La ideología del espacio público

¿Qué es el espacio público? ¿Cuál es su función?

Responder a estas dos preguntas no es para nada fácil. En principio podría haber acuerdo en una breve definición como el “espacio de todos y todas”, pero ésta no dejará contento a nadie. Desde una visión puramente técnica de arquitectos y urbanistas, el espacio público podría ser considerado como el espacio entre edificaciones. Un vacío entre construcciones que, como dice Manuel Delgado, “hay que llenar de forma adecuada a los objetivos de promotores y autoridades, es decir, como un complemento para operaciones urbanísticas”.

Por otra parte, existe una concepción del espacio público construida en el imaginario social desde la antigüedad clásica y que el capitalismo de libre mercado ha ido arrinconando de manera obvia en muchas de nuestras ciudades, sobre todo a partir de la era postfordista. Ese punto de vista define el espacio público como un territorio de intercambio, de encuentro, de disfrute, un espacio político de la ciudadanía, un rincón de democracia.

Plazade Santo Domingo. Madrid

Plazade Santo Domingo. Madrid

Es en este punto donde la ideología entra en acción: concebir el espacio público como lugar de paso o como lugar de descanso e intercambio. He ahí la cuestión. Tan simple como eso, pero a la vez tan complejo. Esta confrontación se puede observar en algunas de las ciudades europeas y españolas más importantes, como Madrid. Durante los casi 15 años de gobierno conservador en la capital, se produjo una transformación urbana basada en la inversión en grandes proyectos inmobiliarios y un abandono palpable de los barrios y distritos. Un ejemplo muy concreto de la ideología política de esos años con respecto a su concepción de espacio público es la desaparición prácticamente total de elementos antes cotidianos para los madrileños como los bancos de madera, la arena de los parques infantiles, las fuentes de agua, la ausencia de árboles productores de sombra… Todo ello tiene su paradigma en la aparición masiva de las denominadas “plazas duras”, que no son más que las plazas de toda la vida aunque ahora carentes de esos elementos antes enumerados y cuyo pavimento granítico destaca por hacerlas prácticamente intransitables durante épocas de mucho calor o de mucho frío (es decir, casi todo el año climático en la capital). Por ello, se ha tendido desde este tipo de gobiernos a potenciar la desnaturalización de los espacios públicos con una intención muy clara: desmotivar a la ciudadanía a reunirse, a debatir, a jugar, a crear. En su lugar se han transformado estas plazas, otrora lugares de disfrute, en lugares de paso donde lo único que se induce a hacer al paseante es sentarse en una terraza de alguna  de las muchas franquicias que invaden plazas y calles. Se trata de un urbanismo psicológico que le viene a decir al ciudadano: aquí no te quedes, busca algo que comprar o vete.

 

Plaza de Tirso de Molina. Madrid

Plaza de Tirso de Molina. Madrid

Ejemplos hay muchos como las plazas de Callao, Ópera, Puerta del Sol, Tirso de Molina, Lavapiés, Santo Domingo, Pedro Zerolo, Chueca, de los Cubos, etc. Muchas de ellas afrontaron hace no mucho obras de peatonalización, algo positivo sin duda, pero el resultado final está lejos de la finalidad de lo que debe ser una plaza.

Pero a partir del 15 de mayo de 2011, cuando los ciudadanos de Madrid y de muchas ciudades españolas se lanzaron a las plazas a reclamar una democracia real, el espacio público adquirió de nuevo su función más pura: la del intercambio. Durante unos días, la Puerta del Sol, plaza de plazas en Madrid, abandonó su carácter forzado de lugar de paso para volver a su esencia de espacio público. Prácticamente se tornó en un mercado de abastos de ideas y propuestas.

15M en la Puerta del Sol

15M en la Puerta del Sol

Ese punto de inflexión se vio reforzado por el cambio de gobierno local y el ascenso de una candidatura municipalista, Ahora Madrid, en sintonía con las propuestas quincemayistas. Un ejemplo de la influencia ideológica sobre el espacio público de la nueva corporación es la creación de un canal participativo donde por primera vez se preguntó a los madrileños qué tipo de plaza querían, en relación a la remodelación de la Plaza de España. La respuesta de los ciudadanos no fue ninguna sorpresa. Simplemente quieren que la Plaza de España vuelva a ser una plaza con lo que ello implica (pavimento verde, acceso abierto, lugar de permanencia  y ocio, diáfana y con sombra). Aquí los resultados completos: https://decide.madrid.es/encuesta-plaza-espana-resultados

Extracto de resultados de la consulta de Plaza de España. Fuente: Ahora Madrid.

Extracto de resultados de la consulta de Plaza de España. Fuente: Ahora Madrid.

Es por tanto el espacio público un caballo de batalla donde no sólo se juega la existencia o no de elementos que a priori pueden parecer triviales como las fuentes de agua que prolonguen nuestra estancia en ese lugar, campos de arena con la que rasparse las rodillas jugando con los amigos, bancos donde descansar sin consumir. Es mucho más. Está en juego el fomento de un derecho tan importante como el de reunión. La motivación al intercambio de pareceres. Instar o no a la ciudadanía a vivir sus espacios y no sólo a consumirlos. Hacer, en definitiva, de la ciudad, no ya el espacio aséptico de granito y cristal que algunos se han esforzado tanto en conseguir, sino un espacio que integra la naturaleza y el urbanismo. En definitiva, hacer o no de la ciudad un espacio humano y no sólo mercantil. Ahí está la ideología.



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