¿Podemos evitar los incendios en instalaciones de gestión de residuos?

incendio residuos

Desde que la combustión de los neumáticos acumulados en Seseña diese la señal de alarma, los incendios en instalaciones de gestión de residuos han pasado a la primera plana de la actualidad. Eso sí, algunos puestos por detrás de la devastadora realidad de los incendios forestales donde, desgraciadamente, seguimos perdiendo mucho cada año.

Este verano negro para el sector han ardido unas cuantas plantas de reciclaje de residuos. Pero lo cierto es que antes del interés mediático sobre los incendios en la industria de la recuperación de residuos estos desastres también ocurrían. Si tirásemos de la hemeroteca de sucesos comprobaríamos que todos los años alguna instalación de gestión de residuos se prende fuego.

En toda España son muchas las plantas que se dedican a la recogida, almacenamiento y tratamiento de residuos. Varios miles de ellas dedicadas sólo a materiales no peligrosos. Se trata de una actividad imprescindible para conseguir que aquellas cosas de las que nos desprendemos puedan llegar a convertirse en materias primas. Una parte clave de la manida economía circular. La menos elegante, pero la más necesaria en nuestro modelo de consumo de usar y tirar.

Las causas de estos desafortunados acontecimientos son muy diversas y complejas de estudiar. En parte condicionadas por un modelo de negocio especulativo en el que, para bien o para mal, el beneficio de las empresas que se dedican a la gestión de residuos depende de las fluctuaciones del precio de mercado de las materias que recuperan. El resultado es que el negocio se basa, al menos en parte, en la capacidad de almacenar grandes cantidades de una cierta variedad de materiales a la espera de que se paguen unos céntimos más por cada kilo que se venda. La diferencia en 10 toneladas puede ser importante. Pero el riesgo de juntar toneladas del plástico, papel, cartón, en montañas separadas por tipos de plástico o calidades de papel -en ocasiones cerca de materiales inflamables y comburentes- está presente: grandes cantidades de material combustible que cuando empieza a arder tarda días en ser apagado.

incendio chatarra

También influye la escasa percepción del riesgo: ni los trabajadores ni los responsables suelen tener una adecuada conciencia del peligro de incendio en sus instalaciones. La experiencia del día a día, en la que nunca pasa nada, nos mantiene abstraídos de la realidad, hasta que pasa. Incluso, cuando ocurrió algo relativamente grave, circunstancialmente se pudo solventar de una manera más o menos afortunada: que si una pila de residuos de un material ignífugo que impidió que un conato de incendio pasase a mayores, que si el desprendimiento de chatarra que apagó una paca de papel ardiendo… Pero, si analizásemos los sucesos podríamos comprobar que, en ocasiones, todas las circunstancias soplan a favor de las llamas: incendios que se inician de madrugada cuando no hay nadie para detectarlos a tiempo, que ocurren cuando falla el sistema de extinción de incendios, que si el aljibe del polígono está sin agua en el peor momento…

La sombra de la intencionalidad planea también sobre estos incendios. Así pues, cuando queda la duda de que el incendio es provocado la lista de sospechosos es interminable: la feroz competencia, clientes insatisfechos, empleados quemados, antiguos trabajadores, despidos más o menos recientes, vecinos insomnes…

Se trata de un negocio con muchos incentivos perversos. De vez en cuando alguien mete mano en los residuos para sacarse un sobre sueldo y acaba quedándose sin la nómina con la que pagaba las facturas. Sisar preservativos destinados a destrucción para ponerlos ilegalmente en el mercado es suficientemente grave como para que intervenga la Policía Nacional, pero la tentación de desviar al mercadillo todo tipo de productos descartados en procesos de fabricación o vender de segunda mano los equipos enviados a destruir por la empresa que confía en la que los recoge, está a la orden del día. ¿Cómo influye en el predio del mercado del reciclaje la desaparición de una buena pila de neumáticos?

