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Promoción abril “Pero… ¿tiene arreglo?”

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Pero... ¿tiene arreglo? 10 años de Productor de Sostenibilidad

En abril celebramos fechas como el Día Internacional del Libro, el Día de la Tierra… la excusa perfecta para promocionar mi libro “Pero… ¿tiene arreglo?“.

Para animarte a que leas o regales “Pero… ¿tiene arreglo?”  en estas fechas señaladas, a partir de hoy puedes encontrarlo en Amazon a un precio rebajado, tanto en la edición eBook como en la edición en papel.

No te lo pienses más y aprovecha la promoción mientras dure, ya no tienes excusa para hacerte con tu copia de “Pero… ¿tiene arreglo?”.

Puedes leer y comentar el artículo completo en productor de sostenibilidad

No es el plástico, es la propaganda

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La creciente respuesta social al problema de los envases de plástico de usar y tirar tiene respuesta: ahora la industria te pide que no culpes al plástico. Otro ejemplo de desinformación encaminada a mantener un modelo de negocio insostenible. Si te interesa el tema en los siguientes párrafos desmonto la campaña #NoCulpesAlPlástico.

Cada vez tenemos más evidencias del impacto de los plásticos de usar y tirar sobre nuestra salud, la de los ecosistemas del planeta en que habitamos y nuestro modelo económico y social. Y cada vez es más urgente buscar alternativas a su utilización.

Una creciente conciencia global contra la que la industria tiene en marcha una potente estrategia de desinformación: mentiras, medias verdades, publicidad, propaganda… que afectan a los procesos de toma de decisiones y condicionan las medidas que se aplican para seguir manteniendo su modelo de negocio.

Así, la campaña de la Asociación de Investigación de Materiales Plásticos y Conexas (AIMPLAS), también conocido como el Instituto Tecnológico del Plástico, nos pide que no culpemos al plástico y trata de trasladar a los ciudadanos las responsabilidades que las decisiones de quienes utilizan plásticos de usar y tirar en sus modelos de negocio. Más desinformación para distraer la atención sobre el impacto y los problemas ambientales, sociales y económicos que el los plásticos de usar y tirar causan a todas las personas que habitamos este planeta.

La magnitud del problema:

Desde que empezamos a utilizar plástico, hace 65 años, hemos empleado unas 8.000 millones de toneladas métricas de las cuales 5.700 se han convertido en residuos. Un 79%, 4.900 millones de toneladas están abandonadas en la naturaleza o depositadas en vertederos. El 12%, 800 millones de toneladas han sido incineradas y solo un 9%, 600 millones de toneladas, se han reciclado.

La humanidad utiliza los plásticos como material resistente a distintos procesos naturales y, sobre todo, por ser un producto artificial. Las formas de vida presentes en nuestro planeta no han conocido el plástico hasta que los seres humanos han empezado a fabricarlo y abandonarlo en la naturaleza. Salvo algún caso puntual (y poco significativo en relación a los 8.000 millones de toneladas producidos), no hay seres vivos capaces de atacar a los plásticos o incorporarlos a sus procesos metabólicos.

El resultado es que el plástico se va degradando en partículas cada vez más pequeñas que dejamos de ver a simple vista, dando lugar a microplásticos que se acumulan en los ecosistemas y se incorporan en seres vivos que los acumulan en sus organismos hasta que llegan a nuestra dieta. Por el camino se agrupan en feas y peligrosas islas de basura flotante, que cada vez acumulan más plástico en el océano, o generan sufrimiento y acaban con la vida de quienes los confunden con su alimento.

El reciclaje no soluciona el problema:

Está de moda el concepto de la economía circular. En el caso de los plásticos, concretamente en los envases de usar y tirar, no funciona. Sólo 2 de cada 100 envases puestos en el mercado acaban siendo nuevos envases de plástico. El 98% de la creciente cantidad de envases proviene del petróleo, recurso fósil que necesitamos para usos donde no lo sabemos sustituir y mucho más necesarios que los envases de usar y tirar.

Tampoco nos podemos olvidar de que, a pesar de los esfuerzos por evitarlo, más del 30% de los envases de plástico siguen abandonándose y contaminando el medio ambiente, cerca del 40% se siguen enterrando en vertederos y un 14% se incinera, trasladando el problema a la atmósfera en forma de gases de efecto invernadero y otros contaminantes.

Hay quien propone rescatar los plásticos del mar para fabricar ropa. Esta idea únicamente consigue acelerar el proceso, ya que en nuestras lavadoras las prendas de plástico liberan fibras microscópicas que van directamente a los ríos y ecosistemas acuáticos.

economía circular de los envases de plástico

¿Podríamos solucionar el problema?

Sí, es muy sencillo: basta con dejar de comprar envases de usar y tirar. Desgraciadamente estamos sumidos en un modelo de producción y consumo donde el plástico de usar y tirar apenas presenta alternativas. Pero todas y cada una de las personas que nos preocupamos por nuestra salud podemos tomar medidas al respecto.

Una fácil, en todos los lugares donde disponemos de agua de grifo de calidad suficiente, es beber agua del grifo. Acostumbrarnos a tener a mano un recipiente reutilizable reduce drásticamente el número de envases de usar y tirar que utilizamos. Si, de paso, renunciamos a grupos de productos como puedan ser los refrescos y otras bebidas azucaradas, empezamos a movernos en un modelo de consumo más saludable y más sostenible.

