Lecciones desde La Habana

Publicado en: Thymus piperella por thymuspiperella. Texto original

Dos coches, dos televisores, tres ordenadores (entre portátiles y de mesa), una lavadora, secadora, lavavajillas, horno,  microondas, varios móviles táctiles de última generación y alguna consola de videojuegos para ratos de ocio. Elementos indispensables en cualquier familia occidental de más de tres miembros, sin los cuales somos menos, sin los cuales somos pobres.

En los países del primer mundo, la conciencia colectiva con respecto a la conservación del medio parece que empieza a cambiar. La gente de a pie, movida tal vez por una culpa bien merecida, se interesa más por la calidad del aire, comienza a moverse en bicicleta, crea huertos en sus balcones, y hasta toma conciencia (o algo parecido) con respecto a la calidad de vida de los animales que más adelante comprará troceados y presentados en bandejas de poliestireno en el supermercado. Nada del otro mundo, vaya, nada que no haría cualquiera con un corazón mínimo dentro de su pecho que supiera que la regresión de la biodiversidad, la destrucción de ecosistemas y, en general, el deterioro del medio ambiente global están directamente relacionadas con el nivel de vida de los países del norte (occidentales, ricos).

hippie_vegan_iphone_case_iphone_5_case-r2b4f5171075b401ab07457042b542db2_80cs8_8byvr_512Es cierto, la gente está dispuesta a cambiar en ciertos aspectos su modo de vivir, pero cabría preguntar, ¿es esto suficiente? ¿Basta con tan sencillos cambios? Definitivamente, y siempre desde mi humilde opinión, no. Diría que es un buen comienzo, sin más, pero en modo alguno la solución. Más de un “horticultor urbano” cree estar salvando el mundo, mientras obscenamente saca una fotografía de sus tomates cherry con el iPhone, para  colgarla en alguna red social y acto seguido recibir decenas de me gusta. Este tipo de acciones, aparentemente solidarias, progresistas y ecologistas, no se alejan demasiado de ser meras medallas que tipos con egos formidables se cuelgan, disimulando su individualismo y las extensas e innumerables órbitas de sus respectivos ombligos. Hoy precisamente leo en ecoosfera un titular que viene al dedillo: “Cientos de aves de corral son abandonadas cada año provenientes de granjas hipsters”. Un artículo interesante y que es un ejemplo claro de lo que hoy hablo. Y es que resulta que ahora ser ecologista es una moda más. Como quien decide dejarse barba, o comprarse unas novedosas y modernas zapatillas, ciertos pseudo hippies occidentales compran gallinas de las que beneficiarse “comiendo huevos sanos y luchando contra el sistema” y, una vez se han cansado o la moda ha pasado, abandonan los animales. Es un fiel reflejo de los valores de los países capitalistas, en los que el derroche es uno de los estandartes más altos. En los que todo es desechable y prescindible, excepto el dinero con que obtener nuevos productos de usar y tirar.

Es sólo un ejemplo que hace patente que el presunto cambio de conciencia del que hablábamos, lejos de ser una transformación profunda y sincera, no es más que un trapicheo superficial de valores, movido en muchas ocasiones por puras tendencias de mercado. No olvidemos que hoy en día lo ecológico y lo natural mueve millones, como millones son los que caen en el engaño de creer que salvan el mundo consumiéndolo. Todo forma parte del mismo juego, esto sigue siendo consumismo, que es la materia prima del capitalismo más bárbaro.

Llegados a este punto, toca enfrentarse con una de las tesis más socorridas de los tecnócratas occidentales (a veces disfrazados de progres, como vemos), ese bochornoso e indocumentado “¡pues vete a Cuba!”, con el cual dan a entender que la isla no está a la altura de las esplendorosas democracias europeas como la nuestra… Chulería. Atrevida fanfarronería propia del occidental. Chulería egocéntrica e ignorante, que es la peor de todas. Más aún teniendo en cuenta que datos oficiales del Fondo Mundial de la Naturaleza (WWF) constatan que Cuba es el único país sobre el globo que tiene un modelo económico y social ecológicamente sostenible.

Sí, así es, más que les pese a algunos. Y es que el país insular tiene un Índice de Desarrollo Humano muy alto frente a un nivel de Huella Ecológica increíblemente bajo. Me explico: el estudio llevado a cabo por WWF relaciona estos dos índices para, de alguna forma, medir el nivel de sostenibilidad de cada nación. El Índice de Desarrollo Humano (IDH) mide el nivel de desarrollo de un país. Creado por las Naciones Unidas, se basa en tres indicadores clave: la esperanza de vida al nacer, la renta per cápita, y el nivel de educación. Por su parte, la Huella Ecológica es un indicador de impacto ambiental que representa la superficie productiva del territorio de un país, capaz de generar los recursos necesarios para “alimentar” al mismo y absorber los residuos generados. Se mide en unidades, cada una de las cuales representan los planetas que serían necesarios para mantener un determinado nivel de vida.

De este modo, se establece que un país tiene un desarrollo humano positivo cuando el valor de este índice (IDH) está por encima de 0,8 puntos, y Cuba tiene un IDH de aproximadamente 0,82. Asimismo, se considera que un país es ambientalmente sostenible cuando su Huella Ecológica está por debajo de 1, es decir, que sus habitantes jamás agotarían los recursos generados por el planeta, ni generarían una cantidad de residuos que no pudiera asimilar; o lo que es lo mismo, que sólo necesitarían un planeta para vivir. Pues bien, Cuba tiene una Huella Ecológica de menos de 1, contrariamente a Estados Unidos, que ostenta un esplendoroso 5, lo que quiere decir que si todos los habitantes del mundo tuvieran el mismo nivel de vida que los estadounidenses, harían falta 5 planetas Tierra. En la siguiente gráfica puedes analizar detenidamente los datos manejados:

Cuba

Relación entre IDH y Huella Ecológica de algunos paises y zonas del planeta. Fuente: 20 minutos

En este sentido, Cuba, con sus virtudes y sus reprochables defectos, puede gritar al mismo mundo que le ataca, que es un país que no solamente se desarrolla de manera ambientalmente sostenible, sino que lo hace sin dejar de lado el avance educativo, social y económico de sus habitantes. Y esto es algo que ninguna de las vistosas democracias europeas o americanas puede decir. Es algo que no puede decir nadie, salvo los cubanos.

Visto lo visto, tal vez sea necesario que nos planteemos seriamente los valores imperantes en nuestro microcosmos de abundancia (falsa). Una abundancia construida sobre las carencias de otros, y por tanto criminal. Tal vez sea necesario que diseñemos en serio un verdadero cambio. Tal vez tener el mejor móvil, dos ordenadores, dos coches no sea la riqueza real.

Ahora sí, mandadme a Cuba si queréis.


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