Neumaticos de Seseña ardiendo

El caso es que es difícil combatir los incentivos perversos y, sobre todo, los incendios provocados, pero sí se pueden dar soluciones para mejorar la prevención y gestión de riesgos en plantas de reciclaje:

  • Gestionar los riesgos: me consta que varias de las empresas de reciclaje que han ardido este verano contaban con sistemas certificados, al menos, en los modelos ISO 14.001 e ISO 9.001. ¿Es suficiente? Contar con sistemas de gestión normalizados no parece garantía para evitar que una fábrica salga ardiendo. Son una buena herramienta para identificar, evaluar y gestionar los riesgos, siendo esa la función que deben cumplir, en tanto que un incendio en la instalación tira por tierra en unas pocas horas la labor de prevención de contaminación llevada a cabo en el día a día durante décadas. Nos corresponde a todos los implicados, consultores, auditores y responsables de sistemas de gestión hacer un mayor esfuerzo para que el certificado realmente aporte valor a las empresas, a ser posible previniendo accidentes como los incendios.
  • Mirar al futuro: muchas de las empresas de gestión de residuos en España son empresas familiares con una interesante historia de superación y emprendimiento. Un abuelo con una carreta tirada por mulas que llevaba cosas de un lado para otro, un hijo que empezó a tratar con empresas y un nieto exitoso que cada año incorpora más camiones a una flota que no para de crecer. Todos ellos luchando contra requisitos legales que no terminan de asimilar. Que ponen en riesgo la continuidad de su negocio concentrando un alto porcentaje de su actividad en un único y caprichoso cliente. O respondiendo a propuestas de consultoría con un “eso siempre lo hemos hecho así”. Evidentemente, nadie conoce mejor su empresa que quien la funda y mantiene, pero hay que estar atento a muchas señales: evitar el pan para hoy y hambre para mañana es el reto de un sector que amortiza a largo plazo las decisiones tomadas para aprovechar oportunidades fugaces en una realidad que cambia muy deprisa.
  • Cubrir las instalaciones: tratar los residuos es una actividad sucia y ruidosa. Nadie la quiere cerca de su casa, tanto es así que está plagada de ejemplos del llamado efecto “NIMBY”. Tradicionalmente se ha ejercido lejos de los núcleos urbanos y a cielo descubierto, en tanto que el escaso margen de beneficio sólo permite hacer la actividad en suelo barato y con la mínima inversión. Pero la especulación y la falta de una planificación urbanística adecuada complicaron las cosas: nuevos desarrollos urbanísticos con preciosos ventanales asomando a los ruidos, olores y partículas de la vieja chatarrería -que se ha convertido en un centro de clasificación de residuos trabajando a pleno rendimiento-. Pero claro, el político que no fue capaz de organizar el crecimiento de la ciudad tampoco está legitimado para pedir al gestor de residuos que haga sus actividades en naves cerradas. Y el conflicto está servido. Quizá hubiese sido más difícil incendiar el montón de cartón si hubiese estado cerrado bajo techo, pero la experiencia demuestra que las llamas saltan muros.planta tratamiento de residuos incendiada
  • Aumentar las inspecciones: las empresas de gestión de residuos están sometidas a legislación ambiental, de seguridad industrial, laboral… una cantidad importante de requisitos que no haría falta seguir ampliando o complicando si tuviésemos una inspección eficaz que obligase a todos los operadores a realizar sus actividades conforme a las mismas reglas. El cumplimiento de la normativa tampoco es suficiente para evitar los incendios en instalaciones industriales, pero un aparato de inspección y -sobre todo-sanción adecuado ayudaría a incorporar en el día a día unos requisitos legales que, supuestamente, se han establecido para reducir el riesgo de causar daños al entorno y a la salud de las personas. Y para sacar del tablero a esa competencia desleal que daña al sector operando sin respetar las reglas del juego.
  • Responsabilizar a toda la cadena de valor del residuo: desde los productores de residuos que no quieren asumir el coste ambiental y social de la ineficiencia de sus procesos a sanciones para los auditores que aceptan información contable inexacta y no contrastada. La generación de residuos es el resultado de toda la cadena de valor del proceso productivo y no basta con repercutir sus costes al precio final del producto o buscar la forma más barata, por irresponsable que sea, de desprenderse de los residuos. Colaborar con los que retiran, clasifican y preparan la basura para que pueda ser utilizada como materia prima debería ser una prioridad en cualquier actividad económica.
  • Mejorar la trazabilidad de los datos: por más que se repita en grupos de trabajo y llenemos las memorias de sostenibilidad de la palabra trazabilidad, la información en materia de residuos brilla por su opacidad. Hasta el extremo de que, en ocasiones, los titulares de las plantas no saben qué tienen almacenado en ellas con un grado de precisión adecuado para el eficaz desarrollo de las labores de extinción de incendios. Los incentivos perversos en este ámbito son muy variados, desde cuestionar las estadísticas oficiales con intereses particulares a escamotear al fisco. La Unión Europea acaba de dar un toque al respecto a cuenta de la correcta identificación de los residuos en la documentación de traslados. Pero por muy ilícito que sea, ¿por qué asignar un código que corresponde a mi residuo si luego en destino no me lo aceptarán? Mejor que lo coja el siguiente de la cadena como buenamente pueda y… bueno ya veremos qué pasa.
  • Reconocer el lucro: como cualquier otra actividad económica, la gestión de residuos se realiza con ánimo de lucro: invertir en instalaciones y maquinaria, pagar nóminas, seguros sociales e impuestos… La gestión de residuos es un negocio y sólo debería ser sucio por la materia prima con la que trabaja. Deberíamos estar orgullosos de esta actividad y reconocer que, para que sean posibles nuestro modelo de consumo y la –tan deseada- economía circular, necesitamos gente a la que le salga rentable realizar las tareas que implica recuperar materiales para su reciclaje. Dignificar un negocio que nos libra de estar cubiertos de mierda hasta el cuello.