Somos esclavos de los envases de usar y tirar:

Pero no nos engañemos, somos esclavos de los envases de usar y tirar. Las corporaciones multinacionales de distribución tienen en el plástico un aliado con el que mantener un modelo de negocio insostenible que empobrece a todas las personas del planeta a la vez que contamina todos los rincones del globo.

Un ejemplo claro está en los envases de plástico en frutas y verduras. ¿Por qué las grandes cadenas los forran en plástico? Para que puedan recorrer miles de kilómetros y pasar semanas en procesos de distribución y almacenaje.

El problema no es solo que generan un residuo que no se puede recuperar ni reciclar, el problema es que con este modelo compiten en precio con productores y comerciantes locales y de proximidad: impacto social y económico que no podemos ignorar.

El frutero de barrio no necesita tener género almacenado meses, ni millones de clientes. Para sobrevivir dignamente le basta que algunos vecinos de alrededor de su establecimiento pasen por la tienda cuando vuelven a casa de sus tareas o el sábado por la mañana.

A cambio de ese pequeño esfuerzo, el frutero contribuye a mantener una red de distribución y producción más cercana, que no necesita plastificar frutas y verduras, y no depende de un contrato precario en una corporación que especula con las necesidades de sus vecinos.

Esa es la parte social del problema. Las grandes cadenas de distribución y centros comerciales concentran personal precarizado. Salarios míseros a cambio de jornadas y condiciones de trabajo en el límite de la legalidad vigente. ¿Para qué? Para crear la ilusión de ahorro en consumidores que invierten su tiempo y su sueldo en desplazarse en coche a llenar el maletero compulsivamente.

No interesa que cambiemos el modelo de consumo:

Pero no interesa que cambiemos nuestro modelo de consumo. Las grandes corporaciones necesitan nuestro dinero para seguir aumentando su cuota de poder. Cuanto más margen de beneficio tienen más influyen en los procesos de toma de decisiones. Más pueden invertir en propaganda. Y el plástico es su aliado.

Envasan en plástico de usar y tirar en cualquier parte del mundo. En las que se utilizan procesos de producción más intensivos y con menores costes. Donde se pueda deforestar para conseguir aceite de palma barato. Donde se pueda conseguir mano de obra barata y sin derechos laborales. Los productos recorren miles de quilómetros y pasan semanas en medios de transporte, almacenes, centros logísticos… No sería posible sin el plástico.

El productor local queda fuera de juego. Respetando los ciclos de fertilidad de la tierra o los sistemas tradicionales de producción, las variedades locales o los derechos de las personas que trabajan en su explotación asume costes que las grandes multinacionales externalizas en forma de pérdida de biodiversidad global y precariedad laboral.

Y el pequeño comercio sale seriamente perjudicado. No puede competir en precio con las grandes superficies que ajustan el precio al máximo a costa de la calidad del producto y las condiciones laborales de todos los que participan en su cadena de valor. Menos cuando éstas externalizan su responsabilidad sobre los envases de usar y tirar trasladando la gestión y los costes a los contenedores de colores que sufrimos todos los ciudadanos en nuestras calles, impuestos y bolsillos.

¿Quién impide que cambie el sistema?

El propio sector del envase de usar y tirar. Gasta mucho dinero en convencernos de que el reciclaje es la solución. Tanto que tiene a su disposición profesionales, medios, empresas y asociaciones dispuestas a bailar al son que toque. La desinformación es absoluta y llega a todos los niveles.

Las industrias del plástico y del envase de usar y tirar están aprovechando la situación precaria del periodismo ambiental, del asociacionismo conservacionista, de los profesionales de la educación ambiental… para imponer un modelo de consumo insostenible.

Han instalado en el imaginario colectivo, por ejemplo, que estamos reciclando cerca del 80% de los residuos de envases. ¿Cómo llegamos a esa cifra si, por ejemplo, en la Comunidad de Madrid sólo 28,39% de los envases ligeros se depositan en bolsa amarilla? Son datos publicados en la Estrategia de Gestión Sostenible de los Residuos de la Comunidad de Madrid que estos días está en información pública. Pero que no aparecen en los medios de comunicación.

Lo que sí se reproduce es una nota de prensa en la que se habla del análisis de “16.699 residuos abandonados en humedales continentales”, pero no podemos encontrar en ninguna parte los datos para contrastar los titulares, no hay un estudio publicado al respecto y desconocemos la metodología aplicada para llegar a los resultados ofrecidos. Si preguntamos recibiremos escusas como que todavía no hay resultados significativos, que los datos se están validando, que la metodología… de las mismas organizaciones que se hacen la foto con la industria del envase de usar y tirar.

El verdadero problema es que estamos construyendo un relato falso alrededor de los plásticos de usar y tirar y lo que cabe esperar sobre el modelo de reciclaje basado en un contenedor amarillo. Un relato que tiene muchos más cómplices. Otro en las universidades y centros de investigación. Desde una cátedra universitaria que surte de becarios a quienes hacen los estudios que pretenden desacreditar las alternativas al modelo actual de gestión de residuos de envases. Hasta un entramado que nos ayuda a entender cómo funciona el sistema completo.

