Nos han secuestrado el paisaje

Tan imprevisto como sorpresivo nos han secuestrado el paisaje; tuvimos que dejar nuestras calles, los parques y el monte. Ya nadie disfruta de los bosques, del aroma de las flores, ya nadie aprecia las flores amarillas, blancas, rojas de las rotondas; ya nadie camina por las praderas ni los balones golpean los arbustos de las plazas. La verde y floreada alameda se funde en el horizonte de una playa desolada.

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