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LAS MIGRACIONES, LA CUMBRE DEL CAMBIO CLIMATICO DE PARIS Y EL FUTURO DE NUESTRA SOCIEDAD: ¿UNA HUIDA HACIA ADELANTE?

Publicado en: Política y Clima por Jesús Marcos Gamero Rus. Texto original






Publicado en Getafe Capital el 7 de diciembre de 2015

Las conclusiones del último informe de 2014 del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), muestran de forma amplia como el aumento en la intensidad del cambio climático causado por la actividad humana tiene a su vez un impacto negativo directo sobre las propias sociedades humanas, con un aumento, por ejemplo, de las desigualdades, la pobreza o las migraciones. Sin embargo, este tipo de impactos sociales se han visto relegados históricamente en las cumbres climáticas, no pareciendo que la COP21 de Paris de 2015 vaya a ser una excepción en este sentido.

En el caso de las migraciones, su limitado reconocimiento en el debate climático pasa inicialmente por las dificultades para establecer una relación directa entre cambio climático y migraciones, dada la diversidad de factores de índole medioambiental, pero también social, económico o político que influyen en los procesos migratorios. Entender esta complejidad es fundamental de cara a comprender los vacíos y carencias a la hora de abordar el problema.

Siria como espejo

Además, la actual crisis de los refugiados sirios surge como un obstáculo, haciendo del debate sobre las migraciones en la Cumbre de Paris un tema de carácter extremadamente controvertido. Sin embargo, y como paso previo a cualquier negación para abordar el problema de las migraciones, se debería tener en cuenta que el cambio climático es uno de los activadores de la guerra civil siria y la posterior crisis de refugiados que llegan a Europa. Recordemos que entre 2006 y 2010 miles de familias campesinas sirias se vieron forzadas a migrar hacia las grandes ciudades como fruto de la sequía que devastó el noreste del país. La masificación y la superpoblación de los núcleos urbanos y la incapacidad del gobierno para proveer la protección social necesaria, fue parte del caldo de cultivo ideal para que ese descontento social se tradujera en el levantamiento contra el régimen de Al-Assad.

Esto es, el conflicto sirio nos explica muchos de los factores multicausales que vinculan el cambio climático con las migraciones y nos dice mucho de la importancia de la gestión futura de estos procesos.

Debemos entender que el cambio climático no conoce de fronteras estatales, y los impactos y consecuencias del cambio climático de hoy sobre Siria, pueden ser los de mañana en otros territorios más ricos. Las sociedades occidentales no van a ser ajenas en el futuro al aumento de las sequias o la subida del nivel del mar, las crisis alimentarias derivadas, el empobrecimiento de las comunidades, las migraciones hacia otros lugares para huir de esa pobreza, el aumento de las desigualdades y el descontento social expresado en un aumento de conflictos y guerras. No lo olvidemos.

Sin embargo y por el momento, los intereses económicos y de seguridad priman sobre la defensa de los derechos humanos y la vida. Los europeos giramos la vista ante la visión del gran cementerio que es ahora el Mar Mediterráneo y preferimos mirar a Europa como un espacio exclusivo de supuesto bienestar frente a un patio trasero abarrotado de desheredados.

Al trasladar esta visión obtusa de la realidad al debate climático, encontramos una ausencia de interés por parte de los países desarrollados por intentar alcanzar acuerdos mayores en materia de migración y desarrollo, así como una falta de interés evidente por tratar temas como los derechos humanos, la pobreza o la desigualdad, pero que vienen de la mano del cambio climático.

Una agenda controlada por los intereses económicos

El carácter predominantemente económico-financiero de estos debates y la propia gestión del cambio climático como un problema económico, ofrece una estupenda salida de escape a los gobiernos en su gestión cortoplacista del problema y en su interés por evitar abordar la gestión humana del cambio climático. Lo importante en Paris es alcanzar un acuerdo financiero global para enfrentar el cambio climático, y ese miedo ante un posible fracaso en este menester, sirve igualmente de parapeto para que los estados, sobre todo los países del Anexo 1 (países desarrollados en su mayoría), decidan no abrir frentes de discusión más amplios que el de la propia financiación del acuerdo que entrara en vigor a partir de 2020.

