Mi hogar en la jungla

Publicado en: Only Birds por Carmen Azahara. Texto original


Llegamos mi marido y yo justamente el uno de enero del año pasado a Ecuador. El dicho de "año nuevo, vida nueva" nos lo tomamos al pie de la letra. Dejamos atrás las comodidades de la urbe para irnos a vivir a una casa de bambú rodeada de la jungla ecuatoriana en la reserva Jama-Coaque.


Vistas desde el segundo piso de la casa principal.

No es nada fácil llegar hasta allí, especialmente en la temporada de lluvias. Desde la ciudad de Pedernales viajamos por carretera hacia el Sur hasta la entrada de Camarones, una pequeña comuna costera de unos 300 habitantes. Una vez en la entrada, son 3 km de carril, cruzando en varias ocasiones el serpentenante río que le da nombre a la población. No hay puentes para los coches  y solo uno peatonal (unas meras tablas colgantes colocadas por la misma gente de Camarones) para cruzar a la entrada. Con lluvias torrenciales, los vehículos no pueden pasar, por lo que la única manera es a caballo o caminando, arremangándose bien los pantalones.  

Una vez que llegas hasta la  última casa de la comuna, quedan otros tres kilómetros de pura subida bien lodosa, como diría la gente del lugar. Reconozco que cuando ya este tramo finalmente se secó después de las lluvias y se pudo arreglar, por lo que era más fácil conseguir subir en vehículo, fue un gran alivio. Los primeros meses, salir y entrar en la reserva era un suplicio que teníamos que hacer una vez a la semana según nuestro programa de trabajo con los estudiantes. Afortunadamente, teníamos dos caballos para subir la comida hasta la reserva.

La humedad prácticamente del 100% junto con la temperatura elevada tampoco ayudaba al esfuerzo físico diario que debíamos hacer, ya que costaba más trabajo respirar, pero nos adaptamos sin darnos cuenta. En los últimos meses, los estudiantes que tuvimos me decían que estaban sorprendidos de lo rápido que subía por las rutas de la reserva sin esfuerzo a pesar de la dificultad. Yo me reía diciéndoles que si me hubieran visto en el mes de enero, no dirían lo mismo. 

La entrada de la casa principal.
Cada dos meses, un nuevo grupo de pasantes llegaba a la reserva. Normalmente se trataba de estadounidenses estudiantes de biología o recién graduados de la misma, aunque también tuvimos personas de otras nacionalidades: australiana, zimbabuense y venezolana. Después de que los recogíamos en Pedernales y los acompañábamos hasta la que iba a ser su casa por las siguientes semanas, éstos se acomodaban en su habitación en la casa de bambú principal, mientras que nosotros estábamos asentados en la llamada casita, otra construcción más reciente y pequeña. Además, teníamos una tercera construcción de bambú, la clase, un espacio amplio para eventos y conferencias. 

La cocina. Al fondo a la derecha, el horno para pizzas.

La pasantía comenzaba con la charla de seguridad seguida de cursos de introducción al anillamiento científico, así como identificación, datado y sexado de aves neotropicales. Después, teníamos un día de senderismo para conocer la reserva y recordar las pautas de seguridad y orientación en la jungla. Para ello elegíamos uno de los senderos más largos pero también más hermosos, ya que podíamos ver cómo gradualmente iba cambiando la vegetación según íbamos subiendo en altitud desde los 270 metros donde estaba la casa hasta los 685 metros, el punto más elevado de la reserva. En esta ruta de los tres bosques pasábamos del bosque seco al bosque húmedo, llegando en lo más algo al bosque nublado.

Detalle del bosque nublado.

Al siguiente día ya comenzábamos nuestra rutina: los lunes íbamos a la estación a preparar las redes de anillamiento, los martes, miércoles y jueves anillábamos, y los viernes íbamos a la costa a hacer un censo de aves en un bosque seco. En éste se está llevando a cabo la construcción de una urbanización con campo de golf, y son necesarios datos previos para evitar la tala y planificar medidas compensatorias. El fin de semana lo teníamos libre y normalmente lo utilizábamos para acabar las tareas que no nos dieron tiempo entre semana, seguir anillando y yo personalmente, hacer fototrampeo a los mamíferos de la reserva.

Teníamos organizados 14 estaciones de muestreo ubicadas en diferentes tipos de hábitats por las 600 hectáreas que conforman la reserva (y creciendo), incluyendo los tres bosques mencionados y añadiendo si éstos eran vírgenes o de reforestación. Cada una fue muestreada un total de tres veces en el año, coincidiendo con los distintos periodos climáticos (la temporada de lluvia, la temporada seca y la transición).

Aquí estoy yo en una de las estaciones de bosque nublado
Por ejemplo, anillar en el bosque nublado suponía estar listos para caminar una hora y cuarto antes de la salida del sol, subir hasta la cota por encima de los 600 metros de altitud cargando con todo lo necesario y comenzar a trabajar al amanecer tomando datos y enseñando a nuestros estudiantes cómo hacerlo. La verdad es que me sorprende reconocer que a ninguno se le pegaron las sábanas a pesar de que todo esto suponía ponerse a desayunar a las cuatro de la mañana. La motivación por aprender siempre estuvo al pie del cañón. 

Cascada del río Camarones en temporada seca, con nacimiento en la reserva.

La organización gestora de la reserva, Third Millennium Alliance, comenzó en el año 2007 con el rescate de las primeras 40 hectáreas de la recién nacida Reserva Jama-Coaque. Desde entonces, sus trabajos de investigación han sido muy diversos, con un especial hincapié en la agrosilvicultura. 

El año 2018 supuso el comienzo del Observatorio de Aves Jama Coaque (OAJC) que mi marido y yo, como anilladores científicos y coordinadores, tuvimos la suerte de inaugurar y comenzar a diseñar y establecer. Dando las gracias por la confianza que pusieron en nosotros para este trabajo y sintiéndonos como los padres de esta criatura, a la que le deseamos larga vida, solo esperamos que podamos volver muy pronto y ver los progresos. Mientras tanto, iré publicando en mi blog tantas cosas que viví el pasado año y que estoy deseando contaros. 

Os invito a que visitéis su página donde encontrareis una amplia información sobre todas sus actividades de investigación, reforestación y salvamento del tan castigado bosque ecuatoriano del Pacífico, el cual ya ha perdido más del 90% de su cubierta forestal nativa. Este hábitat es considerado como uno de los bosques tropicales más amenazados del mundo.

Entrada a la reserva. En el centro la casa y a la derecha la casita, donde estaba mi cuarto.

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