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El Proyecto Libera es un irresponsable lavado de imagen

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Suena bien. Una empresa privada saca a personas concienciadas con el medio ambiente a recoger basura abandonada en el campo. Una interesante actividad de responsabilidad corporativa y voluntariado ambiental. Pero cuando quien lo propone es Ecoembalajes España, S.A., empresa cuya razón social es pagar la recogida y reciclaje de los residuos de envases, esta actuación es ejemplo de un lavado de imagen verde, conocido como greenwashing. Si me acompañas, en los siguientes párrafos te cuento por qué y cómo el Proyecto Libera sirve para lavar la imagen de la industria del envase de usar y tirar, perpetuando un negocio poco ecológico.

En primer lugar, si eres uno de los muchos voluntarios que han salido a recoger basura en el campo con el proyecto Libera: muchas gracias. Gracias por retirar esos residuos abandonados donde nunca deberían de haber llegado. Gracias por evitar que sigan contaminando la naturaleza. Gracias por prevenir que se degraden a la intemperie, con el riesgo que supone de que acaben en nuestra cadena alimentaria.

Pero, participes o no en Libera, debes saber que es una actuación de lo que se conoce como greenwashing: un lavado de cara verde con el que una empresa privada pretende hacer ver a la sociedad que su actividad es más respetuosa con el medio ambiente de lo que realmente es. Esta práctica es ampliamente denunciada en otros países, pero en España cuesta encontrar recopilaciones con ejemplos de empresas que están haciendo greenwashing.

Libera se presenta como la primera movilización ciudadana para liberar nuestra naturaleza de basura. Y aquí empieza el engaño. No es la primera iniciativa llevada a cabo para retirar residuos del medio natural en España y no es una propuesta ciudadana: es una apuesta desesperada de una empresa envuelta en una crisis de reputación corporativa para vincular su imagen a una organización conservacionista que necesita una fuente de ingresos con los que mantener su estructura.

Años antes de que Ecoembes (Ecoembalajes España, S.A.) pusiese en los medios de comunicación su campaña, diversas organizaciones ecologistas, ambientalistas y conservacionistas de este país han propuesto y llevado a cabo exitosas iniciativas de recogida de residuos. Algunas con empresas con un verdadero compromiso ambiental, otras convertidas en práctica habitual por montañeros, senderistas, excursionistas, y otros naturalistas.

Pero con todo, lo peor no es que estemos ante publicidad engañosa. Lo peor es el daño que esta campaña hace a la conciencia ambiental en España, atacando todos los principios que deben regir la responsabilidad corporativa o el voluntariado ambiental. Vamos por partes.

Las grandes mentiras corporativas no van a hacer del planeta un lugar más verde

Libera no es educación ambiental

Una cuestión importante es destacar cómo influye el proyecto Libera en la Educación ambiental. ¿Quién y por qué tira residuos en el campo? Analizar esta cuestión y estudiar las respuestas a la misma sería interesante.

Quien tira residuos en el campo suele ser un usuario poco concienciado que utiliza los espacios naturales dentro de un modelo de consumo insostenible. Podría dedicar su tiempo de ocio a cualquier otra cosa, pero va al campo portando productos en envases de usar y tirar y los abandona allí. ¿Porque es un guarro irrespetuoso? Posiblemente, pero a la mayoría no le gusta hacer las cosas mal. Y la creencia de que no pasa nada por abandonar residuos en el campo, que alguien va a venir a recogerlos, está muy extendida. Lo malo es que Libera confirma esa creencia mostrando a personas que recogen la basura tirada en el campo.

El mensaje que llega a la población no es, necesariamente, un mensaje de concienciación ambiental. Mayormente es un mensaje del tipo: “da igual tirar residuos en el campo porque luego vienen los ecologistas y los recogen”. Es fomentar la máxima de que una mala conducta ambiental se justifica en la creación de empleo: yo lo tiro en cualquier parte y que paguen a otros para que lo recojan.

Y el problema es doble:

  • Se pierde la oportunidad de enseñar a la población a ir al campo sin envases de usar y tirar. En vez de promocionar bolsas de aperitivos, botellas de agua, latas de refresco… en el medio natural, podríamos enseñar a la población a utilizar cantimploras y tarteras.
  • Se crea una sensación de conservación de la naturaleza que no es real: los voluntarios del proyecto Libera llegan a una pequeña parte de la superficie del territorio nacional, por lo que la mayor parte de los residuos abandonados en la naturaleza siguen y seguirán allí a pesar del lavado de imagen de Ecoembes.

Y no es sólo eso. Casi todas las actuaciones propuestas se limitan a lugares gestionados de alguna manera: áreas recreativas, parques regionales… que cuentan con organizaciones encargadas de su gestión y toman decisiones sobre el acceso y uso. Espacios para los que ya existen, o debieran existir, actuaciones formales de limpieza y mantenimiento. Las montañas de envases de cerveza de usar y tirar que determinado colectivo de usuarios generan lejos de la vista del senderista medio, esas no ha ido Libera a buscarlas.

botella de plástico abandonada en el campo

¿Recoger residuos de envases para Ecoembes es voluntariado?

En los estatutos de Ecoembes se recoge claramente cuál es el objeto social de esta empresa. A los efectos que nos ocupan en este artículo destacamos: “El diseño y organización de sistemas encaminados a la recogida selectiva y recuperación de residuos de envases y embalajes, para su posterior tratamiento y valorización.¿Puede una empresa privada realizar su actividad con voluntarios? Parece ser que Ecoembalajes España S.A. sí: puede llevar a cabo la recogida y recuperación de residuos de envases y embalajes con voluntarios.

Es curioso. Si una empresa de obra civil decidiese ponerse a construir carreteras con voluntarios, y a alguno se le ocurriese llamar a la inspección de trabajo durante esa actuación, el escándalo sería mayúsculo. Cabría la posibilidad de que justificasen que hacen las carreteras por amor al arte.

