de Valdemingómez ¿Por qué el Ayuntamiento de Madrid solo ingresa por la parte que recupera del contenedor amarillo? ¿Qué parte de la responsabilidad de ese escaso porcentaje de recuperación es debido a una recogida deficiente? ¿Dónde va a parar el dinero restante? ¿Dónde ha ido a parar en los últimos 20 años?

Formas de mejorarlo hay muchas, pero con los datos del propio Ayuntamiento de Madrid en la mano, mantener la dotación de contenedores amarillos y no plantear alternativas a la recogida de residuos de envases ligeros es una decisión injusta tomada a sabiendas de que lo es. Y las personas que habitamos Madrid no nos merecemos eso.

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Huracán en la puerta de casa.

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12 de octubre de 2018, día de la Fiesta Nacional, mientras estamos entretenidos en las celebraciones típicas de esta fecha, el Centro de Huracanes de EEUU informa sobre Leslie. La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) lanza un aviso especial de fenómenos adversos. Y lo destaca en la predicción especial para el puente del 12 de octubre:

“Un elemento importante de incertidumbre para la predicción del domingo lo constituye la presencia sobre el Atlántico del ciclón tropical “Leslie”, catalogado hoy viernes como huracán de categoría 1 por el CNH (Centro Nacional de Huracanes de Florida, responsable de la predicción de este tipo de ciclones sobre el Atlántico) y cuya trayectoria aún no se puede determinar con precisión.

Existen dos escenarios principales en cuanto a su posible evolución. En el primero, se aproximaría al suroeste peninsular, produciendo precipitaciones que podrían llegar a ser fuertes y que irían acompañadas de vientos fuertes con rachas muy fuertes, en Extremadura, Andalucía y área del Estrecho. En el segundo escenario, los modelos de predicción señalan una aproximación a Canarias, donde podrían producirse precipitaciones y vientos fuertes.”

Y ahora ¿qué? Un huracán aproximándose a la Península Ibérica. No nos había dado tiempo a reponer los libros de la biblioteca inundada en Cebolla cuando una nueva tromba de agua tiñe de luto y catástrofe Sant Llorenç y otras zonas de Mallorca ¿ya hemos roto el clima? ¿Qué está pasando?

Es difícil de explicar, tanto que algunos encuentran resquicios por los que colar campañas publicitarias con las que tranquilizar la conciencia colectiva y despistar nuestra atención de los problemas reales o las verdaderas soluciones al problema.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) nos alerta en su último informe de que ya estamos viviendo las consecuencias del calentamiento global de 1°C, lo que nos está dejando condiciones meteorológicas más extremas, aumentos en el nivel del mar y cada vez menos hielo marino en el Ártico. En su último informe, el IPCC destaca una serie de impactos del cambio climático que podrían evitarse limitando el calentamiento global a 1,5°C. Por ejemplo:

  • En 2100 la elevación del nivel global del mar sería 10 cm inferior con un calentamiento global de 1,5°C en comparación con uno de 2°C.
  • La probabilidad de que el océano Ártico quedara libre de hielo en verano sería de una vez por siglo con un calentamiento global de 1,5 °C, frente a un mínimo de una vez por decenio con uno de 2°C.
  • Los arrecifes de coral disminuirían entre un 70% y un 90% con un calentamiento global de 1,5°C, mientras que prácticamente todos ellos (> 99%) desaparecerían con uno de 2°C.
  • La limitación del calentamiento global daría más margen a las personas y los ecosistemas para adaptarse y permanecer por debajo de unos umbrales de riesgo pertinentes

La buena noticia es que algunas de las medidas necesarias para limitar el calentamiento global a 1,5°C están en marcha, pero es necesario acelerarlas, realizando transiciones rápidas y de gran alcance. Sería necesario que las emisiones netas globales de dióxido de carbono (CO2) de origen humano disminuyeran en 2030 alrededor de un 45% respecto de los niveles de 2010, y siguieran disminuyendo hasta alcanzar el “cero neto” aproximadamente en 2050.

Dejar de emitir CO2 implica cambios serios en nuestro modelo de producción y consumo, no vale con lanzar campañas blandas de concienciación ambiental o conformarse con mejorar ligeramente algunas estadísticas ambientales basadas en soluciones al final de la tubería.