Tal vez te suene el titular “Nuestra conciencia ecológica se dispara y pasamos de reciclar un 4,8% al 74,8%”. Sí, varios medios de comunicación recogieron los resultados de un estudio del el Strategic Research Center de EAE, de la EAE Business School. En concreto los del grupo Planeta, al que pertenece esta escuela universitaria. ¿Cuál es el origen de los datos? Si consultan el estudio podrán comprobar que salen de un agregador de estadísticas que se limita a recopilar información disponible, sin cuestionar la fuente. En última instancia el estudio utiliza los datos publicados por la industria del envase de usar y tirar para hablar del reciclaje en España.

Quizá cabría esperar que el centro de investigación de una escuela de negocios rascase un poco en la información y contrastase distintas fuentes. Pero tenían urgencia en promocionar su nueva línea de negoción en economía circular y no querían meterse en jaleos con patrocinadores que financian otras actividades del grupo editorial.

Contra estas cifras que sitúan el reciclaje de envases en datos cercanos al 80% tenemos los datos públicos oficiales comentados anteriormente y estudios independientes que sugieren que el reciclaje en España está por debajo del 30% y cercanas al 20%.

También cabría mencionar a los responsables de la gestión. Desde sus cargos políticos, empeñados en llegar tarde y mal a cualquier moda, en vez de utilizar los recursos tecnológicos y de comunicación para cumplir una función social, fomentar la participación en los procesos de toma de decisiones, la transparencia y el acceso a los datos o la divulgación de información oficial, se dejan deslumbrar por las estrategias de propaganda de la industria y se entregan a sus intereses. Y lo entiendo, debe ser muy triste reconocer que en tu territorio el 80% de los residuos de envases van directamente a vertedero. ¿Mejor quedarse con el amable mensaje de la industria del plástico que animar a la población a conocer el problema y aportar soluciones?

Necesitamos educación ambiental, no tanta propaganda:

Los profesionales del sector, las asociaciones con inquietudes ambientales y sociales, las personas formadas e informadas no podemos quedarnos calladas, no podemos ser cómplices de un engaño que no se sostiene.

Conocemos la magnitud del problema y sabemos cuáles son las soluciones. Sufrimos la estrategia de una industria que podría generar más empleo y de más calidad si sumiese sus responsabilidades en vez de externalizarlas en forma de impactos sociales, ambientales y económicos para el conjunto de la sociedad.

Es hora de denunciar la manipulación dirigida a mantener una situación insostenible. Dejar de ser cómplices de la estrategia de propaganda y buscar recursos y aliados donde se pueda hacer educación ambiental para avanzar en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

El grupo de presión de los envases de usar y tirar tiene muy estudiados sus mensajes. Su negocio es que se vendan cada vez más envases de usar y tirar. Y es perfectamente consciente de que sus campañas no incentivan una mayor participación en la recogida selectiva.

Es la única forma de explicar que 20 años después sigamos sin saber qué hay que tirar a cada contenedor. ¿Cuanto han tardado tus padres en aprender a manejar un teléfono de pantalla táctil con sistema operativo Android con el que recibir y enviar las foros de sus nietos? Hace 20 años tener un teléfono móvil con el que únicamente se podían hacer y recibir llamadas era bastante poco frecuente y las tablets… ni siquiera nos habíamos planteado que pudiésemos tener una. ¿Tan difícil es trasladar a una población capaz de adaptarse a cambios tecnológicos complejos un sencillo sistema de recogida selectiva basado en contenedores de colores?

Contenedores que, por cierto, están al servicio de la industria del envase de usar y tirar para quitarse de en medio el problema de los envases que ponen en el mercado y tienen la responsabilidad de gestionar adecuadamente. Una industria que finalmente solo asume el coste de lo que entra en el contenedor adecuado. Y, recordemos, en la Comunidad de Madrid, para el caso del contenedor amarillo eso apenas ocurre con 3 de cada 10 envases puestos en el mercado. El 100% de los comercializados están adheridos a un sistema que únicamente se hace cargo del 30%… un negocio redondo que traslada el 70% de los costes de los residuos que genera al conjunto de la población, a los sistemas de recogida de residuo municipales, a los ecosistemas naturales, a las playas y mares.

Recientemente se están poniendo ejemplos sobre la mesa, como la forma en la que las marcas de refrescos presionan contra las campañas por una dieta más saludable que podrían afectar a su volumen de ventas o que cómo las grandes envasadoras influyen sobre las políticas europeas.

¿Podemos permitirnos el lujo de confiar la educación ambiental o el voluntariado corporativo en manos de la industria del envase de usar y tirar? No, no podemos ni debemos. Tiene su propia agenda para perpetuar y ampliar su modelo de negocio a costa de nuestra salud. Es más, su apoyo a organizaciones que inventan palabras como basuraleza o dicen estudiar las basuras abandonadas en la naturaleza no es más que una parte de la estrategia para evitar que se tomen medidas serias que puedan afectar a su volumen de negocio.

