Hoy voy hablaros del agujero de la capa de ozono, creo que es un problema que no debemos de olvidar ya que refleja la gran magnitud que pueden tener nuestras acciones ampliadas por la ciencia y la tecnología. Al contrario de lo que pueda parecer por mis palabras no creo que la ciencia y la tecnología sean malas, de hecho me encantan, solo pienso que antes de sacar al mercado algo nuevo debemos hacerlo pasar rigurosos controles que nos den altas garantías de fiabilidad, ya que de lo contrario puede acarrear trágicas consecuencias para nuestra propia supervivencia.

En la estratosfera a unos 25-30km existe una franja donde el ozono (O3) se concentra en cantidades elevadas (10 ppm). Está franja se la conoce como capa de ozono y cumple una función protectora ya que absorbe gran cantidad de las radiaciones ultravioletas emitidas por el sol, haciendo que estas lleguen en pequeñas cantidades a la superficie terrestre. Si estas radiaciones llegaran en su totalidad a la tierra tendrían consecuencias catastróficas ya que son altamente perniciosas para animales y plantas. Por ejemplo una larga exposición a los rayos ultravioleta puede provocar cáncer de piel (los protectores que usamos para el sol son compuestos que absorben los rayos ultravioleta). Por ello si la capa de ozono desapareciese los efectos serian nefastos.

El ozono estratosférico se produce por reacción del oxígeno molecular que procede de las capas bajas y el oxígeno ionizado procedente de las capas altas de la atmósfera. Este oxígeno ionizado también es producido por la radiación ultravioleta ya que destruye las moléculas de ozono, y este balance da lugar a una distribución de la concentración de ozono por alturas.

Imagen de Wikipedia Commons

Si este fuera el único mecanismo de producción y destrucción de ozono, la disminución de ozono a grandes alturas se compensaría con la producción de este a alturas menores. Sin embargo en las últimas décadas se ha observado una disminución de esta capa, al parecer debido a los compuestos clorofluorocarbonados (CFCs), son compuestos organoclorados y solo contienen cloro, flúor y carbono.

Estos compuestos ni son tóxicos ni son inflamables, son químicamente inertes y tiene propiedades de condensación muy útiles con un tiempo de vida muy elevado (entre 50 y 150 años). Hasta hace poco fueron muy empleados en nuestra vida cotidiana como propulsores de aerosoles y gases refrigerantes en neveras, contribuyen en gran medida a la destrucción de la capa de ozono. El problema asociado del uso de los CFCs es que la radiación ultravioleta que reciben cuando son transportados a la estratosfera es muy efectiva para descomponerlo liberando átomos de cloro libres, las cuales son el verdadero problema ya que son muy eficaces para descomponer el ozono.

Imagen de Wikipedia Commons

El problema de los CFCs fue puesto de manifiesto por primera vez en 1974 por los investigadores MarioMolina, F. Sherwood Rowland y Paul Crutzen, gracias a estas investigaciones en 1987 se firmó el Protocolo de Montreal que regulaba la producción y el consumo de CFCs. Aunque los niveles de ozono han caído bruscamente desde la década de los 80 parece que las fluctuaciones en los niveles de la capa de ozono se mantienen relativamente estables desde 1994, de hecho en los últimos años este problema parece que estar remitiendo lentamente, aunque es demasiado pronto para pronunciarse definitivamente sobre su futura evolución.