Un símil absurdo

Publicado en: Thymus piperella por thymuspiperella. Texto original

Creo que tenemos más en común con los vegetales de lo que pensamos.  De una semilla venimos al mundo; agua, sol y otros inventos precisamos para vivir; nos reproducimos, diseminando nuestro fruto, y dejando en el mundo parte de nosotros mismos; morimos, volviendo a la tierra de la que procedemos.

La gráfica que os voy a presentar muestra el reparto proporcional del peso seco entre las distintas partes del Senecio común (Senecio vulgaris) durante su ciclo de vida:

Distribución proporcional del peso seco da las diferentes partes del Senecio común durante su ciclo vital. Fuente: R. E. Ricklefs, Invitación a la ecología. Gráfico: C. Cuenca.

Distribución proporcional del peso seco da las diferentes partes del Senecio vulgaris durante su ciclo vital. Fuente: R. E. Ricklefs, Invitación a la ecología, la economía de la naturaleza. Gráfico: C. Cuenca.

Al observarla detenidamente me fue imposible no detectar similitudes entre esta planta compuesta y mi propia especie, llamadme loco.  Mi mente hizo una conexión tan compleja como probablemente absurda y poco rigurosa, pero no la voy a negar. Donde la gráfica muestra pesos de partes fisiológicas del Senecio, yo vi la importancia otorgada a los distintos aspectos de la vida a lo largo de las diferentes fases vitales de un individuo humano. Supongo que todavía no se entiende, de modo que voy a intentar explicar la serie de engranajes que uní en mi maquinaria interna para llegar al puerto al que llegué.

Ilustración que representa las diferentes partes del Senecio vulgaris. Fuente: Wikipedia commons.

Ilustración que representa las diferentes partes del Senecio vulgaris. Fuente: Wikipedia commons.

En la gráfica se observa que al comienzo de su vida, la práctica totalidad del peso seco de la planta (un 98% aproximadamente) lo encierran las raíces. Necesita alimentarse, necesita crecer. Un ser humano, al nacer y en sus primeros años de vida, otorga casi entera importancia a sus raíces, a sus padres, a sus abuelos, a su familia. El resto le es ajeno, la familia lo es todo.

Se advierte, no mucho tiempo después, a mediados de agosto, que nuestra mala hierba ha desarrollado multitud de hojas en detrimento de las raíces, acaparando las primeras la mayor parte del peso seco. Después de todo, necesita tejido fotosintético para poder seguir viviendo. Las hojas… Fijaos, se me ocurrió la absurda idea de que las hojas podrían simbolizar el desarrollo de la vida propia, las ganas de vivir la vida de uno mismo, eso tan propio de la adolescencia humana. Todos hemos querido ser adultos antes de tiempo, y hemos dejado un poco de lado nuestras raíces, nuestra familia.

Continuamos nuestro recorrido por el gráfico y nos topamos con que, a partir de mediados de septiembre, la cosa ha vuelto a cambiar radicalmente, para bien o para mal. De repente aparecen las flores, ocupando un amplio 20% del peso seco; las hojas van teniendo cada vez menos importancia, y aparece también el tallo. Lo único que no ha cambiado es la decreciente importancia que tienen las raíces, que tienen un papel cada vez más anecdótico. Así, en este punto, los actores principales son las flores y el tallo, a los cuales los equiparo y personifico con la importancia que el ser humano da a su cuerpo y al sexo en su fase de juventud.

Semilla voladora

De aquí en adelante, aparecen las semillas, que cada vez adquieren más importancia, y todo decrece excepto éstas últimas. Incluso las hojas, a las cuales comparábamos antes con las ganas de vivir la propia vida de uno, se van secando… Es inevitable comparar esto con la dedicación que un individuo humano pone en su progenie, en sus semillas. Yo no tengo hijos, pero he escuchado a mis padres mil veces decir que cuando tienes uno, te cambia la vida.

A veces pienso que el ser humano, con toda su inteligencia y todo su dominio, no es más complejo que la más común de las hierbas. Probablemente esté equivocado.


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