Antiecológico y protransgénico van de la mano

Publicado en: productor de sostenibilidad por alvizlo. Texto original

El postureo antiecológico del que hablábamos en la entrada anterior suele ir asociado a un apoyo incondicional a los alimentos transgénicos. Y al revés, la defensa de los transgénicos se lleva a cabo mediante un ataque directo a “lo ecológico”. ¿Por qué? Pues porque el uso de organismos modificados genéticamente está prohibido en la agricultura ecológica. Lo que no se te garantiza cuando compras otro tipo de productos lo da la etiqueta europea para alimentos ecológicos. ¿Quieres un menú libre de transgénicos? busca productos ecológicos.

logotipo de agricultura ecológica de la UE

Así pues, el aumento en la demanda y producción de alimentos ecológicos es una amenaza para la industria de la alimentación transgénica. No es sólo que la sociedad rechace sus productos. Si el mercado demanda semillas ecológicas se reducen las posibilidades de generar ingresos en esta actividad. Eso sin hablar de lo que pasaría con los fitosanitarios especialmente diseñados para acabar con todo lo que no tenga una capacidad genética, introducida artificialmente, para resistir a ese fitosanitario. Porque elegir ecológico, más allá de las capacidades nutricionales u organolépticas del alimento, es una decisión informada de personas que prefieren un modelo de agricultura que dañe lo menos posible el entorno.

¿Y qué se puede hacer contra eso? tachar “lo ecológico” de esotérico, criticar la normativa que garantiza al consumidor un mínimo de información sobre el producto que consume, argumentar sobre lo caros que son los productos ecológicos, crear confusión entre ecología y ecologismo, y etiquetar al que defiende “lo ecológico” de integrista tecnófobo indocumentado. Todo ello, a ser posible, cubierto con un barniz de justificación científica que permita colar en el argumentario prejuicios y mentiras para defender el transgénico y atacar lo ecológico.

Quizá sea difícil establecer la trazabilidad entre el argumentario antiecológico y las multinacionales de la alimentación, pero es fácil entender que el margen del beneficio del sector transgénico permite destinar recursos a comprar voluntades y financiar publicaciones para apoyar su modelo, atacando a agricultura ecológica por el camino. El negocio va en ello.

Para bien o para mal, en la medida en que privatizamos la educación y la investigación, la divulgación queda en manos de los patrocinadores y los medios de comunicación de los anunciantes, el mensaje predominante acabará siendo el que quieran, en este caso, un par de grupos multinacionales con intereses muy concretos.

Manifestación 17 abril Madrid, Transgénicos, foto Rubén G. Herrera (1)Esa tendencia en la divulgación científica empeñada en concienciar a la población sobre las bondades de los productos transgénicos pierde credibilidad cada vez que miente para defenderlos de los productos ecológicos. ¿De verdad se necesita atacar a lo ecológico para vender lo transgénico? ¿Por qué? La ofensiva, en contra de la voluntad de una creciente cantidad de productores y consumidores, es clara: si los consumidores deciden ecológico y los productores les dan gusto, los transgénicos pueden quedar fuera del mercado.

El modelo de producción agraria ecológica es mejorable. Seguro que sí. Pero las mentiras no ayudan a tener un mercado más justo y un modelo de consumo racional. Por eso es importante entender los argumentos que aparecen en prensa y su justificación.

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