Tampoco podemos olvidarnos de que el aumento de las temperaturas medias sigue en aumento y vamos a seguir sintiendo los efectos de ese aumento. Quizá el huracán Leslie, las trombas de agua, los veranos e inviernos “raros”… sean la nueva normalidad.

De momento el domingo 14 de octubre se esperan lluvias de 100 mm en Andalucía. En España estas precipitaciones son un problema porque según estimaciones de Ecologistas en Acción, existen más de 40.000 construcciones distribuidas por el conjunto del Estado situadas en cauces y zonas de alto riesgo de inundación.

La situación, cuando un huracán llama a nuestra puerta, es preocupante. Alucinante. Quizá no podemos atribuir este fenómeno al cambio climático, pero tampoco podemos descartarlo. En cualquier caso no podemos seguir mirando para otro lado. Las alarmas se han encendido y la hoja de ruta es clara.

Tenemos que frenar locuras como la nueva burbuja inmobiliaria que estamos inflando al borde de la siguiente crisis financiera. Tenemos que ser conscientes del impacto de nuestro modo de consumo y cómo repercute en el clima la industrialización de la producción de carne. Tenemos que poner los Objetivos de Desarrollo Sostenible en el horizonte de cualquier proceso de toma de decisiones…

Tenemos que hacer muchas cosas mientras perdemos el tiempo discutiendo si hay que recoger envases en contenedores amarillos o con maquinitas: hay que dejar de utilizar, cuanto antes, envases de usar y tirar. Es algo que implica a todo el modelo de producción y consumo, no solo a la contaminación por plástico.

Y no podemos dejarlo para mañana, porque solo tenemos un planeta. Y no lo podemos reciclar. El huracán llama a nuestra puerta ¿nos damos por enterados?

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TOMRA ya vive de tus residuos

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plásticos, metales, materia orgánica, papel y cartón, recuperados en una planta de clasificación de residuos

Resulta curioso leer en prensa generalista artículos en los que se ataca los sistemas de depósito, devolución y retorno (SDDR) de envases con el argumento de que es un negocio orquestado por la empresa TOMRA para hacer caja en España.

A pesar de mi interés en la gestión de residuos, he de reconocer que yo tampoco había prestado atención a esta empresa y no era consciente de su existencia hasta que, hace unos años, un periodista me acusó de ser un troll a sueldo de TOMRA. Investigando encontré que se trata de una corporación con varias divisiones, algunas dedicadas a la recogida y clasificación de residuos. Y sí, entre los papelotes que acumulo con cada visita a TECMA había alguna que otra referencia a sus tecnologías.

Siguiendo la prensa especializada podemos comprobar que TOMRA no necesita del SDDR para implantarse en España. Sus maquinitas de reciclaje ya están funcionando en nuestro país al servicio de la clasificación de residuos. A modo de ejemplo, podemos encontrar equipos de esta empresa instalados en el Centro de tratamiento de Residuos Sólidos Urbanos (RSU) de Alcázar de San Juan (Ciudad Real) en el Parque de Tecnologías Ambientales de Mallorca TIRME o en las líneas de tratamiento del centro de gestión de residuos de Las Dehesas en Valdemingomez (Madrid).

Estos equipos son más costosos que la máquina que hemos visto en el vídeo publicado por Crónica Global en la prueba piloto del SDDR en San Fermines o de cuyo precio nos previene El Plural. Este último medio nos informa de que Retorna recibió en 2016 pagos, provenientes de TOMRA, por valor de 196.000 euros y por valor de 148.000 en  2017.

¿Y si Retorna fuese Athena?

A la vista de los datos y las informaciones que se publican al respecto me surge la duda. Sí, es un planteamiento meramente especulativo y conspiranoico. Ustedes me disculpen, intentaré que no se vuelva a repetir.

Por cierto, si no has visto la película “Tierra Prometida (sí, Promised Land, con Matt Damon)” corre al videoclub, ya leerás después el resto de este artículo. Sí, incluye información relevante sobre el argumento del film. Y no me gustaría destriparte la peli.