Ecoembes es el sistema de responsabilidad ampliada del productor para los residuos de envases domésticos. Esto quiere decir que es la empresa creada por corporaciones que ponen en el mercado productos envasados para cumplir con su obligación legal de hacerse cargo de los residuos que generan esos envases. Los envases que tienen el logotipo conocido como “punto verde” están adheridos al sistema: los consumidores que compran productos en estos envases pagan (incluida en el precio) una pequeña cantidad que va a la caja de Ecoembes para que se encargue de recogerlos y reciclarlos cuando se convierten en residuos. En las ciudades esto se lleva a cabo con los contenedores amarillos. En el campo, el Proyecto Libera realiza este trabajo con voluntarios.

Símbolo del punto verde con el que los envasadores muestran que están adheridos a ecoembes

No sé qué opinarán los accionistas de Ecoembalajes España S.A., pero lo mismo se apuntan al carro y empezamos a ver en las cajas de Carrefour, en las envasadoras de Coca Cola o en las plantas de reciclaje a voluntarios que se dedican a ocupar un espacio que hasta ahora empleaba a trabajadores (poco y mal) remunerados.

El voluntariado, en ninguna de sus formas, debería incidir en el mercado laboral. Pero vivimos en un país un tanto peculiar en este sentido. La Ley 45/2015, de 14 de octubre, de Voluntariado dice que el voluntariado son “actividades de interés general desarrolladas por personas físicas”. Cuando la actividad está en el objeto social de la empresa que lo promueve ni es interés general, ni lo desarrolla una persona física. Por lo tanto, no creo que recoger residuos de envases para Ecoembes pueda ser considerado voluntariado.

 

¿Qué consigue Ecoembes con esta campaña?

 

  • Hacerse la foto. O mejor todavía que cientos de voluntarias y voluntarios, entusiastas del medio ambiente, publiquen en sus redes sociales la imagen de Ecoembes vinculada a una “buena” acción ambiental.
  • Manipular la información. La empresa se hace propietaria de los datos de las recogidas y los publica como mejor conviene a sus intereses. A pesar de que en volumen y peso, la mayor parte de los residuos recogidos en estas campañas son envases adheridos a Ecoembes. La organización publicará notas de prensa, que se difundirán por las organizaciones participantes en las recogidas y los voluntarios, en las que los datos serán en cantidad o unidades de cada residuo (el volumen o peso de las colillas de tabaco es insignificante si se compara con el de los envases, pero en unidades 4 colillas parecen lo mismo que 4 latas de refresco). De esta forma quita el foco de los envases (que son su responsabilidad) y lo lleva a otros residuos, igualmente importantes, como las colillas del tabaco o las toallitas, pero que no están en el ámbito de actividad de Ecoembes.
  • Desviar la atención sobre los verdaderos problemas de gestión de residuos de envases, en particular de la necesidad de superar un modelo de recogida obsoleto con el que en los últimos 20 años no hemos conseguido reducir la contaminación generada por los envases de usar y tirar.
  • Ecoembes es una empresa privada creada por la industria del envase de usar y tirar. Su objetivo no es eliminar los plásticos de tu modelo de consumo: pretenden que cada vez compres más envases de usar y tirar con la conciencia más tranquila. Y este tipo de campañas cumplen ese propósito mostrando al público general que no tiene que preocuparse por el impacto de sus residuos, como si depositarlos en el contenedor adecuado fuese la solución al problema.
  • Ecoembalajes España, S.A., firma convenios con asociaciones conservacionistas y ecologistas para que sus voluntarios queden al servicio de la propaganda de la organización, en vez de dedicar su tiempo a concienciar sobre el verdadero problema: el creciente aumento del consumo de envases de usar y tirar.

 

¿Recoger basura es una acción de responsabilidad corporativa?

 

Como decía al principio de este artículo, Ecoembes no es la primera ni la única empresa privada que promueve acciones de voluntariado relacionadas con la recogida de residuos en espacios naturales. ¿Qué pasa con el resto? Habría que analizar caso por caso, pero si tu actividad económica no está relacionada con la recogida y recuperación de residuos, sí podrías promover un voluntariado en este ámbito.

Si, por ejemplo, me dedico a comercializar material deportivo, a formar a desempleados o a vender muebles, sí puede tener sentido una actividad de voluntariado relacionado con limpiar la basura que la gente abandona en el campo. Incluso podría hacer un voluntariado corporativo con mis propios empleados, destinando parte de su jornada laboral a esta actividad. Pero no tendría sentido que una subcontrata de limpieza de residuos municipales organizase un voluntariado animando a sus empleados a recoger la basura de los parques y jardines que tiene encomendados.

Así pues, si la actuación realmente responde a un interés general y no está contemplada en el objeto social de la empresa, bienvenida sea.

Un caso particular son los distribuidores de productos envasados. Por ejemplo, el Grupo DIA tiene capacidad de decisión sobre los envases que pone en el mercado. Llevar a cabo actuaciones responsables en la materia pasaría más por evitar los envases de usar y tirar o mover su negocio hacia productos a granel. Pero si sacase al campo unos cuantos voluntarios y publicase un informe diciendo que la mayoría de los residuos que han recogido se comercializaron en Mercadona… quedaría como lo que está haciendo Ecoemes con Libera.

lata de Coca Cola abandonada

Libera no es ciencia ciudadana

 

Otra perversión del proyecto Libera es que se presenta como “ciencia ciudadana”. Ecoembes propone una metodología para medir el resultado de su actividad y caracterizar los residuos como más le interesa a sus objetivos corporativos, pero lo intenta vender como una iniciativa ajena a su actividad empresarial.

Esto no es inocente, ya que los cambios en la legislación y los modelos sobre gestión de residuos, en particular de residuos de envases, pasan por la necesidad de estudios que justifiquen la viabilidad de esos cambios.

