Responsabilidad ampliada del productor, eso… ¿qué es?

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Alguna vez te has preguntado ¿por qué ponen tantos envases y embalajes en los productos que compras? Llegas a casa después de hacer la compra en el supermercado, te pones a colocarla en tus armarios y te juntas con un montón de precintos, cajas… todo un surtido de materiales, fundamentalmente plásticos de colores, que ya no sirven para nada y que tienes que tirar. Y eso que todavía no has empezado a gastar la pasta de dientes, no has sacado el atún de sus latas, ni te has bebido los refrescos que has puesto en la nevera.

Los envases cumplen dos funciones:

  • proteger y facilitar el traslado de lo que va dentro.
  • llamar tu atención para que tu dinero circule a la cuenta de resultados de una empresa.

Normalmente, como consumidor no tienes capacidad para decidir cómo van envasados los productos hasta la estantería del supermercado. En determinadas circunstancias puedes optar por formas de consumo libres de envases, como acudir tiendas que venden productos a granel, practicar un consumo de proximidad, más local y sostenible… Pero cuando la agenda no lo permite, no queda otra que ir a lo fácil y rápido: cargar el maletero con lo que sea que encuentres en las estanterías de un centro comercial.

En este escenario de consumo… ¿Quién es el responsable del impacto de los residuos? ¿El consumidor que no tiene alternativas reales para evitar los envases de usar y tirar? ¿el ciudadano que sufre un modelo de gestión de residuos basado en el contenedor amarillo? ¿la Administración que tiene que recoger la basura (depositada cívicamente en lugares adecuados o desparramada por parques, jardines, cunetas, playas…)? ¿El establecimiento que nos ofrece los productos envasados en cantidades, materiales y colores a gusto del fabricante? ¿Quizá el propio fabricante que decide cómo envasa los productos que pone en el mercado?

La responsabilidad ampliada del productor (o responsabilidad extendida del productor) es una propuesta interesante para reducir la contaminación y la generación de residuos. Busca trasladar a los fabricantes la responsabilidad sobre los productos que ponen en el mercado. Para ello propone que tengan que asumir la gestión de los residuos que generan. Muy básicamente, es una forma de implicar a la cadena productiva en los impactos que causan los productos que salen de las fábricas.

Es decir, si el fabricante decide poner sus productos en coloridos envases de plástico debe asumir el coste de recoger esos envases y darles un tratamiento adecuado para que no sean las administraciones, los ciudadanos que no consumen ese producto, ni el medio natural quienes sufran las consecuencias negativas de la decisión comercial.

También se aplica en otros ámbitos en la misma línea: si se ponen en el mercado productos poco duraderos o difíciles de recuperar para su valorización ¿no es justo que el fabricante asuma el impacto que genera en el planeta? ¿Qué pasa si no investiga el uso de sustancias menos tóxicas para la fabricación de los productos que pone en el mercado?

En España esta responsabilidad ampliada del productor se establece en la legislación sobre residuos. En concreto en el Título cuarto "Responsabilidad ampliada del productor del producto", de la Ley 22/2011, de 28 de julio, de residuos y suelos contaminados.

En esta norma se concreta que productor del producto es la persona física o jurídica, que de forma profesional desarrolle, fabrique, procese, trate, venda o importe productos.  Y que en aplicación de la responsabilidad ampliada y con la finalidad de promover la prevención y de mejorar la reutilización, el reciclado y la valorización de residuos, los productores de productos que con el uso se convierten en residuos podrán ser obligados a:

  • Diseñar productos de manera que a lo largo de todo su ciclo de vida se reduzca su impacto ambiental y la generación de residuos, tanto en su fabricación como en su uso posterior, y de manera que se asegure que la valorización y eliminación de los productos que se han convertido en residuos se desarrolle de conformidad con lo establecido en la legislación.
  • Desarrollar, producir, etiquetar y comercializar productos aptos para usos múltiples, duraderos técnicamente y que, tras haberse convertido en residuos, sea fácil y clara su separación y puedan ser preparados para su reutilización o reciclado de una forma adecuada y sin riesgos y a una valorización y eliminación compatible con el medio ambiente.
  • Aceptar la devolución de productos reutilizables, la entrega de los residuos generados tras el uso del producto; a asumir la subsiguiente gestión de los residuos y la responsabilidad financiera de estas actividades, ofrecer información a las instalaciones de preparación para la reutilización sobre reparación y desguace, así como información accesible al público sobre en qué medida el producto es reutilizable y reciclable.
  • Establecer sistemas de depósito que garanticen la devolución de las cantidades depositadas y el retorno del producto para su reutilización o del residuo para su tratamiento en los casos de residuos de difícil valorización o eliminación, de residuos cuyas características de peligrosidad determinen la necesidad del establecimiento de este sistema para garantizar su correcta gestión, o cuando no se cumplan los objetivos de gestión fijados en la normativa vigente.
  • Responsabilizarse total o parcialmente de la organización de la gestión de los residuos, pudiendo establecerse que los distribuidores de dicho producto compartan esta responsabilidad.
  • Utilizar materiales procedentes de residuos en la fabricación de productos.
  • Proporcionar información sobre la puesta en el mercado de productos que con el uso se convierten en residuos y sobre la gestión de estos, así como realizar análisis económicos o auditorías.
  • Informar sobre la repercusión económica en el producto del cumplimiento de las obligaciones derivadas de la responsabilidad ampliada.

El problema, como ocurre con una parte importante de la normativa ambiental es que, según como interpretemos la ley, estas obligaciones quedan supeditadas a desarrollo normativo. Así la propia Ley de residuos dice que El establecimiento de estas medidas se llevará a cabo mediante real decreto aprobado por el Consejo de Ministros, teniendo en cuenta su viabilidad técnica y económica, el conjunto de impactos ambientales y sobre la salud humana, y respetando la necesidad de garantizar el correcto funcionamiento del mercado interior.

Este principio de responsabilidad ampliada del productor sí se ha desarrollado para distintos tipos y flujos de residuos. En concreto:

Están en discusión la generalización de los sistemas de responsabilidad ampliada del productor, en particular en flujos de residuos tales como los residuos procedentes de los productos de la industria textil y los restos de alimentos. En este último caso tanto para reducir el desperdicio alimentario, como por su importancia en el total de los residuos urbanos, ya que suponen alrededor del 40% en peso de nuestra basura doméstica.

La importancia de este principio de responsabilidad ampliada del productor y las normas que lo regulan es que determinan las obligaciones de todas las partes implicadas en la gestión de residuos y la distribución de los costes de esa gestión. Así, llevan el "quien contamina paga" hasta el origen, buscando internalizar los costes del impacto de los productos desechables, de escasa durabilidad o con residuos de difícil tratamiento en quienes tienen capacidad para prevenirlos: los fabricantes.

Conocer estas normas, su desarrollo y grado de aplicación es clave para que los ciudadanos responsables y comprometidos con el medio ambiente participemos correctamente en la prevención, valorización, reutilización y reciclaje de nuestros residuos.

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