¿Ganar dinero por generar más residuos?

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Imagina por un momento que te pagasen por generar residuos ¿tirarías más basura?

La transposición de las directivas relacionadas con la gestión de residuos y la aplicación de la normativa nacional tiene revolucionadas a las administraciones locales en España. Y con el ambiente revuelto el mercado de las falsas soluciones está siendo explotado por todo tipo de pescadores.

Ante los desafíos, como cumplir con los objetivos de reciclaje de envases o preparar las tasas que se plantean en la normativa, muchos ayuntamientos se enfrentan a incertidumbres que los oportunistas saben aprovechar.

Desde su aprobación original, allá por la década de 1990, la normativa (entonces para residuos de envases, ahora para prácticamente cualquier flujo de residuos) establecía que quien pone en el mercado un producto que con su uso se convierte en un residuo debía asumir los costes de recoger esos residuos y darles una gestión que evitase su depósito en vertedero. Con sus sucesivos desarrollos y ampliaciones, esta era la base (década de 1990) de la responsabilidad ampliada del productor.

Con dos opciones. La primera lo que hoy conocemos como Sistemas de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR). La segunda organizar una recogida de manera que asumiese los costes causados por los productos puestos en el mercado que se convertían en residuos.

Por supuesto la industria de usar y tirar dijo que ni hablar del SDDR, que mejor contenedores de colores. La diferencia es evidente: el SDDR ocurre en los establecimientos que comercializan producto envasado, los contenedores de colores están en la calle. Así, de primeras, trasladamos al conjunto de la ciudad el coste del espacio público ocupado por los contenedores.

El problema vino después. Cuando criticones impertinentes (algunos incluso ecologistas) empezaron a hacer cuentas y a comprobar que no salían los números. La sociedad anónima creada por la industria del envase de usar y tirar, Ecoembes, decía que se reciclaba mucho. Pero los datos públicos y publicados dicen lo contrario.

Más allá de lo deseable de vivir en un entorno donde se contamina más o menos, la cuestión tiene una derivada económica. O puramente monetaria: estudios a partir de los datos públicos y publicados evidencian que el modelo de contenedores de colores traslada, al menos, 1700 millones de euros al año a las cuentas municipales.

Respecto a los objetivos de reciclaje, un trabajo científico deja en el 15% la cifra de recogida de envases de plástico (el reciclaje efectivo sería, evidentemente, menor -un 11%-).

Así las cosas, a pesar de la evidencia científica, los datos públicos y los informes técnicos, la última normativa sobre residuos, en vez de obligar fehacientemente a la industria a asumir su responsabilidad ampliada del productor, siguió aplazando las soluciones.

La cuestión es que el siguiente aplazamiento depende de un truco contable ¿Cuántos envases se reciclan en España? No tenemos ni idea. Un estudio reciente estima que en 2021 solo el 36% de las botellas de plástico de bebidas se recogieron de manera separada ¿Cuántas se quemaron después en recuperadores homologados por Ecoembes? Tampoco lo sabemos.

Con todas estas premisas, el escenario se ha vuelto propicio para las falsas soluciones. Una de ellas es la perversión máxima de los sistemas de pago por generación. Planteándola inicialmente al revés. Se ha probado en varios municipios. Tengo constancia de Guadalajara, pero el ejemplo más sangrante es el de Torrelavega.

El ‘Reto Reciclaje Responsable’, en el que participaban varios centros escolares del municipio, consistía en ver qué colegio tiraba más envases a un contenedor «inteligente». El ganador es el CEIP Amós de Escalante, con 65393 envases. Han participado 58 alumnos y los envases por alumnos han sido 1127.

¡1127 envases por niño en 45 días! Tocan a 25 envases por día. Pero esto no es lo grave. Una niña de este centro, identificada con nombres y apellidos en la nota de prensa del Ayuntamiento, ha llevado 20111 envases. Suponiendo que viva en un hogar con 10 ocupantes hablaríamos de 44 envases por persona y día.

El premio por generar más residuos que nadie: 1000 € para el cole y 125 € para la niña.