Así Ecoembalajes España, S.A. está, desde hace algún tiempo, comprando y pervirtiendo los intereses de la sociedad, ofreciendo resultados alineados con sus objetivos desde varios ámbitos. Los estudios e investigadores supuestamente independientes son uno. Y la “ciencia ciudadana” es otro.

Si los cuestionarios de recopilación de datos y el análisis de resultados se hacen siguiendo el criterio de Ecoembes, y se publica con notas de prensa que salen del gabinete de propaganda de la empresa, no estamos precisamente ante algo que podamos considerar “ciencia ciudadana”. Otro ejemplo más de la capacidad de manipulación de esta organización.

 

¿Qué podría hacer Ecoembes para reducir los residuos abandonados en el medio natural?

 

El problema de fondo de esta actuación es el abandono de envases: el “littering”, que no debería existir. Este término es la vergüenza de la industria del envase de usar y tirar, que rápidamente ha acudido a apropiárselo. Con Libera Ecoembes consigue liderar el discurso sobre littering. Está bien. Pero no podemos olvidar que, como sistema de responsabilidad ampliada del productor, Ecoembes es el principal causante del littering. ¿Basta una campaña de greenwashing para solucionarlo? No. Entonces… ¿Qué hacemos?

  • Impedir que se adhieran a Ecoembes empresas cuyos envases no pueden reciclarse mediante un sistema de recogida basado en un contenedor amarillo.
  • Admitir los envases adheridos a Ecoembes que se recogen fuera del contenedor amarillo. Históricamente los envases que acaban en papeleras, contenedores de “restos”, contenedores de obra, papeleras de parques y jardines, contenedores ubicados en espacios naturales, envases recogidos por en campañas de voluntariado en medio natural… no son admitidos por Ecoembes. Si Ecoembes pagase a cada organización (ayuntamientos, ONG, empresas gestoras…) el importe correspondiente a la recuperación de esos envases no sería necesario poner en marcha campañas como Libera.
  • Eliminar papeleras y contenedores del medio natural: es una de las mejores formas de que cada persona tome conciencia de que tiene que volver a su lugar de origen con los residuos que genera en el medio natural. ¿Cuántos envases de los recogidos por Libera han salido de una papelera o un contenedor ubicado en el campo al que un animal salvaje ha ido a buscar comida que no debería estar allí?
  • Concienciar a los ciudadanos sobre el uso de envases reutilizables: si todos vamos al campo con una cantimplora llena de agua del grifo y una tartera la oportunidad de abandonar residuos disminuye considerablemente.
  • Aportar recursos a las ONG sin dirigir su mensaje. Ecoembes no separa la publicidad de la Responsabilidad Corporativa, llevando todo a su maquinaria de propaganda. El Proyecto Libera no resuelve el problema del littering, pero sí desmonta al activismo vía convenio con la industria del envase de usar y tirar. ¿Así es como quiere arreglar Ecoembes el problema? ¿Silenciando cualquier opinión crítica al respecto?

Pues eso. Que si quieres ir al campo procura acudir con lo imprescindible para pasar un buen rato disfrutando de la contemplación de la naturaleza. Evita los envases de usar y tirar. Si quieres recoger los residuos que te encuentres por tu camino y presumir de buen comportamiento, hazlo. No necesitas que una empresa te proponga una etiqueta para demostrar en redes sociales que te ocupa la protección del medio natural.

Y si eres una empresa y quieres llevar a cabo acciones de voluntariado ambiental procura planificarlas con profesionales con criterio, capacitados y dotados de herramientas para la educación ambiental. También puedes aportar recursos o donar directamente una cantidad de dinero a entidades con fines sociales para que realicen con total libertad acciones para alcanzar sus fines. De lo contrario te puede salir una torpe campaña de propaganda que acabe en una crisis de reputación corporativa.

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¿Por qué no podemos nacionalizar Ecoembes?

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

no podemos nacionalizar ecoembes

A la luz del problema que se viene encima para el sector del reciclaje con el anuncio de la prohibición de China a la importación de basura, en los próximos días se harán populares una ristra de propuestas de lo más variopinto. Algunas llevan varios meses circulando con poco éxito, esperando a que llegase su momento. Y como cada vez se repite más, hoy vengo aquí a desmontar una de ellas: no podemos nacionalizar la gestión del reciclaje de residuos de envases.

Si China no admite más nuestra basura y una parte importante de los residuos que generamos en casa son envases desechables … habrá que hacer algo por salvar al sector. A alguien se le podría ocurrir la brillante idea de nacionalizar la gestión del contenedor amarillo para evitar el drama que supone que los chinos dejen de llevarse nuestra basura. Pero el problema está en que el contenedor amarillo lo maneja Ecoembes, Ecoembalajes España S.A.: el sistema integrado de gestión de residuos de envases con el que la industria del envase de usar y tirar (fabricantes, envasadores y distribuidores) responde a su obligación legal de asumir lo que se conoce como responsabilidad ampliada del productor.

Y Ecoembes no presta un servicio de interés general. Ecoembes es una empresa privada que responde a un interés particular: dar salida a los residuos que se generan por la actividad económica de determinados agentes. Las latas de refrescos, las botellas de agua, el plástico que envuelve los embutidos, las latas de atún, los paquetes de tabaco no son de todos. Son de quienes los ponen en el mercado.

Porque quien pone en el mercado un producto que con su uso se convierte en un residuo tiene la obligación de aceptar de vuelta ese residuo o costear la gestión de ese residuo. Y si los envasadores y distribuidores no quieren que les lleves a sus establecimientos los residuos de envases tienen que pagar el coste de la recogida y tratamiento. Actualmente hacen algo parecido a través del punto verde que se encuentra en los envases y muestra la adhesión a Ecoembes. La empresa que ellos mismos crearon.

