¿Cómo liberamos al contenedor amarillo de su secuestro?

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

¿Cómo liberamos al contenedor amarillo de su secuestro?

En su libro Stop Basura Alex Pascual desarrolla una idea que me llamó mucho la atención. Pone nombre a un sentir común en muchas personas que trabajan en el ámbito de la gestión de residuos: El secuestro del contenedor amarillo.

Esta metáfora sirve para ilustrar el sistema de caja negra en que el sistema integrado de gestión de residuos de envases ligeros ha convertido el contenedor amarillo. Ni siquiera podemos tener datos de reciclaje fiables.

El sistema de recogida selectiva basado en contenedores de colores responde a los intereses de Ecoembalajes España, S.A., el sistema integrado de gestión de residuos de envases ligeros. Su objetivo no es tanto “el reciclaje”, como dar cumplimiento a la responsabilidad ampliada del productor, una obligación de quienes ponen en el mercado productos que con su uso se convierten en residuos. Cosa que ocurre con los envases de usar y tirar que depositamos en los contenedores de colores. Pero también con otros muchos materiales.

¿Cómo liberamos el contenedor amarillo? ¿Qué podemos hacer para ponerlo al servicio del interés general? ¿Cómo mejoramos su funcionamiento para conseguir más y mejores materias primas a partir de nuestros residuos? Mirando qué es lo que hay dentro con una perspectiva de análisis de ciclo de vida: economía circular de principio a fin, no sólo como solución de final de tubería.

En el sistema integrado de gestión de residuos de envases participan todos los agentes necesarios para mejorar el sistema. Pero la perspectiva actual es una solución de final de tubería: dar salida a los residuos de envases. La información disponible es, precisamente, un conjunto de números gordos sobre reciclaje, pero no tenemos datos sobre toda la cadena de valor de los diferentes materiales que se gestionan y procesan en estos contendores verde, amarillo y azul.

El problema es que esos datos son cautivos del sistema integrado de gestión, no hay forma de contrastarlos o auditarlos de manera independiente o con un criterio distinto de los propios intereses de Ecoembes. Lo paradójico es que son muchos los agentes que participan en ese sistema de gestión y se encuentran atrapados tanto en la opacidad como en la estrategia de gestión de Ecoembalajes España, S.A.

Así, por ejemplo, los fabricantes de latas de bebidas intentan trasladar a la sociedad el mantra de que 9 de cada 10 latas se reciclan, pero el sistema de recogida en el contenedor amarillo no permite certificar ese dato, ya que pierde la trazabilidad sobre el origen de los materiales recuperados en las instalaciones de clasificación de envases. No hay información suficiente como para asegurar que de cada 10 latas puestas en el mercado nacional 9 han sido efectivamente convertidas en materia prima.

Algo similar, pero mucho más dramático, le ocurre al sector del plástico. Sí, es un material maravilloso, pero ante los evidentes impactos en la salud de las personas y los ecosistemas de todo el planeta, se cierra en banda a una estrategia de comunicación heredada del sistema integrado de gestión de residuos de envases. El resultado es que ante los complacientes datos de Ecoembes tenemos informes en los que se evidencia que estamos reciclando poco más del 25% de los envases de plástico y que una parte indeterminada de los mismos acaba en Malasia.

La solución pasa, como casi siempre en cuestiones ambientales, en dar cumplimiento a los compromisos adquiridos con la Unión Europea y superar la recogida selectiva que hipoteca el modelo de gestión de residuos en España.

El primer paso para liberar el contenedor amarillo es sencillo, no requiere de modificaciones legales ni de grandes cambios en la infraestructura de recogida y tratamiento. Consiste en pasar de un modelo centrado en los envases de usar y tirar a, aplicando la Directiva 2008/98/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 19 de noviembre de 2008, sobre los residuos, considerar las cadenas de valor de los distintos residuos por tipos de materiales.

Con este enfoque podrían establecerse sistemas integrados de gestión para los diferentes materiales. Ya existe uno, el del vidrio, que funciona significativamente mejor y tiene capacidad de ofrecer información más valiosa sobre sus procesos que el encargado de un concepto tan etéreo como los “envases ligeros”.