Este enquistamiento de la Cumbre en un único objetivo, refuerza el poder que tienen los grandes intereses económico-financieros en su capacidad de acumular riqueza mediante el uso de combustibles fósiles, el agotamiento de los recursos naturales, la degradación del medioambiente y la explotación social. Igualmente, este enfoque se traduce en unas “soluciones a la carta” para las élites gubernamentales y corporativas ejemplificadas por el Protocolo de Kioto, los mercados de carbono y veremos si el acuerdo que está por nacer, que sirven poco más que para limpiar la cara de estos intereses ante la sociedad, pero que ocultan una cara extremadamente sucia, tal y como se ha podido observar recientemente con el fiasco de Volkswagen.

¿Paris como punto de inflexión?

Frente a este control interesado de las negociaciones, surge el papel marginal en las negociaciones de los países más pobres y afectados por el cambio climático, así como de las organizaciones de la sociedad civil que claman por una gestión humana y social del mismo.

Aun con todo, la cumbre de Paris debe significar un punto de inflexión que permita superar el mercadeo al que se ven sujetas estas reuniones, abriéndose a una nueva reconceptualización del desafío que supone el cambio climático para las sociedades humanas. Esto implicaría que además de establecer una conciencia y una dirección común en cuanto a la reducción de emisiones y el uso de combustibles fósiles, hubiera espacio para salir del dominante enfoque económico-financiero de estas cumbres, e intentar ampliar el debate hacia cuestiones vinculadas a la importancia de los Derechos Humanos y la solidaridad ante la creciente pobreza y desigualdad fruto del impacto del Cambio Climático.

Es a partir de estos argumentos, basados en unos fuertes pilares de justicia social y climática, desde donde también podemos vislumbrar algunas de las soluciones al problema de las migraciones inducidas por el cambio climático. Del mismo modo, es a partir de este enfoque desde donde se podrá superar de una forma practica el actual vacío legal en el que queda la definición y el reconocimiento de los migrantes o refugiados climáticos, así como la falta de interés de los estados por verse atenazados por acuerdos vinculantes internacionales que pudieran implicar algún tipo de responsabilidad en cuanto a la protección de los migrantes.

Por tanto, y más allá de la posibilidad de que se acuerde una mención explícita a las migraciones en el texto final de la negociación, o exista el compromiso para poner las bases de un mecanismo ad-hoc que pudiera abordar los desplazamientos humanos inducidos por el clima, lo que debe surgir de Paris es una señal evidente y clara a la comunidad internacional, de que la gestión de los desplazamientos humanos y los derechos y el bienestar de las personas desplazadas deben ser parte fundamental en las políticas de lucha contra el cambio climático y sus impactos.

Integrando desafíos y posibles soluciones

Trasladar la complejidad del cambio climático en cuanto a sus diferentes impactos sobre las sociedades, nos debe llevar a analizar también la complejidad y los otros desafíos que enfrentan las sociedades occidentales y la necesidad de elaborar respuestas que integren esos desafíos sociales globales con los añadidos por el cambio climático.

Porque cuando hablamos de esas personas y comunidades a las que no les queda otra opción que desplazarse de sus lugares de origen en busca de unas mejores condiciones de vida, también tenemos que mirar, de una forma egoísta, hacia nuestras propias sociedades. ¿Y qué es lo que encontramos? Un continente y un país (España) de viejos. Los españoles son siete años más viejos de media que hace dos décadas, con una edad media en 2014 de 41,8 años, situándose esta edad media cercana a la media europea de 42,2 años según Eurostat, no pareciendo igualmente que las actuales tasas de natalidad vayan a revertir esta situación en el futuro.

El cambio demográfico, junto a la migración, la globalización, o el cambio climático, son desafíos que Europa pareciera no querer abordar en su conjunto, frente a la evidente necesidad de actuar que impone, por ejemplo, el mencionado creciente envejecimiento de la población europea y la necesidad de importar mano de obra. En este sentido África y otros continentes surgen como un auténtico recurso estratégico. África en particular, es uno de los continentes que más está sufriendo los impactos del cambio climático, pero también es el que tiene la población más joven. El mestizaje de Europa no es una opción, es una necesidad.