extinción incendio residuos

El incendio, a parte de la desafortunada pérdida para el empresario y sus trabajadores, tiene consecuencias que afectan al conjunto de la sociedad y la actividad económica: contaminación (con emisión de sustancias peligrosas que pueden afectar a la salud desde la atmósfera, el agua o el suelo), pérdida de materiales (que ya habían sido recuperados del flujo de residuos) y recursos (todo el esfuerzo invertido en recuperar esos materiales).

Corresponde a los empresarios del sector tomar las decisiones adecuadas para una correcta gestión basada en la prevención de riesgos para su modelo de negocio, sus empleados y el entorno en el que operan. Pero todos y cada uno de nosotros –profesionales y particulares- podemos aportar para que la actividad de gestión de residuos sea un negocio digno y del que nos acordemos también cuando funciona con normalidad, sin levantar inmensas columnas de humo visibles a kilómetros de distancia.

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Ya sabemos cómo es una tablet ecológica

esta no es una tablet ecológica

La Unión Europea ha actualizado los criterios de concesión de etiqueta ecológica para ordenadores. No sólo ha revisado la lista existente desde 2001 para ordenadores personales y  portátiles, también la hace extensible a otros muchos dispositivos cuyo uso se ha extendido y generalizado desde la anterior actualización en 2005, excluyendo expresamente consolas de juego y los marcos de visualización digital.

El objetivo es promover productos con un impacto ambiental más reducido, una alta eficiencia energética, sean duraderos, reparables y actualizables, que puedan desmontarse sin dificultad y cuyos recursos puedan recuperarse fácilmente para reciclarlos al final de su vida útil, así como que tengan una presencia restringida de sustancias peligrosas.

Los criterios ecológicos también pretenden promover la dimensión social del desarrollo sostenible, incluyendo requisitos respecto a las condiciones laborales en las plantas de montaje final, haciendo referencia a la Declaración tripartita de principios sobre las empresas multinacionales y la política social de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el Pacto Mundial y los Principios Rectores sobre las empresas y los derechos humanos de las Naciones Unidas, así como a las directrices de la OCDE para las empresas multinacionales.