Las mentiras de AIMPLAS

La campaña #NoCulpesAlPlástico de AIMPLAS no es más que otro ejemplo de publicidad engañosa en un intento de lavar la tocada imagen de la industria del envase de usar y tirar. Algunas de las mentiras que intenta instalar en la sociedad son las siguientes:

  • Reducir, reutilizar y reciclar es responsabilidad de todos: los fabricantes tienen obligaciones legales para reducir el impacto y asumir el coste de la gestión de los productos que ponen en el mercado. El resto de agentes tenemos responsabilidades condicionadas por las decisiones de quienes ponen en el mercado productos que con su uso se convierten en residuos. El modelo actual de recogida basado en contenedores amarillos no está cubriendo esos costes, no genera incentivos para que el fabricante reduzca la producción de envases de usar y tirar y traslada la responsabilidad a ciudadanos y administraciones.
  • Los plásticos mono uso son imprescindibles en la conservación de alimentos: se utiliza plástico para favorecer los intereses de las grandes corporaciones multinacionales de distribución: los alimentos pueden conservarse en envases reutilizables. Y durante la mayor parte de la historia de la humanidad se han conservado sin necesidad de plásticos. Eso sin olvidar que aquí nos envasan en plástico cosas que tienen su propio envase natural ¿qué me aporta todo el plástico que cubre a fruta y la verdura de los centros comerciales? Al frutero de mi barrio un modelo contra el que no puede competir en precio.
  • Prohibir los productos plásticos no es la solución a las basuras en el medio ambiente: efectivamente, hay muchos tipos de basuras en el medio ambiente. Pero si prohibimos los productos plásticos innecesarios reduciríamos los plásticos abandonados en el medio ambiente. El mero hecho de cobrar un pequeño precio por las bolsas de plástico ha resultado en una importante reducción de la basura en el mar. ¿Qué podría pasar si los productos envasados se vendiesen en sistemas de depósito, devolución y retorno? Quizá otra buena medida sería prohibir el agua embotellada donde la calidad del agua de grifo es adecuada para consumo humano. Pero el negocio de meter agua en plástico es muy jugoso.

  • La solución a las basuras marinas está en tu comportamiento responsable: con esta afirmación la industria del envase de usar y tirar traslada la responsabilidad del envasador al consumidor, que es quien pone en el mercado lo que acaban siendo basuras marinas. Sin envases de usar y tirar habría menos basuras, en general. Y sin envases de plástico en el mercado no habría envases de plástico en el mar.
  • Los plásticos ahorran agua, energía y emisiones de efecto invernadero: depende de cuáles. Los envases de usar y tirar, cuya finalidad es permitir el transporte a larga distancia de alimentos que podrían ser producidos localmente no ahorran nada de eso. Más bien al contrario. Los envases de plástico han deslocalizado la producción y ampliado las cadenas de distribución haciendo que satisfacer la necesidad de alimentación cada vez consuma más energía y genere más emisiones de efecto invernadero.
  • La mayoría de los usos de los plásticos son duraderos: eso sí, sustituyendo a otros materiales que tienen propiedades similares y menor impacto ambiental. De todas formas ¿el problema no eran las basuras marinas? No podemos olvidar que cada vez se venden más productos en envases de plástico de usar y tirar. En cualquier caso, si vamos a la memoria de PlasticsEurope para 2017 encontramos que el 39,9% de los plásticos se destinaron a envase. No es la mayoría, pero sí el uso que más material emplea.

  • Los plásticos salvan vidas: no serán los que se encuentran en la sangre de las personas, los estómagos de los albatros, los que se queman en instalaciones de gestión de residuos o incontroladamente alrededor de ellas. Una bonita generalización para desviar la atención sobre el impacto de las toneladas de envases de usar y tirar que cada día se ponen en el mercado.
  • Los plásticos conservan los alimentos y evitan desperdicios: los envases de usar y tirar son desperdicios que en la mayoría de las ocasiones no se pueden recuperar ni reciclar. Y obligan al consumidor a comprar cantidades definidas por el envasador, no por sus necesidades reales. Generan un modelo de compra compulsiva que es el origen del desperdicio alimentario en las ciudades, tanto por la falta de planificación de las compras como por la posibilidad de transportar y acumular alimentos que caducan en nuestros hogares.
  • Los plásticos son materiales totalmente seguros para la salud: salvo porque que como se degradan y acumulan en los ecosistemas, pasan a las cadenas alimentarias y están presentes en nuestro organismo sin control.

Como puedes comprobar la mayor parte del argumentario de AIMPLAS está enfocado a mantener un modelo de consumo basado en envases de usar y tirar. Totalmente insostenible, pero claramente beneficioso para la industria que divulga el mensaje.

El plástico sí tiene la culpa de muchos problemas ambientales, sociales y económicos: contaminación de ecosistemas naturales y la cadena alimentaria, precariedad laboral al servicio de grandes corporaciones y concentración de la riqueza en manos de unos pocos.

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La Comunidad de Madrid necesita recoger mejor sus residuos

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La Comunidad de Madrid necesita recoger mejor sus residuos

Estos días están en fase de información pública el Estudio Ambiental Estratégico y la versión inicial de la Estrategia de Gestión Sostenible de los Residuos de la Comunidad de Madrid. Esto significa que cualquier persona puede consultar dichos documentos y hacer los comentarios que estime pertinentes. Es un ejercicio más que recomendable para entender la situación actual de la gestión de residuos en este territorio y de la necesidad de replantearse el futuro.