La primera ventaja de contar con sistemas integrados de gestión por tipos de materiales sería que contaríamos con distintos agentes independientes entre sí mirando en el contenedor amarillo. Algo que, sin lugar a dudas, arrojaría luz sobre la caja negra en la que hemos convertido actualmente el sistema de recogida de envases.

De esta forma todos los agentes de la cadena de valor de un material, desde la extracción hasta su reciclado en nuevas materias primas, controlarían el proceso de entrega, clasificación y tratamiento de los residuos que generan sus productos. Y podrían trabajar por optimizar los procesos que permitiesen una verdadera economía circular para su material.

En segundo lugar tenemos el problema de la trazabilidad. En los datos centrados en envases hacemos muchas estimaciones, caracterizaciones y aproximaciones que no nos dejan ver el bosque. Si bien es cierto que envasadores y distribuidores de productos envasados tienen obligaciones que implican cifras estadísticas, lo verdaderamente importante es contabilizar cuantas toneladas de material están en los flujos de la economía circular: qué cantidad de materias primas extraemos, en qué productos de consumo se convierten, cuanto tiempo tardan en convertirse en residuos, cuantos se recuperan, cómo llegan a los procesos de tratamiento, qué cantidad consigue reciclarse en nuevas materias primas, a qué productos se destinan esas materias… Toda esta información desaparece en un contenedor amarillo que recibe envases y nos devuelve materiales mezclados.

En tercer lugar estaríamos favoreciendo una recogida de residuos más acorde con la realidad de los ciclos de reciclaje y la percepción que los consumidores tienen de su basura. El contenedor amarillo se podría dedicar a “materiales”, no a “envases ligeros”. Es decir, dejaríamos a la gente hacer lo que le sale de manera natural: tirar al amarillo los plásticos y los metales. Al fin y al cabo los procesos industriales que separan lo que se deposita en este contenedor se centran en las características de los materiales. Y los recicladores necesitan materiales de calidad para convertirlos en materias primas, vengan de envases bien gestionados o de otros productos que se convirtieron en residuos.

Otro beneficio destacable a medio y largo plazo es que evitaríamos, como ocurre en el contenedor amarillo, que los envases más difíciles de recuperar y reciclar parasitasen el sistema. Actualmente tenemos que separar del contenedor amarillo todos los materiales que se recogen mezclados en él. Algunos, como las latas de bebidas, cuentan con procesos relativamente sencillos, tales como imanes. Pero la eficacia de esos procesos se ve condicionada por la presencia en el contenedor amarillo de envases adheridos a Ecoembes que ni pueden ser recuperados ni van a ser reciclados.

envases de plástico recuperados mediante sddr y listos para el reciclaje

Si cada flujo de materiales contase con estadísticas propias podría evaluarse cómo afecta la mezcla en el contenedor amarillo. No sólo eso, se generarían incentivos para presionar realmente a los distintos sectores a un diseño de producto orientado a una recogida, una clasificación y un tratamiento más ecológicos: ecodiseño con enfoque ecológico y no meramente económico.

Porque el objetivo de la responsabilidad ampliada del productor es, precisamente, reducir los impactos ambientales, económicos y sociales, en este caso, de los envases. Con el modelo de caja negra del contenedor amarillo muchos agentes no tienen incentivos para reducir la huella ambiental y social, pero sí estrategias para reducir el coste en su modelo de negocio a base de utilizar envases de usar y tirar que no siempre son reciclables.

Como ejemplo tenemos el caso del “agua en caja”, donde se opta por un envase que genera menos costes en el transporte a pesar de que es difícil de recuperar y que en España no se puede reciclar al 100%.

Utilizar estrategias de publicidad engañosa para tratar de vender las bondades del brik es algo que sólo cabe en un esquema de contenedor amarillo secuestrado, en el que las estadísticas de números gordos permiten colar este envase complejo por delante de envases monomateriales más fáciles de recuperar y con mejores posibilidades de reciclaje.