Sin embargo, la necesidad, la planificación y la puesta en marcha de estos procesos migratorios deben hacerse desde postulados cooperativos y no restrictivos. Los migrantes no vienen a trabajar por las limosnas europeas, vienen a salvar a la sociedad europea del colapso y la decadencia que supone su envejecimiento. Es necesario pasar de la coacción para hablar de oferta y apoyo a la migración a partir de la promoción de los derechos sociales, laborales y económicos de los migrantes, generando igualmente mecanismos que permitan que las diásporas puedan invertir en sus lugares de origen en actividades dirigidas, por ejemplo, a revertir la degradación de la tierra y la adaptación al cambio climático.

Igualmente, al situarnos en los países que sufren con mayor virulencia la pobreza y los impactos del cambio climático, se hace necesario la cooperación y el desarrollo de políticas y programas de protección social y medioambiental que permitan vincular la protección de las personas y comunidades y la lucha contra la pobreza con la protección del medioambiente y los medios de vida, tal y como se están llevando a cabo en Brasil, India o Etiopia entre otros países.

Este tipo de políticas permitirían fijar a las poblaciones a sus lugares de origen y adaptarse en primera instancia al cambio climático evitando un aumento de los desplazamientos. Pero no olvidemos también que hay poblaciones que son tan pobres que, ante la degradación de sus medios de vida, acaban siendo tan pobres que no llegan a tener ni los medios para poder migrar. Por tanto, no hablamos únicamente de “movilidad”, sino también de “inmovilidad” como un impacto derivado del cambio climático y de la pobreza como un factor clave que hace a las personas más vulnerables ante el cambio climático.

Aunque sería un tema a tratar más a fondo en otro espacio conviene también pensar en cómo serán los impactos del cambio climático en los países desarrollados y los desplazamientos humanos vinculados. Tal y como se ha recordado, el cambio climático no conoce fronteras y el aumento de la desertificación y la subida del nivel del mar impondrá a que muchos países con grandes kilómetros de costa y susceptibles a unos mayores procesos de desertificación, como España, tengan que comenzar a poner en práctica estrategias que aborden estas realidades cercanas y planifiquen soluciones, pasando en muchos casos por la relocalización de muchos asentamientos humanos.

Los desafíos que enfrenta nuestra sociedad, ya fueran sociales o vinculados al cambio climático, ofrecen múltiples y complejas capas que deben ser enfrentadas desde enfoques cooperativos e inclusivos capaces de enfrentarse con garantías a los escenarios apocalípticos y los discursos reaccionarios que de fondo solo persiguen beneficiar a intereses particulares. Es desde esta perspectiva desde donde mejor se podrá comprender la realidad futura del cambio climático y responder a sus desafíos. Esperemos.

Puedes leer y comentar el artículo completo en Política y Clima

LAS MIGRACIONES, LA CUMBRE DEL CAMBIO CLIMATICO DE PARIS Y EL FUTURO DE NUESTRA SOCIEDAD: ¿UNA HUIDA HACIA ADELANTE?

Publicado en: Política y Clima por Jesús Marcos Gamero Rus. Texto original






Publicado en Getafe Capital el 7 de diciembre de 2015

Las conclusiones del último informe de 2014 del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), muestran de forma amplia como el aumento en la intensidad del cambio climático causado por la actividad humana tiene a su vez un impacto negativo directo sobre las propias sociedades humanas, con un aumento, por ejemplo, de las desigualdades, la pobreza o las migraciones. Sin embargo, este tipo de impactos sociales se han visto relegados históricamente en las cumbres climáticas, no pareciendo que la COP21 de Paris de 2015 vaya a ser una excepción en este sentido.

En el caso de las migraciones, su limitado reconocimiento en el debate climático pasa inicialmente por las dificultades para establecer una relación directa entre cambio climático y migraciones, dada la diversidad de factores de índole medioambiental, pero también social, económico o político que influyen en los procesos migratorios. Entender esta complejidad es fundamental de cara a comprender los vacíos y carencias a la hora de abordar el problema.

