Envase y sociedad es sólo envase.

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De un tiempo a esta parte florecen estudios sobre gestión de residuos de envases firmados por la “Plataforma Envase y Sociedad”, que se define como “un foro para el diálogo y el intercambio de experiencias entre organizaciones, instituciones y ciudadanos. Surge de la colaboración de organizaciones y entidades que participan de forma directa o indirecta en las distintas fases del ciclo de vida del envase”.

Entre sus asociados podemos encontrar distintas agrupaciones de empresas de fabricación de envases de plástico, metal (no podían faltar la Asociación de Latas de Bebidas), vidrio  y madera. Allí están junto a los sistemas integrados de gestión de envases como ecoembes. No faltan agrupaciones de supermercados y grandes superficies de distribución o envasadores. Por su puesto, de la mano de tan nutrido grupo de inversores aparecen todos los centros tecnológicos que deben su existencia y financiación a los anteriores. Llama poderosamente la atención la aparición de varias universidades, cada una con su correspondiente cátedra o grupo de investigación financiado por… ecoembes.

Así las cosas, se echa de menos en esta plataforma “Envase y Sociedad”, la representación de la sociedad. Sí, el envase y sus intereses parecen estar claramente representados. Pero qué pasa con “la sociedad”. ¿Dónde estamos las personas que compramos producto envasado y nos vemos obligadas a depositarlos en contenedores amarillos cada vez más saturados? ¿Dónde están los consumidores que reclaman productos a granel? ¿Los que están por el envase reutilizable?

El caso es que ni asociaciones ecologistas (como organizaciones sociales que aborden el problema de los residuos de envases) ni sindicatos (como clásica representación de sociedad civil) aparecen como parte de esta plataforma. Tampoco veo en ella iniciativas alternativas para la gestión de residuos de envases. Ni siquiera iniciativas relacionadas con el creciente movimiento de residuo cero.

Por cierto, en una plataforma para “el diálogo y el intercambio de experiencias” también faltan las alternativas al sistema integrado de gestión de envases. No veo en esa plataforma ninguna organización que estudie o fomente sistemas de depósito, devolución y retorno.

Es decir, de las dos posibilidades previstas en la legislación, la plataforma envase y sociedad se queda sólo con una. ¿No será que es un grupo de presión para convencer a la sociedad sobre un determinado modelo de gestión de residuos de envases?

Otro dato curioso del quiénes somos. Los únicos nombres que aparecen son Juan Quintana Cavanillas y Lucia Ladrón. El primero ni más ni menos que director de KREAB, entre cuyos servicios destaca:

Construcción de opiniones

Dar forma a las opiniones es el corazón de las relaciones institucionales. Toda compañía u organización quiere expresar sus propios puntos de vista. Nuestros asesores son expertos en el diseño de estrategias y actividades cuyo fin es mejorar la visión del cliente y reformar las opiniones que se generan entre los grupos clave.

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Así pues, la frase: “Su propósito es ser referente técnico y divulgativo de los avances que se han producido, y se producen de manera constante, en la gestión sostenible de envases y embalajes”. habría que ponerla en cuarentena: estamos ante una máquina de crear opinión sobre una determinada forma abordar la gestión de residuos: la que interesa a todos aquellos cuyo modelo de negocio depende de los envases de usar y tirar. Referente… esperemos que quien quiera documentarse sobre la materia tenga la suficiente capacidad crítica como para contrastar la desinformación de este grupo de presión.

Las fechas también son interesantes: “Nace en marzo de 2013 con el objetivo de poner en valor el ciclo de vida del envase a través de los beneficios sociales, económicos y medioambientales que los envases aportan al conjunto de la sociedad, fomentar la I+D+i y divulgar los avances e innovaciones en la vida de los envases”. Justo cuando se ponía en marcha una pionera experiencia piloto para probar el sistema de depósito, devolución y retorno de envases.

Tampoco parece casual que ahora, cuando ciudades como Valencia estudian el retorno de envases a la alemana, medios de comunicación financiados por la publicidad de los asociados a “Envase y Sociedad” se descuelguen con estudios parciales, tendenciosos y sesgados -realizados por asociados a esta misma plataforma- que ocultan la realidad de la ineficacia del sistema de recogida selectiva que sufrimos a diario la mayoría de los españoles.

Quizá, por cerrar el círculo, cabría analizar cuantas de las organizaciones que aparecen como asociadas a esta plata forma lo son también de ecoembes, tarea que dejaremos a algún periodista de información ambiental, si es que existe, que tenga ganas de investigar cómo los sistemas integrados de gestión de residuos están invirtiendo muchos recursos en crear opinión.

Cada vez son más las voces que se alzan en contra un modelo que está hipotecando el futuro de la gestión de residuos. Tanto que distintos territorios en nuestro país están abriendo la puerta a modelos diferentes, en los que el papel del contenedor amarillo va cambiando.

Las mentiras de ecoembes cada vez son más evidentes. Incluso si implica cuestionar los datos oficiales de la Unión Europea. Pero ya no es suficiente comprar periodistas. En tiempos de cambio político se empiezan a estudiar alternativas que dejen menos espacio a la corrupción y que permitan un uso más eficiente de los recursos.

La sociedad demanda modelos de consumo más sostenibles, menos envases de usar y tirar, más producción ecológica y local. Todo eso amenaza los intereses y el modelo de negocio de ecoembes. Su respuesta, en vez de dotar nuestras ciudades de más y mejores recursos para la recogida de residuos está siendo comprar voluntades: financiar investigaciones y estudios sesgados, crear campañas publicitarias para generar opinión y manipular los procesos de toma de decisiones.

Así pues, “Envase y Sociedad” no es más que otra herramienta de ecoembes para negar las alternativas a su modelo de negocio y atacarlas con todas sus fuerzas: los más de 400 millones de euros que se gasta cada año para que nada cambie. Mientras las latas de refrescos siguen poblando parques, cunetas y playas, los contenedores amarillos rebosan basura, los vertederos se llenan de plásticos y, cuando nadie los quiere, los residuos a acumulados a la espera de ver qué hacemos con ellos arden.

Están solos, pero “Envase y Suciedad” no tendría el mismo tirón, a pesar de que es lo que nos dejan a los ciudadanos y al conjunto de la sociedad: residuos mal gestionados e infoxicación.

son2segundos

 



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