El bosque de Fangorn

Día 22 de septiembre, se celebra el Día Hobbit y también entra el otoño de este extraño y pandémico 2020, al menos en el calendario, aunque cada vez llega más tarde y por menos tiempo debido a ese cambio climático que estamos agravando con nuestro mal hacer. Talar árboles, por tanto, dedicar dinero en plena […]

Publicado en: Andanzas de un Trotalomas por Trotalomas. Texto original

Día 22 de septiembre, se celebra el Día Hobbit y también entra el otoño de este extraño y pandémico 2020, al menos en el calendario, aunque cada vez llega más tarde y por menos tiempo debido a ese cambio climático que estamos agravando con nuestro mal hacer. Talar árboles, por tanto, dedicar dinero en plena pandemia a arrasar una avenida y dejarla sin árboles que contribuyen a combatir las altas temperaturas que se espera que alcancemos en un futuro no muy lejano no es una buena idea. La actitud que está tomando el Ayuntamiento de Rincón de la Victoria, en Málaga, con Francisco Salado, alcalde actualmente a su frente, va más allá. Es la de un Saruman al frente de legiones de orcos uniformados. Y si no, recordemos las palabras de Tolkien en Las dos torres:

“Creo entender ahora en qué anda. Está planeando convertirse en un Poder. Tiene una mente de metal y ruedas y no le preocupan las cosas que crecen, excepto cuando puede utilizarlas en el momento. Y ahora está claro que es un malvado traidor. Se ha mezclado con criaturas inmundas, los orcos. ¡Brm, hum! Peor que eso: ha estado haciéndoles algo a esos orcos, algo peligroso. Pues esos Isengardos se parecen sobre todo a hombres de mala entraña. Como otra señal de las maldades que sobrevinieron junto con la Gran Oscuridad, los orcos nunca toleraron la luz del sol; pero estas criaturas de Saruman pueden soportarla, aunque la odien. Me pregunto qué les ha hecho. ¿Son hombres que Saruman ha arruinado, o ha mezclado las razas de los Hombres y los Orcos? ¡Qué negra perversidad!
Bárbol rezongó un momento, como si estuviera recitando una negra y profunda maldición éntica.
—Hace un tiempo me sorprendió que los oreos se atreviesen a pasar con tanta libertad por mis bosques —continuó—. Sólo últimamente empecé a sospechar que todo era obra de Saruman y que había estado espiando mis caminos y descubriendo mis secretos. Él y esas gentes inmundas hacen estragos ahora, derribando árboles allá en la frontera, buenos árboles. Algunos de los árboles los cortan simplemente y dejan que se pudran; maldad propia de un orco, pero otros los desbrozan y los llevan a alimentar las hogueras de Orthanc. Siempre hay un humo que brota en Isengard en estos días.
“¡Maldito sea, por raíces y ramas! Muchos de estos árboles eran mis amigos, criaturas que conocí en la nuez o en el grano; muchos tenían voces propias que se han perdido para siempre. Y ahora hay claros de tocones y zarzas donde antes había avenidas pobladas de cantos. He sido perezoso. He descuidado las cosas. ¡Esto tiene que terminar!
Bárbol se levantó del lecho con una sacudida, se incorporó y golpeó con la mano sobre la mesa. Las vasijas se estremecieron y lanzaron hacia arriba dos chorros luminosos. En los ojos de Bárbol osciló una luz, como un fuego verde, y la barba se le adelantó, tiesa como una escoba de paja.
—¡Yo terminaré con eso! —estalló—. Y vosotros vendréis conmigo. Quizá podáis ayudarme. De ese modo estaréis ayudando también a esos amigos vuestros, pues si no detenemos a Saruman, Rohan y Gondor tendrán un enemigo detrás y no sólo delante. Nuestros caminos van juntos… ¡hacia Isengard!
—Iremos contigo —dijo Merry—. Haremos lo que podamos.

Nosotros, en La Cala del Moral, también lo haremos.

#LaCalaNoSeTala

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