Vuela

Las aves crían a sus polluelos durante un tiempo determinado, hasta que ya se encuentran lo suficientemente maduros para valerse por sí mismos, es decir, para enfrentar la vida por su cuenta. Lo mismo pasa con los seres humanos, tus padres, abuelos, tíos o quien(es) te hayan criado te cuidan por un tiempo, dándote las herramientas (en la medida de sus posibilidades) para que tú, llegado el momento, al igual que las aves, puedas dejar el nido y volar con tus propias alas, alimentarte por tus propios medios, para que te desarrolles como una persona completa, independiente.

Pero ¿qué tal si ya ha llegado el momento de que vueles con alas propias y no te has dado cuenta? O, si ya te diste cuenta que dejaste de ser un polluelo y estás lo bastante crecidito para enfrentarte a la realidad y no lo quieres aceptar, o peor aún, cuando las dos partes saben que ha llegado el momento de volar y no lo quieren ver, porque no hay mentiras más grandes que las que uno se dice a sí mismo. También en las aves, los padres le dan un “empujoncito” a sus polluelos cuando ya los ven listos para dejar el nido y surcar los cielos por su cuenta.

Porque muchas veces el nido familiar ya no calienta como antes, porque mientras más tiempo se pase con los padres más se corre el riesgo de parecerse a ellos (para bien o para mal), porque tu casa sigue siendo tu hogar, pero ya no el lugar donde perteneces. Porque es justo y necesario, porque tú lo sabes, porque ellos lo saben, porque es momento. Vuela.

Hazte un favor.

icaro

Ricardo Vélez.




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