En Tierra Prometida el pobre Matt Damon tiene la misión de convencer a todo un pueblo sobre las bondades de ceder sus tierras para ser explotadas por una compañía que se dedica a la extracción de gas de esquisto… vamos, que se dedica a cambiar vacas por fracking. Hasta que se encuentra con la oposición de un viejo profesor de ciencias que empieza a poner en cuestión las bondades de la técnica y a ilustrar a sus vecinos sobre los impactos que tendría su aplicación en el pueblo.

Para rematar la jugada (¡atención spoiler!) aparece por allí un ecologista, representante de una asociación de afectados: Athena. Lleno de argumentos, anécdotas, imágenes de la desolación de fracking en otros lugares… va seduciendo a los habitantes del pueblo (incluida la maestra que estaba empezando a descubrir los encantos de Matt). Hasta que… ¡el bueno de Matt descubre que las pruebas que presenta el ecologista están manipuladas! Esto le da el argumento definitivo para imponer los intereses y el negocio de su empresa sobre los paisajes y los prados del pueblo.

Pero claro… en realidad Athena no es una asociación ecologista. Es un brazo de la empresa de extracción de gas que llega para ayudar a Matt a hacer su trabajo: desmontar los argumentos en contra del fracking. Al final… ¿de verdad no has visto Tierra Prometida?

Volviendo a las “informaciones” de Crónica Global y El Plural se despierta mi lado conspiratorio ¿Y si Retorna fuese Athena? Desde hace tiempo muchos medios de comunicación vinculan el SDDR a Retorna: si se encuentran flecos sueltos en Retorna (como la supuesta manipulación de las pruebas piloto o la supuesta financiación por parte de TOMRA), se cuestiona el SDDR.

Supongo que todo esto se aclarará algún día. Quizá algún periodista encuentre la respuesta en lo que hay de común en los currículos de Miquel Roset, Antonio Barrón, José Manuel Núñez-Lagos y otras personas con responsabilidad en las organizaciones que nos hablan sobre residuos. Lo mismo solo estamos ante un montón de ruido mediático que no pasa de remover miserias en un circo orquestado para que todo siga igual. O tal vez nada es lo que pudiera parecer.

El caso es que, abandonando el ejercicio de especulación conspiranoica, si bien hay que reconocerle el mérito de haber puesto el debate sobre la mesa, SDDR y Retorna no son la misma cosa. El SDDR no es “la recogida ecologista de envases” y el problema de la gestión de residuos no es una cuestión ideológica.

Estamos ante un problema que requiere soluciones técnicas orientadas por medidas legales: no podemos perder de vista que los sistemas de depósito, devolución y retorno son una herramienta que la Unión Europea lleva tiempo sugiriendo a España para mejorar sus tasas de recogida, reciclaje y reutilización de residuos. Los sistemas de depósito, devolución y retorno ni son exclusivos ni se agotan en los envases.

TOMRA… es como los abogados del chiste que, ganase el juicio quien lo ganase, se quedaban con la vaca. Mientras algunos medios nos entretienen con vídeos de difícil explicación, datos sobre el patrimonio de quienes abren debates o dudas sobre el ecologismo, TOMRA vende soluciones para la gestión de residuos. Los recojamos con sus máquinas para la devolución de envases o con contenedores que luego se procesan en sus equipos industriales.

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Charla coloquio en San Blas-Canillejas

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El próximo día 28 de septiembre tenemos una cita en Madrid. Nos vemos, para hablar de residuos y sostenibilidad, en la Biblioteca Pública Municipal José Hierro, en el distrito San Blas-Canillejas.

Tienes los detalles de la convocatoria en este enlace ¿Puede el reciclaje salvar nuestro planeta?

FECHA: viernes 28 de septiembre de 2018 a las 19:00
Entrada libre hasta completar aforo.

Por cierto, si quieres que te firme tu ejemplar de “Pero… ¿tiene arreglo?” no tardes mucho en pedirlo, estás a tiempo de hacerte con uno, pero tarda en llegar.

 

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SDDR para colillas de cigarros

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En el apasionante debate sobre el modelo de gestión de residuos se habla de los sistemas de depósito, devolución y retorno (SDDR) como una estrategia de recogida que podría mejorar las cifras de reciclaje de envases. Este mecanismo no es exclusivo de este ámbito y podría aplicarse a otros residuos. En concreto a cualquier producto que con su uso genere residuos. En los siguientes párrafos trato de explicar cómo un SDDR podría contribuir a reducir el abandono de colillas de cigarros.