Símbolo del punto verde con el que los envasadores muestran que están adheridos a ecoembes

¿Tenemos un problema por exceso de envases de usar y tirar? Sí, lo tenemos, pero tienen que resolverlo quienes lo generan: las empresas que no dan alternativas a los consumidores. Para hacer llegar galletas a tu casa podrían utilizar muchas opciones. Incluyendo envases reutilizables. Pero prefieren sobrecitos monodosis de un solo uso, agrupados en paquetes con sobreembalajes de colores llamativos… que no hay forma de reciclar.

¿Quién ha decidido esa forma de envasar? Creo que tú, amigo consumidor, no ¿Tenemos que socializar el coste de este lucrativo modelo de negocio? Eso estamos haciendo hasta ahora con el gran porcentaje de residuos de envases que acaban abandonados por las calles, los parques, en el campo, las playas y los océanos. Pagas una cantidad por su reciclaje cuando los compras pero nadie se ocupa de ellos y, como no llegan a las plantas de gestión de residuos, alguien se queda con la tasa sin necesidad de repercutirla al sistema.

Vistas las orejas al lobo, si viviésemos en un país civilizado, la opción ideal sería prohibir determinados productos de usar y tirar que son fácilmente reemplazables con productos reutilizables. Incluyendo algunos tipos de envases. ¿Se acuerdan de las polémicas con las bolsas de plástico y de las noticias en países de nuestro entorno relativas a vasos de plástico?

O, dado que parte del problema es económico, cargar a cada envase el coste real de recogida y gestión. Es decir: si resulta sencillo recoger latas y separarlas con un imán en una planta de clasificación, si conseguimos venderlas a una fundición que las emplea como materia prima… lo suyo es que paguen menos que un envoltorio de un chicle, que tiene una compleja mezcla de metales, plásticos y pinturas con difícil salida en el mercado de materias primas (en el hipotético caso de que algún sistema de clasificación de residuos de envases fuese capaz de rescatarlo de la masa mezcla de cosas que se recogen en el contenedor amarillo).

Pero, con razón, el accionista de Ecoembes dirá que no quiere cargar al paquete de chicles el coste real de evitar que el envoltorio acabe, en el mejor de los casos, depositado en un vertedero. ¡Nadie compraría chicles! Y es que de eso va la película. Desde que (en los años noventa del siglo pasado) la Unión Europea fuese consciente del creciente problema de los residuos de envases de usar y tirar ha estado legislando para que los consumidores tuviesen una señal en el precio de lo que consumen: cuanto más impacto y coste genere la gestión de sus residuos más caro debería ser un producto. Si queremos poner en el mercado chicles baratos que sea en envases de bajo impacto ambiental, no cobrándonos por un proceso de reciclaje que no está ocurriendo ni hay previsión de que ocurra.

Pero en España somos así de listos y lo hacemos al revés: sale más barato ir en coche a comprar embutido envuelto en capas y capas de plástico en un centro comercial, que acercarse andando a una charcutería de barrio a comprar el mismo embutido al corte. ¿Por qué? Porque son los propios envasadores y centros comerciales los que deciden, en la junta de accionistas de Ecoembes, cuánto pagan por esos envases, independientemente del coste real de gestionar los residuos que generan. Destrozan el medio ambiente y cierran el pequeño comercio, todo a la vez. Negocio redondo. Y ahora nos proponen que nacionalicemos sus miserias.

Entonces ¿cómo solucionamos el problema? Es fácil:

  • Mejorar los sistemas de recogida, a ser posible aplicando la Directiva europea de 2008 que España incumple en gran parte de su territorio desde 2015. Recogiendo los residuos mejor conseguiríamos rescatar el valor que contienen y convertirlos en materias primas atractivas para los mercados, incluyendo el chino. Porque recuerden que el principal productor de plástico ha vetado la entrada de basura en su territorio, pero para seguir enviando barreños y tarteras baratas a Europa necesita materias primas.
  • Dejando de reciclar y bebiendo agua de grifo. Quiero decir… reduciendo la cantidad de productos envasados que consumismos en nuestro día a día. Si optamos por las opciones de consumo sin envases de usar y tirar (granel, envases reutilizables…) generamos menos residuos dejamos de contribuir al problema ¿Remplazamos las bolsas de plástico?
  • Tener cuidado con los contenidos que viralizamos, los mensajes que enlazamos, las imágenes que compartimos… Estamos en el activismo gaseosa y quienes tienen grandes presupuestos para propaganda lo saben bien. Un mensaje buenista puede despistar la atención del verdadero problema y sus soluciones reales. Y si está bien enfocado hacernos que cada vez compremos más productos en envases de usar y tirar. ¿Qué problema queríamos arreglar?

La duda que me queda es si la idea de nacionalizar Ecoembes es un globo sonda lanzado por la propia empresa. Todos sabemos que sus resultados son más que cuestionables y que gran parte del problema viene de que permite adherirse a su sistema a cualquiera, incluso si utiliza envases que no pueden recogerse ni reciclarse en los procesos actuales de gestión de residuos. Ante el bloqueo chino al material de baja calidad que se recupera en el contenedor amarillo… ¿la salida que queda a la empresa y sus accionistas es cargar a la Administración con los envases que no hay manera de recoger ni reciclar? ¿Quiere Ecoembes trasladar a las maltrechas arcas públicas la gestión de esos envases que actualmente no se reciclan para quedarse sólo con las latas de bebidas y las botellas de plástico? Se admiten apuestas.

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China ya no quiere tu basura ¿qué hacemos con ella ahora?

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

China bloquea la importación de residuos

Hay un hito en la gestión de residuos que quizá te ha pasado desapercibido, pero ha creado un gran revuelo en el sector: China ya no quiere más basura del exterior. No, no ha cerrado la frontera al turismo occidental, se ha puesto seria contra la entrada de residuos en su territorio. Y eso es un problema para el reciclaje y la economía circular tal y como los conocíamos. ¿Qué podemos hacer ahora?

