Día: 16 de marzo de 2012

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La contaminación ambiental y sus consecuencias para la salud humana

Actualmente, cuando se habla de contaminación ambiental inmediatamente se piensa en un problema ambiental (generalmente en el Cambio Climático). Sin embargo, la contaminación ambiental constituye un enorme problema para la salud humana y es particularmente grave en las ciudades. En España, por desgracia en estos momentos lo estamos sufriendo en altos niveles, especialmente la contaminación […]
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Para caer en las redes del comercio verde y justo


Cuando hacemos nuestras compras cotidianas y vemos en los anaqueles un producto de una marca desconocida, lo observamos, leemos la etiqueta, lo sentimos, lo olemos, comparamos el precio con la marca que usualmente adquirimos y finalmente decidimos si le damos una oportunidad.

¿Cuántas veces esa oportunidad es para un producto ecológico, orgánico, ahorrador de energía o como suele llamarse ahora "verde"?  La realidad es que pocas, las razones son varias: falta de oferta, altos precios o esa amarga voz que nos dice que no vale el esfuerzo, que nosotros solitos no cambiaremos al mundo.

Mucho hemos hablado en este espacio sobre los beneficios de los productos ecológicos, mucho se dice también en  las redes sociales, en las conversaciones con amigos, en charlas a las que asistimos... pero sin duda, hay un eslabón perdido entre ese momento sublime en el que leemos, oímos o vemos lo necesario para convencernos de que "verde es bueno" y el momento en el que tomamos un producto de un anaquel para comprarlo; ahí, cuando estiramos el brazo pareciera que pesa más la billetera, la costumbre o la mercadotecnia.


Hace un par de semanas mis hijos iniciaron ciclo escolar (cabe aclarar que ahora vivo en el hemisferio sur donde las estaciones del año y calendarios escolares giran para el otro lado como el agua del inodoro); mi hija estaba de lo más contenta y entusiasmada por entrar a la primaria y sin duda en casa el acontecimiento era toda una fiesta. Algo que le emocionaba mucho es que ahora usaría cartuchera (estuche, plumier o bolsa de lápices); así que bueno, comenzó la ceremonia de la compra de la famosa cartuchera y todo lo que llevaría dentro: lápices de colores, goma de borrar, sacapuntas, lápiz, una pequeña regla, tijeras, pegamento.

Visitamos un par de tiendas y en todas encontramos prácticamente lo mismo a los mismos precios; los niños emocionados elegían el estuche con su personaje favorito: Bob Esponja, Buzz Lightyear, Barbie o Kitty. Todo hecho en China, todo de dudosa calidad y de garantizado impacto ambiental. A ella nada le llenaba la pupila y a mi nada me convencía, hasta que en un rinconcito olvidado de un supermercado, más cerca de las latas de conservas que de los útiles escolares encontramos un exhibidor de artículos de papelería ecológicos. Yo no dude y rápidamente comencé a leer las etiquetas para ver de qué se trataba, ella desde abajo dijo justo lo que quería oír: "qué linda cartuchera mamá, ¿ya viste?, parece que la hubieran hecho con una planta".

Mi hija inició el año escolar con una cartuchera de yute, lápices hechos con periódico, goma de borrar de caucho reciclado, todo tenía 20% de descuento; tal vez porque tristemente nadie los compraba.

Las bajas ventas de productos ecológicos no pueden ser atribuidas simplemente a la falta de interés de los consumidores; estos productos se venden poco también porque suelen ser más caros y por escasa publicidad.

Son caros porque suelen ser de mejor calidad, porque muchos se fabrican de forma artesanal o en pequeña escala haciendo imposible la reducción del costo fijo de producción, existen pocas cadenas logísticas dedicadas a suministrar la materia prima aunque esta sea basura, muchas de estas empresas se esfuerzan en ser coherentes en todos los sentidos y por tanto pagan salarios justos y son enemigas de la explotación laboral. Después, muchos de ellos tienen que pasar por un proceso de certificación costoso el cual sinceramente debería existir para toda clase de productos, eso al menos eliminaría tanta toxina y sustancia prohibida del mercado.

Al final del día, estas empresas, tienen un producto limpio, sano, justo, avalado pero caro y queda poco dinero en el bolsillo para invertir en publicidad, por eso están ahí silenciosas a la caza de las buenas conciencias. Así que la próxima vez que hagan sus compras, búsquenle un poco más y no se resistan a caer en las redes de estos productos. Su compra será más una inversión a largo plazo que un simple gasto.
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