Uno de los residuos más numerosos son esos filtros que los fabricantes de cigarrillos ponen en un extremo para retener las partículas que genera la combustión del tabaco. Sin esas colillas el tabaquismo sería un vicio mucho más perjudicial para los fumadores. El problema es que, consumido el cigarro, la colilla no sirve para nada, no tiene ningún valor y es, claramente, un residuo.

En muchas ocasiones las colillas acaban abandonadas a su suerte. En el mejor de los casos en un cenicero que alguien vaciará a un cubo de basura. Otras enterradas en un montoncito de arena en la playa. Muchas más pisadas sobre la acera de la calle, esperando que el viento o el agua de lluvia las arrastren al alcantarillado. Incluso serán arrojadas, todavía incandescentes, desde la ventanilla de un automóvil. En este caso y con un poco de mala suerte sumaremos a la lista de delitos ambientales el incendio forestal.

En cualquier caso esas colillas generan un problema, como mínimo de suciedad, y una serie de costes que se asumen entre todos. ¿Es justo cargar con la recogida y tratamiento de esas colillas a todas las personas que han decidido no fumar? ¿Deben los ayuntamientos asumir el coste de un residuo que genera la actividad económica de la industria del tabaco?

Quizá con un poco de concienciación y educación ambiental conseguiríamos avances al respecto, pero… ¿Cómo conseguimos que una persona que desprecia su propia vida lo suficiente como para fumar se preocupe de recoger sus colillas y entregarlas para que sean gestionadas de la manera que menos afecte a la salud del planeta?

Es difícil, pero quizá una buena estrategia sería aplicar un sistema de depósito, devolución y retorno. Cobrar con cada cigarro una cantidad de dinero que sería reembolsada a quienes entregasen de vuelta las colillas. Si el precio del tabaco está a 40 céntimos cigarro subirlo a 45. Con cada paquete de 20 cigarrillos se pagaría un euro extra que gestionaría el SDDR. Si alguien vuelve al estanco con 20 colillas recibiría un euro. Podría ser el fumador que ha ido guardando los filtros usados de sus propios cigarros o podría ser alguien que voluntariosamente se ha dedicado a recolectar colillas abandonadas en calles, parques, jardines, playas…

Quizá el aumento inicial en el precio del tabaco persuadiría a algunos de fumar, con lo que reduciríamos costes al sistema sanitario y mejoraríamos su calidad de vida. Seguramente  las empresas tabaqueras se quejarían. Las multinacionales verían un problema y un coste superfluo en la implantación del SDDR. Protestarían porque no podrían vender cigarrillos en una máquina expendedora sin tener a una persona atendiendo a quienes viniesen a devolver las colillas. Pero el resultado sería que cada vez habría menos colillas abandonadas, menos contaminación por filtros degradándose en el medio natural y una disminución de los costes de limpieza municipal.

Tal vez habría algunos fumadores que seguirían enterrando las colillas en la arena de la playa, pero quienes se las encontrasen tendrían un incentivo para acumularlas y llevarlas al estanco a recuperar el depósito, en vez de estar apartándolas una y otra vez.

Quizá, al juntar miles de toneladas de colillas devueltas a la industria se le ocurriese una forma más eficiente de filtrar los malos humos del tabaco. Incluso podría generar una actividad para procesar esas toneladas de filtros agotados y valorizarlas en nuevos materiales reciclados.

La buena noticia es que la legislación ambiental que regula la producción y gestión de residuos es favorable a este tipo de soluciones, solo hace falta voluntad política para desarrollarla y conseguir que todos los productos que con su uso generan residuos se conviertan en residuos se vendan sujetos a esquemas de depósito, devolución y retorno.

Lo malo es que las corporaciones multinacionales que venden productos de usar y tirar controlan los medios de comunicación y evitan que opiniones independientes como esta aparezcan publicadas o lleguen al público general.

En cualquier caso espero la reflexión te parezca interesante y te ayude a entender el potencial de un sistema de depósito, devolución y retorno para reducir el problema de los residuos abandonados, su capacidad para mejorar la recogida separada de materiales y las opciones de valorización y reciclaje de los residuos.

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