A partir de esta actualización, los criterios ecológicos para la concesión de la etiqueta ecológica de la UE a los ordenadores personales, los ordenadores portátiles y los ordenadores tableta pueden ser de aplicación a los siguientes dispositivos:

  • Ordenador: dispositivo que realiza operaciones lógicas y procesa datos y que incluye normalmente una unidad central de procesamiento (CPU) para realizar operaciones o, si no está presente una CPU, debe funcionar como pasarela de clientes hacia un servidor informático que actúa como unidad de procesamiento computacional. Aunque los ordenadores pueden utilizar dispositivos de entrada, como un teclado, un ratón o un panel táctil, y enviar información a una pantalla, no se exige que esos dispositivos vayan incluidos con el ordenador a la salida de fábrica.
  • Ordenadores de mesa: ordenador cuya unidad principal está diseñada para permanecer en la misma ubicación, no está diseñado para ser portátil y utiliza una pantalla de ordenador, un teclado y un ratón externos. Puede ser de uso en el hogar o de oficina.
  • Ordenadores de mesa integrados: sistema de mesa en que el ordenador y la pantalla están integrados en una sola carcasa, funcionan como una sola unidad y están conectados a la fuente de alimentación de corriente alterna a través de un solo cable.
  • Pequeño servidor: se diseña principalmente como ordenador central de almacenamiento al servicio de otros ordenadores. Los pequeños servidores están diseñados para realizar funciones tales como el suministro de servicios de infraestructura de red y el alojamiento de datos o contenidos. Esos productos no están diseñados para procesar información para otros sistemas ni para ejecutar servidores web como función principal.
  • Ordenadores portátiles todo en uno: dispositivo informático diseñado con una portabilidad limitada que cumple todos los criterios siguientes: dispone de una pantalla integrada con una diagonal de pantalla superior o igual a 17,4 pulgadas; carece de teclado integrado en la carcasa física del producto en su configuración de fábrica; incluye una pantalla táctil como periférico principal de entrada de datos (con teclado opcional); dispone de una conexión inalámbrica a la red; tiene una batería interna, pero está diseñado principalmente para conectarse a una fuente de alimentación de corriente alterna.
  • Ordenador portátil: ordenador diseñado específicamente para ser portátil y funcionar durante largos períodos de tiempo con y sin conexión directa a una fuente de corriente alterna. Los ordenadores portátiles utilizan una pantalla integrada, un teclado mecánico no desmontable (con teclas físicas amovibles) y un dispositivo de puntero, y pueden alimentarse de una batería recargable integrada o de otra fuente de energía portátil. Los ordenadores portátiles normalmente se diseñan para ofrecer una funcionalidad semejante a la de los ordenadores de mesa, incluida la utilización de software semejante en funcionalidad. También se incluyen en esta definición los ordenadores portátiles que tienen una pantalla táctil reversible, pero no desmontable, y un teclado físico integrado.
  • Ordenador portátil dos en uno: ordenador semejante a un ordenador portátil, pero con una pantalla táctil desmontable que puede utilizarse como ordenador tableta independiente.
  • Miniordenador portátil: tipo de ordenador portátil con un grosor de menos de 21 mm y un peso inferior a 1,8 kg. El grosor de los ordenadores dos en uno con forma de miniordenador es inferior a 23 mm. Llevan incorporados procesadores de bajo consumo y unidades de estado sólido. No suelen tener incorporados lectores de discos ópticos.
  • Ordenador tableta (ordenador pizarra): dispositivo informático diseñado para ser portátil que cumple todos los criterios siguientes: dispone de una pantalla integrada con una diagonal de pantalla superior a 6,5 pulgadas e inferior a 17,4 pulgadas; no lleva incorporado un teclado físico integrado en su configuración de fábrica; incluye una pantalla táctil como periférico principal de entrada de datos (con teclado opcional); dispone de una conexión inalámbrica a la red (por ejemplo, Wi-Fi, 3G, etc.); incluye como fuente principal de alimentación una batería recargable interna.
  • Cliente ligero: ordenador alimentado de forma independiente que depende de una conexión a recursos informáticos remotos para obtener funcionalidad primaria. Sus principales funciones informáticas se realizan a través de recursos informáticos remotos.
  • Cliente ligero integrado: cliente ligero cuya pantalla y hardware están conectados a la fuente de alimentación de corriente alterna a través de un solo cable. Los clientes ligeros integrados pueden ser un sistema en que la pantalla y el ordenador están físicamente integrados en una sola unidad, o un sistema en que la pantalla está separada, pero conectada a la estructura principal mediante un cable de corriente continua, y una sola fuente de alimentación suministra energía tanto al ordenador como a la pantalla.
  • Cliente ultraligero: ordenador con menos recursos locales que un cliente ligero normal, que envía entradas brutas de teclado y de ratón a un recurso informático remoto y recibe en respuesta vídeo bruto del recurso informático remoto. Los clientes ultraligeros no pueden conectarse con varios dispositivos simultáneamente ni ejecutar aplicaciones remotas de ventana porque en el dispositivo no hay un sistema operativo del cliente discernible para el usuario.
  • Cliente ligero móvil: ordenador que se ajusta a la definición de cliente ligero pero está diseñado específicamente para ser portátil y responde también a la definición de ordenador portátil.
  • Estación de trabajo: ordenador de alto rendimiento y de un solo usuario que normalmente se utiliza para tareas que necesitan muchos recursos de computación, como gráficos, diseño asistido por ordenador (CAD), desarrollo de software y aplicaciones financieras y científicas, entre otras.