Quizá nunca te has preguntado qué pasa con tus residuos una vez que los dejas en los contenedores de colores. Da igual, te lo cuento de todos modos: el reciclaje no ocurre en el contenedor amarillo. Alguien tiene que recoger los residuos, llevarlos a una planta de clasificación y separarlos por tipos de materiales.

Para algunos contenedores, como el azul o el verde, es un proceso fácil: en el contenedor de vidrio la mayoría de lo que entra es vidrio, se lleva a una instalación donde lo procesan para retirar lo demás y queda una materia prima lista para fabricar nuevos envases de vidrio. ¿Me explico? ¿no? Pues echa un vistazo a este vídeo sobre cómo funciona una planta de clasificación de vidrio.

El jaleo viene con el contenedor amarillo. ¿Qué tiramos en el contenedor amarillo? Básicamente residuos de envases: una mezcla de plásticos de distintos tipos, metales, cartones plastificados (seguramente deberían ir al azul, pero…), metales plastificados, envases complejos como el brick (que capa tras capa tienen metal, plásticos varios y cartón)… Una mezcla que no se puede llevar a reciclar tal y como se recoge.

los residuos no se reciclan en el contenedor amarillo

Entonces, ¿Dónde van los residuos del contenedor amarillo? Pues a China.

¿Así? ¿¡Directamente a China!? No, claro que no. Directamente a China no. Nadie en su sano juicio querría lo que sale del contenedor amarillo. Primero pasa por unas plantas de clasificación en las que se trata de separar la basura por tipos de materiales: metales por un lado, plásticos por otro… Pero el proceso tiene sus limitaciones. Como ya hemos razonado en otras ocasiones en este blog de lo que entra en una planta de clasificación de residuos de envases apenas se recupera, en el mejor de los casos, un 60%.

Ese 60% de materiales recuperados siguen teniendo unas calidades más o menos apetecibles para el mercado. Si tu industria utiliza como materia prima polietileno te gusta utilizar un polietileno de calidad que sea, a ser posible, 100% polietileno.

Pero si el resultado de la clasificación es una masa que contiene un 80% de envases mezclados (incluyendo tapones y etiquetas) de todo tipo de plásticos (polietileno, PVC, polipropileno, poliestireno…) y un 20% de impropios (incluyendo un 4% de materiales variados que no son plásticos)… el encaje de eso como materia prima para la industria es difícil. ¿Qué hacemos con ello? ¡Llevarlo a China! No, todavía no.

plásticos, metales, materia orgánica, papel y cartón, recuperados en una planta de clasificación de residuos

En España tenemos un tejido amplio de “recicladores”. Cientos de empresas que recogen residuos y los preparan para otras etapas del proceso de gestión. El reciclaje propiamente dicho (pasar un residuo a materia prima) no ocurre en ninguna de esas plantas, pero las conocemos (por simplificar) como plantas de reciclaje de residuos. En estas sí se admite todo tipo de mezclas de residuos. Su trabajo principal es separarlos y organizarlos para que sean más atractivos al siguiente paso en el mercado.

Son las típicas chatarrerías de toda la vida. Si se te rompe el tendedero poco puedes hacer con él, pero si alguien lo junta con el marco de una ventana, las patas de una cama, la carcasa de un ordenador… va juntando una cantidad de material que acaba teniendo un precio en el mercado. Si en al almacén de hierros oxidados le sumamos una flota (que no tiene que ser propia) de contenedores y camiones con los que retirar residuos a fábricas de muebles, centros comerciales, recintos feriales… puntos limpios y plantas de clasificación de residuos tenemos el modelo de negocio de la inmensa mayoría de los “recicladores” en España.

Estas empresas cada día descargan toneladas de residuos en una solera de hormigón. Un ejército de operarios (más o menos mal pagados) los separan a mano: la madera aquí, los metales allí, los plásticos más allá… Y los van cargando a tolvas que alimentan cintas transportadoras, que a su vez van a equipos mecánicos de separación especializados por tipos de materiales.

Ahora sí. Tenemos toneladas de hierro, aluminio o acero listas para llevar a fundir. Madera en forma de astillas, serrín o pellet para alimentar calderas. Y plásticos. Muchos tipos de plástico que podemos vender al mejor postor. ¿Quién compra mis plásticos? China. A falta de una industria nacional del plástico que asuma los residuos de para fabricar nuevos productos, la mayor parte de los residuos recuperados en estas instalaciones de tratamiento se van (siempre que pasen el visto bueno del un inspector chino) de vuelta al país que más plástico fabrica. Y la logística inversa los volverá a traer en forma de barreños, juguetes, fibra para ropa de moda…

El problema es que China ya no quiere más residuos. La cosa nace en la propia legislación europea. Para aclarar qué es un residuo y qué es una materia prima, definió los criterios que determinan el final de la condición de residuo. Es una cuestión estadística y de seguridad para la industria. Siempre que China no decida ponerse igual de restrictiva y cerrar el grifo a toda esa mezcla de materiales que no pueden ser considerados materia prima y siguen siendo basura. ¿Qué vamos a hacer con ellos si no valen para reciclar, no podemos enterrarlos en vertederos, no podemos incinerarlos en condiciones de seguridad y China ya no los quiere?

La situación es acuciante. En Reino Unido están de basura hasta las orejas. En España estamos algo mejor porque ignoramos la normativa europea y, últimamente, los “fortuitos” incendios en instalaciones de gestión de residuos están reduciendo (con un alto coste económico, social y ambiental) la necesidad de buscar salidas formales a la ingente producción de residuos generados por nuestro modelo de consumo de usar y tirar.

¿Qué podemos hacer? Se me ocurren muchas cosas, pero lo más importante es que cada cual sea consecuente con su margen de actuación y ámbito de responsabilidad.