Siria como espejo

Además, la actual crisis de los refugiados sirios surge como un obstáculo, haciendo del debate sobre las migraciones en la Cumbre de Paris un tema de carácter extremadamente controvertido. Sin embargo, y como paso previo a cualquier negación para abordar el problema de las migraciones, se debería tener en cuenta que el cambio climático es uno de los activadores de la guerra civil siria y la posterior crisis de refugiados que llegan a Europa. Recordemos que entre 2006 y 2010 miles de familias campesinas sirias se vieron forzadas a migrar hacia las grandes ciudades como fruto de la sequía que devastó el noreste del país. La masificación y la superpoblación de los núcleos urbanos y la incapacidad del gobierno para proveer la protección social necesaria, fue parte del caldo de cultivo ideal para que ese descontento social se tradujera en el levantamiento contra el régimen de Al-Assad.

Esto es, el conflicto sirio nos explica muchos de los factores multicausales que vinculan el cambio climático con las migraciones y nos dice mucho de la importancia de la gestión futura de estos procesos.

Debemos entender que el cambio climático no conoce de fronteras estatales, y los impactos y consecuencias del cambio climático de hoy sobre Siria, pueden ser los de mañana en otros territorios más ricos. Las sociedades occidentales no van a ser ajenas en el futuro al aumento de las sequias o la subida del nivel del mar, las crisis alimentarias derivadas, el empobrecimiento de las comunidades, las migraciones hacia otros lugares para huir de esa pobreza, el aumento de las desigualdades y el descontento social expresado en un aumento de conflictos y guerras. No lo olvidemos.

Sin embargo y por el momento, los intereses económicos y de seguridad priman sobre la defensa de los derechos humanos y la vida. Los europeos giramos la vista ante la visión del gran cementerio que es ahora el Mar Mediterráneo y preferimos mirar a Europa como un espacio exclusivo de supuesto bienestar frente a un patio trasero abarrotado de desheredados.

Al trasladar esta visión obtusa de la realidad al debate climático, encontramos una ausencia de interés por parte de los países desarrollados por intentar alcanzar acuerdos mayores en materia de migración y desarrollo, así como una falta de interés evidente por tratar temas como los derechos humanos, la pobreza o la desigualdad, pero que vienen de la mano del cambio climático.

Una agenda controlada por los intereses económicos

El carácter predominantemente económico-financiero de estos debates y la propia gestión del cambio climático como un problema económico, ofrece una estupenda salida de escape a los gobiernos en su gestión cortoplacista del problema y en su interés por evitar abordar la gestión humana del cambio climático. Lo importante en Paris es alcanzar un acuerdo financiero global para enfrentar el cambio climático, y ese miedo ante un posible fracaso en este menester, sirve igualmente de parapeto para que los estados, sobre todo los países del Anexo 1 (países desarrollados en su mayoría), decidan no abrir frentes de discusión más amplios que el de la propia financiación del acuerdo que entrara en vigor a partir de 2020.

Este enquistamiento de la Cumbre en un único objetivo, refuerza el poder que tienen los grandes intereses económico-financieros en su capacidad de acumular riqueza mediante el uso de combustibles fósiles, el agotamiento de los recursos naturales, la degradación del medioambiente y la explotación social. Igualmente, este enfoque se traduce en unas “soluciones a la carta” para las élites gubernamentales y corporativas ejemplificadas por el Protocolo de Kioto, los mercados de carbono y veremos si el acuerdo que está por nacer, que sirven poco más que para limpiar la cara de estos intereses ante la sociedad, pero que ocultan una cara extremadamente sucia, tal y como se ha podido observar recientemente con el fiasco de Volkswagen.

¿Paris como punto de inflexión?

Frente a este control interesado de las negociaciones, surge el papel marginal en las negociaciones de los países más pobres y afectados por el cambio climático, así como de las organizaciones de la sociedad civil que claman por una gestión humana y social del mismo.

Aun con todo, la cumbre de Paris debe significar un punto de inflexión que permita superar el mercadeo al que se ven sujetas estas reuniones, abriéndose a una nueva reconceptualización del desafío que supone el cambio climático para las sociedades humanas. Esto implicaría que además de establecer una conciencia y una dirección común en cuanto a la reducción de emisiones y el uso de combustibles fósiles, hubiera espacio para salir del dominante enfoque económico-financiero de estas cumbres, e intentar ampliar el debate hacia cuestiones vinculadas a la importancia de los Derechos Humanos y la solidaridad ante la creciente pobreza y desigualdad fruto del impacto del Cambio Climático.

