Un millón por el clima, y ahora ¿qué?

botellas por el clima

Sí, se ha conseguido. La iniciativa lanzada por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente en junio de 2015 ha conseguido reunir un millón de compromisos por el clima justo antes de la fecha objetivo. La ministra puede lucir el millón de compromisos en la COP21 en París.

El resultado es sorprendente y un ejemplo de superación, con una evolución muy curiosa en el número de compromisos recogidos: de no llegar a 30.000 a mediados de septiembre pasamos varios (muchos) centenares de miles en noviembre. Quizá fruto del éxito de la campaña en paradas de autobús como la de la fotografía que ilustra esta entrada. Un niño comprometido con el clima nos invita a la acción portando una brazada de envases de plástico vacíos. Inquietante ver la imagen en una ciudad como Madrid, donde está hecha la foto. Un territorio en el que, por disponibilidad de recurso en calidad suficiente en cada grifo, quizá lo comprometido sería prohibir el agua embotellada. Al menos en plástico de usar y tirar.

Así pues, para conseguir la cifra empapelamos las paradas de autobús con anuncios sobre la iniciativa, hicimos publicidad en los medios de comunicación, enviamos notas de prensa… Todo un amplio despliegue de medios y una importante inversión de recursos para invitar a los españoles a tener un gesto con el clima.

Con todo ello se ha conseguido remontar una campaña que no parecía tener suficiente acogida y recopilar el millón de compromisos. Se superó la puesta en marcha inicial, a cuenta de una empresa cuya cuenta de twitter no supera los 500 seguidores, una fundación que sigue ignorando las acusaciones de corrupción que rodean el que era su proyecto estrella para 2015, una marca sin contenido y una asociación que recibe 44.000 euros de la fundación anterior para plagiar el experimento desarrollado un año antes con presupuesto cero. ¿Ha merecido la pena?

tu compromiso cuenta

Vamos a darle un repaso: del total de 1.037.929 de compromisos recogidos en la página cuando estoy cerrando este artículo, 119.021 son de ciudadanos y 918.908 de entidades y trabajadores en su ámbito laboral. ¿Entidades y trabajadores en su ámbito laboral? ¿Qué quiere decir esto? ¿Implica que si Correos se compromete sus más de 50.000 empleados están entre esos 918.908 comprometidos? ¿Y los 11.000 funcionarios del MAGRAMA? ¿Los 10.000 de TRAGSA? CEMEX, FERROVIAL, RED ELÉCTRICA, IBERDROLA, CARREFOUR, DIA, LIDL, ALCAMPO… ¿Cuantos cientos de miles llevan ya?

Está claro que sin sus trabajadores ninguna de estas organizaciones podrían conseguir sus compromisos, ni con el clima, ni con los clientes… ¿han recibido esos 900.000 trabajadores un documento con acuse de recibo en la nómina del mes de octubre? ¿Esa es la forma de comprometerse con el clima “en su ámbito de trabajo”? Y, más inquietante, ¿qué pasa después? ¿cuando se acaba el horario laboral?

En el mejor de los casos podemos ver que trabajadores, responsables y promotores de varias de las entidades también aparecen como ciudadanos. Quizá porque el proyecto cuenta con un sofisticado filtro que impide la doble contabilidad de compromisos, quizá porque es necesario que las personas también se comprometan fuera de su ámbito de trabajo, quizá porque nadie se ha tomado los compromisos con el clima lo suficientemente en serio como para hacer las cosas bien. ¿Si 900.000 empleados conocen la iniciativa y se comprometen en su ámbito laboral, cómo es que una gran parte de ellos no se comprometen a título individual? ¿Tal vez no les hemos explicado adecuadamente la importancia y las implicaciones del aumento de las emisiones de efecto invernadero fuera del ámbito laboral?

Con todo, el problema no es ese. Estamos ante un caso preocupante de greenwashing institucional. España no ha hecho los deberes, llega a la COP21 como el país europeo donde más han aumentado las emisiones de efecto invernadero. Eso sí, la ministra saliente lleva un millón de compromisos por el clima debajo del brazo. No ha hecho los deberes, pero tiene una declaración de intenciones sobre lo bien que va a estudiar el próximo curso… cuando, quizá, ya no estará al mando del Ministerio de Medio Ambiente (como quiera que se llame en la próxima legislatura).

En este escenario la pregunta es ¿seguirá activa la página de Un millón por el clima después de la #COP21? ¿Podremos hacer seguimiento y consultar los resultados de tanto compromiso dentro de un par de años? ¿Podremos ver algún día cuantas toneladas de residuos han reutilizado en sus procesos productivos las empresas que se han comprometido a ello? ¿Quién va a comprobar esos datos?