En particular en esta entrada me centro en el análisis del documento relativo al Plan de Gestión de Residuos Domésticos y Comerciales, que, como su nombre indica, incluye:

  • Residuos domésticos: residuos generados en los hogares como consecuencia de las actividades domésticas. Se consideran también residuos domésticos los similares a los anteriores generados en servicios e industrias. Se incluyen generados en los hogares de aparatos eléctricos y electrónicos, ropa, pilas, acumuladores, muebles y enseres así como los residuos procedentes de obras menores de construcción y reparación domiciliaria. También tienen consideración de residuos domésticos los residuos procedentes de limpieza de vías públicas, zonas verdes, áreas recreativas y playas, los animales domésticos muertos y los vehículos abandonados.
  • Residuos comerciales: residuos generados por la actividad propia del comercio, al por mayor y al por menor, de los servicios de restauración y bares, de las oficinas y de los mercados, así como del resto del sector servicios.

Como Síntesis de la situación actual, el documento recoge datos muy interesantes, indicando que:

  • En el caso de envases ligeros se recogen en la bolsa resto 25,97 kg/hab.año y en los contenedores de recogida específica de bolsa amarilla 11,20 kg/hab.año (65,81% en la bolsa resto y 28,39% en bolsa amarilla).
  • Para envases de vidrio tenemos que se recogen en la bolsa resto 8,90 kg/hab.año y en el contenedor de vidrio 12,35 kg/hab.año (39,33% en bolsa resto y 54,61% en contenedor de vidrio).
  • En el caso de papel y cartón e recogen en la bolsa resto 33,99 kg/hab.año y en el contenedor de calle de papel y cartón 12,28 kg/hab.año (descontada la retirada informal de material de este contenedor).
  • De materia orgánica se recogen, en la bolsa resto, 67,87 kg/hab año, lo que representa el 92,12% de la materia orgánica y 32,37 kg/hab.año de residuos de jardín y podas que representan el 60,14% de los restos de jardín y podas.
  • En la bolsa resto se recogen 25,48 kg/hab.año de residuos textiles, es decir el 83,29% de los residuos textiles.

A la vista de estos datos “se concluye que en la Comunidad de Madrid se debe abordar un ambicioso plan de construcción de nuevas instalaciones de tratamiento y de modernización y adecuación de las existentes”.

Quizá sea cierto, tal vez necesitamos más y mejores infraestructuras para mejorar los resultados del tratamiento de los residuos. Pero lo que sí que está claro es que el sistema de contenedores de colores no da buenos resultados: la mayoría de los residuos no acaban en un lugar adecuado para su tratamiento y gestión.

plásticos, metales, materia orgánica, papel y cartón, recuperados en una planta de clasificación de residuos

Para que funcionen bien las instalaciones de gestión y tratamiento los residuos deben llegar separados de forma que puedan ser procesados en dichas instalaciones. Es decir, si construyo una planta de clasificación de envases ligeros para recuperar materiales reciclables, necesito que allí me lleguen los envases ligeros. Si el 65,81% de los envases ligeros no van a mi planta de clasificación… no los puedo recuperar para el reciclaje.

¿Cuál es el objetivo? Es una buena pregunta para un Plan de Gestión ¿Qué objetivos y metas quiere conseguir la Comunidad de Madrid con su Estrategia de Gestión Sostenible de los Residuos? Vamos a suponer que lo que se plantea es “incrementar la recogida separada de residuos de envases domésticos de forma que en 2020 como mínimo el 70% del reciclado proceda de residuos de envases recogidos separadamente”, alcanzando para 2020 los siguientes objetivos de reciclado aplicables a envases por tipo de material:

  • Papel: 85% de reciclado
  • Vidrio: 75% de reciclado
  • Metales: 70:70 (Aluminio: Acero)
  • Plástico: 40% de reciclado
  • Madera: 60% de reciclado

¿Puedo reciclar el 75% del vidrio si cerca del 40% se recoge en un contenedor que va a parar a una planta de tratamiento que no está preparada para recuperarlo?

Sí, una asignatura pendiente es mejorar las instalaciones de tratamiento para que puedan procesar la basura tal y como la presentamos las personas que llenamos los contenedores de residuos. Pero si después de 20 años funcionando el sistema se ha estancado y no es capaz de mejorar los resultados… toca hacer cambios. ¿Qué podemos hacer para mejorar la cifra de recogida que nos dice que más del 65% de los residuos de envases de los madrileños no van al contenedor amarillo?

Quizá una opción sea cambiar la forma en la que se recogen los residuos. De una parte está claro que sabemos tirar la materia orgánica al contenedor de restos, pues consagremos ese contenedor a la materia orgánica y llevemos todo lo demás a otra parte. ¿Dónde? Pues hay cosas que por su gran tamaño o peligrosidad habrá que llevar a lugares específicos, como los puntos limpios. Pero quizá sea hora de asumir que es fácil entender que podríamos utilizar el contenedor amarillo como contenedor de “plásticos y metales”. Y establecer que se procese su contenido para recuperar plásticos y metales. Una recogida separada como manda la Unión Europea.