  • Como consumidores tenemos que buscar la forma de reducir el consumo de productos que se convierten en residuos. El ejemplo claro está en los envases de usar y tirar. Son una de las partidas más importantes en nuestro cubo de la basura y pueden reemplazarse comprando a granel o en pequeños comercios donde la venta al peso disminuye el exceso de embalado. Pero también podemos comprar productos duraderos. ¿Qué tal retomar la ferretería? Quizá si apostásemos más por productos locales fabricados con materiales resistentes enviaríamos un mensaje claro al mercado. Sí, en los chinos está más barato, pero ese chisme de plástico va a durar dos días y se va a convertir en un residuo que en su país de origen ya no quieren de vuelta. ¿De verdad no puedes resolver, al menos en parte, tus compras en comercios de proximidad en el barrio? ¿Te sale rentable arrancar el coche y desplazarte hasta un centro comercial para buscar un paquete de pilas, un destornillador o un par de zapatillas para estar por casa?
  • Como profesionales no podemos mirar para otra parte. Si nos prestamos al juego de las campañas de manipulación de la opinión pública no vamos a conseguir avances para resolver el problema. Ocultarlo con mensajes buenistas no va a reducir la generación de residuos. Podemos torturar los datos como mejor convenga a nuestros clientes, pero la realidad no cambia.
  • Como políticos… bueno… cuando delegamos el poder de tomar decisiones deberíamos asegurarnos que lo hacemos en quienes son capaces de velar por el interés general y no en los que están en política para asegurarse una puerta giratoria.
  • Como gestores de residuos: mejorar los procesos de recuperación. Nadie quiere basura, pero quizá si nos ponemos las pilas y conseguimos que lo que procesamos acabe reuniendo las condiciones para considerarse materia prima sí encuentra un mercado y una demanda que permita mantener la actividad y hacer negocio.

Pero, sobre todo, es el momento de revisar el modelo de recogida de residuos. El que lleva operativo los últimos 20 años, basado en un contenedor amarillo que impide la reutilización de envases e hipoteca las opciones de reciclaje de muchos de ellos, no funciona, es caro y resulta poco ecológico.

Quizá con un modelo que nos permitiese devolver los envases al establecimiento del que salen toda la cadena de valor, desde el distribuidor al fabricante, sería más consciente del problema de los residuos de envases. Recogiendo los envases que realmente se pueden reciclar de forma separada, sin mezclarlos con otras cosas que no interesan al mercado de las materias primas recuperadas, podríamos generar una industria del reciclaje que no se dedicase a almacenar material con la esperanza de que un chino decida algún día montarlo en un contenedor de vuelta al país asiático.

envases de plástico recuperados y listos para el reciclaje

¿China ya no quiere tu basura? La mejor manera de evitar que se convierta en un problema es generar la menor cantidad de residuos que sea posible, empezando por sustituir los envases de usar y tirar, siguiendo por alargar la vida útil de las cosas que ya tenemos y terminando por incluir la durabilidad en nuestros criterios de compra. Sin olvidar la reparación y el mercado de segunda mano como alternativas al cubo de la basura. ¿Qué vas a hacer tú?

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La movilidad eléctrica engancha.

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Creo que me estoy enamorando de los vehículos eléctricos. Cada vez hay más disponibilidad, desde las bicicletas que han copado los servicios municipales de préstamo o los coches compartidos que se van extendiendo por las ciudades, a alucinantes motos ¡que no hacen ruido!

El primer flechazo vino de una Harley Davidson. La que conducía (la doble de) Scarlett Johansonn en la película “Los Vengadores: La era de Ultrón”. Un prototipo, demoninado LiveWire, que adelantaba una motocicleta 100% eléctrica pero que no está claro que veamos en el mercado. Y no parece que sea antes de 2021.

A pesar de que la Harley parece que tardará, sí hay en la calle cada vez más motos eléctricas. Una me pasó al lado en mi barrio, cuando iba camino del metro. Tenía todo lo que me gustaba de una moto de campo sin nada de lo que odio. Un diseño molón, con pinta de poder meterse por cualquier camino, pero sin el estruendoso ruido de las clásicas motos de cross. Y sin tubo de escape. Hasta entonces no me había planteado conducir una moto. Pero desde que aquella se cruzó en mi vida, va tomando cuerpo la idea hacer la prueba con uno de esos servicios de motos compartidas que han poblado las aceras de Madrid de ciclomotores eléctricos.

De un servicio compartido, pero de coches, vino mi primera experiencia con un vehículo eléctrico. Una oferta de poder utilizarlo gratis unos minutos, la necesidad de hacer una ruta por Madrid que en transporte público me llevaría más tiempo del disponible… y, sobre todo, un área de utilización que salía de la M – 30 y me dejaba muy cerca de casa. Ahora con otro nuevo servicio que cubre casi todos mis barrios favoritos, las aplicaciones de coches compartidos no faltan en mi teléfono móvil, siendo una de las opciones a considerar en mis desplazamientos urbanos cuando no me dejan sacar la bici o el transporte público no ofrece una solución mejor.
 


(qué pardillo, me pensaba que era automático y resulta que los eléctricos no tienen marchas, sólo p’alante y p’atrás)

Muy a mi pesar, todavía no he probado el servicio de  préstamo de bicicletas eléctricas del Ayuntamiento de Madrid. Me vendrían muy bien para cubrir ciertos trayectos cotidianos… pero no llegan hasta mi barrio. Bueno… las bicicletas sí, lo que no hay son estaciones base donde los usuarios que las acercan a este suburbio de la ciudad las dejen ancladas a disposición de quienes no nos atrevemos a cogerlas por la cara (a pesar de la tentación de aprovechar la bicicleta abandonada para probar el servicio BiciMad).

También ha aparecido por el barrio alguna de esas bicis amarillas. Con gran decepción al comprobar que las había traído el vandalismo y no una estrategia de implantación coherente con el interés que demuestran los habitantes de mi barrio por las bicicletas eléctricas.