Me parece, cuanto menos, muy inquietante. Tanto o más que la valoración del Jefe de Departamento Servicio de Recogida de Residuos Domésticos:

“Ha sido un gran proyecto que ha conseguido motivar al alumnado de primaria de 14 colegios de Torrelavega que han superado todas las expectativas, consiguiendo que envases, especialmente significativamente de vidrio de hostelería, que hubieran acabado en el contenedor de resto hayan ido al contenedor de recogida separada correspondiente.”

Jefe de Departamento Servicio de Recogida de Residuos Domésticos:

“Ha sido un gran proyecto que ha conseguido motivar al alumnado de primaria de 14 colegios de Torrelavega que han superado todas las expectativas, consiguiendo que envases, especialmente significativamente de vidrio de hostelería, que hubieran acabado en el contenedor de resto hayan ido al contenedor de recogida separada correspondiente.”

¿El éxito de un ‘Reto Reciclaje Responsable’ es que los niños han llenado el contenedor de recogida municipal residuos del sector hostelero? ¿El ayuntamiento no cuenta con mecanismos para evitar que la hostelería tire vidrio en el contenedor de resto?

El alcalde no se queda corto: ha mostrado su “satisfacción” por el “éxito” de esta iniciativa “pionera, ilusionante y novedosa” ¿Nadie le ha explicado que 6 meses antes en Guadalajara estaban haciendo lo mismo? ¿Qué Ecoembes y Ecovidrio llevan 20 años organizando actividades de este tipo?

Lo hacen porque las competiciones no fomentan la responsabilidad en la gestión de residuos: premian el consumo de envases de usar y tirar. Por eso la patronal del producto envasado, con Ecoambalajes España S.A. a la cabeza, realiza estas campañas. Para incentivar el consumo. Resultado inmejorable: Torrelavega, 45 días, 14 colegios, 566740 envases.

El tiempo pasa mientras los responsables de atender al interés general están entretenidos con las falsas soluciones. Y se acerca la fecha de tener listas las tasas de residuos ¿Han hecho los deberes? No hace falta si trasladan a los vecinos (en forma de impuestos municipales) los 1700 millones de euros que cada año dejan de pagar Ecoembes y compañía. Al menos hasta que a alguien se le ocurra preguntar al Alcalde.

No es solo eso. Una buena recogida y gestión de residuos también reduciría el coste de lo que tendrán que pagar las entidades locales por llevar residuos a vertedero e incineración ¿Nos estamos gastando los fondos que venían de Europa para mejorar nuestros resultados ambientales en falsas soluciones? Porque la broma nos puede salir muy cara sin no avanzamos en el sentido adecuado.

La solución es sencilla. La marcaba nuestra legislación desde la década de 1990 y Europa lleva tiempo señalando el camino: controlar los sistemas de responsabilidad ampliada del productor ¿Se acuerdan del SDDR? Por arte de birlibirloque los pescadores, en aguas revueltas, andan vendiendo a los ayuntamientos Digital Deposit Reward System (DDRS) y Sistema de Devolución y Recompensa (SDR). Sistemas que pagan al ciudadano por llevar muchos envases al contenedor de colores de Ecoembes.

En el experimento de Torrelavega, con un incentivo de 4600 euros en premios, ha conseguido 566740 envases. Si tuviesen un SDDR de verdad, cada persona recibiría (pongamos) 10 céntimos, del propio envasador, cada vez que entregase un envase vacío. El resultado: 566740 X 0,10 = 56674 euros a repartir entre sus vecinos. A coste 0 para el ayuntamiento.

Sí, esa cantidad primero la habrían pagado en concepto de fianza. Siempre que hubiesen comprado producto envasado. Es la idea, incorporar en el precio de venta el coste real del impacto que causa el envase. De modo que podamos tomar decisiones racionales en el momento de comprar.

Los consumidores de producto envasado recuperarían el depósito al entregar el envase vacío al SDDR. Con el “invento” han conseguido pagar, por cada envase comprado, una cantidad indeterminada que nadie les devuelve, que su ayuntamiento se gaste el dinero en el contenedor inteligente y que (si la cosa se amplía al resto del municipio) la tasa de residuos se encarezca para mantener el “invento”.