Y no podemos perder de vista que con los contenedores de colores estamos trasladando responsabilidades. Si quienes ponen en el mercado productos envasados aceptasen los envases vacíos de vuelta en sus establecimientos reduciríamos significativamente muchos de los problemas y costes del modelo actual de gestión. Todo lo que entregásemos de vuelta a los centros comerciales no estaría abandonado en el campo, no tendría que ser barrido de las calles y no viajaría en los camiones de la recogida municipal. ¿Por qué no aprovechamos la nueva estrategia de residuos para implicar directamente a quienes tienen un modelo de negocio que implica la generación de residuos?

envases de plástico recuperados y listos para el reciclaje

Por otro lado parece que las campañas de concienciación, en las que descansa la esperanza de que los residuos acaben correctamente depositados en los contenedores de colores, no están bien enfocadas: cada vez consumimos más envases de usar y tirar, lo que implica que generamos más residuos y más costes ambientales y económicos. Tampoco parecen adecuadas para mejorar los resultados de participación en el modelo actual de recogida de residuos: 20 años después seguimos tirando más de la mitad de los residuos donde no corresponde. Quizá es que quienes diseñan esas campañas tienen otros intereses y lo que hacen es perpetuar modelos insostenibles de consumo con la excusa de la concienciación ambiental.

Tampoco estaría de más implantar medidas que incentiven la participación, favoreciendo una recogida que optimice el reciclaje o permita la reutilización. Porque no podemos perder de vista que el modelo de basado en contenedores perpetúa los envases de usar y tirar y obstaculiza la implantación de sistemas basados en envases reutilizables. Parece que estamos más dispuestos a hacer las cosas bien si tenemos una respuesta positiva que si se nos castiga ¿por qué no probar si mejora la recogida con sistemas de depósito, devolución y retorno?

Por algún extraño motivo la Comunidad de Madrid rechaza en la versión inicial de su Estrategia de Gestión Sostenible de los Residuos los sistemas de depósito, devolución y retorno. No presenta conclusiones de investigaciones sobre la viabilidad o los posibles resultados que podría generar en la región esta forma de recoger los residuos. Por el contrario reproduce argumentos que hemos leído en estudios chapuceros y argumentaciones sesgadas por instituciones y personas a sueldo de la industria del envase de usar y tirar.

Quizá no estaría de más que el Plan de Gestión de Residuos Domésticos y Comerciales de la Comunidad de Madrid dedicase unas líneas al modelo de recogida de residuos y propusiese medidas encaminadas a cambiar algo en una forma de retirar la basura de nuestros municipios que no nos lleva a alcanzar los objetivos europeos de reciclaje. Y que, por supuesto, no nos acerca a la economía circular, ni mucho menos a la sostenibilidad en la gestión de residuos.

Lo bueno es que estamos en pleno proceso de información pública, durante el cual todas y cada una de las personas que queramos tomarnos la molestia de hacerlo podemos presentar alegaciones y propuestas siguiendo las indicaciones del enlace. Yo estoy preparando las mías, no esperes más y presenta las tuyas, seguro que tienes algo interesante que aportar.

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Ponle nombre a la basuraleza

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

El abandono de residuos en el medio natural es un problema. La actividad humana exporta contaminación a todas partes: campos, playas, mares… hay residuos de plástico en cualquier rincón del planeta. Hasta le han puesto nombre: basuraleza.

Sí, cada persona que abandona en el medio natural un residuo es el responsable último de dejarlo allí. Pero no es el único implicado. Una parte importante de la culpa la tienen quienes ponen en el mercado productos que con su uso se convierten en residuos. Ellos deciden si los materiales que utilizan en su modelo de negocio son reutilizables. O si se pueden recuperar y reciclar fácilmente.

Todavía falta otro agente más: la publicidad. Clava a fuego patrones y modelos de consumo que se traducen en conductas poco respetuosas con el entorno. ¿Cuántas marcas de refresco se promocionan en escenarios naturales? Los anuncios generan la necesidad de consumir los productos que muestran. Y de disfrutarlos en los escenarios que se publicitan. Es la chispa de la vida… en la playa, en mitad del monte con los colegas asalvajados molestando a los paisanos

Por eso es importante que le pongas nombre y apellidos a los residuos que recojas en el campo. Basuraleza son latas de bebidas, botellas de refrescos, paquetes de tabaco, colillas de cigarrillos, aparatos electrodomésticos, colchones o lo que encuentres. Todos ellos puestos en el mercado una legislación que contempla la responsabilidad ampliada del productor: quien pone en el mercado productos que con su uso se convierten en residuos tiene que recibir esos residuos de vuelta o asumir el coste de su gestión.

Si los residuos están en la naturaleza es evidente que alguien no está haciendo bien las cosas.

¿Cómo llegan los residuos a la naturaleza? Llevados por víctimas de esas campañas de publicidad que les han dicho que no serán felices si no van al campo cargados de envases de usar y tirar. A las que se les ofrece como algo cómodo arrastrar una nevera cargada de latas y una mochila llena productos preparados que ha comprado en un supermercado de camino al destino de su excursión. Tal vez de un solitario aventurero disfrutando del sabor genuino del rubio americano. Quizá son de un grupo de colegas que ha subido a hacer botellón o una familia que, acompañada de un generador y un potente equipo de sonido ha celebrado el último evento en un área recreativa.

Quizá al terminar recogieron todos los residuos generados y los depositaron en las papeleras y los contenedores del merendero o el aparcamiento. Porque ya que les hemos creado la necesidad de acudir al campo con envases de usar y tirar les ponemos contenedores en mitad de ninguna parte para que se sientan bien “reciclando” sus basuras. Tal vez ha sido el viento. O la fauna, una vez recuperada del susto, quien han esparcido los residuos desde esos recipientes donde rebuscar restos de comida.