Una vez que la pruebas, la movilidad eléctrica engancha: menos ruido, mejor respuesta, conciencia un poco más tranquila… pero sigo conduciendo un coche de gasolina. Cuando tuve que sustituir al anterior tenía claro que no quería asumir las emisiones del diésel. No lo utilizaba tanto como para compensar la inversión de un híbrido y no tenía claro que el eléctrico (todavía más lejos de mi presupuesto) fuese a solucionar mis necesidad de movilidad. Esas necesidades de movilidad evolucionan y lo mismo no tomé la mejor decisión posible, pero bueno, entrar en eso daría para otro par de entradas.

El caso es que, no sé si será en propiedad, pero si alguna vez tengo que reemplazar o complementar mi vehículo actual tengo claro que será con uno eléctrico.

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Los detractores del SDDR se trolean a sí mismos.

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

La industria del envase de usar y tirar tiene mucho interés en mantener un modelo de negocio insostenible que llena de basura nuestros ciudades, campos, playas y mares. De vez en cuando se inventa alguna plataforma con la que desviar la atención sobre el problema principal y crear opinión pública favorable a su negocio. También pone en marcha campañas de greenwashing, campañas puntuales para lavar su imagen pero que inciden en mantener un modelo de consumo insostenible.

En ocasiones los dos factores se alinean y pasan cosas como que una supuesta plataforma ciudadana, creada para acosar en twitter a cualquiera que plantee alternativas al modelo actual de gestión de residuos de envases, consiga posicionar imágenes críticas contra dicho modelo en la etiqueta utilizada por la industria del envase de usar y tirar para su siguiente acción de greenwashing.

Desde el verano hemos visto cómo la cuenta en cuestión ataca sistemáticamente a cualquiera que publique información sobre residuos contraria a los intereses de la industria del envase de usar y tirar. El argumentario empleado sale de un cuestionado y cuestionable estudio financiado por la industria del envase de usar y tirar y elaborado por personas afines y con intereses en ella.

La aceptación de la réplica a los últimos ataques de la supuesta plataforma ciudadana a una usuaria de Twitter que reivindica una escuela libre de plásticos ha tenido como resultado que la imagen de la manipulación a la que nos somete la industria de plástico posicione como la primera en los resultados en la búsqueda de imágenes con las etiquetas #libera y #setehacaído, utilizadas para promover la campaña.

Como resultado miles de usuarios de Twitter tienen a su disposición información sobre cómo la industria del envase de usar y tirar manipula su conciencia ambiental para, mediante campañas de voluntariado, ocultar que el problema de los residuos de envases abandonados en el campo se puede resolver desde quienes ponen en el mercado dichos envases y promocionan su uso al aire libre.

El primer tuit reclama que las empresas que ponen en el mercado envases de usar y tirar se aseguren de asumir el coste que implica y no deleguen la responsabilidad de su gestión en voluntarios. El segundo reclama más transparencia e información contrastada frente a la propaganda que dirige el modelo de consumo y las decisiones de los ciudadano.

Estrategia errónea

Tras veinte años intentando responsabilizar al ciudadano del impacto de los residuos o acusarle de falta de conciencia ambiental, la industria del envase de usar y tirar sigue sin conseguir grandes avances en la gestión de sus residuos, por lo que de un tiempo a esta parte se centra en falsear estadísticas y generar falsas noticias a favor de su modelo.

Las constantes crisis de reputación corporativa que genera esta forma de hacer las cosas lleva a la industria a gastar cada vez más dinero en tapar la información crítica y contrastada que profesionales independientes, asociaciones ecologistas, empresas del sector de gestión de residuos, consultorías de sostenibilidad y otros agentes que reclaman cambios en el modelo de gestión ponen a disposición de cualquiera que quiera informarse sobre cómo funciona la gestión de residuos en España.

 

¿Un cambio en la forma de comunicar?

Quizá esta última muestra de las consecuencias de intentar manipular a la sociedad en base a una creciente conciencia ambiental sea el detonante que haga que la industria del envase de usar y tirar cambie de estrategia y empiece a aplicar la transparencia de la que tanto habla pero que, hechos son amores, no sólo no practica si no que obstaculiza activamente.

A modo de ejemplo, seguimos sin saber, entre otras muchas cuestiones:

– ¿Cuantos envases de usar y tirar se ponen en el mercado en España?

– ¿Qué parte del presupuesto del sistema integrado de gestión de residuos de envases va a propaganda para perpetuar un modelo que hipoteca la gestión de residuos?

– ¿Dejará la industria del envase de usar y tirar de acosar con cuentas anónimas a quienes aportan información contrastada al debate de gestión de residuos?

– ¿Cuantas toneladas de residuos de envases desaparecen en los incendios en plantas de gestión de residuos?

– ¿Por qué ahora se intenta crear una corriente de opinión favorable a la nacionalización del sistema integrado de gestión de residuos?

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Aceite de oliva ecológico y sostenible

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

aceitunas de la variedad verdeja castellana de los olivares de la Sierra de Altomira

Uno de los proyectos de emprendimiento que más me ha llamado la atención desde que me empezase a interesar por el tema allá en 2010 es “Olivares de Altomira”. Una apuesta familiar por un producto de calidad que junta innovación, tradición, conservación y desarrollo sostenible como fórmula de un éxito que cualquiera puede disfrutar en el resultado final: un aceite de oliva virgen extra de la mejor calidad, ecológico y producido de forma sostenible.

El proyecto se basa en la recuperación de los olivares que, debido al éxodo rural iniciado en las décadas de 1950 y 1970, habían ido quedando abandonados. ¿Olivares en la Alcarria conquense? Sí, en las proximidades de Segóbriga, la capital del lapis specularis, el Imperio romano dejó una de sus señas de identidad: el cultivo del olivar.

Lo primero que llama la atención de estos olivos alcarreños es que estamos ante ejemplares bajitos en comparación con los que se cultivan en otras zonas. Se trata de una variedad local, de productividad limitada, pero bien adaptada a las peculiaridades de la Sierra de Altomira. La variedad Verdeja Castellana es endémica de La Alcarria. Una materia prima con características propias que garantiza un producto final diferenciado.