Es a partir de estos argumentos, basados en unos fuertes pilares de justicia social y climática, desde donde también podemos vislumbrar algunas de las soluciones al problema de las migraciones inducidas por el cambio climático. Del mismo modo, es a partir de este enfoque desde donde se podrá superar de una forma practica el actual vacío legal en el que queda la definición y el reconocimiento de los migrantes o refugiados climáticos, así como la falta de interés de los estados por verse atenazados por acuerdos vinculantes internacionales que pudieran implicar algún tipo de responsabilidad en cuanto a la protección de los migrantes.

Por tanto, y más allá de la posibilidad de que se acuerde una mención explícita a las migraciones en el texto final de la negociación, o exista el compromiso para poner las bases de un mecanismo ad-hoc que pudiera abordar los desplazamientos humanos inducidos por el clima, lo que debe surgir de Paris es una señal evidente y clara a la comunidad internacional, de que la gestión de los desplazamientos humanos y los derechos y el bienestar de las personas desplazadas deben ser parte fundamental en las políticas de lucha contra el cambio climático y sus impactos.

Integrando desafíos y posibles soluciones

Trasladar la complejidad del cambio climático en cuanto a sus diferentes impactos sobre las sociedades, nos debe llevar a analizar también la complejidad y los otros desafíos que enfrentan las sociedades occidentales y la necesidad de elaborar respuestas que integren esos desafíos sociales globales con los añadidos por el cambio climático.

Porque cuando hablamos de esas personas y comunidades a las que no les queda otra opción que desplazarse de sus lugares de origen en busca de unas mejores condiciones de vida, también tenemos que mirar, de una forma egoísta, hacia nuestras propias sociedades. ¿Y qué es lo que encontramos? Un continente y un país (España) de viejos. Los españoles son siete años más viejos de media que hace dos décadas, con una edad media en 2014 de 41,8 años, situándose esta edad media cercana a la media europea de 42,2 años según Eurostat, no pareciendo igualmente que las actuales tasas de natalidad vayan a revertir esta situación en el futuro.

El cambio demográfico, junto a la migración, la globalización, o el cambio climático, son desafíos que Europa pareciera no querer abordar en su conjunto, frente a la evidente necesidad de actuar que impone, por ejemplo, el mencionado creciente envejecimiento de la población europea y la necesidad de importar mano de obra. En este sentido África y otros continentes surgen como un auténtico recurso estratégico. África en particular, es uno de los continentes que más está sufriendo los impactos del cambio climático, pero también es el que tiene la población más joven. El mestizaje de Europa no es una opción, es una necesidad.

Sin embargo, la necesidad, la planificación y la puesta en marcha de estos procesos migratorios deben hacerse desde postulados cooperativos y no restrictivos. Los migrantes no vienen a trabajar por las limosnas europeas, vienen a salvar a la sociedad europea del colapso y la decadencia que supone su envejecimiento. Es necesario pasar de la coacción para hablar de oferta y apoyo a la migración a partir de la promoción de los derechos sociales, laborales y económicos de los migrantes, generando igualmente mecanismos que permitan que las diásporas puedan invertir en sus lugares de origen en actividades dirigidas, por ejemplo, a revertir la degradación de la tierra y la adaptación al cambio climático.

Igualmente, al situarnos en los países que sufren con mayor virulencia la pobreza y los impactos del cambio climático, se hace necesario la cooperación y el desarrollo de políticas y programas de protección social y medioambiental que permitan vincular la protección de las personas y comunidades y la lucha contra la pobreza con la protección del medioambiente y los medios de vida, tal y como se están llevando a cabo en Brasil, India o Etiopia entre otros países.

Este tipo de políticas permitirían fijar a las poblaciones a sus lugares de origen y adaptarse en primera instancia al cambio climático evitando un aumento de los desplazamientos. Pero no olvidemos también que hay poblaciones que son tan pobres que, ante la degradación de sus medios de vida, acaban siendo tan pobres que no llegan a tener ni los medios para poder migrar. Por tanto, no hablamos únicamente de “movilidad”, sino también de “inmovilidad” como un impacto derivado del cambio climático y de la pobreza como un factor clave que hace a las personas más vulnerables ante el cambio climático.