Entiendo que son muchos los interesados en liberar el contenedor amarillo de su secuestro:

  • En el grupo de materias primas necesitan poner en valor sus materiales y garantizar que, efectivamente, se avanza a una economía circular que aproveche los residuos en vez de crear largas cadenas de exportación en las que se pierde la trazabilidad y el control sobre las condiciones, tanto de extracción de materias primas como de recuperación de materiales.
  • Para los recicladores es clave que los residuos lleguen en condiciones adecuadas para convertirse en materia prima, no sólo como resultado de un tratamiento para cumplir estadísticamente con la obligación de procesar toda la basura antes de eliminarla en vertedero.
  • Envasadores, comercio y distribución están viendo que su imagen queda por los suelos en cada campaña de sensibilización sobre la basuraleza. El esfuerzo de las marcas tirado por tierra con cada residuo que se fotografía y recoge abandonado en la naturaleza.
lata de Coca Cola abandonada

En vez de hacer la guerra por su cuenta, confiando en que el contenedor amarillo arregle el desastre, los sistemas integrados basados en tipos de materiales podrían aportar un enfoque integrado de la cuna a la cuna, diseñando productos que no sólo optimicen los costes de distribución o que sean atractivos al consumidor, también que puedan ser recuperados en los sistemas de recogida en condiciones interesantes para su reciclaje.

Siguiendo con el ejemplo del agua en caja, tenemos un envase complejo, formado por capas de plásticos, aluminio y cartón que quiere competir contra envases de vidrio y envases de plástico. En un enfoque de distribución la estrategia es muy buena, pero de cara a la recuperación de materiales es pésima: el coste de recuperar el plástico de los bricks favorece la pérdida de este material cuando se utiliza en este tipo de envase. Por otro lado, la demanda y las opciones de recuperación del plástico de las botellas hacen que el PET sea uno de los polímeros más recuperados de nuestra basura.

La estrategia óptima desde el punto del residuo sería emplear vidrio reutilizable, pero no parece ser la más conveniente para las grandes corporaciones de la distribución. El brick puede comerle terreno a las botellas de plástico, entre otros motivos, porque acaban en el mismo sistema integrado de gestión, que camufla los impactos ambientales, económicos y sociales de las distintas opciones disponibles. Pero el vidrio, con su línea independiente de gestión, sigue siendo una alternativa tanto al plástico como al brick.

Quizá con una estrategia de sistemas integrados de gestión diferenciados por materiales podríamos ver algo de competencia, centrada en la capacidad de cerrar ciclos en la economía circular, que permitiese tomar decisiones óptimas en todo el ciclo de vida de los diferentes productos de consumo. Y colaboración cuando un envase complejo fuese la mejor alternativa para el conjunto de los materiales y agentes implicados en esta elección.

Por ir cerrando esta entrada quiero dejar constancia que la propuesta no va de cambiar los contenedores por maquinitas, ni de liquidar Ecoembalajes España, S.A. Va de llamar la atención a los agentes para que abran a la sociedad el contenedor amarillo: que nos permitan mirar dentro y lo pongan al servicio del interés general.

Pero para ello tienen que ser un poco egoístas y organizarse de manera coherente con esa responsabilidad corporativa, esa economía circular y esos objetivos de desarrollo sostenible que tanto les gusta abanderar. La sostenibilidad de cada uno no se puede dejar en manos de terceros.

Se trata de crear estrategias que favorezcan el conocimiento de los flujos de materiales, con independencia de si son envases o no, para mejorar su gestión cuando se convierten en residuos y establecer, a lo largo de todo su ciclo de vida, los procesos adecuados para que puedan ser recuperados y reintegrados en forma de materias primas.

Es, en definitiva, un llamamiento a contribuir a solucionar los problemas que afrontamos como especie en vez de seguir ocultándolos debajo de una alfombra que ya no disimula lo que llevamos metiendo debajo durante décadas.

Igual es tan sencillo como invertir en más contenedores y menos propaganda. Pero sin datos adecuados no podemos diseñar soluciones ajustadas.

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