La elección de esta aceituna como elemento central del modelo de negocio de Olivares de Altomira asegura su estudio y conservación. Porque el abandono progresivo estaba llevando a su desaparición por sustitución de los olivares por otros cultivos menos intensivos en mano de obra, como los cereales.

Olivares en la Sierra de Altomira

Así, la puesta en valor del olivar contribuye a la conservación de un paisaje con un mosaico variado de teselas diversas, con zonas de transición entre las estepas cerealistas y los montes de encinar, que acogen y permiten el desarrollo de distintas especies de flora y fauna que, sin el soporte del olivar, dejarían de habitar la Sierra de Altomira.

El uso de esta variedad local requiere el mantenimiento de un manejo tradicional, alineado con los criterios de producción agraria ecológica. El árbol requiere una atención y cuidados constantes por parte del agricultor que aseguran la producción de aceituna con el mínimo laboreo y sin aportes externos de fitosanitarios. En esta línea el trabajo de Olivares de Altomira ha consistido en incorporar la forma de hacer de los abuelos que mimaban sus cultivos el conocimiento y la tecnología que ayudan a mejorar las condiciones de trabajo del agricultor, siempre desde el respeto a los ciclos naturales de la planta y el ecosistema del que forma parte.

La contribución del proyecto a la sostenibilidad no está sólo en la conservación de una variedad local tradicional o mantener la fertilidad natural del suelo. Continúa en la recogida del fruto: se realiza al vuelo y con el menor daño posible al olivo. El vareo que se practica sobre variedades más frondosas no sería viable en estos árboles, ya que ocasiona una defoliación y pérdida de ramas de las que los pequeños olivos de La Alcarria no se recuperarían fácilmente.

Como recompensa a este mimo se obtiene un producto de máxima calidad, ya que las aceitunas pasan del árbol a la mano del agricultor y de allí a la almazara, sin tocar el suelo. Y allí donde se procesa la aceituna para extraer el preciado aceite sigue la apuesta por la sostenibilidad de Olivares de Altomira.

Aceituna Verdeja de Altomira

La almazara se ha instalado aprovechando la ubicación de una antigua fábrica de aceite de la que apenas se conservaban unas naves derruidas y una vieja chimenea de ladrillo. Olivares de Altomira ha limpiado y recuperado el enclave para su nueva almazara, dotada de equipos modernos con los que se realiza el proceso de extracción de aceite en condiciones óptimas.

La almazara apuesta por la autosuficiencia energética. Es más, no está conectada al sistema eléctrico. Produce su propia energía: la electricidad con paneles solares instalados sobre el techo de la nave y el calor con una caldera de biomasa en la que los huesos de las aceitunas se queman para mantener la temperatura óptima en la instalación. La instalación cuenta con un generador de gasoil de apoyo a estos sistemas para reducir la incertidumbre en una apuesta tan innovadora como un proceso industrial autosuficiente energéticamente. Si bien a largo plazo se verá la necesidad de este apoyo y la posibilidad de eliminar este último elemento de dependencia energética, de momento su papel se ha visto reducido a ese: evitar que un pico de consumo eléctrico u otro imprevisto en un momento crítico tiren por tierra toda la inversión.

La sostenibilidad también incluye la variable social, que en este proyecto encontramos en la generación de actividad económica en el mundo rural. Olivares de Altomira genera puestos de trabajo tanto en el campo como en la almazara o la distribución de su aceite. Son puestos muy especializados que requieren del conocimiento del manejo de esta variedad local de olivo o de los procesos de control de la instalación y las variables que permiten superar los exigentes criterios del aceite que obtiene.

aceite de oliva virgen extra ecológico

Y aquí llegamos a la tercera pata de la sostenibilidad: la económica. Porque mantener el manejo tradicional del olivo y financiar una almazara moderna y sostenible, así como los puestos de trabajo asociados a la actividad, requieren de ingresos económicos a medio y largo plazo. La estrategia de Olivares de Altomira es competir en calidad y llevar el aceite de la Verdeja Castellana a todos los mercados posibles.

Conseguir los distintivos de agricultura ecológica y Denominación de Origen Protegida (D.O.P.) Aceite de La Alcarria implica someterse a procesos estrictos de cultivo y producción, así como a controles e inspecciones periódicas. Tan severas o más que conseguir los permisos necesarios para exportar al mercado chino, donde el aceite de oliva español es muy apreciado. O conseguir un acuerdo de distribución con Amazon, aparecer en los lineales de productos selectos de cadenas como El Corte Inglés o estar en la mesa de los restaurantes y alojamientos turísticos que apuestan por un producto de calidad y sostenible.

Así, la recuperación de una variedad local y un manejo tradicional del campo son la base con la que esta familia de emprendedores ha conseguido abrir a su producto las puertas de los mercados más exigentes del mundo. Quizá los más críticos con el modelo no vean con buenos ojos que el aceite de La Alcarria se acabe vendiendo en China o Nueva York como ecológico, pero todos tenemos en nuestra mano evitar este desplazamiento: sólo hay que comprar un aceite de oliva virgen extra que se produce a poco más de 100 kilómetros de Madrid y que Amazon pone en nuestra casa desde su centro logístico que, casualmente, está ubicado entre la almazara y la capital española.

La almazara sostenible de Olivares de Altomira

O mejor todavía. Si te gusta cuidar tu dieta y apuestas por productos saludables. Si crees en la producción sostenible y de proximidad… tienes la oportunidad de acercarte a Vellisca, disfrutar de su paisaje, conocer a sus gentes y comprar aceite de oliva virgen extra ecológico y sostenible. Oferta de alojamiento para turismo rural no falta, con excelentes rutas para practicar senderismo, disfrutar con la bicicleta o contemplar los valores naturales de la ZEC-ZEPA Sierra de Altomira.

Las 3 primeras fotos salen de Olivares De Altomira Alcarria.

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