Aunque sería un tema a tratar más a fondo en otro espacio conviene también pensar en cómo serán los impactos del cambio climático en los países desarrollados y los desplazamientos humanos vinculados. Tal y como se ha recordado, el cambio climático no conoce fronteras y el aumento de la desertificación y la subida del nivel del mar impondrá a que muchos países con grandes kilómetros de costa y susceptibles a unos mayores procesos de desertificación, como España, tengan que comenzar a poner en práctica estrategias que aborden estas realidades cercanas y planifiquen soluciones, pasando en muchos casos por la relocalización de muchos asentamientos humanos.

Los desafíos que enfrenta nuestra sociedad, ya fueran sociales o vinculados al cambio climático, ofrecen múltiples y complejas capas que deben ser enfrentadas desde enfoques cooperativos e inclusivos capaces de enfrentarse con garantías a los escenarios apocalípticos y los discursos reaccionarios que de fondo solo persiguen beneficiar a intereses particulares. Es desde esta perspectiva desde donde mejor se podrá comprender la realidad futura del cambio climático y responder a sus desafíos. Esperemos.

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(IN)JUSTICIA MEDIOAMBIENTAL EN PALESTINA (II): LOS EFECTOS DE LA OCUPACION Y EL MURO SOBRE LA POBLACION AGRICOLA DE QALQILYA

Publicado en: Política y Clima por Jesús Marcos Gamero Rus. Texto original



Situada en el norte del país, la ciudad de Qalqilya ha sido históricamente reconocida como el "granero" de Cisjordania, llegándose a exportar parte de su producción agrícola a otros países de la región como Irak. Sin embargo, y a partir de la construcción del muro de separación por parte de Israel, su producción no llega ni a abastecer a la propia población local.  

Imagen desde el satélite de Qalqilya desde donde se puede ver como la ciudad esta sitiada por el muro con una única entrada
 

Desde 2002, los propietarios de las tierras de esta ciudad han visto como los planes por parte de Israel de construir un muro que rodeara la ciudad, han tenido como consecuencia directa la confiscación de sus tierras mas allá incluso de la propia frontera que debería separar a Israel y Palestina.

El muro que rodea la ciudad tiene 8 metros de altura y está igualmente rodeado por una zanja de 4 metros de ancho y 2 metros de profundidad, además de alambradas y un camino militar por el que patrulla el ejército israelí. El único punto de entrada a la ciudad, está controlado por Israel a modo de fortaleza, ademas de ejercer como lugar de control y exclusión de la población palestina.

A partir de la construcción del muro, se decretó un área de seguridad de 35 metros, lo que implicaba la destrucción de cualquier propiedad palestina, incluyendo casas, granjas, campos de cultivo, pozos de agua o invernaderos que se encontraran en este perímetro.

Teniendo en cuenta la proporción de tierras confiscadas en la zona, se considera que aproximadamente unos 3.000 dunams (un dunam equivale a 1.000 metros cuadrados) de tierras agrícolas han sido confiscadas, lo que representaría casi el 50% de las tierras agrícolas de la ciudad. Igualmente, 19 pozos de agua en este territorio fueron confiscados (lo que equivaldría aproximadamente al 30% del suministro de agua de la ciudad).

Como resultado de la estrecha dependencia que tienen los habitantes de Qalqilya con respecto a la tierra, el agua y la agricultura, y los impactos que sobre sus medios de vida ha tenido el muro, la población local ha sufrido un continuo empobrecimiento, al negárseles los medios de subsistencia y el acceso a los recursos naturales de los que históricamente han hecho uso (alrededor de un 45% de la actividad económica local depende del campo). 

Fruto de este proceso militar, político, social ecónomico y medioambiental de expulsion vinculado a la ocupación, la población local se ha visto paulatinamente reducida durante la última década, viéndose forzados un gran número de sus habitantes a migrar hacia otras zonas de Cisjordania. Este progresivo exodo de la población local facilitaría una posible anexión israelí de la ciudad, haciendo de la misma un proceso demográficamente "aceptable".