Igual me sorprenden y resulta que la semana que viene tenemos acceso a información de detalle sobre compromisos concretos y su evolución. Lo mismo hay una dotación presupuestaria de plazas de funcionarios para inspeccionar de modo independiente la evolución del desempeño ambiental de las entidades y las personas que se han comprometido. Por supuesto, entrar a discutir sobre si los compromisos propuestos implican realmente nuevas aportaciones a la reducción de emisiones de efecto invernadero o, si por el contrario, son requisitos que las empresas ya deberían estar haciendo para cumplir la legislación que les aplica, son actividades que necesariamente llevan a cabo en el ámbito de sus actividades o si en algunos casos quedan fuera de su objeto social… requeriría de otro artículo.

Para poder escribirlo necesitaría acceso detallado a la información sobre los compromisos. Que la web estuviese diseñada para favorecer el seguimiento y poder consultar fácilmente qué empresas están adheridas, hacer estadísticas sobre los compromisos adquiridos, las medidas puestas en marcha para cumplirlos, plazos para ejecutarlas, etc. Nada imposible en los tiempos del big data, tal vez algo bastante deseable si hablamos de transparencia institucional.

También sería interesante saber por cuanto nos está saliendo la broma. ¿Qué cuesta que los sufridos empleados de la Fundación Biodiversidad consigan una foto sonriente de la ministra que financia el chiringuito que paga sus nóminas? Porque supongo que lo de las paradas del autobús no es gratis. Sería interesante saber cuanto nos gastamos en hacer que parezca que nos tomamos en serio el impacto de nuestras actividades sobre el clima. Y lo sería porque esos recursos se deberían estar destinando a opciones que sí podrían conseguir un resultado concreto y medible ¿cómo?

  • Pues en primer lugar promocionando mecanismos que sí requieren de un compromiso formal, establecido de manera reglamentaria y transparente para todas las partes. Por ejemplo el Reglamento EMAS, en el que las empresas que quieren demostrar su interés por reducir su impacto sobre el medio ambiente están obligadas a validar por una entidad independiente una declaración ambiental, donde muestran sus resultados en relación con los aspectos ambientales significativos de su actividad. Que pueden incluir gestos simpáticos con el medio ambiente (como que sus empleados cierren el grifo mientras se lavan los dientes), pero deben centrarse en el cumplimiento de la legislación ambiental aplicable y la gestión y prevención de los posibles impactos al medio ambiente.
  • También podríamos promocionar los productos de consumo y servicios acogidos a etiquetado ecológico europeo, cuyos productores han aceptado cumplir con unos criterios mínimos de reducción de consumo energético y eliminación de sustancias químicas peligrosas, entre otros, y demuestran que los productos que ponen en el mercado cumplen esos criterios.
  • Lo mismo con los agricultores y ganaderos que se esfuerzan por darnos una alimentación más saludable para el planeta, los animales, las plantas y las personas, adoptando criterios ecológicos aprobados en el reglamento europeo de producción ecológica.
  • Y no es sólo eso. También se podrían estar traduciendo al español todos los materiales institucionales sobre medio ambiente que se publican por la Unión Europea y la Agencia Europea de Medio Ambiente, de modo que los españoles se familiarizasen con sus derechos en la materia y no tuviesen que tragarse las verdades impuestas por aquellos a los que molestan los datos de EUROSTAT. Pero los recortes de la crisis también llegaron a la información ambiental… y para algo nos estamos gastando los dineros en educación bilingüe: si alguien quiere saber cómo va España en relación con su entorno que se lea los informes de la AEMA en inglés. ¿No?

Pues no. No busques mi firma en una página que juega con los sentimientos de las personas comprometidas con el medio ambiente para llenar estómagos agradecidos y limpiar la imagen de quienes no son capaces de hacer las cosas bien, o se ven obligados a participar en un paripé institucional cuyo objetivo, definitivamente, no es reducir las emisiones si no comprar el perro que se ha comido nuestros deberes sin hacer.

No. No quiero ser cómplice de los que están demostrando que no tienen ni idea de lo que gestionan,  limitándose a jugar con la sensibilidad de los ciudadanos ante un desafío tan grande como el aumento de las emisiones de efecto invernadero.

Y no. No cuela que a estas alturas de la película justifiquen sus trampas al solitario diciendo que los ciudadanos no están concienciados o no quieren comprometerse. Estoy cansado de ver cómo se utilizan los cargos políticos para trepar a otra parte y sacarse un cargo o algo de dinero para los colegas y sus proyectos. Y creo que no soy el único: más de 40 de millones de españoles no han entrado al juego.



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