Sólo es sostenible si es para todas.

Pese a que pueda parecer muy complicado, definir si algo es sostenible o no es relativamente sencillo. Podemos tomar en consideración varias definiciones y una amplia complejidad de parámetros, pero para una primera aproximación basta con la definición de desarrollo sostenible de la Comisión de Bruntland:

“desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades”

Ahora cambiemos desarrollo por otro sustantivo y apliquemos la definición. ¿Moda sostenible? ¿Teléfono móvil sostenible? ¿Gestión de residuos sostenible? Lo serán en la medida en que satisfagan las necesidades presentes sin impedir que se puedan seguir satisfaciendo esas necesidades en el futuro.

Lo complicado, quizá, sea definir cuáles son esas necesidades que hay que satisfacer. Para ello contamos con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. No son muchas, pero son muy básicas y están sin resolver.

Por supuesto, la definición de desarrollo sostenible no se refiere a tus necesidades o mis necesidades concretas, se refiere a las necesidades de todas las personas presentes en nuestro planeta. Así pues, opciones de satisfacer necesidades que excluyen a otras personas no pueden ser sostenibles. No existe, por mucho que nos lo pinten bonito, el lujo sostenible.

La sostenibilidad tiene tres componentes: ambiental, económica y social. Podemos utilizar otras etiquetas para vender más a un público segmentado, pero si algo utiliza un abultado margen de beneficio para quedar fuera del alcance de la mayoría no puede ser, por definición, sostenible. Y, desde luego, algo que va dirigido al capricho de una minoría con altos ingresos es muy probable que consiga resolver los desafíos del desarrollo sostenible.

Ejemplos hay muchos. Uno muy claro y fácil de comprender son las chanclas de neumáticos reciclados. Si las vendo a 50 euros el par, como producto dirigido a una élite esnobista con cierta necesidad de presumir de su conciencia ambiental, seguramente consiga hacer un buen negocio. Pero la demanda de chanclas a 50 euros es más bien escasa. Especialmente si una gran cadena de distribución es capaz de poner en el mercado esas mismas chanclas, fabricadas con los mismos neumáticos reciclados a 2 euros el par.
¿Qué necesidades pretendemos atender con las chanclas de neumáticos reciclados? Por un lado la de calzado (cómodo y fresco para una determinadas circunstancias concretas de uso) y, por otro, dar salida a las grandes montañas de neumáticos fuera de uso que se han mostrado con un problema no tan lejano.

Todo eso sin entrar en que teniendo acceso al neumático la necesidad de calzado se resuelve sin necesidad de procesar los materiales del mismo por separado para generar una chancla de goma, con un menor coste energético, eso sí, de una manera un poco más rústica que las molonas chanclas. Yo también prefiero las chanclas a un recorte de neumático atado con una cuerda, pero ¿estábamos hablando de necesidades o de preferencias?

Así las cosas mientras unos hacían negocio y otros presumían con las chanclas de 50 euros los neumáticos se seguían acumulando en Seseña (y otros muchos puntos de la geografía nacional y otros muchos más en todo el planeta) y acabaron ardiendo. Tampoco las chanclas a 2 euros, puestas al lado de otras coloridas a 4 euros –parece que los pequeños lujos al alcance de todos nos despistan de la opción de salvar el planeta-, consiguieron resolver el problema.

Desde mi punto de vista es una cuestión de modelos de negocio ¿Te dedicas a vender productos caros o a equipar hogares sostenibles? ¿Aportas soluciones a largo plazo o vives a tope la nueva cultura del pelotazo rebautizada como emprendimiento startup? ¿Complaces a una élite que no mira sus gastos o buscas satisfacer necesidades cotidianas de la mayoría?

La solución no es fácil ni rápida. El modelo consumista se basa en la creación constante de nuevas necesidades que satisfacemos con productos diseñados bajo insostenibles parámetros de obsolescencia, creando problemas ambientales, sociales y económicos para la gran mayoría de los habitantes del planeta. ¿Sería sostenible comprar una nueva tablet ecológica cada 6 meses?

La producción de alimentos, bienes y servicios bajo parámetros respetuosos con el entorno sigue siendo escasa. Y a pesar de que puede llegar al mercado a precios asequibles, con relativa frecuencia incurre en cadenas de distribución insostenibles para llegar a mercados con más capacidad de compra, generando un estigma que favorece ataques gratuitos a una producción ecológica que sí podría ser parte de la solución a algunos de los principales retos de la sostenibilidad.

Todos tenemos parte de la solución en nuestra mano. Podemos elegir satisfacer nuestra necesidad de acceso a la información y las comunicaciones adquiriendo constantemente los últimos modelos de equipos informáticos y teléfonos móviles, o reservar parte de los recursos necesarios para fabricarlos de modo que puedan ser accesibles a todas las personas que tienen sin resolver esa necesidad en el presente y, seguramente, seguirán sin poder resolverla en el futuro.

Podemos caer en las trampas de la obsolescencia o alargar la vida útil de los bienes consumidos para reducir la generación de residuos y la necesidad de nuevas materias primas. Regalarnos experiencias que nos hagan más humanos o baratijas producidas sin respeto a los derechos humanos de quienes las fabrican.



Puedes leer y comentar el artículo completo en: productor de sostenibilidad.