Sea como fuere, la basuraleza tiene nombres y apellidos. Marcas y empresas que tienen cuentas en redes sociales y que utilizan etiquetas para sus campañas. Con ellas puedes hacerles saber que los residuos de los que deberían haberse hecho cargo están abandonados en la naturaleza. Que las latas de Coca – Cola, los vasos de McDonald’s, las colillas de Philip Morris, los frigoríficos de MediaMarkt, los colchones de Pikolin o lo que sea que te encuentres en tu salida al campo está allí abandonado.

Por favor, no te olvides, cuando salgas a recoger basura en el campo, de hacer fotos, subirlas y etiquetar a quienes pusieron esos residuos en el mercado. Que vean que nos damos cuenta de que nos están imponiendo un modelo de consumo insostenible y que queremos otra cosa.

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Basuraleza, no soluciona el problema pero lo ilustra bien

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Tenemos un término nuevo: basuraleza. Alguien ha pensado que hacía falta ponerle nombre a la basura que se abandona en la naturaleza y ha creado una nueva palabra. Basura + Naturaleza = Basuraleza. Muy ocurrente. No soluciona el problema pero lo ilustra muy bien.

España suspende en el reciclaje de su basura: Solo se recicla el 29% de los desechos urbanos, muy lejos del objetivo fijado por la UE para 2020. El titular no es nuevo. Una actualización de datos que constata un problema que llevamos arrastrando bastante tiempo. ¿Cuál es la estrategia española para resolver las deficiencias en gestión de residuos? Inventar un palabro: “basuraleza”. Podría ser gracioso si no fuese porque la broma la pagamos entre todos.

Basuraleza llena los titulares de prensa y fluye por las redes sociales. El problema es que no somos capaces de reciclar más que un 29% de los residuos municipales que generamos en España. Pero es mucho más amable y agradable compartir el nuevo término que analizar las causas y proponer soluciones reales. Nos asusta revisar nuestro modelo de consumo. Es mucho más cómodo abandonarse a la autocomplacencia.

Y no estamos solos. Grandes corporaciones y empresas multinacionales nos acompañan en este viaje a la basuraleza. Son el origen del problema y la solución. Tan solo tendrían que dar cumplimiento adecuado a su obligación de hacerse cargo de los residuos que proceden de los productos que ponen en el mercado, tal y como indica la legislación vigente.

Pero no están haciendo todo lo que deberían. En el caso de los envases reconocen que podrían destinar 140 millones de euros al año a mejorar la recogida de los residuos. ¿Quién se va a gastar ese pastizal en mejorar la gestión de residuos si puede ahorrárselo? Las empresas de la industria de usar y tirar:

Si la Unión Europea nos tira de las orejas porque no estamos gestionando bien nuestra basura podríamos exigir responsabilidades a quienes ponen en el mercado productos que con su uso se convierten en residuos. Especialmente si, por alguna casualidad, un titular jugoso se escapa del control de la industria del envase de usar y tirar. Quizá la conciencia de la sociedad española podría despertar y empezar a reclamar cambios que resulten en un modelo de consumo más sostenible.

Pero no, basuraleza viene al rescate. Decenas de millones de euros gastados en propaganda para mantenernos adormilados. ¿Podríamos destinarlos a resolver el problema de los residuos? Sí, pero se trata de seguir vendiendo productos obsolescentes en envases de usar y tirar. Ahora los llamarás basuraleza, para que no te fijes que llevan impresos los logotipos de las corporaciones que los han puesto en el mercado.

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Tus envases vacíos no son residuos

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

tus envases vacíos no son residuos

Podemos abordar el debate sobre el modelo de recogida y gestión de residuos desde muchos puntos de vista. Pero a la hora de analizar soluciones concretas y decidir si implantamos unas u otras es necesario analizar el asunto con un poco de rigor ¿Sabías que los envases vacíos que tienes en tu casa no son residuos? Si me acompañas por los siguientes párrafos te explico qué es un residuo, la importancia y el impacto de las definiciones para entender las polémicas sobre el rigor con el que se trata en los medios de comunicación las cuestiones sobre recogida de residuos.

De modo intuitivo hemos asimilado que un residuo es todo aquello que ya no nos sirve. A efectos prácticos utilizamos basura y residuos como términos sinónimos e intercambiables. Pero existen una serie de consideraciones legales y técnicas sobre qué se entiende por residuo y cómo gestionarlo. Y sí, a ti esas lastas y esos plásticos que han quedado en tu cocina después de preparar la cena te parecen inservibles, los vas a tirar a tu cubo de basura, pero todavía no son residuos. Son envases vacíos.

¿Cuándo adquieren condición de residuos los materiales de desechados en el ámbito doméstico? Cuando los entregamos, cumpliendo lo que establezca en sus ordenanzas locales, al sistema de recogida municipal. Tus envases vacíos son residuos a partir del momento en el que los sueltas en los correspondientes contenedores de colores. Y que no me entere yo de que los tiras en cualquier parte o de que no los separas adecuadamente.

