Ecoembes no es lo que parece

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

Pinocho quiere salvar el mundo

En la guerra abierta de ecoembes contra la posibilidad de la implantación de sistemas de depósito, devolución y retorno (SDDR), nos toca leer cosas que llaman mucho la atención. Entre las últimas que me he cruzado por la red figura el artículo “Nada es lo que parece“. Es curiso el modo en que se retuerce el lenguaje y la estadística para defender una forma de gestionar residuos cada vez más cuestionada.

La frase clave de todo el texto, para mi gusto es “En total, se encarga del 8% de los envases, mientras que en España, a través de los contenedores amarillos y azules, se puede gestionar el 100%” Nótese que para referirse al SDDR se emplea la palabra “encarga” mientras que para referirse a su forma de hacer la expresión es “se puede gestionar”. No se ustedes, pero a mí este tipo de afirmaciones me parecen un insulto a la inteligencia colectiva. ¿A caso no se puede gestionar el 100% de los envases con un SDDR? Pues… sí, claro que se podrían gestionar todos los envases ligeros con un SDDR. ¿Por qué no comparamos datos de reciclaje de latas de bebidas y nos dejamos de florituras?

Si el interés no es mejorar el reciclaje de envases y lo que se pretende es mantener el monopolio en su gestión, entonces tenemos que atacar a cualquier alternativa posible. Incluso con frases (no argumentadas) en las que se afrima que “El SDDR solo sirve para recuperar los envases de agua, bebidas refrescantes y cervezas, sean de plástico o latas de metal”. ¿Por qué?

¿Qué impide que un envasador de pasta de dientes cumpla sus obligaciones legales con un SDDR? Pues en España que es más barato pagar el punto verde y olvidarse del problema ¿Cuánto papel de aluminio, bolsas de refrigerados, bolsas de patatas fritas y frutos secos, botes de salsas y cremas, bandejas de aluminio, vasos y platos de plástico, envoltorios de golosinas o cajetillas de cigarrillos se reciclan gracias a ecoembes? No lo sabemos.

Gracias a ecoembes ni siquiera sabemos cuantas latas de alumninio se reciclan en España. Ni cuantos briks, ni cuantas botellas de agua… El modelo actual es un sistema de caja negra en el que no tenemos datos de los envases vendidos con el punto verde, no sabemos cuantos se recogen en el contenedor amarillo, no sabemos cuantos llegan a las plantas de clasificación de envases y no sabemos cuantos se recuperan para reciclaje. Sí tenemos una idea aproximada de las toneladas de algunos materiales que se rescatan del flujo de residuos, pero este dato no informa sobre la cantidad de envases reciclados en España.

zero o normal

Con SDDR o con ecoembes -o cualquier otro sistema integrado de gestión-, la cuestión es que el que pone en el mercado un producto envasado es responsable de la gestión de ese envase y sus residuos. A día de hoy pagar la tasa del punto verde -gestionada por ecoembes- es la forma en la que muchas empresas consiguen escapar de esta obligación. La delegan en un sistema de gestión a sabiendas de que su envase no será reciclado. Y ecoembes ingresa dinero, pagado por el consumidor final, a pesar de que ese envase no se puede reciclar dentro de su modelo de gestión de residuos de envases.

Mientras siga dando los datos de reciclaje en peso y no en envases reciclados ecoembes está haciendo aquello de lo que acusa al SDDR “El sistema de retorno desincentiva el reciclaje del resto de envases que no contempla” El argumento para soportar esta afirmación vuelve a ser insultar la inteligencia del consumidor “Los ciudadanos optarán por dar preferencia al reciclaje de envases de agua, bebidas refrescantes y cervezas (sean de plástico, vidrio o latas), por los cuales se les devuelve el dinero que previamente han abonado al adquirirlos, en detrimento del resto de envases cuyo reciclaje no contempla el SDDR (y que suponen el 92% del total)”

Actualmente ecoembes lo que hace es recoger ese 92% de residuos mezclados con el otro 8%. Y obtiene, según sus propias cifras, un 54,54% en peso de los envases domésticos. Dado que los recoge mezclados y la eficacia de las plantas de clasificación de envases, según datos de la Administración, no es superior -en el mejor de los casos- al 70%, ¿no sería interesante probar un sistema que puede alzanzar cifras muy superiores al 90% en el reciclaje de los envases domésticos que más pesan?

