El progreso era volver al carbón

El verano de 2015, que ha batido records de altas temperaturas y cielos despejados en España, ha visto cómo repuntaba el uso de carbón, una energía fósil que debería estar obsoleta y en desuso, en detrimento de las energías limpias y renovables, como la eólica o la solar. El motivo hay que buscarlo en la condena del gobierno español a las energías alternativas.

Como publica El Periódico de la Energía, el carbón se ha situado en lo que llevamos de 2015 como la segunda fuente productora de electricidad, por detrás de la nuclear y por delante de la eólica. El mismo medio señala que el repunte en el uso de carbón se remonta a 2014, tras años en desuso, con ejercicios como 2009 y 2010 en los que apenas produjo una cuarta parte que en este 2015.

Esto no es progreso, es historia. Foto: Gerry Balding, Flickr.


Esto es a lo que aspira un país que destina 407 millones de euros del presupuesto de su ministerio de energía al carbón, mientras que su inversión en renovables supone tan solo 1,3 millones de euros, repartidos en una instalación geotérmica y dos hidroeléctricas. Ningún apoyo a la eólica o la solar; todo lo contrario, estas se llevan el decreto de autoconsumo, que promete atajar cualquier intención de la sociedad española de impulsar las energías renovables.

El futuro, para el gobierno español, pasa por abandonar esa loca idea de las energías limpias y renovables y volver al contaminante, sucio y limitado carbón. Y todo ello pasando por encima de quien haga falta, ya que ni siquiera el documento que publicó la Unión Europea en julio, recomendando acciones totalmente opuestas a la actitud del ejecutivo, va a frenar su disposición.

En casi todos los países esto se fomenta. En España se grava. Foto: Ed Bacchus, Flickr.

Los efectos negativos a los que nos enfrentamos, si continúa el auge del carbón, son sobradamente conocidos. La contaminación que genera es responsable de miles de muertes cada año en Indonesia, uno de los principales países productores. Además, es un combustible fósil, cuya extracción provoca graves impactos en el medio ambiente y tiene una disponibilidad limitada.

Enfrente, energías renovables como la eólica, que generan electricidad de una fuente inagotable y que son altamente productivas en zonas de fuertes vientos. Aunque también generan impactos sobre la naturaleza, sobre todo en referencia a sus ubicaciones (en zonas elevadas o en la costa, incluso dentro del mar) y a los choques mortales de aves contra sus estructuras.

Afortunadamente, la energía eólica está en constante evolución. Una empresa, irónicamente española, ha presentado un prototipo de aerogenerador sin palas, que mejora considerablemente la producción de electricidad. Reduce el impacto de las turbinas (paisajístico, sonoro, los efectos sobre la fauna), además de disminuir la superficie necesaria, el riesgo de vertidos e, incluso, los costes.

Si el proyecto sale adelante y consigue sus objetivos, será un enorme paso adelante para la humanidad y una forma de obtener energía limpia, renovable y más segura. Será el futuro, el progreso. Pero el de verdad, no ese que supuestamente representa el carbón.

El posible futuro de la energía eólica.



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