Adornar con una capa de tecnología e internet de las cosas (IoT de Internet Of Things) el contenedor amarillo no va mejorar sustancialmente la recogida (salvo que tengamos a niños en edad escolar tirando a los contenedores los residuos comerciales generados en actividades económicas privadas). Pero sí va a repercutir en costes de mantenimiento y en más impacto ambiental por los servidores destinados a almacenar y gestionar la información de los usuarios.

A estas alturas resulta difícil entender que alguien crea que con una iniciativa como esta se consigue reducir un “gran impacto ambiental” que se traduce en 45.826 kilos de CO2 ahorrados y 152.755 litros de agua ahorrados». Señor alcalde, para convertir envases en materia prima hay que consumir energía (emitir CO2) y gastar agua. Sin hablar del consumo energético o el agua necesarios para hacer funcionar y refrigerar los servidores que hacen posible la IoT.

Si se quieren ahorrar emisiones de efecto invernadero y gastar menos agua podríamos dedicar los fondos Next Generation y el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia al comercio local y la producción de proximidad. Pequeño comercio y a granel son más puestos de trabajo en el municipio y menos residuos en sus calles.

Garantizar agua de grifo, de calidad y disponibilidad adecuada, para que las personas que habitan y visitan la ciudad no tengan que comprar botellas de plástico sería otra forma muy buena de ahorrar envases de usar y tirar, el coste de recogerlos y el impacto de reciclarlos. Pero para saber esto tendríamos que atender en clase cuando nos explican la jerarquía de residuos: primero reducir, después reutilizar y -si no se puede nada de lo anterior- por último, reciclar.

Si lo que queríamos era concienciar a escolares, en vez de entregarnos de brazos abiertos a las propuestas de la industria del envase de usar y tirar podríamos optar, por ejemplo, por iniciativas como Recreos Residuo Cero.

¿Pago por generación? Por supuesto, en el precio de la compra ya hay una cantidad que pagamos para la gestión de los residuos de envases de usar y tirar ¿No es suficiente? Revísenla, no sea que estemos subvencionando (con la tasa municipal de residuos) un modelo de negocio insostenible. Y cargándonos la producción local y de proximidad que podría ayudarnos a resolver, entre otros, el drama de la contaminación por plásticos.

Origen

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Imagina por un momento que te pagasen por generar residuos ¿tirarías más basura?

La transposición de las directivas relacionadas con la gestión de residuos y la aplicación de la normativa nacional tiene revolucionadas a las administraciones locales en España. Y con el ambiente revuelto el mercado de las falsas soluciones está siendo explotado por todo tipo de pescadores.

Ante los desafíos, como cumplir con los objetivos de reciclaje de envases o preparar las tasas que se plantean en la normativa, muchos ayuntamientos se enfrentan a incertidumbres que los oportunistas saben aprovechar.

Desde su aprobación original, allá por la década de 1990, la normativa (entonces para residuos de envases, ahora para prácticamente cualquier flujo de residuos) establecía que quien pone en el mercado un producto que con su uso se convierte en un residuo debía asumir los costes de recoger esos residuos y darles una gestión que evitase su depósito en vertedero. Con sus sucesivos desarrollos y ampliaciones, esta era la base (década de 1990) de la responsabilidad ampliada del productor.

Con dos opciones. La primera lo que hoy conocemos como Sistemas de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR). La segunda organizar una recogida de manera que asumiese los costes causados por los productos puestos en el mercado que se convertían en residuos.

Por supuesto la industria de usar y tirar dijo que ni hablar del SDDR, que mejor contenedores de colores. La diferencia es evidente: el SDDR ocurre en los establecimientos que comercializan producto envasado, los contenedores de colores están en la calle. Así, de primeras, trasladamos al conjunto de la ciudad el coste del espacio público ocupado por los contenedores.

El problema vino después. Cuando criticones impertinentes (algunos incluso ecologistas) empezaron a hacer cuentas y a comprobar que no salían los números. La sociedad anónima creada por la industria del envase de usar y tirar, Ecoembes, decía que se reciclaba mucho. Pero los datos públicos y publicados dicen lo contrario.

Más allá de lo deseable de vivir en un entorno donde se contamina más o menos, la cuestión tiene una derivada económica. O puramente monetaria: estudios a partir de los datos públicos y publicados evidencian que el modelo de contenedores de colores traslada, al menos, 1700 millones de euros al año a las cuentas municipales.