El problema de fondo está en que si retiramos del conenedor amarillo los residuos más atractivos para un SDDR ecoembes se queda sin sus toneladas de latas de refrescos con las que hacer trampas al solitario: se descubriría que una parte importante de los 400 millones de euros anuales que maneja, a cargo del punto verde, no siven para el fin con el que se recaudan. Así, en vez de desincentivar los envases menos sostenibles, la “empresa sin ánimo de lucro” nos intenta convecer de que necesitamos una sociedad del reciclado en la que mantener su modelo de negocio: cobrar por envases que se pueden reciclar, a pesar de que no se reciclen.

Y para perpetuarse apela a una conciencia ambiental mal entendida. Nos hace creer que necesitamos es reciclar más, cuando el envase más ecológico es el que no se fabrica. Quizá si no tuviésemos ecoembes y todos los envases tuviesen que pasar por un SDDR muchos productos se venderían a granel. O, directamente, dejarían de comercializarse. El objetivo de la legislación de envases y sus residuos, la aplicación del principio de responsabilidad ampliada del productor, busca, precisamente, que los que se lucran poniendo en el mercado algo que se convertirá en un residuo asuman los costes que genera ese residuo.

Ecoembes es, en este sentido, complice de aquellos que venden productos envasados sin asumir todo el coste de los residuos que generan estos envases. Previamente marcados con el punto verde, en el contenedor amarillo se pueden depositar muchos residuos de envases que no serán reciclados porque no hay medios para separarlos, opciones para recuperarlos y, mucho menos, un mercado que los utilice como materia prima. Son envases que acabarán abandonados a su suerte, incinerados o rellenando un vertedero. Pero sus fabricantes, gracias a ecoembes, pueden seguir lucrándose sin asumir el coste ambiental que generan al conjunto de la sociedad.

Volviendo al artículo, me ha hecho mucha gracia el chiste “Los contenedores de recogida selectiva, por el contrario, están disponibles para los ciudadanos 24 horas al día, 365 días al año” Querrán decir que están ocupando un espacio -por el que no pagan- en la vía pública todo ese tiempo, pero disponibilidad, capacidad para recibir residuos… no sé, quizá soy el único que se encuentra más de tres días a la semana los contenedores rebosando y sin espacio para hacer efectiva esa recogida selectiva.

reciclar son dos segundos

Y para terminar diré que estoy de acuerdo con la frase “Al ciudadano no le pagan, sino que paga él”: con un sistema integrado de gestión -tipo ecoembes-, el ciudadano paga cuando compra el producto envasado, paga la tasa de basuras, paga con sus impuestos la infraestructura para la gestión de residuos –incluidas incineradoras y vertederos-, y vuelve a pagar cuando compra el envase fabricado con material reciclado . Con un SDDR tiene la posibilidad -si cumple con su parte en la cadena del reciclaje- de recuperar parte del coste del envase, de modo que no le vuelvan a cobrar por él cada vez que quiera consumir lo que hay dentro.

Y no, no “es una excusa en la que algunos se escudan para no separar los envases en sus casas” -yo separo mis residuos conforme a mi religión– es una petición formal para que dejen de gastarse el dinero que pagamos para el reciclaje en mentirnos e insultarnos y empiecen a hacer las cosas bien de verdad. Señores de ecoembes dejen de boicotear los SDDR con mi dinero y dejen que se estrellen solitos. Si realmente fracasan nos enteraremos gracias a su amplia plantilla de periodistas distribuidos por todos los medios de comunicación de masas. Y si funcionan nuestros bolsillos y los ecosistemas se darán cuenta, no hará falta que nadie nos lo cuente.

PD: efectivamente, esto no es una respuesta sesuda desmontando el artículo enlazado al principio. Es un vómito rápido para calmar la úlcera, no tengo tiempo ni recursos para desmontar frase por frase todas las falacias, medias verdades y estadísticas sesgadas que publica una empresa con un presupuesto de 400 millones de euros al año. Me conformo con invertir una hora de mi sueño en hacerte reflexionar sobre el tema e invitarte a ser un poco crítica en este asunto, quizá si somos muchos los que demandamos más transparecia alguien se anime a investigar en profunidad y nos aporte información sobre qué está pasando realmente con nuestros residuos.

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