Como un ejemplo del sufrimiento y las condiciones restrictivas que sufre la población en Qalqilya, encontramos el caso de una familia de agricultores que visitamos en las afueras de la ciudad junto al muro. En este caso, observamos como el muro atravesaba una pequeña plantación agrícola, con gran parte de la tierra junto con las instalaciones de agua y drenaje estando del lado israelí del muro. 

Campos anegados tras algunas de las inundaciones provocadas por la existencia del muro
Las limitadas condiciones de la parte restante del lado palestino se expresan especialmente en la capacidad de drenaje del campo y las periódicas inundaciones de aguas residuales provenientes de las poblaciones israelíes cercanas. El muro, al estar construido a diferentes alturas, con la parte israelí más alta que la Palestina, sirve como sumidero de residuos desde la parte israelí a la palestina, estando las compuertas de control y desagüe bajo el control del ejercito israelí, lo que deja a las familias agrícolas de la parte palestina a expensas de Israel y sin capacidad de reacción ante situaciones adversas, ya fueran naturales por el aumento de las lluvias o frente a la avalancha de residuos y aguas residuales provenientes del otro lado.  










Puedes leer y comentar el artículo completo en Política y Clima

(IN)JUSTICIA MEDIOAMBIENTAL EN PALESTINA (II): LOS EFECTOS DE LA OCUPACION Y EL MURO SOBRE LA POBLACION AGRICOLA DE QALQILYA

Publicado en: Política y Clima por Jesús Marcos Gamero Rus. Texto original



Situada en el norte del país, la ciudad de Qalqilya ha sido históricamente reconocida como el "granero" de Cisjordania, llegándose a exportar parte de su producción agrícola a otros países de la región como Irak. Sin embargo, y a partir de la construcción del muro de separación por parte de Israel, su producción no llega ni a abastecer a la propia población local.  

Imagen desde el satélite de Qalqilya desde donde se puede ver como la ciudad esta sitiada por el muro con una única entrada
 

Desde 2002, los propietarios de las tierras de esta ciudad han visto como los planes por parte de Israel de construir un muro que rodeara la ciudad, han tenido como consecuencia directa la confiscación de sus tierras mas allá incluso de la propia frontera que debería separar a Israel y Palestina.

El muro que rodea la ciudad tiene 8 metros de altura y está igualmente rodeado por una zanja de 4 metros de ancho y 2 metros de profundidad, además de alambradas y un camino militar por el que patrulla el ejército israelí. El único punto de entrada a la ciudad, está controlado por Israel a modo de fortaleza, ademas de ejercer como lugar de control y exclusión de la población palestina.

A partir de la construcción del muro, se decretó un área de seguridad de 35 metros, lo que implicaba la destrucción de cualquier propiedad palestina, incluyendo casas, granjas, campos de cultivo, pozos de agua o invernaderos que se encontraran en este perímetro.

Teniendo en cuenta la proporción de tierras confiscadas en la zona, se considera que aproximadamente unos 3.000 dunams (un dunam equivale a 1.000 metros cuadrados) de tierras agrícolas han sido confiscadas, lo que representaría casi el 50% de las tierras agrícolas de la ciudad. Igualmente, 19 pozos de agua en este territorio fueron confiscados (lo que equivaldría aproximadamente al 30% del suministro de agua de la ciudad).

Como resultado de la estrecha dependencia que tienen los habitantes de Qalqilya con respecto a la tierra, el agua y la agricultura, y los impactos que sobre sus medios de vida ha tenido el muro, la población local ha sufrido un continuo empobrecimiento, al negárseles los medios de subsistencia y el acceso a los recursos naturales de los que históricamente han hecho uso (alrededor de un 45% de la actividad económica local depende del campo). 

Fruto de este proceso militar, político, social ecónomico y medioambiental de expulsion vinculado a la ocupación, la población local se ha visto paulatinamente reducida durante la última década, viéndose forzados un gran número de sus habitantes a migrar hacia otras zonas de Cisjordania. Este progresivo exodo de la población local facilitaría una posible anexión israelí de la ciudad, haciendo de la misma un proceso demográficamente "aceptable".

Como un ejemplo del sufrimiento y las condiciones restrictivas que sufre la población en Qalqilya, encontramos el caso de una familia de agricultores que visitamos en las afueras de la ciudad junto al muro. En este caso, observamos como el muro atravesaba una pequeña plantación agrícola, con gran parte de la tierra junto con las instalaciones de agua y drenaje estando del lado israelí del muro. 