Respecto a los objetivos de reciclaje, un trabajo científico deja en el 15% la cifra de recogida de envases de plástico (el reciclaje efectivo sería, evidentemente, menor -un 11%-).

Así las cosas, a pesar de la evidencia científica, los datos públicos y los informes técnicos, la última normativa sobre residuos, en vez de obligar fehacientemente a la industria a asumir su responsabilidad ampliada del productor, siguió aplazando las soluciones.

La cuestión es que el siguiente aplazamiento depende de un truco contable ¿Cuántos envases se reciclan en España? No tenemos ni idea. Un estudio reciente estima que en 2021 solo el 36% de las botellas de plástico de bebidas se recogieron de manera separada ¿Cuántas se quemaron después en recuperadores homologados por Ecoembes? Tampoco lo sabemos.

Con todas estas premisas, el escenario se ha vuelto propicio para las falsas soluciones. Una de ellas es la perversión máxima de los sistemas de pago por generación. Planteándola inicialmente al revés. Se ha probado en varios municipios. Tengo constancia de Guadalajara, pero el ejemplo más sangrante es el de Torrelavega.

El ‘Reto Reciclaje Responsable’, en el que participaban varios centros escolares del municipio, consistía en ver qué colegio tiraba más envases a un contenedor «inteligente». El ganador es el CEIP Amós de Escalante, con 65393 envases. Han participado 58 alumnos y los envases por alumnos han sido 1127.

¡1127 envases por niño en 45 días! Tocan a 25 envases por día. Pero esto no es lo grave. Una niña de este centro, identificada con nombres y apellidos en la nota de prensa del Ayuntamiento, ha llevado 20111 envases. Suponiendo que viva en un hogar con 10 ocupantes hablaríamos de 44 envases por persona y día.

El premio por generar más residuos que nadie: 1000 € para el cole y 125 € para la niña.

Me parece, cuanto menos, muy inquietante. Tanto o más que la valoración del Jefe de Departamento Servicio de Recogida de Residuos Domésticos:

“Ha sido un gran proyecto que ha conseguido motivar al alumnado de primaria de 14 colegios de Torrelavega que han superado todas las expectativas, consiguiendo que envases, especialmente significativamente de vidrio de hostelería, que hubieran acabado en el contenedor de resto hayan ido al contenedor de recogida separada correspondiente.”

Jefe de Departamento Servicio de Recogida de Residuos Domésticos:

“Ha sido un gran proyecto que ha conseguido motivar al alumnado de primaria de 14 colegios de Torrelavega que han superado todas las expectativas, consiguiendo que envases, especialmente significativamente de vidrio de hostelería, que hubieran acabado en el contenedor de resto hayan ido al contenedor de recogida separada correspondiente.”

¿El éxito de un ‘Reto Reciclaje Responsable’ es que los niños han llenado el contenedor de recogida municipal residuos del sector hostelero? ¿El ayuntamiento no cuenta con mecanismos para evitar que la hostelería tire vidrio en el contenedor de resto?

El alcalde no se queda corto: ha mostrado su “satisfacción” por el “éxito” de esta iniciativa “pionera, ilusionante y novedosa” ¿Nadie le ha explicado que 6 meses antes en Guadalajara estaban haciendo lo mismo? ¿Qué Ecoembes y Ecovidrio llevan 20 años organizando actividades de este tipo?

Lo hacen porque las competiciones no fomentan la responsabilidad en la gestión de residuos: premian el consumo de envases de usar y tirar. Por eso la patronal del producto envasado, con Ecoambalajes España S.A. a la cabeza, realiza estas campañas. Para incentivar el consumo. Resultado inmejorable: Torrelavega, 45 días, 14 colegios, 566740 envases.

El tiempo pasa mientras los responsables de atender al interés general están entretenidos con las falsas soluciones. Y se acerca la fecha de tener listas las tasas de residuos ¿Han hecho los deberes? No hace falta si trasladan a los vecinos (en forma de impuestos municipales) los 1700 millones de euros que cada año dejan de pagar Ecoembes y compañía. Al menos hasta que a alguien se le ocurra preguntar al Alcalde.