Los criterios para la concesión de la etiqueta ecológica de la UE a los ordenadores personales, los ordenadores portátiles y los ordenadores tableta se agrupan en seis categorías:

  • Consumo de energía: considerando el consumo total de energía del ordenador, la gestión del consumo eléctrico, las capacidades de gráficos, las fuentes de alimentación internas y pantallas de rendimiento mejorado.
  • Sustancias y mezclas peligrosas presentes en el producto, los subconjuntos y los componentes: contemplando restricciones aplicables a las sustancias extremadamente preocupantes, a la presencia de sustancias peligrosas específicas y restricciones basadas en clasificaciones de peligro del Reglamento CLP.
  • Prolongación de la vida útil: incluye aspectos como ensayos de durabilidad de los ordenadores portátiles; calidad y vida útil de la batería recargable; fiabilidad y protección de la unidad de almacenamiento de datos; posibilidad de actualización y reparación.
  • Diseño, selección de materiales y gestión al final de la vida útil: destacando la selección de materiales y compatibilidad con el reciclado; el diseño para el desmontaje y el reciclado
  • Responsabilidad social de la empresa: en relación al abastecimiento responsable de minerales y las condiciones laborales y derechos humanos durante la fabricación
  • Información al usuario: sobre las instrucciones de uso y la información que deberá figurar en la etiqueta ecológica de la UE.

tablet

¿Cómo es una tablet ecológica?

Rescatando las principales características recogidas en la Decisión (UE) 2016/1371 de la Comisión, de 10 de agosto de 2016, por la que se establecen los criterios ecológicos para la concesión de la etiqueta ecológica de la UE a los ordenadores personales, los ordenadores portátiles y los ordenadores tableta, deberá:

  • Cumplir criterios de eficiencia energética.
  • Contar con funciones de gestión del consumo eléctrico configuradas por defecto.
  • Ajustar automáticamente el brillo de la imagen a las condiciones de la luz ambiente.
  • Contar con presencia restringida de sustancias peligrosas.
  • Haber superado ensayos de durabilidad relacionados con caída accidental y resistencia de la pantalla.
  • Tener una batería recargable que la haga funcionar durante un mínimo de 7 horas tras la primera carga completa y que mantendrá el 80 % de su capacidad inicial mínima declarada tras 1.000 ciclos de carga. Se podrá extraer y en el manual de reparación o en el sitio web del fabricante dispondrás de explicaciones sencillas para retirar las baterías recargables.
  • Traer una garantía comercial mínima de dos años por baterías defectuosas.
  • Permitir que los siguientes componentes sean fácilmente accesibles y reemplazables utilizando herramientas universales: unidades de almacenamiento de datos (unidad de disco duro, SSD o eMMC), memoria (RAM), conjunto de pantalla y unidades de retroiluminación LCD (si están integrados), teclado y panel táctil (en su caso).
  • Incluir instrucciones claras para el desmontaje y la reparación, de modo que pueda desmontarse sin daños a fin de sustituir componentes o piezas esenciales para su actualización o reparación.
  • Indicar dónde dirigirte para encargar a profesionales el mantenimiento y la reparación, con datos de contacto.
  • Disponer durante al menos cinco años después de que deje de fabricarse el modelo, de piezas originales o de piezas de recambio compatibles, incluso en el caso de las baterías recargables.
  • Ofrecer sin coste adicional una garantía de por lo menos tres años, efectiva desde la compra del producto. Esa garantía incluirá un acuerdo de servicio con la opción para el consumidor de recogida y devolución o de reparación in situ.
  • Identificar y marcar las piezas de plástico con un peso superior a 25 gramos.
  • Evitar pinturas, revestimientos, materiales ignífugos y sus sinergistas que reduzcan la reciclabilidad de carcasas, cajas y armazones de plástico.
  • Tener un contenido mínimo del 10 % de plástico reciclado postconsumo, medido como porcentaje del plástico presente en el producto.
  • Superar ensayos de desmontaje para la fácil extracción de componentes del producto con fines de reciclado.
  • Carecer de estaño, tantalio, wolframio y oro originarios de zonas de conflicto y de alto riesgo.
  • Incluir documentación que te informe sobre el comportamiento ambiental del producto, en particular: consumo de energía; indicación de que la prolongación de la vida útil de la tablet reduce el impacto medioambiental global del producto; instrucciones para facilitar la prolongación de la vida útil de las baterías recargables; instrucciones claras para el desmontaje y la reparación que permitan desmontar los productos sin dañarlos para sustituir componentes o piezas esenciales con fines de actualización o reparación; instrucciones para el final de la vida útil sobre la eliminación adecuada.

Si cumple todos los criterios, una tablet podrá acceder al etiquetado ecológico de la Unión Europea, luciendo una ecoetiqueta como la que aparece un poco más abajo -y que seguramente ya has visto en otros muchos productos o servicios ecológicos y que no tienen por qué ser más caros que los convencionales-.

Etiqueta Ecológica

Acabo de leer Stop Basura

stop_basura

Acabo de terminar de leer “Stop Basura” el libro de Alex Pascual. Quizá el nombre te suene del blog del mismo nombre o de su cuenta de twitter. Alex es uno de los profesionales del sector de la gestión de residuos con actividad en redes sociales. En esta publicación recopila información relevante sobre la situación actual de la gestión de residuos, su impacto y los beneficios del reciclaje, entendido en sentido amplio. En resumen, nos cuenta “La verdad sobre reciclar”.

Es un trabajo interesante, tanto como primera aproximación al apasionante mundo de la gestión de residuos, como repaso del estado del arte y tendencias para cualquiera con inquietudes en este ámbito. Cuenta con datos y referencias actuales y una buena colección de enlaces a materiales donde seguir ampliando contenidos, tanto a medida que se avanza en la lectura del libro como para momentos posteriores. No sólo reproduce estadísticas si no que elabora información relevante que no siempre encontramos en los datos oficiales. En la exposición también se ilustra el problema de la disponibilidad de datos para los mismos parámetros en distintas escalas y ámbitos territoriales.

Estas características lo convierten en una buena herramienta para quienes estén buscando un libro de referencia para impartir cursos de residuos en el ámbito de la formación para el empleo y otras acciones subvencionadas, de las que que no suelen contar con presupuesto para la elaboración de un material a medida pero en las que sí se necesita material en soporte papel para que los alumnos sigan el curso.

En el lado negativo no puedo dejar de mencionar que hay alguna que otra errata que llamará la atención del lector más exigente, pero nada que impida la lectura o que no se pueda corregir en futuras ediciones revisadas y ampliadas que seguramente veremos.