Campos anegados tras algunas de las inundaciones provocadas por la existencia del muro
Las limitadas condiciones de la parte restante del lado palestino se expresan especialmente en la capacidad de drenaje del campo y las periódicas inundaciones de aguas residuales provenientes de las poblaciones israelíes cercanas. El muro, al estar construido a diferentes alturas, con la parte israelí más alta que la Palestina, sirve como sumidero de residuos desde la parte israelí a la palestina, estando las compuertas de control y desagüe bajo el control del ejercito israelí, lo que deja a las familias agrícolas de la parte palestina a expensas de Israel y sin capacidad de reacción ante situaciones adversas, ya fueran naturales por el aumento de las lluvias o frente a la avalancha de residuos y aguas residuales provenientes del otro lado.  










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COP15 ARTICLES: A feeble climate deal

Publicado en: Política y Clima por Jesús Marcos Gamero Rus. Texto original

PUBLISHED IN BALADNA SYRIAN NEWSPAPER. 20 DECEMBER 2009



“Every country is able to destroy the earth system in order to respect their own national sovereignty and the interests of their nationals, in spite that we live under the same physical system and we breathe the same air.” This should be the first article that should be draft from the conclusions of the COP15 in Copenhagen during December 2009.

As sad as it is. The classic 19th century European nation state definition has marked the guidelines of a decision that will affect the earth system, its life and its human population without distinction of their nationality, origin, religion, gender, race, or age, among those different factor that make the humans different from each other.



The summit has finish with a feeble climate deal. Big expectations for a decision that everybody knew that it was going to be cooked in the last hours. A massive movement of UN staff, country delegates, NGO´s activists, media, and the rest of devote professionals for a final unsatisfactory decision that, in fact, could have be taken in a, for example and in order to be climate friendly, videoconference between the leaders of the main polluters countries and blocks.

We, the frog, are still boiling. The issue was and is complex and one choice had to be made between two alternatives that can be explained in this way:
  1. To live with the 100% of the privileges, that can be enjoyed in our carbon dependent modern society for the next, for example, two years and after that decided what to do if climate get worst or;
  2. To adapt, NOW, our way of life by taking the risk of reduce our carbon emissions by 40% for the next 10 years with the trade-offs that this could suppose for our carbon related comfortable lives and the cost that this could suppose for our economies, jobs, political systems, etc., even with the safety that this decision will better assure the right of our descendants to live in a healthy planet.
Final question: From these two, what was the decision taken by world leaders last Friday night in Copenhagen?

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COP15 ARTICLES: If climate were a bank, sure its was already save

Publicado en: Política y Clima por Jesús Marcos Gamero Rus. Texto original



Climate change negotiations in Copenhagen are part of a learning process that humanity is taking now after years, decades or, why not, centuries of misuse and look down on the earth system.

The result of this behavior can be compared with the boiled frog story: If we place a frog in boiling water, it will jump out when feeling the heat. But, if it’s placed in cold water that is slowly heated, it will not perceive the danger and will be cooked to death. True or false, (do not try this at home, please) this anecdote it’s very useful when we analyze the human reaction when facing climate change and in general, the inability of people to react to significant changes when they occur gradually. In Copenhagen we (the frog) have tried to jump out of the saucepan.

The expected crisis unleashed at the COP15 during the morning and afternoon of Thursday 16th, reminds us again that too much has to be done in the future in order to lay the foundations of a learning process that can assure the future and well-being of next generations.



President of Bolivia, Evo Morales, reminded on his press conference that “earth can live without humans, but humans cannot live without earth.” Thus, “Not just human beings have rights, but the planet has rights”. “We are all interdependent. We now must begin to realise that the Earth does not belong to us,” he said. “It’s the other way around. We belong to the Earth.”

It could be a nice starting point for the future. Meanwhile, negotiations continued on Thursday in deadlock. The claims of developing countries are not being heard by developed countries. Just a last remark: 75-100 billion US dollars a year is needed to help poor nations to fight climate change. Iraq war has cost between 1.3 and 3 trillion dollars. $515.4 billions are the 2009 of the US Department of Defense.

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