La movilidad eléctrica engancha.

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Creo que me estoy enamorando de los vehículos eléctricos. Cada vez hay más disponibilidad, desde las bicicletas que han copado los servicios municipales de préstamo o los coches compartidos que se van extendiendo por las ciudades, a alucinantes motos ¡que no hacen ruido!

El primer flechazo vino de una Harley Davidson. La que conducía (la doble de) Scarlett Johansonn en la película “Los Vengadores: La era de Ultrón”. Un prototipo, demoninado LiveWire, que adelantaba una motocicleta 100% eléctrica pero que no está claro que veamos en el mercado. Y no parece que sea antes de 2021.

A pesar de que la Harley parece que tardará, sí hay en la calle cada vez más motos eléctricas. Una me pasó al lado en mi barrio, cuando iba camino del metro. Tenía todo lo que me gustaba de una moto de campo sin nada de lo que odio. Un diseño molón, con pinta de poder meterse por cualquier camino, pero sin el estruendoso ruido de las clásicas motos de cross. Y sin tubo de escape. Hasta entonces no me había planteado conducir una moto. Pero desde que aquella se cruzó en mi vida, va tomando cuerpo la idea hacer la prueba con uno de esos servicios de motos compartidas que han poblado las aceras de Madrid de ciclomotores eléctricos.

De un servicio compartido, pero de coches, vino mi primera experiencia con un vehículo eléctrico. Una oferta de poder utilizarlo gratis unos minutos, la necesidad de hacer una ruta por Madrid que en transporte público me llevaría más tiempo del disponible… y, sobre todo, un área de utilización que salía de la M – 30 y me dejaba muy cerca de casa. Ahora con otro nuevo servicio que cubre casi todos mis barrios favoritos, las aplicaciones de coches compartidos no faltan en mi teléfono móvil, siendo una de las opciones a considerar en mis desplazamientos urbanos cuando no me dejan sacar la bici o el transporte público no ofrece una solución mejor.
 


(qué pardillo, me pensaba que era automático y resulta que los eléctricos no tienen marchas, sólo p’alante y p’atrás)

Muy a mi pesar, todavía no he probado el servicio de  préstamo de bicicletas eléctricas del Ayuntamiento de Madrid. Me vendrían muy bien para cubrir ciertos trayectos cotidianos… pero no llegan hasta mi barrio. Bueno… las bicicletas sí, lo que no hay son estaciones base donde los usuarios que las acercan a este suburbio de la ciudad las dejen ancladas a disposición de quienes no nos atrevemos a cogerlas por la cara (a pesar de la tentación de aprovechar la bicicleta abandonada para probar el servicio BiciMad).

También ha aparecido por el barrio alguna de esas bicis amarillas. Con gran decepción al comprobar que las había traído el vandalismo y no una estrategia de implantación coherente con el interés que demuestran los habitantes de mi barrio por las bicicletas eléctricas.

Una vez que la pruebas, la movilidad eléctrica engancha: menos ruido, mejor respuesta, conciencia un poco más tranquila… pero sigo conduciendo un coche de gasolina. Cuando tuve que sustituir al anterior tenía claro que no quería asumir las emisiones del diésel. No lo utilizaba tanto como para compensar la inversión de un híbrido y no tenía claro que el eléctrico (todavía más lejos de mi presupuesto) fuese a solucionar mis necesidad de movilidad. Esas necesidades de movilidad evolucionan y lo mismo no tomé la mejor decisión posible, pero bueno, entrar en eso daría para otro par de entradas.

El caso es que, no sé si será en propiedad, pero si alguna vez tengo que reemplazar o complementar mi vehículo actual tengo claro que será con uno eléctrico.

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