Y a mí eso… ¿Cómo me afecta? Pues de modo general, no es una cosa que deba preocuparte mucho. A efectos legales es importante porque si no fuese por ese detalle tendrías que cumplir con una serie de requisitos de almacenamiento, elaboración de informes anuales y otras cuestiones que, sin ser más complejas que la declaración de la RENTA, requieren tiempo y conocimientos especializados. Afortunadamente, para el caso de los envases domésticos, todas las obligaciones pasan de los que ponen en el mercado los productos envasados a quienes los recogen. A ti sólo te queda participar en el sistema de recogida que pongan a tu disposición unos y otros.

Pero… ¿Qué importancia tiene este matiz legal en la gestión de residuos? Pues resulta clave para evaluar los costes e impactos, por ejemplo, de incorporar Sistemas de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR). En la comparación del modelo de recogida basado en el contenedor amarillo con la opción de devolver los envases a los establecimientos donde compramos productos envasados una de las cuestiones clave es el transporte. ¿Cómo llegan los productos al comercio? ¿Quién se lleva los residuos?

En el modelo del contenedor amarillo no hay muchas posibilidades de error: un camión de reparto deja el producto en el establecimiento, tú lo llevas a tu casa, vacías los envases, los bajas al contenedor y un camión especial, preparado para descargar el contenedor amarillo, se lleva los residuos.

¿Qué pasa en el caso de la devolución de los envases al comercio? El principio es igual: un camión de reparto deja el producto, te lo llevas a casa, consumes lo que te interesa y los envases que ya no quieres los devuelves a la tienda. ¿Quién se lleva esos envases vacíos? Pues ya no hace falta un camión compactador de carga lateral o trasera. Ahora se los podría llevar… el mismo camión de reparto. Se llama logística inversa: aprovechamos el espacio que va quedando en el vehículo a medida que descarga los productos nuevos para ocuparlo con los envases vacíos. Con esta solución (que no es especialmente sencilla, a pesar de que así contado lo pueda parecer) ahorramos una importante cantidad de camiones de basura circulando por las calles (y parte del espacio que ocupan los contenedores amarillos, entre otras cosas).

Pero, alguien argumentará, eso no es posible. ¿Podemos mezclar en el mismo camión residuos y alimentos? La respuesta es que no lo hacemos. Tus envases, esos que no mezclas con el resto de la basura, no son residuos, son envases vacíos. ¿Cuándo queremos que se conviertan en residuos? Cuando lleguen a una planta de gestión donde se les dé un tratamiento adecuado: si los higienizamos para rellenarlos y reutilizarlos seguirán siendo envases. Si los aplastamos y trituramos entonces sí que pasarán a ser un residuo que habrá que valorizar, bien convirtiéndolos en nuevas materias primas (¡reciclaje!), bien incinerando con recuperación de energía (valorización energética).

Esto ya funcionaba en algunos casos: ¿Has visto al camión que reparte bebidas en el bar de la esquina? Deja una caja llena de botellas con bebida y se lleva una caja llena con botellas vacías. En un solo viaje deja el producto listo para el consumo y se lleva los envases que hay que gestionar. ¿Cómo es posible si no se pueden transportar en el mismo vehículo alimentos y residuos? Porque los envases vacíos no son residuos… todavía.

Y ¿por qué nos cuentas todo esto Alberto? Pues porque si habéis leído alguno de los estudios que atacan el SDDR o que intentan poner el acento en su supuesto impacto ambiental, veréis que asumen sistemas de recogida que no contemplan (o si lo hacen de una forma muy limitada) una de las potenciales ventajas de los sistemas de depósito, devolución y retorno: la reducción del número de camiones circulando por las ciudades, con la consecuente disminución de emisiones de efecto invernadero y contaminantes atmosféricos.

Así, cuando el bautizado como “Proyecto Ariadna”, se utiliza para decir que la implantación de un SDDR es cara y muy contaminante o perjudicial para el medio ambiente, conviene repasar las premisas que utiliza como base para su hipótesis de partida. Una parte importante de ese coste y de la contaminación viene, precisamente, de que no se evalúa el verdadero potencial de logística inversa que tienen los sistemas basados en devolver los envases a los establecimientos donde compramos productos envasados.

Este estudio se ha utilizado para generar y difundir la idea de que un sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR) sería más caro y más perjudicial para el medio ambiente que el modelo basado en los contenedores amarillos. ¿Cómo llega a esa conclusión? El estudio, patrocinado por la industria del envase de usar y tirar, no contempla la posibilidad de reducción del número de vehículos y viajes que supondría la logística inversa. Justifica un aumento de emisiones contaminantes y un incremento de costes que se basan en un diseño interesado del SDDR, enfocada, precisamente a obtener resultados y conclusiones contrarios a esta opción.

Este es sólo uno de los muchos errores que se pueden encontrar en ese Proyecto Ariadna, especialmente complejo y difícil de interpretar, pero repleto de perversiones que evidencian el interés en obtener unas conclusiones dirigidas por los patrocinadores. En contra de los beneficios del SDDR.

¿Es más caro y contaminante el SDDR? Depende de las condiciones que plantees a la hora de estudiar el modelo y compararlo con el modelo basado en el contenedor amarillo. Quizá si los patrocinadores te pagan por que saques como resultado que tiene un coste desorbitado y un fuerte impacto ambiental, consigas retorcer los datos y los argumentos para llegar a esas conclusiones. Es tan burdo y fácil de desmontar que en futuras entregas seguiremos analizando esta cuestión.

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