No es solo eso. Una buena recogida y gestión de residuos también reduciría el coste de lo que tendrán que pagar las entidades locales por llevar residuos a vertedero e incineración ¿Nos estamos gastando los fondos que venían de Europa para mejorar nuestros resultados ambientales en falsas soluciones? Porque la broma nos puede salir muy cara sin no avanzamos en el sentido adecuado.

La solución es sencilla. La marcaba nuestra legislación desde la década de 1990 y Europa lleva tiempo señalando el camino: controlar los sistemas de responsabilidad ampliada del productor ¿Se acuerdan del SDDR? Por arte de birlibirloque los pescadores, en aguas revueltas, andan vendiendo a los ayuntamientos Digital Deposit Reward System (DDRS) y Sistema de Devolución y Recompensa (SDR). Sistemas que pagan al ciudadano por llevar muchos envases al contenedor de colores de Ecoembes.

En el experimento de Torrelavega, con un incentivo de 4600 euros en premios, ha conseguido 566740 envases. Si tuviesen un SDDR de verdad, cada persona recibiría (pongamos) 10 céntimos, del propio envasador, cada vez que entregase un envase vacío. El resultado: 566740 X 0,10 = 56674 euros a repartir entre sus vecinos. A coste 0 para el ayuntamiento.

Sí, esa cantidad primero la habrían pagado en concepto de fianza. Siempre que hubiesen comprado producto envasado. Es la idea, incorporar en el precio de venta el coste real del impacto que causa el envase. De modo que podamos tomar decisiones racionales en el momento de comprar.

Los consumidores de producto envasado recuperarían el depósito al entregar el envase vacío al SDDR. Con el “invento” han conseguido pagar, por cada envase comprado, una cantidad indeterminada que nadie les devuelve, que su ayuntamiento se gaste el dinero en el contenedor inteligente y que (si la cosa se amplía al resto del municipio) la tasa de residuos se encarezca para mantener el “invento”.

Adornar con una capa de tecnología e internet de las cosas (IoT de Internet Of Things) el contenedor amarillo no va mejorar sustancialmente la recogida (salvo que tengamos a niños en edad escolar tirando a los contenedores los residuos comerciales generados en actividades económicas privadas). Pero sí va a repercutir en costes de mantenimiento y en más impacto ambiental por los servidores destinados a almacenar y gestionar la información de los usuarios.

A estas alturas resulta difícil entender que alguien crea que con una iniciativa como esta se consigue reducir un “gran impacto ambiental” que se traduce en 45.826 kilos de CO2 ahorrados y 152.755 litros de agua ahorrados». Señor alcalde, para convertir envases en materia prima hay que consumir energía (emitir CO2) y gastar agua. Sin hablar del consumo energético o el agua necesarios para hacer funcionar y refrigerar los servidores que hacen posible la IoT.

Si se quieren ahorrar emisiones de efecto invernadero y gastar menos agua podríamos dedicar los fondos Next Generation y el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia al comercio local y la producción de proximidad. Pequeño comercio y a granel son más puestos de trabajo en el municipio y menos residuos en sus calles.

Garantizar agua de grifo, de calidad y disponibilidad adecuada, para que las personas que habitan y visitan la ciudad no tengan que comprar botellas de plástico sería otra forma muy buena de ahorrar envases de usar y tirar, el coste de recogerlos y el impacto de reciclarlos. Pero para saber esto tendríamos que atender en clase cuando nos explican la jerarquía de residuos: primero reducir, después reutilizar y -si no se puede nada de lo anterior- por último, reciclar.

Si lo que queríamos era concienciar a escolares, en vez de entregarnos de brazos abiertos a las propuestas de la industria del envase de usar y tirar podríamos optar, por ejemplo, por iniciativas como Recreos Residuo Cero.

¿Pago por generación? Por supuesto, en el precio de la compra ya hay una cantidad que pagamos para la gestión de los residuos de envases de usar y tirar ¿No es suficiente? Revísenla, no sea que estemos subvencionando (con la tasa municipal de residuos) un modelo de negocio insostenible. Y cargándonos la producción local y de proximidad que podría ayudarnos a resolver, entre otros, el drama de la contaminación por plásticos.

Origen

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