La parte que más me ha gustado, como no podía ser de otra manera, es el capítulo dedicado al secuestro del contenedor amarillo: un concepto interesante sobre el que creo que deberíamos profundizar en el debate sobre la gestión de residuos de envases y domiciliarios. Y no sólo por la referencia que se hace a algún artículo de este blog, también porque muestra la diversidad de fuentes utilizadas para contrastar la argumentación recogida en el libro.

Stop Basura nos invita a reflexionar sobre la importancia de reducir la generación de residuos dede todos los ámbitos de la sostenibilidad: ambiental, económico y social. Así, presenta los impactos sobre el entorno de los distintos tipos de residuos, los ahorros económicos  y energéticos que supone su reciclaje y la prevención de su generación, así como la generación de empleo que implica una correcta gestión de residuos.

Datos, datos y datos para que podamos comparar las distintas alternativas de tratamiento y gestión de residuos, ilustrando claramente que el vertedero no es la solución, que la incineración es muy ineficiente y que, a falta de una economía circular eficaz que reduzca dramáticamente la generación de residuos, tenemos que reciclar para recuperar los materiales, la energía y el esfuerzo colectivo que ponemos en nuestros residuos.

Así pues, no me queda más que felicitar a Alex por su trabajo y recomendar la lectura de su libro.

Acabo de leer Stop Basura

stop_basura

Acabo de terminar de leer “Stop Basura” el libro de Alex Pascual. Quizá el nombre te suene del blog del mismo nombre o de su cuenta de twitter. Alex es uno de los profesionales del sector de la gestión de residuos con actividad en redes sociales. En esta publicación recopila información relevante sobre la situación actual de la gestión de residuos, su impacto y los beneficios del reciclaje, entendido en sentido amplio. En resumen, nos cuenta “La verdad sobre reciclar”.

Es un trabajo interesante, tanto como primera aproximación al apasionante mundo de la gestión de residuos, como repaso del estado del arte y tendencias para cualquiera con inquietudes en este ámbito. Cuenta con datos y referencias actuales y una buena colección de enlaces a materiales donde seguir ampliando contenidos, tanto a medida que se avanza en la lectura del libro como para momentos posteriores. No sólo reproduce estadísticas si no que elabora información relevante que no siempre encontramos en los datos oficiales. En la exposición también se ilustra el problema de la disponibilidad de datos para los mismos parámetros en distintas escalas y ámbitos territoriales.

Estas características lo convierten en una buena herramienta para quienes estén buscando un libro de referencia para impartir cursos de residuos en el ámbito de la formación para el empleo y otras acciones subvencionadas, de las que que no suelen contar con presupuesto para la elaboración de un material a medida pero en las que sí se necesita material en soporte papel para que los alumnos sigan el curso.

En el lado negativo no puedo dejar de mencionar que hay alguna que otra errata que llamará la atención del lector más exigente, pero nada que impida la lectura o que no se pueda corregir en futuras ediciones revisadas y ampliadas que seguramente veremos.

La parte que más me ha gustado, como no podía ser de otra manera, es el capítulo dedicado al secuestro del contenedor amarillo: un concepto interesante sobre el que creo que deberíamos profundizar en el debate sobre la gestión de residuos de envases y domiciliarios. Y no sólo por la referencia que se hace a algún artículo de este blog, también porque muestra la diversidad de fuentes utilizadas para contrastar la argumentación recogida en el libro.

Stop Basura nos invita a reflexionar sobre la importancia de reducir la generación de residuos dede todos los ámbitos de la sostenibilidad: ambiental, económico y social. Así, presenta los impactos sobre el entorno de los distintos tipos de residuos, los ahorros económicos  y energéticos que supone su reciclaje y la prevención de su generación, así como la generación de empleo que implica una correcta gestión de residuos.

Datos, datos y datos para que podamos comparar las distintas alternativas de tratamiento y gestión de residuos, ilustrando claramente que el vertedero no es la solución, que la incineración es muy ineficiente y que, a falta de una economía circular eficaz que reduzca dramáticamente la generación de residuos, tenemos que reciclar para recuperar los materiales, la energía y el esfuerzo colectivo que ponemos en nuestros residuos.

Así pues, no me queda más que felicitar a Alex por su trabajo y recomendar la lectura de su libro.

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