El PVC: un lobo vestido con piel de oveja

Publicado en: Vida Simple y Sustentable por Sofía López Olalde. Texto original


Su nombre completo es Policloruro de Vinilo pero todos lo conocemos como PVC. Se trata de un plástico blanco muy utilizado por muchas razones; una de ellas su doble personalidad pues es tan dúctil como tenaz y por tanto puede ser rígido o flexible. 

El PVC además es resistente (incluso a la abrasión y a la corrosión), es inerte, así que es idóneo en donde la higiene es prioritaria; se deja de quemar en cuando se retira de la exposición a la flama, es un buen aislante eléctrico, es un material relativamente barato, su costo de instalación es bajo y además es reciclable. 

Entonces, si es tan maravilloso, barato y hasta reciclable; si es un manso corderito ¿qué hace un artículo sobre este material en un blog que tiene que ver con la sustentabilidad? 
Hoy escribo sobre el PVC después de ver en redes sociales una serie de mensajes desincentivando el uso de este material debido al impacto ambiental que este provoca y el cual como podrán ver, en la información general que uno encuentra en la red o en estos mismos mensajes ecologistas no queda muy claro cuál es. 

Foto: Mick Garratt
Pues bien, el PVC es un plástico y como todos los miembros de esta numerosa y popular familia proviene del petróleo lo cual desde una óptica verde no está muy bien visto. Encima de este pecado original, resulta que el PVC carga con otra culpa y es la de tener sus orígenes en gas cloro. Los fabricantes suelen decir que el PVC es limpio y casi natural ya que su principal compuesto es la sal común; lo que no suelen decirnos es que la sal común es convertida a gas cloro y compuestos organoclorados; este proceso además de consumir mucha energía genera inevitablemente residuos indeseables conocidos como dioxinas que son compuestos tóxicos, persistentes, que se adhieren con facilidad al tejido graso de los animales y que se sospecha puedan estar implicadas en más de un caso de cáncer. 

El PVC sale de la fábrica dejando ahí abandonados sus residuos indeseables y pronto, muy pronto ya está trabajando en cientos de diferentes aplicaciones comerciales. Se estima que cada año en el mundo se venden 30 millones de toneladas de PVC ; cantidad suficiente para llenar aproximadamente 150 barcos cargueros de proa a popa y de arriba a abajo. 

Una de las aplicaciones populares del PVC es en materiales que necesitan ser de larga duración como marcos de ventanas y pisos o suelos. Algunos estudios han revelado que este tipo de material contribuye al síndrome de la oficina o edificio enfermo debido a las posibles emisiones de compuestos tóxicos provenientes de los aditivos que se agregan al PVC para hacerlo versátil y útil para mil cosas. 

El PVC es muy popular también en la fabricación de botellas y contenedores de alimentos; se ha probado que al exponerse a cambios de temperatura bruscos o simplemente y en algunos casos con el paso del tiempo algunos compuestos del recipiente migran al agua o alimentos. 

Ni hablar de lo que sucede con el PVC durante un incendio: toda una producción en serie de agentes carcinógenos, tóxicos y contaminantes cuyos compuestos estelares son las dioxinas y furanos y el ácido clorhídrico el cual es corrosivo, ocasiona quemaduras graves y daños en el sistema respiratorio. 

No podemos discutir con los fabricantes el hecho de que el PVC es reciclable, pero lo que sí tienen que tener claro es que es poco frecuente que los residuos de construcción lleguen a los puntos de reciclaje y que de llegar el proceso es sumamente costoso. La realidad es que todo va a parar a la basura y que acaba enterrado en una montaña inmensa y mugrienta en el mejor de los casos pero que también puede `tornarse una realidad más obscura cuando el PVC habita una ciudad donde la basura suele ser incinerada (o como dicen elegantemente ‘valorada energéticamente’) pues lo que sucederá con este material al interior de los inmensos hornos es lo mismo que sucede en un incendio. 

Algunos países han prohibido por completo el uso del PVC, tal es el caso de Eslovaquia y Suecia. En España 60 ciudades se han declarado libres de PVC, en prácticamente todo el mundo el uso de este compuesto en juguetes o artículos para bebés y niños está prohibido y los hospitales, guarderías y escuelas de muchos países no pueden usar PVC como material de construcción. 

Sin embargo, el PVC sigue presente en nuestras casas, oficinas, calzado, alimentos, electrónicos y mucho más. La primera recomendación, como siempre en este blog, es que se informen de la situación del PVC en su país y que presionen a sus gobiernos por una ley que beneficie la salud pública antes que a los bolsillos de los fabricantes. 

La segunda recomendación es la de leer las etiquetas de los productos antes de comprar y evitar todos los que contengan PVC; a veces las alternativas de compra no son evidentes y por ello les dejo a continuación algunas ideas:
  • PVC en tuberías/caños de agua pueden sustituirse con cerámica, acero inoxidable, cobre, polietileno o polipropileno 
  • PVC en ventanas o persianas fácilmente sustituible por madera 
  • PVC en cables, enchufes y otro material eléctrico es canjeable por poolietileno, polipropileno, o cerámica 
  • Cortinas de ducha/baño fabricadas por PVC pueden cambiarse por las que están hechas con PEVA o EVA (simil del PVC pero sin cloro) 
Los cambios llegan siempre, pero a veces lo hacen lentamente; los países deben apuntar claramente hacia planes de eliminación del PVC y nosotros como ciudadanos debemos ejercer nuestro derecho a estar informados al mismo tiempo que cumplimos con nuestra responsabilidad de divulgar la información que tengamos siempre y cuando sea confiable y completa. La meta, al final del día es quitarle el disfraz de oveja a este famoso lobo.

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